Los nuevos merolicos

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

Los nuevos merolicos[1]

Juan José Morales

Todavía, en plazas públicas y mercados siguen siendo un pintoresco espectáculo los merolicos de florida labia, con una boa al cuello, que después de algún sencillo truco de prestidigitación para llamar la atención ofrecen menjurjes curalotodo para acabar con reumas, males hepáticos, estomacales, nerviosos, renales, cardíacos y de cualquier otra naturaleza. Pero también ha surgido una nueva generación de merolicos: grandes empresas como Genoma Lab que utilizan avanzadas técnicas de mercadotecnia, se anuncian en la Internet y en la televisión y venden productos milagro, que tampoco curan nada pero a los que una amañada publicidad hace pasar como eficaces medicamentos.

imageUn típico merolico callejero. El nombre proviene, según Claudia Agostoni, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, del apellido de un charlatán polaco llamado Rafael de J. Meraulyock, llegado a México en 1864 ó 1865, quien decía ser médico y dentista y vendía en las calles el aceite de San Jacobo, un elíxir infalible para «la curación de todos los flatos, dolencias, cólicos, malos humores, asperezas de la piel y hasta para la extirpación completa de callos y callosidades».

En el fondo son una y la misma cosa, con la diferencia de que mientras los tradicionales merolicos callejeros ganan apenas para irla pasando, los de la era electrónica manejan cientos o miles de millones de pesos.

De acuerdo con un estudio recientemente publicado en el portal de Internet Science Based Medicine (Medicina con Bases Científicas) tan sólo en Estados Unidos el negocio de los productos milagro es del orden de más de diez mil millones de dólares anuales. Está dirigido especialmente a personas de edad avanzada, que empiezan a padecer las llamadas enfermedades degenerativas «”resultado del envejecimiento»”, padecimientos crónicos y achaques característicos del paso de los años, como artritis, cáncer, pérdida de memoria, disminución de la potencia sexual, arrugas cutáneas, manchas en la piel, dificultades respiratorias, etc. Pero también la venta de productos milagro se orienta a jóvenes, adultos y personas maduras, a quienes ofrecen falsas soluciones para problemas como el acné o la caída del cabello.

Hábilmente, los fabricantes de productos milagro los presentan «”y los venden a precios exorbitantes»” como medicamentos cuando en realidad no son más que suplementos alimenticios de mínimo valor nutricional, o cosméticos como el llamado Cicatricure, cuya publicidad hace creer que es un medicamento dermatológico regenerador de la piel que elimina las cicatrices, pero sólo es un maquillaje que las cubre y oculta.

Lo grave de todo esto, según señala el estudio, no es sólo que la gente gasta en falsos medicamentos dinero que a menudo le hace falta para cubrir sus necesidades básicas, sino que el criminal engaño que significa ofrecer una ilusoria curación o alivio a sus males termina muchas veces llevándola a la muerte.

Por supuesto, no todo se reduce a productos milagro. La charlatanería médica incluye también multitud de las llamadas terapias alternativas, del tipo de las que regularmente denunciamos en esta columna.

Y es muy grave también que el auge de la charlatanería y la aplastante publicidad de los productos milagro hayan creado en mucha gente la idea de que «los medicamentos «”los reales, los de las empresas farmacéuticas»” son sólo venenos y los médicos no curan, sólo hacen negocio», y que únicamente «lo natural» «”o sea lo que ellos promueven y venden»” es eficaz. Así, quienes se tragan tales cuentos terminan abandonando tratamientos que realmente podrían curarlos o aliviarlos y recurren a procedimientos descabellados e ineficaces.

Por desgracia, no es fácil combatir la charlatanería, aunque el estudio recomienda incrementar las multas por publicidad engañosa y castigar severamente a quienes sin ser médicos ofrezcan cura o alivio a una enfermedad. Pero el arma más eficaz es el sentido común, y eso implica no creer en los anuncios de seudomedicamentos ni en las promesas de quienes con sus terapias ofrecen curar las más disímbolas enfermedades.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 25 de agosto de 2016

Un pensamiento en “Los nuevos merolicos”

  1. Son una calamidad y el inútil gobierno si acaso actúa un 10%,
    se debería actuar severamente contra esos hijos de la perversidad y el engaño.

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