El Mito del Centésimo Mono

El Mito del Centésimo Mono

31 de enero de 2002

Kentaro Mori

Hay una idea muy difundida por ahí de que si un cierto número de personas adquiere un conocimiento o hábito, entonces toda la humanidad va a adquirirlo también. Sé que parece absurdo, pero de la manera que la leyenda lo cuenta es bastante razonable.

La leyenda

hundredth-monkey-418x280La leyenda afirma que si un número suficiente de personas piensa cualquier cosa, entonces un “campo mental” formado por los pensamientos de todas esas personas será tan grande que contagiará a todas las demás personas. Algo como si fuera una osmosis mental. Por ese razonamiento, si muchas personas saben física, entonces toda la humanidad estará compuesta de físicos. Una buena solución para este terrible analfabetismo científico.

Comenzó en los años 50 con una experiencia con monos hecha en una isla del norte de Japón. Lyall Watson en su libro Lifetide cuenta que un mono enseñó a otro a lavar papas, y este otro enseñó otro que enseñó a otro y cada vez más monos estaban lavando sus papas antes de comer. Cuando el número de monos alcanzó 100, los monos de las otras islas y todos los monos del mundo (sic), automáticamente, aprendieron a lavar papas.

Después de Watson, Ken Keyes escribió un libro llamado El Centésimo Mono en que cuenta esa historia y la usa como justificación para un nuevo estilo de vida. Él afirma que si empezamos a pensar positivamente, preocuparnos por el futuro de la humanidad, somos buenos, vamos creando, poco a poco, un número cada vez mayor de personas con buenos pensamientos y buenas intenciones. Basado en la tesis del centésimo mono, él afirma que, eventualmente, seremos en número suficiente para que toda la humanidad sea buena y nunca más nadie sea malvado. Ahh …

La verdad

La experiencia no es leyenda y realmente sucedió, como relata el Japan Monkey Center en su publicación Primates, en los volúmenes 2, 5 y 6. Pero tanto Watson como Keyes cuentan la historia de una manera muy distorsionada.

En Japón, los biólogos han estudiado las colonias de monos por muchos años. Para hacer que los monos aparezcan, dejan papas dulces en la playa para que los monos coman. Los monos salen del medio de los árboles para tomar las papas dulces y pueden ser observados. Un día un macaco de 18 meses de edad llamada Imo lavó su papa dulce en el agua del mar antes de comer. Un poco salada y sin arena de la playa, la papa debe haber parecido mejor. Imo mostró su descubrimiento a su familia y sus amigos y ellos enseñaron a sus familias y así sucesivamente.

Hasta 1958, la descripción de Keyes sigue la investigación de cerca, aunque no todos los monos jóvenes del grupo han aprendido a lavar las papas. En marzo de 1958, 15 de los 19 monos jóvenes (entre 2 y 7 años) y 2 de los 11 adultos lavaban las papas. Hasta esta época, el nuevo comportamiento se propagó individualmente, de mono a mono dentro de las familias y amistades. La mayoría de los monos jóvenes comenzó a lavar las papas cuando tenían un año y medio. Los machos mayores de 4 años, que tuvieron poco contacto con los monos jóvenes, no adquirieron el hábito.

Evidencias contra el mito

En 1959 lavar las papas ya no era un nuevo hábito para el grupo. Los monos que habían adquirido el comportamiento cuando jóvenes habían crecido y teniendo sus propios bebés. Esta nueva generación aprendió a lavar papas por los patrones normales de aprendizaje en los que los niños imitan a sus padres. En enero de 1962, casi todos los monos de la isla Koshima, excepto los adultos nacidos antes de 1950 fueron observados lavando sus papas dulces. Si un mono particularmente no hubiera aprendido a lavar papas hasta ser adulto, él nunca aprendería, sin importar cuánto el hábito estuviera difundido por el grupo.

En el informe original, no hay ninguna mención de que el grupo haya superado un número crítico que haya hecho que la idea se extienda por todas las islas. También no se menciona que los monos de otras colonias u otras islas hayan adquirido el hábito. Esta parte Watson y Keyes la inventaron. La única cosa es que, ocasionalmente, algunos monos individualmente en otras colonias experimentaban, como Imo había hecho, y le gustaba, pero el hábito nunca se esparció automáticamente por todos los monos de todas las colonias e islas.

Nunca se ha reportado una revolución repentina en los hábitos de los monos. La colonia poseía 20 monos en 1952 y creció a 59 en 1962, entonces, numéricamente, nunca hubo un centésimo mono. El artículo de Masoa Kawai en 1965 es meticuloso en los detalles. En 1958, el año que Watson afirmó que los patrones de comportamiento alcanzaron la masa crítica, sólo dos monos en la isla Koshima habían adquirido el hábito de lavar la comida. Dos primatólogos japoneses relataron que, fuera de la isla Koshima, ese comportamiento había sido observado antes en al menos cinco colonias diferentes. En esos casos el hábito fue adquirido por sólo algunos monos y nunca se esparció por los miembros de las colonias. Nada vincula estos acontecimientos a la idea de Imo.

La justificación de Watson para sus falacias es que el “Centésimo mono fue una metáfora que creé, basada en evidencias ralas y mi fe personal”. Incluso con la confesión de su creador de que la historia fue inventada, muchos prefieren creer en el eufemismo de que podemos cambiar el mundo sentados en nuestra casa pensando cosas buenas, en vez de “Poner las manos en la masa” y actuar por la mejora de la realidad.

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