Archivo '. Los Identificados (Roberto Banchs)'

Abr
13

LAGUNA BLANCA (Cho.): CRIATURAS DE UN SOLO OJO

Roberto Banchs

El jueves 9 de octubre de 1969, en la zona de Laguna Blanca, al este de la provin­cia del Chaco (Argentina), se habría producido un singular episodio del que fuera testigo un ex-­funcionario policial y agricultor. Ampliamente difundida a través de la agencia Saporiti (1), la noticia señala que pudo observarse una rara máquina posada sobre un árbol, tripulada por tres insólitas criaturas de baja estatura, larga cabellera rubia, y dotados de un solo ojo.

La información periodística indica lo siguiente: “Makalle, Chaco- De acuerdo con una denuncia radicada ante las autoridades policiales de Laguna Blanca, de esta jurisdicción, que en realidad ha provocado verdadera conmoción, un conocido agricultor de la zona, en circunstancias que viajaba en una camioneta de su propiedad, tuvo oportunidad de ver a tres extrañas criaturas que ocupaban un más extraño aparato y que estaba posado en lo alto de un corpulento árbol. Según Amaro Lotcket (NdR: error por Lockett), ex- funcionario policial, actualmente dueño de un predio rural, alcanzó a ver a una distancia no mayor de diez metros a los misteriosos seres que medirían algo así como 80 centímetros de estatura. Lockett afirmó que tenían cabellera rubia, larga como vulgares hippies, pero -esto es lo más destacable de todo- contaban con solamente un ojo. El denunciante destacó, asimismo, que la extraña aparición ocurrió alrede­dor de las 17,30 de este último jueves. Lockett afirmó que él fue sorprendido por una especie de miedo, o simplemente frío, que lo obligó a detener la marcha de su máquina para indagar si pasaba algo raro. El aparato en que viajaban los hombrecillos -así los definió él- no hizo ruido alguno al posarse en lo alto del árbol, pero sí sus ra­mas comenzaron a oscilar, lo que demostraría que tenía un peso considerable. Él quedó como anonadado y solamente se concretó a mirar los movimientos que, desde el interior de la desconcertante nave, que periódicamente despedía luces multicolores, hacían los presuntos viajeros siderales. Lockett, hombre bien conceptuado, instó a las autorida­des a trasladarse al lugar donde vio a los pequeños seres, oportunidad en que se comprobó que, en efecto, las hojas del árbol, donde se había posado el aparato-disco, estaban visiblemente chamuscadas. Según el denunciante, cuando la nave misteriosa cobró altura, sin ruido alguno y se perdió instantes después en el infinito, recién se le volvió el alma al cuerpo, atinando solamente a dar marcha al motor de su camioneta, que se había detenido sin que él pudiera explicarse, y se alejó presuroso del lugar. Por indicación de su familia radicó la denuncia del extraño episodio que dice le tocó vivir”.

AVERIGUACIONES SOBRE EL CASO

Nuestras primeras indagaciones sobre el peculiar informe se inician en junio de 1986, mediante la consulta a algunos familiares en Villa Ángela y Barranqueras, Chaco. Fue así como el sobrino del testigo, Gilberto Lockett, nos informa que su tío Amaro había fallecido años atrás, pero nos refiere que el episodio fue comentado en la fami­lia y publicado originalmente en un diario de Resistencia. A su vez, nos comenta que el inusual encuentro ocurrió en la zona de Makalle y Laguna Blanca (localidades muy próximas entre sí, al noroeste de Resistencia) y que habría además dos testigos junto a Amaro Lockett, un agente de policía y un labriego. Sin recordar otros pormenores, nos sugiere hablar con otros familiares cercanos. En diálogo con la esposa, Peti, nos informa que su marido falleció en 1971, esto es, dos años después del encuentro. Mostrándose bastante cauta, se refiere así al episodio: “No le dimos importancia. Son co­sas que pasan y después no se acuerda más, porque piensa que no tienen trascendencia. De los otros testigos, ya no queda nadie”. En el mismo sentido se expresó su hija, Mi­ta, quien recordó que su padre en esa ocasión había visto un ovni, saliendo de Laguna Blanca, dando la impresión de seguir a la camioneta, la que finalmente se detuvo. Sin embargo, le restó credibilidad a la versión que indica que el referido aparato se posó encima de un árbol y, más aún, que haya visto extraños seres.

Los testimonios aquí reunidos permiten suponer que algo habría observado Amaro Lockett, pero que no se ajusta a la noticia periodística. Al menos, la existencia de las criaturas ciclópeas (que depararon incluso una variante tipológica de la clasi­ficación de los extra-terrestres (2), formulada por el brasileño Jader U. Pereira), pareciera ser irreal, producto de la fantasía.

No irían a concluir nuestros hallazgos en tal ocasión. En julio de 1993, el ufólogo rosarino Ing. Sigurdo von Wurmb, con muchos años en el tema, nos escribió: “… puede borrar el caso de Laguna Blanca, porque en aquella oportunidad hablé personalmente con Lockett, quien me explicó el caso; se trató de un chiste de unos amigos, quienes pasaron esa historia a ola prensa, la que lo publicó, como casi siempre, sin investigación previa y sin, por lo menos, hablar con el mismo Lockett”.

MEDITACIONES

Verificada la presunta falsedad del episodio descripto en la crónica periodística, atribuyendo al ex-comisario Amaro Teodomiro Lockett la percepción de un fenómeno anómalo, resultará ilustrativo señalar algunas posibles influencias que habrían configurado la fantástica narración.

Por esa época se desarrollaba una intensa actividad espacial, destacándose la pri­mera exploración humana lunar de la Apolo 11, celebrada a mediados de julio. Esta mi­sión -como todos los vuelos de la serie-, llevaba a tres astronautas, al igual que la extraña nave de Laguna Blanca.

Esas tres criaturas -u hombrecillos- presentan un peculiar aspecto. Su pequeña talla, enana, puede ser vista aquí como un defecto fisiológico (enanismo), que infiere potencialidades no desarrolladas y que -conservando ciertos rasgos humanos- denotan cierta monstruosidad. Dotadas de un solo ojo, este detalle hace inocultable referencia a los cíclopes, seres míticos de vida salvaje, antítesis de la brillante cul­tura homérica. Según las tradiciones, estos seres sobrenaturales eran ajenos a toda i­dea de justicia y sociedad. Siguiendo a Hesiodo, los cíclopes forman una tríade, y lleva cada uno un nombre significativo. La fábula cuenta que estos tres cíclopes fueron arrojados del cielo por Urano.

La “cabellera rubia, larga como vulgares hippies”, es un detalle que pertenece a la época, símbolo de libertad y rebeldía. Ese año, en un proceso oral, los hippies fueron juzgados por la sociedad ar­gentina como “unidades parasitarias, con perniciosas tendencias individualistas” y “e­lementos disolventes de la sociedad”. Y sus melenas, como una extravagancia para el consumo “de los que desean ver algo diferente” y “para hacerse populares” (3). Dos me­ses antes del caso, los días felices de Woodstock y el múltiple homicidio en la man­sión de Sharon Tate (4), ratificaron la condena frente a esta generación.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

(1) La Razón, Buenos Aires, y La Voz del Interior, Córdoba, 13 octubre 1969; et. al.

(2) Pereira, Jader U. Les Extraterrestres, 2e. numéro spécial de la revue Phénomènes Spatiaux, GEPA, Paris, FR., 4e. trimestre 1974, pp. 24/25 y 51 (cas 231, T. l1, V. 2).

(3) La Razón, Buenos Aires, 27 mayo 1969, p. 6.

(4) C1arín, Buenos Aires, 15 octubre 1993, supl., p. 3; y El Andino, Mendoza, 10 agosto 1969, p. 6 y 9.


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    Abr
    06

    MAR DEL PLATA, BA.: CIELO DE OVNIS

    Dr. Roberto Banchs

    El viernes 20 de agosto de 1965, en la ciudad atlántica de Mar del Plata ocurre un desusado avistamiento. Aunque la versión más conocida haya sido quizá la que ofrece el diario La Razón (l), y reproducida en varios libros de edición extranjera (2), la infor­mación original proviene del diario La Capita1 (3), Y dice así:

    “Nuevamente, Mar del Plata visitada por un ovni. Renacerá hoy la discusión entre crédulos e incrédulos. Se intensificará la creación de las más insólitas explicaciones y teorías.

    “Enfrentamos el riesgo de contribuir con psicosis colectiva y con ‘lances’ de la reconocida viveza criolla, haciéndonos eco, una vez más, de la versión no confirmada, tampoco comprobada, pero sí reiterada de varios vecinos de la zona comprendida entre El Pino y El Monolito, quienes a partir de las 20 de ayer, nos hicieron llegar el in­forme telefónico: vieron cruzar por el cielo marplatense un cuerpo luminoso con todas las características de los ya muy comentados ovni.

    “La información corrió por la ciudad y muchos fueron los que pasaron largos ratos recorriendo con ojos curiosos todo el estrellado cielo de la fría noche[1].Pero en La Capital recogimos la versión más completa. Nos visitó un joven matrimonio, llevando una pequeña hijita que mañana cumplirá el primer año de vida. Eduardo Angel Yacobi[2], originario de Luján y radicado hace un mes y medio en Mar del Plata, 25 años y productor de una compañía de capitalización y préstamos con domicilio en un hotel de la calle San Luis 2060, acompañado por su esposa, Teresa Ernestina Acuña de Yacobi, de 18 años lle­garon a nuestra redacción a las 23, para informamos sobre lo que aseguraron fue ‘una extraordinaria experiencia’.

    “Salían de la casa de un familiar, donde habían cenado. Caminaban por la calle 216 en dirección a (la Avda.) Luro, cuando al cruzar (la calle) 9 de Julio notaron un rui­do que sólo podían calificar como ‘fuerte zumbido’ y súbitamente, a 50 metros de altu­ra sobre sus cabezas, casi rozando las copas de los árboles, un objeto luminoso, gira­torio y ovalado. Siguieron caminando y observando. El objeto se apoyó sobre la tierra a 200 metros de donde estaban ellos y parecían caminar delante de él algunas figuras no distinguidas por los fuertes destellos de la luz que tomaba tintes rojizos a violá­ceos.

    “Eduardo Angel Yacobi, dice que quiso acercarse, pero ella -cuidadosa- se lo prohibió. Entonces, asegura el testigo que pensó en hacer partícipes de la experiencia a otros, ocurriéndosele así trasladarse de inmediato a nuestra redacción para hacer el relato.

    “Transcribimos, aquí la versión. Nuestros cronistas concurrieron de inmediato al lugar señalado por Yacobi sin lograr seña o rastro del ovni que impresionó a nuestro azorado visitante. El juicio definitivo de la versión queda a criterio del lector, no­sotros nos limitamos a cumplir nuestra labor objetivamente informativa”.

    BREVEMENTE:

    Intentamos localizar en esa ciudad a los eventuales testigos. Habían transcurrido muchos años y la posibilidad era remota. El hotel donde se alojaban ya no funcionaba como tal y nadie supo darnos alguna referencia. Fuimos al lugar de los hechos, en el área suburbana. Grandes baldíos y pocos lotes forestados rodean a la no muy abundante edificación. Allí sólo unas cosas han cambiado: un par de viviendas bajas en varias hectáreas se han erigido, y una nueva denominación de la calle 216 (hoy llamada Cana­dá). A los antiguos moradores les preguntamos si fueron testigos del supuesto ovni, o si conocían a los Yacobi-Acuña, y la respuesta ha sido en todos los casos negativa[3].

    Hasta aquí nuestra primera tentativa por dar con los testigos del inusual encuen­tro, y hacer un reconocimiento de la zona donde se habría producido el avistamiento. La tarea de encuesta queda abierta para un futuro, convocando a otros ufólogos para que colaboren o tomen la iniciativa de reanudar la investigación.

    Al momento, no es posible agregar mucho más, ni sería conveniente hacer lucubraciones con tan paupérrimos elementos de análisis. Sólo la presencia de los testigos que, ­de existir en un hasta ahora inhallable lugar, pueden propiciar -en palabras de E. A. Yacobi - el hacernos “partícipes de la experiencia” narrada. Mientras tanto, el episo­dio que hemos expuesto continúa engrosando el voluminoso anecdotario de los ovnis.

    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICA

    (1) La Razón, Buenos Aires, 21 agosto 1965.

    (2) Ribera, Antonio. Platillos Volantes en Iberoamérica y España, Pomaire, Barcelona, 1968, p. 175.

    Ribera, Antonio. Las máquinas del cosmos, Planeta, Barcelona 1983, p. 82.

    Bowen, Charles Ed. The Humanoids, Neville Spearman, London, 1969, p. 118.

    Lorenzen, Coral and Jim. Encounters whith UFO occupants, Berkley Medal1ion Books, New York, 1976, p. 156.

    Lorenzen, Coral and Jim. Flying Saucer occupants, The New A­merican Library, New York, 1967, p. 113.

    (3) La Capital, mat., Mar del Plata, 21 agosto 1965, p. 12.

    Nota: En cuanto a los datos astronómicos, señalemos que la Luna se encontraba en su 21a. fase decreciente, con una fracción ilu­minada del 39,86%. A las 22 horas, su altitud era de 22′19′ y su azimut 40,05 grados.


    [1] Esa noche se presentó fría, pero con tiempo bueno. La mínima anduvo por debajo del cero grado C y la máxima para esa jornada estuvo por encima de los diez grados, con vientos suaves y escasa humedad. No se registraron mayores variaciones.

    [2] Por ejemplo, La Razón, del sábado 21, señala que se trataba de Eduardo Luján Yacobi. Agrega esta fuente que el ovni estuvo a menos de 40 m de altura, y que a su lado pare­cían caminar figuras como si estuvieran solucionando algún desperfecto mecánico. Luego las figuras ascendieron al ovni y se alejaron en segundos.

    [3] Consultamos las guías de Mar del Plata y Luján intentando dar con los supuestos testigos. Ningún Yacobi y numerosos Acuña, pero sin parentesco. Tampoco observamos que alguno de ellos resida en la zona del avistamiento.

    Posteriormente, conversamos con vecinos de Pilar (localidad próxima a Luján) y de Luján, con apellidos similares (supo­niendo un posible error del diario), que reconocieron no guardar relación alguna con el citado testigo, ni conocer a ese apellido de familia. Dicho sea de paso, la población de Luján (BA) y sus adyacencias era de unos 30.000 habitantes. En Buenos Aires tam­bién dimos con un fabricante de guitarras, J. Yacopi, descono­ciendo por igual quién es E. A. Yacobi, y agregando que “en su buen oído” se trata de la primera vez que escucha ese apellido


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    Mar
    30

    GODOY CRUZ (Mza.): ¿SUEÑO O REALIDAD?

    Roberto Banchs[1]

    ANALISIS DEL CASO

    De la investigación practicada, la hipótesis de considerar al episodio descripto como producto de una experiencia real, existente en el plano perceptual (lo cual concierne a la naturaleza física o a la naturaleza psíquica del fenómeno), es nuestra opinión que la misma resulta endeble, en base a las evidencias fácticas y testimoniales:

    lro. La ausencia de otras personas que avalen simultáneamente la observación de Aníbal Petracini en el lugar de los hechos.

    2do. La falta de huellas o rastros en el sitio del presunto aterrizaje, que sugiere la inmaterialidad del fenómeno, como su fantasmal aspecto.

    3ro. Ciertos ítems del testimonio que no condicen con un hecho perceptual, tales como:

    a) El testigo no distingue ningún elemento reconocible en las cercanías, pues “es todo oscuridad”. Sin embargo, nin­gún desperfecto se habría producido en el alumbrado público distante a 50 metros.

    b) En esas condiciones y a través de la ventana distingue una tonalidad verde, opaca (calculamos de unos 0,04 x 0,12 m, a una distancia de 20 o 25 m, en la estimación del testigo), que tampoco él llega a explicar cómo ha podido distinguir.

    c) Retira la cortina para mirar afuera, quedando plegada, pero cuando se levanta por la mañana, ésta se encuentra en su lugar, desplegada y cubriendo totalmente la ventana de la cocina.

    d) Tampoco recuerda haber regresado a la cama, ni haber apagado la luz. Duda que aún permanece en el testigo.

    4to. Nada sugiere, finalmente, el presunto hallazgo de la colilla del cigarrillo que habría tirado al suelo momentos antes de la observación, pues como el joven suboficial declara, era su costumbre fumar en el dormitorio y arrojar las colillas, hallando al día siguiente, 4 o 5 de ellas en ese lugar.

    Habiendo expuesto la disyuntiva que desde un principio plantea el mismo testigo, respecto de que si el fenómeno posee una existencia perceptual o bien se trata de una imagen psíquica y, por otra parte, las inconsistencias de las posibles evidencias físicas, nuestro estudio se inclina indefectiblemente hacia la presunción de hallarnos an­te un hecho de naturaleza psicológica.

    UN ENSAYO INTERPRETATIVO

    Teniendo en cuenta que, de acuerdo a los estudios clínicos del Lic. J. C. Torcivia (que dicho sea de paso, se desempeña como psicólogo en una institución policial), Aníbal Petracini es un sujeto “de caracteres psíquicos normales”, el marco de posibilida­des explicativas se ajusta a abocamos al análisis contextual y motivacional que pudieran haber desencadenado semejante visión, si es que en el ámbito de la psique se encuentra.

    Con este propósito, ha sido preciso considerar todas las situaciones posibles vivenciadas por Aníbal Petracini antes del caso, ese día y tiempo atrás, y en particular aquellas consignadas como conflictivas, generadoras de estados de angustia, ansiedad o nerviosismo.

    Poco nos revelará en sí la investigación de los estados normales y estables del testigo. Sólo podemos aprovechar los estados de conflicto y fuertemente emocionales, que son -precisamente- cuando los contenidos del inconsciente tienen perspectivas de irrumpir a la conciencia. En estas circunstancias podemos realizar las observaciones que confirmen o no la participación de ciertos mecanismos psicológicos. En el estado en que se encontraba Petracini, el del reposo nocturno -donde se desarrolla una rica actividad psíquica-, constituye nuestro más favorable objeto de estudio.

    Dos clases de motivos existen para la formación onírica, tal cual pudieren haberse producido en nuestro ocasional testigo: a) un impulso o deseo inconsciente adquirido durante el reposo, que tomó la fuerza necesaria para manifestarse en un estado preconciente; b) un impulso insatisfecho proveniente de la vida diurna, un pensamiento preconciente, con todos los conflictos que lo animan. En ambos rige el mismo mecanismo de formación onírica, mediante la condensación y el desplazamiento (metáfora y metonimia), con el cumplimiento del deseo insatisfecho.

    El inconsciente permite crear visiones fantásticas que pueden pasar al sistema conciente, creyendo el sujeto haber vivido realmente estas situaciones extraordinarias, no pocas veces relacionadas con los ovnis. “Y ya que el inconsciente es mucho más capaz de lo que podemos creer -sostiene S. Robiou Lamarche-, es de esperar que los sue­ños tengan gran importancia en su relación con los ovnis”.

    Es muy probable que la experiencia se encuentre en una de las fases del sueño. En nuestra opinión, esto se ha dado en un estado de vigilia, en el nivel preconciente, donde se producen las llamadas visiones o alucinaciones hipnopompas, producidas por un enturbamiento de la lucidez de conciencia. En los sujetos normales -tal como es nuestro testigo-, estas imágenes intermedias que aparecen entre los estados concientes e inconscientes, ocurren en el momento de entrar al sueño (hipnagógicas) o próximas al despertarse (hipnopompas).

    Deberemos reconocer que, con frecuencia, estas visiones son tan vivas, tan claras y se imponen tanto como la percepción. Para Roustan, sólo una suerte de trabajo lógico hace rechazar una imagen entre otras.

    Evidentemente, como sostenía Carl Jung, “es cosa obvia que los ovnis no sólo se vean, sino que además se sueñen”. Cobra ahí un estatuto alucinatorio, esto es, el de una percepción sin objeto real.

    Bajo el enfoque de la psicología compleja, el caso tratado se constituye en un pa­radigma de la difundida angustia existencial y de la inseguridad actual del hombre inteligente, e indicaría de manera ejemplar la compensación que procede del inconsciente trascendiendo su forma de vida corriente y agobiante.

    En aquella jornada, la preocupación de Petracini se acentúa debido a los imprevistos económicos que le ocasiona la reparación de su automóvil (depositario de su angus­tia), a los que no halla solución, reactualizando dicha angustia e insatisfacción, en­fatizado por el problema de salud de su mujer (presenta fuertes dolores de columna) y de relación conyugal (había reñido con ella). En esas condiciones, y sin cenar, se va a dormir, tras haber orado como de costumbre. En tal sentido, la oración es un suspi­ro que expresa cierta impotencia, una actitud que compensa la superstición en el que­rer y el poder humano.

    Un hecho significativo contenido en el relato de Petracini, es el hábito que tiene de despertarse a la hora en que su visión fue interrumpida por el reloj despertador, alcanzando recién entonces su total lucidez de conciencia. El hábito -definido como una disposición adquirida y duradera-, actúa como una especie de memoria que tiende a la reproducción involuntaria de ciertos actos, como por ejemplo, despertarse a de terminada hora. Mediante esta disposición podemos señalar que Petracini -con su sueño liviano, es decir, en un umbral cercano a ambos estados de conciencia-, alcanzó próximo a la hora de despertarse un nivel preconciente, donde se funden sus hábitos cotidianos (levantarse, ir a la cocina) con sus deseos latentes recientemente adquiridos, que concierta -pues- en estados afectivos y representaciones (la tenencia del automóvil, que a la vez estaciona ¿curiosamente? a pocos metros de donde ocu­rrió la aparición del ovni y que -no sin motivo- muestra una notoria seme­janza en cuanto a su forma), con los contenidos simbólicos de la figura humanizada.

    Llama la atención que el ovni esté representado en el sueño bajo el aspecto de su pequeño automóvil. Esto puede deberse, en parte, porque siendo el testigo un individuo joven, suele simbolizarse con un objeto de su experiencia personal, algo trivial, pero que compensa sus elevadas aspiraciones. No obstante, el ovni es concebido de este modo como un vehículo, de su energía y dinamismo, al parecer portador de un ser superior, representante de las cualidades psíquicas del propio soñante. Tratase aquí sin duda de un ejemplo de modificación, sobre una antigua representación por adquisiciones recientes, de sustitución automóvil-ovni.

    El ovni correspondería, entonces, a una proyección del testigo, en la cual el símbolo (cuerpo circular), indica que lo que se proyecta tiene por contenido una totalidad -de la psique- en todos sus aspectos. Se ha dicho incluso que la contemplación de dicha forma en los sueños, aporta la sensación de que la vida ha vuelto a encontrar un significado diferente.

    La imagen de características humanoides adquiere también importancia. El sí mismo con frecuencia se personifica en los sueños como una figura humana superior. General­mente aparece en momentos cruciales de la vida del sujeto, crisis en que cambian su actitud básica y su forma de vida, esperando una solución creadora para su conflicto. Todo el ser se condensa entonces en unicidad con el fin de vencer las dificultades (“ahora espero mis problemas con una solución…”, etc.). Esta visión del ocupante aparece en una forma simbólica, y con ella, renovaciones de la vida, un élam vital creador, y una nueva orientación.

    En los sueños del hombre, este núcleo está generalmente personificado como figura femenina. En su manifestación individual, por regla, adopta la forma de la madre (“supongo que -la figura- tiene que tener sexo; supongo que puede ser femenino… en este momento se me ocurre que puede ser de unos 50 años de joven apariencia”). Personifica­ción de ciertas tendencias psicológicas tales como sospechas proféticas, captación de lo irracional, sensibilidad por la naturaleza y una mayor relación con el inconsciente (“… y hasta me pareció haber adquirido, como quien dice, un cierto poder mental, por ejemplo: predecir mis problemas y esperarlos ya con una solución…”).

    El sueño toma en cuenta su vivienda y aparece cerca de la ventana de su cocina, que es el tradicional lugar de transformación -transformación psíquica en este caso- o el supuesto aterrizaje o descenso del ovni y su ocupante, ocurre en un terreno frente a su casa y al alcance de su visión, lo que parece un hecho importante y urgente, pues esa manifestación superior (impresión compartida por el testigo), ha acudido en su ayuda y guía, en momentos críticos en la vida del joven Petracini. El mensaje críptico es elocuente en su contenido.

    El descenso se produce en la negrura de la noche, a causa de su origen en el inconsciente. No hay fondo visible, sólo oscuridad (aunque en el lugar existe realmente un poste de alumbrado), donde resalta en primer plano la figura blanca, delante del objeto gris. La figura blanca representa para el testigo la criatura superior, la imagen más sobresaliente y pura de la visión (“… el blanco me sugiere algo puro y santo, no se por qué, pero es algo puro”, apunta Petracini ante nuestra pregunta).

    Lo que él llama “visera” del ocupante (llamémosle visión) de color verde, tiene un significado muy especial: “El color verde -dice-, el de la naturaleza, es para mí al­go que renueva la vida”. Se convierte en un hecho trascendente, esperanzador. A su vez, esta franja que aparece a la altura de los ojos del ocupante, expresa la acción e intención de ver.

    La figura quiere influir en su vida e indicarle de algún modo el camino que con­duce al mundo interior, o sea al conocimiento de uno mismo. En el sueño espera que ese conocimiento le permita hacer una vida más positiva. La figura representa, una vez más, un salvador que exhorta y lleva mensajes benéficos. A partir de entonces, se opera en él una clara sustitución de ‘la imagen ayudadora (“la imagen me ayudó al darme seguridad, en cambio Dios no me ayudó a solucionar mis problemas…”). Aparece aquí un llamamiento a la conciencia individual, en un sentido eminentemente práctico. El mal atestiguado en el mundo externo, en el contorno, parecen haberse hecho concientes, de manera tal que hay un primer paso hacia un cambio radical de su actitud frente al medio.

    Cambio significa que todo se mueve, y que caigan algunas cosas. Ver qué estaba flojo y qué se hace con esto, lo que supone un paulatino proceso de elaboración. Aquí está el nudo de un problema, por sus impredecibles consecuencias. Un cambio que no tenga estrategia que lo organice, siempre será un cambio de movilización solamente, sin el carácter adaptativo y de crecimiento.

    Podríamos extendemos todavía más, pero estimamos que lo expuesto es suficiente para acceder al caso y comprender algunos de los principales aspectos involucrados en el problema de los ovnis y sus ocupantes. Al fin, tomados estos conceptos como simples instrumentos o hipótesis heurísticas, podrían ayudarnos a explorar la vasta y nueva zona de la realidad abierta por el inconsciente e insinuada por el ineludible fenómeno de los ovnis.

    REFERENCIAS

    (1) C1arín, Buenos Aires, 15 diciembre 1979; Río Negro, General Roca, 17 diciembre 1979, citando al matutino Los Andes, Mendoza; Radiolandia 2000, Buenos Aires, 11 enero 1980, ps.14/17; Los Andes, Mendoza, 29 ene­ro 1980; Bo1etín CEFAI, Buenos Aires, N° 9, marzo 1980, ps.1/12; Contactos Extraterrestres, México, N° 80, 23 enero 1980, p.8; El libro de los misterios del hombre, ediciones de Semanario, Buenos Aires, no­viembre 1980, ps.64/71; Roberto E. Banchs, en El Universo de Jung, ed. comp. A. Las Heras, Editorial Trama, Buenos Aires, 1982, ps. 84/94.


    [1] Nota: Co-participó en este artículo la Lic. en Psicopedagogía Mónica M. Simonetti.


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    Mar
    22

    GODOY CRUZ (Mza.): ¿SUEÑO O REALIDAD?

    Roberto Banchs[1]

    El suboficial cabo primero Aníbal Raúl Petracini, del Ejército Argentino, es testigo el miércoles 19 de septiembre de 1979 de la aparición de un ovni y de una figura de apariencia antropomorfa que permanece junto al objeto, desde su vivienda ubicada en el barrio La Gloria, Dpto. de Godoy Cruz, en la provincia de Mendoza (l).

    Aún en la duda si su fantástica experiencia pertenece a una realidad desconocida para él o al mundo de los sueños, no deja de reconocer que su vida ha cambiado desde entonces. En febrero de 1980 entrevistamos al testigo en las dependencias militares, indagamos y rastreamos todo indicio revelador para intentar esclarecer la veracidad del relato, y he aquí lo obtenido:

    CIRCUNSTANCIAS ANTERIORES A LA OBSERVACION

    El miércoles 19, como es habitual, se levanta de dormir a las 7 de la mañana, se higieniza y se marcha en ayunas a su trabajo. Allí transcurre hasta el mediodía, sin que aconteciera ningún hecho saliente. Por la tarde se dirige a un taller mecánico de Godoy Cruz, con motivo de conocer el estado de un automóvil Citröen 2CV que había ad­quirido meses atrás, hallándose con la sorpresa de que debía remplazar y pagar por una pieza de valor no consignada en el presupuesto original. Sumamente preocupado ante la imposibilidad de disponer por sus propios medios del dinero necesario para retirar el pequeño vehículo, se dirige de inmediato a la casa de sus padres a fin de solicitar un préstamo, pues la consecuente demora le acarreaba crecida ansiedad; pero sus expectativas resultan vanas y más tarde regresa a su hogar.

    Como en el día anterior había reñido con su esposa, opta por no cenar y decide no comentarle nada de lo ocurrido. Esa noche, para más, su mujer presenta unos intensos dolores en la columna y toma un calmante para conciliar el sueño. Ese medicamento se lo había proporcionado su suegra, pues durante esos días Aníbal andaba muy ansioso por el asunto del automóvil, y era él quien lo tomaba por entonces. Esa noche fue la excepción. A las 22 o 23 horas, se va a dormir junto a su esposa y su pequeña hija. “No re­cuerdo haber rezado, pero más que seguro que sí, pues lo hago siempre para agradecer por todo lo que tengo y todo lo que soy”, nos dice.

    EL INUSUAL AVISTAMIENTO

    A cierta hora de la noche o de la madrugada, que no puede precisar, cree haberse despertado completamente despabilado y sin sueño. Acto seguido prendió la luz del velador, se incorporó, y encendió un cigarrillo. Su familia continuaba durmiendo. Arrojó luego la colilla y sin saber porqué, atravesó un pasillo y se dirigió a la cocina, donde permaneció durante unos minutos apoyado en la mesada. Giró sobre su izquierda y corrió la cortina de la ventana que da a los fondos de su vivienda, hacia el oeste, donde hay un baldío.

    Asombrado, pero sin inmutarse, distinguió a unos 20-25 metros de distancia, un objeto circular, en forma visual de arco de circunferencia, gris metalizado, sin detalles apreciables, que se mantuvo asentado en tierra. Estima que el ovni tendría 1,50 y 2,00 metros de diámetro y 0,50 de altura.

    Esta observación habría durado apenas un segundo, cuando repentinamente apareció frente a él y a la derecha del objeto, una figura de aspecto humano, de unos 0,40-0,50 metros de estatura, con una vestimenta muy blanca, cuyo único detalle era una franja o visera opaca de color verde a la altura de los ojos. Se trataba de una imagen estática. En el campo visual del testigo sólo aparece el fenómeno, sin advertir fondo algu­no, que se mantiene oscuro.

    Su atención se centra en esa región, donde Petracini su pone que estaría localizada la visión del presunto ocupante. En esos momentos tiene la sen­sación de habérsele transmitido algo que le servía para su provecho. “El mensaje nunca lo supe -nos dice-, pero pienso que en síntesis una de sus partes es: adquirir confianza en mí; sé que hay más pero no puedo saberlo, lo sentí como algo telepático, sin escuchar ni voz ni tono, ni nada. Simplemente lo entendí”.

    Aníbal Petracini no tiene una clara noción del tiempo transcurrido, pero arriesga a decir que habríase extendido unos 15 a 20 minutos. Finalmente, no recuerda en absoluto las circunstancias en que concluye la observación. A las 7 horas del jueves 20, es despertado como de costumbre por el reloj, hallándose acostado y cubierto por las sábanas, junto a su familia. Tampoco recuerda haber regresado a la cama ni apagar la luz. Sin comentar nada de lo sucedido, se levanta con la sensación de tener la cabeza muy caliente, que sólo logra atenuar mojándosela completamente.

    CON POSTERIORIDAD

    Ese día Aníbal Petracini se encuentra bastante alterado, nervioso, aunque no presentó ningún trastorno fisiológico. Algo le comenta a sus compañeros de oficina. Por la noche se reconcilia con su mujer y alrededor de las 22 horas le narra su experien­cia, disponiéndose de inmediato a inspeccionar el lugar, provistos de una linterna en busca de huellas o vestigios, con resultado negativo. El viernes 21, ve a su tío y lo­gra recién solucionarle el inconveniente con el automóvil. El domingo 23 habla con su padre de lo sucedido con el ovni y le da algunas sugerencias para clarificar los he­chos. A tal efecto, y con las reservas del caso, decide escribirle a un entusiasta investigador local, el profesor en Literatura Victorio Corradi, en estos términos: “…un poco contra mi voluntad dirijo estas líneas, esta inseguridad de comentar lo que pasó se debe a la falta de pruebas por mi parte. Por este particular es que no estoy seguro de lo ocurrido, porque siempre fui de la idea de que me aterrorizaría ante tal hecho, y otra cosa muy rara a lo cual puedo pensar que fue un sueño, no recuerdo haberme ido de regreso a la cama ni haber apagado la luz. Yo quisiera que me dijera si fue sueño o algo real”.

    No obstante a haber mantenido su anonimato durante algún tiempo, se vio forzado por ciertas circunstancias a dar a conocer su identidad públicamente.

    Paso siguiente, el licenciado en Psicología Juan Carlos Torcivia aborda al testigo a fines de septiembre, expresando que su único propósito ha sido conocer el estado psí­quico del testigo, aplicándole al efecto -durante unas once sesiones- las técnicas corrientes de exploración psicológica (una batería de tests de inteligencia y personalidad), con entrevistas clínicas. De este modo concluye que se trata de un individuo con caracteres psíquicos normales y agrega que no se observan indicios de posibles deterioros mentales y que no puede ser encuadrado dentro del tipo de personalidad fabuladora o delirante.

    En esta instancia de la investigación, nos hemos dedicado al estudio del episodio y, muy especial mente, del protagonista de tan singular experiencia.

    EL CONTEXTO REFERENCIAL

    l. El testigo y sus preocupaciones:

    La económica constituye su mayor preocupación y un fuerte motivo de conflictos, apare­ciendo como una constante en todo el desarrollo de la entrevista. Para la fecha del caso (19, septiembre 1979), su mayor atención estaba centrada en la reparación del automóvil y en la solución económica que debía darle (reparación y solución que nos habla, por obvia, de conflictos internos). Los problemas de salud de su esposa y sus medicamentos, su vivienda semi-construída y financiada, aparecen como otras inquietudes.

    Su psique se halla bastante vulnerada a consecuencia de un posible conflicto bélico durante 1978/79, afectándolo de tal modo, que recurre durante varios meses a la asistencia de un psiquiatra, que le receta un “inductor de sueño”. Dice haber tenido entonces “el sistema nervioso destrozado”, manifestando problemas de relación laboral con sus compañeros, con actitudes violentas. Afirma que su actitud se ha moderado, aunque sigue teniendo sueño liviano con dificultades para dormir. Presenta un estado emocional inestable.

    2. El testigo y sus creencias: Es fundamental este aspecto de la investigación, para lo cual hemos efectuado una discriminación temporal:

    a) Antes del hecho desencadenante: Es un ferviente católico. Reza constantemente, 2 a 3 veces por día, para agradecer lo que tiene -su hija, el hogar- y para pedir ayuda a fin de resolver sus problemas. La imagen de Dios es “como algo que ayuda”.

    b) Después del hecho desencadenante: Aníbal Petracini expresa sobre este punto: “Mi vida después del encuentro cambió, según pienso, para bien. A los pocos días de lo ocurrido me di cuenta que ya no rezaba más, incluso que no creía más en Dios (NdR: actitud última que se mantuvo durante varios meses); comencé a alentarme yo mismo, y empecé a sentirme mejor y más seguro, y solucionando muchos problemas que rezando no logré superar; controlaba mis nervios y hasta me pareció haber adquiri­do, como quien dice, un cierto poder mental, por ejemplo: predecir mis problemas y es­perarlos ya con una solución o algún consuelo, dejando de darles importancia en algu­nos casos”.

    Si definimos a las creencias como la oposición a la certeza racional, o la adhesión a ciertas afirmaciones que no soportan una demostración rigurosa, hallamos propicio mencionar ciertas impresiones (subjetivas) del testigo en relación al fenómeno, para procurar develar las posibles causas del hecho descripto. En ese sentido y sobre el margen de duda que tiene sobre la autenticidad del caso, Petracini afirma no poder precisar la naturaleza del fenómeno, aunque piensa que la figura humanoide “debía ser algo muy, muy superior…” Su actitud “era de ayuda y amistad”, porque luego del incidente se producen en él cambios favorables. Y agrega: “Supongo que tiene que tener sexo; supongo que puede ser femenino…, aunque no le den mucho crédito a esto, pues el sexo femenino me encanta; bueno, la edad es algo difícil, ya que no hay indicios, signos de viejo o joven, pero en este momento se me ocurre que puede ser de unos 50 años con joven apariencia”.

    3. El testigo y sus recreaciones: Reconoce tener muy pocas expansiones por el factor económico. No lee prácticamente ningún tipo de publicaciones. Sólo posee algunos tex­tos escolares. Un libro que dice haberle agradado es El lenguaje secreto de los sue­ños, que leyó a los 17 años. Después del encuentro, ha tenido oportunidad de leer un libro sobre ovnis que no parece haberle atraído demasiado. “Nunca fui bueno para la lectura y escritura -nos dice-, lo que me interesa es expresarme con sinceridad y claridad…”.

    Le gustan los filmes de ciencia-ficción y los de acción. Sin embargo, no frecuenta las salas cinematográficas. “Me gusta la pesca -concluye-, pero tengo tan pocos recursos y lugares tan lejos de Mendoza, que por lo general me quedo en casa”.

    Sus gustos y recreaciones habituales están ligadas a las cosas más íntimas y cercanas: su vivienda y su automóvil.

    4. El testigo y sus aspiraciones: Nacido el 26 de mayo de 1955, sostiene que sus aspi­raciones son: “Ser un buen padre y fiel esposo, alcanzar una elevada moral y honradez, conseguir buena posición económica y social sin que me sobre ni que me falte”.

    LUGARES

    Pasando ahora a indagar el caso en el terreno, la vecindad y el ámbito de trabajo del testigo, indiquemos que el barrio La Gloria, del Departamento de Godoy Cruz, se encuentra próxima a la ciudad de Mendoza, capital de la provincia homónima. Se trata de una zona con densidad media de población, y con reciente asentamiento de vivien­das modestas de una planta.

    El lugar del suceso se sitúa en una manzana perimetral al barrio, conformada por cuatro viviendas unifamiliares lindantes entre sí, cuyos contrafrentes dan hacia el oeste, a un baldío donde se habría posado el ovni y su presunto ocupante que es, en realidad, un espacio que suelen aprovechar los niños del barrio para sus prácticas deportivas (una cancha de fútbol). A su vez, este terreno linda con un matorral y hacia el mismo cardinal, con la avenida de Acceso Sur, que une Mendoza con Luján de Cuyo. A los costados y a espaldas del sitio, se encuentran separadas por una calle (donde se halla ubicado, además, a 50 m un poste de alumbrado), gran cantidad de viviendas.

    Según la inspección del testigo y su esposa realizada al día siguiente del encuen­tro, y de la nuestra meses después, no se halló ningún tipo de indicios (huellas, ras­tros) que permitieran suponer que allí se posó algún objeto anómalo.

    Habiendo procedido a consultar a numerosas familias del barrio, nadie ha podido confirmar la presencia del presunto ovni, ni escuchado, visto o comentado algo re1acionado.

    Refiriéndonos al ámbito laboral del testigo, mantiene en general una buena relación con sus compañeros del Comando, quienes responden por su seriedad y responsabili­dad. No obstante, dada la imprevisible trascendencia periodística, Petracini ha sido objeto de bromas y padecido ciertas presiones de las autoridades militares, al no haberse tomado las providencias debidas. Esta última circunstancia le ha acarreado un notorio malestar.

    Al respecto, el 10 de marzo de 1980 decide escribirnos y nos expresa, entre otros conceptos, lo siguiente: “Le diré que este tema del 19 de septiembre de 1979 ya tuvo trascendencia como militar, lo cual me perjudicó considerablemente, y a causa de ello, pienso retirarme del Ejército a fin de año”.

    Continuará…


    [1] Nota: Co-participó en este artículo la Lic. en Psicopedagogía Mónica M. Simonetti.


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    Mar
    15

    MENDOZA (Mza.): EL CASO DE LOS EMPLEADOS DEL CASINO

    Roberto Banchs

    CONSIDERACIONES FINALES

    Jamás en la Argentina un informe de esta naturaleza, despertó el interés de tantas reparticiones oficiales, ni tuvo la tremenda repercusión alcanzada por los testimonios de Juan C. Peccinetti y Fernando J. Villegas. Transcurridos los años de aquel suceso, ha continuado vivamente la controversia. A propósito, este artículo desea propiciar un enfoque global y aportar nuevos elementos de análisis.

    Recapitulando, Mendoza era por entonces centro de notorias sorpresas: 1) la increíble experiencia de Peccinetti y Villegas, junto a otros sucesos sorprendentes; 2) la polémica actividad norteamericana en la base de El Plumerillo, vinculada con las pruebas atómicas francesas en el Pacífico; y, 3) la insistente presencia de la secta de Silo. Tres sucesos que parecen, de algún mo­do, relacionados entre sí.

    Con respecto al primero, se estableció un posible vínculo con la fantástica historia que protagonizó José Paulino Núñez, en la Destilería YPF, de Luján de Cuyo (Mza.), el 30 junio 1968. Enrique Serdoch, quien fuera en su momento vocero del testigo, dice que el padre de J.C. Peccinetti era empleado de la destilería; supone que el relato de Núñez pudo llegar por esta vía a sus oídos, de donde pudo tomar la idea para construir el caso (hay que recordar que si bien el caso Núñez se difundió después que el de Peccinetti-Villegas, aquel habría ocurrido un mes antes).

    Creyentes, escépticos y refutadores pueden atribuirse la posesión de una explicación sobre el episodio y, en particular, las inscripciones en el automóvil. Aunque de mane­ra diferente. El primero tendrá “total certeza de que el caso es real” y que los extraterrestres “utilizan lenguajes antiguos de nuestra civilización” (23). Podrán reconocer signos arameos, del antiguo alfabeto de la ciudad de Biblos, diciendo: “Comienza el final”. Sumergidos en un nuevo idioma, donde todas las formas de comunicación son váli­das para una interpretación de conjunto (signos ideográficos, matemáticos, mensajes telepático y visual), leerán en ellos: “El manejo irresponsable de la energía atómica se torna peligroso -comienza el final- ya no sólo para la Tierra sino para el sistema so­lar completo, y allí, no muy lejos, girando en la tercera órbita de Júpiter, viven, sienten y piensan tal vez otros seres similares a nosotros” (24).

    Los segundos, escépticos, se reservarán una opinión, mientras no dispongan pruebas materiales, concretas, acerca de los autores. Los últimos, verán en estas revelaciones la acción humana, sin miramiento alguno. Será conveniente, pues, analizar tanto las a­pariciones como los mensajes, poniéndolos en su debido contexto psicológico y social.

    La primera pregunta que surge es: ¿las marcas en el auto contienen un mensaje? El deseo puede hacerlo posible, convirtiéndolas en un signo que admitirá alguna interpretación con significado. ¿O se trata de una combinación del arameo, con símbolos algebraico-geométricos, y representaciones astronómicas? El caso del supuesto ovni de Mendoza y los símbolos inscriptos por sus presuntos ocupantes en el automóvil, pone ante la presencia de caracteres que se encuentran en petroglifos y pictografías de distintos lugares de América[1]. Dejaremos a los amantes de von Däniken la pregunta acerca de la presencia de los extraterrestres en épocas remotas, y si nos dejaron su escritura en la piedra.

    Es peculiar que sus autores, pudiendo expresarse en forma inteligible, comunicable, parecen haberlo hecho -sólo en la gráfica- en un lenguaje cifrado, oculto. Un acertijo que haría las delicias de los grupos esotéricos, como el de Silo. Coincidencia o no, este hombre al que sus seguidores llaman el maestro, siendo para algunos discípulos Cristo reen­carnado y para otros el último de los Budas, se afirma en el antiguo cristianismo y enseña su doctrina basada en una renovada forma de la gnosis y del hermetismo. Según los herméticos, cualquier estudioso de la magia podía llegar a ser como Jesucristo o Buda, mediante el conocimiento de los jeroglíficos, de la astrología y las figuras má­gicas (25). Silo, al frente la secta Khronos, se mantuvo actuando durante años en si­lencio, hasta que por medio de la meditación y el estudio, dice haber alcanzado la fuente de sabiduría. Un conocimiento legado por el hombre, a través de generaciones por los grandes maestros, los grandes iniciados[2].

    Más allá de lo real e imaginario que pudiere ser el encuentro de Peccinetti y Villegas, tiene características de una revelación. En algunas ceremonias, se admite a unos pocos -discípulos- al conocimiento de ciertos misterios. Las tres punciones en los de­dos, dando la impresión de tomar contacto con la sangre y consagrar así el encuentro, es significativo: la sangre constituye el tejido líquido más valioso de nuestro cuer­po y posee fuertes connotaciones simbólicas. La tríade es la constante numérica que suele observarse en ciertos ordenes establecidos (especialmente, de origen cristiano, ligada a lo espiritual-valorativo y trascendente): su reiteración en los grabados del automóvil (haciendo suponer que “las criaturas han venido tres veces de Ganímedes”) y que “habían dado tres veces la vuelta al Sol”, según el mensaje telepático recibido por los empleados del casino; los tres extraños seres que les efectuaron, curiosamen­te, tres punciones en los dedos mayor e índice de la mano izquierda, son evidentes. Pueden observarse además posibles referencias bíblicas. Veamos por ejemplo El Apocalipsis o Revelación, según San Juan, el teólogo, capítulo 1:

    “8, Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. (…) 17, Cuando le ví, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último”.

    Fernando J. Villegas.

    Más adelante, se ha de manifestar la profecía apocalíptica, “porque el tiempo está cerca” (1:3), de algún modo parangonable a las imágenes proféticas presuntamente mostradas por los humanoides, acerca de las tribulaciones que sufrirá la Tierra.

    Los testigos: Un aspecto fundamental de la investigación es el que se refiere a 1a personalidad e intereses de los testigos. Especialmente, por las sospechas del juez Jorge Marzari Céspedes recaídas en el primero, como uno de los responsables de la supuesta broma. No obstante, se dijo que Peccinetti no cambió su manera de ser después del en­cuentro, y que “sigue la vida de siempre”, a diferencia de Villegas que empezó a inte­resarse por “la lectura seria”, tratando de profundizar en temas que antes le eran ajenos (27). Al tiempo, pasó a desempeñarse de mozo en un restaurante.

    Juan C. Peccinetti.

    Peccinetti también dejó de trabajar en el casino y muy pronto comenzaron sus problemas. Veintiún días después del episodio fue suspendido en sus tareas (resolución 267), a pesar de que el sub-gerente del casino, Arturo Solari, con recato institucional, negó la versión y “menos por haber visto un plato volador”.

    Un año después, en agosto de 1969, personal policial de la Sección Defraudaciones y Esta­fas, recibió la denuncia formulada por cinco empresarios, productores de aceitunas, en la venta del oleaginoso a una firma que, aparentando solven­cia, finalmente no existía y sus responsables desaparecie­ron. La investigación policial tuvo éxito al lograr la deten­ción de los cuatro implicados. Entre ellos: Juan Carlos Peccinetti, apresado en la provin­cia de La Rioja, lugar donde -según la información policial­- juntamente con el resto de la banda habrían cometido delitos similares. Los detenidos fueron puestos a disposición de la Justicia, acusados de estafas reiteradas (28). El periodismo local pronto notó de quién se trataba, y no demoró en señalar su relación con los ovnis.

    Sin embargo, Peccinetti parece haberse fugado y, pese a tener pedido de captura en La Rioja y Mendoza, tres meses después ingresa al país trasandino. Hasta que en noviembre de 1970 vuelve a estar en las noticias. Esta vez, el Departamento de Investigaciones (policía civil) de Chile dio a conocer la identidad de “unos pistoleros” implicados en un asesinato. Según la policía, Peccinetti fue el autor de los dos disparos que causaron la muerte casi instantánea de un contador. El móvil del crimen habría sido apoderarse de una cantidad de dólares que portaba la víctima, dedicada al tráfico de dinero, al igual que Peccinetti y sus cómplices. Son conceptuados como “muy peligrosos” y -de acuerdo a lo informado- serían los autores del asesinato de un policía en Rosario y del asalto a un banco, también en esa ciudad santafecina (29).

    Como se desprende, la calidad de este testigo admite algunos reparos. No resulta aceptable pensar, aquí, en la acción transformadora generada por el encuentro, o en las variaciones de personalidad en el curso del tiempo. Antes bien, se trata de un sujeto dotado de una personalidad claramente definida.

    Así las cosas, tampoco debe asombrar que en los ámbitos oficiales se haya sospechado estar frente a una broma, uno de cuyos responsables sería J.C. Peccinetti. Aún más, de acuerdo a lo que hemos ido apuntando, estimamos probable que pudo haberse tratado de una superchería, una fabulación ideada con aparentes propósitos proselitistas.

    REFERENCIAS

    (1) El Andino, Mendoza, 12 septiembre 1968. Cfr.: La Razón, Buenos Aires, 13 septiembre 1968, y Clarín, 14 septiembre 1968.

    (2) 2001 - Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 2, 18 octubre 1968, p. 11.

    (3) Los Andes, Mendoza, y La Nación, Buenos Aires, 1 septiembre 1968.

    (4) Primera P1ana, Buenos Aires, N° 298, 10 septiembre 1968, p. s.s.

    (5) El Andino, Mendoza, 12 septiembre 1968.

    (6) Primera Plana, op. cit., p. 56.

    (7) Gente y la Actualidad, Buenos Aires, N° 164, 12 septiembre 1968, pp. 10/11.

    (8) Diario de Cuyo, San Juan, y Los Andes, Mendoza, 1 septiembre 1968; Así, 2ª, Bs. As., Año VI, N° 279, 12.

    (9) Así, 3ª, Buenos Aires, Año III, N° 147, 14 septiembre 1968, p. 17/septiembre 1968, p.9.

    (10) 2001 - Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, Nro. 2, 18 octubre 1968, p. 15.

    (11) Ibíd., p. 11, y Gente y la Actualidad, Buenos Aires, N° 164, 12 septiembre 1968, p. 11.

    (12) Gente y la Actualidad, op. cit., p. 12.

    (13) Diario de Cuyo, San Juan, 1 septiembre 1968.

    (14) Silo Opina…, “La religiosidad en el mundo actual”, Ed. La Comunidad, Buenos Aires, junio 1986 (s/conf. pública del 13 junio 1986, Casa Suiza, Buenos Aires), y 2001 - Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 2, N° 16, noviembre 1969, pp. 18/23.

    (15) 7 Días Ilustrados, Buenos Aires, N° 84, 16 diciembre 1968, p. 14.

    (16) El Andino, Mendoza, 4 septiembre 1968.

    (17) 7 Días Ilustrados, Buenos Aires, s/ref.

    (18) 7 Días Ilustrados, Buenos Aires, N° 72, 23 septiembre 1968.

    (19) 2001 - Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 1, 4 octubre 1968, pp. 4/11 y 26 bis anexas; La Razón, Buenos Aires, 25 julio 1968 y 17 septiembre 1968; Río Negro, Gral. Roca, 17 septiembre 1968.

    (20) La Capital, Mar del Plata, 5 julio 1968; Ecos Diarios, Necochea, 16 julio 1968.

    (21) La Prensa, Buenos Aires, 4 diciembre 1968, et. al.

    (22) Los Andes, Mendoza, 6 septiembre 1968.

    (23) Se1ecciones de Cuarta Dimensión, Buenos Aires, N° 5, mayo 1985, p. 10.

    (24) 2001 - Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 5, 6 diciembre 1968, pp. 18/19; Los Andes, Mendoza, 3 septiembre 1968.

    (25) Capanna, Pablo. Contactos extraterrestres, Edit. Claretiana, Buenos Aires, 1993, pp. 41 y 44.

    (26) Silletta, Alfredo. Sectas-Cuando el paraíso es un infierno, Meridion Edic., Buenos Aires, 1992, p. 184.

    (27) 2001 - Periodismo de Anticipación, Buenos Aires, Año 1, N° 2, 18 octubre 1968, pp. 14/15. (Investigación periodística de Alejandro Vignati y Marcelo Ray).

    (28) El Andino, Mendoza, 20 agosto 1969, p. 16; Los Andes, Mendoza, 21 agosto 1969, p. 13; y Mendoza, Mendo­za, 21 agosto 1969, p. 8.

    (29) Los Andes, Mendoza, 8 noviembre 1970.


    [1] Para mencionar algunas, los petroglifos de Colo-Michi-Co, en la provincia de Neuquén, estudiados por el Dr. Juan Schobinger y por César Seró; los petroglifos de Barreal, estudiados por Salvador Debenedetti; los caracteres hallados en Grave Creek Mound, Estados Unidos, son una prueba de similitud. No obstante, cualquier es­tudiante de arqueología podrá encontrar otras en cualquier obra de arqueología referida al arte rupestre.

    [2] En mayo de 1969 en la zona cordillerana de Punta de Vacas, Mendoza, Silo oficializó su propia secta. Allí lanzó una arenga pública en la que se conocieron los lineamientos de su doctrina, extendida en 40 países (26).


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    08

    MENDOZA (Mza.): EL CASO DE LOS EMPLEADOS DEL CASINO

    Roberto Banchs

    FINES INCONFESABLES

    Un llamado telefónico anónimo a las emisoras de radio, que brindaron abundante información del suceso, hizo saber que Juan Carlos Peccinetti pertenecía a una organización o grupo esotérico denominado Khronos, y que tendría “grandes debilidades por la ciencia ficción y los mensajes esotéricos” (l3).

    Esta versión es una de las tantas que circularon durante esos días, pero que tuvo bastante insistencia, aun cuando nada se pudo confirmar. Algunas personas han interpretado las palabras del juez Marzari Céspedes en tal sentido cuando expresó que el caso resultó “una broma con fines inconfesables”, o “con un móvil detrás”.

    El episodio resultaría, entonces, una forma espectacular de proselitismo. Indudable­mente, un hecho de estas características sería de gran auxilio Para quienes sustentan una forma de pensar que brega por una radical transformación de las formas clásicas del pensamiento.

    Khronos es una sociedad fundada en 1963 y liderada por Mario L. Rodríguez Cobo, más conocido como Silo. Durante muchos años este grupo se mantuvo oculto, actuando en si­lencio, buscando la fuente de la sabiduría. Eran jóvenes cuyas edades oscilan entre los 17 y los 35 años. “Un verdadero maestro -le impartía Silo a sus discípulos- enseña con gesto serio, pero aquel que lo hace riendo y con bromas es dos veces maestro”.

    Precisamente, el descenso del famoso ovni con sus cinco ocupantes coincide con el mes aniversario de su detención policial en Jujuy; el día de su arenga en Punta de Vacas (4 de mayo) se vio un ovni en la ciudad, y el día que prohibieron su arenga en Jujuy apareció otro ovni en esa región. Asimismo, la revista de difusión interna de algunos grupos seguidores del adalid (que, además nació en Mendoza), se llama OVNI[1], “por eso poco comprendida cuando sale al público, que se convierte automáticamente en un ovni, en un sentido humorístico”, justifican sus editores.

    Silo.

    “Hoy es claro que esta difusa religiosidad para avanzar, deberá combinar el paisaje y el lenguaje de la época (un lenguaje de programación, de tecnología, de viajes espaciales), con un nuevo Evangelio Social”, concluyó diciendo Silo en una conferencia pú­blica (14).

    Hasta donde se ha podido saber, la relación ovnis-fines inconfesables sólo encontra­ría asidero en la supuesta filiación de quienes habrían preparado esa broma, con lo cual el fenómeno pasaría a ser un factor de agitación.

    LAS INSCRIPCIONES EN EL AUTOMOVIL

    La ambigüedad interpretativa que sugieren los extraños símbolos, efectuados al pare­cer por un instrumento “que expediría calor, el suficiente como para poder marcar sin quemar”, es uno de los rasgos más notables. Se ha querido ver en ellos desde un mensa­je profético que contiene símbolos de antigua y variada procedencia terrestre, hasta la representación de un mapa astronómico, indicando el itinerario y procedencia de los ignotos visitantes.

    Una de las muchas interpretaciones de los símbolos inscritos en el automóvil.

    Es obvio que estas interpretaciones, en sí mismas, no constituyen argumentos a favor o en contra, pero es singular que los mensajes ideográficos (pantalla e inscripciones) son netamente sugerentes y ambiguos, en contraste con los mensajes telepáticos, cuya semántica muestra claridad y consistencia. A pesar, en todos ellos surgen elementos o ideas de contenidos sensual o espiritual (místico, profé­tico) por un lado, y racional (técnico, científico) por otro.

    En cuanto a su construcción, se ha observado que realizaron un rayado en el auto que tiene mucha similitud con el que haría una persona de nuestro planeta, lo que demos­traría una habilidad semejante. Se trata, en realidad, de dibujos geométricos primitivos, indignos de una civilización capaz de pergeñar artefactos que circulan por el espacio y atemorizar a los seres humanos. Lejos está la demostración de la pretendida superioridad científica y técnica.

    Por eso ha despertado la sospecha que produzcan unas marcas en un automóvil para indicarnos vaya a saber qué, cuando pueden hacerlo -según los empleados del casino- utilizando otros medios más inteligibles.

    “En vez de perder tres o cuatro minutos rayando un auto -reflexiona un mendocino-, podrían haber traído una hoja, un mapa, un bosquejo, ya sea un papel o en algún mate­rial para dejarnos en la Tierra, que es mu­cho más práctico que unas rayas mal traza­das en un auto” (16).

    Pero estos no son los únicos indicios que refuerzan la hipótesis de una patraña imaginada por los dos oscuros empleados del casino.

    UNA VISION DEL CONTEXTO

    El episodio ocurrido en Mendoza el sábado 31 de agosto de 1968 debe ser examinado teniendo en cuenta algunos acontecimientos, naturales y culturales, producidos en esa é­poca.

    Símbolos en el estribo del auto.

    En mayo se producen en Francia los celebrados disturbios estudiantiles y obreros que llevan a la disolución del parlamento, con efectos de revuelta en casi todo el mundo. Ese año mueren asesinados, en los Estados Unidos, dos grandes líderes de la paz. Acre­ce el clima bélico en Europa, y en la ONU se firma el tratado contra la proliferación de armas nucleares. Se acelera la puja espacial ruso-estadounidense.

    Días antes de producirse la denuncia sobre el ovni y los cinco ocupantes, estuvieron en la apacible ciudad de Mendoza[2], periodistas del semanario de mayor circulación nacional. Su propósito se debía a un polémico tema que ocuparía a toda página la tapa de la difundida revista ilustrada (17), bajo el título: “Base Norteamericana en Mendoza”.

    Marcas de pirograbador en el automovil.

    La actitud de la opinión pública reflejaba cierto desconcierto: “Éramos pocos los que conocíamos la existencia de dicha base extranjera en Mendoza”, L. S.; “Creo que no cum­plen funciones meteorológicas, como dicen…”, M. L. (l8). Pero la noticia no era del todo reciente. El 21 de agosto, El Andino de Mendoza informó que en la base de El Plume­rillo notó la presencia de aviones U-2 y un nutrido contingente de militares norteame­ricanos cuya misión, según se dijo, consistía en brindar asesoramiento a las tres ar­mas argentinas sobre temas vinculados al transporte, comunicaciones y similares. Sin embargo, no parece haber resultado convincente y fue más bien relacionada con la próxima explosión en el Pacífico de la primera bomba de hidrógeno francesa. Versiones le atribuyeron la misión de fotografiar, analizar, toda la prueba.

    No fue menos inaudito que el 23 de julio anterior, en el aeropuerto de San Carlos de Bariloche se avistara una nave que no respondió a las solicitudes de identificación y se alejó describiendo una parábola extraña. Se creyó que era un ovni. Recién el 15 de septiembre de 1968, un escueto parte de la Fuerza Aérea Argentina comunicó que se tra­tó de un avión RB 57 (Martin RB 57 D, un bombardero táctico, aquí en una versión de reconocimiento electrónico y fotográfico) del escuadrón de la USAF que operaba desde la Base de El Plumerillo, Mendoza, en tareas científicas. El vuelo referido constituyó u­na infracción a las normas de tránsito aéreo vigentes (19).

    Uno de los peritos recoge parte del mercurio.

    El eje de estas actividades parece haber sido, como se señaló, la serie de experimentos nucleares efectuados en los mares por Francia y planeados para su armamento bé­lico, causando alarma y una ola de protestas internacionales. A mediados de julio ese país hizo estallar la undécima bomba nuclear en el Pacífico Sur, desde que inició la organización de la fuerza nuclear francesa independiente, recordando que la bomba de hidrógeno sería estallada en la segunda quincena de agosto (20).

    Esto viene a coincidir con la fecha del recordado caso de Peccinetti y Villegas. En relación al mismo, debemos llamar la atención respecto a las imágenes proféticas que muestran los humanoides: la primera, una verdecida imagen con cascadas (¿Mendoza, qui­zá?), la segunda, la de un hongo atómico, acaso un holocausto atómico (como las prue­bas realizadas en esos días en el Pacífico Sur), y la tercera, como si apareciera nuevamente la primera, pero esta vez seca, sin vida.

    Es por igual llamativo que en esos meses se produjera una intensa sequía en Chile (país que bordea el sur del Océano Pacífico), y las provincias argentinas de Mendoza y San Juan, por la ostensible disminución del caudal de los ríos (21). Tampoco faltaron quienes pretendieron relacionarlo, con razón o sin ella, a las pruebas atómicas que se realizaron en la región.

    Portada de la mítica revista inglesa FSR.

    Tal vez sea pertinente citar, al respecto, la opinión de la Lic. Susana Morán de Giúdice, profesora de la cátedra de Psicología Social de la Universidad Nacional de Cuyo, acerca de lo psicológico en estas apariciones: “Luego de un acopio de opiniones, preferimos ubicar nuestro pensamiento en una posición que justificaría la aparición de objetos y seres misteriosos como proyección de cosas nuestras no realizadas, fundamental­mente en nivel de comunicación y dificultad en la vinculación con el otro-como-nosotros. Sería la necesidad de colocar afuera el no temer ante el temor real de destrucción”[3] (22).

    Continuará…


    [1] Precisamente, la revista OVNI, su órgano de difusión, hizo siempre un exordio contra todo tipo de violen­cia, y afirmó poco después de producido el caso: “Otro ciclo del espiral concluye. La Humanidad está en su punto crucial. El hombre continúa su tránsito de sueño en un mundo que ya no comprende. Hemos vuelto para clavar la espada, pero esperamos la llegada de los Grandes Enviados que sacarán de su crisis a pueblos y naciones”. Esta literatura de tono esotérico, constituye el Mensaje con que la llamada Sagrada Orden de América pretende “preparar el camino del Maestro para cuando llegue la estrella” (l5).[2] Mendoza tenía por entonces una población estimada en más de 100.000 habitantes. Ciudad de grandes espacios verdes, domina sus alrededores la visión de extensas planicies de pedemonte, donde proliferan las viñas, tras el marco de los altos cordones montañosos de la precordillera andina.

    [3] La psicóloga S. Morán de Giúdice se ha limitado a referir los comentarios con sus alumnos de la cátedra de Psicología. Social acerca de la influencia de lo psicológico en las apariciones de los extraños seres. Como su materia trata en especial de las relaciones interpersonales, aclara, se interpretó el fenómeno en estos términos. Vale decir que no se trató de ensayar una suerte de reduccionismo, sino, formular un punto de vis­ta posible, reflejando los comentarios pertinentes al ámbito de su quehacer profesional.

    En ufología, es común que el astrónomo hable de psicología, el sociólogo hable de física cuántica, y el ignorante hable de todo.


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