Los extraterrestres han muerto. Tomo I

Los extraterrestres han muerto. Tomo I

LosExtraterrestresHanMuerto1Bravo Garrido Rodrigo, Los extraterrestres han muerto. El mito ovni-ET, Contasctismo y Abducciones. Tomo I, Editorial Digital, Chile, junio 2017. 246 páginas.

Algo está ocurriendo en Chile. Y me refiero en el mundillo ufológico.

Por un lado está un payaso en la televisión, Salfate, al que confieso que nuca he visto, pero frecuentemente lo mencionan en las noticias sobre ovnis que vienen de aquel país. Me parece que es de la misma calaña de Jaime Maussan y con esta escoria mexicana ya tengo suficiente. También están las actividades del grupo oficial CEFAA (Comité de Estudio de Fenómenos Aéreos Anómalos) que han dado de qué hablar, principalmente a través de la divulgación de la ufóloga americana (no me atrevo a llamarla periodista por respeto al gremio) Leslie Kean, quien se ha encargado de mostrarnos, sin darse cuenta, todas las metidas de pata de ese club ovni.

Pero por el otro tenemos los trabajos de la parte centrada, crítica y escéptica de la Asociación de Escépticos de Chile (AECH) o, en particular, la reciente aparición de trabajos de muy buena calidad como los de Sebastián von Kleist, del que en este año aparecerá su primer libro (que me ha pedido prologar) “Encuentros cercanos con humanoides en Chile 1927-2017. (90 años de humanoides en Chile)”, o el libro de mi amigo Sergio Sánchez Rodríguez, “Érase una vez en ovnilandia. La gran invasión marciana”, que ya comentamos en Marcianitos Verdes, o de “Los extraterrestres han muerto. El mito ovni-ET, Contactismo y Abducciones. Tomo I” (también comentado en este blog) fruto del esfuerzo de Rodrigo Bravo Garrido. Todos ellos dignifican la investigación ovni chilena.

Es esta última obra, la de Rodrigo Bravo, la que queremos comentar en este espacio.

Con muchos meses de retraso (casi un año, desde que apareció la edición digital en junio del año pasado), pero finalmente esta es nuestra recensión.

El ser humano es el único animal que posee conciencia de la historia y eso se debe a su capacidad de aprendizaje, que no comparte con el resto de los animales. Más allá de que puedan ser domesticados o entrenados, como los perros, delfines y caballos, o que tengan una muy buena memoria, como las ratas o los elefantes.

Además, es el hombre el único animal que “evoluciona” gracias a su capacidad de adaptación a las condiciones del medio ambiente (como todos los demás animales), pero también gracias a su cultura.

El producto más genuino de la historia es la cultura. Ésta es difícil de caracterizar, porque no se trata de una propiedad específica del individuo o de una pauta general de su comportamiento, sino de una forma de vivir la vida. En esencia, la cultura es el aprovechamiento para nuestra existencia de todo lo que ocurrió antes de nosotros, es la utilización pragmática del pasado en la construcción del presente, es el producto de nuestra conciencia histórica. Entre las flores más delicadas de la cultura están el arte y la ciencia, pero sus relaciones con la historia son distintas: mientras para la creación artística la historia es conveniente pero no necesaria, para el progreso de la ciencia la historia es absolutamente esencial.

Existen claras diferencias entre el arte y la ciencia. Sabemos que en el primero el creador de una obra artística no requiere de una historia o de un núcleo de conocimiento acumulativo. Al artista le puede servir conocer los trabajos y las técnicas de sus antepasados, pero la creatividad depende exclusivamente de él. El acto creador artístico no es —no hay nada que lo sea— independiente del contexto histórico en que ocurre, pero su expresión específica posee una gran autonomía de todo lo ocurrido en su esfera con anterioridad.

La relación de la ciencia con la historia es totalmente distinta. En lugar de autonomía, se trata de una dependencia absoluta. La creación científica original es un salto hacia lo desconocido, la iluminación repentina de algún rincón de la naturaleza que hasta ese momento estaba en tinieblas. En este sentido es paralela a la creación artística, que también descubre nuevas posibilidades de expresión. Pero la historia de la ciencia nos enseña que su evolución es estrictamente acumulativa, que los descubrimientos científicos dependen mucho más del momento histórico en que se realizan que de los individuos geniales que los llevan a cabo. No se me malinterprete, no pretendo disminuir el papel fundamental que desempeñan los científicos individuales en los trabajos y descubrimientos que hacen. Pero —a diferencia de los artistas— no hay nada en ellos que sea individualmente insustituible; en otras palabras, lo que el científico X descubrió hoy, el científico Y lo hubiera descubierto mañana (o hasta hoy mismo, un par de horas más tarde) si el mencionado sabio X no hubiera existido. La razón de esta impersonalidad de la ciencia es que su crecimiento es rigurosamente histórico: para progresar en el conocimiento de la Naturaleza es esencial construir utilizando toda la información previamente acumulada.

Aunque en ambas actividades humanas han aparecido figuras geniales, también hay diferencias entre estos genios. La creación artística depende en exclusiva de la genialidad del autor (músico, pintor o poeta) y nadie más la puede sustituir. Las variaciones de Goldberg sólo las pudo haber creado Johann Sebastian Bach; La Metamorfosis de Narciso un hubiese existido si Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech no hubiera nacido; nadie más que Fernando del Paso pudo haber escrito Palinuro de México. Todas las obras artísticas pertenecen única y exclusivamente a sus creadores.

Algo distinto ocurre en el campo de la ciencia. Charles Darwin, Isaac Newton, por nombras sólo a dos de las máximas luminarias de la ciencia, eran verdaderos genios, pero sus trabajos estaban basados en la información existente en su tiempo fruto de la labor de precursores o de descubridores o competidores independientes. Si ellos no se hubiesen dedicado a la ciencia sus descubrimientos “originales” hubieran sido hechos en la misma época o muy poco tiempo después por otros científicos. La verdad científica no está ligada al investigador que la genera en la misma forma íntima como la obra artística pertenece a su creador. Pocas veces un descubrimiento en la ciencia es obra de un individuo aislado, por la sencilla razón de que el conocimiento científico es acumulativo; recuérdese que el mismo Newton dijo:

“Si yo he podido ver más lejos es porque me he parado en los hombros de gigantes”.

La ufología no es una ciencia y nunca lo será. Más bien se trata de algo cercano al campo artístico, en particular a la creación literaria. Ya en otra parte me arriesgué a decir que la ufología era la novela total, la novela de la humanidad. En cierto sentido la descripción de este libro en Amazon parece concordar con lo anterior:

“Este libro analiza las razones de cómo numerosos investigadores, ufólogos, contactados, abducidos y escépticos han contribuido a la riqueza literaria, verbal o virtual de este tema, ya que estarán detallados en una línea de tiempo las principales efemérides con las que se ha forjado la ufología”.

Rodrigo-NationalPressLa obra de Rodrigo Bravo Garrido es un trabajo magnífico que resume varias décadas de historia ovni. Este libro en particular, el Tomo I, está centrado en el movimiento contactista que al paso de los años se transformó en el “fenómeno” de las abducciones. Constituye así un nuevo capítulo de esa “novela de la humanidad”, en este caso un capítulo escéptico que se suma a muchos otros que han intentado subir esa roca de Sísifo y que, al llegar a la cumbre observan cómo vuelve a rodar hasta los pies de la montaña.

No digo que este tipo de obras sean inútiles. Aunque al final deja un sabor de impotencia, frustración y futilidad, hay que continuar la labor de clarificar el lodazal ufológico. Se que habrá muy pocos que entiendan el mensaje, aquellos que han crecido mental y culturalmente, pero también sé que año con año, día a día, se suman nuevas huestes de ufólogos y aficionados a la ufología (niños y jóvenes) a los que habrá que mostrarles los entresijos podridos del mundo de los platos voladores. Y este flujo de sangre nueva continuará hasta que deje de tener validez las palabras de Phineas Taylor Barnum.

Confieso que tenía ciertas reservas sobre la obra de Rodrigo Bravo. Principalmente al saber que fue miembro del CEFAA y estuvo relacionado con Leslie Kean. Pero cuando abrí el libro y vi que el prólogo era de Crystian Sánchez Ortiz, Psicólogo Aeronáutico y fundador de la Asociación Escéptica de Chile (AECH), pero sobre todo al comenzar a leer el libro, me di cuenta de que sólo eran prejuicios míos.

Rodrigo hace un excelente resumen de la historia de la ufología, desde los orígenes “oficiales” de la era de los platos voladores, incluyendo algunos antecedentes como la historia del “Misterio Shaver”, y continua con el asunto de los contactados (tema al que me he dedicado en Marcianitos Verdes desde hace ya una década, y tema que será objeto de estudio del próximo libro del también chileno Sergio Sánchez); de ahí deriva a los abducidos, indicando las diferencias y similitudes entre ambas “razas”. La parte III y final, a mi gusto, está de sobra, pero las dos primeras bien valen la pena y colocan el libro entre uno de los mejores escritos en Chile sobre estos temas.

El piloto militar Teniente Coronel (activo) del Ejército de Chile, perteneciente al Arma de Telecomunicaciones y Comandante del Pelotón de Aviación Ejército, en la V División de la Ciudad de Punta Arenas, Rodrigo Bravo, se especializó en la prevención e investigación de accidentes aéreos, además en el sistema de seguridad operacional, desde que era Jefe del Departamento de Seguridad Aeroespacial de la Brigada de Aviación de Ejército.

Rodrigo, quien también es autor del libro Ufología Aeronáutica, publicado en Chile el 2010 y en 2011 en Brasil, y amablemente nos envió su libro para hacer esta crítica, nos dice:

“Llegué al tema ovni, porque en el año 2000, cuando era alumno del Curso de Piloto de Ejército, para egresar se me designó como tema de Tesis, “Introducción al fenómeno ovni y consideraciones para la seguridad aeroespacial”.

A mi parecer, sin haber leído esa tesis, considero que Rodrigo hizo su tarea y llegó a conocer bien la ufología. Como ejemplo están los muchos pies de página, en donde introduce una ficha biográfica de diferentes autores, llegando al extremo de citar el nombre completo y poco conocido de personajes como Kevin Douglas Randle, Philip Julian Klass, o Jacques Fabrice Vallée. Por lo anterior son más visibles las erratas como Haynek (página 50 de la edición digital, corregido en la versión en papel), Jacob en lugar de Jacobs (página 191, también corregido en el libro de papel), Robert Scheaffer (página 13, también corregido), Askey (página 102, sin corrección) o atribuir “OVNI; vers une Anthropologie d´un Mythe Contemporain” a Michel Monnerie.

También es un error decir que las fotografías de Asket y Nera muestran “… una de las pocas por no decir la única aparente fotografía de un ser alienígena”. Los diez volúmenes publicados de “Extraterrestres ante las cámaras” (y los veinte en preparación) demuestran que esas “pruebas” ufológicas son muy comunes.

Esas erratas se olvidan cuando se toma en conjunto todo el libro. Por eso desde aquí en Marcianitos Verdes recomendamos su lectura, aunque sabemos que eso abonará más a las críticas que ha tenido el autor y su obra por parte de los ufolocos chilenos.

Sólo queda esperar la siguiente entrega, Los extraterrestres han muerto. Paleoastronáutica y tecnología alienígena, Tomo II, en la que aparecerá Dios Padre (de La creación de Adán, de Miguel Ángel). Rogamos a los dioses extraterrestres que ese libro sea tan bueno como el presente.

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Un pensamiento en “Los extraterrestres han muerto. Tomo I”

  1. Es tan fácil y tan cerca la verdad de todo en cuestión ..que no quieren ver y buscan lejos y no se dan cuenta que la verdad está ahí…a centímetros…solo hay que creerlo y la verdad aparecerá…

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