Hacia el peor de los mundos

ESCRUTINIO

Hacia el peor de los mundos[1]

Juan José Morales

Sacar al ejército de sus cuarteles y sacarlo a las calles a librar — como en su momento dijo Felipe Calderón— una guerra contra el crimen organizado y el tráfico de drogas, fue un gravísimo error. Darle un marco jurídico a la actividad de los militares en ese terreno, sería una equivocación todavía peor.

imageEsto es lo que opina la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.

Errado fue mandar al ejército a realizar labores policíacas, para las que no está técnicamente preparado ni legalmente autorizado.

La prueba de ello es que tras más de diez años de militarización del combate a la delincuencia, la situación es peor que antes, las bandas criminales se han adueñado de importantes ciudades y extensas zonas del país, y una gran cantidad de soldados rasos y oficiales se encuentran en prisión por violación a los derechos humanos. Nos enviaron, dicen, a cumplir una tarea para la que no estábamos preparados.

Pero lo más grave es que al poner al ejército a cumplir funciones de policía, se le colocó al margen de la ley, y ahora se quiere desfacer el entuerto con leyes ad hoc. Pero —repetimos— eso sería un error peor, pues implicaría la militarización del país, sin que se alcancen los objetivos que todos deseamos, o sea paz, tranquilidad y seguridad.

Como bien dijo Víctor Flores Olea en un reciente artículo en La Jornada, la intención de dar un marco legal a las funciones de policía del ejército, refleja la incapacidad del gobierno para resolver el problema de la manera correcta, o sea mediante la organización de “una fuerza pública no castrense sino rigurosamente policíaca”.

“En los primeros tiempos de su gobierno —añade Flores Olea—, Peña Nieto aseguró que se proponía organizar o construir en su gobierno una ¨gendarmería¨, haciéndonos pensar en la creación tan necesaria en México de un cuerpo policiaco profesional, disciplinado y honesto. Parece que todo se quedó, en el mejor de los casos, en un arranque de buena voluntad que no se ha realizado y que ni siquiera está en serio camino de realizarse.”

En ningún país los militares han tenido buen éxito como policías. Cuando se les asigna esa función, terminan, de grado o por fuerza, convertidos en represores y el remedio resulta peor que la enfermedad. Lo que México necesita en las actuales circunstancias, es una solución civil, una policía eficiente, moderna, bien organizada, con un buen aparato de inteligencia, capaz de combatir al crimen organizado y el tráfico de drogas, no a punta de balazos, sino con métodos realmente efectivos, como el desmantelamiento de sus redes financieras.

Por desgracia, el gobierno parece haberse dado por vencido y, como señala Flores Olea, “el país marcha inevitablemente hacia una militarización que resulta imposible detener. Hemos estado ya y estamos en esa situación, con todos los elementos negativos en que pueda pensarse, el hecho efectivo es que vivimos una militarización impuesta por las circunstancias y que no puede detenerse ni corregirse adecuadamente, como si estuviéramos condenados sin escapatoria a vivir en el peor de los mundos. En el peor de los mundos, como ya lo sabemos incluso estadísticamente, es aquel en que se violan los derechos humanos y los derechos elementales de los hombres y mujeres, convirtiendo a la vida social en una angustia en vez de que sea una felicidad, como debía serlo siempre.”

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[1] Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 25 de enero de 2017

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