30 Años conviviendo con extraterrestres en las sierras de Córdoba 1986-2016 (4)

ENCUBRIMIENTOS

imageCartel del CIO en Capilla del Monte. El Uritorco (al fondo), alimentado por la mitología contemporánea de la New Age y el esoterismo, ha adquirido un rol central en el Turismo local desde 1986.

En 1996, a diez años de la supuesta aparición del ovni en las laderas de El Pajarillo, Alejandro Agostinelli, reconocido periodista e impulsor del ya desaparecido CAIRP (Centro

Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia) volvió a publicar un artículo que, con agregados interesantes, reproducía las conclusiones a las que había llegado en 1986, tras realizar un viaje exploratorio a Capilla del Monte, a pocos meses de producirse el extraño fenómeno.

Esos dos trabajos bien podrían haber puesto fin a toda la historia de los extraterrestres en la zona del Uritorco. Pero no fue así. El producto de esa investigación (resultado de entrevistas a testigos, autoridades municipales, vecinos y una incursión a la huella misma) tuvo una muy corta difusión. El paso del tiempo y los intereses creados en el norte de Córdoba la opacaron. Dejó de ser citada por los guías turísticos que usufructúan del misterio, y las hipótesis descabelladas terminaron imponiéndose en el imaginario local (y más allá). Tampoco los libros sobre el tema, publicados en los últimos años (citados en este artículo), hacen referencia a las terrenales conclusiones de Agostinelli; quien para muchos debe haber sido la encarnación del hereje más peligroso que se pueda uno imaginar. Un fundamentalista de la razón que venía a negar un hecho, para ellos, contundente. Una amenaza que ponía en peligro el aparato turístico desplegado desde mediados de la década de 1980.

No era (ni es) conveniente difundir esas ideas. Por ende, los partidarios de la hipótesis extraterrestre encubrieron esos trabajos con la esperanza de que la gente los olvidara.

Fue lo que ocurrió.

Hoy en Capilla del Monte (y por más que la oferta turística esté un tanto más orientada hacia los paradigmas de la New Age, ecologismo, misticismo y espiritualismo) los escritos de Agostinelli parecerían estar incluidos en el Índex de los libros prohibidos. Ya sea por convencimiento o intereses de otro tipo (materiales, por supuesto), los refractarios a sus ideas (y pruebas) consideran más “lógico” creer que seres de luz, ociosos hermanos superiores o extraterrestres oriundos del otro lado de la galaxia viniendo a dejar huellas sin sentido en las laderas de los cerros, que a pensar en un mero fraude. O, siendo más benevolentes, en un error.

Aun corriendo el riesgo de ser incluidos en ese herético Índex, resumiremos las conclusiones a las que Agostinelli llegó hace ya casi 30 años.

En enero de 1986 el municipio de Capilla del Monte estaba gobernado por la Unión Cívica Radical (UCR) y tanto su intendente, Diego Sez, como el Secretario de Gobierno, Jorge Suárez, contribuyeron mucho (consciente o inconscientemente, según distintas versiones) en la instalación del tema extraterrestre en la región. Ellos fueron los responsables del comunicado oficial que daba cuenta de la presencia de un ovni en El Pajarillo, tras una incursión al sitio de la “huella” y entrevistar a los supuestos testigos que, en la noche anterior a que la marca apareciera, dijeron haber visto una luz roja y poderosa en las inmediaciones del cerro.

imageJorge Suárez. Uno de los principales defensores de la creencia en OVNIS en Capilla del Monte

Con fecha 27 de enero de 1986 la conclusión oficial de la Municipalidad fue la siguiente:

“Ya que no encontramos explicación válida para esta quemazón tan atípica, esto nos confirmaría que se podría haber producido el descenso de una nave ovni”[1].

Si bien los verbos estaban en condicional, la confirmación (proveniente de un órgano de gubernativo) fue impactante para los creyentes. Al menos un gobierno municipal, “oficializaba” a los ovnis.

Pero esta conclusión apresurada se basó, inicialmente, en los testimonios de un niño de 11 años (Gabriel Gómez), quien fuera el único responsable de dar los detalles de un avistaje que, con el paso del tiempo y de acuerdo a las indagaciones de Agostinelli y periodistas del diario La Voz del Interior, cambiaron[2].

Todo indica que el muchacho fue inducido por los ovniólogos aficionados a decir lo que dijo. Sus primeras declaraciones no coinciden con las posteriores, a las que agregó desplazamientos por el cielo, luces blancas y “ventanitas”. Por otro lado, Gabriel Gómez no le dio trascendencia a la luz hasta que fue visitado por el intendente, el secretario y un diputado provincial[3].

Otro punto importante a consignar es que el chico y su abuela (propietaria de la casa de campo en la estaban la noche del 9 de enero de 1986) vieron la luz a la altura del cerro Áspero (así lo indicó la investigación in situ) que se ubica a unos 15 kilómetros de El Pajarillo; por lo que la “huella” y la inicial luz roja (estática en la primer versión) no guardan relación alguna[4].

Pero eso no importó. La prensa sensacionalista y los ovniólogos hicieron que coincidieran. Y todavía hoy se sigue repitiendo la historia.

¿Hubo intencionalidad en inventar todo?

Agostinelli publicó en varias ocasiones lo que Jorge Suárez (Secretario de Gobierno) le reveló en una entrevista.

“Por mi olfato no se me escapaba que manejábamos un detonante tremendo para la captación del turismo, y había que reafirmarlo responsablemente… .Que hubiera sido de nosotros si no hubiera aparecido la huella? Creo que Capilla del Monte no tendría la pujanza que tiene ahora. Todo lo de ahora se lo debemos a la huella de El Pajarillo...”[5].

Tiempo después, y fuera de la función pública, Suárez se volcó de lleno a investigar la presencia de extra e intraterrestres en la región. Fundó el CIO (Centro de Investigación Ovni) y se convirtió en un cruzado de la causa. Organizó congresos de ovnilogía en Capilla del Monte y se convirtió, sin duda, en uno de los principales promotores del misterio del Uritorco, colocando a la ciudad en el mapa mundial. Mucho le debe Capilla a ese vecino.

Su participación en todo el asunto llevó a que fuera considerado por algunos como el perpetrador de todo el fraude (y después creerse sus propias mentiras).

Otro grupo que alimentó la leyenda fue el IPEC (Instituto Planificador de Encuentros Cercanos), cuyos excéntricos miembros estaban en la zona cercana a El Pajarillo unos días antes de que apareciera la huella de pasto quemado[6].

¿Que buscaban? Según sus líderes: la puerta de entrada a la ciudad subterránea; y para ello habían organizado una expedición a la que bautizaron con el rimbombante nombre de Operación Erks. Como era de esperar, diarios y revistas sensacionalistas se hicieron eco de ese singular proyecto y el IPEC tuvo su cuarto de hora en los medios, incluso antes de que la huella apareciera.

De acuerdo a lo que más tarde testimoniaron, los expedicionarios fueron los primeros en llegar al sitio y con voz firme sentenciaron que la marca no podía haber sido producida por un incendio ya que, in situ, ellos habían encontrado dentro de la marca animalitos e insectos deshidratados.

Como bien señala Agostinelli, jamás presentaron los resultados de laboratorio que prometieron dar a la opinión pública. Por ende, no hay pruebas de que ello haya sido cierto[7].

De todos modos, el hallazgo de bichos en un extraño estado de conservación en el sitio, se lo disputa al IPEC el ya nombrado periodista José de Zer.

imageimageJosé de Zer (periodista) y el “Chango” Torres (camarógrafo). Fueron los primeros impulsores mediáticos de los supuestos misterios del Uritorco.

En un reportaje del año 2002, su camarógrafo y cómplice (el Chango Torres) confesó:

“Una mañana, mientras tomaba un café en el centro de Carlos Paz, De Zer descubrió en el diario local una noticia: “Uia… mira: una mancha”, le dijo al Chango. Era una foto de unos pastizales quemados que parecían la huella de un plato volador. “Podemos ir a verlo, ¿no?”, dijo. Era la punta del iceberg que no terminaría de derretirse hasta hoy. “Fuimos al lugar, encontramos la marca y José dijo: ‘¿Como la podemos encarar?’. Nos sentamos y armamos un pequeño libreto para pensar lo que teníamos que hacer”.

–¿Inventaron todo?

–La mancha era real. Pero todo lo demás era pura ficción. Una mancha es una mancha, pero no se encuentra una mancha así todos los días. Así que nos fuimos al camino. Como era verano, había un montón de cascarudos muertos y secos. Agarramos algunos y los tiramos en la ruta. Entonces me dijo: “Voy a entrar y decir ‘Hay bichos disecados’”.

Esa semana los televisores estallaron. “Nuevediario” midió 45 puntos de rating anunciando posible vida extraterrestre en un cerro cordobés hasta entonces ignoto: el Uritorco”[8].

Pero si, como dijo el Chango Torres, la mancha era real: ¿cómo se produjo?

Los ufólogos de turno y el gobierno municipal no dudaron demasiado: la huella/marca se había producido por un intenso calor proveniente desde arriba (lógicamente, desde una nave extraterrestre) dejando en el suelo del cerro una forma elipsoidal, de contornos perfectamente definidos.

Pero los hechos verificados por Agostinelli desmienten los dichos.

En primer lugar, los contornos no eran para nada definidos, sino difusos. Tampoco su forma era la de un óvalo perfecto y la mancha se diluida con dirección Norte, es decir hacia la cima del cerro. Por otro lado, dentro de la huella había un rastro muy sugestivo: una marca con forma de “V” (de unos 40 metros) que indicaría el sitio exacto donde podría haber impactado el rayo que originó la fogata[9].

Por otra parte, el análisis hecho sobre las cañas y paja brava que crecían en el interior de la huella demostró que el calor no vino desde arriba, sino que la vegetación se encontraba calcinada sólo en una de sus caras (la que se orientaba hacia el sur del cerro), no afectando el calor la cara contraria. En pocas palabras: el incendio había venido desde uno de los costados. El fuego se originó en la parte sur y propagó hacia la cima. Por la madrugada, una llovizna (confirmada por lugareños) lo apagó.

La teoría del incendio producto de un rayo suena bien. Es posible y probable.

Pero el asunto no terminó ahí.

En el artículo publicado en 1996, Agostinelli entrevistó a un vecino de Capilla del Monte quien, bajo el pseudónimo O.O., aseguró ser el artífice y responsable de la huella. Confesó que él, junto con tres peones y el apoyo de tres comerciantes de la ciudad, habían hecho la marca de El Pajarillo con un soplete de acetileno, durante la noche del 9 de enero; y que lo que perseguían era lo mismo que Jorge Suárez: recuperar el turismo perdido[10].

El problema, en este caso, es que la única prueba que hay al respecto es el testimonio que diera O.O.; desconociéndose quiénes eran los peones y los empresarios que colaboraron en el fraude.

Claro que, como ningún secreto se guarda por mucho tiempo, en noviembre de 2011 Agostinelli reveló finalmente la identidad del supuesto perpetrador. Su nombre era Roberto Basso, un dirigente del Partido Justicialista (PJ), ya fallecido[11].

Como era obvio, los creyentes en ovnis (tanto los moderados como los más fanatizados) le saltaron al periodista a la yugular, negando que Basso haya podido hacer lo que dijo que hizo. Los más ortodoxos continuaron afirmando que esa noche de enero un plato volador extraterrestre se había acercado al cerro lo suficiente como para dejar la marca en el pasto quemado. Los más heterodoxos (muchos actualmente inclinados hacia cuestiones místicas y espirituales, no tanto a los ovnis) formularon hipótesis que iban desde un spot poderosísimo de luz, perteneciente a una productora que filmaba en el lugar, pasando por el derrame de líquidos incendiarios desde un helicóptero, hasta la instalación de una mallado de alambre con un pequeño pararrayos (que, como es de prever, al recibir el impacto de la centella, fulminó el alambre y dejó todo el pasto quemado).

Pero tampoco hay evidencias de todo esto.

Finalmente, los dichos de Luis Bartolli, Jefe de Bomberos de Capilla del Monte por aquellos ochentosos días, dejan entreabierta la posibilidad de un fraude al declarar que lo que más le extrañaba era que, cuando apareció la marca, nadie (del municipio, se entiende) lo convocó a investigar las causas del incendio (como lo hacían en todos los demás casos)[12]. Y el asunto se archivó rápidamente.

Frente a toda esta batería de explicaciones posibles y probables, los defensores del discurso ovni sacaron (y siguen sacando) de la manga dos sucesos con los cuales pretendieron zanjar la discusión, inclinando a balanza hacia el lado misterioso de la cuestión.

El primero de ellos tiene que ver con un segundo incendio natural desencadenado en El Pajarillo un año después (1987) y que afectó a todo el cerro. Claro que, en esta oportunidad, la única zona que no se vio afectada por el fuego fue (¡Oh, misterio!) la huella que apareciera en el ’86. Este hecho desató la cadena una vez más y los teóricos de turno quisieron ver en ello la prueba “irrefutable” de que una extraña energía/radiación residual estaba enquistada en “la marca”.

¿Por qué no se quemó también ella en el ’87? ¿Ante que misterioso fenómeno estaban? ¿Qué

habían dejado los extraterrestres el año anterior?

Estas preguntas tuvieron oportunamente una respuesta del jefe de bomberos de Capilla del Monte. Pero también fue encubierta.

Según el funcionario de entonces, el fuego no entró en la huella por dos motivos: (1) porque ya estaba quemado y/o (2) porque toda la superficie estaba tapizada por brotes de pasto verde, poco propicio para acoger el calor y las llamas[13].

El otro suceso extraño tiene que ver con un sauce ubicado en el predio de la casa de los Gómez, testigos de “la luz” aquella noche del 9 de enero del ’86. La tradición local cuenta que el árbol se secó a poco de haber ocurrido el fenómeno. ¿Disecado por los ET y sus radiaciones?

Considerar como prueba de la presencia de seres de otras galaxias un simple árbol seco es demasiado[14].

Como bien adujo una bióloga, “No sería la primera vez que un sauce se enferma repentinamente[15].

Como puede verse, en la góndola de las ofertas hay más de una explicación a la hora de elegir respuesta respecto de qué pudo haber pasado ese 9 de enero de 1986 en El Pajarillo; y todas sin tener que recurrir a la presencia de hombrecitos verdes o pirómanos Hermanos Superiores del centro de la Tierra.

Lo más interesante de todo esto fueron las elecciones que se tomaron y los motivos las guiaron.

Es claro que eso habla más de nosotros, los terrícolas, que de los marcianos.

Emil Cioran dijo una vez: “La ironía es lo que me salva de la Iglesia”.

Tenía razón.

Tal vez por eso los “diabólicos” la detestan tanto.

Continuará…


[1] Véase: Agostinelli, Alejandro, “…Y los ET nunca vinieron”, en Revista Descubrir, año 6, N° 63, octubre de 1996, pág.87.

[2] Véase el excelente artículo de A. Agostinelli publicado en julio de 1986. Disponible en Web: https://es.scribd.com/doc/169291735/Ufo-Press-23-Julio-1986

[3] Ibídem, pág. 8: https://es.scribd.com/doc/169291735/Ufo-Press-23-Julio-1986

[4] Ibídem, pág. 7: https://es.scribd.com/doc/169291735/Ufo-Press-23-Julio-1986

[5] Véase: Agostinelli, Alejandro, “La mancha de El Pajarillo: con pecado concebida”. Disponible en Web: HTTP://FACTORELBLOG.COM/2011/11/14/LA-HUELLA-DEL-CERRO-PAJARILLO-CONPECADO-CONCEBIDA/

[6] Sus miembros afirmaron haber recibido mensajes telepáticos de naves extraterrestre un día antes de que apareciera la huella (¡¡). Entre otras cosas sostienen que en 1907 hubo un combate entre seres extraterrestres en el cruce la ruta 38 y la ruta 17 (camino a Los Terrones y Ongamira) (¡!). Lógicamente eran (¿son?) partidarios de creer que los pueblos originarios “tuvieron relaciones directas con los extraterrestres”.

[7] Ibídem, pág.9 : https://es.scribd.com/doc/169291735/Ufo-Press-23-Julio-1986

[8] Véase reportaje completo. Disponible en Web: HTTP://WWW.PAGINA12.COM.AR/DIARIO/SUP LEMENTOS/RADAR/9-291-2002-07-28.HTML

[9] Véase el excelente artículo de A. Agostinelli publicado en julio de 1986, Pág.9. Disponible en Web: https://es.scribd.com/doc/169291735/Ufo-Press-23-Julio-1986

[10] Agostinelli, Alejandro, “…Y los ET nunca vinieron”, en Revista Descubrir, año 6, N° 63, octubre de 1996, pp. 87-88.

[11] Véase en Web artículo: HTTP://FACTORELBLOG.COM/2011/11/14/LA-HUELLA-DEL-CERRO-PAJARILLOCON-PECADO-CONCEBIDA/

[12] Ibídem.

[13] Llama la atención lo siguiente. En el año 2012, en un reportaje que Alejandro Agostinelli le hiciera al intendente de Capilla del Monte (Gustavo Sez, creyente en los ovnis e hijo del jefe comunal en los días en que apareció la huella), éste aseguró no conocer la hipótesis planteada por el bombero. Véase en Web reportaje: http://factorelblog.com/2013/02/07/festival-alien-2013-el-uritorco-tira-los-platillos-por-la-ventana/

[14] Es de notar que el intendente Gustavo Sez, en la entrevista antes citada, se agarró de la historia del sauce para rebatirle al periodista ciertos comentarios escépticos al respecto.

[15] Agostinelli, op.cit pág. 9. Disponible en Web: https://es.scribd.com/doc/169291735/Ufo-Press-23-Julio-1986

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