Archivo de la categoría: . Ceticismo Aberto (Kentaro Mori)

La puerta de los desesperados

LA PUERTA DE LOS DESESPERADOS

(O EL PROBLEMA DE MONTY HALL)

Kentaro Mori

Cierta mañana usted se despierta y ve que ha regresado a los años ochenta y se encuentra dentro del cuerpo de un niño de 8 años, participando en el programa infantil de Sergio Mallandro. Tal vez usted hubiera preferido despertar como una cucaracha gigante, pero nunca podemos prever cómo van a ocurrir las transmigraciones de las almas en el plano astral.

Afortunadamente su mente sigue siendo la misma –una más de esas cosas inexplicables de la trasmigración del alma. Cuando se da cuenta, está participando en uno de los concursos del programa “A Porta dos Desesperados” (La Puerta de los desesperados). Es muy simple: existen tres puertas iguales. Detrás de una de ellas hay un premio, y en las otras dos hay personas vestidas con disfraces de monstruos que te meterán en un saco por escoger la puerta equivocada.

Usted escoge una puerta y se supone que ganará lo que se encuentra detrás de ella. Entonces sale Sergio Mallandro diciendo que desea ayudarlo y, sabiendo de antemano en cuál puerta se encuentra el premio, abre una de las otras dos revelando un monstruo, o mejor, un hombre mal vestido de monstruo. Y le hace una última pregunta: ¿Desea cambiar? Al final, ¿es o no ventajoso cambiar de puerta?

Este pequeño problema es mucho más difícil de lo que parece, y llegó a su famoso en los Estados Unidos como el problema de Monty Hall, debido a que el presentador poseía un cuadro muy parecido (o lo contrario sería más apropiado) en su popular programa “Let’s Make a Deal” (Hagamos un trato) en los años setenta, algo como los diversos programas de Silvio Santos. Se han quemado muchas neuronas porque la respuesta al problema es contra intuitiva, lo que quiere decir que la primera respuesta que de debe ser incorrecta. No tenga miedo, intente descubrir si es o no ventajoso cambiar de puerta antes de continuar con la lectura.

¿Lo intentó? Entonces, vayamos primero a la respuesta correcta y contra intuitiva: Sí es más ventajoso cambiar, de hecho es dos veces más probable ganar el premio si cambia de puerta que si no lo hace. ¡Créalo… si quiere! O lea la explicación, que solamente es una de las muchas que circulan para el problema de Monty Hall:

Existen tres puertas que vamos a llamar A, B y C. Cuando usted eligió una de ellas, digamos la A, la probabilidad de que ésta sea la premiada es de 1/3. En consecuencia, la probabilidad de que usted esté equivocado, o en otras palabras, de que el premio esté en las otras puertas B o C es de 2/3. Puede comprobar esto sumando las probabilidades de cada una de las puertas o sabiendo simplemente que la probabilidad de que haya un premio es siempre 1. Es importante tener en mente que la probabilidad de que el premio esté en las otras puertas que no escogió es de 2/3.

Entendiendo esto, basta ver que el presentador abrirá sin error una de las otras dos puertas que contiene un monstruo, supongamos la B. Al hacer esto él le está dando una información valiosa: si el premio estaba en una de las puertas que usted no eligió (B o C), entonces ahora solamente puede estar en la puerta que usted no eligió y aún no ha sido abierta, o sea, la puerta C. Es decir, si se equivocó al escoger una puerta –y las probabilidades de esto son 2/3- entonces al abrir una de las otras puertas no premiadas el presentador literalmente le está diciendo dónde está el premio. Toda vez que usted hubiera escogido inicialmente una puerta equivocada, al cambiar de puerta usted irá con la certeza de ganar. Como las probabilidades de que usted se halla equivocado en su selección inicial son de 2/3, si usted cambia sus probabilidades de ganar son de 2/3 –y por consiguiente la probabilidad de que usted gane si no cambia de puerta es de apenas 1/3. ¡Y así es más ventajoso cambiar de puerta, créalo… si lo entiende!

La respuesta intuitiva al problema es que cuando el presentador reveló una puerta no premiada, nosotros teníamos enfrente un nuevo dilema, con sólo dos puertas y un premio, por lo tanto la probabilidad de que el premio esté en una de las dos puertas es del 50%. El presentador nos habría ayudado ya que nuestras probabilidades se habrían elevado de 1/3 a 1/2, aunque realmente no habría diferencia en cambiar o no de puerta ya que ambas tendrían la misma probabilidad de poseer el premio. Si embargo esta respuesta es equivocada, pues la puerta que el presentador abre depende de la que nosotros escogemos inicialmente. El presentador sabe desde el inicio en dónde está el premio (el nunca abrirá una puerta premiada). Al abrir una puerta, el no está creando un juego todo nuevo, sino que está dando información valiosa sobre el juego original. Es por eso que la respuesta es tan contra intuitiva: nos parece que el presentador abrió una puerta aleatoriamente, pero eso está muy alejado de la verdad. Como vimos, si inicialmente elegimos una puerta no premiada, él no tiene ninguna libertad de escoger y sólo puede abrir una puerta.

El problema de Monty Hall, también llamado por algunos como la Paradoja de Monty Hall, se enseña en muchos cursos de probabilidad, y en Harvard y Princenton se hacen ejercicios sobre este tema. Demuestra muy bien cómo nuestro cerebro no fue hecho para lidiar intuitivamente con tales tipos específicos de problemas. Felizmente, así como nosotros podemos factorizar un número en el papel con facilidad aunque sea un tanto difícil de hacer lo mismo mentalmente, se puede resolver el problema de Monty Hall en el papel de una forma simple y sin error usando el Teorema de Bayes de probabilidad condicional.

Ah sí, en cuanto a nuestro insólito caso de trasmigración del alma en el plano astral. Sinceramente, si después de quebrarse la cabeza con el problema de Monty Hall usted todavía prefiere oír hablar de trasmigración del alma entonces tal vez sea hora de una metamorfosis.

¿Aviones a reacción precolombinos?

Kentaro Mori

Al final de los años 60 el biólogo Ivan T. Sanderson, conocido más como promotor del Pie grande, llamó la atención sobre algunos dispositivos pre-colombinos de oro de varios siglos de antigüedad producidos por culturas aborígenes primitivas. Según él, serían reproducciones de aviones a reacción, conclusión apoyada por el Dr. Arthur Poyslee, del Aeronautical Institute de Nueva York. Parecería ridículo si los artefactos realmente no se pareciesen tanto a los aviones modernos.

Parecen tener alas y estabilizadores verticales y horizontales, en formato delta adecuado a velocidades supersónicas lo mismo que ranuras que podrían interpretarse como de metal corrugado o de estructuras en viga que apoyaba las piezas. El dispositivo de arriba no es el único de esta clase. Al lado se puede ver otro de estos intrigantes artefactos, que existen en número considerable. En las alas, esta vez lisas, también parecen haber diseños que se podrían interpretar como insignias, similares a las que adornan hoy a nuestros aviones a reacción.

El artefacto mismo se transformó en el logotipo del AAS (Ancient Astronaut Society, algo como Sociedad de Antiguos Astronautas), y la comparación de abajo se ha circulado mucho, principalmente (como no podía dejar de ser) en los libros de Erich von Däniken.

Hace algunos años, los miembros de la sucesora del AAS, el AAS-RA (Archaeology, Astronautics and SETI Research Association) se dieron al trabajo de construir modelos a escala de estos aviones a reacción pre-colombinos. Uno equipado con hélices, y otro completo con un pequeño motor a reacción colocado en el lugar en donde se presume que estaría en los originales.

Sorpresa a los más escépticos: los modelos de Algund Eenboom y de Peter Belting volaron. No llegaron a velocidades supersónicas, pero volaron bien.

La posición del motor a reacción y la entrada de aire puede parecer un tanto extraña y diferente, pero para la felicidad de los que ya están creyendo en los aviones a reacción pre-colombinos, son similares a la disposición de uno de los primeros aviones a reacción modernos, el Heinkel-162 de 1944.

Finalmente, si todo esto parece por demás increíble, y el último recurso de la mente sensata parece ser preguntar si tales dispositivos realmente existen, o son realmente pre-colombinos (¿no podrían ser fraudes contemporáneos como las rocas de Ica o las figuras de Acámbaro?), es necesario decir que los artefactos se pueden también encontrar en el Museo del Oro, en Bogotá Colombia. No son fraudes. Aviones a reacción Pre-colombinos.

¿Será lo mismo?

Éste es uno de los indicios más sólidos y curiosos de tecnología antigua, no obstante una ojeada más cuidadosa puede revelar que hay explicaciones alternativas satisfactorias, y que los artefactos de hecho no deben ser representaciones de aviones a reacción.

Interpretaciones convencionales de las figuras del oro (minúsculas, un trabajo de platería admirable) las dan como insectos, quizás abejas, o pájaros, peces o peces-voladores. ¿Peces-voladores? El hecho es que otra pieza pre-Colombina de oro justamente admirada por su belleza representa un pez-volador.

Los Peces-voladores parecen ser los únicos animales que tienen una cauda vertical con relación al cuerpo, que podría ser interpretada como el ‘estabilizador vertical’ de nuestros supuestos aviones a reacción. También tienen aletas que les sirven de alas para planear por cierta distancia. Tanto su cola como sus aletas tienen ranuras características.

Cualquier persona debe confesar que hay una semejanza entre los peces-voladores y los artefactos que discutimos. La cuestión se convierten entonces en juzgar si los artefactos se asemejan más a un avión a reacción o a un pez-volador.

Algunas características llaman la atención en los artefactos y pueden ser bien entendidas si los encaramos como peces-voladores. Los ‘estabilizadores horizontales’ nunca están junto a los verticales, como es más común en los aviones modernos. Están siempre mucho más cerca de las ‘alas’, como cualquier aeromodelista debe saber, debe perjudicar un tanto su función de estabilización. Curiosamente, es justamente esta la disposición de las aletas y las colas en todas las diversas especies de peces-voladores, en los cuales las aletas traseras no son tanto estabilizadores, sino alas para ayudar en el planeo.

Las ranuras que pueden ser vistas en las alas de los artefactos sin duda se asemejan a las que existen en las aletas de los peces-voladores. Todos los artefactos tienen ojos y boca, con dientes. Finalmente, todos tienen una división clara entre la ‘cabeza’ y el cuerpo. En ellas, muchas veces parecen estar representadas nada menos que las agallas de los peces, y no entradas de aire para un motor a reacción.

Hay también diferencias de los artefactos con los peces-voladores. La principal de ellas es que la cola, o ‘estabilizador vertical’, no se extiende hacia abajo, como las colas de los peces. Sin embargo, esto se puede entender como fruto de la estilización de las figuras.

Todas estas argumentaciones son mucho más fuertes cuando descubrimos que hay todo un espectro de estilizaciones de peces-voladores, yendo del claro pez-volador de oro mostrado más arriba hasta los altamente estilizados confundidos con aviones a reacción. Observe estos otros dispositivos:

Constituyen una especie de acoplamiento entre claras representaciones de peces-voladores hasta las más estilizadas. En ellas podemos ver claramente ojos, boca con dientes, papadas, aletas y colas. Son peces-voladores.

Todavía puede estar intrigado entonces en cómo pudieron volar los modelos a escala de los artefactos, con hélices o motores a reacción. Esto en verdad no debe sorprender tanto, no más que el hecho de que algunos peces consiguen volar. Es evidente que modelos a escala de peces voladores, equipados con propulsión propia, también deben poder volar.

Sin embargo, en esta visión más crítica también es necesario notar que los modelos a escala no son propiamente reproducciones fieles. Las alas de los modelos tienen el perfil adecuado para generar sustentación, mientras que los artefactos de oro pre-colombinos presentan alas chatas. Este perfil adecuado, de hecho esencial para el vuelo, fue inventado simplemente, no siendo representado en los artefactos. Convenientemente también, los ornamentos presentes al frente de las ‘alas’ del artefacto no fueron reproducidos en el modelo, pues debían dificultar, y mucho, el vuelo (sin embargo, note que los ornamentos se asemejan a las protuberancias frontales en las aletas de un pez-volador). En el modelo a reacción, nótese también que un ornamento que debería estar al frente del escape del motor fue retirado (mientras que está presente en el modelo de hélice, y es claro, es bien visible en el artefacto original).

Al final, lo que tenemos es que algunas figuras pre-colombinas de peces-voladores más estilizadas son mostradas, mientras que otras que evidencian mejor su identidad son barridas por debajo de la alfombra. Al mismo tiempo, supuestas reconstrucciones de tales artefactos se hacen, omitiendo convenientemente lo que no es apropiado, e insertando lo que es adecuado e interpretando que son aviones a reacción.

Desdichadamente, una de las evidencias más sólidas de la alta tecnología antigua solo es intrigante mientras se omite mucha información.

Para saber mas:

Museo del Oro – De Colombia, subordinado al Banco de la República. En el sitio podemos ver el pez-volador pre-colombino, entre diversas otras figuras.

Postales del Museo del Oro – Página no-oficial, pero con diversas imágenes excelentes del Museo.

Fliegende Amulette – Mas sobre la ‘reconstrucción’ de Eenboom y Belting (en alemán).

Flugzeuge der Vergangenheit? – Mas sobre los ‘aviones a reacción’ pre-colombinos (en alemán).

Flying Fish – Mas sobre peces-voladores.

El problema de la inconmensurabilidad

EL PROBLEMA DE LA INCONMENSURABILIDAD ¿AS O JOKER EN LA MANGA DE LA ETH?

Kentaro Mori

Los extraterrestres son sicópatas. Si tomamos al pie de la letra los relatos ufológicos, todo disturbio mental que podamos imaginar puede ser constatado en estos seres: de sádicos asesinos en serie a pervertidos sexuales, pasando por desordenes de personalidad múltiple y hasta por el aspecto muy inconveniente de que ni en eso son constantes en cuánto a su aspecto físico -aunque casi siempre sean humanóides. Por comparación, los extraterrestres hacen de Hannibal Lecter alguien que podría ser niñera de sus niños. Incluso porque Lecter no atraviesa paredes o se transforma de un ser gigante y peludo de tres metros en otro enano pelón dependiendo en qué cultura esté.

Una cuestión relevante planteada en esta constatación es la presunción de que los actos de los extraterrestres deban tener sentido para nosotros puede ser una presunción simplemente incorrecta e injustificada. Las hembras de las mantis religiosas decapitan a sus parejas a la hora de la cópula, lo que parece absurdo a primera vista, pero ni por eso decretamos que las mantis religiosas no existen. Son solamente diferentes, y uno de los argumentos escépticos típicos –que yo mismo exploro hasta el agotamiento- es justamente el de que los extraterrestres deben ser muy diferentes de nosotros mismos. Sería inconsistente que los escépticos esperen que los extraterrestres sean diferentes de nosotros solamente en los puntos esperados. Así como no tienen que ser humanóides, pueden muy bien tener una percepción de la realidad diferente de la nuestra y actuar de forma aparentemente absurda.

Esto es básicamente lo que llamamos problema de la inconmensurabilidad (inconmensurable: Que no se puede medir o valuar). El fenómeno ovni es absurdo, y por lo tanto indistinguible de los eventuales actos de una civilización extraterrestre con raciocinio un tanto diferente a nosotros. Es por eso que el problema de la inconmensurabilidad es un gran as en la manga de la hipótesis extraterrestre (ETH).

Pero también puede ser un gran joker, puesto que los actos de una civilización extraterrestre con un raciocinio diferente al nuestros no necesitan y hasta tienen que ser indistinguibles del fenómeno ovni. Una civilización no necesita ser ‘conmensurable’, comprensible, para que nosotros la notemos, principalmente porque actos absurdos no equivalen a actos no conclusivos. No entendemos cómo se comunican los delfines o las ballenas; no obstante sabemos que los delfines y las ballenas existen así como su comunicación, o por lo menos su emisión de sonidos, incluso aunque todavía nos parezca absurda, y sea inerte a la comprobación científica. La comparación no es perfecta, pero el punto aquí es muy importante.

Los escépticos de las visitas, pero defensores de la posibilidad de vida extraterrestre, Frank Drake y Carl Sagan, entre muchos otros escépticos famosos, conocen perfectamente bien el problema de la inconmensurabilidad. El SETI (Search for Extra-Terrestrial Inteligence) es específicamente la búsqueda de civilizaciones que están transmitiendo señales de radio inteligibles. No están buscando civilizaciones democráticas, protestantes, con cinco dedos, colectivas, parásitas, pacifistas o musulmanas. La única pista que el SETI busca es una civilización capaz transmitir señales de radio inteligibles. No necesitamos entender los motivos y aspiraciones de esta civilización, no necesitamos entender lo que tal mensaje de radio quiera decir, todo lo que necesitamos es constatar que la señal es artificial -y no es humana. En caso de que alguien esté transmitiendo algo inteligible, no importa con que intención o significado, podremos saber que no estamos solos.

Si una civilización extraterrestre estuviera presente en nuestro planeta de la forma física, temprano o tarde, tal presencia se notará de forma concluyente. A menos que la misma desee lo contrario y sea capaz de actuar de tal manera, siendo que en este caso recaeríamos en las preguntas planteadas en la paradoja de Fermi y de la hipótesis de la preparación del contacto, pues para ocultar sus pistas tal civilización tendrá que entendernos, conocernos mejor de lo que nosotros nos entendemos. Si somos inconmensurables a tal civilización, todavía más algún acto –por absurdo que sea- acabará por dejar evidencias que podrían ser constatadas. Al final de cuentas, los sicópatas siempre dejan evidencias de que existen.

El problema de la inconmensurabilidad es real y muy probablemente existirá cuando establezcamos contacto. Según lo notado, es de hecho un gran as en la manga de la ETH puesto que es realmente concebible pensar que el fenómeno ovni en toda lo bizarro que es puede ser la manifestación de tal inconmensurabilidad, no obstante es importante notar que lo inverso no es verdad: la inconmensurabilidad de una civilización extraterrestre no debe ser manifestada sólo como un fenómeno no conclusivo de forma indefinida. Y son más de 50 años que el fenómeno ovni es no conclusivo a despecho de intensas búsquedas, amateurs o profesionales. Aunque los fenómenos no conclusivos puedan a veces parecer absurdos y lo inverso también ocurra, ‘absurdo’ (o inconmensurable) y ‘no conclusivo’ no son sinónimos.

Podemos especular en seres conscientes multidimensionales, o los transcendentales, para los cuales la inconmensurabilidad sería tanta que todos sus actos en nuestra ‘dimensión’ serían inconmensurables, indistinguibles de la magia, y que permanecerían indefinidamente no conclusivos. En este caso, lo inconmensurable sería siempre no conclusivo, pero estaríamos entrando ya en el reino improductivo de las especulaciones mágicas, que pueden justificar el fenómeno ovni y atribuirlo a seres omnipotentes que puedan también ser llamados gnomos, hadas, brujas, gremlins… o dios. Si seguimos el camino de que el fenómeno ovni es el resultado de algo que nunca será comprensible, podemos comenzar a recitar nuestras oraciones. Habemus Zeta Reticuli.

Ghostwatch

Ghostwatch:
Cuando la TV en vivo contactó con los muertos

Kentaro Mori

Una noche de sábado a finales de octubre de 1992, la BBC 1 inglesa difundió en el horario estelar el programa Ghostwatch -que se convirtió en un fenómeno televisivo, en varios sentido. Conducido por reporteros bien conocidos por los británicos, como Michael Parkinson y Sarah Greene, intentaba ser una investigación en vivo de lo sobrenatural en un formato entonces pionero, similar al usado en el Brasil en programas populares como Cidade Alerta y Brasil Urgente.

Smith, Parkinson y Green en Ghostwatch.

Incluyó un enlace en vivo a una casa supuestamente encantada, con la recepción de llamadas de espectadores y discusión del caso en el estudio por parapsicólogos, se expuso la historia de una familia perturbada. Pam Early, madre soltera irlandesa que vivía con sus dos niños, habría comenzado a atestiguar extraños fenómenos poltergeist en su casa desde finales del año anterior, incluyendo muebles volando móvil y barullos misteriosos. Como los barullos se parecían provenir de la tubería metálica, el fantasma fue bautizado por la familia como ‘Pipes’ (algo como ‘tuberías’). Pero las cosas no eran tan simples: comenzaron a aparecer rasguños inexplicables en el cuerpo de la muchacha más grande, Suzanne. La familia no estaba nada feliz con los acontecimientos, y todo era mostrado en vivo, intercalado con discusiones y presentaciones en el estudio.

Las cosas pronto se agitaron cuando los barullos en cuestión fueron oídos por el equipo de reporteros en la casa. Desdichadamente, descubrieron que era un fraude -una de las muchachas golpeaba la tubería. No fue el anti clímax sin embargo, con todos nerviosos con la embarazosa situación, comenzaron a ocurrir cosas realmente extrañas.

Apareció una mancha en la alfombra, y barullos -de gatos- emanaron de las paredes. El antiguo morador se había colgado, y él poseía doce gatos. Con su suicidio los animales quedaron dentro de la casa, sin el alimento, y se habrían alimentado del cuerpo del dueño. Un telespectador llamó al estudio para informa que había visto rápidamente en una de las escenas transmitidas una bizarra figura humana al fondo. Surgieron entonces todo tipo de marcas sobre el cuerpo de las pobres muchachas, parecidos a los rasguños de gatos, y ellas comenzaron a hablar con voces extrañas. Los espantosos maullidos de gatos eran cada vez más fuertes, las muchachas comenzaron a gritar, y todos salieron de la casa -excepto la reportera Sarah Greene con su cámara, valientemente siguiendo a una de las muchachas hacia el sótano.

Las niñas se retorcían y gritaban.

Un especialista en el estudio pronto sugirió una explicación terrible sobre lo que estaba ocurriendo: al transmitir en vivo desde un lugar encantado, con millones de telespectadores concentrados, se creó una “sesión del espiritista a escala nacional”. Las enormes energías psíquicas habían sido canalizadas, y ahora actuaban sin control -no solo en la casa, sino en todo el país, con problemas técnicos ocurriendo en el propio estudio. De vuelta en la casa, la reportera finalmente encontró a la muchacha dentro de un armario oscuro, y los barullos disminuyeron. Cuando entró a calmarla, la puerta se cerró súbitamente detrás de ella, que intentaba salir desesperadamente. Luego desaparece la señal, para no volverse más.

Extrañas marcas, como de rasguños de gato, aparecieron en el rostro de la niña.

En el estudio, las cosas también van de mal en peor. Fuertes vientos sacuden todo, y hasta aparecen maullidos de gatos. A veces, en la oscuridad y el caos, parece también surgir la imagen del fantasma desfigurado, ‘Pipes’. Y entonces, el presentador Mike Parkinson finalmente consigue hablar otra vez con calma, aunque todo siguiera estando muy oscuro. Justo cuando también es poseído por el malévolo espíritu y comienza a entonar una canción infantil, en medio de… maullidos. Fin.

Ghostwatch realmente salió al aire, ahora es claro, siendo en verdad un drama de ficción presentado el 31 de octubre, noche de Halloween, el día de las brujas. Repitiendo la famosa transmisión radiofónica de la Guerra de los mundos de Orson Welles, debía ser encarado por cualquier espectador sensato como una bromo (‘¿dulce o truco?’). A semejanza de la transmisión de Welles, tanto al principio como al final había la indicación de que la historia era una ficción -aquellos que vieron Ghostwatch desde el principio pudieron ver el logotipo de que era parte de una serie de dramas ficticios de la BBC, y los que se esperaron a ver los créditos del final (si no encontraron raro que un programa en vivo en medio del caos sobrenatural presentara créditos al final y acabara en el horario programado, 9:30 de la noche) pudieron leer quién era el libretista del programa que acababan de ver, el escritor Stephen Volks.

La niña corrió a esconderse al sótano.

Sin embargo, con más de 11 millones de espectadores para una buena historia de terror apoyada por efectos realistas y presentadores de credibilidad asociados a noticias reales, no fueron pocos los que pensaron que estaba todo aconteciendo de hecho. Las líneas telefónicas de la BBC habían sido congestionadas y la gente también llamaba asustada a la policía. Al día siguiente los periódicos ingleses portaban enfurecidos titulares por el furor público causado por el “programa irresponsable”. Poco tiempo después, el programa sería demandado por conducir al suicidio de un joven que lo había visto. Pero a pesar de las acusaciones de la afligida madre, la investigación policial no mencionó Ghostwatch.

En 1994, el terror todavía adquiriría el “honor” de ser el primer programa de TV en ser citado por el British Medical Journal: una relato de siquiatras infantiles detallaba cómo dos niños fueron tan afectados por el programa que desarrollaron un síndrome de estrés postraumático, condición normalmente asociada a ex-combatientes de la guerra o a víctimas de secuestros. Poco después, The Times hablaría con no menos de seis niños traumatizados. Pero el tratamiento psiquiátrico en todos habría surtido efecto.

La centralita del estudio recibió muchas llamadas.

Después de tanta crítica y polémica, la BBC acabó por intentar disociarse totalmente de Ghostwatch. El programa nunca fue retransmitido, y apenas hace poco fue lanzado en DVD. Esto porque, al contrario de la crítica, muchos espectadores lo adoran. Todo esto fue mucho antes de La bruja de Blair, o de los reality shows actuales. Según el autor, diversas inspiraciones y referencias sirvieron para la creación de Ghostwatch.

Desde la casa Sarah Greene dirigía el equipo de producción.

Allá al inicio de los años 50, cuando la TV era necesariamente en vivo, una serie de ficción científica y de terror, Quatermass (el precursor más venerable de series como Expedientes X), ya había transmitido su último episodio mezclando ficción y realidad. Para Volk, la mayor parte de las historias de terror más efectivas tenían un aire de pseudo-documental, yendo de Drácula a los trabajos de Edgar Allan Poe.

Ghostwatch también bebió de muchas referencias a eventos supuestamente reales, y fue asesorada por parapsicólogos de la propia Society for Psychical Research. El detalle ingenioso sobre la “sesión del espiritista a escala nacional”, donde las ‘energías psíquicas’ de los observadores podrían materializar fantasmas –aunque no fuesen reales de inicio- era una referencia a la experiencia del fantasma ficticio ‘Philip’. En ella, ocho miembros de la Sociedad para la Investigación Psíquica de Toronto inventaron de cero un fantasma -tomando cuidado de que todos los detalles de su trágica vida fuesen inventados y sin relación con la realidad. Después, intentaron entrar en contacto con el fantasma inventado por ellos mismos, y según relataron, en 1972 lo consiguieron. Una entidad seguramente irreal se habría tornado en ‘real’ solamente, especularon, por sus subconscientes.

Un joven se suicidó al ver Ghostwatch.

Pero la mayor referencia de Ghostwatch fue seguramente el famoso caso real del (irreal) Poltergeist de Enfield, en Inglaterra. Una familia compuesta para una madre divorciada con cuatro niños, en 1977 habría comenzado a presenciar fenómenos en su casa. Parecían centrarse alrededor una de las niñas de 11 años, Janet Harper. La ‘muchacha en edad pre-adolescente’ sería el disparador para los fenómenos perturbadores, tal vez energía psíquica sin control. Sin embargo, investigaciones subsecuentes con Harper en ambientes más controlados fallaron en revelar cualquier anormalidad, y la propia muchacha fue descubierta haciendo algunos efectos, jugando y afirmando que eran acciones de espíritus, o que había hecho eso para probar si los investigadores eran capaces de descubrirlo (¡).

El poltergeist de Enfield.

En este sentido, es todo una gran broma, un giro -de Enfield a Ghostwatch. Pero si de los fenómenos increíbles en Enfield solamente quedan testimonios, investigaciones sin éxito, películas y fotos dudosas, de Ghostwatch usted puede ahora comprar el DVD. Véalo de madrugada, y si oye algunos maullidos en la calle, procure no tener síndrome de estrés postraumático.

Lea más sobre Ghostwatch

Faking It – Ghostwatch – Artículo del Fortean Times, escrito por el propio libretista de Ghostwatch, Stephen Volk. Incluye información adicional sobre el caso Enfield, y comentarios sobre el artículo que la misma revista publicó sobre Ghostwatch en 1992.

Meet Mr Pipes – Breve página de la BBC, con comentarios sobre el programa de culto, e imperdibles clips del programa, incluyendo la escena final del presentador Parkinson poseído por el espíritu.

Museum of Hoaxes – Sumario del hoax del Museum of Hoaxes de Alex Boese.

Scared for Life – Bien-humorado comentario sobre el programa.

The Tenth Anniversary of Terror – Texto de Gavin Collinson comentando Ghostwatch en su lanzamiento en DVD.

Kim Newman on Ghostwatch – Comentario del BFI, que lanzó el DVD de Ghostwatch.

Ghostwatch – Site extenso sobre el programa.

Y más

Pânico! É a Guerra dos Mundos! – Sobre el programa de Orson Welles.

“Philip” – Sobre el experimento del “poltergeist artificial”. Es preciso tomar el curioso experimento con mucho escepticismo, no obstante.

The Enfield Case – “It is believed that this case began with genuine phenomena, but soon turned to trickery“. A pesar de eso, es una informativa página sobre el caso.

El problema de la inconmensurabilidad

EL PROBLEMA DE LA INCONMENSURABILIDAD ¿AS O JOKER EN LA MANGA DE LA ETH?

Kentaro Mori

Los extraterrestres son sicópatas. Si tomamos al pie de la letra los relatos ufológicos, todo disturbio mental que podamos imaginar puede ser constatado en estos seres: de sádicos asesinos en serie a pervertidos sexuales, pasando por desordenes de personalidad múltiple y hasta por el aspecto muy inconveniente de que ni en eso son constantes en cuánto a su aspecto físico -aunque casi siempre sean humanóides. Por comparación, los extraterrestres hacen de Hannibal Lecter a alguien que podría ser niñera de sus niños. Incluso porque Lecter no atraviesa paredes o se transforma de un ser gigante y peludo de tres metros en otro enano pelón dependiendo en qué cultura esté.

Una cuestión relevante planteada en esta constatación es la presunción de que los actos de los extraterrestres deban tener sentido para nosotros puede ser una presunción simplemente incorrecta e injustificada. Las hembras de las mantis religiosas decapitan a sus parejas a la hora de la cópula, lo que parece absurdo a primera vista, pero ni por eso decretamos que las mantis religiosas no existen. Son solamente diferentes, y uno de los argumentos escépticos típicos –que yo mismo exploro hasta el agotamiento- es justamente el de que los extraterrestres deben ser muy diferentes de nosotros mismos. Sería inconsistente que los escépticos esperen que los extraterrestres sean diferentes de nosotros solamente en los puntos esperados. Así como no tienen que ser humanóides, pueden muy bien tener una percepción de la realidad diferente de la nuestra y actuar de forma aparentemente absurda.

Esto es básicamente lo que llamamos problema de la inconmensurabilidad (inconmensurable: Que no se puede medir o valuar). El fenómeno ovni es absurdo, y por lo tanto indistinguible de los eventuales actos de una civilización extraterrestre con raciocinio un tanto diferente a nosotros. Es por eso que el problema de la inconmensurabilidad es un gran as en la manga de la hipótesis extraterrestre (ETH).

Pero también puede ser un gran joker, puesto que los actos de una civilización extraterrestre con un raciocinio diferente al nuestros no necesitan y hasta tienen que ser indistinguibles del fenómeno ovni. Una civilización no necesita ser ‘conmensurable’, comprensible, para que nosotros la notemos, principalmente porque actos absurdos no equivalen a actos no conclusivos. No entendemos cómo se comunican los delfines o las ballenas; no obstante sabemos que los delfines y las ballenas existen así como su comunicación, o por lo menos su emisión de sonidos, incluso aunque todavía nos parezca absurda, y sea inerte a la comprobación científica. La comparación no es perfecta, pero el punto aquí es muy importante.

Los escépticos de las visitas, pero defensores de la posibilidad de vida extraterrestre, Frank Drake y Carl Sagan, entre muchos otros escépticos famosos, conocen perfectamente bien el problema de la inconmensurabilidad. El SETI (Search for Extra-Terrestrial Inteligence) es específicamente la búsqueda de civilizaciones que están transmitiendo señales de radio inteligibles. No están buscando civilizaciones democráticas, protestantes, con cinco dedos, colectivas, parásitas, pacifistas o musulmanas. La única pista que el SETI busca es una civilización capaz transmitir señales de radio inteligibles. No necesitamos entender los motivos y aspiraciones de esta civilización, no necesitamos entender lo que tal mensaje de radio quiera decir, todo lo que necesitamos es constatar que la señal es artificial -y no es humana. En caso de que alguien esté transmitiendo algo inteligible, no importa con que intención o significado, podremos saber que no estamos solos.

Si una civilización extraterrestre estuviera presente en nuestro planeta de la forma física, temprano o tarde, tal presencia se notará de forma concluyente. A menos que la misma desee lo contrario y sea capaz de actuar de tal manera, siendo que en este caso recaeríamos en las preguntas planteadas en la paradoja de Fermi y de la hipótesis de la preparación del contacto, pues para ocultar sus pistas tal civilización tendrá que entendernos, conocernos mejor de lo que nosotros nos entendemos. Si somos inconmensurables a tal civilización, todavía más algún acto –por absurdo que sea- acabará por dejar evidencias que podrían ser constatadas. Al final de cuentas, los sicópatas siempre dejan evidencias de que existen.

El problema de la inconmensurabilidad es real y muy probablemente existirá cuando establezcamos contacto. Según lo notado, es de hecho un gran as en la manga de la ETH puesto que es realmente concebible pensar que el fenómeno ovni en toda lo bizarro que es puede ser la manifestación de tal inconmensurabilidad, no obstante es importante notar que lo inverso no es verdad: la inconmensurabilidad de una civilización extraterrestre no debe ser manifestada sólo como un fenómeno no conclusivo de forma indefinida. Y son más de 50 años que el fenómeno ovni es no conclusivo a despecho de intensas búsquedas, amateurs o profesionales. Aunque los fenómenos no conclusivos puedan a veces parecer absurdos y lo inverso también ocurra, ‘absurdo’ (o inconmensurable) y ‘no conclusivo’ no son sinónimos.

Podemos especular en seres conscientes multidimensionales, o los transcendentales, para los cuales la inconmensurabilidad sería tanta que todos sus actos en nuestra ‘dimensión’ serían inconmensurables, indistinguibles de la magia, y que permanecerían indefinidamente no conclusivos. En este caso, lo inconmensurable sería siempre no conclusivo, pero estaríamos entrando ya en el reino improductivo de las especulaciones mágicas, que pueden justificar el fenómeno ovni y atribuirlo a seres omnipotentes que puedan también ser llamados gnomos, hadas, brujas, gremlins… o dios. Si seguimos el camino de que el fenómeno ovni es el resultado de algo que nunca será comprensible, podemos comenzar a recitar nuestras oraciones. Habemus Zeta Reticuli.