Una Secretaria de Relaciones Gastronómicas

ESCRUTINIO

Una Secretaria de Relaciones Gastronómicas[1]

Juan José Morales

Ayer, en medio de la indignación por la matanza de Nochixtlán —presentada por el gobierno como enfrentamiento— me llegó una de esas noticias que no sabe uno se hacen reír o llorar pero que pintan de cuerpo entero la clase de gobierno mediocre que tenemos: “La secretaria de Relaciones Exteriores de México, Claudia Ruiz Massieu, presentó un Cuerpo Diplomático de Cocineros para promover la gastronomía del país en el mundo.” Así, con mayúsculas: Cuerpo Diplomático de Cocineros. Ciertamente, algo único en el mundo.

clip_image001El hecho de que la cocina mexicana haya sido, declarada en 2010 Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) no implica que la Secretaría de Relaciones Exteriores deba nombrar un cuerpo diplomático especial de cocineras para difundirla por el mundo, como acaba de anunciar muy orgullosamente la la titular de esa dependencia.

Agrega la información que “el novedoso grupo de ‘embajadores’ de la mesa mexicana proviene de todas las regiones del país y cuenta con la participación de las mejores cocineras tradicionales, según precisó la secretaria.

Ruiz Massieu, como se sabe, fue secretaria de Turismo. De ese puesto la trasladó Peña Nieto a la cancillería. Pero parece que Doña Claudia aún no se entera de ello y sigue pensando en términos turísticos. Y ni siquiera de secretaria del ramo, sino de simple agente o promotora de viajes.

Alguien debería explicar a nuestra secretaria de Relaciones Exteriores que un diplomático es un funcionario público, ya sea de carrera o por designación política, que ejerce la representación de un Estado en las relaciones internacionales, sea ante otras naciones o ante organismos como la OEA o la ONU, y que un cuerpo diplomático es un conjunto de embajadores y encargados de negocios, acreditados ante un gobierno determinado. En el caso de nuestro país, ese conjunto de embajadores y encargados de negocios del gobierno constituyen el cuerpo diplomático mexicano, que es una rama del Servicio Exterior Mexicano, y tienen la responsabilidad de “representarlo en el extranjero y ejecutar la política exterior de México, de conformidad con los principios normativos que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.”

Ser miembro del cuerpo diplomático exige un amplio conocimiento de los tratados y convenios internacionales, los principios del derecho internacional, la cultura y costumbres del país en que se desempeña su encomienda, el protocolo de las relaciones entre gobiernos, y un sinfín de otras cuestiones. Con todo el respeto que merecen las cocineras, los cocineros y los chefs a quienes la SER asignó la tarea de dar a conocer la cocina mexicana en el mundo, de ninguna manera se les puede considerar diplomáticos. Darles tal categoría significa menospreciar a los auténticos diplomáticos, que para serlo deben, o bien tener los méritos suficientes para que el presidente de la República decida darles el nombramiento de embajador, o el caso del personal de carrera, tener título universitario, ganarse a pulso el ingreso al Servicio Exterior mediante una serie de exámenes de cultura general y conocimiento de idiomas, así como tomar cursos de preparación, realizar prácticas, etc. Una vez logrado el ingreso, hay que ir ascendiendo paso a paso por riguroso escalafón, desde el nivel inicial, que es el de tercer secretario en una embajada, hasta alcanzar el máximo puesto, que es el de embajador de carrera, pasando por los cargos de segundo y primer secretario, consejero y ministro.

Como reza el dicho popular, y para usar un término gastronómico, ser miembro del cuerpo diplomático no es “enchílame estas gordas”. Es algo muy especial, y no se puede estar jugando con el término, salvo que se quiera terminar conocida con el mote de Secretaria de Relaciones Gastronómicas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 21 de junio de 2016

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