Euclides y Ptolomeo: Una historia aplicable a la ufología

EUCLIDES Y PTOLOMEO: UNA HISTORIA APLICABLE A LA UFOLÓGICA

Las más de las veces los ufólogos no tienen el cerebro ni los conocimientos para entender las explicaciones que se les da a sus casos ovni. En este momento viene a mi mente, por ejemplo, aquella ocasión en uno de los programas de Nino Canun (¿Y usted qué opina?), cuando la ufóloga Zitha Rodríguez, en ese entonces directora de la revista Reporte Ovni, dijo a Héctor Escobar que tenía «muuucha imaginación» para pensar que un hongo (refiriéndose a la seta) se había posado sobre un terreno en San Marcos, Hidalgo[1], en donde había aparecido un «nido de ovni» (anillo de hadas). Ella creía que Héctor se estaba refiriendo a un enorme hongo sobre el terreno, cuando él estaba mencionando al micelio (por debajo del terreno) como la fuente del anillo y de sus extrañas propiedades (terreno hidrófobo, cambio de coloración en el pasto, la propia geometría del anillo, etc.)

También podemos mencionar la frase que continuamente esgrimen los maussanitas para, de alguna manera, rescatar, su caso ovni preferido, que ya ha sido expuesto: «Este caso no ha sido debidamente explicado» o «este caso no se ha explicado satisfactoriamente».

Todo esto viene a colación por la historia que vamos a relatar»¦

EuclidesEn realidad poco es lo que se sabe del autor de uno de los primeros «best seller» de la literatura científica. Nos referimos a Euclides y a sus Elementos.

Pappo alababa su bondad, y su benevolencia con todos los que trabajaban en los progresos de la geometría. Su obra fue comentada por Teon de Alejandría.

Poco más es lo que nos cuenta Proclo Licio Diádoco (nacido en Constantinopla el 8 de febrero de 410 «“ muerto en Atenas el 17 de abril de 485). Este último fue un filósofo griego, el último de los neoplatónicos, también llamado El Sucesor o El Diadoco. En el prólogo de su Comentarios al libro I de los Elementos de Euclides, incluye un resumen de la Historia de la Geometría, ahora desaparecida, de Eudemo de Rodas (siglo IV a.C.), y escribe:

«No mucho más joven (que Hermótimo de Colofón y Filipo de Medma discípulos de Platón) es Euclides, quien compiló los elementos poniendo en orden varios teoremas de Eudoxo, perfeccionando muchos resultados de Teeteto y dando así mismo pruebas incontestables de aquello que sus predecesores sólo habían probado con escaso rigor» (Com. 68, 6-12).

«Vivió en tiempos del primer Ptolomeo, pues Arquímedes, que vino inmediatamente después, menciona a Euclides» (68, 12-14).

El mismo Proclo nos dice que Euclides abrió una escuela de matemáticas en Alejandría bajo el reinado de Ptolomeo hijo de Lago.

Del que podría ser considerado el padre de la geometría no se conoce ni siquiera el lugar de su nacimiento. Algunos lo llegaron a confundir con Euclides de Megara, discípulo de Sócrates.

En cuanto a sus obras, de las cuales se han perdido algunas, la más apreciable tiene sencillamente el título de Elementos. Actualmente esta obra consta de quince libros, pero los dos últimos se atribuyen a Hipsieles, matemático de Alejandría posterior a Euclides.

Euclides se basó en las obras de otros matemáticos y perfeccionó las demostraciones de sus predecesores, mediante unas formas más severas de raciocinio. Tal es el caso de los Elementos de Hipócrates de Chio o Quio.

En la Edad Media los europeos olvidaron a Euclides y lo único que se manejaba de geometría era lo que aparecía en las obras de Boeccio y de un escrito intitulado De principiis geometriae, atribuído a San Agustín. Aunque algunos creen que Boeccio había hecho una traducción latina completa de Euclides, la cual no ha llegado hasta nuestros tiempos.

Pero los matemáticos árabes si conocieron la obra de Euclides. Tenemos, por ejemplo, el comentario del geómetra persa Nassir Eddin. Muchos años después, en los siglos 12 y 13, Athelard en Inglaterra y Juan Campano en Italia, tradujeron la obra de Euclides de las versiones árabes.

Además de los Elementos y los Datos, que son las dos obras más importantes de Euclides, Pappo y Proclo indican también las siguientes: Introductio harmonica secti. etc. que se refieren a la música; Phaenomena que contiene la exposición de las apariencias que produjo el movimiento atribuído a la esfera celeste; Optica, Catoptrica, concerniente a la visión directa de los espejos, y en los cuales se notan ciertas faltas que hacen creer que no son de Euclides; Liber de Divisionibus, que trata de la división de los polígonos, de la cual no se ha encontrado la original, y se halla una versión latina, que pudiera ser muy bien la de una obra del geómetra árabe Mehemet de Bagdad. Al final de las obras de Euclides se encuentra un fragmento muy corto De levi et ponderoso, cuyo autor se ignora.

Existen dos anécdotas que reflejan la forma de ser y el carácter de Euclides. La primera menciona que uno de sus estudiantes preguntó a Euclides qué ganaba con lo que había aprendido de la geometría: El maestro ordenó a su esclavo que le entregase una moneda (óbolo) a aquel estudiante, para que «ganara» algo con lo que aprendía de geometría, demostrando que aquel muchacho no había entendido nada de la grandeza de la geometría y de lo desinteresado de ésta.

Llegamos finalmente a la segunda anécdota, que en particular podemos aplicar a los ufólogos, parapsicólogos, criptozoólogos y otros «ólogos» que abundan por el mundo. El rey de Alejandría, Ptolomeo, no era muy brillante que digamos. No obstante quiso ser discípulo de Euclides. Desde las primeras lecciones encontró varias dificultades imposibles de salvar con la ayuda de su intelecto. Exasperado preguntó a su maestro si había un medio más fácil para aprender la geometría que estudiar los Elementos: «No», respondió Euclides; «no existe un camino real hacia la Geometría».

Con este juego de palabras, Euclides le vino a decir al rey que si se es idiota, por más que tenga al mejor maestro y matemático del momento, nunca va a entender sus demostraciones. Luego entonces, los ufólogos pueden seguir creyendo que la momia del niño encontrado en el castillo de Montezuma es un ser extraterrestre caído en Roswell; o que el objeto filmado por Abel Salazar era un ovni y no los restos de una nave soviética; o, en fin, que los «anillos de hadas» son producidos por platos voladores y no un hongo.

La Biblia dice que no se deberían dar «perlas a los cerdos»[2], o como dice Donald Prothero[3], no se debería tratar de explicar estos temas a quienes están negados para comprenderlos. Sin embargo me viene a la mente un pensamiento del astrónomo Neil DeGrasse Tyson, quien en el 2009 dijo:

«Si usted está científicamente alfabetizado, el mundo se ve muy diferente para usted. No es sólo un montón de cosas misteriosas sucediendo. Hay mucho que entendemos ahí fuera. Y esa comprensión le autoriza para, primero, no aprovecharse de otros que no lo entienden. Y en segundo lugar hay cuestiones que enfrenta la sociedad que tiene la ciencia como su fundación. Si usted es científicamente analfabeto, en cierto modo, está privándose a sí mismo de sus derechos a los procesos democráticos, y ni siquiera lo sabe».

Y por eso seguimos aquí en Marcianitos Verdes, de necios, intentando que los de «mente abierta» puedan captar el otro lado de la moneda: la realidad.


[1] Ver: http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/09/aterrizaje-en-tula-un-cuento-de-hadas/

[2] Mateo (7:6)

[3] http://marcianitosverdes.haaan.com/2014/08/chemtrails-en-serio-reprobaste-ciencias/

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