El viejo cuento de las pirámides de dinero

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

El viejo cuento de las pirámides de dinero[1]

Juan José Morales

Hace unos días, en la información sobre Chetumal de Por Esto! apareció la noticia de que un número desconocido de personas, pero al parecer muy elevado, habían sido estafadas con ciertos esquemas piramidales o multinivel, conocidos como Flor de la Abundancia y Tejedoras de Sueños y que ya se habían presentado más de 30 denuncias por fraude —que difícilmente prosperarán— contra los organizadores.

Con ligeras variantes, la noticia pudo haberse publicado en cualquier ciudad de México, Latinoamérica o el mundo, hace diez años, o veinte, o cuarenta… Es un engaño que se viene practicando desde tiempo inmemorial y lo que realmente me sorprende no es que haya pícaros que lo utilicen una y otra vez, sino que siga habiendo ingenuos que se dejen timar. Pero quizá el asunto no sea tan sorprendente, sino sólo refleja la falta de conocimientos elementales de la gran mayoría de la gente en materia, ya no de matemáticas, sino simple aritmética.

clip_image002Como aquí se ve, un esquema piramidal no puede mantenerse.

En esencia, esos sistemas, aunque se presentan en muy diversas formas, esencialmente consisten en lo mismo: convencer a las personas para que ingresen al esquema aportando una pequeña cantidad de dinero, el cual entregarán o enviarán a quien aparece en el primer puesto de una lista, y a cambio de ello añadir su propio nombre a la lista. La cadena irá creciendo de tal manera que al cabo de poco tiempo los nuevos afiliados alcanzarán el primer lugar de la lista y recibirán dinero de una gran cantidad de personas, con lo cual su “inversión” se multiplicará.

El dibujo que acompaña este artículo permite entender muy bien por qué esquemas de este tipo no funcionan. O más bien, sí funcionan, pero sólo en beneficio de unos pocos vivales.

Se comienza con seis personas personas, que a su vez convencen a otras tantas, que por su parte convencen a otras, y así sucesivamente. Se antoja muy simple y a primera vista parece que no habrá mayor problema en seguir reclutando nuevos miembros para la cadena. Después de todo, no hay más que convencer a unos cuantos. Pero, muy pronto, apenas en el quinto nivel de la pirámide, se necesitan más de 7 700. Y tan sólo cinco pasos adelante, en el décimo nivel, hacen falta más de 60 millones para que las cosas sigan marchando y los nuevos afiliados reciban dinero. De ahí, el número aumenta vertiginosamente: hasta llegar a cifras mayores que la población de México, Latinoamérica y el mundo.

No importa que en vez de seis se comience con cuatro, o con tres. Más temprano que tarde se llegará a la saturación, pues una progresión geométrica —y este es el caso— no puede mantenerse indefinidamente. En poco tiempo será imposible encontrar nuevos afiliados. Por lo demás, a la pirámide no pueden incorporarse todos los niños, mujeres y ancianos que haya en una ciudad o un país, sino sólo aquellos con la edad, la capacidad económica, el interés y la candidez suficientes para participar en un timo de esta naturaleza.

Los únicos que se benefician con las pirámides o cadenas son quienes las inician, que generalmente ponen en marcha simultáneamente varias para cosechar dinero antes de que la maquinaria se detenga.

Estos casos son similares a la historia —o leyenda— del inventor del ajedrez, de quien se dice que cuando su monarca, cautivado por el nuevo juego, ofreció recompensarlo con lo que pidiera, respondió que sólo quería un grano de trigo en la primera casilla del tablero, dos en la segunda, cuatro en la tercera, y así sucesivamente, duplicando el número de casilla en casilla hasta llegar a la última de las 64.

El rey, quien esperaba que le pidiera oro, diamantes, plata o un título nobiliario, sólo sonrió burlonamente y ordenó que se le diera al hombre el trigo y un saco para llevárselo. Pero resultó que la cantidad final era verdaderamente astronómica, a tal punto que ni toda la superficie de la Tierra alcanzaría para cultivarla.

Si no lo cree, haga sus propias cuentas, y por lo pronto no haga caso a quienes le ofrezcan “invertir” en uno de estos esquemas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 21 de abril de 2016

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