Versión priísta 2016 de la “nohoch cuenta”

ESCRUTINIO

Versión priísta 2016 de la “nohoch cuenta”[1]

Juan José Morales

En la llamada época de oro del henequén, a fines del siglo XIX y principios del XX, cuando la producción esa fibra alcanzó sus más altos precios y niveles, los acaudalados dueños de las grandes haciendas henequeneras de Yucatán utilizaban el sistema de deudas para mantener en calidad de siervos a los peones de sus haciendas —de hecho se les denominaba sirvientes—, obligándolos a trabajar para el patrón e impidiendo que pudieran abandonar el latifundio y buscar trabajo en otro lugar.

El método consistía en pagar a los peones estrictamente la cantidad necesaria para cubrir sus necesidades básicas de alimentación y otras cuestiones elementales. Para solventar cualquier gasto adicional —una boda, un bautizo, la muerte de un miembro de la familia, la participación en las fiestas patronales, la compra de ropa especial o algún pequeño objeto de lujo— tenían entonces qué pedir un préstamo al patrón. Éste se los concedía a sabiendas de que era irrecuperable, y lo anotaba en lo que se conocía como “nohoch cuenta” o cuenta grande (en la “chichan cuenta” o cuenta chica se anotaban las mercancías que le eran entregadas a crédito en la tienda de raya de la hacienda y que se descontaban a la hora de pagarles su jornal).

clip_image002Peones de una hacienda henequenera a principios del siglo XX en la dura faena, bajo el sol abrasador, de cortar las espinosas hojas o pencas de la planta para luego llevarlas a las máquinas en que se les extraería la fibra. Sirvientes se denominaba a estos trabajadores, que de hecho se mantenían en una relación de siervos respecto a los hacendados, que actuaban como verdaderos señores feudales.

Los hacendados hacían esos préstamos de cuantía relativamente grande en la inteligencia de que el peón no podría devolverlos, pero no por generosos, sino porque la legislación vigente en aquel entonces estipulaba que un sirviente no podría romper la relación de trabajo con su patrón —”amo” se acostumbraba a veces llamarle— en tanto no pagara cualquier deuda que tuviera con él y que era escrupulosamente anotada en la llamada “carta cuenta” del trabajador.

Se trataba, pues un verdadero sistema de esclavitud encubierta que mantenía a los sirvientes obligados de por vida a servir al hacendado. De hecho, cuando una hacienda se vendía, entre los activos que se valuaban, además de la tierra, las plantaciones de henequén en producción, los edificios, la maquinaria y otros bienes, se contabilizaba el número de sirvientes que tuviera la propiedad. La situación sólo terminó cuando las tropas revolucionarias llegaron a Yucatán en 1915 y el general Salvador Alvarado, en calidad de gobernador militar, decretó la cancelación de todas las deudas de los sirvientes.

Pues bien, este a veces olvidado capítulo de la historia de Yucatán viene a cuento por la situación que ahora se vive en Quintana Roo ante la proximidad de las elecciones locales del 5 de junio venidero. Como se sabe, gran número de los periódicos y revistas que hay en el estado dependen para su sobrevivencia de la publicidad del gobierno estatal y los ayuntamientos. Y usualmente hay demoras de varios meses para pagarles las facturas correspondientes. Los editores se quejan, pero poco pueden hacer para apresurar el pago. Mucho menos se atreven a criticar a las autoridades. Sobre ellos, como la clásica espada de Damocles, pende la doble amenaza de que si “se salen del redil”, nunca cobrarán los adeudos y además dejarán de recibir publicidad oficial, esa publicidad de la cual viven.

Es, como se ve, una especie de “nohoch cuenta” pero a la inversa. No son los periodistas quienes le deben al gobierno, sino éste a aquellos, y de esta manera, liquidándoles las facturas por publicidad a cuentagotas los mantiene perpetuamente controlados y obligados a seguir publicando elogios y propaganda de los candidatos del PRI y del Verde, que como bien se sabe son la misma gata, nomás que revolcada.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 20 de abril de 2016

“Fuiste mía” y la apología del feminicidio

 

ESCRUTINIO

“Fuiste mía” y la apología del feminicidio[1]

Juan José Morales

Confieso que no soy aficionado a la música de banda, y que del cantante Gerardo Ortiz lo único que sé es que es un exitoso cantante de ese género musical, aunque nunca he oído alguna interpretación suya. Pero —sin el menor ánimo de sugerir el establecimiento de la censura— me adhiero a la petición, dirigida a la empresa Sony Music, que ha hecho circular por internet la reportera y activista de Querétaro Jovana Espinosa en el sentido de que esa casa disquera retire de cualquiera de sus medios de difusión la canción en video —o videoclip, como se denomina comúnmente a tales presentaciones— titulada “Fuiste Mía”, del artista en cuestión.

clip_image001Gerardo Ortiz, intérprete de la canción “Fuiste Mía”, considerada una apología del feminicidio. Ante la catarata de protestas, declaró en un boletín oficial de MVS, la empresa que difundió el videoclip, que “nadie está muerto ni nadie salió maltratado en la filmación”. Ciertamente, en tal caso se le habría acusado de homicidio, no de apología del feminicidio.

El problema, como señala la reportera en su petición, es que esa canción constituye una verdadera apología del feminicidio, cosa inaceptable en las condiciones actuales de México, donde —dice la petición— los feminicidios “son cada vez más preocupantes… pero por encima de esto hay miles, millones de mujeres que no nos sentimos seguras, muchas veces ni en nuestros propios hogares, más aún cuando mandan mensajes de esta naturaleza.”

En efecto, el video musical muestra cómo un hombre asesina al amante de su novia, y luego a ella la ata, la agrede y también le da muerte. Subraya la petición —dirigida igualmente al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación— que “en el contexto social y actual en que vivimos en México es importante no reproducir ni mandar mensajes que inciten al odio y a la violencia de género, mensajes como el que se muestra en el vídeo, donde por celos se da muerte a dos personas, pero a la mujer en especial se le trata con violencia extrema.”

El documento hace hincapié en que “se debe cancelar la difusión de este video porque cantantes como Gerardo Ortiz son un modelo a seguir para muchos ciudadanos que no tienen la información suficiente para desechar mensajes tan nocivos para la sociedad mexicana. Se expone a las y los ciudadanos a la idea de que tal violencia puede ser la solución ante conflictos en la pareja, y a que la vida puede ser arrebatada si se “justifica” de alguna manera.”

Al eliminar dicho video, se evitaría “mandar mensajes de odio hacia las mujeres que promuevan la violencia de género en la más peligrosa de las vertientes, el feminicidio.”

Iniciada con la solitaria firma de la periodista Espinosa, ayer martes por la tarde ya había superado las 55 mil rúbricas y se esperaba llegar pronto a 75 mil. No sólo eso: casi de inmediato, los organizadores de la famosa Feria de San Marcos en Aguascalientes, y la de Puebla, cancelaron las presentaciones de Gerardo Ortiz en los palenques de esos lugares. Por otro lado, la Secretaría de Gobernación —aunque sin prohibir su difusión ni pedir a Sony Music su retiro— exhortó a todos los medios de comunicación, a las casas productoras, a las agencias de publicidad, a las y los usuarios de redes sociales, a las y los periodistas, y a la sociedad en general a evitar difundir contenidos que como los de este videoclip banalizan y promueven la violencia contra las mujeres.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 6 de abril de 2016