Pseudociencia. Mentiras, fraudes y otros timos

Pseudociencia. Mentiras, fraudes y otros timos

Darryl Cunningham

Léeme Libros: España. 2014, 208 pps.

PseudocienciaMuchas veces, el problema que presentan los libros escépticos o que intentan divulgar el pensamiento crítico, es que están llenos de datos o de explicaciones difíciles de seguir para el lector promedio. Eso, sumado a que en la actualidad cada vez menos gente es capaz de leer más de 400 páginas sin perder el hilo o desechar el libro sin más, supone una dificultad para quienes amamos las ideas bien desarrolladas y los argumentos presentados con la adecuada extensión. Basta con ver los periódicos actuales: la orden es poner cada vez más fotografías y acortar los textos tanto como sea posible. La competencia con los medios digitales obliga a renovar la oferta, aunque sea a costa de sacrificar el contenido.

Ante este fenómeno, tenemos dos opciones: sentarnos y reclamar el retorno de viejos tiempos que siempre parecen mejores (y no siempre lo son), o tomar medidas al respecto. Lo que hizo el dibujante Darryl Cunningham es precisamente lo segundo. Y para ello utilizó una fórmula poco explorada hasta ahora en el mundo de la divulgación científica: mezclar el cómic con un contenido claro y al alcance de todos. La única forma que tenemos de llegar a más personas es ampliando el espectro, y eso es lo que ofrece “Pseudociencia”, editado en español por Léeme Libros. Dibujos de trazos simples, frases cortas, pero directas y claras. Cunningham lo logra.

En las poco más de 200 páginas de su obra, el dibujante británico se hace cargo de nueve de los temas más controversiales relacionados con las pseudociencias. Y lo hace de forma precisa, basando sus conclusiones en numerosas lecturas críticas sobre asuntos que parecen polémicos en una primera mirada, pero que son bastante sencillos de descartar cuando se dispone de la información adecuada. Y Cunningham eligió bien sus fuentes, eligió bien sus dibujos y eligió bien la forma de dar a conocer los hechos, y a veces también su opinión, sobre estos asuntos.

En sus cuadros, que mezclan de manera perfecta los dibujos con fotografías intervenidas, se aborda la homeopatía, la quiropraxis, el “fraude” del alunizaje, el fracking, el cambio climático, la evolución, el negacionismo científico, el extraño fenómeno de los “antivacunas” y la terapia de electrochoque o electroconvulsiva. Lo atractivo es que incluso personas que se han interesado de antemano en estos temas, y que los han estudiado en profundidad incluso, podrán hallar algo nuevo que agregar a su bagaje. Y es especialmente rescatable el que Cunningham desnude sus propias dudas con respecto a algunas conclusiones, como ocurre con el caso de la terapia electroconvulsiva.

La forma de explicar aspectos técnicos del fracking, o cómo pone en evidencia el dislate profundo de las ideas de Andrew Wackefield con respecto al vínculo, jamás probado por otros estudios, entre la vacuna triple vírica y el autismo, o la manera pulcra y simple como responde a las dudas de los que siguen diciendo que el hombre jamás puso sus pies en la Luna, hacen del trabajo de Cunningham una obra que merece un lugar destacado en la biblioteca de cualquier escéptico. Servirá, sin duda, para acercar estos temas (y aclarárselos, qué mejor) a niños y lectores poco habituados a libros gordos de letra pequeña, y también para mostrar una cara amable de la divulgación científica. Solo por esos méritos, este libro se defiende por sí solo.

El prólogo de Luis Alfonso Gámez añade una cuota de interés a una obra, además, hermosamente editada (tapa dura, cuidado trabajo de diseño). Por desgracia, es el único libro de Cunningham publicado en nuestro idioma hasta el momento. Los interesados podrán hallar otros en inglés (sobre psiquiatría, economía y otros temas) que siguen la misma dinámica: cómic, textos concisos, explicaciones claras. Sí valdría la pena tener más cuidado con la traducción, especialmente en lo que concierne a la ortografía. Los gazapos que se pasaron a la edición final son muchos como para pensar en “duendes de imprenta”. En algunos casos son errores difíciles de congeniar con un libro trabajado tan pulcramente en lo estético. A pesar de esos pequeños gajes, “Pseudociencia” es un libro que bien vale la pena tener a mano, por si se nos olvida que el arte de la divulgación va siempre aparejado con la amenidad y la sencillez, sin que por eso sea necesario perder profundidad.

Diego Zúñiga C.

Publicado originalmente en El Escéptico Nro. 43, Otoño-Invierno 2015. Pág. 41.

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