La verdad sobre el mono venezolano

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CARTAS AO DIRETOR/

ir_interciencia24-4De acuerdo con el principio de INTERCIENCIA[1] de adelantar la discusión libre de opiniones e ideas, dentro de un tono de altura, nuestras páginas están abiertas a las personas e instituciones que deseen expresar puntos de vista aunque no necesariamente coincidan con los que se publican en la revista.

El Editor

LA VERDAD SOBRE EL MONO VENEZOLANO[2]

Luego de haberse publicado por los suscritos el artículo “François de Loys (1892-1935) y un hallazgo desdeñado: La historia de una controversia antropológica” (Interciencia, 23(2): 94-100, 1998), recibimos varias cartas de lectores, indicándonos algunas referencias bibliográficas adicionales, pero sin añadir elementos nuevos al problema, reafirmando todo esto la intensidad de la controversia y que efectivamente continuaba irresoluta.

Más recientemente hemos recibido copia de una carta publicada en 1962 por el Dr. Enrique Tejera, que añadida a la información aportada por otras referencias bibliográficas obtenidas por los autores, impone replantear la historia en cuestión. La citada carta dirigida a Guillermo José Schael (Tejera, 1962), resulta muy reveladora y dice así:

LaVerdadSobreElMonoVenezolano“Caracas, Julio de 1962 – Recibimos ayer del Dr. Enrique Tejera la siguiente carta:

 

Señor Guillermo José Schael

 

El Universal

 

Mi distinguido amigo:

 

A propósito de un mono nuevo encontrado en Venezuela –que por cierto ya hay bastantes con los conocidos- le diré con motivo de su artículo aparecido en El Universal de hoy, en su columna “Brújula” que me veo en la necesidad de desengañarlo. Tal mono es un mito. Le contaré su historia.

 

En los primeros meses del año de 1919 encontrábame yo en París y también allí estaba el Dr. Nicomedes Zuloaga Tovar. Una mañana me telefoneó pidiéndome que leyera en el diario “Le Temps” la columna “Conferencias”. Estaba allí anunciada para esa tarde cuyo mote era: “Un mono antropoide en Venezuela. El primero que se encuentra en América”.

 

El tema no podía ser más interesante, no sólo para nosotros sus compatriotas, sino para los sabios especializados en el asunto.

 

En la tarde concurrimos a la Sociedad de Historia Natural de París. El salón estaba lleno. ¡Qué curiosidad había despertado ese nuevo venezolano!

 

Montandon1El conferencista era el señor Montandon, tildado por sí mismo “Explorador Especializado” (?).

 

Mi sorpresa fue extraordinaria al escucharlo. Siempre había dudado de muchas aseveraciones, pero aquello sobrepasaba lo imaginable.

 

Creo que el público tuvo otra sorpresa. Y fue que en el auditorio se había escuchado una voz pidiendo la palabra. Quizá el tono fue algo brusco lo confieso.

 

Rogué al Presidente de la Sociedad que pidiera al señor Montandon que exhibiera de nuevo la fotografía del mono objeto de la conferencia.

 

He aquí más o menos lo que dije aquel día:

 

“El señor Montandon nos acaba de decir que el simio éste en cuestión fue encontrado en una región ignota de Venezuela, en que el blanco nunca había llegado. Véase sin embargo en la foto, que el mono está sentado en una caja de un producto americano y por detrás como fondo tiene un platanal. No necesita esto comentarios con respecto a lo ignoto”.

 

“Por otra parte, el señor Montandon ha señalado como de sexo masculino el espécimen aquí retratado. ¿No sabe el conferencista que en ese género de monos el sexo femenino es externo? Los que están aquí, y los hay especialistas, saben que esto es verdad”.

 

“Pero debo agregar algo más: El señor Montandon ha dicho que el mono no tiene cola. Eso es cierto, pero ha olvidado decir algo, y es que no la tiene porque se la cortaron. Puedo asegurarlo así, señores, porque fue delante de mí que se la amputaron”.

 

(movimiento en la sala, etc.)

 

FrancoisDeLoysConté entonces: “Quien habla en este momento trabajaba para 1917 en un campo de exploración petrolera en la región de Perijá. Estaba como geólogo el señor François De Loys; como Ingeniero el Dr. Martín Tovar Lange.

 

De Loys era un bromista y muchas veces nos reímos de sus bromas. Un día le regalaron un mono. El mono tenía la cola enferma. Hubo de cortársele. De Loys lo llamaba el hombre mono.

 

Tiempo después De Loys y yo nos encontramos en otra región de Venezuela: en la zona llamada Mene Grande.

 

Siempre andaba con él su mono mocho.

 

Allí en Mene Grande murió el simio. De Loys lo fotografió y es esa y creo que el señor Montandon no lo negará, la fotografía que él ha presentado hoy.

 

Debo decirles señores que cualquier ignaro de la región de Perijá haría con seguridad el diagnóstico de ese mono ahí fotografiado. Allá lo llaman Marimonda. Como ese hay muchos allí.

 

Señores: los naturalistas especializados saben muy bien que los monos antropoides no tienen externa la vagina y que en cambio este género americano, la mona marimonda, sí la tiene así. Además, si al hacer un género y especie nueva de este mono el naturalista ha hecho una buena descripción del simio, seguro habrá descrito el cráneo y bastará compararlo con la especie “marimonda” para saber que ese es su verdadero nombre y no uno basado sobre un mito.

 

Creí aquella tarde que aquello había terminado, porque el fin de la conferencia no hay para qué contarlo.

 

Más últimamente, en un viaje a París mi estupor ha sido grande al visitar el Museo del Hombre. En lo alto de una escalera monumental, llenando la pared del fondo está una inmensa fotografía y debajo puede leerse: “El primer mono antropoide encontrado en América”. Es la fotografía de De Loys, pero magníficamente retocada. Ya no se ve el platanal ni se sabe sobre que caja está sentado el mono. El truco ha sido tan bien aprovechado que dentro de unos años el simio en cuestión tendrá más de dos metros. De una farsa nació un mito, más después será la leyenda del “monstruoso hombre mono de las selvas de América”. Y digo de América porque les parecerá entonces pequeño decir que es de Venezuela.

 

Montandon2Mi apreciado amigo Schael: esa es la verdadera historia del mono que ha motivado su artículo. Para terminar debo agregarle: Montandon era mala persona. Después de la guerra fue fusilado porque traicionó a Francia, su patria.

 

Lo saluda cordialmente su amigo, Enrique Tejera.

Los planteamientos expuestos en la carta de Tejera, también fueron comunicados por él en una reunión de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela, al respecto Eugenio de Bellard Pietri (1999, Com. Pers.) nos dice: “en una oportunidad en que se hablaba en la Academia de temas antropológicos (no recuerdo si fue con motivo de los descubrimientos de Louis y de Mary Leakey en Olduvai Gorge de los Australopithecus), [E. Tejera] relató una experiencia suya ciertamente extraordinaria habida cuenta de los lugares y personajes que intervinieron”. Seguidamente, refirió el Dr. Tejera “que durante su estadía en los campos petroleros del Zulia, donde se desempeñó como médico al servicio de una empresa petrolera, le tocó un día ver a varias personas que estaban arreglando, para tomarle una fotografía, a un gran mono araña muerto. Se las ingeniaron con maña y colocaron al mono sentado sobre una caja que había contenido (según yo creo recordar) enlatados comestibles identificados muy claramente en la mencionada caja con un impreso muy evidente y grande, fácil de leer a distancia. Tejera nos refirió que él se acercó durante la toma de la fotografía y se fijó con atención en la caja y en el mono, al cual identificó en su conversación con nosotros en la Academia como un mono araña grande”.

Enrique Tejera (1899-1980), se graduó de médico en 1917, el mismo año en que se debió dirigir al estado Zulia a ejercer como médico rural, donde según indica compartió con François de Loys. Posteriormente estuvo exiliado en Francia, y para 1920 participó en París en la Reunión de la Cruz Roja Internacional, en ese país recibió la distinción de “Caballero de la Legión de Honor” (Sáenz de la Calzada, 1953: 1137).

Del testimonio del Dr. Tejera interesa su señalamiento de que François de Loys en su lado personal era un “bromista”. Igualmente resulta importante conocer que para 1919, ya se había efectuado la primera conferencia sobre el nombrado “antropoide”, -dato desconocido para todos los autores que han tratado el tema-, pero fue años después que Montandon publicó la descripción del “nuevo” primate, como Ameranthropoides loysi (Montandon, 1929a). Quizás esta espera fue a propósito, para que se olvidara la discusión causada por Tejera en dicha conferencia. Luego, el 15 de junio de 1929, el mismo de Loys publica detalles de su “descubrimiento” (de Loys, 1929).

Montandon3Coleman y Raynal (1996, 1997) recientemente han presentado información biográfica muy bien documentada sobre George Montadon, que confirma que en el medio francófono fue alguien que promulgaba una postura antisemítica y racista muy radical, de hecho, en un periódico de la época –La Lumière, 26-iv-1940- llegó a afirmar que esta doctrina era de su autoría y que Hitler se había copiado de él (Coleman y Raynal, 1997: 151). Montandon ha sido conocido por la postulación de su teoría de “hologénesis humana”, cuya propuesta fundamental era que en distintas regiones de la tierra se creó el hombre independiente y simultáneamente (Montandon, 1928). Esta teoría tiene en el trasfondo de su estructuración una profunda connotación racista, con fuertes implicaciones en la otrora y lamentablemente pretendida justificación de la “supremacía aria”. Ello implicó para Montandon, que el ‘blanco’ provino del Homo sapiens arcaico (cro-magnon), el ‘amarillo’ del orangutan, el ‘negro’ del gorila o el chimpancé, y el descubrimiento del Ameranthropoides ‘explicó’ el origen del amerindio (el llamado de raza ‘roja’)” (Coleman y Raynal, 1996: 90). Curiosamente de la muy extensa bibliografía de Montandon, donde se encuentran libros como L’ologenese humaine (ologénisme) (1928) y Le Race, les Races (1933), solamente una refiere a primates (Montandon, 1929a, y versiones sucesivas), justamente la referida al Ameranthropoides loysi. Por su parte, el mismo Montandon justifica la importancia del Ameranthropoides loysi, dentro de su teoría de “hologénesis humana” (Montandon, 1929b: 192; 1930: 453-454), cuyas implicaciones racistas se han señalado. A petición de los autores, el Dr. Alain Froment conversó con una hija de George Montandon, quien indicó que su padre fue gravemente herido por miembros de la Résistance francesa durante la Segunda Guerra Mundial en 1944, ya que compartía ideas nazistas y fue colaborador de los alemanes durante la ocupación, por ello también su casa y archivos fueron destruidos. Ese mismo año moriría eventualmente en Alemania y desde entonces su nombre ha sido prácticamente borrado de la historia de la antropología francófona.

Es lamentable que el testimonio de Tejera, sólo publicado localmente en 1962, no hubiese trascendido en los círculos extranjeros donde la discusión del “hallazgo” ha continuado hasta nuestros días, de haber sucedido, se hubieran ahorrado varias décadas de controversia. En lo que respecta a los bien documentados trabajos de Coleman y Raynal (1996, 1997), estos han aparecido en una publicación muy poco conocida, de difícil acceso, probablemente con poco impacto a futuro. Con la información aquí presentada, se sugiere que el Ameranthropoides loysi fue un fraude.

AGRADECIMIENTOS

Se agradece al Dr. Eugenio de Bellard Pietri por habernos enviado copia de la publicación del Dr. Enrique Tejera. Al Dr. Alain Froment, Secretario General de la Sociedad de Antropología de París, por la información suministrada.

REFERENCIAS

Coleman, L. y Raynal, M. (1996): De Loys’ Photograph: A short tale of apes in green hell, spider monkeys, and Ameranthropoides loysi as tools of racism. The Anomalist (Manhasett, NY), 4: 84-93.

Coleman, L. y Raynal, M. (1997): [Réplica a Shomaker, M. 1997]. The Anomalist (Manhasett, NY), 5: 143-145.

Loys, F. de (1929): A gap filled in the pedigree of man? A sensational discovery in South America: A new and strangely human species of the anthropoid apes (hitherto unknown of the Western Hemisphere). The Illustrated London News (Londres), 174 (4704): 1040, 2 figs.

Montandon, G. (1928): L’ologenese humaine (ologénisme): Librairie Félix Alcan, París, xii + 477 p., 14 pls.

Montandon, G. (1929a): Un singe d’apparence anthropoïde en Amérique du Sud. Comptes Rendus hebdomadaires des Seances de l’Académie des Sciences (París) (11 mars), 188(11): 815-817.

Montandon, G. (1929b): Découvertes d’un singe d’apparence anthropoïde en Amérique du Sud. Journal de la Société des Américanistes de Paris, n. s. (París), 21(1): 183-195.

Montandon, G. (1930): Précisions relatives au grand singe de l’Amerique du Sud. Archivio Zoologico Italiano (Turín), 14(2-4): 441-459.

Montandon, G. (1933): Le Race, les Races. Edit. Payot, París, 299 p.

Sáenz de la Calzada, C. (Direc. de comp.) (1953): Diccionario Biográfico de Venezuela. Tip. Blass, S.A. Madrid. 1558 p.

Tejera, E. (1962): [Carta a Guillermo José Schael, columna Brújula]. Diario El Universal, Caracas. 19 julio, p. 28. Caracas, mayo de 1999.

Ángel L. Viloria,

Franco Urbani

y Bernardo Urbani.


[1] En mis años de universidad descubrí esta hermosa revista venezolana y quedé atrapado. En cierta forma se parecía a la británica New Scientist (que también descubrí por aquellos años), porque no se arredraba por tratar temas considerados tabú, como la criptozoología (que es el tema de esta carta), o de astroarqueología (como las líneas de Nazca), etc. No era como la, en aquel entonces pomposa Ciencia y Desarrollo (actualmente la sección del Ing Mario Méndez Acosta aborda estos y otros temas). Interciencia y New Scientist me acercaron a los temas paranormales desde un punto de vista escéptico.

[2] Interciencia, Volumen 24, Número 4, julio – agosto 1999, páginas 229-231.

Los más grandes engaños criptozoológicos de todos los tiempos (el mono de Loys)

Los más grandes engaños criptozoológicos de todos los tiempos, Parte 1

18 de febrero de 2016

Brent Swancer

A pesar de que la criptozoología, la búsqueda de especies no descubiertas, mítico, o extinguidas hace mucho tiempo, se esfuerza por su aceptación y legitimidad con enfoques cada vez más científicos y esfuerzos para proporcionar evidencia sólida, durante mucho tiempo ha habido un espectro que ha arrojado una sombra sobre la totalidad del campo; el del engaño. De hecho, la historia de la criptozoología está llena de engaños, de lo simple a lo verdaderamente complicado, que han sido molestos en el mejor de los tiempos y gravemente perjudiciales para la credibilidad del campo en el peor de los casos. Hay muchas razones por las cuales algunas personas desean construir engaños en la criptozoología. Para algunos, es con fines de lucro, cobrando por echar una ojeada a un verdadero monstruo. En otros casos se trata de hacerse un nombre por sí mismo, para quienes quieren los reconocimientos dados por ser el primero en encontrar una buena evidencia de la existencia de un monstruo misterioso, incluso si eso significa tener que fingir. Otros simplemente quieren sus 15 minutos de fama, independientemente de la forma en que los adquieren, y algunos falsificadores tienen nombres que todavía resuenan dentro del campo independientemente de su engaño. En otros casos, son simplemente travesuras infantiles, o el resultado de una broma que simplemente se salió de control y adquirió una vida propia. La mala información también puede ser la culpable, los malentendidos que giran fuera de control sin ningún objetivo intencional real para crear un engaño. Luego están los que tienen agendas más insidiosas, que desean desestabilizar la credibilidad del campo, tomar el pelo a los incluidos en él, u obtener venganza o descargar su ira en los investigadores dentro de él.

De hecho, hay muchas maneras de que un engaño pueda hundir sus garras en el campo de la criptozoología, y algunas de ellas pueden causar daño que es difícil de deshacer, un ejemplo es la evidencia fotográfica que se ha hecho casi inútil en el campo debido a los innumerable engaños fotográficos que contaminan el paisaje. Entre estas muestras de engaños y trucos hay algunos que realmente se destacan. Estos son los engaños que fueron impresionantemente elaborados o fueron creídos por la mayoría de la gente en el momento, engañando a la mayoría, y como tal se han ganado un lugar en la historia de cuentos preventivos de engaño. En esta serie de artículos en 2 partes, vamos a explorar algunos de los más memorables y notorios de estos engaños. Normalmente evito hacer artículos en 2 partes[1], pero en este caso hay una gran cantidad de información y tantos casos importantes que me siento obligado a proporcionar una lista más completa de lo que soy capaz de con sólo uno. Aunque esta, con mucho, no es una lista exhaustiva de todos los grandes engaños criptozoológicos, se trata de una selección de unos de los casos que creo representan algunos de los que por algún motivo, ya sea su ingenio o habilidad para engañar a la gente, han resonado en todo el campo de la criptozoología hasta nuestros días.

Ameranthropoides_loysi-570x896La versión recortada de la fotografía De Loys. Ameranthropoides loysi

A principios de 1900, un geólogo petrolero suizo con el nombre de François de Loys exploraba una remota región de América del Sur y supuestamente hizo un hallazgo extraño que sacudiría el mundo de la zoología de su tiempo, y también llegar a ser uno de sus mayores engaños. De 1917 a 1920, De Loys estaba en el proceso de búsqueda de petróleo a lo largo de un tramo aislado de la selva mayormente desconocida en un área cerca del Lago de Maracaibo, en la frontera entre Colombia y Venezuela, junto con una expedición de 20 miembros. Llegaría a ser una desastrosa expedición, ya que en el proceso tendrían que pasar penosamente por nubes de mosquitos, jungla casi impenetrable habitada por nativos agresivos, y sólo cuatro de la expedición saldrían vivos de la jungla. A pesar de que la expedición se había encontrado con estas trágicas circunstancias, fue conocida sobre todo por un supuesto encuentro curioso, que llegaría a convertirse en uno de los mayores engaños criptozoológicos de todos los tiempos y los ecos de los cuales aún se pueden sentir hoy en día en ese campo.

Durante este peligroso viaje, el grupo caminó a las orillas del remoto río Tarra, donde establecieron un campamento. Fue aquí a lo largo de las orillas del río que De Loys afirmaría que dos extraños primates rojizos, un macho y una hembra, emergerían de la selva para acercarse a la expedición. Ellos fueron descritos como monos muy grandes, colocándolos alrededor de 1.57 metros de altura, sólo que sin colas, que se paseaban de una manera inusual en posición vertical, bípeda. Se dice que los dos primates misteriosos eran bastante atrevidos y al parecer estaban un poco perturbados por la presencia de los humanos en su dominio de la selva, gritando y agitando sus brazos violentamente. A medida que se acercaban más, según los informes, las dos criaturas se hicieron aún más agresivas, defecaron en sus manos y lanzaron el excremento a los hombres sorprendidos de la expedición. Los hombres cada vez más asustados pronto decidieron que las cosas habían ido demasiado lejos y dispararon contra las extrañas criaturas simiescas, matando a la hembra y enviando al macho a escabullirse en la espesa maleza.

De Loys estaba fascinado por toda la prueba, ya que nunca había visto monos tan grandes en América del Sur, y ciertamente ninguno que no tenía cola y caminaba igual que los hombres. A pesar de que las selvas estaban llenas con monos, nunca había habido ninguna especie de simio en América del Sur, y esto es precisamente lo que parecían ser las criaturas. Un examen más detallado del cadáver mostraba que tenía varios dientes parecidos a los humanos, 32 dientes en lugar de los 36 más comunes en los monos de la región del Nuevo Mundo. De hecho, la criatura era profundamente diferente de cualquiera de los monos conocidas de América del Sur. Perplejo, De Loys puso el extraño mono apoyado en una caja con un palo metido bajo su barbilla y tomó una serie de fotografías del mismo, después de lo cual le quitó piel con el fin de preservarla y el cráneo como evidencia física del encuentro. Cuando la expedición continuó aún más en la vasta jungla y se encontró con más dificultades y peligros, se dice que todas las fotografías se perdieron, y que el grupo se vio obligado a deshacerse de la piel y el cráneo de la criatura. Todo lo que quedó fue una sola foto del “mono” sentado en la caja.

Ameranthropoides-Memo-Kosemen-600-px-tiny-July-2014-Darren-Naish-Tetrapod-Zoology-570x572De Loys sobreviviría a la expedición desgarradora que había matado a la mayoría de sus hombres, y cuando volvió a casa a Europa no daría otro pensamiento al asunto del extraño mono al que había disparado. No fue hasta 1929 que un antropólogo con el nombre de George Montandon encontraría la foto de la bestia, mientras tamizaba a través de los registros de De Loys en un intento de dar caza a la información sobre las tribus indígenas de la región. Montandon pensaba que la fotografía era de gran importancia zoológica y antropológica, tal vez evidencia de un simio de América del Sur o incluso una especie de homínido, lo que le llevó a realizar estudios de la criatura. De Loys finalmente salió con su extraño relato en el Illustrated London News del 15 de junio de 1929, que sería seguido por varios artículos científicos legítimos sobre la materia y llevaría a la criatura en realidad adquirir el nombre científico Ameranthropoides loysi, que fue sugerido por el mismo Montandon.

Con toda la charla de este increíble nuevo descubrimiento científico y el nombramiento de un nuevo simio de América del Sur sobre la base de una sola fotografía, de inmediato hubo escepticismo que se extendió por la comunidad científica. Varias banderas rojas fueron evidentes desde el principio. Primero fue el hecho de que sólo había una fotografía del simio misterioso. De Loys afirmó que se habían tomado más más, pero que se habían perdido en la desafortunada expedición. También se alegó que la piel y el cráneo de la criatura, que habrían resuelto la cuestión de una vez por todas, de hecho, no se habían mantenido sino que se habían perdido debido a accidentes, la descomposición, y al hecho de que el cráneo había sido corroído por ser utilizado como un contenedor de sal. La falta de cualquier resto significaba que era imposible verificar físicamente lo que era el primate, o corroborar las afirmaciones de De Loys sobre su número de dientes. Por otra parte, la foto en sí era muy sospechosa. La criatura sólo se había fotografiado desde la parte delantera, por lo que es imposible determinar si tenía una cola o no, la que podría haber sido ocultada o incluso cortada, y había pocas evidencias en la fotografía para dar una idea de la escala, por lo que el tamaño no se pudo determinar. Empeorando las cosas estaba el hecho de que habían surgido muchas versiones de la fotografía infame de una manera tal como para hacer el simio más enigmático y misterioso, y con la vegetación en el fondo eliminada.

Ameranthropoides-uncropped-shot-600-px-tiny-July-2014-Tetrapod-Zoology-570x388Una versión no recortada de la foto del simio de De Loys

La investigación posterior proyectaría más sospechas sobre la fotografía, cuando lo que parece ser el tronco de un árbol de plátano fue notado en el lado derecho de la foto. Como los árboles de plátano no son nativos de las selvas de América del Sur, y sin duda no han hecho su camino a esta zona aislada, esta observación pone en duda si la foto fue tomada, incluso donde De Loys afirmó, para empezar. Además de todos estos factores sospechosos, había naturalistas que declararon lo obvio, que el primate en la foto se veía exactamente como un mono araña, de los cuales había muchas especies de la región y eran muy comunes. A pesar de que los monos araña son más pequeños que el tamaño del supuesto simio y tienen colas muy prominentes, la condición de la fotografía hace que sea imposible determinar el tamaño y la posesión de una cola en la criatura misteriosa.

Para ser justos, DeLoys mismo hizo muy poco para jugar con el factor de misterio de la criatura y la foto, se quedó bastante tranquilo por todo el asunto, y de hecho sólo la menciona una vez en el artículo para el Illustrated London News titulado “Found at Last – The First American”, que era una pieza bastante audaz, sensacionalista exponiendo cómo el eslabón perdido había sido encontrado en América del Sur. De hecho, la publicación era una reminiscencia de un tabloide. Incluso en este caso, De Loys fue presionado para hacer el artículo de Montandon. De hecho, De Loys estaba en general bastante reacio a discutir el asunto del encuentro con el simio, de hecho, incluso dejándolo fuera del registro oficial publicado de la expedición. El principal motor promotor del descubrimiento del simio bípedo, Ameranthropoides loysi, fue Montandon, e iba a resultar que tenía segundas intenciones para hacerlo.

Montandon era un conocido racista, sin pelos en la lengua, y respaldó una visión distorsionada de la evolución humana en la que se creía que los humanos habían evolucionado independientemente de cualquier especie de simio vivo en la zona geográfica, una idea conocida como “hologenisis”. Por ejemplo, los gorilas habían evolucionado en los africanos, los asiáticos de los orangutanes, y así sucesivamente, que era una teoría que encajaba perfectamente en las nociones racistas populares generales de la evolución humana en el momento. En esta teoría pseudo-científica, la existencia de un mono grande de América del Sur como Ameranthropoides loysi mostraría que la población de América del Sur habían evolucionado a partir de este “eslabón perdido”, y contribuiría en gran medida a la propagación y confirmar estas ideas equivocadas sobre la evolución humana. Teniendo en cuenta esto, se ha sugerido que toda la historia de “Ameranthropoides loysi” no era más que un fraude elaborado perpetuado por el propio Montandon para promover y extender aún más su teoría racista de la evolución. Esta noción del Ameranthropoides loysi como una herramienta por Montandon para una escuela racista errónea del pensamiento evolutivo fue defendida por primera vez por eminentes criptozoólogos tales como Loren Coleman y Michel Raynal en 1996, y posteriormente escrito por los historiadores Pierre Centlivres e Isabelle Girod en 1998.

Ateles_fusciceps_Colombia-570x654Mono araña

Además el último clavo en el ataúd del descubrimiento del Ameranthropoides loysi fue una carta publicada en la edición julio-agosto de 1999 de la revista científica venezolana Interciencia. La carta, escrita en 1962 para el editor de la revista Diario El Universal, fue escrita por un doctor Enrique Tejera, que afirmó haber estado en la misma expedición en la que De Loys supuestamente había encontrado el simio, y en términos muy claros denunciado todo el asunto como un engaño de plano. En la carta Tejera describe cómo De Loys era un bromista insoportable que era propenso al engaño y se reía de sus propios chistes. Se explica que durante la expedición, De Loys había adoptado un mono araña con una cola atrofiada que posteriormente fue amputada, un procedimiento que Tejera afirmó haber presenciado personalmente. De Loys entonces supuestamente mantuvo el mono como mascota, dándole el nombre de “El hombre mono”, hasta que lamentablemente murió. De Loys entonces había decidido tomar una foto de su compañero muerto apoyado en una caja, y era esta fotografía la que se había convertido en la base de todo el “descubrimiento” de un simio antropoide sudamericano. Tejera también afirmó que la fotografía había sido modificada y manipulada a fin de ocultar la vegetación circundante, hacer la caja en la que estaba colocada tan anodina como fuera posible, y crear la ilusión de que el primate misterioso parecía mucho más grande de lo que realmente era. La carta termina con la nota de que Montandon no era “una buena persona”, y fue ejecutado durante la guerra por haber traicionado a su país de origen, Francia.

Teniendo en cuenta todo esto, parece claro que la historia y la foto del Ameranthropoides loysi fue un elaborado engaño perpetuado por Montandon, muy probablemente por una agenda racista, y que la fotografía es una ilusión hábilmente diseñada y manipulada que muestra simplemente un mono araña muerto, sin cola dispuesto para hacer que parezca más misterioso de lo que realmente es. Por desgracia, a pesar de toda la evidencia que apunta a que esta es una broma obvia, así como la denuncia como tal por criptozoólogos eminentes tales como Loren Coleman, Karl Shuker e Ivan T. Sanderson, todavía hay personas que realmente creen que la fotografía podría ser de un nuevo tipo de simio de América del Sur, y que el relato de Loys era posiblemente cierto. De hecho, todavía es discutido por algunos criptozoólogos como un posible críptido real, tal vez un espécimen de una especie extinta de grandes monos araña llamados Protopithecus brasiliensis, o de un gran primate sudamericano críptico similar llamado el Mono Grande. Sin embargo, a pesar de que hay quienes desean mantener vivo el misterio y discutir el Ameranthropoides loysi misterioso como un potencial críptido verdadero, la gran mayoría de la evidencia parece mostrar claramente que se trata de un engaño, y muestra cuán perdurable pueden ser estos engaños.

http://mysteriousuniverse.org/2016/02/the-greatest-cryptozoology-hoaxes-of-all-time-part-1/


[1] Aquí en Marcianitos Verdes no nos preocupamos mucho por eso, así que este artículo de Brent Swancer lo publicaremos no en 2 partes, sino en muchas más, cada una dedicada a un críptido en particular.

Sí se puede, pues ya se pudo y se podrá

IMPACTO AMBIENTAL

Sí se puede, pues ya se pudo y se podrá[1]

Juan José Morales

Ante la devastación de que ha sido objeto gran parte del manglar en el Malecón Tajamar de Cancún y los esfuerzos de la ciudadanía por detener el proyecto, Fonatur insiste en que el desmonte ahí realizado es un hecho consumado de imposible reparación y por tanto irreversible, y al no poder restablecerse ese tipo de vegetación, habrá que darlo por perdido.

En realidad, es perfectamente posible restaurar el manglar, aún en las desastrosas condiciones en que lo dejó la maquinaria pesada. En varios lugares del mundo se ha podido hacerlo, aunque la destrucción era peor y había transcurrido mucho más tiempo entre el evento que la causó —fuera humano o natural— y el momento en que se emprendió la restauración.

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Estas dos fotos, tomadas con seis años de diferencia en el mismo lugar, muestran el buen éxito de los trabajos de restauración emprendidos por la Conanp en los manglares destruidos en 2005 por el huracán Wilma en el Sistema Lagunar Nichupté. Al iniciarse el proyecto, y aunque para entonces habían transcurrido más de cuatro años después del fenómeno, los árboles seguían secos, reducidos a troncos muertos y sin una sola hoja (Izq.). Por ello se consideraba imposible la recuperación del ecosistema. Pero el resultado de los trabajos, encabezados por la bióloga Patricia Santos, puede verse a la derecha. Lo mismo se logró en el resto de las 60 hectáreas que abarcó el proyecto.

Vietnam es un buen ejemplo. Como se recordará, durante la guerra en ese país la fuerza aérea norteamericana arrasó decenas de miles de hectáreas de manglar con las terribles bombas incendiarias de napalm y mediante la aplicación del Agente Naranja, un poderoso defoliante químico —por cierto, inventado por Monsanto— que no sólo mataba la vegetación sino que provocó cáncer y malformaciones genéticas a una gran cantidad de personas. Actualmente, pese a la catastrófica situación en que se hallaban al terminar el conflicto en 1975, esos manglares se han restablecido en gran medida, tanto por regeneración natural como por el esfuerzo de los vietnamitas, que emprendieron difíciles trabajos de reforestación.

En Indonesia, después del histórico maremoto del 26 de diciembre de 2004, se han realizado también exitosas labores de repoblación de los manglares que habían sido destruidos antes del fenómeno, pues se vio que en las zonas donde todavía se conservaban saludables y el diámetro de los árboles era mayor, el número de víctimas resultó menor, lo cual fue una prueba contundente de que esas masas de árboles brindan una gran protección contra el oleaje de tormentas, huracanes y tsunamis.

Por la misma razón, en Filipinas, a raíz del catastrófico tifón Haiyan de noviembre de 2013, que dejó más de 6 300 muertos, el gobierno inició un vasto programa de reforestación con árboles de mangle para formar una barrera viviente que resguarde las costas más expuestas al oleaje de tempestad.

Aquí cabe subrayar que en esos y otros casos —como los de la Florida en Estados Unidos— las superficies restauradas fueron incomparablemente mayores que Tajamar, que mide sólo unas decenas de hectáreas y por sus reducidas dimensiones y fácil acceso resulta mucho más fácil de intervenir con garantía de éxito.

Por lo demás, no hay que mirar hasta el otro lado del mundo para comprobar que sí es posible restaurar manglares devastados. Tenemos otro ejemplo notable aquí muy cerca, en Celestún, en el noroeste de Yucatán, donde se logró restablecer los mangares impactados por la interrupción del flujo hidrológico provocado por la construcción de la carretera hacia esa población. Esos manglares, dicho sea de paso, son un gran atractivo turístico por su frondosidad, belleza y nutridas poblaciones de garzas, flamencos, ibis y otras aves.

Y a un tiro de piedra del Malecón Tajamar, tenemos otro magnífico ejemplo en los excelentes trabajos que la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Conanp, realizó para restaurar los manglares del sistema lagunar Nichupté destruidos por el huracán Wilma en 2005, trabajos a los que nos referimos en esta columna en mayo de 2014.

Decíamos en aquel entonces que el meteoro dañó de tal manera los manglares en aquel lugar, que gran parte de ellos murieron y en los siguientes tres años su recuperación fue tan lenta que algunos expertos los consideraron perdidos para siempre, y los más optimistas estimaban que tardarían al menos un cuarto de siglo en recobrar su verdor y frondosidad.

Pero en 2008, tras la creación del Área de Protección de Flora y Fauna Manglares de Nichupté, que abarcaba el manglar destruido, la Conanp emprendió un trabajo que parecía imposible: intentar la resurrección del manglar muerto.

La ciclópea tarea se encargó a la bióloga Patricia Santos, experta en la materia, que durante un curso de especialización en Japón había conocido las técnicas de restauración de mangle usadas en Asia. Y en seis años se logró reforestar exitosamente más de 60 hectáreas con más de 360 mil plantas de mangle, que a la fecha tienen un promedio de sobrevivencia de 87%. Además, se restablecieron los flujos de agua obstruidos, se eliminaron las plagas de especies exóticas invasoras y aquel manglar muerto hoy parece no haber sido nunca afectado, salvo por los troncos de los árboles de mayor porte que aún están de pie como evidencia de la gran resistencia mecánica de este ecosistema ante el embate de los fenómenos que vienen del mar.

En pocas palabras: sí se puede —pues ya se demostró que sí se pudo— resucitar manglares.

Ahora bien, habrá quienes se pregunten si vale la pena hacerlo. Por hoy, el espacio se ha agotado, de modo que dejaremos para el viernes venidero comentar cuál sería el costo y quién lo pagaría. Por ahora, basta recalcar que, contra lo que afirma Fonatur para tratar de seguir adelante con el proyecto de urbanización, el manglar de Tajamar está muy lejos de haberse perdido para siempre.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 9 de febrero de 2016