Archivo '. Los Identificados (Roberto Banchs)'

Sep
22

III - CONCLUSIONES

A - Un balance de la situación

IngenieroWhite4 Habiendo presentado en detalle todos los aspectos testimoniales e investigativos del inusual encuentro y posterior abducción, tenemos por un lado la impresión general favorable del personal médico que lo atendió en el nosocomio del gremio al cual él pertenece (ferroviario), aún cuando se hayan focalizado en lo orgánico y funcional, a la par de la claridad y precisión con que responde á las preguntas que se le formulan.

Sin embargo, como contrapartida, extendemos a continuación una lista de los puntos que nos llevan a pensar de un modo diferente:

a) El habitual movimiento de gente, a la hora y lugar indicado, que el testigo dice no haber advertido.

b) La improbabilidad de que Díaz haya perdido el conocimiento por falta de aire en la esfera, de 16 metros cúbicos, en el breve lapso descrito; por citar un solo detalle.

c) La imposibilidad que haya realizado el trayecto entre Bahía Blanca e Ing. White, en los horarios que declara, pues no coinciden ni el tiempo invertido en ello, ni la hora en que debió pasar el transporte colectivo.

d) La diferencia horaria entre la que C.A. Díaz afirma haber llegado al Policlínico (16,15) y la que la guardia del nosocomio sostiene realmente haberlo hecho (17,30, y quedar internado a las 18,50).

e) La evaluación psicodiagnóstica, que arroja indicios pesimistas con algunos desarre­glos de personalidad.

En base a las indagaciones efectuadas en Bahía Blanca, Ingeniero White y Buenos Ai­res, a las consultas periciales y, en suma, a todo lo expuesto en este informe, estimamos probable que se trate de un fraude, pudiendo calificar al episodio como una misti­ficación creada por el mismo testimoniante.

B - La reconstrucción de los hechos

08 Ing White - El semanario sensacionalista Así refleja su fantástico relato La noche del sábado 4 de enero, Carlos A. Díaz se dirigió a trabajar y, habiendo sido visto por numerosas personas, cumplió sus tareas con absoluta normalidad.

Ing. White – El semanario sensacionalista Así refleja su fantástico relato.

Finalizada su labor en la madrugada del domingo 5, se retiró del lugar a la hora que declara. Pero, en vez de trasladarse a su domicilio de Ingeniero White, optó por quedarse en Bahía Blanca y tomar el transporte más accesible e inmediato que hubiere en esa fecha, que lo condujera a Buenos Aires. El medio más apropiado resultó ser el ferrocarril, cuyo pasaje no abona y cuya línea conoce en detalle, por ser operario de la empresa.

Como el horario de salida era a las 6,15 de la mañana, habría aprovechado para adquirir el periódico (luego utilizado como prueba), aparecido horas antes (2,45 aprox.).

Después del viaje de nueve horas, en que llegó a la estación Plaza Constitución a las 16,10, debido a una demora de 52 minutos, parece haberse irritado los ojos (quizá, mirando al Sol) y arrancado algunos pelos, como “pruebas” físicas que respaldarían su relato, e ineludible para su ingreso al hospital.

Una vez concretado, tomó uno de los varios transportes locales que lo condujera has­ta las proximidades del Policlínico Ferroviario Central en la zona de Retiro. De esta manera, Díaz habría llegado alrededor de las 17,30, y a fin de ser más persuasivo, justificó la extensión del tiempo hasta su llegada al mismo, enunciando una serie de da­tos inciertos (p. ejem., que una persona desconocida lo halló durmiendo en un paraje desconocido, etc.). Así comenzó el caso de C. A. Díaz. Así parece cerrarse el caso de C. A. Díaz.

C - El factor psicológico

09 Ing White - Caminando por un costado de las vías El episodio del 5 de enero de 1975 no ha de concluir con la exposición de los argu­mentos desfavorables y la reconstrucción hipotética de los hechos. Nuestra inquietud nos lleva a intentar desentrañar el proceso psicológico y sus contenidos simbólicos.

Ing. White – Caminando por un costado de las vías, afirma no poder olvidar el alucinante episodio con los ETs (Así).

El mensaje que el ovni comunica del inconsciente es un signo que aparece para que todo el mundo lo vea, y sea escuchado, revelando la psique, la personalidad.

Desde el punto de vista psicológico, el relato de Carlos A. Díaz describe contenidos fantásticos que, por su naturaleza claramente simbólica, demuestran que provienen del inconsciente.

Un estado de angustia[1] primigenia, que nos remite a una falta, a una separación, y que proviene de una situación traumática, no resuelta o elaborada, parece anteceder a relatos de este género. Una novela que aparece como un intento de eliminar esa angus­tia, restitutivamente como fantasía, delirio o alucinación, y que es, a la vez, exteriorización del conflicto subyacente.

La angustia, en cualquiera de sus diferentes formas (siguiendo un análisis estructural) nos permite descubrir la problemática del doble: fusión y separación (del yo y del objeto), unión y desunión. Como defensa patógena, provoca la regresión a etapas tempranas, que tienen al nacimiento como modelo, prototipo de angustia.

No trataremos aquí de tomar posiciones acerca de las controversias que provienen de concepciones psicogenéticas distintas y que sobrepasan nuestro análisis, sino, preci­sar en cierto modo el nivel de emergencia, las condiciones y la modalidad de expresión de una de sus manifestaciones. Tampoco consiste en determinar en este artículo si ta­les regresiones suponen un recuerdo real, o una construcción fantasmática.

La remisión a la angustia del nacimiento está fuera de toda polémica. Y es allí don­de la experiencia perinatal (esto es: antes, durante y después del nacimiento) se abre en la polaridad fusión (goce, alienación) y separación, o abandono (castración, arrojamiento).

La primera se vincula, según el modelo freudiano, con la “protofantasía”, o fantasía originaria de la denominada vida intrauterina, también llamada “experiencia oceánica”. Lugar de éxtasis, goce y completud en el cuerpo materno. La segunda nos conduce, en cambio, a la angustia primaria o traumática, de “real-angst”.

La historia narrada por Carlos Díaz contiene esta problemática, encubierta, camufla­da en un relato ufológico que parece hacer “revivir” esa experiencia natal, sin poder despojarse de ese sentimiento (en su forma arcaica de aniquilamiento, deglución) y del dualismo (abducción-aducción, o por igual, retención-separación).

Una secuencia del relato de Díaz permite una comparación con las vivencias de la criatura dentro del vientre materno, teniendo en cuenta que las formas redondas o cóncavas suelen tener un significado femenino, confiriéndole al ovni (al margen de su de­notación física) un carácter generador y fecundador.

El ovni representaría para nuestro testigo la matriz o útero, al que describe cano un material fuerte y de color carne. Díaz aparece dentro del mismo en posición fetal; su estado transitorio es inconsciente y tiene la sensación de estar en vacío o ingravidez. Su subsistencia es posible por un orificio, o cordón umbilical, perdiendo la conciencia cuando se corta el flujo de aire que ingresa por él.

Las figuras que Díaz menciona son tres (podrían representar a su familia, dramatizando su situación vital); de ahí que la intención era expulsarlo de donde estaba contenido, aún cuando ellos mismos lo abdujeron, haciéndose incomprensible la resistencia de Díaz por quedar retenido en el recinto. Las seres que se dirigen a él haciéndole sentir su potencia, es una reacción del inconsciente cuando sentimientos de inferiori­dad y falta de significación amenazan la personalidad.

La figura más cercana (es el personaje más importante y singular), es la que lo toma de la cabeza, en tanto que las restantes lo hacen del pecho y del bajo abdomen, arrancándole pelos (la falta de pilosidad es, además, un rasgo de las criaturas), ame­nazando su integridad. Al respecto, digamos también que el organismo está constituido por cuatro sistemas principales: a) el sistema respiratorio (región torácica), b) sis­tema gastrointestinal (región abdominal), c) sistema cerebral (región craneana), y d) sistema muscular (todo el cuerpo). Cada uno de estos sistemas está directamente rela­cionado con un elemento del ambiente (atmosférico, físico, alimentario, social, cultu­ral), los que parecen estar en peligro de fragmentación.

La percepción indeterminada y desconocida de los seres parece analogarse con la del bebé, quien percibe aquello que lo rodea de manera global. Quizá pueda esto explicar la falta de detalles (sin manos, ojos, boca, nariz, orejas, genitales) de las figuras, pero sin duda nos revela el sentimiento de indiferenciación del propio sujeto, como se da en la criatura.

D - Percepciones de Díaz en presencia del ovni

10 Ing White -Uno de los estudios que le practicaron en febr 1975 y a los cuales se tuvo acceso Para su mejor entendimiento, enumeraremos en primer término las percepciones manifestadas por el testigo, y seguidamente –en ­forma secuencial- los observados en las criaturas al momento de nacer, permitiendo su comparación:

a) Presencia de luz dentro del objeto.

b) Paralización de Díaz.

Ing. White – EEG: Uno de los tantos estudios que le practicaron en febrero de 1975 y a los cuales tuvimos acceso.

c) Absorción del testigo.

d) Observación de luz intensísima.

e) Desvanecimiento del testigo.

a’) Dentro del vientre materno hay presencia de luz.

b’) Sabemos que la madre es transmisora no sólo de ciertas inmunidades, sino también de fuertes erosiones que provocan contracciones en el útero, determinando la para­lización momentánea de la criatura.

c’) Al final del embarazo, la criatura coloca la cabeza hacia abajo y la presión de la parte superior del abdomen de la madre desaparece, permitiéndole respirar con más facilidad y siente ser absorbido.

d’) Al ingresar al medio ambiente exterior, aparece una luz intensísima, mucho más po­tente que la que había dentro de la matriz.

e’) Después de nacer, la criatura -debido al desgaste de energía- pierde las fuerzas hasta desvanecerse.

E - Otros detalles del caso

El análisis del caso, nos permite inferir que habría en el testigo un intento de simbolizar algo de lo real. En esta línea de pensamiento, débese observar que la desaparición de Díaz se produce en las cercanías de su ámbito familiar (a 100 m de su casa), y la aparición se produce cercana a su ámbito natal (a 300 m del hospital de su gremio).

El hombre sin referencias conocidas, que tenía un vehículo “multicarga celeste”, pa­rece representar el tutelaje que lo acuna. El periódico que utiliza como “prueba” le permitiría asirse un nombre, prueba de renombre y notoriedad, lazo social que intenta entramarse.

Finalmente, el papel que desempeña el número en el inconsciente, ofrece también motivos de reflexión. Los números son, gracias a sus propiedades individuales, portadores y mediadores de procesos psíquicos. Receptáculos de ideas y pensamientos relativos al mundo y su orden, como se manifestaría en la significativa reiteración por parte de Díaz del tres y del seis[2], tanto en su testimonio como en aspectos de su vida cotidia­na.

Infinidad de otros detalles del relato con claros contenidos simbólicos ponen al descubierto la raíz psicológica del pretendido encuentro, cuya interpretación no ha pretendido reducir el incidente a estas áreas, sino después de un examen exhaustivo del sujeto y de la situación narrada por él, dando por resultado la comprobación de su fraudulencia.

F - Consideraciones finales

Lo expuesto hasta aquí, nos permitió descubrir un novedoso horizonte ufológico para la interpretación intrapsíquica de las “abducciones”. Ello nos conduce, a su vez, a formular algunas preguntas: ¿Esta relación perinatal se constituye en un patrón común de los relatos de abducciones, o de un segmento de ellos? En nuestra opinión, la naturaleza proteica y heterogénea de los informes torna improbable formular una explicación única para tan abundante casuística, siendo pertinente realizar un estudio específico, caso por caso. Sin embargo, nuestra convicción es que existe, al menos, un con­junto importante de sucesos abduccionistas en donde se observa cierta y significativa recurrencia al modelo perinatal.

De allí surge una segunda pregunta: ¿Hay en dichas regresiones un recuerdo o una fantasía acerca del nacimiento? La respuesta, desde luego, supera la investigación estrictamente ufológica, y quizá pierda interés al efecto, aunque los elementos hallados en este caso nos sugieren un contenido afectivo, simbólico y delirante.

G - Algo más

11 Ing White - C Díaz, 22 años después Dice haber viajado al centro de la Tierra Unos quince años después, a principios de octubre de 1990, el ferroviario Carlos Al­berto Díaz, ahora empleado de una empresa petroquímica, vuelve a cobrar notoriedad a través de los medios periodísticos, al declarar que el 14 de setiembre de 1988, viajó en una nave similar al centro de la Tierra, oportunidad en que -según sus palabras- tomó contacto con sus tripulantes intergalácticos y vio “animales prehistóricos y una comunidad de extraterrestres”.

Ing. White – Carlos A. Díaz, 22 años después. Dice haber viajado al centro de la Tierra.

En declaraciones a un canal televisivo bahiense, y reproducido en los diarios de to­do el país (v.gr., Diario de Cuyo, SJ, El Heraldo, ER, Diario Popular, BA, La Opinión, SL), Díaz sostuvo que tampoco pudo hablar con los tripulantes de la nave (“porque nosotros estamos materializados”, dijo), pero exhibió muestras de lo que afirma ser trozos del cuerpo de los visitantes, a los que denominó “savia”, agregando que son de estatura mucho mayor que la humana y se comunican mediante números del 0 al 28, en reemplazo de las letras del alfabeto.

Asegurando que esta fue la segunda vez que había viajado en un plato volador, auguró que volvería a hacerlo a mediados de ese mes, con destino a otra galaxia llevado por los extraños seres.

En rigor de verdad, la noticia no nos causó demasiada sorpresa. El episodio de 1975 aventuraba un nuevo “relato”, como ocurre en muchas abducciones. Es que la tenacidad de la trama delirante de su proverbial historia, produjo la impresión de no haberse agotado en la tentativa. Un ejemplo típico es la denominada “compulsión a la repetición” producida en los sueños, donde el acontecimiento traumático vuelve sobre el sujeto procurando su ligadura, su representación, pero siempre en forma enmascarada, camuflada, mediante una cadena de significantes y, con ella, una significación como tratamiento de aquello que irrumpe desde lo real. En suma, se trata de un nuevo intento de simbolización, de inscripción psíquica.

Sin embargo, en la repetición siempre hay algo de lo nuevo, sin repetir exactamente lo mismo. No haremos de este último testimonio de Díaz un análisis minucioso, aunque será necesario señalar la existencia de una misma estructura, más allá del aspecto formal en cuanto a “los seres que lo abducen en una nave similar”. Consiste aquí en referirnos, al menos sucintamente, a la naturaleza arcaica, al trasfondo regresivo del relato fabuloso aportado por Carlos Díaz: un viaje hacia el centro de la Tierra, la madre-tierra, en donde se hallan “animales prehistóricos”, una clara evocación a su pre­historia, a su pasado remoto, y en una alegoría de los instintos del hombre, de las funciones naturales del cuerpo, de los impulsos.

Esta vuelta al origen, total y pleno, confronta al hombre con sus mitos, descubrien­do una estructura mítica singular, por cuanto se interroga por el nacimiento.

Carlos Alberto Díaz produce una compulsiva regresión y una identificación, consistente en su reproducción exacta. Al parecer, construye una realidad delirante, sistemati­zada, poniendo en el mundo exterior lo que le pasa internamente. Recurre a los símbo­los, pero con la apariencia de que no funciona de manera esperable el principio de realidad.

En este marco, el diagnóstico no parece resultar muy favorable. Tampoco podría pre­verse un pronóstico auspicioso, sin un tratamiento adecuado. No sería ocioso advertir que Díaz, en un futuro, podría aportarnos otros elaborados y -quizá- bizarros relatos de lo que serían más que expresión de las difíciles travesías por los laberintos de su psique.


[1] El término angustia es empleado en adelante en su sentido vulgar, comúnmente comprendido. Vale decir, denotado por signos contundentes de sufrimiento, de un padecimiento subjetivo.

[2] El tres tiene la calidad de número perfecto, la expresión de la totalidad y el acabamiento. Es el producto de la unión de cielo y tierra (madre). Nada se puede añadir, completa la triade. En el embarazo, superar el tercer mes da por fin un monto de ansiedad, por el temor de que se produzca un aborto espontáneo. El seis es el número de la creación, mediador entre el principio y la manifestación. En el embarazo, atravesar el sexto mes implica la seguridad de que el bebé está completo para nacer. Llamativamente, C. Díaz tenía una hija de apenas seis meses de edad cuando, al tiempo en que es convocado a ser padre, se “desencadena” el episodio.


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    Sep
    21

    INGENIERO WHITE: UN CASO DE FANTASIA PERINATAL

    Dr. Roberto Banchs

    IngenieroWhite2 Entre la múltiple casuística sobre ovnis, con frecuencia se hallan fenómenos fácilmente explicables como una errónea apreciación o interpretación de elementos ambi­guos. En otras ocasiones, factores de índole estrictamente psicológica han desencadenado curiosos episodios.

    Precisamente, el domingo 5 de enero de 1975, el operario ferroviario Carlos Alberto Díaz narra una fantástica experiencia vivida con extraños seres en el interior de una nave, en la localidad bonaerense de Ingeniero White. Dado la factuosidad del hecho y sus pormenores, la prensa lo ha tratado con amplitud, llevándonos a practicar una minuciosa investigación, cuyo informe tiene características realmente sorprendentes y que estimamos de enorme valor para el estudio del problema.

    I - EL TESTIMONIO

    A - El recorrido: La noche del sábado 4 de enero de 1975, Carlos Alberto Díaz había estado trabajando de mesero en una fiesta de casamiento celebrada en la Sociedad de Fomento del Barrio Napostá, ubicada en la calle 19 de Mayo al 700, de Bahía Blanca.

    Éste es un trabajo que suele efectuar con asiduidad a fin de aumentar sus ingresos, los días libres. Cuando finalizó su tarea, avanzada la madrugada del domingo 5, se retiró a las 3,05 horas. El día se encontraba nublado, cuan­do emprendió a pie las siete cuadras que lo distaban de la parada del colectivo (ómnibus) de la línea 500, que lo conduciría próximo a su domicilio en Puerto Ing. White.

    Así es como Carlos Díaz caminó unas siete cuadras, hasta Plaza Rivadavia, adquirió un ejemplar del diario La Nueva Provincia (puesto a la venta alrededor de las 2,45 horas), y esperó en la esquina de Estomba y Avda. Colón el mencionado transporte.

    Tras el viaje, descendió en la parada frente al galpón de máquinas del Ferrocarril Roca, de la localidad portuaria, a unos 300 metros de su domicilio. Eran las 3,30 de la madrugada. Atravesó las instalaciones, donde están esparcidas locomotoras, vago­nes y rieles, hasta llegar a la calle Daniel de 01 Ing White - Sendero por el cual transitaba Díaz, momento antes de tener Solier, recorriendo unos 50 metros por un sendero lateral.

    Ing. White – Sendero por el cual transitaba Díaz, momento antes de tener el pretendido encuentro con un ovni. En el margen izquierdo se visualiza la vivienda del protagonista.

    En momentos en que se hallaba a unos 100 metros de su casa, ubicada en el Boulevard Juan B. Justo al 3100, y a 10 metros de una columna de alumbrado, se produjeron inesperadamente los hechos.

    B - El encuentro: El cielo reiteraba amenaza de lluvia, y nadie se advertía en la calle. Faltaba poco para las 3,50, cuando de pronto, a su derecha, Díaz observó una fuerte luminosidad acompañada de un estruendo, que en primera instancia confundió con un rayo. Seguidamente, comprobó que sus miembros no le respondían, estaba como paraliza­do. Un instante después, sintió como si una corriente de aire lo absorbía hacia arri­ba, hasta izarlo un par de metros, y perdió el sentido.

    02 Ing White -Lugar exacto del incidente- Díaz indica el punto de aparición del fenómeno C - En el objeto: Cuando recobró la conciencia, se encontraba acurrucado en posición fetal en el piso, en un estado que describió como de ingravidez, dentro de un ovoide de unos 3 metros de altura por 2,70 de ancho.

    Ing. White – Lugar exacto del incidente. Díaz indica el punto de aparición del prodigio espacial.

    En el globo no había ningún tipo de vanos, aberturas, ni instrumental alguno. Una luminosidad uniforme emanaba de su superficie, presentando el aspecto de un plástico o acrílico resistente, de color anteado (parecido a la piel del ciervo}. Sólo se veía un pequeño orificio de unos 3 cm de diámetro en la parte inferior del objeto, por donde penetraba una corriente de aire, que era lo que -según dice- lo mantenía con vida. Sin saber cómo pudo haber penetrado en su interior, en varias oportunidades Díaz hizo el esfuerzo de incorporarse procurando una salida, pero los intentos resultaron infructuosos.

    D - Las figuras humanoides: Permaneció en esa posición alrededor de 15 minutos, hasta que a sus espaldas aparecieron tres figuras que no supo de dónde surgieron. Tenían una apariencia humanoide, pero de estatura normal (1,70 a 1,80 m), y se desplazaban lenta­mente hacia él. No poseían articulaciones en las extremidades, aunque no parecían es­tar sujetos a un mecanismo. Carecían de manos y sus brazos terminaban en una especie de muñones. El rostro era liso, sin boca, sin nariz, sin ojos, sin orejas. La piel, desprovista de pelos, era de color verde oliva, lisa, pero fofa como la espuma de go­ma. Se hallaban desprovistos de indumentarias, sin notar sus genitales.

    03 Ing White - Croquis del protagonista C A Díaz En tanto, todo transcurría en silencio. Díaz, presa del miedo, no podía gritar y las figuras no hablaban ni se comunicaban entre sí. La más cercana, le tomó de la cabeza con sus muñones, y las otras le siguieron para sujetarlo del vientre y del pecho. Recién en ese momento, Díaz afirma haber tomado coraje y emprendió una desesperada defensa para separarse de los fantasmagóricos seres, aplicando su codo en el estómago del primero, a lo que siguió un forcejeo con sus manos, pudiendo notar que tenían menor resistencia que él.

    Ing. White – Croquis de la entidad antropomorfa y el ovni confeccionado por el protagonista Carlos A. Díaz.

    En esas maniobras, lograron desprenderle de la camisa y la camiseta, a la vez que le arrancaban algunos pelos de donde lo sujetaban, los que quedaron adheridos a sus ropas. En opinión del protagonista, las figuras trataban de arrojarlo fuera de la esfera, al parecer, a través de las paredes.

    Ante la tenaz oposición, comenzó a sentir que le habían cortado el aire y se le nublaba la vista, hasta desvanecerse nuevamente. Fue lo último que recuerda en el inte­rior de la esfera.

    E - La te1eportación: Siempre de acuerdo al relato de Díaz, éste apareció durmiendo boca abajo, ahora completamente vestido y junto a su bolso. Eran alrededor de las 15 y estaba a unos 30 metros de la carretera, en un paraje que le resultaba desconocido. El Sol estaba alto y le afectaba la vista. Miró su reloj y descubrió que permanecía dete­nido a las 3,50 horas.

    El hombre que lo había despertado, le dijo que estaba cerca de Buenos Aires, a unos 30 minutos de la estación Retiro. Le explicó al desconocido lo que le había ocurrido, pero éste se mostró algo incrédulo. Representaba unos 45 años y no quiso dar su nombre, pero trató de ayudarle y lo acercó con su Fiat 1500 multicarga ce­leste hasta la zona de Retiro, a unos 300 m del Hospital Ferroviario.

    II - SINTESIS INVESTIGATIVA

    A - La personalidad del testigo

    a) Su vida cotidiana: Carlos Alberto Díaz nació en Ingeniero White hace 28 años. Completó sus estudios primarios y pasó a desempeñarse hace seis años co­mo operario en el Ferrocarril Gral. Roca, en los talleres de Tracción 04 Ing White - interpr artíst de la supuesta exper vivida por C A Díaz -ilustró B G Mecánica de esa localidad. Está casado hace seis años y tiene una hija de seis meses de edad. Sus padres y sus seis hermanos residen en su mayoría en Bahía Blanca.

    Ing. White – Interpretación artística de la supuesta experiencia vivida por C. A. Díaz (ilustró B.G.).

    A propósito de su familia paterna, Díaz nos comenta con especial satisfacción que, a raíz de lo ocurrido, su madre lo frecuentaba de un modo desacostumbrado.

    b) Una aproximación psicológica: Mediante la observación directa y dos entrevistas llevadas a cabo apenas días después de producido el hecho, pudimos efectuar con la asistencia de la licenciada en psicopedagogía Mónica M. Simonetti, un estudio acerca de la personalidad del testigo.

    Se trata de un sujeto de inteligencia rápida y vivaz, pero sin profundidad. De reacción superficial, se muestra impulsivo y poco tenaz. Tendencia al trabajo mecánico y al pensamiento concreto. Sus sueños son un reflejo de la vida cotidiana.

    El estudio incluyó una batería de pruebas, de tipo proyectivas, negándose sin argumentos precisos a que se le administrara el test de la familia.

    Denota inseguridad, marcada dependencia materna, aislamiento, y signos de padecimiento subjetivo.

    Revela un gran monto de ansiedad. En sus rasgos esenciales, presenta a Díaz como un individuo sanguíneo, fuerte, impulsivo, inclinado a exagerar y a veces imprudente en la emisión de sus juicios. Tiene buena memoria (mayor para los colores que para las formas) y predomina en él el sentimiento, y aunque es activo, es inconstante. Sujeto de relativa perseverancia y propenso a la depresión. No quiere estar solo, pudiendo volcarse al exterior más por una necesidad afectiva.

    B - En el terreno, la vecindad y el trabajo

    05 Ing White (a) El protagonista junto a la columna de alumbrado, donde se inició el comentado periplo Ingeniero White es una localidad portuaria, con población netamente obrera, situada a 9 km al sud-sudeste de la ciudad de Bahía Blanca, y a unos 650 km al sudoeste de Buenos Aires.

    Ing. White (a) – El protagonista junto a la columna de alumbrado, a metros de donde se inició el fenomenal periplo.

    El lugar indicado por Díaz, donde se habría producido la abducción, se sitúa a mitad de cuadra de Daniel de Solier, al 3900. De un lado, hay una serie de casas, y del otro, un amplio descampado de unos diez mil metros cuadrados. Pese a una prolija revisación, no se pudo hallar ningún tipo de marcas ni indicios que permitieran suponer que allí ocurrió algo inusual.

    Con posterioridad, consultamos un buen número de familias de la zona. En todos los casos, nadie hubo escuchado ni observado alguna cosa extraña el día en que nuestro protagonista declara haber tenido su experiencia. Ni han rumoreado quién lo haya hecho. ­Tampoco los perros guardianes Parecen haber delatado alguna anormalidad.

    Respecto al movimiento habitual de gente, a la hora indicada por Díaz, los vecinos coinciden en que hay una considerable cantidad de personas que se dirigen o regresan de sus trabajos, aún los domingos, por el tipo de actividad desplegada en la zona. No obstante, Díaz afirma no haber visto persona alguna en las cercanías.

    La opinión de los compañeros de trabajo ferroviario, califica a Díaz como un hombre de sanos sentimientos y buen compañero. Sobre el episodio, nadie arriesga un juicio categórico, ni en favor ni en contra.

    C - Los medios de transporte

    06 Ing White (b) El protagonista dialogando con un periodista bahiense Según las averiguaciones realizadas en la empresa de colectivos de la línea 500, ésta es la única que dispone de un servicio nocturno entre Bahía Blanca e Ingeniero Whi­te. Después de las 23 horas, su actividad se extiende cada 30 minutos.

    Ing. White (b) – El protagonista dialogando con un periodista bahiense a poco de ocurrir el caso.

    Alrededor de la hora y lugar indicados por Díaz, un colectivo partió a las 3,30 de la madrugada de la Plaza Rivadavia, demorando unos 25 minutos regulares para cubrir los 9 km, hasta la segunda localidad. Se infiere, entonces, que el presunto transporte colectivo tomado en ese lugar por el testigo, debió pasar a las 3,55, por lo cual puede observarse una notable contradicción entre los datos de la empresa y los dichos del testigo, quien declara haber salido de su trabajo a las 3,05 y llegado a Ing. White a las 3,30, siendo materialmente imposible hacerlo bajo las circunstancias descritas.

    A consecuencia de este hallazgo, la investigación fue orientada hacia los transportes públicos que hubiera en esa fecha, que unieran Bahía Blanca con Buenos Aires, último punto de su agitado viaje alienígeno.

    El primer tren que partió ese domingo, rumbo a Plaza Constitución, en Buenos Aires, era el 142 procedente de Zapala, “La Estrella del Valle”, pasando por Bahía Blanca a las 7,07, debido a un retraso de 52 minutos, para llegar finalmente a Buenos Aires a las 16,10. Este dato también tendrá gran importancia.

    D - En el hospital

    07 Ing White - Hospital Ferroviario Central, en Buenos Aires, adonde recurrió C Díaz tras su aventura Varias debieron ser las tentativas realizadas en el Policlínico Ferroviario Central, de Buenos Aires, procurando una información genuina sobre este caso, pues la reserva profesional con respecto a la historia clínica del paciente y a la intervención policial que lo rotula, obraron en contra.

    Ing. White – Hospital Ferroviario Central, en Buenos Aires, adonde recurrió Carlos Díaz tras su aventura sideral.

    Por fin, pudimos acceder al expediente y conocer con absoluta exactitud el diagnóstico y evolución de Díaz, durante todo el proceso de su internación. De esta manera, saliendo al cruce de las más disparatadas versiones que circularon, logramos confirmar que Carlos Alberto Díaz fue internado, a requerimiento suyo, con el propósito de estu­diar la evolución clínica de un presunto post-shock emocional, a las 18,50, aunque se hizo presente alrededor de las 17,30, siendo destinado al 8° piso, donde funcionan las salas de neurocirugía.

    Nótese aquí que la hora de llegada y posterior internación (debidamente registrado en el nosocomio) no coincide, nuevamente, con las declaradas por Díaz, por una diferencia superior a una hora.

    Durante el curso del lunes 6 fue examinado por el Dr. Ferrara, quien ratificó el diagnóstico que le efectuó la Dra. Stanek el día anterior, acerca de su absoluta normalidad. Por tal razón, le prescribió un tratamiento de reposo y dieta normal liviana, sin medicamentos.

    Esa tarde, el neurocirujano Francisco Macrina tuvo una entrevista con Díaz, señalan­do que “el curso del pensamiento sigue un ritmo normal” y que en su contenido “no apa­recen ideas que puedan relacionarse como patológicas”. El EEG tampoco mostró signos.

    El médico Di Santo agregó que en el momento del examen, Díaz se hallaba tranquilo, lúcido y bien dispuesto para la reunión, atendiendo y entendiendo las preguntas formu­ladas. Sus respuestas fueron adecuadas, con palabras precisas. El curso del pensamien­to siguió un ritmo normal, sin alteraciones sensoperceptivas ni marcadas alteraciones emocionales. Diagnóstico diferencial: epilepsia emocional o síndrome diferencial.

    Como resultado de lo expuesto, el equipo médico resolvió darlo de alta, dejando nuestro testigo el policlínico en la tarde del miércoles 8 de enero.

    Continuará…


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    Ago
    30

    -Ponencia presentada en el I Forum Mundial de Ufología, Brasilia, 7-14 diciembre 1997-

    LA EXPERIENCIA DE ABDUCCIÓN O EL CAMINO AL ORIGEN

    ROBERTO E. BANCHS

    Licenciado en Psicología

    Doctor en Psicología Social

    EXTRACTO: Reconociendo una dimensión psíquica insoslayable, el autor postula la hipótesis del recuerdo originario, señalando que muchos de los testimonios de presuntos abducidos consisten en una fantasía de naturaleza inconsciente, de un acontecimiento anterior y desencadenante de dichos relatos. Debido a la angustia emergente de una situación vital, recrean en forma enmascarada problemáticas y conflictos subyacentes con la apariencia de un secuestro y examen por extraterrestres.

    Partiendo desde un punto de vista simbólico connotativo, esos informes denotan una estructura mítica singular, que se corresponden con el mito del héroe y con las funciones básicas del rito de iniciación o pasaje, que advienen en una transformación del sujeto, mostrando cómo es posible que se produzca la separación de las condiciones originarias de totalidad y la adquisición de un nuevo estado.

    Esta lectura antropológica queda ampliamente avalada y enriquecida por la investigación psicológica, cuyo estudio pormenorizado (eje sintético del trabajo) revela que las narraciones de los abducidos remiten a escenas perinatales, esto es, en torno al momento del nacimiento, o del desprendimiento del niño del cuerpo materno, escenificando la angustia que emerge en aquellos testigos, por cuanto el nacimiento -como recreación imaginaria- se constituye a posteridad en modelo o prototipo de la angustia primigenia, separación del cuerpo materno, como efecto del denominado complejo de castración o ruptura de un lazo imaginario. Esta vuelta al origen confronta al hombre con sus mitos, descubriendo en el trasfondo regresivo una estructura común, al interrogarse por el nacimiento.-

    LosIdentificadosX Los relatos de abducción, o secuestro* alienígeno, constituyen las más interesantes narraciones de casos sobre encuentros con ovnis, no sólo por lo extraño del contenido, sino también por los indicios reveladores de su eventual naturaleza.

    Es esta clase de informes los que durante largo tiempo han permitido suponer que irían a aportar los argumentos confirmatorios de la procedencia extraterrestre del fenómeno. En cambio, a medida en que nos adentramos en el misterio se deja entrever cuán complejo resulta el problema.

    Entre los diversos tipos de manifestaciones, como es sabido, la mayoría se refiere a avistamientos de objetos a larga distancia y altitud, y de objetos relativamente próximos, con formas bien apreciables. En menor cantidad se hallan los aterrizajes, y aún menos frecuentes son los encuentros cercanos donde se observan entidades u ocupantes, la mayoría de las veces esquivos y faltos de interés en el ocasional testigo. En contraste con esa conducta (huidiza o indiferente), nos hallamos con otro conjunto de informes donde el testigo dice haber sido invitado al interior del objeto -ora nave-, y haber participado de conversaciones amigables, en las cuales es usual que se le transmita algún tipo de conocimiento, predicción o aviso rodeado de cierta aura espiritual.

    Una tercera categoría es, precisamente, la de las abducciones. Bien diferente a las anteriores, aquí los abductores -mostrando inocultable interés en la especie humana- se apoderan impunemente de la persona, reduciéndola física o volitivamente, para conducirla a otro sitio donde es retenida y sometida a variados exámenes físicos.

    Notando un comportamiento tan dispar según las diversas modalidades de presentación, algunos ufólogos han sugerido que semejante incongruencia podría deberse a que se trata de diferentes razas de extraterrestres, como ser: malvados grises y benévolos rubios. Para otros, una u otra población de casos sencillamente no es real.

    Sin embargo, en todas resulta sugerente que las entidades alienígenas suelan ser descritas con un aspecto humanoide. Dicho término, definido como un estado a semejanza del hombre, no puede dejar de ser atendido. Ellas se muestran como variantes de la forma y comportamiento humanos. Así visto, es posible señalar, aunque más no sea por analogía, que hay algo del hombre en dichas apariciones, algo que está presente y se le manifiesta, habitualmente con un claro interés en su persona.

    Curiosamente, los investigadores de ovnis han adoptado el término “síndrome de abducción post-traumático” para referirse a un conjunto de signos y síntomas de causa desconocida o indeterminada (síndrome), que suelen observar en aquellas personas que aseguran haber sido víctimas de un secuestro por parte de presuntas entidades alienígenas, sin poner en duda que el mismo se produce como consecuencia del indeseado encuentro, expresado en un daño o trauma psíquico y acompañado en ocasiones por manifestaciones somáticas.

    Aún más, la presencia de tales evidencias (que la literatura ufológica abunda en detalles), pretenden avalar el prosaísmo que surge de sus relatos. Sin embargo, debería ser considerada la posibilidad de que el propio testimonio ufológico pudiere ser parte de una fantasía de naturaleza inconsciente de un acontecimiento anterior y desencadenante de relatos de abducción. En síntesis, el episodio traumático se situaría en una instancia previa, muchas veces arcaica, siendo el relato del abducido un intento de simbolización, vale decir, una vía que encuentra el inconsciente para la representación y resolución del trauma.

    La memoria recuperada

    Uno de los recursos mediante los cuales se pretende dar estatuto de realidad a dichos relatos, es el empleo de hipnosis, con el supuesto que los testigos guardan recuerdos de su experiencia que han sido cancelados a su memoria consciente. No vamos a extendernos sobre el tema, pero es necesario brindar algunas precisiones.

    Las declaraciones efectuadas en estos estados pueden revelar la verdad concebida por el sujeto, lo que no siempre coincide con los acontecimientos narrados. Precisamente, uno de los instrumentos que estimulan -en cualquier individuo- la creación de fantasías oníricas es esta clase de pruebas. No es casual que las confesiones o declaraciones realizadas bajo hipnosis no sean tomadas como válidas en los tribunales de justicia, como tampoco las que se producen estimuladas por cualquier tipo de drogas (pentotal, thionembutal, etc.).

    El bajo coeficiente intelectual (por su mayor dificultad de discernimiento de la realidad), y las denominadas “personalidades propensas a la fantasía” (expresión de moda, característica de la neurosis histérica, aunque no exclusiva), encuentran una vía rápida para la sugestión hipnótica, así como la tendencia a imaginar objetos y situaciones fantásticas.

    En suma, el valor de estos procedimientos ha sido muy cuestionado, pues se admite que en estado de ensoñación, de inconsciencia o semiinconsciencia, no hay garantías que lo expuesto por el sujeto sea real, siendo frecuente que se trate de un delirio oniroide, en el cual el individuo habla de aquello que desea o teme que haya sucedido, más de lo que en realidad ocurrió.

    Para un creciente número de ufólogos, las experiencias de abducción alienígena suelen producir estados amnésicos, la pérdida de memoria de la totalidad o un fragmento significativamente importante del inusual encuentro. A veces, un tiempo perdido en el que -para otros- no se recuerda porque nada habría ocurrido. Además, para qué los extraterrestres irían a bloquear la memoria consciente, si nos resulta luego tan sencillo desbloquearla.

    Uno de los habituales argumentos expuestos para justificar la falta de recordación de tales episodios, consiste en que la situación ha sido tan traumática (es decir, difícil de ser elaborada), que el testigo-protagonista ha debido defenderse psíquicamente pasándolas al olvido. Esto podría admitirse en algunos casos, por efecto inmediato de un shock hasta su recomposición anímica y emocional. Aunque puede darse en variadas estructuras de personalidad, es típico de la histeria, produciendo un olvido de partes de la vida ligadas a hechos traumáticos (“amnesia lacunar”). Interesará, pues, el discurso -el cómo y cuándo- para localizar ahí algo que ha sido reprimido, cancelado o bloqueado, y que se halla en el orden del deseo. Un deseo que siempre vuelve disfrazado.

    No obstante, los estados amnésicos pueden producirse por cuadros confusionales (psicosis confuso-oníricas) de distinta etiología, directas (meningo encefalitis, shocks traumáticos y emocionales, etc.) e indirectas (intoxicaciones, anemia, etc.), por paroxismos generalizados o ictocomiciales, característicos de la epilepsia (“ausencias”, por breve pérdida de la conciencia), y otras formas menos frecuentes.

    Desatendiendo las causas que, por lo común, originan los estados amnésicos, muchos ufólogos están persuadidos que dichos estados constituyen una pauta corriente de las presuntas abducciones. Y esto es posible, a la vista de lo expuesto, si se abandonara la idea de los alienígenas acosando terráqueos de un lado a otro del planeta.

    Algunos ufólogos van más allá, y le imputan a los alienígenas el haber provocado deliberadamente la amnesia a los desprevenidos testigos, sea para ocultar sus maquiavélicas intenciones o para atenuar el impacto producido por su indubitable presencia. Por extensión, cualquier desajuste -psíquico, neurológico o comportamental- observado en el abducido, le es achacado a los victimarios de la escena.

    La matriz cultural

    bbhill El tema de las abducciones y el empleo de las “regresiones hipnóticas” comenzarían a propagarse a niveles populares recién en 1966, cuando se publicó el famoso incidente norteamericano protagonizado en 1961 por Barney y Betty Hill, y el de Antonio Villas Boas, ocurrido en 1957 en Brasil, cuyos pormenores se difundieron años después. Ellos habrían servido de clisé para otras historias, representando variaciones de grado o tono respecto a estos relatos. Y junto a las experiencias (o precediéndolas) se sumaron las regresiones hipnóticas, bajo el supuesto que los testigos guardaban algo en su memoria que sólo podía ser revelado en las sesiones.

    Claro está que sobre el caso narrado por los Hill, no parece haberse tenido muy en cuenta que para el Dr. Benjamín Simon, quien trató bajo hipnosis al matrimonio, el episodio habría sido una fantasía elaborada por Betty y transmitida a Berney*. En fecha más reciente, el investigador Martin Kottmeyer avanzó sobre esta pista y halló que las raíces de la historia narrada -suponemos que a modo de restos diurnos- habrían de situarse en la consagrada serie televisiva “The outer limits” (Rumbo a lo desconocido).

    Por lo expuesto, es factible pensar que la angustia emergente de la situación vital que aquejaba a la pareja, llevándola a pedir asistencia psicoterapéutica, haya podido ligarse a una representación imaginaria. En ella parecen recrearse en forma enmascarada problemáticas y conflictos subyacentes, con la apariencia de un secuestro y examen por extraterrestres. Justamente, la posibilidad de desarrollar o desenvolver esta novela bajo tratamiento, ha permitido que se produzca dicha ligadura, atenuando así la presión e incertidumbre que los llevó a consulta.

    En el extenso historial analizado de casos referido a encuentros y secuestros por parte de alienígenas, hemos podido hallar frecuentemente lo que podríamos dar en llamar percepciones interiores de cosas proyectadas al exterior. Narraciones extraterrestres, de lo que en realidad es intrahumano. Y como es sabido que los ovnis además de verse, se “sueñan”, los mismos irrumpen, entonces, como parte de algo transfenoménico y hasta estructural del sujeto. Estos relatos son de singular importancia, pues, a lo extraño de su contenido, los mismos suelen responder a idénticos mecanismos del sueño, y a otras producciones que tienen su origen en el inconsciente.

    Como en los sueños, existen otras fantasías conscientes e inconscientes, diurnas y nocturnas- que no son otra cosa que realización de deseos, de contenidos que han hallado una forma encubierta de emerger a la conciencia.

    Hay episodios con un alto contenido simbólico que, evidentemente, guardan una estrecha relación con la vida de los testigos y su entorno. Historias tomadas de los núcleos profundos de la psique y del contexto vital más cercano, pero a la vez, muy lejanas en el tiempo.

    Basándose en la inconsistencia y en la abundancia de detalles absurdos de muchos de los relatos, algunos ufólogos han llegado a pensar que a los testigos se les ha implantado una historia más o menos verosímil para ocultar los verdaderos propósitos de sus raptores. De manera más general, hay quienes decididamente se oponen a creer en la versión literal de las abducciones, rechazándola de plano, por considerarla de una ingenuidad pasmosa.

    No obstante, sabemos que muchos de los abducidos obran de buena fe y que vivieron realmente sus experiencias en forma aterradora. Sus relatos no tratan apenas de un mero avistamiento desusado (a fin de cuentas, quién no ha visto alguna vez una rareza en el cielo), sino que hay en ellos un fuerte compromiso afectivo y un notorio protagonismo, propias del héroe en virtud de sus hazañas. La casuística abunda en estas narraciones fantásticas, conformando un rico anecdotario.

    El mito del héroe y el rito de iniciación

    Las similitudes entre las abducciones con otras experiencias extraordinarias como las de proximidad de la muerte, las extracorporales, las psicodélicas o las shamánicas, tienen en común la psique humana.

    whitley En efecto, existe en las abducciones una dimensión psíquica insoslayable y que es vivida en muchos como esencial. Igual a quienes tuvieron una experiencia cercana a la muerte o pasan por una iniciación, sienten que sus vidas han cambiado profundamente y que nada volverá a ser como antes. Una “experiencia primariamente mística”, a decir del autor de Communion, Whitley Strieber.

    A pesar de las diferencias formales, estas experiencias tienen en común -formula Kenneth Ring- el consistir en viajes arquetípicos de iniciación, haciéndole sospechar que son manifestaciones distintas del mismo universo y, por tanto, sendas alternativas al mismo tipo de transformación psicoespiritual.

    En todo caso, es revelador considerar las abducciones desde un punto de vista simbólico. Examinando estos informes, es posible hallar una estructura invariante donde se transparenta el guión convencional de la prueba iniciática, seguido de una transfiguración en la vida de su protagonista, adoptando la representación de muerte y resurrección sucesivamente. De este modo, las abducciones son vistas como una suerte de sueño extraordinario, cuyos símbolos aluden a una transformación, como energías creativas, capaces de cambiar la realidad.

    En rigor, la secuencia de las abducciones no se aparta de modo alguno a las tipologías básicas o situaciones que se encadenan en la estructura de los cuentos folclóricos establecidas en 1928 por el ruso Vladimir Propp (a las que llama funciones), como resultado de la comparación de un amplio número de versiones de los mismos temas. Propp reconoce la existencia de 31 funciones básicas, que otros autores reducen finalmente a 7.

    En el cuento tradicional llamado la “aventura del héroe” se reitera el esquema de una prohibición, una trasgresión y una aventura cumplida felizmente por el héroe*, protagonista de una epopeya o algún hecho dramático. El periplo mítico tiende a la restauración de un orden; es circular, vuelve al comienzo pero es una vuelta que se ha enriquecido con el paso del mal, por el infierno o por el peligro. El héroe cambia de estado, lo cual se trasunta en el adquirir un nuevo nombre o una nueva categoría.

    Si pasamos a analizar los relatos de abducción, nos hallaremos en algunos casos con figuras de transformación, de grandes cambios. Transformación que corresponde al pasaje de un estado a otro, de una etapa o nivel a otro. Se hace preciso, pues, ubicarlos dentro del contexto antropológico, que es el que corresponde a la iniciación religiosa. Apreciaremos entonces su referencia a la vida espiritual, al cambio interior.

    En sentido parecido, abriendo camino por los trabajos de Graciela Maturo (que basa en autores tales como Jung, Propp y Lévi-Strauss) sobre el mito y el cuento tradicional, hallamos que tales relatos corresponden a una estructura mítica singular, como reelaboración del campo mítico-simbólico que la humanidad ha conservado por múltiples vías. Para el psicólogo Milton Rosenberg la tradición oral que antes quedaba reservada al mundo de los cuentos, en la actualidad resultaría sustituida por los periódicos sensacionalistas, la televisión y el cine.

    El modo más inmediato y eficaz para comunicar el mito es el de la narración. En la tradición europea ese mito fundamental es el que Joseph Campbell llama protomito. El hombre no nace ya realizado, sino que debe cumplir un esfuerzo atendiendo a su evolución personal para dejar atrás su ser aparente y revelar su ser profundo. De ahí que los ritos de iniciación se refieren siempre a cambios de conciencia. Ritos de pasaje que adoptan, en consecuencia, la representación de la muerte y el nuevo nacimiento, retrotrayéndose al más profundo nivel de la originaria identidad madre-hijo.

    Rastrear las formas simbólicas y expresivas desde el proceso espiritual que las origina, nos muestra aspectos muy significativos que no se hacen evidentes cuando hacemos un estudio meramente formal y descriptivo.

    El contenido de los relatos gira alrededor de la aventura del héroe o tema de la iniciación. En Carl Jung esa “aventura” se revela como un proceso de la conciencia, a la que denomina camino de individuación. Siguiendo a Jung y a Freud, el psicoanalista J. Campbell estudia el mito del héroe y ofrece el siguiente esquema: Separación - cruce del umbral - Iniciación - Retorno.

    El héroe recorre un periplo que comporta un apartamiento de circunstancia habitual, es decir, una separación; atraviesa un umbral, cruza a otro mundo en el que recibe la iniciación, y luego vuelve, vive el retorno al hogar, trayendo consigo un conocimiento. Cuando vuelve, es él mismo y es “otro”.

    Hay un cautiverio, un sufrimiento y luego un triunfo. Es siempre la salida del tiempo y del espacio, la estadía en un “lugar” que puede ser entendido como lo maravilloso y a la vez como lugar de peligro. Es el contacto con el más allá, con lo prohibido. Se cumple el “cruce del umbral” con sus instancias de separación, iniciación y retorno.

    Tampoco adopta siempre una modalidad romántica, poética y feliz. El intento de atravesamiento del umbral puede manifestarse en una forma patogénica (concerniente al desenvolvimiento de una enfermedad); o bien en un modo positivo, espiritual y superador. En otras palabras: puede tratarse de un ser que, viviendo dramáticamente la angustia o un padecimiento subjetivo, termine hundiéndose en la nada, en el vacío, o que se abra paso a través de ella, en cuyo caso se produce la superación de la angustia, mediante el crecimiento del espíritu. Como diría S. Kierkegaard, desarrolle la riqueza de la intensidad vivida en el estadio religioso.

    La vida que los niños dejan forzosamente atrás y con apariencia de castigo es -según los estudiosos de las religiones- la etapa de la niñez o de la adolescencia, algo que debe ser superado por la iniciación. Este pasaje, consagrado por medio de rituales, comporta asimismo una separación y la adquisición de un estadio o categoría diferente.

    Se cumple el mitema del encuentro con el antagonista, la bruja, que aparece bajo la forma engañosa como protectora y ejerce su dominio (madre estragante). Puede hacerlo también como inmersión en una gruta o paso por un túnel, evocando el inicio en la vida. Por consiguiente, y por cuanto el mito intenta dar una respuesta acerca del origen de la vida, la sexualidad humana suele ser uno de los temas centrales. Se encuentra el símbolo tradicional del laberinto, que tiene además un sentido infernal y originario, es un retorno al útero materno, pero con un sentido positivo, pues triunfar en el laberinto (esto es, lograr superar los avatares tras ser retenido y expuesto a distintos peligros) es acceder a un nivel superior de conciencia.

    Ese paso de un nivel a otro, se reitera en múltiples formas. En las versiones ufológicas los protagonistas humanos son transportados a una nave, haciendo alusión a su dominio del vuelo, familiar al lenguaje shamánico. El envío y la partida vinculada a la búsqueda son constantes.

    La vida real no destruye la estructura de tales relatos. Al mito se le reconoce como otro modelo de aprehensión y ordenación de la realidad.

    No obstante, esta lectura simbólica connotativa permite pasar a una consideración psicológica, reveladora de aspectos de gran importancia.

    Continuará…


    * En el tecnicismo jurídico, se reserva la voz “secuestro” (abduction, en lengua inglesa) para la clase de delitos en que una persona es aprehendida, mediante la violencia o engaño, y ocultada para un determinado fin. El concepto permite aplicarse fuera del contexto estrictamente legalista y denotar la clase de sucesos en que los testigos-ovni son reducidos y, con frecuencia, conducidos al interior del objeto o a un ámbito totalmente extraño. Por igual, suele emplearse el término “abducción”, de uso más generalizado.* El caso es muy extenso y no disponemos de suficientes datos clínicos, pero no deja de pasarnos por alto que Betty, teniendo por motivos ignorados dos hijos adoptivos, fuera sometida -según su relato- a un examen de embarazo por los extraterrestres, y mostraran especial interés por la piel (época del racismo norteamericano). En cuanto a su esposo, de raza negra, llama también la atención su recurrente temor a los ataques y a perder el control. No dudamos que mayores datos y antecedentes familiares podrían aportarnos algo de luz al asunto.

    * La función esencial del mito del héroe (probablemente, el más común y mejor conocido) sería desarrollar la conciencia del ego individual (dando cuenta de su fortaleza y debilidad) para afrontar las difíciles tareas en la vida. En estas historias que el Dr. Paul Radin publicó en 1948 con el título Hero Cycles of the Winnebago, vio la psicología de esa evolución al decir: “Representa nuestros esfuerzos para resolver el problema del crecimiento, ayudados con la ilusión de una ficción eterna”. Adquiere un significado psicológico individual como un intento por descubrir y afirmar la personalidad. Al parecer, el “mito del héroe” es la primera etapa en la diferenciación de la psique, mediante lo cual el ego (surgida en la transición de la infancia) busca la consecución de su autonomía relativa respecto a las condiciones originarias de totalidad.. Pero el mito no asegura que se produzca esa liberación: sólo muestra cómo es posible que se produzca esa separación (de aquella originaria totalidad) para que el ego pueda alcanzar la conciencia.


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    Ago
    23

    Nota preliminar al ufólogo: El cuestionario ofrecido a continuación es una herramienta que provee una decisiva orientación en el desarrollo de las entrevistas personalizadas. No es de características estructuradas, al cual deba ceñirse en orden y forma. Siendo la persona el eje de las mismas y la relación establecida con el entrevistador, se debe proceder con cuidado y prestar especial atención de todo cuanto ocurre. El ufólogo debe manifestar curiosidad y respeto por las creencias o ideas de su interlocutor, sin influir jamás. Además, deberá propiciar la ocasión y el modo de interrogar. Paciente en todo momento, atenderá no sólo el primordial contenido, sino el modo en que se le responde, incluido los silencios, cavilaciones o reflexiones. Y aún observador del comportamiento o actitudes del entrevistado (lo gestual, lo corporal, etc.). Para el encuestador idóneo y experimentado, estas premisas -que no son las únicas- contribuyen para obtener una valiosa información.

    CUESTIONARIO DE INFORMACION TECNICA

    SOBRE OVNIS CON OCUPANTES

    Este cuestionario ha sido preparado por el Dr. Roberto Banchs. Su finalidad consiste en analizar los datos proporcionados y procurar hallar una explicación al suceso descrito. Esta tarea es posible en colaboración con los testigos. Por tal motivo, se solicita responder a la presente encuesta con la mejor disposición, atendiendo y entendiendo correctamente la guía de preguntas, y tratando de contestarlas en detalle: ­Los datos personales podrán ser mantenidos en reserva si así lo desea.

    I. SITUACION Y CONDICIONES DEL AVISTAMIENTO

    01. Fecha de la observación:

    02. Hora local:

    03. Localidad donde se realizó la observación:

    04. Detalle el sitio exacto:

    05. ¿Vio al mismo tiempo de la observación aviones, estrellas, la Luna, otros?:

    06. ¿Dónde estaba ubicada la Luna, o el Sol, u otros astros, si eran visibles?:

    07. ¿Cuál era la condición meteorológica, o estado del tiempo, en el momento de la ob­servación?: a) Visibilidad o alcance de la visión; b) Nubosidad; c) Temperatura, presión, humedad ambiental; d) Velocidad y dirección del viento; e) Precipitacio­nes, ráfagas, tormentas; f) Fenómenos significativos.

    08. ¿Se modificaron estas condiciones inmediatamente antes, durante o después?:

    09. ¿Qué hacía usted en ese momento, dónde estaba ubicado, y cómo se dio cuenta de la presencia del fenómeno?:

    10. ¿En qué dirección estaba mirando cuando vio el fenómeno?, ¿y al desaparecer?:

    11. ¿Qué pensó en esas circunstancias?, ¿qué hizo usted?:

    12. ¿Se acercó al fenómeno inusual en algún momento?, ¿por qué?:

    13. ¿De dónde procedía y que actividades había estado desarrollando ese día, en particular, horas antes del avistamiento?, ¿a dónde se dirigía?:

    14. Si hubo otros testigos: ¿Podría indicar la cantidad, sus nombres y direcciones, y dónde estaban ubicados?:

    15. ¿Qué comentarios se hicieron durante la observación?, ¿y antes, y después?:

    16. ¿Qué hizo cada uno de los testigos durante el avistamiento?: a) La actitud; b) Lo observado.

    17. ¿Notó la presencia de animales? En caso afirmativo, ¿cuál fue su comportamiento?:

    18. ¿Notó interferencias magnéticas, eléctricas, u otras? Indique la duración y las circunstancias en que ocurrieron:

    19. ¿Había algún elemento interpuesto entre usted y el fenómeno?, como ser vidrio, lentes, parabrisas o neblina:

    20. ¿Había otras personas en el área?, ¿acaso otros testigos?, ¿qué hicieron ustedes y ellos en tal eventualidad?, ¿cuándo ocurrió?:

    21. Si usted estaba moviéndose en un automóvil u otro vehículo en el momento del avis­tamiento: ¿En qué dirección y a qué velocidad se desplazaba usted?, ¿se detuvo, a­celeró o aminoró la marcha mientras miraba el fenómeno?:

    II. DESCRIPCION DEL “OBJETO” (objeto sólido o luz)

    0l. ¿Cuántos objetos fueron observados?:

    02. ¿Cómo apareció? (identifique con una letra a cada objeto, si es preciso):

    03. ¿En qué dirección cardinal lo vio?, ¿hacia dónde se dirigía?:

    04. ¿A qué distancia notó su presencia?, ¿cuál fue la distancia mínima?:

    05. ¿Cómo calculó la distancia?:

    06. ¿Durante cuánto tiempo observó el fenómeno?:

    07. ¿El objeto se movía detrás o delante de algo, en algún momento, particularmente una nube o árboles?:

    08. ¿Lo observó permanentemente o retiró la vista durante algún instante?:

    09. ¿Qué forma tenía y con qué puede compararlo?:

    10. ¿Qué tamaño aparente tenía? Compárelo con la estrella más brillante, o la Luna llena en lo alto del cielo: ¿la mitad, igual, 2-3…veces mayor o menor?:

    11. ¿Cuáles serían sus dimensiones reales? (o bien, qué tamaño le parece que tenía el objeto al compararlo con uno que le es familiar):

    12. ¿Tenía luces? Detalle sus características: a) Colores; b) Intensidad; c) Ubica­ción; d) Propia o reflejada; e) Fija o intermitente; f) Variaciones de color, bri­llo, intensidad, ubicación, otras:

    13. ¿El objeto tuvo algún tipo de desprendimientos o irradiaciones (humo, chispas, o­tros objetos, etc.)? En caso afirmativo, indique cómo era, su localización, color, intensidad, modalidad:

    14. ¿Observó otros detalles estructurales, como ser ventanas, puertas, antenas, patas de asentamiento? Descríbalos:

    15. ¿Cuáles eran las posiciones que ocupó el objeto? Indique azimut (dirección angular en grados, desde el norte real hacia el este) y su elevación sobre el horizonte:

    16. ¿Estuvo apoyado en el suelo, o a cierta altura?:

    17. ¿Cuándo?, ¿durante cuánto tiempo?:

    18. ¿Qué aspecto tenía: sólido, ígneo, metálico, gaseoso, luminoso? Compárelo:

    19. ¿Cómo eran los bordes del objeto: borrosos o confusos, como una estrella brillante, delineados claramente, otra?:

    20. ¿De qué manera y hacia dónde desapareció el objeto de su vista?:

    21. ¿Qué maniobras observó: cambios de rumbo, altura, inmovilizaciones, aterrizajes, giros, balanceos u oscilaciones, otras? Describa cuándo y cómo era:

    22. ¿El objeto pareció acercársele en algún momento? Si así fuere, explique: a) Aspecto que tenía entonces; b) si modificaba la intensidad de luz, tamaño, ubicación en el cielo; c) Otros detalles de interés que recuerde.

    23. ¿Escuchó sonidos, ruidos o voces relacionadas con el fenómeno? Especifique el origen, volumen y tono de los mismos. Diga si era intermitente o constante. Compárelo con algún sonido o ruido conocido:

    24. ¿Se percató de sonidos o ruidos naturales de fondo?:

    25. ¿Experimentó sensaciones gustativas, olfativas o táctiles asociadas con la observación? Descríbalas en detalle:

    26. Para que usted pueda dar un cuadro tan claro como sea posible de lo que vio, describa un objeto u objetos comunes que, colocados en el sitio, den la misma impre­sión del objeto que usted vio:

    27. ¿Pudo constatar posibles huellas o rastros? En caso afirmativo, descríbalos en detalle, indicando ubicación, aspecto, dimensiones, circunstancias en que las hallo, qué destino les dio, si se realizaron exámenes, etc.:

    28. ¿Fueron tomadas fotografías o filmado el objeto? En cuyo caso indique los datos técnicos de la cámara y del filme: a) Tipo y marca de cámara; b) Tipo distancia focal y marca del lente; c) Marca y tipo o sensibilidad de película; d) Velocidad del obturador, diafragma o abertura del lente, y distancia focal; e) filtros usados, parasol y zoom; f) Base de sus tentación utilizada:

    29. ¿Hubo registro magnético, de audio, u otro, del fenómeno?:

    30. Tiempo total de observación:

    III. DESCRIPCION DE “OCUPANTES” (Figuras o entidades animadas)

    0l. ¿Observó la presencia de figuras, ocupantes, seres?, ¿qué expresión utilizaría?[1]:

    02. ¿En qué circunstancias?:

    03. ¿Cuántos eran?:

    04. ¿Se hallaban en el interior o próximos al objeto?:

    05. ¿A qué distancia del objeto?, ¿y entre ellos?:

    06. ¿Cómo eran? Compárelo con razas o especies conocidas:

    07. ¿Modificaron su aspecto o el modo de percibirlos durante la observación?:

    08. ¿Qué diferencias y coincidencias notó entre ellos?:

    09. ¿Cuál era su talla y estatura?:

    10. ¿Cómo eran sus rasgos anatómicos: a) cabeza; b) tronco; c) brazos; d) piernas; y e) manos y pies?:

    11. ¿Cómo eran sus rasgos fisonómicos: a) piel; b) cabellos; c) boca; d) nariz; e) orejas; f) ojos-mirada. Detalle color, longitud, textura, etc.:

    12. ¿Qué vestimenta tenían? Detalle color, brillo, aspecto, etc.:

    13. ¿Llevaban instrumentos o accesorios, tales como cintos, calzado, guantes, escafan­dra, armas, u otros? Descríbalos en tamaño, colores, materiales y posibles usos:

    14. ¿Podría describir los desplazamientos realizados por los ocupantes y su ubicación relativa a los observadores? Si los mismos eran dos o más desígnelos con un nombre que los individualice. Para facilitar la exposición, puede acompañar un croquis:

    15. Compare las figuras vistas con las de otras por usted conocidas, o de su relación, las que por algún rasgo se le ocurren parecidas o den la misma impresión que las que usted vio:

    16. ¿Cómo eran los movimientos de las figuras? Indique: a) Velocidad; b) Articulacio­nes; c) Movimientos desusados; d) Maniobras ejecutadas:

    17. ¿Se mantuvieron erguidos, sentados o se inclinaron?:

    18. ¿Qué actividades u operaciones realizaban?:

    19. ¿Durante cuánto tiempo las observó?:

    20. ¿La visión fue constante o se interrumpió en algún momento?:

    21. ¿Cuál fue su actitud hacia las figuras?:

    22. ¿Y cuál supone que ha sido la actitud de las mismas hacia usted, y los demás testigos?:

    23. ¿Los demás testigos pudieron observar lo mismo, o lo hicieron parcialmente, u observaron otros detalles?:

    24. ¿Hubo alguna forma de entendimiento o comunicación? En caso afirmativo, explíque­la en detalle: a) Medio utilizado; b) contenido del mensaje. Haga comparaciones:

    25. ¿Cuál fue el comportamiento (hostil, amistoso, indiferente, etc.)?:

    26. ¿Cómo era el comportamiento entre las figuras?:

    27. ¿Qué hicieron finalmente las figuras vistas?:

    28. ¿Cómo dejó de observarlas?:

    29. Si las vio fuera del objeto: ¿Podría describir su modo de egreso e ingreso al objeto?, ¿cómo desapareció este último de su vista?:

    30. En caso de que usted haya ingresado al objeto: Haga una descripción detallada y cronológica de los sucesos, desplazamientos en su interior, operaciones realiza­das, etc.:

    IV. EL TESTIMONIANTE

    01. Nombres y apellido:

    02. Lugar y fecha de nacimiento:

    03. Domicilio actual/Teléfono/Email:

    04. Estudios cursados completos-inconclusos) y conocimientos especiales:

    05. Profesión u ocupación:

    06. Documentos de identidad:

    07. Estado civil:

    08. Constitución del grupo familiar (paterno, conyugal). Convivencia:

    09. Relación de parentesco entre los testigos (vecinos, familiares, amigos de, ninguna):

    10. Recreaciones y actividades libres:

    11. Habituales medios a los que accede (cine, TV, radio, diarios, libros, reuniones vecinales, cooperativas, clubes, otros):

    12. Actividad desarrollada habitualmente y, en particular, desde días anteriores a la observación:

    13. Conocimientos que posee en relación a los ovnis, paraciencias o fronterizas:

    14. Cuáles son sus impresiones sobre el fenómeno descripto (qué piensa que era, qué podría haberlo causado, qué estaría haciendo, cuál sería su propósito):

    15. Cuál es su opinión sobre la vida extraterrestre, la parapsicología, entre otras:

    16. ¿Ha tenido aptitudes o facultades fuera de lo normal (paranormales)?:

    17. ¿Hubo experimentado con anterioridad hechos extraordinarios o inusuales?, ¿después?:

    18. ¿Recuerda haber tenido sueños que puedan relacionarse -antes o después- con el su­ceso; acaso avisos o imágenes premonitorias?:

    19. ¿Ha conocido a otros testigos de sucesos semejantes al informado?, ¿cuándo?:

    20. Entorno paranormal al testigo. Mitos, leyendas y folklore regional. Registro en la zona de apariciones sobrenaturales, informes ovni, casas encantadas, curaciones milagrosas, otras:

    21. Hechos simultáneos a la observación en la zona (naturales, militares, religiosos):

    22. ¿Qué cambios se han producido en usted tras la observación, en los ámbitos: a) Emocional; b) Laboral; c) Familiar; d) Social; e) Religioso?, ¿a qué lo atribuye?:

    ­23. ¿Qué reacciones psíquicas acompañaron a la observación (grados de miedo, nerviosi­dad, sueño, pérdida de sentido, shock, distorsión espacio-temporal, otras)?:

    24. ¿Ha tenido reacciones, molestias o trastornos físicos durante o después del caso?:

    25. ¿A qué le parece que puedan deberse estos síntomas?:

    26. ¿Padecía algún tipo de dolencia o enfermedad física en la época de producirse el hecho relatado?, ¿operaciones?, ¿cuáles?:

    27. ¿Desde cuándo las tuvo usted?, ¿cuánto tiempo le duró?:

    28. ¿Estaba tomando algún medicamento?:

    29. Si estaba enfermo: ¿Notó alguna alteración o evolución en los síntomas de su enfermedad?, ¿cuáles?:

    30. ¿Le ocurrió alguna cosa que no se le pregunta?:

    31. ¿Fue examinado por algún facultativo? Especifique:

    32. Cómo fue dado a conocer públicamente el caso. A través de quiénes:

    33. Por quiénes fue interrogado en relación al caso. Qué comentarios o explicaciones le ofrecieron:

    34. ¿Recuerda otros detalles o circunstancias de interés, o cualquier dato adicional que podría ser pertinente mencionar? Piense un momento antes de responder:

    35. Si pudiere decir algo que no logró verbalizar frente al fenómeno, ¿qué diría?:

    36. Lugar y Fecha en que respondió el presente cuestionario:

    37. Esta encuesta ha sido realizada con la intervención de:

    V. ESQUEMAS EXPLICATIVOS

    01. Por favor, haga un croquis detallado de cada ocupante, o figura, y del objeto observado (recuerde que no es una prueba de valor artístico). Indique los colores y detalles en forma escrita, y fírmelo:

    02. Haga un croquis del lugar donde se realizó el avistamiento, en planta -esto es, como viendo la situación desde arriba-, señalando los puntos cardinales. Indique caminos, edificios, cables de electricidad, y todos los detalles de los alrededores, con las distancias estimadas.

    Señale el lugar de aparición y desaparición del fenómeno, desplazamiento de las figuras, e indique su propia posición. Por favor, firme e incluya un texto aclaratorio en todos los dibujos:

    03. Detalles de lo que haya podido observar o llamado la atención, indicando dimensio­nes, color, material, posibles usos, etc.:

    VI. DESCRIPCION SUMARIA O SINTESIS DESCRIPTIVA DEL ENCUENTRO, DESDE SU INICIO HASTA EL FINAL (incluya firma y fecha):


    [1] En adelante, se emplea el término propuesto por el testimoniante.


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    Ago
    17

    EL CASO DEL POLICÍA ARSENIO ROMERO

    Un agente de policía de la seccional 5ª de Mendoza, que cumplía guardia nocturna en el Cerro de la Gloria, al oeste de la ciudad, aportó un fantástico relato sobre la aparición de una nave y dos extraños seres presuntamente ocurrida el viernes 9 de agosto de 1968. La versión comenzó a circular a través de sus compañeros, hasta que unos días después tomó estado público, al tiempo en que se iniciaba una investigación policial para esclarecer el episodio. Conducido a la seccional Quinta para declarar ante el co­misario, fue presentado también -en la mañana del martes 13- al jefe de policía para que prestara nueva declaración, habiendo sido incluso examinado en varias oportunida­des por médicos del hospital donde fue trasladado apenas ocurrido el caso y por los profesionales de Sanidad Policial, hallándose bajo tratamiento por una afección nerviosa.

    CerrodeLaGloria1

    Así ilustró la prensa mendocina el caso y las presuntas huellas del ovni.

    El testimonio que el agente Arsenio Romero ofreció, es el siguiente:

    “Transitaba por el denominado Teatro Griego, tomé el camino del Cerro de la Gloria, para el lado del Jardín Zoológico, cuando veo hacia el cerro San Agustín una luz algo amarillenta, rojiza, de distintos colores, y pensé que estarían soldando algunas pie­zas, restándole importancia. Seguí caminando y llegué a la puerta del zoológico, y fue allí que los animales, los perros, aullaban mucho. Pensé que estarían nerviosos, sin saber qué les ocurría. Tomé el camino de tierra, la subida. Había andado unos 100 m, cuando vuelvo para atrás, y tomé el camino de asfalto. Sigo por éste y llego a la subida y bajada del cerro, donde se une el camino, cuando salgo a la curva -en la subida­ y observo arriba como una llama, como si estuviera ardiendo algún vehículo, a unos 70 metros de distancia. Subo corriendo. Entro por las plataformas de las cloacas, subo donde está el mástil, veo el objeto en la plataforma del Cerro de la Gloria, veo una plataforma… un objeto determinado que me llama la atención, y me fui por el muro, que tiene al costado este, llegando a un kiosco de venta de bebidas. Me ubico entre medio de los árboles, y veo de cerca aquel objeto que estaba al noroeste, hacia la cordillera. Era como un plato volador, que en el medio tenía una parte como si fuera de vi­drio, asentado con tres patitas. De él salían destellos de distintos colores, girando alrededor con intermitencia. Al principio eran azul-amarillentas; en la parte del bor­de de color azulado, azulado-verdoso.

    “Las luces eran bien brillantes, más fuertes que el Sol, aunque de aspecto metálico. Su brillo fue un poco molesto pero, en fin, uno está acostumbrado (¿?). Los bordes del objeto resultaban confusos, no se notaban bien, debido al destello de la citada luz, situada en la parte media, ahora, en las partes baja y alta no, porque se veía oscura.

    CerroDeLaGloria2 “El objeto era un tipo de plato, como un trompo, de esos que los niños hacen girar, que al medio tenía como un vidrio, que parecía vidrioso, donde estaba la luminosidad, la luz de distintos colores. Arriba tenía una cúpula medio ovalada, como con trompita para arriba. Tenía como una antena, y tres patitas de unos 70, 50-60 cm de altura. El tamaño del plato no sabría precisar bien, pero más grande que un automóvil; su diáme­tro sería de unos 10 m, y la altura de un metro o un metro cincuenta.

    Arsenio Romero entrevistado por el periodismo local.

    “Entonces me acerqué a unos 10 metros, aproximadamente, sobre el playón que está a­rriba del cerro. Me fui acercando por propia curiosidad. Al llegar ahí, veo cuando sa­le esta gente, que bramaba al salir del plato. Era un zumbido fuerte, cano un bramido, difícil de comparar, era seco, duro, un silbido fuerte y agudo, que me hizo doler los oídos. También me molestaban las luces, pero sin llegar a cegarme, aunque a medida que me acercaba se hacía más notorio un olor a azufre, que me provocaba angustia.

    “Estos seres estaban alrededor del plato. Ellos no tocaron tierra. El plato era lo que andaba. Tenían 70 u 80 cm, o un metro; con unos cuerpos semiovalados, de torso al­go panzón hacia abajo. No noté si tenían terminados los brazos, piernas, ni uniforme. Pero la cabeza de los dos era alta, alargadita, Y de la parte del cráneo salían dos antenas, y a la vez con objetos con dos bolitas rojas que giraban sobre sus luces. Es decir, dos antenitas en cuya punta había dos lucecitas rojas que giraban sobre ese cuerpo. Y tenían un ojo.

    “Descendieron por un costado, pero no vi ninguna escotilla, nada. Giraban y se movían como si estuvieran suspendidos en el espacio. Me dio la intención y saqué el ar­ma. Saqué el arma y les apunté (NdR: se trata de una pistola 45 cal. 1145, registro N° 85.392). Cuando lo hice sus cuerpos giraban, porque en ese momento yo los había visto de espaldas, no estaban de frente porque, justamente, estaban girando. Entonces fue cuando vi el objeto de acá y el ojo, y sentí cano si me prendieran fuego y me dejaron paralizado. Cuando hice el ademán atacaron, sino, no lo hubieran hecho. Quise caminar hacia adelante, hacia atrás, y no podía. Quise hacer movimiento de brazos, y no pude. Tampoco podía gritar ni hablar. Y sentí una quemazón en el cuerpo, en el frente, y caí al suelo por el rayo que salió de la parte de la cara, del ojo, salió la llama azul, medio violeta, de arriba para abajo, tomándome todo el cuerpo, parejo.

    CerroDeLaGloria3 “Caí al suelo y después no recuerdo más nada. Quedé paralizado, estuve en el suelo y no supe nada más. No sé cuánto tiempo permanecí allí, pero habrá sido largo tiempo. Luego me despertaron los muchachos.

    Acceso al parque.

    “Para mí son seres que vienen a buscar algún objeto de ellos, dado que muchas veces, en el subsuelo hay uranio; faltará en su planeta y vienen a buscarlo a la Tierra. Pero no son seres ofensivos, ya que si no los ofende no van a hacer nada, pero si los atacan, entonces sí lo atacan a uno.

    “En cuanto a evidencias materiales, o rastros sobre el terreno, según los que me han visto, habrían encontrado marcas, de las tres patitas que se asentaron allí.

    “Después fui internado en el hospital a raíz del sistema nervioso, estaba muy alterado, no se sabía porqué. Estuve cuatro días, como causa de enfermedad nerviosa. No me quedó ningún rastro físico. En las ropas no tuve quemaduras, me saqué la ro­pa después, y en la piel no pude apreciar nada. Tampoco me afectaron los ojos, aunque veo poco… Lo que sí los nervios, y dolores articulares en los hombros, codos y rodillas, de ahí en adelante empecé a sentir esos dolores. Antes no he padecido ninguna enferme­dad.

    CerroDeLaGloria4 “Ahora otra cosa. Tiempo atrás, varios meses atrás, yo había notado destellos de una luz rojizo-amarillenta, azulada, que se corría por los cerros, sin dispensarle mayor atención, pues muchas veces se trata de estrellas fugaces. Pero esta vez, al prestarle atención creyendo que era un coche que estaba incendiándose, resulta que… después me llevaron al hospital”.

    Camino recorrido por el policía Romero.

    - Consideraciones sobre el caso:

    El custodio del orden público parece haber sufrido u­na crisis nerviosa que se anunciaba y -tras un breve instante de inmovilidad-, cayó desvanecido. Arsenio Romero fue encontrado en el suelo por una persona, de quien no se pudo obtener la identidad, transladándolo hasta la seccional Quinta, en donde prestaba servicios. Luego habría sido internado en un hospital -que tampoco fue localizado- víctima, aparentemente, de una crisis nerviosa. No obstante, trascendió que Romero se hallaba bajo tratamiento con motivo a una “neurosis”[1], obligándolo a una asistencia médica permanente.

    El extraño suceso narrado por el agente Arsenio Romero causó el escepticismo de sus compañeros. Entrevistados algunos policías, éstos señalaron que “no creían” en el hecho descripto, agregando que todo pudo ser producto de la imaginación del uniformado. Sin embargo, otros indicaron con cierta tolerancia que “todo puede ser, a pesar de la rara personalidad del agente” (9).

    CerroDeLaGloria5 Otras impresiones que tuvieron como fuente la Policía de Mendoza ratificaron las opiniones vertidas en aquel momento, agregando que el testimonio de Romero no era confia­ble, conociendo actitudes similares a la relatada.

    Base del monumento allí levantado.

    Inclusive, el periodismo -muchas veces propenso a exaltar la presunta credibilidad de estos episodios- señaló en la ocasión: “El relato de Romero es probable que haya obedecido a un especial estado de ánimo o a cualquier otro motivo que desconocemos” (10).

    Pero a los dichos y entredichos se sumó la opinión del Dr. Carlos Irisarri, médico psiquiatra de Sanidad Policial, dependiente de la Jefatura de Mendoza, quien tras haber examinado al agente habría diagnosticado que se trata de un sujeto que presenta u­na insuficiente facultad mental[2]. Esto no deja de causar cierto asombro, por referirse a un agente policial en actividad, aunque su dictamen parece terminante.

    Después de todo, y de manera más genérica, el comunicado de prensa del 5 de septiembre emitido por la Jefatura de Policía de Mendoza indicó que “por medio de sus organismos especializados, ha investigado minuciosamente las circunstancias y los hechos relacionados por todas las personas que dicen haber sido testigos o afectados de algún me­do por estos fenómenos, llegando a la conclusión, en todos los casos, sin excepción, que no se ha comprobado absolutamente ninguna de las aseveraciones sobre supuestos a­contecimientos extraordinarios, resultando de los informes producidos (…) que se trata solamente en algunos casos, de fenómenos alucinatorios y en otros individuos cuya per­sonalidad presenta como rasgos característicos tendencias a la mitomanía, a veces en concurrencia con su nivel cultural y en otros a un deseo de publicidad con fines inconfesables” (12).

    CerroDeLaGloria6 Dicho sea de paso, Arsenio Romero tenía a la fecha del episodio 36 años (nació en la ciudad de Córdoba, el 31 de marzo de 1932), y afirma pertenecer a la Escuela Basilio, un círculo espiritista ampliamente extendido.

    Magnífica vista del anfiteatro y escenario de la presencia deun plato volador.

    Mientras se piensa sobre el origen de tres pequeños huecos situados en forma de triángulo en la plataforma del histórico Cerro de la Gloria, nadie recuerda cómo fueron ocasionados. El diario El Andino, del 13 de agosto, se pregunta si será otro producto de la imaginación del agente e irónicamente agrega que, por lo menos, la foto que los muestra servirá para que la Dirección de Bosques tome las medidas para tapar los pozos. Francamente, la impresión que causa al detenemos en la imagen, es que se trata de simples agrietamientos en una superficie muy irregular y con inadecuado mantenimiento.

    Otro hecho que merece ser citado es que el caso guarda cierta similitud con el ocurrido en el Hospital Neuropsiquiátrico días antes, res­pecto al rayo, luces y efectos paralizantes[3].Y además, la descripción que Romero ha­ce del objeto y sus tripulantes, coincide con la que a fines de ese mismo mes, también en Mendoza, efectúan Peccinetti y Villegas (véase: LOS IDENTIFICAOOS VII, 1994), inclu­so, en lo referente a la paralización de movimientos que les impidieron toda acción ante los extraños seres (13).

    Aún cuando no disponemos de los datos psicoclínicos necesarios para proceder a una evaluación concienzuda de la personalidad de Arsenio Romero (al margen de las pericias realizadas por Sanidad Policial, en cuya idoneidad CerroDeLaGloria7 confiamos), es posible pensar que el colapso sufrido por el policía -de no haber sido la. acción producida por un fenó­meno externo a él-, revela cierta incapacidad del testigo para superar la sobrecarga de tensiones, hallándose en un estado de angustia e incertidumbre[4], que denotaría -a su vez- una debilidad yoica[5], con la cual se eleva la frecuencia de error, aumentan­do la deformación psíquica y su distorsión de la realidad.

    Monumento que memora una epopeya histórica argentina.

    REFERENCIAS

    (1) El Andino, Mendoza, 15 agosto 1968, p.19; La Razón., Buenos Aires, 20 agosto 1968.

    (2) Los Andes, Mendoza, 16 agosto 1968.

    Diario de Cuyo, San Juan, 7 septiembre 1968.

    (3) El Andino, op. cit.

    (4) Gente y la Actualidad, Buenos Aires, Año 4, N° 163, 5 septiembre 1968, p.7.

    (5) Ibíd., p.6.

    (6) La Prensa, Buenos Aires; y Los Andes, Mendoza, 6 septiembre 1968.

    (7) Los Andes, Mendoza, 7 febrero 1968, p.9.

    (8) Henri Ey, y otros. Tratado de psiquiatría, 8a. ed., Masson, Barcelona, 1990, ps.205/206, 374 y ss.

    (9) El Andino, Mendoza, 13 agosto 1968, ps. 1 y 18; Los Andes, Mendoza, 14 agosto 1968, p.5.

    (10) El Andino, op. cit.

    (11) Henri Ey, y otros. Op. cit. ps.562, 569/570.

    (12) vse. “(6)”.

    (13) Crónica, Buenos Aires, 1 septiembre 1968.


    [1] Las neurosis son enfermedades de la personalidad (Janet) caracterizadas por conflictos intrapsíquicos que inhiben las conductas sociales. El término, que es muy antiguo (Cullen, s. XVIII), tomó en medicina, en un principio, el sentido de enfermedad funcional sine materia en relación a la enfermedad orgánica, pero no puede considerársela seriamente excluyendo la causalidad orgánica.

    Las “reacciones neuróticas agudas” (psiconeurosis emocionales) son episodios de angustia paroxística, des­criptas con diversas denominaciones. Se refiere a especiales situaciones emocionales, que podemos definirlas como reacciones desencadenadas por un shock emocional. Se destacan: l) que los síntomas patológicos están relacionados con acontecimientos actuales (es el aspecto reaccional de estos estados); 2) que el umbral de hiperemotividad o de angustia es anormalmente bajo; 3) que los síntomas consisten esencialmente en reaccio­nes afectivas violentas; y, 4) que estas reacciones ponen en juego tendencias más o menos inconscientes. Según se desprende de esta brevísima presentación, la angustia aguda, el estado de pánico, será estudiado teniendo en cuenta que el organismo dispone de mecanismos defensivos preparados para responder al estrés, vistas como una intensa reacción al sufrimiento en su más amplio sentido. Se comprende, pues, que estas grandes crisis “traumáticas” de angustia constituyan siempre urgencias médicas (8).

    [2] Los estados de retraso mental son insuficiencias del desarrollo de la inteligencia. En la forma “ligera”, con un C.I. 65-80, en la escala de Ternan-Merill, es relativamente educable y adaptable socialmente. Por la debilidad de su Yo y de su personalidad, es sugestionable y crédulo, y es incapaz de enfrentarse a situacio­nes nuevas que exijan un análisis de sus dificultades (11).

    [3] Aunque vale hacer notar que el caso de Romero se divulgó el martes 13 de agosto, y el de la enfermera A.C. de Panasitti recién se publicó el jueves 15, éste ya era conocido en los medios policiales de Mendoza.

    [4] En situaciones de cambio rápido, como la expuesta, la incertidumbre proviene de un exceso en el flujo de información carente de patrones definidos. Como en las situaciones no previstas más información debe ser procesada, analizada y ponderada, el sujeto experimenta mayor dificultad para pensar, y con ello, el nivel mismo de incertidumbre. La angustia que moviliza, como defensa, cede ante la angustia paralizante. A ese círcu­lo vicioso se asocia, en algunos casos, la desorientación, el dislocamiento, reducido a una cierta incomuni­cación con la realidad en que vienen a simbolizarse tanto los peligros existentes como las amenazas imagina­rias.

    [5] En la tradición filosófica, el Yo es principio de conocimiento y acción. En psicología, típicamente, asegura una función de unidad e integridad del sujeto. Como tal, se deja reconocer dinámicamente a través de los mecanismos de defensa.


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