Los sapos perdidos (y los reaparecidos)

IMPACTO AMBIENTAL

Los sapos perdidos (y los reaparecidos)[1]

Juan José Morales

Ya hemos comentado en esta columna que los científicos están preocupados por la extinción de numerosas especies de anfibios debido a las alteraciones en su hábitat, enfermedades causadas por hongos y otros factores. Se estima que alrededor de la mitad de las aproximadamente siete mil especies de sapos, ranas y salamandras se encuentran en peligro de desaparecer y más de 250 no han sido vistas desde principios de este siglo.

Por ello, a iniciativa del Dr. Robin Moore, de la institución Conservation International, se lanzó hace poco una campaña para tratar de encontrar ejemplares de especies que se teme pudieran ya haberse extinguido, y para identificar nuevas especies. Aquello fue en 2010. La campaña duró seis meses y en ella participaron más de un centenar de científicos de 21 países, divididos en 33 equipos, que se dedicaron tanto a la búsqueda en campo como a la revisión de ejemplares ya colectados o de informes de investigación.

imageLa rana de vidrio Hyalinobatrachium valerioi es uno de los que fueron redescubiertos durante la campaña de búsqueda de especies consideradas extintas. Su cuerpo, semitransparente, permite ver los órganos internos, como en una radiografía. Foto cortesía de Jaime Culebras.

Los resultados, de los que se da cuenta en un libro de reciente aparición escrito por el propio Dr. Moore, resultaron bastante satisfactorios: se dio con sapos, ranas y salamandras que se creía desaparecidos, y con algunas especies hasta ahora desconocidas.

Entre las que fueron redescubiertas sobresale el sapo arcoíris de Borneo, Ansonia latidisca, de bellísima coloración, que no había sido visto en más de 87 años. En la zona del Caribe, se encontró a la rana ventrílocua Eleutherodactylus dolomedes, cuyo nombre común se debe a que su voz parece venir de otro lugar. A esta rana, de la cual sólo se conocían tres ejemplares, se le redescubrió en Haití después de 19 años de no ser visto.

Más cerca del Mayab, en Costa Rica, un país de gran diversidad biológica, reapareció la rana arlequín variable, Atelopus varius, que era relativamente abundante pero desapareció súbitamente a principios de la década de los 90 y también se creía extinta. En Costa Rica, igualmente, se dio con la rana translúcida reticulada Hyalinobatrachium ruedai, cuyo cuerpo, como indica su nombre común, es translúcido, de tal modo que para un depredador resulta difícil verlo contra el fondo de los objetos en que se encuentre. A este mismo grupo de sapos cuyos órganos internos resultan visibles por las características de su cuerpo, pertenece la rana de vidrio Hyalinobatrachium valerioi, del que se hallaron nutridas poblaciones en las selvas de la región del Chocó, en Colombia.

Aquí casi a la vuelta de la esquina, en las montañas de Guatemala, los biólogos se toparon con la salamandra de patas largas Nyctanolis pernix. Descubierta en 1975, no volvió a vérsele por más de 30 años, hasta que la encontró el biólogo guatemalteco Carlos Vázquez.

Y en Colombia, una expedición que trataba de localizar al sapo picudo Rhinella rostrata, visto por última vez hace más de un siglo, en 1914, no tuvo buen éxito pero, en cambio, descubrió una nueva especie, todavía sin nombre científico, a la que los científicos bautizaron jocosamente sapo Monty, porque su perfil recuerda el del avaro personaje de los Simpson, Montgomery Burns.

Por supuesto, el hecho de que se hayan encontrado algunos ejemplares de anfibios que se creían extintos, no cambia mayormente la situación de ese grupo de animales, que siguen bajo serias amenazas, sin que se sepa qué efectos tendrá su desaparición sobre los ecosistemas.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 9 de septiembre de 2016

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