Caldo de orto, filetes de ocaso y taquitos de sol

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

Caldo de orto, filetes de ocaso y taquitos de sol[1]

Juan José Morales

Olvide los constantes aumentos de precios de los alimentos. Si quiere alimentarse gratuitamente, sólo tiene que mirar al cielo. Podrá ahorrarse por el resto de su existencia lo que ahora gasta en leche, carne, huevos, pan, tortillas, arroz, frijoles, pollo, pescado, salmón, cangrejo de Alaska, paté de foie, caviar y demás alimentos básicos. Con los rayos solares —y nada más con ellos, sin necesidad siquiera de salsas o aderezos— le bastará para darse un pantagruélico festín, cubrir todas sus necesidades alimentarias y quizá hasta engordar un poco sin tener que probar bocado hasta el fin de sus días… salvo que lo haga por simple gula.

De acuerdo con cierto culto naturista llamado sungazing —así, en inglés—, el ser humano puede alimentarse con sólo mirar diariamente al astro rey por cierto tiempo al amanecer y en el ocaso, con la debida concentración mental, desde luego, y de preferencia pronunciando una oración.

El inventor del sungazing es un tal Hira Ratan Manek, originario de la India, quien asegura que lleva más de 20 años sin llevarse nada al estómago, engullendo sólo una cotidiana ración de rayos solares. Su técnica es tan sencilla que no sé cómo no la ha adoptado la NASA para no tener que andar enviando víveres a las estaciones espaciales, o la FAO para resolver de una vez por todas y para siempre el problema de la desnutrición y el hambre. Puede resumirse así:

imageEste caballero de embelesado mirar, inventor del culto naturista del sungazing, afirma poder vivir sin probar bocado y alimentándose sólo con rayos solares, agua y de vez en cuando un poco de leche. Nunca lo ha demostrado, pero lo que sí es un hecho, es que se da muy buena vida con lo que gana con sus conferencias y cierto negocio llamado The Solar Healing Center.

El primer día mire el Sol por diez segundos como máximo. El segundo día, 20 segundos, y luego 30 y así sucesivamente, aumentando diez segundos por día. Durante esa primera etapa, el sungazer, el contemplador del Sol, sentirá cómo lo va invadiendo una dulce y beatífica paz interior, la tensión nerviosa desaparece y “las enfermedades físicas empezarán a curarse”.

Pero hay que persistir, porque a los seis meses viene lo bueno: “comenzarás a obtener la forma original de micro-alimento que es nuestro sol, y en siete meses y medio, con 35 minutos de mirar al sol, el hambre comienza a disminuir sensiblemente. La necesidad de ingesta de

alimentos disminuye.”

Y explica el gurú en cuestión: “Nadie necesita comer más por hambre. El hambre viene por las necesidades de energía del cuerpo, que es imprescindible para su existencia. La comida no es una necesidad para el funcionamiento del cuerpo, sólo la energía lo es. Normalmente, obtenemos energía del Sol indirectamente mientras comemos alimentos, que son un subproducto de la Energía Solar. Si no hay luz solar, los alimentos no crecerán. Por lo tanto, a medida que consumes la forma original de los alimentos, el hambre disminuye y al final desaparece. A los ocho meses, el hambre desaparece para siempre.” Aunque — !atención!— para que no reaparezca, el sungazer deberá caminar descalzo y sobre tierra 45 minutos diarios el resto de su vida. ¿Por qué? Don Hira no lo explica.

¿Cómo ocurre tal prodigio? Sencillísimo: “Porque las células del cuerpo se convierten en células fotovoltaicas (!!!), como un panel solar o como si fuésemos plantas”.

De modo que ya tiene usted la receta para vivir sin comer. Si la aplica y muere de inanición o queda ciego por una retinopatía, será responsabilidad suya, por ingenuo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 22 de julio de 2016

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