Ya nos cayó el albopictus

IMPACTO AMBIENTAL

Ya nos cayó el albopictus[1]

Juan José Morales

Desde tiempo inmemorial, en la península de Yucatán hemos tenido al mosquito Aedes aegypti, famoso por ser transmisor de la fiebre amarilla, el dengue, el chikungunya y otros padecimientos. Teníamos igualmente al Aedes taeniorhyncus, particularmente agresivo y molesto ya que forma enormes enjambres, se desplaza a grandes distancias y se mantiene activo casi toda la noche. Pero a esos dos miembros del género Aedes se ha sumado un primo recién llegado: el Aedes albopictus. Su presencia en Quintana Roo fue detectada el año pasado, y «”dadas las condiciones naturales y el gran movimiento de productos, vehículos y personas en la región»” se da por sentado que pronto se extenderá hacia el estado de Yucatán.

clip_image001Aedes albopictus. Por sus rayas se le llama también mosquito tigre. Para evitar su multiplicación en las ciudades, hay que practicar una política sistemática de descacharrización, pues los estudios científicos han revelado que tiene mayor tendencia que su primo Ae. aegyptis a depositar sus huevos en recipientes naturales como floreros, cubetas, tinacos abiertos, llantas, etc.

De la llegada de ese nuevo miembro de la fauna peninsular habló en el reciente V Congreso Nacional de Investigación sobre Cambio Climático celebrado en la Universidad del Caribe en Cancún la bióloga Mariana Ávila López, al presentar un estudio sobre el posible uso de ciertos gusanos como medio de control biológico de mosquitos.

Hasta principios de la década de los 80 del siglo pasado, el mosquito en cuestión solamente existía en algunos países del sureste de Asia, ciertas islas del océano Índico y las de Hawai, en el Pacífico. Pero en1985 se le encontró en la ciudad de Houston, en Estados Unidos, y de ahí comenzó a propagarse, tanto hacia otros estados norteamericanos como hacia el sur, a México y otros países latinoamericanos. Por el norte ha llegado hasta Chicago, y en México pronto se le encontró en Tamaulipas, Nuevo León, Veracruz y, como decíamos, en Quintana Roo. En América del Sur ya ha sido registrado en Brasil. También se ha detectado su presencia en Sudáfrica, Italia y Albania.

Los entomólogos creen que el Aedes albopictus es originario de las selvas del sureste de Asia, donde se cree que también se originó el dengue clásico. Pero ahora se le encuentra incluso en áreas urbanas, aunque prefiere las áreas suburbanas y aquellos sectores de las ciudades, donde haya espacios abiertos y abundante vegetación.

Aparentemente, la expansión del malvenido inmigrante en territorio norteamericano, es resultado de dos factores: por un lado, el calentamiento global, que al ocasionar un aumento en la temperatura media de regiones templadas, le ha facilitado la supervivencia fuera del trópico. Y por el otro, un proceso de adaptación a condiciones distintas a las de su lugar de origen. Una de esas adaptaciones es lo que los entomólogos denominan diapausa inducida de sus huevos. Esto es, la capacidad para retrasar su eclosión si hace demasiado frío, en espera de una temperatura más adecuada.

En términos generales, el albopictus ha demostrado ser más adaptable que su pariente el aegypti a las condiciones de clima templado y frío. Por eso en Estados Unidos ha podido extender sus nuevos territorios mucho más al norte.

Pero por ahora, lo que nos interesa de este nuevo y nada grato miembro de la fauna peninsular, es que también es transmisor del dengue «”tanto el clásico como el hemorrágico»” y de esa igualmente nueva enfermedad que es el chikungunya. De modo, pues, que hay que tratar de evitar su multiplicación.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 9 de noviembre de 2015

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