La ley mordaza de Omar Fayad

ESCRUTINIO

La ley mordaza de Omar Fayad[1]

Juan José Morales

Ayer a mediodía, al momento de escribir estos comentarios, cerca de 40 mil personas se habían adherido «”en un verdadero aluvión de firmas que crecía minuto a minuto»” a la petición que hizo circular por Internet Karim Solache, catedrático de la UNAM, para que se anule definitivamente la propuesta de ley del senador priísta Omar Fayad.

Denominada Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Informáticos, no fue redactada con asesoría de juristas, expertos en informática, comunicólogos y expertos de ese tipo, sino «”como reconoció el propio Fayad»” en colaboración con la Policía Federal.

imageFayad pensaba que su propuesta de ley sería aprobada con los votos del PRI y sus satélites PVEM y Panal pese a su carácter antidemocrático y represivo. Pero la respuesta ciudadana fue tan masiva y contundente que «”en declaraciones bastante ambiguas por lo demás»” tuvo que ofrecer corregirla, reelaborarla o retirarla.

La repulsa generalizada a la que ahora se conoce como Ley Fayad, se debe a que está redactada con una ambigüedad e imprecisión a todas luces deliberadas, de tal modo que puede servir como una verdadera mordaza a la libertad de expresión para quienes traten de ejercerla a través del periodismo electrónico. Puede servir igualmente para reprimir movimientos sociales, que ahora «”dado el control de los medios de comunicación por parte del gobierno»” se gestan y fortalecen generalmente a través de las redes sociales.

Así, en su artículo 3, fracción XX, la propuesta ley castiga con severas penas de cárcel «el uso de tecnologías de la información, comunicación e Internet con fines terroristas». ¿Y en qué consiste el terrorismo según el tal Fayad? En «la difusión de información con el objetivo de causar pánico y desestabilización de la paz pública».

Lo que propone el senador priísta despide el mismo tufo maloliente que aquel llamado Delito de Disolución Social, que a lo largo de más de 30 años sirvió para encarcelar a cientos de dirigentes sociales, campesinos y sindicales, algunos de los cuales «”como fue el caso de Demetrio Vallejo y sus compañeros ferrocarrileros»” pasaron más de una década en prisión.

El texto de aquel supuesto delito era el siguiente: «Comete el delito de disolución social, el extranjero o nacional mexicano, que en forma hablada o escrita, o por medio de símbolos o cualquiera otra forma, realice propaganda política entre extranjeros o entre nacionales mexicanos, difundiendo ideas, programas o normas de acción, de cualquier gobierno extranjero, que afecten el reposo público o la soberanía del Estado Mexicano. Se afecta el reposo público, cuando los actos de disolución social definidos en el párrafo anterior, tiendan a producir rebelión, tumulto, sedición o escándalos.»

En cuanto a las amenazas contra la libertad de expresión, Fayad pretende, según los artículos 22, 23 y 24 de su engendro, tipificar como «Delitos contra la Divulgación Indebida de Información de Carácter Personal», la divulgación de información que aun cuando sea de interés público, se considere «privada» y se dé a conocer sin «autorización» o «consentimiento de su dueño».

Como señala en un análisis la organización mexicana Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D), «sería delito para un periodista publicar un documento, fotografía, audio o revelar cualquier información privada de cualquier persona, aunque revele un acto de corrupción, una violación a derechos humanos o sea de cualquier otra forma de interés público, si no tiene el consentimiento de esa persona, si se trata de una comunicación ajena. Tener, divulgar, difundir y hasta ver un videoescándalo sería delito. Los que han publicado notas periodísticas divulgando contratos que revelan corrupción serían delincuentes, hasta los que le hayan dado retweet a la nota, y recibirían penas que podrían alcanzarían hasta 18 años de cárcel.»

Los anteriores son sólo algunos ejemplos del contenido de este engendro legal. Por ahora, la iniciativa de Fayad ha quedado en suspenso, pero no hay que bajar la guardia. Por el contrario, debemos ser muy cuidadosos por si él u otro de sus colegas pretende presentar la misma gata no más que revolcada.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 4 de noviembre de 2015

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