El maravilloso árbol de los mil nombres

IMPACTO AMBIENTAL

El maravilloso árbol de los mil nombres[1]

Juan José Morales

Seguramente usted no sabe de la existencia de la Red Leucena, o Leucnet, como se le llama por su abreviatura en inglés. Pero si es así, no se sienta culpable de ignorancia. Se trata de una organización científica poco conocida y relativamente reciente «”fue creada en 1994″”, que permite coordinar las investigaciones de miles de agrónomos y botánicos de todo el mundo que estudian cierto árbol denominado Leucaena leucocephala en la clasificación científica, al que algunos han bautizado un tanto grandilocuentemente como árbol maravilla.

Y si los científicos muestran tanto interés por este árbol y se le tiene en tan alta estima, es porque además de ser una magnífica fuente de forraje, leña, carbón y pulpa para la fabricación de papel y rayón, su madera es muy apropiada para fabricar postes, muebles y cajas de empaque, y para la manufactura de artesanías. De su resina se obtienen adhesivos, sus semillas sirven como alimento, y el propio waxim se usa como árbol de sombra para el café y otros cultivos. Y por si todo eso fuera poco, al crecer enriquece y mejora los suelos, aunque sean muy pobres en nutrientes. De hecho, se le considera una especie de salvador o restaurador de terrenos víctimas de la erosión y el agotamiento por repetidos ciclos de cultivo, como se comprobó en la India, donde la reforestación con esta especie dio excelentes resultados.

imageUn ejemplar de Leucaena leucocephala. Por su tupido follaje perenne, en muchos lugares se le aprovecha como árbol de sombra y ornato, pero sus hojas son también muy usadas como forraje debido a su alto contenido de proteínas y la facilidad con que la digieren los animales. Crece con gran rapidez y si las condiciones naturales son apropiadas, puede llegar a 13 metros de altura en unos cuantos años.

Pues bien, este maravilloso árbol es nada más ni nada menos, que el waxim, como se le conoce en lengua maya, y en opinión de muchos botánicos es originario de la península de Yucatán, aunque de aquí se extendió por todas las zonas tropicales de México. Luego, inmediatamente después de la conquista, fue llevado a muchos otros lugares del mundo, donde «”literalmente hablando»” echó raíces y se le conoce con una diversidad de nombres locales. El más usual es guaje, españolización del zapoteca huaxin (de guaje, por cierto, deriva el nombre del estado de Oaxaca). En Hawai se le llama koahaole, en las islas del Pacífico del sur tangantangan, en las Filipinas ipilipil, en Indonesia lamatoro, en China yin hue whan, en la India subabul o kababul, y así por el estilo. Un nombre común con el que se le conoce internacionalmente es leucena, derivado de su nombre científico.

Los científicos recomiendan al waxim «”que puede crecer como arbusto o árbol y alcanzar entre cinco y 20 metros de altura, según las condiciones en que se desarrolle»”, principalmente como fuente de forraje para el ganado, y como restaurador de suelos, pues es una leguminosa, un tipo de planta de plantas que tienen sus semillas encerradas en vainas «”el chícharo y el frijol son los ejemplos clásicos»”, cuyas raíces albergan colonias de bacterias capaces de fijar el nitrógeno del aire, que es un fertilizante.

Desde luego, no todo es miel sobre hojuelas. El cultivo generalizado de waxim presenta ciertos inconvenientes. Si se le emplea como árbol forrajero, por ejemplo, las repetidas podas para aprovechar su follaje estimulan la propagación de cierto insecto, popularmente llamado piojo saltarín y Heteropsylla cubana en la nomenclatura entomológica, que ataca especialmente los brotes tiernos de la planta.

Pero, aún con sus inconvenientes, al humilde waxim puede calificársele como un gran regalo del Mayab al mundo.

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 2 de enero de 2017

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