Paso atrás en materia de acupuntura

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

Paso atrás en materia de acupuntura[1]

Juan José Morales

Hace poco más de cinco años, en 2009, el Instituto Nacional de Salud de la Gran Bretaña —que ofrece el servicio de medicina socializada a la población— incluyó la acupuntura entre los tratamientos que podían solicitar los pacientes aquejados de dolor de espalda, un problema que afecta a uno de cada diez habitantes del país. Los médicos podían recomendar hasta diez sesiones de acupuntura a lo largo de un lapso no mayor de 12 semanas. Aquello, por supuesto, llenó de júbilo a los acupunturistas, que presentaron tal decisión de las autoridades médicas británicas como un espaldarazo, como un reconocimiento oficial a ese tratamiento del grupo de las llamadas medicinas alternativas.

clip_image002Dibujo de un manual chino de acupuntura. El furor por esta técnica entre los naturistas y demás partidarios de las llamadas terapias alternativas, se desató después de que en 1972 el presidente norteamericano Richard Nixon visitó china y el máximo gobernante chino, Mao Zedong, le tomó el pelo haciéndole creer que un paciente había sido operado sin anestesia, simplemente insensibilizándolo mediante la inserción de finísimas agujas en ciertos puntos del cuerpo. Nixon y otros muchos se tragaron el cuento y aún hay quienes afirman muy seriamente que la acupuntura puede reemplazar a la anestesia, cosa que ningún cirujano en sus cabales se atrevería a poner a prueba.

Pero hace unas semanas, el propio instituto dio marcha atrás y decidió que no debía seguirse utilizando acupuntura para aliviar el dolor de espalda. La medida se tomó después de que numerosos estudios llevaron a la conclusión de que el uso de agujas, si bien parece hacerse sentir mejor a quienes padecen dolor lumbar o ciática, en realidad no es más efectivo que cualquier placebo. Es decir, que un falso tratamiento o una sustancia enteramente inocua, sin ninguna propiedad curativa —cápsulas de almidón por ejemplo— que se administra a un paciente haciéndole creer que se trata de un procedimiento médico o de un medicamento.

El resultado de tales estudios llevó a concluir, como se señala en el documento del Instituto, que “no hay todavía evidencias convincentes y constantes de que la acupuntura tenga un efecto específico como tratamiento”.

Para decirlo en pocas palabras: la efectividad de la acupuntura es totalmente imaginaria. No tiene ningún efecto real sobre los nervios ni sobre los centros del cerebro que manejan la sensación de dolor. El alivio a su dolencia que un paciente dice experimentar después de que se le insertan las agujas, es de carácter mental, no físico. Y en ello influye, desde luego, el hecho de que confíe en ese tratamiento.

La acupuntura, como hemos comentado varias veces en esta columna, es un método que proviene de los tiempos de la medicina precientífica. Se originó en China allá por el siglo II antes de nuestra era, cuando el funcionamiento del cuerpo humano y las enfermedades se atribuían a cierta misteriosa energía llamada qi o chi que fluía por el organismo a lo largo de ciertos canales o conductos que fueron denominados meridianos. Se suponía que cuando el qi circula normalmente, la persona se conserva en buen estado de salud. Pero si por alguna razón se bloquea o altera la circulación de esa misteriosa energía, sobreviene la enfermedad. Basta entonces restablecer el flujo normal para que la enfermedad desaparezca. Ello se logra insertando finísimas agujas en ciertos puntos del cuerpo.

Obvio decir que tanto el qi como los meridianos no existen más que en la imaginación de los creyentes en la acupuntura. Ni esa energía vital ha sido jamás detectada o medida, ni anatomista alguno ha encontrado los supuestos meridianos del cuerpo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 31 de marzo de 2016

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