1933 y 2017: la historia se repite

ESCRUTINIO

1933 y 2017: la historia se repite[1]

Juan José Morales

Quien haya estudiado a fondo la historia del surgimiento del nazismo en Alemania en la década de los 30 del siglo pasado, no puede menos que sentirse preocupado —alarmado sería mejor decir— ante lo que está ocurriendo en Estados Unidos. Hay demasiadas similitudes entre el Adolfo Hitler que en 1933 fue nombrado canciller aunque —al igual que Trump ahora, no obtuvo mayoría de votos—, su promesa de reconstruir Alemania y devolverle su grandeza y sus planes de dominio mundial, y el Donald Trump que en su discurso inaugural el pasado 20 de enero habló de “reconstruir nuestro país” y de “decidir el curso de Estados Unidos y del mundo para los próximos años.” Hay demasiadas similitudes entre aquel demagogo nazi que culpaba de todos los males de Alemania a los judíos, y este demagogo norteamericano que culpa de todos los males de Estados Unidos a los mexicanos y los musulmanes.

En un artículo reproducido por la publicación electrónica Tribuna Comunista, el dirigente izquierdista griego Yorgos Mitralias señala que una característica del fascismo es que “se apoya sobre un movimiento organizado de masas que utiliza para atacar a las organizaciones de todo tipo de trabajadores teniendo como objetivo declarado disolverlos y machacarlos a través de la violencia.” En el caso de Trump, añade, por el momento no se apoya en un movimiento de masas organizado, pero hay “numerosos indicios muy claros de que Trump quiere crearlo y hace, día tras día, todo lo que puede para construirlo”.

imageLa caricatura hace referencia a la amenaza de Trump de prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos y de obligar a los que ya residen en el país a registrarse ante las autoridades, como en su momento hizo Hitler con los judíos.

No es casual —diremos por nuestra parte— que en su discurso inaugural haya insistido en que “los hombres y mujeres olvidados de nuestro país… vinieron por decenas de millones a convertirse en parte de un movimiento histórico como el mundo nunca ha visto antes. En el centro de este movimiento hay una convicción fundamental: una nación existe para servir a sus ciudadanos.”

El carácter del movimiento que intenta construir Trump, puede juzgarse por el hecho de que, como señala Mitralias, “no sólo se dirige a las multitudes de sus seguidores llamándoles con cariño… „bestias salvajes‟ (wild beasts), sino que tiene también la costumbre de aprobar su violencia cuando apela a sus peores instintos y los exhorta (con)… incitaciones del tipo… „Vosotros erais bárbaros, violentos, cuando gritabais ‘¿Dónde está el muro?’, ‘¡Queremos el muro!’, cuando vosotros gritabais ‘¡A la cárcel!’, ‘¡A la cárcel!’, ‘¡Métela en la cárcel!’, yo quiero decir que os volvíais locos. Erais basura, salvajes y viciosos‟”.

Remarca el artículo del dirigente griego que “nadie podrá acusar a Trump que no nos ha dado a conocer cuál será el blanco prioritario del movimiento de masas que pretende crear: Son los 13 millones de inmigrantes sin papeles que amenaza con expulsar, los ciudadanos afroamericanos y latinos de EEUU, las mujeres y todos aquellos a quienes apunta su racismo y su inenarrable misoginia. Pero, sobre todo, son los sindicatos obreros a los que Trump se ha aprestado a declarar la guerra hace ya cuatro semanas, cuando atacó públicamente y con una violencia inaudita a un valiente líder sindical que tuvo el coraje de denunciar su demagogia y sus proyectos antiobreros.”

Ciertamente, puede decirse que estamos ante un nuevo Hitler. Y no es para tomar el asunto a la ligera. Si no se le detiene, si no se neutralizan sus acciones, podría repetirse la trágica historia de su antecesor, que llevó a la catástrofe a su país y al mundo entero.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Martes 24 de enero de 2017

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