El subinché y su ejército en miniatura

IMPACTO AMBIENTAL

El subinché y su ejército en miniatura[1]

Juan José Morales

Hace poco comentamos en esta columna que la mayoría de los árboles de la selva poseen defensas químicas contra insectos y otros animales que intenten atacarlas. Pero hay cierto arbolillo de cinco a siete metros de altura llamado en maya subín o subín ché, muy común en la península de Yucatán, que no cuenta con tal protección, sino con algo mucho más efectivo: un verdadero ejército que ataca ferozmente a plantas, animales o seres humanos.

El subinché se distingue porque posee unas grandes espinas en forma de cuernos, a las que debe precisamente su nombre científico: Acacia cornigera. Son tan puntiagudas y resistentes que los antiguos mayas las utilizaban como anzuelos.

Si se acerca usted a un subín ché, tenga mucho cuidado. En esas espinas, huecas, habitan feroces hormigas que son como sus guardianas y atacan a cualquier animal o ser humano que lo toque. Dicho sea de paso, si esto llegare a ocurrirle, puede usar las propias hojas de la planta, maceradas, para mitigar el dolor de las picaduras de las hormigas «”o cualquier otro insecto»” como acostumbran los campesinos de la región.

Estas curiosas hormigas pertenecen al género Pseudomyrmex, del cual hay numerosas especies en las zonas tropicales que a lo largo de la evolución han desarrollado una singular relación simbiótica, de mutuo beneficio, con diversas plantas. En especial con las del género Acacia, del que hay unas 750 especies en las zonas tropicales de todo el mundo. Las hormigas defienden al árbol y a cambio obtienen de él azúcares que se forman en unas glándulas denominadas nectarios extraflorales situadas en la base de las hojas, así como grasas, vitaminas y proteínas producidas por ciertas estructuras denominadas cuerpos de Beltian o cuerpos beltianos que crecen en los extremos de las hojas nuevas y no tienen ninguna función conocida, excepto suministrar alimento a las hormigas. Esto indica que tales estructuras se desarrollaron precisamente como resultado de la simbiosis y sirvieron para fortalecerla.

imageLas guardianas del subinché habitan el interior de las espinas, que son huecas. En toda la planta puede haber hasta 30 mil de tales centinelas. En el círculo, los nectarios extraflorales, de los cuales obtienen azúcares. También se alimentan con los llamados cuerpos de Beltian o cuerpos beltianos, pequeñas adherencias amarillas en la punta de las hojas tiernas que producen grasas, proteínas y vitaminas.

Una de las hormigas más comunes entre las que habitan las acacias son las que se conocen popularmente como hormigas de fuego por el intenso dolor, como de quemadura, de sus piquetes. Científicamente se les denomina Pseudomyrmex ferruginea. Hay otras especies de diferentes tamaños y colores, pero todas se caracterizan por su agresividad y ferocidad.

Día y noche se mantienen en alerta o patrullando el árbol, listas para atacar en masa a cualquier insecto o vertebrado que toque el cornezuelo o se pose sobre él. Si una hormiga detecta una amenaza, de inmediato comienza a segregar una sustancia química del tipo de las llamadas feromonas, cuyo olor actúa como señal de alarma. Las que lo perciben comienzan a emitir a su vez el mismo aviso químico, el aviso se generaliza y pronto hay cientos de hormigas atacando. Al parecer, el ganado de las zonas donde crece el subín ché ha aprendido a reconocer el olor de las feromonas y se aleja de la planta en cuanto lo advierte.

Tan belicosas y violentas son, que a veces basta que una persona o un animal se pare junto al subín ché, aún sin tocarlo, del lado desde donde sopla el viento, para que las hormigas comiencen a surgir en masa excitadas por el olor del cuerpo del intruso. El hecho de que estén distribuidas por todo el árbol, para alimentarse con los productos de los nectarios extraflorales y los cuerpos de Beltian, facilita su reacción defensiva.

Las hormigas, por lo demás, también atacan a cualquier hongo o planta trepadora o parásita que comience a crecer sobre el subín ché y lo aniquilan en un abrir y cerrar de ojos.

Así, eficientemente resguardada contra depredadores y competidores, el subinché «”al igual que otras especies de acacias»” ha llegado a ser muy abundante en una amplia región desde Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz en México, hasta Centroamérica. En la península de Yucatán se le encuentra sobre todo en las selvas secas del noroeste y en sitios donde crece nueva vegetación después de los desmontes.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 26 de agosto de 2016

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