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Dimensiones en el planeta Cobaya

DIMENSIONES EN EL PLANETA COBAYA

Ramón Navia-Osorio

La Regla de Oro, Madrid (España), 2015. 526 páginas

PlanetaUna larga, diríase casi interminable, colección de anécdotas puestas en papel sin mucha coherencia con el fin de probar que alguien nos manipula con oscuros fines. Desde 20,90 euros en Amazon.

Podríamos decir, para no darnos más vueltas en el asunto, que pocas veces un libro tan extenso dijo tan poco que valiera la pena y, en cambio, explotara tantos lugares comunes pseudocientíficos para probar una o varias premisas absolutamente erráticas, difusas. La colección de anécdotas, de historias intrascendentes, que pone a disposición del lector el autor de “Dimensiones en el planeta cobaya” es de esas sumas de elementos que pasan sin pena ni gloria. Para Ramón Navia-Osorio, que así se llama el autor, esto solo ocurre porque la humanidad es inmadura, los científicos son ciegos y trabajan al servicio de una gran conspiración, y además son ignorantes y cerrados de mente, y la gente vive preocupada de cosas banales en vez de mirar la realidad. ¿Y cuál es esa realidad? Que estamos rodeados de monstruos, de misterios que “alguien” nos “oculta”, de dimensiones que se cruzan, de mundos paralelos, de perros negros misteriosos (sí, leyó bien) y otros presuntos enigmas.

Huelga decir que estamos ante un libro que no explica UN SOLO CASO de los muchos que expone y donde el relato más rocambolesco, por absurdo, insensato y vago que sea, es tomado como una prueba más de lo que pretende demostrar Navia-Osorio, esos temas malditos ante los cuales los científicos, esos esbirros del mal, cierran los ojos porque se trata de asuntos que los superan. Pero a Navia-Osorio nada lo supera: él es capaz de ver allí donde gobierna la oscuridad y desentraña historias olvidadas para darles visibilidad y poner ante los ojos de los lectores, simples mortales carentes de sueños y esperanzas, que hay algo allá afuera, que lo esencial es invisible a los ojos, que hay otros mundos (pero están en éste), que somos propiedad y todas esas cosas.

Estamos ante un libro gordo, por momentos difícil de leer (no por lo complejo, sino por lo delirante y porque pesa como un kilo) y donde lo que vale es cuántos kilómetros sumamos a nuestras espaldas en búsqueda de “la Verdad”, esa que se escribe con mayúscula, por respeto. Acá se gastan mucho las suelas de los zapatos y se ejercita poco la sesera, podríamos resumir sin mucha elegancia. Si nos quedamos en lo meramente estético, diremos que la cantidad de errores de ortografía que detectamos (si marcamos 100, son pocos) afea enormemente una presentación que, por lo demás, es bastante decente. Con numerosas fotografías (entre ellas, varios reflejos de luces que son “un misterio” para el autor y otras imágenes donde no se ve nada), el libro efectivamente cuenta con mucho despliegue no solo por España, sino también por Chile, Andorra, Centroamérica y el norte de África.

Pero no se puede pretender demostrar nada a punta de viajes y pasaportes timbrados. Que una señora diga en Chile que vio un perro negro y un caballero cuente algo parecido en Puerto Rico no convierte esas visiones de perros negros (¿habrá algo más insólito, inesperado, extraño, fuera de lo normal, rompedor de esquemas científicos, que un perro negro?) en algo misterioso. Al menos eso pensaría cualquier persona. Para Navia-Osorio tanto perro negro suelto demuestra que estamos ante un fenómeno interdimensional. Y así se suman casos de gárgolas, aves gigantes, dinosaurios, naves extraterrestres estrelladas, trenes fantasmas, niñas desaparecidas, lluvias anómalas, el chupacabras, visitantes de dormitorio, teletransportaciones, autoestopistas fantasmas, etcétera. Sí, porque a Navia-Osorio todo le sirve, desde casos criminales, pasando por relatos explicados hace rato y también leyendas urbanas conocidas hace décadas pero que para él son, en realidad, historias reales de fantasmas.

El mismo esfuerzo que el autor pone a la hora de nombrar estos fenómenos podría dedicarlo a entender que los testimonios son falibles y, especialmente, a aceptar las explicaciones cuando son irrefutables. Hablamos de nombrar estos fenómenos porque Navia-Osorio gusta de crear conceptos. Por ejemplo, habla de “fovni” para referirse a los ovnis. Es, al parecer, una contracción de “fenómeno” y “ovni”. No entendemos bien con qué fin pretende integrar esa palabreja al léxico ufológico. No ha tenido éxito ni lo tendrá, como tampoco lo tendrá con abreviaciones como IEA (Intruso Esporádico Agresivo, una forma “aséptica” de decir “chupacabras”), SAA (Ser Antropomórfico de Atacama, ese humano con deformidades que encontraron en el norte de Chile y que se convirtió en una obsesión para Navia-Osorio), PATM (Puertas Dimensionales Atmosféricas), etcétera. Es llamativa esta obsesión por darle un toque de pureza, científico, a meras patrañas. Es llamativa porque el autor, al mismo tiempo, odia a la ciencia.

Quizás acá ocurre algo similar a lo que sucedió con Charles Fort, y esto evidentemente no es un halago. Fort odiaba a la ciencia básicamente porque era una forma de conocimiento que lo superaba. Despreciaba a los científicos porque eran capaces de cosas que él no comprendía. A Navia-Osorio le pasa lo mismo: no puede entender que los científicos miren con desdén al chupacabras. No lo entiende porque vive en un mundo de fantasía, como queda claro al leer su libro. Un mundo de fantasía donde incluso se llega al nivel del insulto, como lo muestra su anterior libro, “La verdad oculta”, donde explica la desaparición de unas jóvenes en el norte de Chile atribuyendo el caso al chupacabras (perdón, IEA) que “siente una predilección por las hembras” (página 101 de dicho libro). Esas jóvenes, en el mundo real, habían sido asesinadas por un psicópata (Julio Pérez Silva, el psicópata de Alto Hospicio). Pero esas explicaciones son tonteras. ¿Cómo atribuir unas desapariciones a un asesino si ahí mismo “está” el chupacabras? Bueno, ese es el mundo de Navia-Osorio. Disculpas a las víctimas es lo menos que uno espera en casos tan vergonzosos como éste.

Pero no nos desviemos del libro que nos convoca. Acá encontraremos toda clase de aventuras, eso es innegable. Como la vez en que el autor no hizo caso a los médicos y viajó a las alturas de la cordillera chilena aun a riesgo de morir infartado. Todo sea por la Verdad. O cuando se “infiltró” en una secta, poniendo otra vez en riesgo su vida. O la vez que, junto a un amigo, vieron a un hombre que caminaba por la playa a altas horas de la madrugada. O cuando se topó con un camión recolector de basura que escondía una importante clave para comprender un mensaje de los seres que controlan el universo. O cuando descubrió que la “industria fotográfica” hizo oscuras manipulaciones para que los “orbs” dejaran de aparecer en las fotos. Sin olvidar cuando dormía sobre una esterilla tirado en el piso, siempre en busca de más misterios, y “alguien” abrió la puerta de la habitación. Y no termino sin mencionar al “Proyecto Delfos”, una investigación sumamente avanzada que realizaba Navia-Osorio junto a otros miembros del IIEE que estuvo a punto de desentrañar un enorme misterio, pero que al final quedó en nada por cosas de la vida y, bueno, a otra cosa mariposa.

Sí, porque Navia-Osorio –quien cree que los seres humanos y los dinosaurios convivieron– es miembro de un grupo que se llama Instituto de Investigación y Estudios Exobiológicos (¡qué nombrazo!), unos señores que publicaron algunos libros y que realizaron sesudas investigaciones que la ciencia oficial, llena de científicos ciegos, recordemos, se negó y se niega hasta ahora a reconocer en su justa dimensión, deteniendo así el avance de la humanidad para satisfacerlos a “ellos”, los que controlan todo. Como guinda de la torta, Navia-Osorio cede un capítulo completo de su libro a otro coleccionista de historias, Raúl Gajardo Leopold, un ufólogo del sur de Chile que se cree todo lo que le cuentan y cuyas aventuras durante la dictadura militar de Augusto Pinochet merecen un artículo aparte.

En resumen, lamento sinceramente que se haya cortado tantos árboles para producir el papel que da vida a un libro tan prescindible como “Dimensiones en el planeta cobaya”.

Diego Zúñiga

Gravedad repulsiva

Gravedad repulsiva[1]

Mario Méndez Acosta

Periódicamente surgen, en círculos poco enterados de los conocimientos básicos de la ciencia contemporánea y, en especial, de la física, algunas ideas estrambóticas que, por supuesto, no llevan a ningún lado.

El ejemplo más conocido y difundido es, sin duda, el de aquellos que proponen máquinas del movimiento perpetuo en sus diversas variantes y que, supuestamente, violan alguna de las leyes de la termodinámica, con gran provecho financiero para algunos viva les.

En México han surgido varias de estas teorías supuestamente basadas en la física y que ahora involucran la “gravedad repulsiva”, las cuales afirman que esta fuerza básica del universo, sin duda la más débil de todas, y por la cual podemos apreciar, en nuestra realidad, algo como una fuerza únicamente atractiva entre los cuerpos con masa y aun con las radiaciones electromagnéticas, posee además una variante repulsiva aún no descubierta.

Una de esas versiones, que circuló en México en los años sesentas[2], afirma que existe una fuerza repulsiva entre las masas, olvidando que la atracción entre los cuerpos -observada en nuestro cosmos- se debe en realidad a una deformación del espacio-tiempo, que es ocasionada por la presencia de la masa de los objetos materiales. Esta deformación altera la trayectoria rectilínea de los objetos y la convierte en una línea que conduce su trayectoria deformada hacia un punto situado en el centro de gravedad de ambos.

Según algunas teorías de la gravitación repulsiva, la aparente atracción que observamos entre los cuerpos cósmicos se debe a que la fuerza resultante de la repulsión combinada de todos los cuerpos del universo se equilibra en un punto en el que puede existir un cuerpo masivo, pero, si otro se coloca en su proximidad, resulta que el primer cuerpo escudará toda la fuerza repulsiva de la parte más alejada de éste, y lo mismo sucederá con el objeto adyacente. La consecuencia es que esas dos resultantes opuestas empujan a ambos cuerpos uno hacia el otro. Una persona se encuentra así de pie sobre la Tierra, porque la repelen las fuerzas gravitatorias del resto del universo.

Claro que la situación se complica un poco al tratar de explicar la existencia de los hoyos negros. Este tipo de explicaciones demuestra la verdad de ese principio conocido como la navaja de Occam, la cual señala: en la ciencia, la explicación que menos postulados requiere justificar es probablemente la verdadera.

Más recientemente, un estudiante de ingeniería mecánica electricista de la UNAM, llamado Alejandro Gallardo Enríquez, a través de su tesis profesional, ha propuesto otra forma de gravedad repulsiva que, en teoría, es factible lograr en el laboratorio.

Impresionado, sin duda, por los prodigios de equilibrio y estabilidad de los objetos que giran a muy alta velocidad -como los trompos y los giróscopos- que, por conservar su momento de giro, aunque se mueva su entorno, parecen desafiar la gravedad, ya que mantienen en todo momento la dirección de su eje de giro (hasta que, por la fricción en su punto de apoyo, pierden su velocidad de rotación).

Brevemente, Gallardo afirma que un balín o un disco que gira a más de 200,000 revoluciones por minuto, pesa menos que el mismo balín o disco estático sin girar, ya que el giro acelerado altera la estructura del espacio tiempo en torno al balín u objeto del experimento y genera una fuerza antigravitatoria mesurable.

Lo cierto es que la alteración de la de la geometría del espacio que lleva a la aparente atracción entre los cuerpos sólo se hace perceptible para un objeto del tamaño de un ser humano, ante la presencia de objetos enormemente masivos, mayores -por ejemplo- que un asteroide.

La única condición física realista para que se presentara la fuerza gravitatoria repulsiva sería que se descubriera la existencia de materia de masa negativa.

No hay en el repertorio de partículas subatómicas -ya sea encontradas o hipotéticas sobre la teoría estándar de la materia- ninguna candidata que asuma masa negativa o que la afecte un antibosón de Higgs; que dependa de la existencia de un campo en el espacio el cual otorgue masa negativa a las partículas, en especial a los hadrones como los cuarks y hadrones como el electrón. Esta materia negativa nada tendría que ver con la antimateria, la cual difiere de la materia común en que sus componentes tienen carga eléctrica de signo contrario, pero se siguen atrayendo gravitatoriamente con la materia ordinaria.

El físico Robert L. Forward ha especulado en torno a posibles aplicaciones de la materia negativa, que, de existir, repelería gravitatoriamente a la materia positiva, pero esto no es más que una especulación todavía fantástica.

BIBLIOGRAFÍA:

Gravedad repulsiva. Revista Ingeniería UNAM, Feb.1964

Formula mexicano ecuación que modifica la Ley de la Gravitación http://www.cronica.com.mx/notas/2014/822515.html Alejandro Gallardo Enríquez

Una Refutación a Gallardo http://es.pseudociencia.wikia.com/wiki/Alejandro_Gallardo_Enr%C3%ADquez

Forward, R. L. (1990, Jan.-Feb.), “Negative matter propulsion”, Journal of Propulsion and Power, Vol. 6 (1), pp. 28-37; see also commentary Landis, G.A. (1991) “Comments on Negative Mass Propulsion”. Journal of Propulsion and Power, Vol. 7, No. 2, p. 304.


[1] Publicado originalmente como Méndez Acosta Mario, Gravedad repulsiva, Ciencia y Desarrollo, Volumen 43, No. 287, México, enero-febrero 2017, págs. 62-63.

[2] Gravedad repulsiva, una alternativa a la materia y energía oscura. Tesis de Alejandro Gallardo Enríquez

El Tal Noguez 2017

El Tal Noguez 2017

El Tal Noguez. Marcianitos Verdes publicó muy poco de este personaje en el 2017.

¿Por qué el Tal Noguez? ¿Por qué hablar en tercera persona del singular? La historia comienza hace más de veinte años, cuando los ufolocos todavía se atrevían a invitar al futuro director de este blog a sus congresos y conferencias.

En una de estas reuniones, en la Delegación Venustiano Carranza, estaba conversando en los pasillos con algunos de los organizadores, mientras en el escenario daban una de las conferencias de ovnis que, por su relevancia, he olvidado tanto el título como su presentador.

De pronto se nos unieron algunos jóvenes de un club de ovnis de Michoacán y entre otras cosas criticaron a los organizadores por permitir la aparición de “uno de los peores escépticos” del país.

“¿A quién se le ocurrió invitar al ‘Tal Noguez’, a estas conferencias?”

La pregunta me hizo gracia, pero mucho más la cara desencajada de por lo menos uno de los organizadores, que se puso blanca. El interpelado sacó los ojos y haciendo muecas con la boca (apretando los labios, pero proyectándolos hacia afuera, como señalando, al mismo tiempo que esperaba que ese gesto indicara silencio)

El organizador no sabía cómo decirle a los ufoloquitos michoacanos (para él ufólogos michoacanos) que guardaran silencio, que “el Tal Noguez” estaba justo al lado de ellos. La situación fue hilarante, por lo menos para mí.

Cuando me tocó exponer mi tema, desde el estrado voltee a ver a los ufoloquitos michoacanos, que no sabían en dónde meterse.

Como todo el asunto me pareció divertido, decidí utilizar “el Tal Noguez” como mi nom de guerre. Esa es la historia detrás de ese apodo.

En cuanto a los trabajos de “el Tal Noguez”, iniciamos una nueva serie, que continuará en este 2018, sobre el nuevo “juguete” ufológico: el caso de los ovnis del Pentágono (que cómo se van desarrollando las cosas, parece que el Pentágono no tiene nada que ver en el asunto)

El fiasco de los ovnis del Pentágono

El fiasco de los ovnis del Pentágono 2

El fiasco de los ovnis del Pentágono 3

Publicamos la introducción y el prólogo del primer tomo de lo que será la Biblioteca Marcianitos Verdes:

HeDescubiertoZ_thumb-1Biblioteca Marcianitos Verdes Forteanismo Tomo 1: ¡He descubierto Z! (introducción)

Biblioteca Marcianitos Verdes Forteanismo Tomo 1 ¡He descubierto Z! (prologo)

También publicamos la recensión del periodista Diego Zúñiga Contreras de ese libro:

¡He descubierto Z! Crítica de Diego Zúñiga

Diego Zúñiga 2017

Diego Zúñiga 2017

Aunque ya habíamos publicado varias cosas del periodista chileno Diego Zúñiga, el 2017 marcó la entrada de Diego como colaborador de lujo de este blog.

Estos son los artículos que publicamos:

Magin_thumbVON UFOS ENTFÜHRT (Secuestrados por los –ovnis)

Hay otros mundos pero están en este

Noticias de Marte: cómo los ovnis invadieron la prensa chilena (extracto)

C’e qualcuno lá fuori?

”La guerra de los mundos”: La batalla de Sudamérica

Los extraterrestres han muerto. Tomo 1

Plagios – 1: Su nombre es Cristian Riffo

Plagios – 2: En todas partes se cuecen habas

Plagios – 3: La estafa de “Asunto ovni”

Plagios – 4: Darnaude vs Vázquez

plagiosbureau01_thumbPlagios – 5: “Lo inexplicado” como veta literaria

Plagios – 6: Las costumbres de Riffo

Plagios – : Sucio plagiador

Plagios – 8: “Revelación” al ataque

Plagios – 9: “Chileno plagió a “Contactos extraterrestres”

HeDescubiertoZ_thumb-1¡He descubierto Z! Crítica de Diego Zúñiga

Plagios–8: “Revelación” al ataque

PLAGIOS – 8: “REVELACIÓN” AL ATAQUE

Diego Zúñiga – 2002

plagiosrevelacion02

La revista Revelación, que ha publicado notas sobre temas tan edificantes como la posibilidad de que los extraterrestres hayan secuestrado el cuerpo de Charles Chaplin, dio cabida en su edición Nº 49, año 2000, a un artículo de un habitual colaborador suyo, José Aguilar. El trabajo, que hacía un recorrido por casos OVNI chilenos de las décadas 50 y 60, contrastaba notoriamente con los escritos a los cuales nos tiene acostumbrados esta revista. La explicación a tan insólito hecho no tardaría en llegar.

Resultaba que Aguilar había tomado, a modo de “préstamo”, un artículo publicado… ¡33 años antes! Así es, como lee. La interesante revista “Aquí está“, cuyos últimos números vieron la luz en los 70, había dado espacio a la nota “Discos cruzan el cielo de Chile”, de Wolrad Klapp, sin saber que un “avispado” de fines de milenio lo usaría tiempo después, sin mencionar la fuente original.

plagiosrevelacion04Así es. el periodista Wolrad Klapp, que lamentablemente falleció en 2017, escribió “Discos cruzan…” para el Nº 210 de Aquí está (año 5), entre las páginas 11-15 y 24. Revelación hizo lo propio con el mismo artículo en su edición Nº 49, 2000 (curiosamente también en su quinto año de vida) entre las páginas 18-21 y 36. Y, aunque José Aguilar fuera el verdadero nombre de Wolrad Klapp -lo que descartamos tras conversar telefónicamente con Klapp en septiembre de 2007-, el hecho en sí es que no se menciona la fuente original y se hace pasar como un trabajo novedoso. Y, salvo algunos pequeños ajustes en la redacción, todo es igual. O sea, un plagio. Veamos:

COMPARACIÓN DE LA INTRODUCCIÓN

plagiosrevelacion05Introducción – Introducción

Las explicaciones entregadas a quien escribe por fuentes de Revelación, en el sentido de que esta revista contaría con los permisos para reproducir trabajos de “Aquí está”, no son satisfactorias, pues no justifican el cambio del nombre del autor y la omisión de la fuente original. Además, el mismo señor Klapp -que nos contactó para agradecernos por revelar el plagio- desconocía cualquier acuerdo con respecto al uso de esos artículos antiguos.

Nuevamente los vampiros han quedado en evidencia. ¿Tanto les cuesta escribir algo nuevo, sin recurrir al truco de utilizar trabajos antiguos que supuestamente nadie conoce?