Un par de incómodas verdades

ESCRUTINIO

Un par de incómodas verdades[1]

Juan José Morales

Resulta contradictorio, pero natural, que tanto el gobierno de México como el de Estados Unidos se muestren tan irritados por la publicación en la revista The Rolling Stones de la entrevista que Sean Penn «”con Kate del Castillo como traductora»” hiciera al Chapo Guzmán y amenacen no muy veladamente con ejercer acción penal contra ambos.

Contradictorio porque, según dejaron entrever las propias autoridades mexicanas, fue al rastrear los contactos para la entrevista como se pudo ubicar y detener al tan buscado Chapo. Deberían, entonces, estar agradecidos a Penn y Del Castillo. Pero a la vez, es natural que no puedan ocultar su irritación, porque en la publicación se dicen verdades bastante incómodas para ambos gobiernos.

clip_image002El narcotráfico maneja decenas de miles de millones de dólares que, obviamente, deben ser blanqueados, pero se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos, los casos en que se ha investigado a grandes instituciones financieras por de lavado de dinero. Uno de ellos fue el del banco HSBC en México, hallado culpable en 2012 de ese tipo de operaciones.

Como bien señala el actor norteamericano, refiriéndose a sus compatriotas, «Nosotros somos los consumidores y, por lo tanto, somos cómplices de cada asesinato y de cada caso de corrupción que merma la capacidad de las instituciones mexicanas y de Estados Unidos de proteger a sus ciudadanos de los resultados del insaciable apetito por las drogas ilegales».

Y pone el dedo en la llaga al preguntar «¿Qué pasa con los miles de estadounidenses adictos a las drogas que están en prisión por el solo crimen de su enfermedad?»

En efecto, el narcotráfico nació, creció y se fortaleció debido a la cada vez mayor demanda de estupefacientes en Estados Unidos, y jamás el gobierno norteamericano se ha preocupado por poner en práctica programas para evitar que más gente caiga en la drogadicción ni para rehabilitar a quienes ya son víctimas de ella. Al drogadicto se le trata como delincuente, no como enfermo. Y es que «”como ya hemos señalado en esta columna»” uno de los grandes negocios en Estados Unidos es el de las cárceles privadas, que para resultar económicamente productivas deben ser llenadas al máximo con reclusos de mínima peligrosidad, como lo son inmigrantes indocumentados y consumidores de drogas. Por eso «”y por la corrupción en los cuerpos policiacos norteamericanos»” no se toman medidas efectivas para reducir o evitar el consumo de drogas.

Y El Chapo puso a su vez el dedo en otra llaga cuando «”escribe Penn»” mencionó por sus nombres, aunque pidiendo que no fueran publicados, a «una serie de grandes corporaciones corruptas, tanto en México como en el extranjero» partícipes del negocio del narcotráfico, «a través de las cuales lava su dinero y que toman su propio trozo cínico del pastel narco».

Mucho se habla de los cientos de miles de millones de dólares que mueven las redes de narcotraficantes y las bandas de delincuentes derivadas de ellas y dedicadas a la extorsión, el secuestro, la trata de blancas y otros delitos. Es una inmensa suma de dinero que, obviamente, no se maneja en fajos de billetes o sacos de monedas sino a través de bancos, casas de bolsa y otras instituciones financieras. Pero, salvo uno que otro caso aislado, ¿cuándo ha sabido usted que se emprendan acciones contra el lavado de dinero y contra los cómplices de los narcotraficantes en la banca, la industria y el comercio?

En otro orden de cosas, ayer lunes, sentí una gran tristeza al abrir Por Esto! y enterarme de la muerte de Gerardo Unzueta, ese gran luchador social, uno de los más brillantes representantes de la izquierda mexicana a quien tuve el honor de poder llamar camarada y de quien fui por varios años discípulo en el aprendizaje del periodismo, el marxismo y «”sobre todo»” la solidez y rectitud de principios.

De hecho, me temía su muerte. Sabía que su salud era precaria, y sin duda lo afectó profundamente el fallecimiento, menos de un mes antes, de la camarada Panchita, su esposa, con quien por más de 60 años compartió los sinsabores de la lucha por la democracia, la justicia y los derechos de los pobres y marginados.

Con Gerardo Unzueta México perdió a uno de sus mejores hijos. Pero sin duda habrá muchos que sigan su ejemplo de lucha y dedicación. Vaya aquí mi modesto homenaje a su memoria.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 12 de enero de 2016

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