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Un accidentado viaje con humanoides

PAMPA DE AGNIA (Cht.): UN ACCIDENTADO VIAJE CON HUMANOIDES[1]

ROBERTO BANCHS

Conduciendo dos camionetas pick-up F-100, Alfredo Gianonni y Jorge Castillo, debían realizar un trayecto de 634 kilómetros por la ruta nacional 25, uniendo Trelew con Esquel, localidades situadas en la provincia de Chubut (ver plano, 1).

Habían partido a las 19 horas del jueves 12 de octubre de 1978, desplazándose a una velocidad promedio de 80 Km/h, cuando al llegar al paraje Las Chapas, Castillo se adelanta a su compañero y se mantiene a cercana distancia. Alrededor de las 22 horas y unos 10 o 15 Km después de Las Plumas, en el Valle Los Altares, a éste le llama la atención ver a través del parabrisas una luz pequeña en el cielo que iba creciendo de magnitud, hacia la derecha y corriéndose distante a la izquierda.

Como la fuente de luz plateada crecía en intensidad, del mismo modo en que aumentaba la intranquilidad de Castillo frente al fenómeno, decide detenerse para consultar a Gianonni acerca de lo observado, quien no duda en decirle que se trata de un “plato volador”.

De inmediato Gianonni se anticipa presuroso en su pick-up y llega a la Estación de Servicio Los Altares, cerca de Paso de Indios, bastante antes que Castillo. Cuando este se encuentra allí con Gianonni, a las 0.15 horas (ya en la madrugada del viernes 13 de octubre), le reprocha haberlo dejado solo, a lo que su interlocutor sale al paso respondiéndole que había llegado hacía apenas 10 minutos. Castillo supone que no era verdad y decide consultarle a un empleado conocido de la estación, quien le manifiesta que había llegado en realidad hacía media hora.

La impactante presencia del ovni: Después de cargar nafta, fueron al restaurante de la hostelería del Automóvil Club, donde dicen haber cenado algo de pescado y bebido unas gaseosas, refrigerantes. Ya más calmados, comentan lo sucedido al encargado del lugar -como hemos podido confirmar- y reanudan el viaje aproximadamente a las 2:15 horas. Ahora en el camino iban parando, conversaban un rato para evitar dormirse e iban bastante próximos, a una distancia de 30 metros. Gianonni iba adelante hasta que en un momento se detiene y expresa que tiene un gran dolor en la cabeza y se va a quedar porque no daba más, a lo que Castillo responde que iría a seguir pues estaban prácticamente cerca. En esos momentos va a descender de la camioneta y juntos observan un objeto de unos 3 metros de diámetro, de intensa luminosidad blanca, fosforescente, que parecía emitir un ligero sonido semejante al de un teletipo (“bip-bip-bip”), suspendido a un metro del suelo y a unos 10 m de los azorados testigos. Al ver el portento, Jorge Castillo se introduce en la camioneta, mientras que Alfredo Gianonni -aunque somnoliento y con el dolor de cabeza- logra alejarse primero y rápidamente del lugar. Fue entonces cuando el ovni se elevó hasta dejarse de ver en contados segundos, en tanto que Castillo, imprimiéndole gran velocidad a su vehículo llega a superar a su compañero de ruta.

Los extraños ocupantes: En estas circunstancias Jorge Castillo, vivamente impactado, mira por el espejo retrovisor y observa “una cosa con muchas luces y dos cosas cuadradas en la parte de atrás de la camioneta”, donde transportaba cuatro tambores de tinta destinados al diario Esquel, de la ciudad homónima.

Tras recorrer unos 10 Km más y a eso de las 3 de la madrugada, cerca de Rampa de Agnia -localidad que sólo el mapa la revela-, Castillo vuelve a ver por el espejo y nota en el montacargas unas cuatro figuras “cuadradas” que estaban ‘como’ mirando los tambores. Mientras tanto, continuaba conduciendo muy alterado y atisbaba las figuras sin detenerse. Según una versión[2], al ser entregada la tinta a la imprenta, los operarios la encuentran mucho más fluida que las remesas anteriores de la misma fábrica y partida.

Habían hecho otros 15 Km, antes de subir una cuesta muy larga, cuando insiste en quedarse Gianonni -que venía muy cerca, pero sin advertir nada extraño-, pues se hallaba muy fatigado. Curiosamente, Castillo dice que no obstante seguía viendo a las figuras humanoides por el espejo y también a una nube gris ovalada que parecía acompañar su marcha a un costado. Empero, el testigo da la impresión de contradecirse cuando señala la ubicación de Gianonni respecto a él, y aquí conviene agregar que en ningún momento Gianonni ve o se da por enterado de la presencia de los presuntos ocupantes, pese a que en aquellos momentos hablaban a los gritos desde dentro de las camionetas, apareados en la ruta.

Cuando veía a esas figuras, Castillo iba a unos 70 Km/h (recordemos que los vehículos estaban en ablande) y al momento de encender la luz de la cabina para ver si aún continuaban los seres atrás, ya que la visión no podía ser nítida, notaba con sobrada sorpresa que no había nada, sólo los cuatro tambores de tinta. En cambio, apagaba la luz, y volvía a verlos.

Visión de las montañas: Alfredo Gianonni no podía seguir y decide detenerse a dormir un rato. Castillo, por su parte, optó por proseguir el viaje con gran temor. Al llegar a una subida muy empinada, advierte que “las montañas de los costados del camino se juntan como si fueran de goma -sostiene Castillo-; se unen, me cierran el camino; quizá yo estaba mal y tomándome de la cabeza me detengo y pienso: pasaré, no pasaré; me llevarán, no me llevarán…” Sin embargo, instantes después apaga las luces y las montañas vuelven a su lugar, cuando -de pronto- ve fugazmente como dos humanoides van aproximándosele, caminando por la desolada ruta patagónica. Tenían un metro y medio de estatura y un aspecto de astronautas con uniformes blancos. Al verlos, enciende nuevamente la luz y se disipa la inquietante visión, que calcula haber durado apenas un segundo (ver imagen 3).

Ante tales imprevistos, intenta en vano ir a buscar a Gianonni, pues se encontraba extenuado y con fuertes dolores de cabeza y del brazo -seguramente por la fuerte tensión nerviosa y muscular- quedando la pick-up atravesada en el camino, con todas las luces encendidas. Se arroja en el asiento cubriéndose con unas alfombras que llevaba de muestra y deja transcurrir un tiempo inestimable, hasta que aparece Gianonni sorpresivamente y le insta a seguir juntos. Desplazándose a una velocidad de 80 Km/h, Castillo va a unos 10 o 20 m atrás observando siempre por el espejo al misterioso objeto de aspecto nuboso.

¿Un vuelco inusitado?: Faltaban menos de 60 Km para arribar a Esquel, cuando en las proximidades de Río Tecka, la camioneta conducida por Gianonni “se deslizó en la banquina y levantó en el aire, cayendo en un zanjón muy profundo”, según la descripción de Castillo, quien no duda en atribuirlo al raro fenómeno que estaba observando, añadiendo que el vehículo “se levantó de adelante, sin voltear ningún ‘guarda-raid’ de cemento, pasando por encima de ellos como levantada; además no tiene nada roto, nada -agregó-; sólo el techo abollado, como si la hubieran levantado y dado vuelta”. Gianonni quedó contra el volante y, aunque algo golpeado y con una pierna aprisionada, exclamó que estaba bien. Bajó entonces Castillo para auxiliarlo y, dejando la luz interior encendida y el motor en marcha, lo introdujo en su camioneta y en ella arribaron, finalmente, pasadas las 6 de la mañana a Esquel (ver foto 7).

UN ANÁLISIS DEL CASO

Al realizar nuestra investigación, aproximadamente un año después de ocurrido el episodio, debimos recorrer los 634 kilómetros que Alfredo Gianonni y Jorge Castillo efectuaron aquellas jornadas del 12 y 13 de octubre de 1978, cubriendo en automóvil las localidades de Trelew, Las Plumas, Paso de Indios, Pampa de Agnia, Río Tecka y Esquel. A excepción de las zonas aledañas a las poblaciones que fueron origen y destino del accidentado viaje, la vasta región patagónica transitada por los testigos tiene una característica desértica y desolada, paso obligado entre aquellas dos localidades sureñas y nexo entre la costa atlántica y la cordillera andina.

Examinando someramente el informe, es fácil notar que los presuntos hechos anómalos descriptos por los testigos son los siguientes:

a) Avistamiento de un fenómeno aéreo inusual.

b) Observación de humanoides que desaparecen fugazmente ante Castillo.

c) Visión de montañas que le cierran el camino.

d) Vuelco inusitado y sin daños de la pick-up de Gianonni.

e) Versión sobre un cambio sugerente en la densidad de la tinta transportada.

Para intentar responder adecuadamente a los interrogantes suscitados, procedimos a reunir valiosos testimonios y antecedentes que permitieran hacer una reconstrucción fidedigna de lo acontecido durante esa madrugada y formular algunas reflexiones.

Los fenómenos aéreos: Aparentemente, el ovni presenta tres fases discernibles que corresponden a distintas situaciones del trayecto: comienza como un elemento puntual de creciente magnitud luminosa; le sigue una aeroforma de arco de circunferencia; y concluye como una pequeña nube ovalada que da la impresión de seguirlos. En rigor, no se ha establecido si se trató de un mismo fenómeno, siendo especialmente muy dudosa la identificación de la última fase como fenómeno inusual, por su notoria semejanza con una formación nubosa de origen natural y por las circunstancias emocionales en que fue observado dicho elemento aéreo. En cambio, la segunda imagen del objeto, más cercana y definida, sugiere otro intento de explicación. Al respecto, la Luna se hallaba en su 11ª fase creciente, con el 89.32% de la fracción iluminada a las 3 horas, al sur (hacia donde presumimos fue avistado el supuesto ovni), en azimut 190° 86’, y con una declinación de -5° 1 min 4 seg, esto es, elevándose apenas sobre el horizonte (fuente: C. Demaría); lo cual coincidiría con la ubicación del “objeto de intensa luminosidad blanca” (demás no está decir que la Luna, cercana al horizonte, aparece de gran tamaño debido a que la atmósfera actúa como una gigantesca lente).

La distante fuente luminosa inicial no permite, por el momento, una interpretación adecuada. Con todo, esta fase es la que produce una real motivación en los testigos, que surge como duda acerca de la naturaleza de lo que estaban viendo (“Gianonni, ¿qué es lo que ves ahí arriba?, ‘Es un plato volador’, me dice” –J. Castillo). La segunda y elocuente fase provoca en ellos un fuerte impacto (shock) que se manifiesta como sensación de terror, en forma inhibitoria en uno, y de pronta huída en el otro (“Le pregunto a Gianonni ¿qué hacemos?; él -sin mediar palabra alguna- salió primero a gran velocidad” –J. Castillo). La tercera imagen vista, sólo por Castillo, resulta muy ambigua (“Mirando a un costado, siempre me acompañaba una forma ovaladita, una nube…” –J. Castillo). Es fundamental señalar que esta fase de la observación -y otras referidas más adelante- ocurren luego de una situación realmente traumática y como subproducto del avistamiento de un fenómeno para ellos perturbador.

Seres en la oscuridad: Es posible convenir que lo indicado habría inducido una fantasmagoría, es decir, la representación de figuras por medio de una ilusión óptica, o deformación de la realidad, creyendo percibir en la oscuridad y siempre a través del espejo retrovisor, a cuatro humanoides en el montacargas de su camioneta, donde hay -precisamente- cuatro tambores de tinta, denotando una ambigüedad semejante.

Cuando el joven testigo de 31 años encendía la luz “para ver si estaban estas cosas atrás, no veía nada”. Es indudable que ‘el temor a la oscuridad’ desempeña también un papel preponderante, dejando irrumpir sus fantasías inconscientes. No es casual que, pese a la falta de luz ambiental, una constante sensación persecutoria u espiatoria lo que más veía eran los ojos de los supuestos seres, como si me estuvieran mirando”. Castillo parece sincero en sus declaraciones, pero incurre inclusive en contradicciones cuando recuerda la ubicación de su compañero, quien no llega jamás a observar a los presuntos humanoides, ni siquiera cuando supuestamente seguían en el montacargas y Gianonni se detiene a un costado del vehículo conducido por Castillo. Reforzando aún más nuestra tesis, cabe agregar que tampoco alcanza a presenciar ninguno de los fenómenos extraordinarios que Castillo afirma haberse producido después de la abrupta e impactante aproximación del ovni. Significativo, pues. Igualmente sospechosa resulta la visión de las figuras “caminando por la ruta”, teniendo en cuenta lo expuesto y la breve duración de la misma, de apenas un segundo.

Los grandes obstáculos: Otro de los hechos que pueden causar asombro ocurre luego de transitar Castillo por una parte tortuosa del camino (recta, zig-zag y pendiente pronunciada), cuando nota aterrorizado como “las dos partes de la montaña de los costados se juntan como si fueran de goma; se unen; me cierran el camino…” La sensación de las montañas que le cierran el paso, nos remite invariablemente al temor hacia los grandes obstáculos, que le impiden seguir e impulsan a reencontrarse con su compañero. Esta experiencia visionaria es interesante, pues, parece obvio agregar que -seguramente- las montañas no se movieron de allí. No obstante, se puede pensar con cierta dote imaginativa que esta ilusión visual pudo haber sido inducida a Castillo por los ocupantes. En cuyo caso cabría suponerse también que las mismas cuatro figuras son ilusiones suscitadas por… cuatro tambores de tinta.

“Un vuelco común”: Brindándonos una amplia colaboración, dialogamos con Salim Bestene, gerente de la concesionaria de automotores Ford en Esquel, quien nos informó que ambas camionetas eran traídas a su agencia desde Buenos Aires, siendo Gianonni y Castillo los responsables de conducirlas desde Trelew hasta su destino. Estos datos surgidos de la indagatoria resultan de singular importancia, pues aún quedaban por develar algunos aspectos aparentemente extraños del episodio, como ser el vuelco inusitado narrado por Castillo y la presunta inmunidad de la camioneta tras el accidente. Disipando cualquier duda al respecto, contradice lo manifestado por Castillo indicando que la misma presentaba numerosos daños: el techo de la cabina, en todo el lateral izquierdo y en la parte delantera del rodado. Como la pick-up fue prontamente reparada y para confirmar su declaración, nos entregó las únicas copias fotográficas que disponía de las consecuencias del accidente, las cuales muestran al vehículo desde varios ángulos con fuertes abolladuras en los lugares indicados (ver fotos 4, 5 y 6). Acotemos que las pericias efectuadas por la compañía de seguros señalan que se trató de un “vuelco común”. Aunque Bestene afirma creer en la existencia de los ovnis y en la probabilidad de que Gianonni y Castillo hayan sido realmente testigos de uno de estos fenómenos, opina que se trató de “un accidente ordinario debido a un desplazamiento lateral de la camioneta por la banquina, al quedarse su conductor dormido al volante”. A la clarísima explicación, cabe recordar la continua fatiga y somnolencia que tenía durante el largo trayecto.

Asimismo, Bestene confirma los rumores de que Gianonni no conducía desde bastante tiempo atrás y de que esto pudo haber contribuido para que se produjera el accidente. Sin embargo, en una de las entrevistas que mantuvimos con Gianonni, afirma -por el contrario- haber estado conduciendo durante los tres años en que estuvo residiendo en Esquel, habiéndose mudado poco tiempo después a Buenos Aires para desempeñarse como encargado de aprovisionamiento para el personal de una compañía aérea. Alfredo Gianonni intentó posponer en varias ocasiones una entrevista, pero algo renuente a hablar en profundidad del asunto, reconoció que la camioneta había sido seriamente dañada, remarcando la vívida impresión causada por el tumbo y remitiéndose permanentemente a la descripción de Castillo para explicar las características del vuelco (“Según Castillo, mi vehículo voló literalmente en el aire a 2 m del pavimento”). No obstante, para él lo más inexplicable del suceso es cómo resultó ileso del accidente, el cual se produjo de improviso y sin darse cuenta cómo ocurrió.

Finalmente, sobre la versión que la tinta transportada en tanques de veinte litros se halló en días posteriores más fluida que la habitual -lo que añadiría un nuevo ingrediente extraño al episodio-, consultamos a Oreste Massacese, secretario de redacción del diario Esquel, y a varios operarios, asegurando que “no se advirtió ningún cambio” en la tinta respecto a otras partidas recibidas.

CONSIDERACIONES FINALES

En suma, la fatiga propia del viaje, la acentuada somnolencia y cefalalgia, la fuerte y constante tensión nerviosa a la que se sometieron -en particular, Castillo-, y la percepción de variados estímulos externos, ha dado lugar en una personalidad aparentemente vulnerable a esta clase de sucesos, un conjunto de visiones extraordinarias, que no han sido esta vez la manifestación directa de un fenómeno anómalo, y sí –quizá- de lo que alguien llamó ese “gran temor por lo desconocido”. Y Jorge Castillo lo sabe. Al menos, con la serenidad del tiempo ha dejado entrever una duda y reflexionando: “Tal vez lo mío fueron sólo visiones…”

REFERENCIAS

Zerpa Fabio, Los hombres de negro y los ovnis, Plaza & Janes, E. de Llobregat, Barcelona, España, 1979, paginas 113/123.


[1] Este artículo fue publicado originalmente en Los Identificados. Casuística ovni con ocupantes en Argentina, N° III, Buenos Aires, julio de 1993, páginas 17-22. Agradecemos al doctor Banchs su autorización para publicarlo en Marcianitos verdes.

[2] Cuarta Dimensión, Buenos Aires, No. 66 (agosto 1979), Págs. 36/42.

El caso Simpson-Warminster

EL CASO SIMPSON-WARMINSTER[1]

“Aquél día el cielo estaba muy nublado. Había llovido ligeramente a primera hora de la tarde.

“Hacia las 11:02 de la noche vimos un objeto hacia el Este. Se hallaba a unos 20 grados sobre el horizonte. Había aparecido de pronto. Como si hubiera llegado a través de las nubes. Tenía forma claramente ovoide, con una luz muy brillante. Los colores eran púrpura en la estructura y blanco en la periferia. Dos miembros del grupo, que lo observaban con prismáticos, aseguraron que podía verse una luz roja en el centro. Otros testigos –que gozaban de buena vista- ratificaron esta precisión.

“Según la señorita Molly, que también estaba presente, el ovni se encontraba en la dirección de Starr-Middle-Hill.

“El objeto permaneció inmóvil durante 30 segundos aproximadamente. Fue entonces cuando el señor Foxwell tomó su primera fotografía. Llevaba una cámara Kodak Retínete 1B, montada sobre un trípode. Utilizaba película Ilford HP-4, que expuso con una abertura de 2.8 y 0.1 segundos de velocidad.

“Inmediatamente el ovni se desplazó hacia la derecha, hacia la ciudad. Perdió altitud. Mientras se movía muy lentamente disminuyó su brillo. Todos pensamos que aquel oscurecimiento podía deberse a la interposición de alguna nube.

“El objeto continuó trasladándose durante otros 20 ó 30 segundos, para detenerse nuevamente. Su luz aumento mucho. En aquel instante sonó la alarma de uno de los detectores. Uno de los testigos corrió a desconectarlo. Al cabo de otros 10 ó 20 segundos, la luz se oscureció y desapareció. No se porqué pero todos estábamos seguros de que el ovni seguía allí, detrás e las nubes. A los pocos minutos la lluvia se volvió muy fuerte e intensa. Así prosiguió durante más de media hora.

“Nuestro avistamiento había durado entre un minuto y minuto y medio”.

Así apareció el relato del “ufólogo” John C. Ben en el número de julio-agosto de 1970 de la Flying Saucer Review. El artículo, además de las fotografías, daba una gran cantidad de datos (nombres, fechas, datos técnicos de la fotografía, lugares, etc.). Parecía un caso sólido.

Según los testigos, más de 30 personas reunidas en Cradle Hill, Warminster en el Reino Unido, el objeto parecía “una estrella”. Era la noche del 28 de marzo de 1970.

El 29, varios de los ufólogos se dirigieron a Starr Hill e inspeccionaron la zona. Encontraron huellas, quemaduras y trazas de un aterrizaje.

La película fue analizada dos días después, el 31 de marzo, en el Instituto Wellcome de Historia de la Medicina. Luego de ser revelada por Trevor Stannar y John Azell (utilizando Microdol X por espacio de 14 minutos a 20ºC) se pudo observar un curioso ovni en forma de saturno. La foto fue enviada a los ufólogos de la FSR, Gordon Creigthon, Gibbs Smith, Ladey Winder el 7 de abril de ese año.

Curiosamente otro de los testigos del avistamiento, el señor Stephen Hall, había tomado cuatro fotos en la dirección en que se decía se veían los objetos aquella noche del 28 de marzo, y sin embargo no salió nada. Usó una cámara Kodak Instamatic con película Kodacolor X. El detalle resulta muy significativo por lo que se verá a continuación.

El caso no quedaría aquí. Tiempo después Charles Bowen, editor de la FSR, envió la película original a Pierre Guérin, director de investigación del Instituto Astrofísico del Centro Nacional Francés de Investigación Científica.

Los resultados del análisis de Guérin fueron los siguientes:

“Para empezar limpié la cinta con agua destilada. Resulta, efectivamente, que las marcas que se ven en la ampliación fotográfica y que el señor Percy Hennell sugirió podían haber sido una abrasión, agravada quizá por un intento de retocado o raspadura, no son en absoluto debidas a tal abrasión de la superficie posterior de la película (1). Son debidas simplemente a un depósito en forma de halo, resultante del producto suavizante añadido al agua del aclarado final de la película, antes de que ésta fuese puesta a secar. Este depósito se disuelve muy fácilmente en agua destilada.

“Después de limpiar totalmente la película la examiné con una lente muy potente e hice copias de contacto directo sobre película de proyector Kodelic Kodak (copias positivas para proyección) y Kodatone (copias negativas que reproducen el negativo de la cinta o película original). Además, hice nuevas ampliaciones de la cinta sobre papel suave. Estas copias y ampliaciones no han necesitado ningún retoque.

“En mi opinión no hay duda de que el objeto fotografiado no es de ninguna forma posible el resultado de un trucaje. La pregunta que se plantea es por qué la apariencia de éste objeto en las fotos es tan distinta de la apariencia a la vista, según las descripciones dadas por los testigos.

“En relación con esto debe tenerse en cuenta que el ojo humano no es sensible a las radiaciones ultravioletas y de longitud de onda menor de 0.35 micras, a las que sí lo son todas las películas fotográficas, sean pancromáticas o no. Por otra parte, la sensibilidad de las películas pancromáticas de uso comercial (como la emulsión Ilford HP-4) baja rápidamente en el área roja de longitudes de onda de más de 0.36 micras, mientras que el ojo permanece sensible a ellas hasta unas 0.70 micras e incluso un poco más.

“En consecuencia, la interpretación de esta divergencia entre lo que la película fotográfica “vio” y lo que los testigos vieron puede ser muy sencilla: el objeto fotografiado estaba emitiendo luz ultravioleta, que el ojo humano no capta. Alrededor del objeto, sin embargo, era visible a ojo desnudo un halo rojo-rubí, probablemente de color monocromático y, sin duda, debido a un fenómeno de ionización del aire. Este “halo” no fue impresionado en la película. El anillo cuya forma es elíptica, se ve muy bien en la primera imagen fotográfica. Pero es tan débil que se desvanece en las copias de papel, en las que el cielo domina con su negrura total. Sólo la sensibilidad de la película (es decir, su sensibilidad al infrarrojo) ha permitido el registro de éste “halo”, pero con un grado de intensidad incomparablemente más débil que la intensidad permitida por el campo de sensibilidad del ojo”.

La explicación de Guérin confunde porque en primer lugar menciona que las películas pancromáticas son sensibles al ultravioleta, pero que su sensibilidad “baja rápidamente en el área roja”. Luego dice que el “halo” rojo-rubí fue captado debido “sólo a la sensibilidad al infrarrojo de la película”.

Posteriormente el investigador francés se mete a discutir unas “ideas” de John Keel sobre las “visiones suaves” de los ovnis y otras lindezas pseudocientíficas, como los viajes interdimensionales.

Luego resultaría que la abrasión sí era debida efectivamente a una manipulación del negativo, cosa que no pudo detectar Guérin.

El caso, sin embargo, era impresionante. Más de 30 testigos habían visto y fotografiado un ovni durante un flan intenso. Se habían encontrado huellas del supuesto aterrizaje y las fotos fueron reveladas no por el fotógrafo sino por un laboratorio independiente, y los negativos pasaron varias pruebas independientes, incluyendo la de Pierre Guérin, por entonces el máximo exponente de la “ufología científica” de Francia. Un caso casi perfecto.

Casi perfecto porque 10 años después el físico británico David I. Simpson (miembro de la Society for the Investigation of UFO Phenomena, SIUFOP) publicaría en el Skeptical Inquirer (primavera de 1980) los resultados de sus “experimentos controlados de ovnis”, diseñados para comparar los detalles conocidos de un estimulo “ovni” fabricado y las declaraciones de los ufólogos. Además se quería probar las habilidades de los ufólogos, dejando indicios que les pudieran llevar a la solución: los fraudes fueron diseñados para presentar inconsistencias sustanciales que para cualquier investigador moderadamente crítico e inteligente le ayudarían a sospechar de la autenticidad del caso.

La tarde del 28 de marzo de 1970 un grupo de ufólogos británicos fueron a investigar los reportes de ovnis en Warminster. Simpson colocó una lámpara que emitía una luz púrpura en Starr-Middle-Hill. Uno de sus cómplices encendió el “detector magnético de ovnis” y otro tomó varias fotografías, con una cámara que tenía una película pre-expuesta con imágenes ovni. Simpson hizo encender un aparato proyector dirigiéndolo hacia Warminster, apagándolo por cinco segundos y encendiéndolo nuevamente durante la misma cantidad de tiempo. Esta operación la llevó a cabo durante unos 25 minutos, tiempo suficiente para que los habitantes de la ciudad y los ufólogos presentes se dieran cuenta del falso fenómeno.

Se tomaron 4 fotos, dos con el ovni sobreimpreso previamente y dos más genuinas mostrando la imagen de las luces de la ciudad. Sin embargo, las luces en estas dos últimas tomas estaban en una posición diferente de las primeras, lo que demostraba que la cámara había sido colocada en una posición diferente. Además, algunas de las luces de la ciudad estaban apagadas en las fotos de la ciudad y encendidas en aquellas en donde aparece el ovni, lo que indicaba que habían sido tomadas en fechas diferentes.

El carrete se entregó a John C. Ben. Simpson preparó las fotos de la siguiente manera: dos de ellas (tomadas un año antes) mostraban al ovni en una escena significativamente diferente de las dos siguientes (sin ovni). Esto debería ser un dato a tomar en cuenta para cualquier investigador juicioso (pero no para un ufólogo). Nadie lo notó y tampoco nadie se preocupó en entrevistar al fotógrafo.

Todos los ufólogos que investigaron el caso (desde los de la FSR hasta el doctor Guérin) declararon auténticas las fotos. Simpson dijo que fabricó tal fraude valiéndose de los correspondientes aparatos e instrumentos de proyección. Su intensión al producir el falso avistamiento de platos voladores era demostrar que las personas muchas veces caen en la sugestión colectiva y sienten como algo real lo que otros han provocado artificialmente. Para Simpson existe mucha gente que “puede llegar a olvidar que la mente humana tiende a ver aquello en lo que desea creer. El fenómeno de los ovnis es como una creencia religiosa que evita todo argumento lógico que vaya en contra de tales creencias”.

Simpson critica a los científicos y técnicos que “llegan a involucrarse en las cuestiones ovni y en ocasiones abandonan y dejan de lado sus disciplinas mentales y sentido común”.

Con el experimento en cuestión Simpson demostró lo fácil que resulta engatusar a miles de personas con un truco bien planeado y mejor logrado.

Notas:

(1) Charles Bowen: Quien primero examinó la película fue el señor Hennel en presencia de Gordon Creighton y mía y sugirió que la marca de la foto 2 se debía posiblemente a la abrasión.

REFERENCIAS

Bowen Charles, Progress at Cradle Hill, Flying Saucer Review, 17, 2, March/April 1971, 11 4.

Simpson I. David, Conclusions From Controlled UFO Hoaxes, Institute of Cultural Research, ICR Monograph Series No. 46, London, 2005.

Simpson I. David, Controlled UFO Hoax: Some Lessons Learned, Skeptical Inquirer, Spring 1980 32-39.

Simpson I. David, Experimental UFO Hoaxing, MUFOB New Series 2, March 1976.


[1] Este artículo apareció originalmente como: Ruiz Noguez Luis, El caso Simpson-Warminster, Perspectivas Ufológicas, Año 2, No. 4, México, enero de 1995, Págs. 70-72.

Grandes Perseidas

Grandes Perseidas

¿Tiene un calendario? Señale esta fecha: domingo 12 de agosto. Al lado del círculo escriba “toda la noche” y “¡meteoritos!” Pégalo a tu refrigerador para que no te pierdas la lluvia de las Perseidas del 2007.

“Va a ser un gran show”, dice Bill Cooke de la Meteoroid Environment Office de la NASA en el Marshall Space Flight Center. “La luna es nueva el 12 de agosto –lo cuál significa que no hay luz de luna, cielos oscuros y un montón de meteoritos”. ¿Cuántos? Cooke estima uno o dos Perseidas por minuto en el pico de la lluvia.

La fuente de la lluvia es el cometa Swift-Tuttle. Aunque el cometa no está cerca de la tierra, la cola del cometa interseca su órbita. Nos deslizamos a través de ella cada año en agosto. Los minúsculos pedacitos de polvo del cometa golpean la atmósfera de la tierra viajando a 132,000 mph. A esa velocidad, incluso una mota de polvo hace una raya viva de luz -un meteorito- cuando se desintegra. Ya que los meteoritos Swift-Tuttle vuelan de la constelación de Perseo, se llaman “Perseidas”.

Nota: En lo que sigue, todos los tiempos son locales. Por ejemplo, 9:00 P.M. significa 9:00 P.M. en tu zona de tiempo, en donde vives.

El show comienza entre 9:00 y 10:00 P.M. el domingo 12 de agosto, cuando Perseo se eleva en el noreste. Ésta es la época de buscar Perseidas Earthgrazers -meteoritos que se acercan del horizonte y vuelan por la atmósfera como una piedra que salta la superficie de una charca.

“Los Earthgrazers son largos, lentos y coloridos; están entre los meteoritos más hermoso”, dice Cooke. Él advierte que una hora de observación pueda producir solamente algunos de éstos -“a lo más”- pero aunque se vea sólo uno bien vale la pena una larga noche.

Mientras avanza la noche, Perseo sube más arriba y la taza de meteoritos aumenta. “A las 2 de la mañana del lunes, 13 de agosto, docenas de Perseidas pueden revolotear a través del cielo cada hora”. El crescendo viene antes del amanecer cuando las tazas pueden exceder un meteorito por minuto.

Para el máximo efecto, Cooke aconseja, “salir de las luces de la ciudad”. Las Perseidas más brillantes se pueden ver en las ciudades, pero la mayor ráfaga de meteoritos débiles y delicados es visible solamente en el campo. Scouts, éste es un buen tiempo de ir a acampar.

Arriba: El cielo del este, visto durante las horas antes de la salida del sol del lunes, 13 Ago de 2007.

Y hay un bono adicional: Marte. En la constelación de Tauro, apenas debajo de Perseo, Marte brilla como una estrella roja brillante. Muchas Perseidas que ves revolotearán los días 12 y 13 de agosto a la derecha más allá de él. En vez de seguir los meteoritos, podrías mirar durante un rato a Marte. Hay algo embrujador en él, quizá el color rojo o quizás el hecho de que no centellea como una estrella verdadera.

La tierra y Marte convergen para un encuentro cercano en diciembre de 2007. La NASA está tomando ventaja lanzando una nueva misión a Marte -la Phoenix Lander. Phoenix aterrizará en un llano ártico donde puede cavar en la tierra e investigar capas de suelo y de hielo, buscando, entre otras cosas, una zona habitable para los microbios primitivos. La ventana de lanzamiento se abre el 3 de agosto, así que para el momento en que lleguen las Perseidas, Phoenix podría partir hacia el planeta rojo. Aterrizará al final de la primavera de 2008.

Es algo para pensar alrededor de las cuatro de la mañana, con Marte levantándose en el este, meteoritos que revolotean a través del cielo, y una brisa de verano que mueve las piernas de tus pijamas.

Quizás deberías ir a señalar tu calendario otra vez.

http://science.nasa.gov/headlines/y2007/11jul_greatperseids.htm

Simpsonizame

Los Simpson

Burguer King, uno de los patrocinadores de Los Simpson: La película, ha abierto una página www.SimpsonizeMe.com, que presenta una herramienta para modificar digitalmente fotografías de buena resolución (640 X 480 pixeles).

Cualquier fotografía en color, con gran contraste puede convertirse en una caricatura al estilo “Simpson”.

La herramienta cuenta con varias opciones para modificar personaje, edad, vestuario, cabello y barba, e incluso lentes y tatuajes.

Cualquiera puede simpsonizar su fotografía: es un proceso muy sencillo que dura unos pocos segundos. Aquí presentamos algunos resultados con las fotos de los ufólogos Stanton Friedman y Jaime Maussan. El resultado es sensacional: hasta parecen caricaturas confiables.

¿Ovni? No. La Estación Espacial internacional

¿Era eso una estrella móvil?

No realmente; era la Estación Espacial Internacional que pasaba sobre la isla y estará de regreso mañana

Staten Island, N.Y. – Buscadores de estrellas podrían echar un vistazo a la Estación Espacial Internacional que ayer por la noche pasó sobre Staten Island.

La estación hizo un viaje de seis minutos a través de la atmósfera de la isla, empezando a las 9:21 P.M., según Steven Beyer, un residente de Randall Manor y socio del planetario de Hayden.

La estación estaba en su máximo brillo y visibilidad a las 9:24 P.M., antes de desaparecer de la vista a las 9:27 P.M., dijo Beyer. Él agregó que la estación estaba directamente sobre Georgia a las 9:21 P.M., y sobre New York City a las 9:24 P.M. Estaba directamente sobre Nueva Escocia durante su descenso a las 9:27 P.M.

“Es tan brillante como un planeta, tan brillante como Júpiter”, dijo Beyer.

Si te lo perdiste, tendrás otra oportunidad mañana cuando vuelva la estación espacial. Los impacientes observadores del cielo de la isla sólo necesitan mirar hasta verla, dijo Beyer, que agregó que el mejor lugar para observarla es en un área abierta o un campo.

La sincronización es crítica, dijo. Los interesados necesitan estar afuera exactamente a las 8:32 P.M. cuando la estación entra por el sudoeste. A las 8:35 P.M., la estación estará directamente arriba – exactamente a 220 millas arriba – antes de descender en la sombra de la tierra al noroeste a las 8:38 P.M.

Beyer dijo que el mejor tiempo para ver la estación será a las 8:35, cuando está en su brillo máximo.

“Será excepcionalmente brillante cuando esté directamente arriba”, dijo, agregando que no parecerá como otros objetos típicos del cielo tales como satélites o aún aviones, aunque agregó, los que no saben nada podrían pensar que están viendo un ovni.

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