Las “olas” de arena del Namib

IMPACTO AMBIENTAL

Las «olas» de arena del Namib[1]

Juan José Morales

Quienes vivimos en estas tierras del Mayab, tendemos a asociar las áreas naturales protegidas con agua y densa vegetación: selvas, manglares, cenotes, lagunas litorales, etc. Pero hay otras extraordinarias áreas naturales donde esos elementos están ausentes o son en extremo escasos. Esto me vino a la mente al encontrar en mi correo la fotografía que ilustra estos comentarios, enviada por la NASA. En ella puede verse el mar de arena del Namib, en la costa occidental de África, una de las más espectaculares formaciones naturales de nuestro planeta.

La imagen es tan bella e impresionante, que he querido compartirla con mis lectores.

imageEl «mar de arena» del Namib está formado por enormes dunas que a la distancia semejan olas. Es una de las grandes maravillas geológicas del mundo y, al igual que la Reserva de la Biósfera de Sian Ka»™an en Quintana Roo, fue declarado patrimonio de humanidad por la Unesco.

Fue tomada desde la estación espacial internacional y muestra las grandes dunas lineales y paralelas de hasta 300 metros de altura, que semejan una sucesión de olas, formadas por el empuje de los fuertes y constantes vientos que soplan hacia tierra adentro. A la derecha de la imagen, la configuración del terreno es diferente, pues en esa zona los cambios en la dirección del viento ocurridos a lo largo de millones de años ocasionaron la formación de nuevas dunas, con otra orientación, que se superponen a las más antiguas. El resultado fue una especie de entramado de dunas perpendiculares entre sí que tienen el aspecto de rectángulos.

La arena de esas «olas terrestres» proviene de miles de kilómetros más allá, del interior del continente. Es arrastrada por el río Orange, que desemboca en el Atlántico, luego transportada por la corriente marina de Benguela, que la deposita mucho más lejos en otra parte de la costa, y finalmente los vientos dominantes la mueven hacia el interior, formando esas acumulaciones paralelas.

El arenal del Namib hace honor a su nombre, que en la lengua nama hablada en la región significa «enorme». Cubre en total tres millones de hectáreas y además de sus características dunas tiene llanuras de grava así como arroyos temporales y lagunas efímeras formadas por ocasionales lluvias. El único río, el Tsondab, que en tiempos remotos desembocaba en el Atlántico, muere antes de llegar al mar, bloqueado y tragado por el vasto arenal.

Este gran conjunto de dunas está ubicado en Namibia, un joven país casi totalmente desértico que «”como señalamos hace algún tiempo en esta columna»” ha sabido aprovechar inteligentemente sus peculiares paisajes para el desarrollo turístico de bajo impacto, sin afectar el medio ambiente.

El desierto del Namib, sin embargo, no está por entero desprovisto de vida. Al condensarse las nieblas procedentes del Atlántico, le aportan cierta cantidad de agua, que permite la sobrevivencia de una diversidad de plantas y animales, inclusive especies únicas en el mundo adaptadas a nichos ecológicos muy específicos.

Este desierto, que puede ser catalogado como una de las grandes maravillas naturales del mundo, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2013 por la Unesco y se le considera el más viejo de todos. Los registros geológicos indican que ya existía hace 65 millones de años, en la época en que se extinguieron los dinosaurios, y su existencia se debe a la corriente marina de Benguela, que corre a lo largo de la costa y, por ser fría, casi no permite la evaporación de sus aguas. Dicho sea de paso, esa corriente luego toma rumbo al oeste, rumbo a Sudamérica, y a ella se debe también que en el Atlántico del Sur no haya huracanes, pues el agua no contiene energía térmica suficiente para su formación.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 5 de diciembre de 2016

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