Nada que afecte los santos negocios

ESCRUTINIO

Nada que afecte los santos negocios[1]

Juan José Morales

Como señalo en mi libro Divinos Negocios, hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, la Iglesia se oponía a la cremación de cadáveres por considerarla una costumbre pagana y un “abuso detestable”.

Incluso, a quienes eran incinerados se les negaban las exequias —es decir, la recomendación de su alma al Creador— y la celebración de misas en su memoria.

Pero la jerarquía eclesiástica —a la que la secularización de los cementerios en tiempo de Juárez privó de su explotación— se percató de que ofrecer nichos funerarios en los templos podía dejarle mucho dinero.

Ocupan un mínimo de espacio, su construcción cuesta una bicoca, prácticamente no hay gastos de mantenimiento y se puede pedir por ellos un dineral con el señuelo de que los restos reposarán en lugar sagrado y no en un vulgar panteón.

El negocio ha resultado muy productivo. Por todas partes en los templos se construyen tales nichos, por cuyo derecho de uso se llega a cobrar hasta 7 500 dólares, como en la catedral de Tijuana, donde habrá 32 mil de ellos. Y quede claro: sólo se cobra el derecho a depositar en el nicho un máximo de cuatro urnas funerarias con cenizas de difuntos. Además se debe pagar una renta mensual para seguir manteniéndolas ahí. Si se deja de cubrir la renta, son desalojadas.

Pero resulta que —en buena parte por tales abusos— cada vez más gente ha optado por dispersar las cenizas al viento o en el mar, enterrarlas al pie de un árbol, conservarlas en casa, repartirlas en pequeñas porciones entre los hijos y hermanos, e incluso llevar consigo pequeñas porciones de ellas en relicarios.

imageAspecto parcial de las 32 mil criptas que se construyen en la nueva catedral de Tijuana. El derecho de uso de cada una aparte la renta mensualserá de hasta 7 500 dólares. Se estima que producirán un ingreso bruto de más de cien millones de dólares. El costo total de la catedral será de sólo 30 millones de dólares.

Obviamente, eso afecta al sacrosanto negocio de las criptas benditas, así que, ni tardo ni perezoso, El Vaticano acaba de prohibir tales prácticas, a las que calificó de contrarias a la fe católica. En una conferencia de prensa realizada la semana pasada, el cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe —así se denomina ahora discretamente la antes Santa Inquisición— declaró que las cenizas deben obligatoriamente ser conservadas en un lugar, como un cementerio o una iglesia, que haya sido específicamente destinado a tal fin y debidamente consagrado. De ningún modo —subrayó— se permite mantenerlos en el hogar o en cualquier otro lugar, ni mucho menos dispersarlas o darles otro destino, como mezclarlas con cemento para volverlas parte de una construcción o con pintura para hacer un retrato del difunto. Solamente en casos extraordinarios, y previa autorización de un obispo, podrá mantenerse la urna funeraria en el hogar de los deudos o en algún otro lugar específico.

Por lo demás, el cardenal insistió en que a los muertos debe sepultárseles, no cremarlos. De la tierra venimos y a la tierra debemos volver, recalcó.

Las criptas funerarias que se construyen en las iglesias católicas — hay que recordarlo— son simples cajones de concreto de 50 centímetros de alto y otros tantos de ancho y de fondo. Se disponen apretadamente, en largas filas de hasta ocho o diez niveles de altura, de modo que sobre cada metro cuadrado se pueden construir así 16 ó 20 de ellas.

A los precios a que se venden esa especie de minicondominios sin puertas, ventanas, o instalación eléctrica e hidráulica, el negocio resulta más que suculento. Para tener una idea de su magnitud, basta decir que en el llamado Santuario de los Mártires (cristeros) construido en Guadalajara —en parte con dinero del gobierno de Jalisco—, hay 130 mil nichos, que el arzobispado ofreció inicialmente a 25 mil pesos cada uno. Total: tres mil millones de pesos. Y a estas alturas sin duda los precios ya subieron.

No es de extrañar entonces que El Vaticano trate a toda costa de mantener tan productiva fuente de ingresos.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 26 de octubre de 2016

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