Los árboles y sus defensas químicas

IMPACTO AMBIENTAL

Los árboles y sus defensas químicas[1]

Juan José Morales

A raíz de mi artículo sobre las plantaciones de sikil-té, una amiga lectora manifestó su preocupación por las sustancias tóxicas que contienen los frutos de ese árbol, pues piensa que podrían ser un peligro para el ser humano. Pero no hay que preocuparse, pues tales frutos no son comestibles. Por lo demás, esos compuestos tóxicos son una protección contra depredadores. De hecho, casi todas las plantas tropicales tienen algún tipo de defensa físico o químico.

Muchas especies ─particularmente de leguminosas, que son las plantas más abundantes en la península de Yucatán─ poseen en sus hojas, flores, frutos y semillas, sustancias cáusticas, irritantes, urticantes, venenosas o repulsivas por lo intensamente amargas, que las vuelven desagradables, nada apetecibles o abiertamente peligrosas para animales que intenten devorarlas.

Las defensas químicas sirven de protección principalmente contra los insectos, que son los animales más abundantes en el trópico. Muchos árboles y arbustos producen fenoles, alcaloides, terpenoides, taninos y otros compuestos venenosos que se liberan al ser cortada, mordida o perforada la planta. Incluso algunas especies en sus tejidos contienen dos sustancias que por separado son inofensivas, pero al combinarse forman un compuesto mortífero para los insectos. Una se encuentra dentro de las células y la otra fuera, o bien en diferentes partes de la misma célula. Cuando un insecto perfora con su estilete los tejidos de la planta para extraerle los jugos, se rompen las células, ambas sustancias se mezclan y se forma el compuesto tóxico, que mata al atacante.

imageFrutos y hojas de boxchechem o chechem negro, Metopium brownei. Parecen inofensivas, pero «”al igual que el tronco«” contienen una resina cáustica que puede causar quemaduras muy dolorosas. Incluso, personas particularmente sensibles experimentan reacciones alérgicas tan sólo por pasar bajo uno de estos árboles.

Hay igualmente plantas que tienen defensas químicas indirectas contra los hongos: ciertas sustancias volátiles que favorecen el crecimiento de bacterias que atacan a los hongos y terminan por matarlos. La sustancia en sí no afecta al hongo, pero favorece la actividad de los microorganismos que lo destruyen.

El látex pegajoso que exudan diversos árboles cumple también funciones de protección contra los ataques de insectos, que ahí quedan adheridos e inmovilizados. Adicionalmente, estas secreciones ayudan a curar y acelerar la cicatrización de heridas del árbol, así como a evitar infecciones. Un ejemplo muy conocido de látex pegajoso es el del zapote o ya»™, como se le denomina en maya, Manilkara zapota, del cual se obtiene el auténtico chicle. Otro es el de la papaya. Y un árbol notable por su viscosa resina, que además es intensamente cáustica y puede causar dolorosas quemaduras, es el chechem negro o boxchechem, Metopium brownei. Incluso las hojas son cáusticas y pueden causar fuertes reacciones al tocarlas.

Todo esto explica por qué, pese a la gran abundancia de materia vegetal, en la selva hay muy poca vida animal en comparación con las praderas y sabanas. Gracias a sus eficaces defensas, las plantas pueden repeler a los herbívoros, sean diminutos insectos o grandes mamíferos. Tan solo el 7% (en peso) de los animales de la selva comen hojas, flores y otro material vegetal vivo. En cambio, casi el 20% comen madera muerta y la mitad consumen restos de plantas y animales en descomposición.

Dicho en otras palabras: las plantas de la selva están tan bien protegidas, que las tres cuartas partes de la vida animal tienen que conformarse con comer carroña y otros desechos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Sábado 23 de julio de 2016

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