Inseguridad y desarrollo científico

IMPACTO AMBIENTAL

Inseguridad y desarrollo científico[1]

Juan José Morales

Para los estudiantes de la carrera de biología, las llamadas salidas de campo son fundamentales, pues les permiten conocer de primera mano y sobre el terreno, plantas, animales y ecosistemas, así como capturar y examinar ejemplares en vivo y en su hábitat y hacer muestreos y colectas de ejemplares que posteriormente integrarán colecciones o serán estudiados en detalle para su identificación o para conocer mejor sus características.

Pero las salidas de campo de los estudiantes de biología mexicanos pueden estar en proceso de extinción debido a las graves condiciones de inseguridad que reinan en el país.

imagePor su propia naturaleza, las prácticas de campo de los estudiantes de biología exigen internarse en áreas despobladas, donde se puede encontrar ejemplos de flora y fauna silvestres. Dadas las condiciones de inseguridad que reinan en gran parte del país, ello implica exponerse a ser víctimas de criminales. Por eso, tales actividades comienzan a ser severamente restringidas o de plano suspendidas.

En efecto, en un comunicado que con fecha 27 de octubre emitió la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM «”donde se imparte dicha carrera»”, se informa que el consejo técnico de la institución decidió por unanimidad. «aprobar la propuesta de la Dirección de suspender hasta nuevo aviso todas las prácticas escolares que impliquen salidas de campo de la Carrera de Biología».

«Esta decisión «”añade el documento»” se debe a las condiciones de inseguridad que prevalecen en nuestro país, considerando que para la UNAM y para la FES Iztacala es una prioridad el asegurar la integridad física de nuestros alumnos y profesores».

Ciertamente, es una decisión bien fundamentada. El altísimo grado de inseguridad que reina en muchas regiones del país convierte las salidas de campo en actividades de alto riesgo. Salvo unas pocas zonas que aún no son afectadas por la delincuencia «”organizada o desorganizada»” , prácticamente en cualquier lugar y en cualquier momento estudiantes y maestros pueden ser asaltados, heridos, muertos o secuestrados.

A la memoria me viene el triste caso del biólogo Daniel Navarro López, brutalmente torturado y asesinado cuando realizaba una investigación sobre las poblaciones de ocelote en los bosques de las zonas montañosas situadas al sur de la ciudad de México. Por la naturaleza de su trabajo debía «”al igual que alumnos y catedráticos durante las salidas de campo»” internarse en zonas despobladas.

Han transcurrido ya casi ocho años de aquel suceso, y el crimen sigue sin ser fue aclarado, como tampoco lo han sido miles más ocurridos a todo lo largo y ancho de la República. En ese entonces se especuló sobre la posibilidad de que narcotraficantes, asaltantes o secuestradores que operan en la zona, lo hubieran tomado por policía o soldado debido al atuendo «”botas y ropa verde olivo»” que usaba en sus trabajos de campo.

De igual manera, se ha convertido ya en rutinaria la simplista explicación de que los asesinatos que día a día ocurren por todas partes son «ajustes de cuentas» entre miembros del crimen organizado. De ese modo, las autoridades se lavan las manos y se desentienden de su obligación de esclarecerlos. Incluso, casi se felicitan de que «entre ellos se anden matando».

Por si los daños que las extorsiones, los asesinatos, los atracos y los robos ocasionan a la agricultura, el comercio, el turismo y demás actividades económicas fueran poco, ahora la inseguridad se ha convertido en un factor que contribuye a frenar el desarrollo científico del país, junto con el recientemente anunciado recorte de más del 23% en la partida destinada a ciencia y tecnología del presupuesto federal del año próximo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 31 de octubre de 2016

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