30 Años conviviendo con extraterrestres en las sierras de Córdoba 1986-2016 (3)

ENCUENTROS CERCANOS

imageLa cuna del misterio. Cerro El Pajarillo, lugar donde supuestamente se posó un OVNI en la década de 1980, dando origen al fenómeno esotérico de Capilla del Monte.

Corría el mes de enero de 1986 cuando apareció.

Sorpresivamente, algunos vecinos de Capilla del Monte observaron claramente una “huella” delineada sobre una de las laderas del cerro El Pajarillo, anexo al Uritorco, y se desató la locura[1].

En plena primavera alfonsinista, cuando la democracia daba su primeros y timoratos pasos tras ocho años de dictadura feroz, los extraterrestres parecieron interesarse por aquel rincón de Córdoba al punto de aterrizar en sus sierras, desencadenando un fenómeno de carácter social sumamente interesante y que dura hasta hoy.

Casi de inmediato, y a instancias de los medios masivos de comunicación, la marca o huella ovalada que se perfilaba en el cerro fue interpretado como el resultado del descenso de un ovni en el valle de Punilla.

Como en tantas otras ocasiones, la televisión y los periódicos sensacionalistas se sumaron al fraude y lo popularizaron de tal modo que nadie quedó ajeno al asunto. De todas las notas publicadas o emitidas, las del Canal 9 de Buenos Aires fueron las más famosas y de mayor repercusión. De la mano de su reportero estrella y su camarógrafo, Nuevediario alcanzó topes de rating insospechados (47 puntos) y todas las noches el país entero se convocó frente a las pantallas de TV para ser testigo de las bizarras aventuras del periodista José de Zer y su inefable escudero, el camarógrafo Chango, persiguiendo aliens en las serranías cordobesas[2].

imageLa huella del Pajarillo. Esta porción de terreno quemado fue la que dio origen al turismo esotérico en Capilla del Monte

Nadie imaginó por entonces las perdurables consecuencias de aquellos informes de periodismo-ficción. Ni siquiera los habitantes de Capilla del Monte que, al principio y según consignara muchos años después Carlos “el Chango” Torres, no tomaron el tema con buen ánimo. Que la localidad empezara a ser famosa por cuestiones tan poco convencionales no cayó nada simpático. El país entero comentaba el tema con una sonrisa irónica e incrédula. Se estaba a un paso del ridículo y, según se dice, del ridículo no se regresa jamás. A 30 años de aquellos bizarros sucesos muchos los seguimos recordando con la misma ironía e suspicacia de entonces. Pero en el proceso, el status de toda la localidad cambió y Capilla del Monte se convirtió en un polo turístico alternativo, esotérico, de fama mundial. Miles de visitantes dejaron el ridículo a un lado. Lo reformularon. Lo cargaron de historias rimbombantes, teorías conspirativas, espiritualismo y delirios New Age, transformando esas serranías en el escenario ideal de sucesos extraordinarios, en donde todo era posible: desde el avistaje programado de ovnis (entendiendo el término como “naves de otros planetas”) hasta el contacto con entidades energéticas (luces inteligentes) que protegen secretos inconfesables y auguran un Apocalipsis del que saldrán con vida sólo unos pocos iluminados. No faltaron, incluso, los que sostuvieron que en la región estaba el Santo Grial y que desde allí la humanidad se regeneraría al entrar en una nueva época de luz. Y así, lo que al principio fue visto con despecho se terminó convirtiendo en un filón de oro cuya veta inagotable llega hasta hoy.

Capilla del Monte se hizo famosa y no se tardó mucho para que legiones de alucinados acudieran a ella tratando de develar y seguir alimentando sus misterios. En poco tiempo, el negocio floreció y los ventajeros de siempre tomaron parte en la ganancias convirtiendo al cerro Uritorco en un centro energético desde donde la humanidad iba a regenerarse espiritualmente, en contacto con “nuestros Hermanos Superiores del espacio exterior” (e interior), como hemos visto.

Alguna vez se dijo que cuanto más grande es la mentira más fácil de creer es. Éste es un buen ejemplo de ello. Cuanto más incongruentes e irracionales son las historias que circulan por la zona, mayor es el número de adeptos.

Ejércitos de personas acuden anualmente a la ciudad en busca de experiencias paranormales. Y las encuentran al módico precio que fijan los guías turísticos y baqueanos locales. Hay que reconocer que al menos con José de Zer el asunto era gratis. Bastaba con prender la TV. Pero, ¿quién era José de Zer? Las nuevas generaciones no lo conocieron. Y aunque el sensacionalismo no murió con él, sí perdió el aire lúdico que supo imprimirle con verdadera maestría.

De Zer, con su voz ronca y agitada ha pasado a la historia de la televisión argentina. Es sin duda un capítulo interesante y revelador de cómo algunos hacen periodismo sin que la verdad importe, o cómo esa profesión puede ser la gran catalizadora de rumores y leyendas, tan perdurables como entrañables.

El Uritorco y sus misteriosas entidades le deben mucho al tipo de periodismo practicado por José de Zer. Aunque hoy día la mayoría lo oculte y no quieran ver en sus intervenciones gran parte del origen del éxito esotérico del pueblo.

Sin él es muy probable que la huella del cerro se hubiera perdido en las primeras semanas de febrero de 1986 entre noticias de accidentes automovilísticos, algún ahogado de la costa atlántica o la separación de una pareja del ambiente televisivo[3].

El Uritorco, Erks y todos sus espejismos derivados, no son más que productos (mercancías) que se venden a un colectivo de personas que creen cualquier cosa aduciendo tener la “mente abierta” y una visión espiritualista (absolutamente acrítica).

De todo eso se alimenta la mitología de Capilla del Monte.

También de ocultar información

Dentro del gremio de los investigadores de ovnis sobrevuela la idea, asumida como cierta por la mayoría, de que existe una conspiración mundial que busca ocultar los datos que confirmarían la presencia de extraterrestre entre nosotros. La leyenda de los Hombres de Negro (que como vimos se exportó también al tema Erks, al punto de sugerir que Acoglanis había sido asesinado por ellos) es la que mejor resume el asunto.

Pero el encubrimiento no se detiene en esos hombres de oscuro. Lo que se omite es que los creyentes y defensores de la existencia de hombrecitos verdes también hacen lo mismo. Y lo peor de todo es que de eso sí hay evidencias.

Desde el momento mismo en que se asumió que un ovni era el responsable de dejar una marca o huella en las laderas del cerro El Pajarillo (la quemazón tenía unos 110 metros de largo por 57 de ancho), hubo voces e investigadores que criticaron y desmintieron los hechos. Pero de ello no se habla hoy en Capilla del Monte. Hacerlo sería transformarse en un hereje; en un traidor a los intereses turísticos del pueblo o, en última instancia, en un agente secreto de alguna potencia mundial interesado en mantener todo en secreto.

Es difícil ir en contra de una creencia.

Aún quienes en apariencia parecen ser personas racionales (y me refiero a periodistas e indagadores del tema), el esoterismo de honda raíz mágico-delirante lo invade todo. Bajo el rótulo de investigadores o especialistas, una legión de diabólicos (como llama a los creyentes Umberto Eco, en su novela El Péndulo de Foucault)[4] pululan por todos los medios masivos (radio, televisión y diarios) difundiendo la palabra que le da de comer a Capilla del Monte, desde enero de 1986.

Incluso, a partir de los primeros años de la década de 2010, la municipalidad de la ciudad, cooptada por políticos que adhieren a estas creencias, pretende darle al tema ovni y a las energías del Uritorco, un cariz oficial que buscó (y busca) ejercer un mayor control sobre la razón de ser del turismo esotérico.

No hay en el fondo una intensión sincera por conocer la verdad, sino el deseo de explotar, aprovechar y sacar ventajas económicas de los dislates, errores y exageraciones que hacen de Capilla del Monte una verdadera Jerusalén del delirio.

Tardó poco más de veinte años el municipio en reconocer la importancia que el Uritorco cósmico tiene en el desarrollo de la ciudad. Mas vale tarde que nunca, dirán los investigadores, que reconocen los beneficios adquiridos cuando el Estado municipal tomó parte en el asunto, inclinándose del lado de ellos.

Era la autoridad que faltaba en el currículum vitae[5].

Una vez oficializado el disparate éste cambia su estatus ontológico y “por decreto” adquiere una seriedad nunca antes reconocida. Suficiente para seguir alimentando la leyenda.

En el fondo está el capital. El único Santo Grial que mantiene el circo en marcha.

Pero a pesar de todo esto, las voces e investigaciones disidentes existieron desde el principio.

Que las taparan y omitieran es arena de otro costal.

Continuará…


[1] Nota: La famosa “huella” o “marca” en El Pajarillo (de la que se ha hablado tanto en los últimos 30 años) era un espacio quemado, de forma ovoide, que fue visto el 10 de enero de 1986, por la mañana y que habría sido hecho por una nave extraterrestre durante la noche anterior, al sobrevolar la zona. Casi de inmediato surgieron tres testigos de ese sobrevuelo misterioso: una abuela, su nieto de 11 años y la madre del mismo. Los “investigadores” locales los interrogaron, siendo el niño la “principal fuente de información”. De sus dichos se derivaron todas las hipótesis que siguen circulando hasta hoy. Véase en Web googleando “El Pajarillo”.

[2] Véase: Artículo El equipo de Jose. Disponible en Web: HTTP://WWW.PAGINA12.COM.AR/DIARIO/SUP LEMENTOS/RADAR/9-291-2002-07-28.HTML

[3] Dangel, G., op.cit., Pág. 27.

[4] Véase: Eco, Umberto, El péndulo de Foucault, Editorial Lumen, España, 1989.

[5] Pero a no sorprenderse. Algo similar ocurrió en otras partes del mundo. En Escocia, por ejemplo, los órganos gubernativos municipales han votado leyes/ordenanzas que protegen de cazadores inescrupulosos al mismismo monstruo del Lago Ness (un supuesto plesiosaurio, remanente del período jurásico, que todavía nada en sus oscuras aguas); o en algunos territorios de Estados Unidos, que han hecho lo mismo con respecto al famoso Bigfoot (Pie Grande).Leyes que protegen quimeras. No porque la quimera exista objetivamente (sería un despropósito), sino por la cuantiosa suma de dinero que ésta le genera a esas regiones.

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