Unas cuantas preguntas sobre educación

ESCRUTINIO

Unas cuantas preguntas sobre educación[1]

Juan José Morales

Hace poco, alguien escribió irónicamente que la llamada evaluación magisterial en Oaxaca había sido todo un éxito, pues para realizarla «sólo se necesitaron 3.3 policías por maestro». Hoy podemos decir que en Chiapas el resultado fue aún mejor: según declaraciones del propio secretario de Educación, Aurelio Nuño, anteayer únicamente se necesitaron 14 mil policías para que 1 300 maestros fueran evaluados. Es decir, 10.75 policías por maestro. Como se ve, vamos progresando.

Sarcasmos aparte, la llamada reforma educativa «”ahora centrada en la evaluación de los mentores»” hace preguntarse muchas cosas. Por ejemplo: ¿Quién educó y formó a esos maestros de quienes ahora se dice que por su impreparación son los responsables del pésimo nivel del sistema educativo mexicano? Esos maestros no brotaron de la nada. No cayeron del cielo. Tampoco son egresados de normales particulares. Son un producto del propio sistema educativo mexicano. ¿Por qué entonces atribuirles la lamentable situación en que se encuentra? A fin de cuentas, no son culpables, sino víctimas.

clip_image001Así trabajan muchos maestros mexicanos. De acuerdo con datos de la propia SEP, una de cada diez escuelas de educación básica no tiene pizarrones, una de cada cinco carece de escritorio o silla para el maestro, el 15% no cuenta siquiera con sillas para los alumnos, más de la tercera parte no tiene drenaje, y la cuarta parte no cuenta con agua corriente. En materia de informática, la situación es peor: 45% de los alumnos y maestros no cuentan con computadoras y el 61% no tienen acceso a Internet. Ah, pero para evaluar a los maestros, se les hizo presentar su examen en una computadora, vía Internet.

Cabe también preguntarse: ¿A dónde fueron a parar los miles y miles de millones de pesos destinados supuestamente a capacitación magisterial que durante años se estuvieron entregando a ese engendro político llamado Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y a su lideresa, ahora en desgracia, Elba Esther Gordillo? ¿Por qué, pese a tan enorme inversión, ahora se dice que los maestros son pésimos? Para nadie «”mucho menos para las autoridades educativas»” es un secreto que aquel dinero sólo sirvió para corromper más a los líderes del SNTE y para pagar a los maestros que actuaban como operadores electorales al servicio del gobierno.

Si, como se dice, los maestros son unos haraganes irresponsables que tratan de trabajar lo menos posible y descansar lo más que puedan, ¿quién los hizo así? ¿Por qué durante tanto tiempo las autoridades permitieron que se incubara tal situación?

¿Por qué, si un principio pedagógico fundamental es la evaluación continua e integral y a los maestros se les pide que la apliquen en su labor, a ellos se les quiere evaluar con sólo con un examen estandarizado? Una prueba, por lo demás, para cuya elaboración no se tomó en cuenta la opinión de los maestros, de la cual se ignora quién la elaboró y en qué criterios se basó, y cuyos resultados ni siquiera se les permitirá conocer.

¿De qué sirve a un maestro esforzarse por tener una buena preparación y poner todo su empeño en el trabajo si la escuela en que trabaja se halla en lamentables condiciones «”a veces sin contar siquiera con pizarrones y sanitarios»”, como es el caso de un altísimo porcentaje de ellas? Y esto no es una afirmación gratuita. Lo ha reconocido la propia SEP.

¿Por qué se pretende culpar única y exclusivamente a los maestros «”y concretamente a los de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación»” de ese verdadero desastre que es la educación pública»¦ y buena parte de la privada? ¿Acaso fueron ellos quienes dirigieron la Secretaría de Educación Pública durante el último medio siglo o más?

Las anteriores son sólo algunas de las muchas preguntas que pueden hacerse acerca de la crisis del sistema educativo mexicano y de la llamada reforma educativa.

La realidad es que el grave deterioro de la educación en México fue ocasionado por las propias autoridades educativas, que durante muchísimo tiempo se valieron de los maestros «”gracias al contubernio con los líderes sindicales»” en calidad de peones políticos, carne de cañón para mítines y manifestaciones, y como mapaches electorales. Fomentaron las autoridades la corrupción en el gremio magisterial. Y cuando los maestros, agrupados en la CNTE, comenzaron a recuperar su dignidad, a rebelarse y a tratar de sacudirse de encima a los líderes venales, se lanzó sobre ellos todo el peso de la difamación y la represión. Ahora se les pinta «”a ellos, a los maestros rebeldes que desean sanear las cosas, no a los líderes del SNTE cómplices del gobierno»” como los grandes y únicos culpables de todos los males del sistema educativo.

¿Es justo?

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 10 de diciembre de 2015

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