La desprivatización del agua

ESCRUTINIO

La desprivatización del agua[1]

Juan José Morales

Como se sabe, los habitantes de Cancún e Isla Mujeres vienen sufriendo desde hace décadas la privatización del sistema de agua potable y alcantarillado, que durante el gobierno de Mario Villanueva fue entregado a una empresa mexicana y actualmente está en manos de una poderosa transnacional. No entraremos en detalles sobre la forma en que se maneja ese negocio y las leoninas condiciones de la concesión. Por ahora, queremos señalar algo que sin duda interesará a nuestros lectores: que la política de los gobiernos de muchos países capitalistas no es «”como podría suponerse»” la privatización del agua potable sino todo lo contrario: la desprivatización. Es decir, la remunicipalización de aquellos sistemas que habían sido entregados a la iniciativa privada.

En un artículo recientemente publicado en La Jornada, el analista Alfredo Jalife-Rahme cita una información del rotativo británico The Guardian, firmado por John Vidal, que entre otras cosas dice lo siguiente: «Muchas ciudades que se precipitaron en firmar concesiones a 20 años o más con las empresas de agua en expectativa de un agua potable a un costo socialmente aceptable han preferido terminar sus acuerdos y regresar las provisiones de agua urbana al control público».

Cita la información de Vidal los informes del Instituto Trasnacional, la Unidad de Investigación Internacional de Servicios Públicos y el Observatorio Multinacional, en el sentido de que 180 ciudades y comunidades en 35 países, entre ellas Berlín, Buenos Aires, París, Acra, Johannesburgo, La Paz, Maputo y Kuala Lumpur, han remunicipalizado sus sistemas de agua en la pasada década.

Lo más notable, subraya Vidal en el diario británico citado por Jalife, es que cien de esas ciudades que decidieron recuperar el manejo de los sistemas de agua potable que habían privatizado, son de Estados Unidos y Francia, países ambos de cuyos gobiernos no puede decirse que tengan tendencias izquierdistas o anticapitalistas en lo más mínimo. Otras 14 son africanas y una docena latinoamericanas.

Lo que ocurre es simplemente que la privatización resultó un fracaso. Ni aumentó el abastecimiento, ni mejoró la calidad del agua, ni se lograron tarifas adecuadas, sino todo lo contrario. En muchos casos la situación empeoró seriamente.

Un caso típico citado en la información es el de Yakarta, la capital de Indonesia, donde el corrupto régimen militar entregó el servicio de agua potable a una empresa privada. Resultado: las tarifas se cuadruplicaron, la red de distribución no mejoró en absoluto «”incluso ahora se registran filtraciones del 44% del líquido, mucho mayores que antes»” y, al igual que en Cancún e Isla Mujeres, cuando un usuario se demora en el pago, se le corta inmisericordemente el suministro, violando así las leyes y el derecho humano al agua. Tras una larga lucha de una coalición de usuarios, un tribunal indonesio canceló el año pasado la concesión a la empresa extranjera.

Pero, a contrapelo de lo que ocurre en el resto del mundo, en México los tecnócratas se empecinan en seguir las políticas del Banco Mundial de privatizar todo, incluso el agua, a la que «”igual que la educación y la salud»” catalogan como simple mercancía susceptible de explotación y no como derecho humano.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 16 de marzo de 2016

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