Maremotos, huracanes y manglares

IMPACTO AMBIENTAL

Maremotos, huracanes y manglares[1]

Juan José Morales

En las costas de la península de Yucatán no estamos expuestos a sufrir el embate de un maremoto o tsunami, como el que en marzo de 2011 devastó un amplio sector del litoral de Japón, dejando una estela de 20 mil muertos. Pero, en cambio, año con año estamos expuestos a tormentas tropicales y huracanes, que pueden impactar las zonas costeras con violento oleaje y «”sobre todo»” la llamada marea de tempestad, que puede superar cinco metros de altura sobre el nivel medio del mar.

La semejanza entre la península de Yucatán y el archipiélago japonés, pues, estriba en que en ambos casos se requiere una eficiente protección contra el embate de las aguas marinas.

imageEnormes y sólidos muros como este, que en algunos casos sobrepasan los diez metros de altura, están siendo construidos a lo largo de las costas japonesas como defensa contra maremotos. Pero se ha visto que los bosques costeros pueden reducir las pérdidas humanas y materiales tanto o más eficientemente que tales moles de concreto, que impiden la vista del mar y tras las cuales la gente se siente aprisionada.

Con tal fin, en Japón se ha iniciado un ambicioso y costoso proyecto de construcción de barreras de concreto para proteger de maremotos la región de Tohoku, que en menos de 80 años «”de 1933 a 2011″” ha sido arrasada por tres de tales fenómenos. Las obras, que durarán diez años, comprenden diversos tipos de muros y otras estructuras con alturas superiores a cinco metros e incluso a diez metros en algunos casos.

Por supuesto, serán muy costosas: 255 mil millones de dólares en total. Pero lo que puede interesarnos de todo esto, es que, según los estudios previos sobre los efectos de los maremotos de 1896, 1933, 1960 y 2011, los bosques costeros pueden dar una protección comparable a la de las barreras antitsunami, al amortiguar y disipar el impacto de las grandes olas.

Por supuesto, los bosques cuestan menos «”muchísimo menos»” que las moles de concreto, que no son precisamente amigables con el paisaje. Además, la vegetación contribuye a eliminar los llamados gases de invernadero, como el dióxido de carbono, que contribuyen al calentamiento global y el cambio climático. Y una tercera ventaja de los bosques como defensa contra tsunamis, es «”dicen los autores del estudio»” que su presencia en la vecindad inmediata de la costa limita la construcción de viviendas, almacenes y otros edificios en sitios especialmente vulnerables. En cambio, las barreras de concreto estimulan la construcción en esos lugares al brindar una sensación de protección y seguridad.

Como decíamos al principio, en el Caribe y el Golfo de México no tenemos maremotos, pero sí tormentas y huracanes, que representan un peligro parecido aunque menor. Y, como protección natural, tenemos bosques costeros: los manglares. Porque no debe olvidarse que los manglares son eso: bosques.

Pero, con miope visión, sucesivos gobiernos han permitido e incluso propiciado y alentado la paulatina destrucción de los manglares a lo largo de las costas peninsulares, especialmente en las zonas turísticas de Quintana Roo. En otras palabras: estamos destruyendo una eficiente protección contra los desastres naturales característicos de esta zona.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 12 de agosto de 2016

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