El lado oscuro del biodiesel de palma

IMPACTO AMBIENTAL

El lado oscuro del biodiesel de palma[1]

Juan José Morales

En algunos círculos ecologistas se tiene la idea de que para evitar el calentamiento global debido al uso de combustibles derivados del petróleo, debe impulsarse el uso de los llamados biocombustibles. Por ejemplo, del biodiesel obtenido del aceite de la palma Elaeis guineensis, originaria de África, cuyo cultivo en plantaciones se ha extendido a Asia, América, Oceanía y la propia África, ya que además de servir para fabricar combustible, el aceite extraído de sus frutos puede usarse como alimento y como materia prima en la manufactura de barnices, jabones, detergentes, pinturas, dentífricos y una diversidad de otros productos.

clip_image001Plantación de palma aceitera. Por ser un monocultivo, acaba con la gran diversidad biológica de la selva. Vastas extensiones de bosques tropicales han sido arrasadas en Indonesia, Malasia, Colombia, Guatemala y otros países para establecer plantaciones, con los consiguientes problemas ecológicos y el descenso en la producción de alimentos básicos.

Impulsar el uso de biodiesel, sin embargo, resulta contraproducente, por cuanto contribuye a la contaminación atmosférica, aumenta el calentamiento global y contribuye a la degradación del medio ambiente y la pérdida de flora y fauna.

En efecto, para establecer plantaciones de palma aceitera, se arrasan grandes extensiones de selvas, con la consecuente desaparición, no sólo de los árboles y otras plantas asociadas con ellos, sino también de los animales que viven en esos ecosistemas. Y al eliminar esa masa forestal, se acaba con lo que los científicos denominan sumideros de carbono, es decir, vegetación que absorbe dióxido de carbono o CO2 del aire, gas que es el principal causante del efecto invernadero y por tanto del calentamiento global.

Más todavía: para producir el aceite de palma, se utilizan únicamente los frutos, y el proceso deja como residuos grandes cantidades de cáscaras y fibras, que usualmente se queman como combustible, lo cual aumenta la concentración de CO2.

A los problemas ambientales hay que añadir la problemática social. Para establecer las grandes plantaciones de palma aceitera, es común que se despoje de sus tierras a los campesinos, o se les convenza «”por las buenas o por las malas»” de dedicarse a ese cultivo en vez de la tradicional producción de alimentos. En Guatemala, por ejemplo, hay ya unas 130 mil hectáreas sembradas con palma de aceite, y en la zona de Sayaxté, donde se concentra más del 70% de ellas, ya sólo el 0.66% de las tierras se dedica a los cultivos tradicionales. Como resultado, las comunidades y los países pierden o ven reducirse gravemente su autosuficiencia alimentaria y se vuelven cada vez más dependientes de las importaciones de cereales producidos en las planicies de Estados Unidos y Canadá, en grandes sembradíos donde «”paradójicamente»” se utilizan tractores movidos por biodiesel.

También, las plantaciones de palma consumen grandes cantidades de agua, que se restan a las disponibilidades para otros cultivos y la ganadería.

Otro grave problema es la contaminación ambiental con los pesticidas usados en las plantaciones. En septiembre del año pasado, por ejemplo, en Guatemala un juez ordenó la suspensión de actividades por seis meses de la empresa Reforestadora de Palma de Petén, S.A., por la gravísima contaminación «”que la ONU calificó como «desastre ecológico»»” del río de La Pasión. En Chiapas, las comunidades que se abastecen de agua de pozos para beber y usos domésticos, se ven afectadas por la contaminación con pesticidas de los mantos subterráneos.

Lo peor del caso es que el auge de estas plantaciones»”que en México, al igual que en otros países, son entusiastamente impulsadas por el gobierno»” comenzó al calor de los altos precios del petróleo. Ahora, el desplome de esos precios arrastró consigo el del aceite de palma. Si bien recientemente hubo cierto incremento, es un fenómeno pasajero debido a la baja producción en Asia por efecto de la sequía. A no muy largo plazo, la producción de aceite de palma puede llegar a ser mal negocio, pero ya se habrán perdido selvas y campos agrícolas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 18 de abril de 2016

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