Puerto Cancún y Tajamar, historias similares

IMPACTO AMBIENTAL

Puerto Cancún y Tajamar, historias similares[1]

Juan José Morales

Allá por 2009, cuando presidente municipal de Cancún Francisco Alor Quezada, se autorizó la devastación de un gran manglar de 325 hectáreas situado al borde de la Av. Bonampak para construir la lujosa zona residencial de Puerto Cancún. Quienes se oponían a ello fueron tildados de alarmistas, ecolocos talibanes ecologistas, románticos y enemigos del progreso y el desarrollo a quienes sólo interesaba conservar lodazales inútiles para beneficio de unos pajaritos.

No habrá problemas, decían las autoridades. Los desarrolladores ya presentaron una manifestación de impacto ambiental que así lo demuestra. Y a los pobladores del vecino fraccionamiento popular Donceles 28, se les doró todavía más la píldora con el cuento de que saldrían beneficiados ya que el valor de sus viviendas se elevaría al tener al lado un campo de golf, marinas y torres de departamentos.

clip_image001Esta foto fue tomada en 2011. En ese entonces, el gobierno de Quintana Roo anunció que se estaba elaborando un proyecto para acabar con las repetidas inundaciones en las colonias Lombardo Toledano y Donceles 28 de Cancún, sobre todo esta última. Hoy, a cuatro años de distancia, las inundaciones siguen ocurriendo cada año.

Hoy, en cada temporada de lluvias, los habitantes de Donceles 28 ven sus calles y sus casas invadidas por el agua que antes corría hacia el devastado manglar pero ahora se acumula en sus calles y viviendas al no tener ya esa salida. En primer término, porque no sólo se arrasó el manglar sino además se rellenó para elevar el nivel del terreno. En segundo lugar, porque la alta y maciza barda que se construyó para separar Puerto Cancún de los nativos, actúa como una presa que impide el flujo normal de agua y la hace estancarse en la Donceles 28.

Por supuesto, la manifestación de impacto ambiental que presentaron los desarrolladores de Puerto Cancún «”entusiastamente apoyada por Fonatur y el ayuntamiento cancunense y prontamente aprobada por la Semarnat»” no hizo la menor mención a los problemas que ahora padecen los vecinos de Donceles 28.

Ahora tenemos una historia parecida con el malecón Tajamar. Ahí también se destruyó un manglar, ahí también se pretende hacer grandes rellenos para construir altas torres y centros comerciales, y para ello también se presentó una manifestación de impacto ambiental entusiastamente apoyada por Fonatur y el ayuntamiento cancunense y aceptada por la Semarnat, que incluso ha dado un plazo adicional de un año para corregir y afinar la MIA, cuyo inminente vencimiento y las deficiencias que presenta habrían impedido ejecutar el proyecto.

Ya vimos lo que ocurrió con Puerto Cancún, del que en su momento se dijo que no ocasionaría ningún problema ni afectaría a nadie sino todo lo contrario: permitiría ampliar la capacidad hotelera de Cancún, impulsar el desarrollo económico y crear nuevas fuentes de trabajo, y beneficiaría a los vecinos.

¿Estaremos dentro de algunos años en una situación semejante respecto de Malecón Tajamar?

La llamada Ley del Mangle, que limita las obras en ese ecosistema, no tiene como objetivo «”hay que recalcarlo»” frenar el desarrollo ni impedir la construcción de hoteles y fraccionamientos como afirman quienes piden que sea derogada, sino evitar que el flujo hidrológico de los humedales sea alterado y con ello se provoquen situaciones verdaderamente dramáticas como la que ahora padecen los habitantes de Donceles 28, que están incluso en riesgo de perder su patrimonio.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 23 de octubre de 2015

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