Nueva epidemia en EU: muertes por sobredosis

ESCRUTINIO

Nueva epidemia en EU: muertes por sobredosis[1]

Juan José Morales

El pasado 22 de enero, nuestro diario publicó que en los tres años del gobierno de Peña Nieto, se han registrado en México más de 54 mil homicidios, lo cual da un promedio superior a 18 mil anuales.

Realmente, es una cifra espeluznante. Pero palidece ante las más de 47 mil muertes que en un solo año, 2014, hubo en Estados Unidos por sobredosis de drogas, contra sólo 33 mil en accidentes de tránsito.

clip_image002Esta caricatura se publicó en Colombia al firmarse el llamado Plan Colombia, un acuerdo entre los gobiernos de ese país y Estados Unidos para combatir el narcotráfico, semejante al Plan Mérida que Calderón firmó con George Bush. Y es que el problema no es la producción sino el consumo de estupefacientes. Un estudio realizado en 2013 por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, reveló que 24.6 millones de norteamericanos de 12 años de edad en adelante «”o sea el 9.4% de la población del país»” habían consumido algún tipo de drogas en el mes anterior. Los narcotraficantes sólo satisfacen esa demanda.

Sí, leyó usted bien: más de 47 mil norteamericanos murieron en un solo año en aquel país a consecuencia de lo que en la jerga de los adictos se conoce como «un pasón». Esto significa 128 muertes diarias, o una cada 12 minutos. Y, sumadas a las muertes de los años precedentes, se llega a un total realmente aterrador: de 2000 a 2014, casi medio millón de norteamericanos murieron por una sobredosis.

La diferencia entre México y Estados Unidos, es que aquí las drogas hacen que la gente se mate entre sí en disputas por el control de su venta. Allá, que la gente se mate sola al consumirlas en exceso.

Las cosas han llegado a tal punto que se habla de una verdadera epidemia de muertes por sobredosis. Y es que de 2000 a la fecha, la tasa de mortalidad por esa causa ha aumentado 137%, al pasar de 6.2 por cada cien mil habitantes, a 14.7. El incremento se debe en especial al consumo de opioides, tanto naturales como sintéticos. Los primeros, como la heroína y la morfina, son por así decir los opiáceos clásicos naturales; los segundos, potentes analgésicos sintéticos del tipo del fentanil «”muchísimo más poderoso que la morfina, con la cual a menudo se vende mezclado para incrementar su potencia y al cual era adicto el conocido actor cinematográfico Philip Seymour Hoffman, muerto por una sobredosis a principios del año pasado»”, la oxicodona, que se comercializa bajo nombres como OxyContin, Roxycodona y Oxecta, o la hidrocodona, que usualmente se vende combinada con analgésicos más suaves como el ibuprofeno, la aspirina y el paracetamol.

Los drogadictos pueden obtener estos opiáceos, ya sea mediante recetas expedidas por médicos inescrupulosos o en el mercado negro de medicamentos robados. Pero en los últimos tiempos se ha incrementado su producción en laboratorios clandestinos, con nulos controles de calidad, lo cual incrementa el riesgo de muerte.

Lo que ha causado alarma en la sociedad norteamericana, sin embargo, no es tanto el aumento en el número de fallecimientos por sobredosis, sino que este problema ya no sólo afecta a los grupos sociales marginados y de bajos ingresos habitantes de barriadas urbanas pobres, como los negros, sino que se ha extendido a las clases media y media alta y a las pequeñas ciudades y pueblos de las áreas rurales.

Antes, cuando el problema era el crack «”una mezcla barata de cocaína y bicarbonato de sodio, altamente adictiva y muy peligrosa»”, a las autoridades no les importaban las muertes por sobredosis, ya que el consumo de esa droga estaba limitado casi exclusivamente a los negros. Entre las clases altas la droga usual era la cocaína en polvo, más cara y más segura. La política, entonces, era meter a la cárcel a los consumidores, o dejar que murieran.

Ahora, en cambio, las buenas familias norteamericanas no quieren ver a sus hijos en un ataúd. Por ello está cambiando el enfoque sobre el consumo de drogas y «”por fin»” se empieza a verlo como un problema de salud y no de criminalidad.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 17 de febrero de 2016

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