Más áreas protegidas, menos recursos para ellas

IMPACTO AMBIENTAL

Más áreas protegidas, menos recursos para ellas[1]

Juan José Morales

Como estaba previsto, el presidente Peña Nieto anunció en el marco de la Cop 16 la creación de la de Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano, simultáneamente con la de otras tres nuevas áreas naturales protegidas: las de las islas del Pacífico, la del archipiélago de las Revillagigedo y la del Pacífico Mexicano Profundo. Esta última, y la del Caribe, son de enorme extensión: más de 57 millones de hectáreas la primera y 5.7 millones la segunda.

Por ahora nuestros comentarios se limitarán a la que tenemos más cerca, la del Caribe. Y lo primero que se nos viene a la mente es que, si bien es muy bueno que se pongan bajo protección legal ecosistemas frágiles, vulnerables o amenazados, no se trata simplemente de expedir decretos. Es necesario también «”indispensable sería mejor decir»” que tal acción vaya acompañada por medidas para garantizar un real manejo y protección de esas áreas conforme a normas precisas y con los elementos humanos y materiales necesarios para ello.

Suena muy impresionante que, como dijo Peña Nieto ante los asistentes a la COP 16, con las 65 millones de hectáreas de esas nuevas áreas naturales protegidas, México llega a un total de 91 millones puestas bajo salvaguarda, de las cuales 70 millones son marinas y el resto terrestres. Pero lo que no dijo Peña Nieto es que de los 26 millones de hectáreas que comprenden las 177 áreas naturales protegidas hasta el momento de su espectacular anuncio, más del 60% carecen de programas de manejo. En la mayoría de los casos a varios lustros después de su creación. Y esa falta de reglamentación precisa abre la puerta a actividades y acciones que provoquen deterioro ambiental en dichos sitios.

imageCon la Reserva de la Biósfera Caribe Mexicano, se busca proteger especies como las tortugas marinas «”de las cuales hay cuatro en el área«” y, sobre todo, los vulnerables y delicados arrecifes de coral, que están sometidos a fuerte presión por las actividades turísticas, la sobrepesca y la contaminación proveniente de la zona costera.

No dijo tampoco que al mismo tiempo que se incrementa el número de reservas y se amplía considerablemente la extensión que cubren, se recortan el presupuesto, el personal y los elementos materiales de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Conanp, que es la responsable de vigilarlas y controlarlas. En pocas palabras: cada vez hay más superficie de áreas naturales protegidas y cada vez hay menos recursos humanos y materiales para asegurar su debida protección.

En tales condiciones, se corre el riesgo de que la Reserva del Caribe Mexicano sea letra muerta. Sobre todo porque en ella se desarrollan numerosas actividades relacionadas con el turismo que pueden afectar «”de hecho ya están afectando seriamente»” las playas, los pastizales marinos, los arrecifes de coral y otros ecosistemas, y que deben ser claramente reglamentadas con un buen plan de manejo.

Por otro lado, la Conanp no realizó una auténtica consulta pública sobre el proyecto, como marca la ley. Se limitó a charlas informativas y a pedir opiniones y sugerencias. Pese a todo, una treintena de organizaciones no gubernamentales aportaron sus puntos de vista y sugerencias al respecto, inclusive la de que no se le diera al área carácter de reserva de la biósfera, sino de área de protección de flora y fauna. Pero las autoridades se limitaron a escuchar y tomar nota sin modificar sustancialmente el proyecto, que finalmente quedó tal como se había decidido «desde arriba».

Ahora, el gran desafío, como se señaló en una reunión sobre protección y conservación del medio ambiente realizada recientemente en Cancún, será establecer una adecuada vinculación entre esa nueva reserva marina y los ecosistemas y ambientes terrestres aledaños al litoral «”lagunas costeras, manglares, sabanas, dunas costeras, selvas, etc.»” y con las grandes aglomeraciones urbanas que existen a lo largo de la costa y cuya interacción con el mar es evidente. Habrá, se dijo, que ligar los ordenamientos sobre la Reserva del Caribe con los programas de desarrollo urbano de las diferentes ciudades de Quintana Roo, y con los diversos planes de ordenamiento ecológico de la zona costera.

En fin, si no se complementa con los instrumentos legales y con los recursos humanos y materiales necesarios para su manejo y vigilancia, la creación de la gran reserva marina del Caribe podría ser tan solo un acto de relumbrón para lucimiento de Peña Nieto.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 9 de diciembre de 2016

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