La homeopatía y los miasmas misteriosos

QUE NO LE DIGAN, QUE NO LE CUENTEN

La homeopatía y los miasmas misteriosos[1]

Juan José Morales

Como hemos comentado en esta columna, una característica de la homeopatía es que en más de 200 años no ha evolucionado en absoluto. Sigue basándose en las mismas ideas y esencialmente en los mismos remedios y procedimientos de su fundador, Samuel Hahnneman. Y entre las ideas obsoletas, remanentes de los tiempos de la medicina precientífica, que todavía manejan los homeópatas, está el de los miasmas como causantes de enfermedades.

Esto de los miasmas proviene nada menos que del siglo XVII, cuando se desconocía la causa real de las enfermedades y éstas se atribuían a los más disímbolos agentes, desde castigos divinos hasta emanaciones de los pantanos o a energías misteriosas.

Así fue como dos médicos de la época, Thomas Sydenham y Giovanni María Lancisi, desarrollaron la llamada teoría miasmática de las enfermedades, según la cual éstas eran ocasionadas por los miasmas, o sea emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras.

imageSegún los homeópatas, los miasmas son «como una memoria resumida de las grandes enfermedades, en cada una de nuestras células», y a ellos se debe la predisposición de cada individuo a desarrollar y padecer ciertas enfermedades y síntomas.

Por supuesto, no hay actualmente médico alguno que siga creyendo tal cosa. Los homeópatas, sin embargo, hablan todavía «”como lo hacía hace dos siglos Hahnneman»” de ciertos miasmas a los que llaman psora, sycosis y syphilis, aunque no provienen de malolientes lodazales o pútridos estercoleros, sino que se encuentran en el propio organismo del ser humano, desde su nacimiento. Pero «permanecen bajo la superficie durante nuestra vida y emergen como las raíces de la enfermedad».

Otros aumentan a cinco el número de miasmas: psórico, tubercular, sicótico, cancerígeno y sifilítico. Según Hahnemann, todos los seres humanos padecen el primero, «porque es un estado básico del hombre» y se manifiesta a través de un picor superficial en la superficie del cuerpo».

En cambio, el miasma tubercular, según los homeópatas, «causa debilidad en los pulmones, los huesos y los tejidos», y quienes lo padecen «sufren problemas respiratorios, pulmonares y óseos, como tuberculosis».

Del miasma sicótico, afirman que «se caracteriza por la producción exagerada tanto de células y tejido como de mucosidad», y el resultado es que en la piel aparecen lunares, pecas, quistes y tumores. Una de sus manifestaciones parece ser la glotonería, pues «”también al decir de los homeópatas»” «las personas afectadas por este miasma tienden a vivir cometiendo excesos, como por ejemplo comer mucho aunque ya se sientan plenamente saciados». Además, «suelen ser agresivos», ya que «disponen de una tremenda cantidad de fuerza vital, que casi siempre apunta en dirección equivocada».

En cuanto al miasma cancerígeno, como su nombre indica, sería el causante del cáncer, enfermedad que se desarrolla cuando «el miasma toma el control y genera el caos en la producción celular».

Finalmente, dicen, «el miasma sifilítico resulta destructivo porque afecta al núcleo de cada célula. Las personas que presentan este miasma sufren insomnio y enfermedades degenerativas como cirrosis hepática, diabetes y colitis, y exhiben un comportamiento destructivo y adictivo».

Sobra decir que de los tales miasmas los homeópatas hablan siempre en términos vagos e imprecisos, sin precisar de qué se trata, cómo están integrados al organismo o cómo actúan. Simplemente dicen que existen, que andan por ahí bien escondiditos en insospechados rincones del cuerpo humano, donde se mantienen como bestias feroces al acecho, esperando la oportunidad de saltar de su madriguera y atacar al desventurado paciente.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Jueves 12 de enero de 2017

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