El Malecón Tajamar y el Protocolo de Estambul

ESCRUTINIO

El Malecón Tajamar y el Protocolo de Estambul[1]

Juan José Morales

Son tantos los temas de actualidad sobre los que deseamos escribir, que hoy tendremos que ocuparnos de dos: el malecón Tajamar de Cancún y el caso de Pedro Canché.

Ayer, en uno de los predios del malecón comenzó a operar maquinaria pesada para arrasar la vegetación. Pronto corrió la voz entre los defensores de esa zona de manglar y se congregaron numerosos activistas que avisaron a las autoridades correspondientes: Dirección Municipal de Ecología, Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y Procuraduría General de la República.

clip_image001La maquinaria pesada ya había iniciado el desmonte en un predio del malecón Tajamar cuando, por la rápida movilización de los activistas defensores de esa zona de manglar, intervino la Policía Federal Preventiva, que detuvo la operación. El terreno, según se sabe, había sido entregado por Fonatur a sus actuales propietarios «”empresarios italianos»” a cambio de otro que les había vendido y en el cual tampoco pudieron construir por tratarse de una zona protegida.

Quienes realizaban el desmonte exhibieron un permiso de la Dirección de Ecología expedido en 2008 y alegaron que podían hacerlo ya que fue negado el amparo que un grupo de niños solicitó para que no se destruya ese humedal, pues no pudieron «”los pequeños»” depositar la fianza de 21 millones de pesos que les exigió el juez. Pero, independientemente de que la autorización pudiera haber caducado, aún está pendiente el recurso de revisión de la negativa de amparo, y por tanto sigue en pie la prohibición de realizar cualquier obra en ese lugar.

Finalmente, y tras la intervención de los activistas y un abogado del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), las autoridades, tanto municipales como federales, ordenaron cesar el desmonte y retirar la maquinaria del lugar, la cual fue asegurada al igual que el predio.

A juicio de algunos activistas, lo ocurrido podría interpretarse como el clásico «madruguete»; es decir, una intentona de devastar rápidamente el lugar y crear una situación de hechos consumados, como primer paso para levantar una edificación en el sitio. Otros, en cambio, estiman que se trató de una maniobra concertada con alguna autoridad para «”como se dice en el lenguaje popular»” «tentarle el agua a los camotes». Es decir, medir la capacidad de reacción de los grupos defensores del medio ambiente, que como se ve, fue bastante rápida y eficiente.

En cuanto al caso de Pedro Canché Herrera, el periodista de Felipe Carrillo Puerto encarcelado por sus críticas al gobernador Roberto Borge, el asunto sigue dando mucho de qué hablar.

Como se recordará, Canché estuvo en prisión más de nueve meses. Finalmente tuvo que ser liberado por falta de pruebas, y hubo tantas irregularidades en su caso que a principios de mayo de 2015 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ordenó al gobernador, a las autoridades judiciales de Quintana Roo y al presidente municipal de FCP, que se le ofrezca una disculpa pública, se le pague una indemnización por el tiempo que pasó en la cárcel y que a los funcionarios que violaron sus derechos se les impartan cursos sobre los derechos humanos y en particular sobre la libertad de expresión. Antes, en marzo, un comité de la ONU sobre detenciones arbitrarias había hecho similares recomendaciones.

Pero en el más de medio año transcurrido desde entonces, en lo que para muchos es un desplante de soberbia y arrogancia, ninguna de las autoridades en cuestión ha cumplido lo ordenado por la CNDH y la ONU, las cuales no quitan el dedo del renglón. Ahora, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas de la CNDH ha decidido someter a Canché al llamado Protocolo de Estambul «”o, como se le llama oficialmente, el Manual de Investigación y Documentación Efectiva sobre Tortura, Castigos y Tratamientos Crueles, Inhumanos o Degradantes»” a fin de comprobar si efectivamente se le sometió a tales tratos durante su cautiverio.

En fin, Quintana Roo, podría ser conocido no sólo como el mayor centro turístico de México, sino como un lugar donde se persigue, encarcela y somete a tortura y malos tratos a periodistas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 5 de enero de 2016

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