Erksperiencias (2)

SEGUNDA PARTE

LAS INTERMITENTES LUCES DE ERKS

imageBase del Cerro Uritorco. Noche de luna

“Dicen que cuando hablas con Dios es oración,

pero cuando Dios te habla es esquizofrenia”.

Fox Mulder. The X Files (Serie TV)

La armonización con el Universo puede lograrse de varias maneras, según reza en los manuales capillenses. Una de ellas es metiéndose dentro de una pequeña pirámide de concreto y someterse a una terapia de sonido en la que un gong, construido con una misteriosa aleación proveniente del Tíbet, se convierte en el canal necesario para tranquilizar el espíritu y volverse uno con la naturaleza. Quisimos ver de qué iba la cosa y en el anochecer de una calurosa jornada contratamos una sesión.

Nos recogieron en el centro de la ciudad y fuimos trasladados en auto hasta las inmediaciones del dique El Cajón, un sitio hermoso, cercano a la famosa piedra El Zapato, donde antaño (y aun hoy en menor medida) los recién casados se sacaban las fotos de rigor. En ese sitio, Larry y su mujer regentean, cual faraones sin corona, la geométrica construcción.

La pirámide canaliza y concentra la energía de una forma muy especial. La experiencia que van a tener es maravillosa –nos dijeron-. Además, el sonido los va a ayudar muchísimo. Esta todo muy bien pensado. ¿Saben qué? La pirámide está construida en un terreno consagrado por los indios Comechingones, y orientada siguiendo las indicaciones que nos diera muy especialmente don Pedro Romaniuk, después de haber realizado un pormenorizado estudio con un péndulo.

No acote nada.

Tenía referencias de Romaniuk. Lo conocía desde mi adolescencia. Había leído algunos de sus libros, incluso asistido a un par de charlas en la ciudad de Mar del Plata. Hacía mucho tiempo que no escuchaba su nombre, pero lo recordaba. Él había sido uno de los principales responsables, junto con Fabio Zerpa, de mi total desencanto y tránsito hacia el descreimiento absoluto respecto de los ovnis. Los estrambóticos y rocambolescos argumentos que ese hombre dio a lo largo de su vida (murió en 2009) me abrieron los ojos, llevándome por un camino que, de seguro, no era el que el pretendía yo siguiera al momento de dar sus delirantes conferencias. El diario Critica lo llamo “el patriarca de los platos voladores”. Bien merecido lo tiene. Fue, de hecho, uno de los primeros en hablar sobre el tema y autor, desde la década de 1960, de más de 24 libros. Como amigo personal de Benjamín Solari Parravicini, Romaniuk incursiono también el tema de las profecías y, obviamente, no dejo de lado la temática de los intraterrestres de Erks y la ciudad subterránea del Uritorco. Ha sido, sin duda, uno de los que contribuyeron a la construcción del mito contemporáneo más famoso de Capilla del Monte.

No me sorprendió que “Don Pedro”, como lo siguen llamando con respeto sus seguidores, hubiera, con un péndulo, dado la ubicación cósmica adecuada a una pirámide de energía armonizadora. Iba con su estilo. .Que otra cosa podía esperarse de un hombre que afirmaba recibir mensajes telepáticos de extraterrestres y decía ser el creador de la Terapia Psicotrónica Piramidal, entre otras tantas cosas?[1]

Como dije anteriormente, guarde silencio y espere llegar al lugar.

imageimagePirámide energética de Capilla del Monte

Ascendimos por una escalinata de material que trepaba un inmenso roquedal y para cuando llegamos a la cima creí, en un primer momento, haber sido transportado hasta la mítica Área 51[2].

Allí, justo enfrente de nosotros la reducida pirámide semejaba una nave alienígena que acababa de aterrizar. El paisaje, la altura en la que estábamos y las siempre misteriosas sierras que nos rodeaban, crearon el marco perfecto para el inicio de un capítulo de Los Expedientes Secretos X. Solo faltaba que de su interior surgieran extraterrestres grises y nos abdujeran. Afortunadamente, nada de eso ocurrió. Por el contrario, fuimos nosotros (mi mujer, la guía espiritual y yo) los que entramos en la construcción voluntariamente.

Hacía calor.

Mucho calor.

Un rico aroma a lavanda, mezclado con algún tipo de incienso, deleito nuestro sentido del olfato. Unas pocas velitas prendidas hicieron que nuestras sombras se volvieran muy movedizas al reflejarse en las paredes inclinadas.

― Tengan cuidado con la cabeza. Es muy bajo ―me señaló la anfitriona―. Acuéstense en las colchonetas que están en el piso. Pónganse cómodos. Relájense. Dejen que su cuerpo físico encuentre la posición que más desee.

El sol se acaba de poner, pero ahí adentro el calor acumulado era insoportable.

Obedecimos. Me quite los lentes, afloje mi pantalón y me deje llevar por el sonido del gong tibetano.

La sesión fue mucho más larga de lo que podía haber imaginado. Casi una hora y cuarto. Aun así, a pesar de la temperatura condensada (¿o era la energía cósmica y yo no me di cuenta de ello?) fue una experiencia por demás agradable. Relajante. La voz de la mujer era fabulosa y, combinada con las rítmicas resonancias del instrumento oriental y los dulces mantras que cantaba muy bajito, tanto Vero como yo alcanzamos un absoluto estado de relajación. Estoy convencido que, de haber habido un ventilador, hubiera dormido una siesta espectacular. Pero el calor, el maldito calor, me quitaba el aire. Don Pedro (dije “Don”, no “San”), había obviado ese detalle.

Cuando la guía dio por terminado todo, salí corriendo a tomar aire fresco. Me estaba asfixiando.

―!Cuidado con la cabeza! ―alcanzo a decir.

Demasiado tarde.

Algo era evidente: seguía desarmonizado con el entorno.

imageAnochecer en Capilla del Monte

Afortunadamente, las experiencias alternativas, como suelen ser llamadas, no terminaron aquella noche. En el viaje de regreso a Capilla, la guía de voz angelical nos comentó que tanto ella como Larry tenían una excelente relación con el propietario del Hotel Roma y que, si lo deseábamos, podían combinar un encuentro con él, a fin de participar en un ritual idéntico a los que solían organizarse, durante primera parte de la década de 1980, en la zona de Los Terrones.

Aceptamos sin dudarlo un segundo.

imageimageRepresentación de los rituales celebrados en la zona del Uritorco y Los Diarios de Erks

Todo aquel que haya indagado algo sobre la historia esotérico-mística de Capilla del Monte sabe que Ángel Cristo Acoglanis fue su principal puntal. Con él se inició todo, mucho antes de que los marcianos dejaran la huella en el cerro con nombre de ave. Es el punto Alfa de toda esta historia. La simiente primera. El responsable de la construcción imaginaria de la ciudad subterránea de Erks y el gurú principal en las ceremonias que el ideo y llevo a cabo en la región de Los Terrones.

Acoglanis dijo ser muchas cosas a lo largo de su vida. Griego, medico, iniciado tibetano, sanador, contactado y hasta extraterrestre. Nada de todas estas cosas han sido fehacientemente comprobadas, en especial su origen extraplanetario, por lo que toda su vida está envuelta en exageraciones, mentiras y, como no podía ser de otra manera, misterio. Su trágica muerte, acaecida en Buenos Aires mientras atendía pacientes en su consultorio, fue portada de todos los diarios en abril de 1989; cuando Rubén Antonio, uno de sus discípulos más cercanos y hermano del conocido financista peronista, Jorge Antonio, lo acribillo a balazos, para luego entregarse a la policía.

Nunca se supo a ciencia cierta el móvil del crimen. Algunos adujeron que fue una cuestión pasional (cuernos de por medio), otros un ajuste de cuentas por deudas impagas. Pero la personalidad e historia de Acoglanis habilitaron interpretaciones mucho más conspirativas, como aquella que dice que su muerte estuvo organizada por agentes secretos de oscuras agencias, los famosos Hombres de Negro, encargados de silenciar a todos aquellos que se inmiscuían con el tema ovni. Y si de ovnis, extraterrestres y seres de luz provenientes de otras partes del cosmos hablamos, Acoglanis estaba metido hasta el cuello.

De acuerdo con sus escritos y a los dichos de quienes lo siguieron, Acoglanis tenía contactos con los habitantes de Erks, a los que convocaba por las noches en rituales colectivos. En esas oportunidades, y mientras vestía un túnica de color blanco y repetía mantras en un idioma cósmico (¿?), el extraño medico era canalizado (poseído) por el espíritu de un ser de otro mundo llamado Sarumah. Era esta “jerarquía” extraterrestre la que hablaba a través de Acoglanis, dejando mensajes de amor y paz; al tiempo que advertía sobre una catástrofe planetaria, de la cual solo zafarian uno pocos iluminados: los elegidos por el propio Sarumah/Acoglanis. Pero no era solo eso. También en esas reuniones se podía ser testigo de eventos extraordinarios: luces (naves) sobrevolando la zona, iridiscencias que respondían a los presentes, prendiendo y apagando estrellas, incluso la mismísima materialización de la ciudad de Erks en valles donde, hasta hacia solo segundos, existían piedras y pastos duros.

Muchas personas juran haberla visto y Larry había sido explícito al respecto en Las Puertas del Cielo. Pero más allá de su puntero laser y los orbs, nosotros estuvimos impedidos de tal privilegio. De seguro no estábamos preparados espiritualmente para ello. Era vox populi en el ambiente que “solo los puro de corazón” podían visualizarla.

Entonces, fuimos presentados al dueño del Hotel Roma: Osvaldo Allie.

imagePortal de Erks

De mediana estatura, delgado, agradable y generoso, el hotelero, cuya familia es la de mayor trayectoria en el rubro en Capilla del Monte, además de convencido creyente en todo lo referido a Erks, los intra y extraterrestres, es ingeniero químico y excelente relator. Su voz calma seduce al instante, acompañada por el don de gente que trasunta no bien uno le estrecha la mano. Ejerció varios cargos públicos a lo largo del tiempo, aunque todo indica que la política termino desilusionándolo. No ocurrió eso, claro está, con Ángel Acoglanis, su amigo personal y de quien guarda un afectuoso, agradecido y profundo recuerdo. No es para menos: Osvaldo Allie fue uno de sus discípulos más cercanos y el heredero, en gran parte, del legado esotérico-místico que dejara el “medico griego”.

Aunque como escéptico que soy, no comparto (y soy critico) de todo lo que se ha dicho y dice sobre Erks, guardo por Allie un gran respeto. Vemos el mundo de diferente manera. No tengo la cabeza tan abierta como se supone habría que tenerla para considerar que la presencia de extraterrestres es algo tan común y corriente como un burrito serrano. Partimos de paradigmas diferentes y lo más probable es que jamás nos pongamos de acuerdo en cuestiones de base. Así todo, con su pausada y equilibrada forma de decir las cosas es capaz de convencer al más incrédulo sobre la realidad de las experiencias personales que dice haber vivenciado. Y les aseguro que son muy poco comunes.

Con Ángel fui a Los Terrones innumerable cantidad de veces ―me relato―. Allí ocurrían cosas que solo estando presente es posible creerlas. En ese sitio se comunicaba con las Jerarquías de Erks. Incluso, en varias ocasiones, se abría un “puente de luz” por el que Ángel caminaba hasta desaparecer. Al regresar, minutos después, traía mensajes maravillosos. Universales. Una vez fui invitado por el a cruzarlo. Entramos en Erks y lo que recuerdo haber visto ahí solo yo puedo sentirlo. Es difícil explicarlo con palabras. Era un espacio enorme. Semejante a un hangar inmenso. Tan grande como el Cerro Uritorco. Recuerdo haber visto depósitos (tanques) que parecían estar hechos de acero inoxidable, gigantescos, y más allá, a un costado lo que parecían ser tubos por donde circulaban muchísimas naves, como si fueran autopistas[3].

No supe que decir.

Todo eso estaba mucho más allá de mi forma de ver el mundo.

Pero no fue todo. Sin prurito de ningún tipo, Allie prosiguió contando sus experiencias.

Ángel afirmaba que los Hermanos Cósmicos estuvieron desde siempre con nosotros y que actualmente están en la ciudad de Erks, trabajando sin cesar para el perfeccionamiento del hombre, tanto en el plano físico como en el anímico y espiritual. Solo así podremos en el futuro reunirnos con ellos, nuestros hermanos de luz. Para Ángel, Erks era el polo espiritual más grande de la Tierra y tenía contacto directo con él. Sus trabajos energéticos y las decodificaciones que Ángel hizo de los mensajes que les dieron obligaron a que la NASA mandara investigadores a Capilla del Monte para estudiarlo. Se entrevistaron con él. Trajeron aparatos para realizar mediciones e intercambiaron conocimientos. El legado de Ángel es maravilloso, tanto para la medicina como para la física cuántica. Gracias a esos saberes fue posible que se construyeran, más tarde, aparatos como los resonadores magnéticos, lo tomógrafos y los hilos electrónicos.

Seguí sin decir nada. No podía creer ni una sola palabra de lo que me contaba. Y sigo sin hacerlo, aunque debo confesar que lo vi absolutamente convencido de cada frase que articuló. Ser incrédulo no significa dejar de ser curioso, especialmente cuando el interés por la historia esotérica de Capilla el Monte es algo genuino y, a mi criterio, digno de ser analizado.

― Yo a Ángel lo conozco desde el año 1972, 1973, cuando el venia de manera bastante personalizada, buscando el punto que le habían indicado (los extraterrestres). En ese momento él lo hacía con su señora (en algunas oportunidades) y después con un grupo muy reducido de gente, hasta supo que la zona era Terrones. A partir de ahí empezó a trabajar y a prepararse para la apertura. Le llevo prácticamente todo un año encontrarla. Los primeros compañeros de esa búsqueda fueron, Ángel, por supuesto, Betty, su esposa, la doctora que era su socia (casada con quien más tarde lo asesinara), el señor Casco, a mí, que me llevaba un poco de ayudante, y un baqueano de la zona, que trabajo en el hotel desde chico, que se llamaba Pequello. Este hombre conocía como la palma de su mano la cadena de las sierras de ambos lados. Ángel con él tenía largas charlas. Era como si estuviera charlando con un hombre sabio. Hoy me doy cuenta: Ángel estaba viendo a un maestro nato de la zona”[4].

Yo sabía, por interpósitas personas, que esas famosas ceremonia se seguían practicando en Los Terrones.

―Si, es cierto. Pero ya no tengo acceso ilimitado. Ahora hay que pagar para poder ingresar de noche. De todos modos, Ángel, antes de morir, me llevo a un sitio y me dijo: “Si alguna vez te niegan el ingreso, vení a este punto, frente al Uritorco, que está en dirección directa al lugar donde hacíamos las ceremonias”. Si querés puedo llevarte esta noche y ver si aparece algo…

No pude creer lo que me proponía. Mire a mi mujer y asentimos sin dudarlo. No iba a perderme de ninguna manera la oportunidad de revivir el mismo camino, los mismos rituales de los que tanto había oído en los últimos dos años.

¿Que era lo que podían llegar a aparecer?

Las luces de Erks, por supuesto.

imageimageSitio exacto a donde fuimos llevados la noche del 13 de enero de 2016. El Cerro Uritorco, a muy pocas cuadras de La Toma. Justo detrás del cerro que aparece en la foto se levantan Los Terrones (según nos indicaran). Foto sacada varios días después, cerca del mediodía.

Nos reunimos en el hall del Hotel Roma a las 21:30 horas. No sé porque pensé que iríamos con otras personas. Me sorprendió que estuviéramos solos. Vero y yo.

Allie nos recibió con la amabilidad de siempre.

― Vamos a tener que esperar que baje un poco la luna ―dijo, asomándose a la calle y mirando el cielo.

Era una noche perfecta. Estrellada, con luna en creciente y una temperatura ideal. La verdad es que no entendí que quería decir con “que bajara la luna”. Después me entere: significaba que se pusiera detrás de las sierras, oscureciendo aún más el paisaje nocturno. Pero la luna no bajo lo suficiente. Una muy débil claridad envolvía el cielo[5].

Pasadas las 22 horas subimos al auto de Allie y encaramos hacia el punto que, años antes, le había señalado Acoglanis. Era muy cerca de la zona llamada La Toma, en la base del Uritorco. Descendimos y nos paramos frente al gigantesco cerro, que apenas distinguíamos en la oscuridad. No veíamos casi nada. El motor y las luces del auto se apagaron. Nos sentimos como topos en sus madrigueras.

― Relájense. Respiren hondo y traten de ver y sentir con el corazón, que si Ellos quieren les mostraran ―dijo con voz tranquila y, acto seguido, pidió permiso a los Señores del Norte, Hermanos de Erks, iniciando una serie de frases en el idioma cósmico que ya conocíamos (el Irdin) al tiempo que movía en circulo su mano izquierda y mantenía extendida la derecha hacia el Uritorco.

Pregunte si había que tener los ojos abiertos y dijo que sí.

Entonces, al cabo de unos 10 minutos, tanto mi esposa como yo, empezamos a ser testigos de algo asombroso. Algo que jamás creímos poder ver esa noche. Algo que, por un rato, hizo que temblequearan todas nuestras creencias (o mejor dicho, no-creencias)[6].

Con la mirada fija en la oscuridad, y un telón de fondo negro, donde apenas podíamos distinguir en color más negro el contorno del cerro, empezamos a ver como una niebla blanca iba cubriendo, en lentos movimientos, la copa de los árboles que crecían en las laderas del Uritorco. Parecía arrastrarse suavemente, inundando lo que hasta hacia segundos era una boca de lobo.

Mire a Vero.

― ¿Vos ves lo que yo veo? ― pregunte.

― La niebla… Si ― respondió tan sorprendida como yo.

Esa masa gaseosa tenía un tenue brillo. Muy apagado, pero perceptible perfectamente.

― Se están manifestando ― dijo Allie.

Para cuando termino la frase, las laderas del cerro parecían nevadas.

― Pero… ¿qué es todo esto?

No procure respuesta alguna. Era una pregunta retórica. Algo muy extraño estaba pasando y en ese momento no supe darle la explicación razonable que debía tener.

De pronto, Verónica señaló la cima del cerro (la que sobresalía en medio de dos lomadas –Ver fotos).

― Mira… allá arriba. Al medio. En la cumbre.

Detuve mis ojos en el sitio indicado y, para mi sorpresa, observé como la parte más elevada del Uritorco se iluminaba desde abajo. Como si con reflectores estuvieran barriendo sus paredes de piedra. Era una luz de tinte amarillento. Suave en intensidad (como la niebla). La vimos por unos cinco minutos aproximadamente y, de golpe, se apagó.

Vero me tomo del brazo. Nos miramos sorprendidos. Allie guardo silencio. Pregunté si podía sacar fotos. Allie asintió. Y cuando creíamos que todo había pasado, que ya nada podía sorprender nuestros sentidos, ambos, mi mujer y yo, volvimos a ver en esa misma cima de 1979 metros de altura algo rarísimo: una especie de cascada de color rojo. Rojo rubí. Semejaba lava volcánica deslizándose por la ladera superior. De arriba hacia abajo.

― ¿Vos ves eso? ― volví a inquirirle, sin detallar que veía.

― Si… Una cascada de color rojo.

No había duda. Observábamos lo mismo. O al menos creíamos estar observando lo mismo.

Permanecimos unos minutos mirando ese fenómeno, en principio, extraño. Enfoque a la “cascada” y dispare varias veces la cámara. Mire la pantalla. No había salido nada. Solo orbs. Polvo suspendido. Entonces, “la visión” también desapareció, desvaneciéndose gradualmente del cerro.

Vero volvió a señalar la cumbre.

― Estoy viendo una luz roja. Redonda. Y late como lo haría un corazón. ¿La ves? Alla, a la

derecha…

No vi nada.

Absolutamente nada.

Pensé que me estaba embromando. Pero insistió con seriedad. Seguí sin ver nada. Todo se había vuelto oscuro de nuevo y la extraña niebla volvió a tapizar el paisaje nocturno. Un tiempo después, también ella se desvaneció junto a la luz roja que mi esposa acababa de ver.

imageimageImágenes tomadas el 13 de diciembre 2016. No se observa ni la niebla, ni los “reflectores” ni la cascada. Sólo orbs (polvo en suspensión iluminado por el flash)

Nos quedamos unos minutos más parados en silencio. Mi cabeza hervía de preguntas. Claro que las respuestas que me daba nuestro anfitrión no me satisfacían.

Para el, los orbs también eran entidades energéticas.

Terminado el show subimos al auto y regresamos a Capilla del Monte.

Para entonces, ya empezaba a pergeñar una respuesta racional a lo que habíamos visto.

EPILOGO

ELEMENTAL, MI QUERIDO WATSON

“Dos cosas no relacionadas entre sí, creer en las dos,

y con la idea de que, en algún lugar, hay una tercera,

oculta, que las vincula, esto es credulidad”.

Umberto Eco

El Péndulo de Foucault, 1997, Pág. 74

Somos animales diurnos.

No estamos adaptados para ver bien en la oscuridad. Si así fuera nos brillarían los ojos al encerrarnos en un cuarto casi sin luz y menudo susto nos llevaríamos con solo observarnos en el espejo.

Esa noche, frente al Uritorco, desde el principio corríamos con desventajas.

La noche era oscura, pero no por completo. Una delgada medialuna en fase creciente colgaba del cielo, otorgando una claridad débil, mínima, lechosa, como la mismísima niebla que divisamos sobre los árboles de la ladera. Por otro lado, ese primer y “misterioso paisaje nevado” que captamos solo fue apareciendo lentamente, cuando nuestro sentido de la vista se adaptó de manera gradual a la falta de luz (que insisto, no era absoluta). En esas circunstancias, el iris se abrió, las pupilas se dilataron, y la poca luz del ambiente nos permitió ver lo que creímos era una neblina blancuzca. Es decir, empezamos a distinguir cosas en un medio que los especialista denominan escotópico, al que no estamos habituados. Por otro lado, el zarandeo lógico de las copas de los árboles, producto de la brisa (no había viento), genero la ilusión de movimiento, de traslado, al que hice referencia.

No soy oftalmólogo, pero basto indagar un poco por Internet para encontrar una respuesta racional a la supuesta cascada carmesí. Tratare de ser sintético y claro.

En nuestros ojos tenemos dos tipos de células encargadas de ver: conos y bastones. Los conos son los encargados de diferenciar los colores y son de tres tipos: los que detectan el color rojo, el azul y el verde. Pero para funcionar necesitan mucha luz. Los bastones, por el contrario, son los encargados de detectar la luminosidad y trabajan muy bien en la oscuridad. Por eso generalmente, a oscuras, vemos en blanco y negro. Pero hay casos en los que podemos detectar el color rojo.

Justamente el mismo color de la supuesta cascada. ¿Cuando es eso factible? Cuando sacamos fotos con un flash (tal y como lo hice esa noche). En esos casos, con las pupilas dilatadas, al recibir el fogonazo de luz, “iluminamos” el ojo por dentro, que al ser tan rápido no es capaz de cerrar la pupila a tiempo, y lo que vemos es la sangre del fondo del ojo.

Tal vez esa sea la causa. Pero puede haber otras complementarias.

Varios días después de la “erksperiencia” nocturna en la base del cerro, decidí escalarlo y llegar a la cumbre. Si el famoso periodista sensacionalista José De Zer había dicho la verdad en 1986 por Nuevediario, hasta podría tener la suerte de toparme con algún “marciano” vagando por la cima. Lamentablemente no lleve conmigo a ningún “Chango” que me siguiera con una filmadora. Tuve que contentarme con mi sencilla Canon PowerShot SX160 IS (que fue con las que capte todas las fotos que aparecen en esta crónica).

El ascenso fue agotador, aunque la bajada resulto mil veces peor; especialmente calzando zapatillas no adaptadas para esos menesteres y con suelas en extremo delgadas. Por años mantendré, en la planta de los pies, el recuerdo de cada maldita piedra del Uritorco. Pero el esfuerzo (más allá del logro personal, a mis 52 años y con dos décadas y media de cigarrillos encima) valió la pena.

Ver de más cerca las cosas suele ser revelador. Y fue lo que ocurrió.

En el quinto y último descanso antes de llegar a la cima, conocido turísticamente como El valle de los Espíritus (1570 msnm), observe con más detalle el punto exacto en donde, 13 noches antes, habíamos visto la “cascada roja”; y para mi sorpresa, el sector tenía justamente el aspecto de una cascada (lítica).

imageimageSector de la “cascada” lítica en el Cerro Uritorco

Que haya sido en ese sitio y no en otro, no era casualidad.

Por otra parte, algo que tampoco podíamos ver por la noche, pero que allí estaba, es el color rojo que tienen muchas de las formaciones rocosas que componen el cerro Uritorco y que, probablemente ayudo a crear la ilusión óptica de la cascada rubí.

imageimageimageRocas de color rojo que, posiblemente, ayudaron a conformar la ilusión óptica

En síntesis, creo que hay explicaciones racionales para explicar lo que vimos esa noche inolvidable.

En lo personal, considero que es siempre conveniente seguir el principio metodológico planteado por Guillermo de Occam: «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable«. Es decir, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

En mi estado evolutivo de conciencia sigo creyendo difícil de creer que los orbs son entidades inteligentes que nos vigilan, o que las luces que vimos con mi esposa en el Uritorco eran la prueba inequívoca de la existencia de la ciudad de Erks. Estoy convencido de que todo aquello fue la sumatoria de una serie de fenómenos naturales y psicológicos concatenados: sugestión, reflejos lunares, un marco de observación poco propicio y un ojo humano no evolucionado para ver en la oscuridad.

Nada fue tan contundente. Nada resulto claro, inequívoco. Todo “parecía” ser tal o cual cosa. Los marcianos no hicieron acto de presencia. Tampoco sus naves. Menos que menos la mítica ciudad subterránea.

En el fondo todo es cuestión de interpretación. Y en eso, jamás podre ponerme de acuerdo con aquellos que interpretan el mundo con una mirada imbuida por el pensamiento mágico, la mística y el esoterismo.

Cuando oigo ruido de cascos en el piso pienso en caballos, no en unicornios.

FJSR

BUENOS AIRES

FEBRERO 2016.


[1] Para ver de qué manera se expresaba (y que expresaba) Romaniuk, como representante número uno en el universo de los conspiranóicos, véase en Web https://www.youtube.com/watch?v=BaPP515JMCQ

[2] Para tener un vistazo general del mito véase Wikipedia Área 51. disponible en Web: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rea_51#El_.C3.81rea_51_en_la_cultura_popular

[3] Testimonio dado personalmente en enero de 2016.

[4] Testimonia dado en el programa radial Peregrinos. Disponible en Web: http://www.ivoox.com/entrevista-a-osvaldoallie-experiencias-erks-audios-mp3_rf_8357312_1.html

[5] Véase fase de la luna el 13 enero 2016: http://www.vercalendario.info/es/luna/argentina-13-enero-2016.html

[6] Lo que transcribo a continuación es la descripción que escribí inmediatamente después de los “sucesos”. Ya sabemos todos lo retorcida y fantasiosa que suele ser la memoria.

Un pensamiento en “Erksperiencias (2)”

  1. vivi dos años en villa Giardino, ibamos a las montañas a la noche, ibamos en verano a San Marcos ke mi madrastra hace feria, soliamos a la noche frenar en el Uritorco, nunca vi nada, en una montaña menos paranormal, subi por un camino largo que al final como a 800 m hay un hotel y la luz es fuerte, y con la niebla era un camino misterioso a la noche, la vez que fui solo venia como un duende o enano con cuernos haciendo sonar un cascabel, no sali corriendo (pero si me escondi al costado del camino) y era una cabra con un cascabel en el cuello, si me hubiese ido corriendo era un demonio que hace sonar un cascabel mitico del inframundo, pero como me quede a ver era una cabra, y asi son todos los casos supuestamente paranormales de la zona :/

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