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Biblioteca Marcianitos Verdes Forteanismo Tomo 1: ¡He descubierto Z! (Introducción)

INTRODUCCIÓN

¡HeDescubiertoZ!Luego de más de 11 años de “dirigir” el blog Marcianitos Verdes (http://marcianitosverdes.haaan.com/) me he dado cuenta que la información acumulada está volviéndose difícil de manejar. A pesar de que el blog cuenta con un buscador interno, en diciembre tendremos alrededor de 20,000 entradas, y pocos lectores se arriesgan a bucear en sus páginas.

A lo anterior debo añadir que, con tristeza, he visto desaparecer varias páginas que acostumbraba visitar: Ceticismo Aberto, de mi amigo Kentaro Mori; La Nave de los Locos, de mis admirados Sergio Sánchez y Diego Zúñiga; Anomalist, del colectivo responsable de Cuadernos de Ufología. De la misma forma desapareció mi portal Perspectivas, que se mudó a la web Ikaros para, nuevamente “desaparecer”. Aunque en realidad nada desaparece de internet, simplemente es más difícil encontrarlo. Para ello está el Internet Archive, por ejemplo.

Lo que ocurre es que esas páginas, esos archivos, ya no los encontramos en los sitios en donde solían estar. La razón es que la gente se cansa, se va, se muere… y los sitios cambian.

Pensando en lo anterior y tratando de dejar constancia de la información almacenada en Marcianitos Verdes, surge la idea de recopilar en varios volúmenes, lo mejor que ha sido publicado en este blog. En principio pienso producir tres títulos por cada una de las etiquetas del blog (astroarqueología, criptozoología, forteanismo, ovnis y parapsicología). La etiqueta “extraterrestres” ya la he abordado en la enciclopedia “Extraterrestres ante las cámaras (10 volúmenes publicados en Lulu), por lo que no me ocupare de ellos en esta colección.

Lo que si copiaré de “Extraterrestres ante las cámaras es la idea de que personajes en el mundo del escepticismo prologuen los libros. En esta ocasión he decidido que sean los jóvenes de la nueva generación de escépticos mexicanos (Amauri Martínez, Andrés Moreno Nieto, Vidal Belduque , César Buenrostro, Cristian Díaz Sandoval, Daniel Galarza, Edgar Luis “El reptiliano escéptico”, Eduardo Márquez Blake, Jesús Gerardo Rodríguez Flores, Jesús R. Campos, Luis Miguel Barrera, Martín Fragoso, Omar Melendrez, Rodrigo Vidal Tamayo). Pero en esta obra, no sólo tendré el honor de contar con sus prólogos, también colaboran con algunos capítulos para los libros.

El contar con esta pléyade de colaboradores fue una labor titánica que corrió a manos de Martín Fragoso, a quien le agradezco todo el apoyo que me ha brindado.

En cuanto a la obra que tienen en sus manos (o en la pantalla de su computadora o celular)… quisimos iniciar esta colección por el principio, y el principio de las pseudociencias, tal y como las entendemos hoy en día es, no cabe la menor duda: Charles Hoy Fort.

Charles Fort fue el autor de cuatro libros largos, resueltamente digresivos, poco sistemáticos y difíciles de leer: The Book of the Damned (El Libro de los Condenados – 1919), New Lands (Nuevas Tierras – 1923), Lo! (¡Mirad! – 1931), y Wild Talents (Talentos salvajes – 1932). En ellos están las bases de toda nuestra parapsicología, criptozoología, ufología y teorías de la conspiración modernas. Todas ellas se resumen en un solo término: forteanismo. Para sus seguidores, Fort es el padre fundador de los estudios paranormales modernos.

Para muchos Fort es a la ciencia lo que Tristan Tzara a la pintura y literatura. Aunque no saben lo que dicen. Fort era una persona poco cultivada que nada sabía de ciencias, mientras que Tzara era una de las mentes más brillantes del movimiento dadaísta.

A lo largo de estas páginas el lector encontrará que Fort presentó un interés temprano en las ciencias naturales. En algún momento le confesó a su abuelo que quería ser naturalista. Desafortunadamente no tenía el carácter ni el cerebro para seguir una carrera en ciencias. Parece ser que este fue el origen de su encono contra la ciencia y los científicos. Ese rencor se dirigiría a buscar datos que pudieran avergonzar a los científicos, reuniendo historias sobre “la frontera entre hechos y fantasías” que la ciencia no podía explicar en ese momento.

Pero Fort tenía un deseo subconsciente subyacente de ser científico. De hecho, debido a sus impedimentos intelectuales, quiso no ser parte de ese mundo de la información privilegiada, e intentó desafiar su naturaleza. Sin embargo, mantuvo un compromiso insistente con la ciencia. De esa forma encontró un escape inicial a las ortodoxias familiares rígidas en la ciencia, antes de rechazar la ciencia convencional también como excesivamente constreñida.

Fort no parecía particularmente interesado en hacer ningún sentido de su colección de historias extrañas. Estaba desinteresado en las pruebas científicas. Su principal interés en las hipótesis científicas era criticar y ridiculizar el propio proceso de teorización. Puesto que él no se preocupaba generalmente de la confiabilidad o de la exactitud de sus datos, esta frontera también difumina la distinción entre la apertura de mente y la credulidad.

Uno de los divertimentos de Fort como adulto parece haber sido especular sobre cosas como las ranas que caen del cielo. Él postuló que hay un Súper Mar de los Sargazos sobre la Tierra (que él llamó Genesistrine) donde los seres vivos se originan y son lanzados periódicamente a la Tierra por los seres inteligentes que se comunican con sociedades secretas abajo, quizás usando teleportación. En efecto fue el primero en acuñar la palabra “teletransportación”, utilizada para describir el movimiento de la materia entre dos puntos sin cruzar el espacio intermedio.

Su estilo literario es enormemente pesado y brumoso. Sus libros parecen farragosos tratados de la ciencia y filosofía más obtusas. La obra de un payaso. De hecho a él no le molestaba que lo compararan con un bufón. El escribe; “Al igual que con todos los payasos, en una bufonería está el deseo subyacente de ser tomado en serio”.

Debido a la socarronería de su estilo, El libro de los condenados es un catálogo de rareza, muy parecido a aquellos “gabinetes de curiosidades” o “cuartos de maravillas” de los siglos pasados, donde se agrupaban objetos raros o chocantes.

Fort se llamaba a sí mismo un “intermediarista”, para diferenciarse, según él, del carácter “excluyente” del pensamiento científico moderno. Él se consideraba un escéptico de la ciencia, pero con mayor precisión se le puede considerar el más radical de los empiristas: acogió con satisfacción los datos caprichosos y contradictorios, no para afinar o ampliar un modelo anterior, sino para desafiar el valor práctico de modelos coherentes en un mundo cuyos fenómenos los superan claramente.

Muchos consideran que Fort disfrutaba de su tarea y la enfocaba con frecuencia de una manera humorística y tendente a la desinformación. No verificaba las fuentes de sus historias (normalmente sacadas de periódicos y revistas) y tal extremo le traía sin cuidado, aunque luego cuestionara intelectualmente su verosimilitud. En sus obras no parece interesado en cuestionar la fiabilidad de sus fuentes, lo que es extraño, ya que había trabajado como reportero durante varios años antes de embarcarse en su búsqueda para recoger historias de lo raro y extraño. Así, por ejemplo, transcribía fielmente el testimonio de quien afirmaba haberse encontrado con un perro que hablaba, que finalmente desapareció en una nube de humo verde; y al analizar la historia, ponía seriamente en duda que el perro hubiese desaparecido en medio de la nube de humo verde, aunque no cuestionaba su capacidad de hablar.

Además, también tenía una tendencia a endulzar las historias convenientemente dejando algunos detalles o la elección de no presentar artículos que podrían explicar algunos de los recortes que había elegido. Y varios investigadores saben que esto es cierto porque se han encontrado una serie de sus fuentes originales sólo para descubrir lo que Fort dejó fuera de la historia en más de una ocasión.

Este, por lo tanto, sería el primer tomo, de tres, que dedicaremos a Fort y el Forteanismo. En un segundo y tercer volumenes nos ocuparemos de los hechos forteanos y de los seguidores de Fort: Forteanos y fenómenos forteanos.

Luis Ruiz Noguez

Mayo de 2017

 

El libro se puede adquirir en versiones electrónica o impresa en:

http://www.lulu.com/content/libro-tapa-blanda/biblioteca-marcianitos-verdes-tomo-1-%c2%a1he-descubierto-z/21535517

 

http://www.lulu.com/content/e-book/biblioteca-marcianitos-verdes-tomo-1-%c2%a1he-descubierto-z/21535818

 

Biblioteca Marcianitos Verdes; Forteanismo Tomo 1: ¡He descubierto Z! (Prologo)

PROLOGO

¡HeDescubiertoZ!¿Es usted “forteano” y no lo sabe? Las ideas tienen una historia y no siempre la conocemos. En ocasiones es conveniente hacer un trabajo de introspección e investigar las razones detrás de nuestros pensamientos y de nuestra visión del mundo, los motivos por los que nos planteamos determinadas interrogantes y por los que consideramos válidas ciertas respuestas; también es importante examinar quiénes han sido nuestros maestros, aquellos que han influido en nosotros de forma directa o indirecta. Así, ¿cuántas de sus ideas, estimado lector, fueron planteadas originalmente por Charles Hoy Fort? A lo largo del presente trabajo Luis Ruiz Noguez le ayudará a descubrir si es usted forteano y hasta el momento no se había percatado de ello.

Charles Fort, a los 45 años, se convirtió en el “padre de nuestro moderno punto de vista sobre lo paranormal” cuando, a principios de 1920, salió a la venta El libro de los condenados.

El texto lo mismo despertó fascinación que repudio. Poco después de su publicación surgió el primer discípulo de Fort, el primero que se llamó a sí mismo forteano. Pero ¿por qué despertó tan disímiles respuestas?, ¿cuál es su contenido?, ¿qué espíritu contienen sus páginas?

El autor de la biografía que está usted a punto de leer nos explica cómo, a partir de libros de ficción escritos por el mismo Fort, en cuya elaboración utilizó notas sobre diversos temas (psicología, sociología, sexo, etc.) y que finalmente tuvieron poco éxito entre los editores que los revisaron, nació la mencionada obra. Sus siguientes tres libros tuvieron el mismo espíritu que el primero, y eso es lo que explica el repudio de unos y la fascinación de otros.

En su conjunto, esos escritos sobre “lo marginal” no consisten sólo en una reunión de noticias sobre “hechos extraños” y una explicación acerca de la relación entre éstos, son una respuesta a la ciencia. Fort se rebeló contra los dogmas científicos, así, el “forteanismo” puede entenderse, tal vez sólo en parte, como una objeción o protesta a la labor de los científicos. No por nada se ganó el calificativo de enemigo de la ciencia.

Sin embargo, el autor de este trabajo asegura que los juicios de su biografiado con respecto a la actividad científica (y que en la actualidad comparten pseudocientíficos de todo tipo) estaban equivocados, pero también nos muestra que se interesó, entre otros temas, en la historia y en la epistemología de la ciencia. Así, a pesar de su escasa o limitada educación formal, Fort fue un autodidacta que pasó largas horas en la biblioteca informándose sobre arte, economía, matemáticas, física, etc. ¿Qué tanto aprendió de ciencia?, ¿qué tanto aprovechó las lecturas que realizó? Luis R. Noguez da la misma respuesta a ambas preguntas: Nada. Pero si nuestro personaje fue un crítico de la metodología científica ¿qué podemos decir de la suya? Más adelante encontrará usted la respuesta.

Fort no sólo influyó en el mundo de “lo insólito” (por ello, para poder responder si somos o no forteanos debemos revisar los diferentes ámbitos a los que llegó su pensamiento), también lo hizo en el mundo de la literatura fantástica en general y de la ciencia ficción en particular. Pero “el tal Noguez” (termino que emplea Luis para referirse a sí mismo) hace que nos preguntemos (o al menos hizo que yo me lo planteara) ¿podría haber logrado el forteanismo alguna influencia en los estudios sociológicos de la ciencia?, ¿qué tan forteanos son algunos filósofos y sociólogos de la ciencia? Ya verá el lector la razón de mis preguntas. Independientemente de las respuestas (mucho, poco o nada), sería interesante intentar una investigación al respecto.

Una vez explicado lo que Fort pensaba de la ciencia, Luis disecciona el forteanismo. ¿De cuántas maneras puede entenderse?, ¿de más de una?, si es así, ¿se excluyen las definiciones o tienen algo en común?

El trabajo de Luis no solamente proporciona “datos duros” (fechas, genealogía, relaciones interpersonales, producción literaria, empleos, etc.), el autor se adentra en la psicología e intenta revelar las motivaciones de Fort. Sin duda se trata de la parte más atractiva de una biografía, pero también de la más especulativa y, por tanto, subjetiva. Cada biógrafo, dependiendo de su cultura, de sus intereses y de sus opiniones a favor o en contra de ciertos temas, presentará al biografiado de una u otra manera (como un héroe o un villano, como un personaje digno de admiración o de desprecio).

Un creyente de lo “insólito” y un crítico de estos temas no podrían escribir de la misma forma una biografía de Fort, el resultado, evidentemente, sería distinto. Hubo un Fort, pero puede haber tantas interpretaciones de su vida y obra como posiciones con respecto a “lo marginal”.

Luis no es sólo un crítico de la ufología, su mirada orgullosamente “desacreditadora” llega a la parapsicología, la criptozoología, las teorías de la conspiración y otros “condenados”, en otras palabras, llega a todos los temas de los que se ocupó Fort.

Confieso que cuando comencé a leer el presente trabajo temí que su autor, por su posición con respecto a lo insólito y sus estudios en ciencias naturales, se mostrara injusta y exageradamente crítico con Fort. De hecho, es probable que usted, al igual que yo, piense que en ocasiones es demasiado duro con él. Sin embargo, en otras partes su juicio es mucho más ecuánime. De tal forma que el resultado final es un trabajo razonablemente crítico.

Como expresé líneas atrás, cuando se trata de plantear hipótesis sobre las causas o motivos más íntimos que llevan a una persona a actuar de cierta manera no es posible la objetividad, lo que sí es posible es revisar lo más honestamente posible las fuentes disponibles. En este caso, Luis, para escribir sobre este punto (me refiero específicamente a la rebeldía contra la ciencia del autor de El libro de los condenados, ya que para nuestro biógrafo la explicación no sólo está en las lecturas que realizó Fort en la biblioteca y en las notas de acontecimientos extraños que coleccionó), contó con una amplia documentación (como puede verse en las referencias bibliográficas).

No me queda más que invitar al lector a disfrutar de esta obra, en la que encontrará la biografía escrita por Luis, el material que sobrevive de la autobiografía en la que el “padre de nuestro moderno punto de vista sobre lo paranormal” relató su infancia y adolescencia (la escribió siendo ya un joven), así como algunos textos de Tiffany Thayer, editor de la revista de la Fortean Society y amigo de Fort, un apéndice con citas de Charles Hoy Fort y otro sobre sus miles de notas. Es posible que, una vez revisado todo este material, pueda usted responder a la pregunta del inicio.

Martín Fragoso

México, septiembre de 2017

El libro se puede adquirir en versiones electrónica o impresa en:

http://www.lulu.com/content/libro-tapa-blanda/biblioteca-marcianitos-verdes-tomo-1-%c2%a1he-descubierto-z/21535517

 

http://www.lulu.com/content/e-book/biblioteca-marcianitos-verdes-tomo-1-%c2%a1he-descubierto-z/21535818

 

Los extraterrestres han muerto. Tomo 1

LOS EXTRATERRESTRES HAN MUERTO. TOMO I

LosExtraterrestresHanMuerto1El mito ovni-ET, contactismo y abducciones

Rodrigo Bravo Garrido

Editorial Digital, Chile, 2017

Un ensayo de 321 páginas donde se busca demostrar una arriesgada tesis: los extraterrestres (“alientes”, en la jerga del autor) como mito van en decadencia y, de hecho, ya murieron. Desde 7 dólares en Amazon.

Hay empresas difíciles de acometer. La de escribir un libro es una de ellas, especialmente cuando el germen de ese proyecto es el intento de comprobar una tesis arriesgada y ambiciosa. Estamos ante uno de esos casos. El piloto militar Rodrigo Bravo, uno de los personajes más destacados y sobresalientes de la fauna ufológica chilena, hace un esfuerzo destacable por demostrar que los extraterrestres han muerto. En su entusiasmo llega incluso a comparar su titánica labor con las famosas premisas de Michael Foucault y Friedrich Nietzsche, quienes (supuestamente) declararon muertos al hombre y a Dios. Pues Bravo llega a completar las sentencias con la declaración de deceso de los extraterrestres. Una tríada inesperada.

Lo interesante es el esfuerzo, por momentos bien encaminado y por otros fallido, de dar viabilidad al concepto. Bravo se esmera, y si bien a nivel general consigue su objetivo, en el camino van quedando desnudas deficiencias argumentativas y, muy especialmente, en la forma de presentar las ideas. A veces farragosa, otras difícil de seguir, el uso de palabras fuera de contexto o cuyo significado original se confunde, hace que el viaje por el libro sea un trabajo, por momentos, duro. Asimismo, la estructura, claramente definida sobre la base de la división “mito ovni-ET”, “contactismo” y “abducciones”, merece un ordenamiento más formal dentro de la obra, que en términos de presentación carece de una guía clara.

Hay otros aspectos que vale la pena reseñar, porque son importantes en la configuración de cualquier texto. Primero, extraña el uso que se da en “Los extraterrestres han muerto” a los pies de página, que son utilizados más como apéndice biográfico que como complemento o para añadir otras referencias bibliográficas. También hay desprolijidad en la edición, especialmente en los nombres de las personas (Robert Sheaffer acá es “Robert Scheaffer”, nunca queda claro si David Jacobs se apellida “Jacob” o “Jacobs”), con información sobre autores (se atribuye a Michel Monnerie un libro de Thierry Pinvidic).

Ese tipo de detalles, mucho más numerosos (¿por qué los nombres de los libros que se citan están todos en inglés, si muchos de ellos tienen traducción al español?, ¿por qué no se pusieron las obras más recientes en las biografías de los autores reseñados a pie de página?), se ven acompañados de frases donde cuesta discernir cuál es la idea de fondo. Esto, que es tanto responsabilidad del autor como del editor, habla de un trabajo que fue sacado crudo del horno. Parece evidente que un par de meses más de darle vueltas a las ideas, de revisar los textos con mayor acuciosidad y profundizar en propuestas que son muy interesantes y que merecen un planteamiento más ordenado, habrían hecho un enorme favor a un libro que no necesitaba salir en la fecha que salió, y que bien pudo esperar un poco más para estar en su justa cocción.

No quiero que quede la sensación de que estamos ante un bodrio, porque eso es falso y está completamente alejado de la realidad. Si hacemos estas precisiones es justamente porque el libro de Bravo es un aporte en el contexto de la ufología chilena, y entra de por sí en el listado de los 10 libros imprescindibles escritos en ese país de Sudamérica. Lo que citábamos arriba son los aspectos que, sin demora ni discusión, deberían mejorarse. Y lo bueno es que se trata de errores corregibles, a diferencia de los problemas de fondo que lucen otras obras. De seguro una segunda edición de “Los extraterrestres han muerto” lucirá más pulida y eso irá en directo beneficio del lector. Es incluso muy probable que al momento de que usted lea este comentario, muchos de los detalles arriba mencionados sean parte del pasado.

Sobre el contenido por cierto puede discutirse, pero eso ya es parte de lo interesante de la propuesta de Bravo: que ofrece una mirada honesta y “revolucionaria”, en el marco de lo que nos acostumbró la ufología mediática chilena, del fenómeno que rodea al mito ovni y está dispuesto a combatir en el campo de las ideas.

Podremos entrar a debatir si realmente se puede atribuir solamente a Donald Keyhoe el traspaso de los platillos volantes al campo de lo “extraterrestre” y si el rol de Charles Fort en la configuración del mito es tan relevante como el autor señala. También es asunto de discusión si fue el libro de Carl Sagan “El mundo y sus demonios” el que dio un golpe de K.O. a las abducciones y, por extensión, si podemos atribuir a una sola persona la autoría o destrucción de fenómenos sociales complejos. Por ejemplo, ¿era la ciencia ficción tan relevante como para darle un rol fundamental en el crecimiento de la creencia en extraterrestres? Pero esa es la idea del libro: abrir campo al debate. Y cumple con ese rol. También está por verse si realmente, como sentencia el autor, los extraterrestres han muerto. Hay bastante material, entonces, para sentarse a la mesa a conversar. Punto a favor de Bravo.

Si vamos a analizar este libro en el marco de la ufología chilena, una que es cuasi analfabeta y cuyos principales popes sienten repulsa por la lectura y mucho más por la escritura, entonces sin ninguna duda estamos ante un aporte al debate sobre un asunto que, seamos honestos, en general los ufólogos no debaten. Para muchos de ellos la existencia de los extraterrestres, ya no como lejana posibilidad de vida en planetas remotos, sino como conductores y diseñadores de naves que recorren el espacio sideral para aterrizar en páramos de nuestro planeta, es algo que no merece disquisición alguna: es un hecho.

Así visto, claro, el libro de Bravo es un golpe en la cara. Uno bien dado, además. De hecho, para qué vamos a darnos más vueltas en el asunto: los mejores momentos del texto se dan cuando el autor arremete con sorna contra un grupo del que él también forma parte, el de los ufólogos, pero del que es capaz de alejarse para mirar con perspectiva su comportamiento de manada con numerosos (y fallidos) intentos de “machos alfa”. Bravo sale de allí para mirar con más objetividad de la usual qué sucede en ese rebaño de cazadores de marcianos y eso convierte sus observaciones en material didáctico, incluso. Si Bravo hubiera profundizado más en esos aspectos, que son de utilidad para la elaboración de un marco explicativo de por qué la ufología es como es, tal vez el resultado de su trabajo habría sido mucho mejor de lo que es. Finalmente los ufólogos son parte esencial del entramado en torno al así llamado “fenómeno ovni”, como el autor bien señala en su libro.

Sin duda hacen falta más libros como éste y menos como los de Cristián Riffo, Jorge Anfruns y Claudio Pastén (a los otros ufólogos y contactados no los mencionamos… ni siquiera han escrito algo). Porque, con sus fallas y tropezones incluidos, más vale un Rodrigo Bravo en mano que 100 ufólogos de la tele volando.

Diego Zúñiga C.

El arte de vender mierda

El arte de vender mierda

Fernando Cervera

Editorial Laetoli: Pamplona. 2014, 130 pps.

Mierda“El arte de vender mierda” es, además de un excelente título para cualquier libro que tenga la intención de venderse mínimamente, un relato que linda en lo absurdo. No por el contenido de la obra, que es muy interesante, sino por la historia que nos devela: un par de científicos sorprendidos por la abundancia de creencias absurdas sobre temas de salud, se crean una terapia completamente ridícula que termina convenciendo a vendedores de misterios incluso al otro lado del charco y, lo más triste de todo, también a buscadores de soluciones rápidas. En el transcurso de su experimento, Fernando Cervera (autor del libro) y Mariano Collantes, van conociendo el funcionamiento del submundo de las estafas de la salud, donde pueden llegar a decirte que el cáncer no existe y, al mismo tiempo, venderte la cura contra esa enfermedad. Lo que se llama un mundo mágico.

Cervera y Collantes participaban de un foro sobre temas de biología cuando alguien preguntó qué diablos era el “biomagnetismo médico”. En una respuesta se deslizó que era una disciplina científica. Los investigadores sintieron curiosidad, descubrieron de qué iba el asunto y, por pasar el rato, pensaron que sería buena idea parodiar a estas estafas y crearse su propia pseudociencia. Para que no hubiera dudas de que iba de broma, la llamaron “fecomagnetismo”. Y, para que fuera todo aún más absurdo, sentaron unas bases totalmente imposible de creer. Básicamente la idea era vender el discurso de que la mierda humana sirve para sanar. Si total algunos beben su propia orina creyendo que los desperdicios del cuerpo los harán sentirse mejor, no parecía mala idea intentar con otro tipo de desechos orgánicos.

El libro es un relato breve y ágil, sazonado con críticas a distintas pseudociencias, explicaciones sobre cómo funciona la legislación en salud en España y en otros lugares del mundo, y aspectos elementales sobre la divulgación científica. En 130 páginas, el autor nos lleva de paseo al mundo del delirio al que ingresó cuando, junto a su compinche en esta aventura, terminaron exponiendo sobre las bondades de tragarse las heces en una feria esotérica. Por cierto, nadie puso en duda lo que se decía. Y eso, más que hablar de lo bien montado del espectáculo de Cervera y compañía, habla del nulo análisis crítico de quienes se vieron enfrentados a una oferta tan patentemente absurda como la del fecomagnetismo.

Los científicos, ambos biólogos, crearon un sitio web, inventaron una historia que vinculaba a su recién creada medicina alternativa con conocimientos ancestrales, y dieron vida a dos personajes con nombres en inglés para darle un aire de credibilidad al asunto. Claro, mezclaron los nombres de dos actores conocidos (Hugh Laurie y Leslie Nielsen), pero en el mundo de la pseudociencia cualquier cosa tiene credibilidad.

Lo que expone “El arte de vender mierda” es no solo una crónica sobre una aventura en las profundidades de la forma de “pensar” del esoterismo más radical, sino también una advertencia sobre las consecuencias que esta carencia absoluta de racionalidad puede tener en la sociedad. La creencia de que las vacunas son perniciosas ya causa efectos con el resurgimiento de enfermedades que estaban totalmente controladas o incluso erradicadas, al tiempo que muchas personas dejan sus tratamientos médicos para someterse a chapucerías sinsentido que los llevan, algunas veces, hasta la muerte.

Cervera, sí, rescata algo de la pseudociencia. “En mi caso, la pseudociencia me llevó a la ciencia, ya que la curiosidad me hizo leer sobre esos temas y darme cuenta de que lo que se me había contado no podía ser cierto”. He ahí la clave de todo esto. Con un mínimo de sentido común, el camino de la pseudociencia debe llevar al lector, indefectiblemente, por un desvío que termine en el mundo de la ciencia. Sobre todo cuando uno se encuentra con terapias como el fecomagnetismo. Pero vaya, a algunos les gusta tragarse su propia mierda y eso es lo que dejó en evidencia, lamentablemente, el experimento de Cervera y Collantes.

Diego Zúñiga

Publicado originalmente en El Escéptico Nro. 43, Otoño-Invierno 2015. Pág. 40.

C’e qualcuno là fuori?

C’e qualcuno là fuori?

Margherita Hack y Viviano Domenici

Sperling & Kupfer: Milán. 2013, 238 pps.

HackDomeniciProlífica autora, divulgadora científica y astrofísica italiana, Margherita Hack (la simpática señora que aparece en la portada de este libro bromeando con la cara) no alcanzó a ver publicado su trabajo en coautoría con el periodista Viviano Domenici. En junio de 2013, a los 91 años, Hack murió en un hospital, donde estuvo internada por problemas cardíacos. Lo cuenta con especial sensibilidad el mismo Domenici en la introducción de “C’e qualcuno là fuori?” (¿Hay alguien allá afuera?), donde relata sus últimas conversaciones con la investigadora. Un día ella le dijo sentirse estancada y él le propuso que escribieran otro libro, repitiendo una experiencia conjunta del 2010. Hack aceptó, para contar en qué punto estaba la investigación astronómica. Y le encargó a Domenici, que escribe una columna sobre ciencia en el diario Corriere della Sera, una misión muy específica.

“Escribir un libro sólo puede servir para decir en qué pie está la investigación. Pero para usted, que se ocupa de la antigüedad, es una buena oportunidad para refutar tanta tontería que circula sobre el tema. Usted sabe, hay muchas personas que creen que los extraterrestres vinieron a la Tierra hace miles de años, todo eso sin siquiera una prueba. Son fantasías en base a nada. Y la irracionalidad daña a la ciencia y al cerebro”. Con semejante estímulo, imposible negarse. Y decidieron hacer una mezcla: un libro sobre astronomía donde se desmitificara a la astroarqueología, léase Erich von Däniken, Zecharia Sitchin, Peter Kolosimo y otros que hicieron su negocio hallando “evidencias” de visitas alienígenas en las antiguas culturas de la humanidad.

Más allá del racismo implícito en esa propuesta astroarqueológica (son siempre culturas no europeas las que necesitaban ayuda de extraterrestres para emprender sus monumentales obras), en realidad lo que demuestran estas ideas que tanta fama adquirieron en los sesenta y setenta del siglo pasado, es cuán necesario resulta un mínimo de cultura para no tragarse ruedas de carreta así sin más. Y Domenici se encarga de esa misión, la de explicar en palabras sencillas y con argumentos irrefutables por qué los moáis sí fueron elaborados por los rapa nui y por qué los egipcios sí podían construir las pirámides sin un gris ataviado con arquitecto dando instrucciones. La suma es provechosa y el experimento se muestra efectivo y bastante eficiente.

Y, además, necesario: Von Däniken sigue dando conferencias en Suiza y Alemania y las páginas web sobre astroarqueología abundan, siempre repitiendo los mismos mantras y encontrando “objetos fuera de lugar” que, tras una somera mirada, resulta que estaban muy bien en su lugar. Es decir, en ningún caso el esfuerzo de la dupla Hack-Domenici resulta extemporáneo. Si bien estas creencias parecen estar en retirada, siempre es importante mantener una postura crítica, una actitud escéptica por si el virus de la astroarqueología vuelve a convertirse en pandemia. Hack estaba al tanto de ello, por eso accedió al proyecto.

El libro, que en términos estéticos es de tapa dura y está ricamente ilustrado, es de divulgación pura y dura. Un experto en los dislates astroarqueológicos probablemente no se sorprenderá al enterarse de las explicaciones racionales para objetos como la famosa “pila de Bagdad”, el multicitado “astronauta de Palenque” o las por momentos graciosísimas “piedras de Ica” (es imposible no reír viendo a un tipo montado sobre un pterodáctilo), pero es muy probable que un lector no iniciado en el tema sí descubra un nuevo mundo al saber que esas cosas que se oyen en televisión o se publican en revistas sensacionalistas son, en realidad, puras boberías.

El texto discurre con soltura entre datos sobre el espacio, explicaciones sencillas para preguntas difíciles sobre distancias, estrellas y planetas, y sobre arqueología y sus pseudocuestionadores. La antigua creencia en mundos habitados, las divagaciones científicas sobre los pobladores de la Luna y cómo el progreso científico borró los canales que la imaginación de algunos estudiosos había dibujado en Marte son aspectos que se tocan al comienzo de la obra. Y ya que hablamos de viajes y astronautas, podemos pasarnos entonces a unas figuras japonesas que los astroarqueólogos atribuyen a tripulantes de naves espaciales extraterrestres. El cambio de tema sale natural y genera una armónica comunión entre los intereses de Hack y de Domenici.

Gracias a la profusión de ilustraciones, podemos entender realmente qué es el famoso “dios marciano” de Tassili, qué función cumplían las líneas de Nazca y cómo se elaboró el mapa del almirante Piri Reis. Todo esto, explicado con una dosis de necesario humor, el que no desaparece cuando se torna preciso abordar asuntos como las condiciones necesarias para la vida, los posibles orígenes de ésta o la búsqueda de señales por medio del proyecto SETI. Las misiones al planeta rojo, el famoso meteorito marciano ALH84001 e incluso la “cara de Marte” son también abordados, en un repaso rápido, pero nunca superficial, de los temas más apasionantes de la historia reciente de la astronáutica y la astronomía.

No podía estar ausente, por cierto, un capítulo sobre los ovnis. “La fábula de los ovnis, casi una religión”, se titula el apartado, lo que nos puede dar luces sobre hacia dónde van los tiros. Roswell, el Área 51, la “muñecopsia” de Ray Santilli y los contactos de George Adamski son diseccionados y analizados con pluma filosa, pero precisa y contundente. Este capítulo da un sentido completo al libro, al ubicarlo en la divulgación científica y, también, en el análisis sociológico de la creencia en la vida en otros mundos, y cómo esa creencia se convirtió en una suerte de credo para un sector de la población a medida que la tecnología dio pie a ello.

Cosa curiosa: la misma tecnología obligó a los alienígenas a alejarse. Al principio, los contactados decían que la vida ET provenía de la Luna o Marte. Al descubrirse que ahí no crecía ni un cactus, los hermanos espaciales se vieron forzados a venir de más lejos, de lunas de Júpiter por ejemplo. Y cuando llegamos allá… bueno, ya conocen la historia.

Llega el momento en que hay que recomendar el libro. Y es lo que haremos. Se trata del último esfuerzo divulgativo de una gran especialista, apoyada por un muy buen periodista. Se tocan los temas correctos de la manera indicada y supone una puerta de entrada a quien desee luego profundizar más en los tópicos abordados en las más de 200 páginas de la obra. Valga también destacar que la muerte de Hack dejó un gran vacío. La divulgación científica necesita de muchas Margheritas para acercar a la gente asuntos que, a primera vista, son áridos e imposibles. Su gran valor era decir en sencillo algo que es, en realidad, profundo y carne de especulaciones. “Creo del todo probable que haya otros mundos habitados, pero también creo que nunca nos podremos encontrar con un extraterrestre. Las distancias no lo permiten y a lo más que podemos aspirar es a un contacto radial. Pero nuevamente las distancias no nos permitirán tener un diálogo. En conclusión, pienso que estamos condenados a la soledad”, escribe Hack. Y eso, que parece tan lapidario y doloroso, no deja también de ser poéticamente bello.

Diego Zúñiga

Publicado originalmente en El Escéptico Nro. 40 (Primavera 2014), pps. 72-74.