Archivo '. Los Identificados (Roberto Banchs)'

Dic
23

PEHUAJÓ (BA): DE CACERIA FRENTE A UN OVNI

Roberto Banchs

Tras la fantástica serie de observaciones registradas el 13 de mayo de 1962 que totalizaron más de 45 denuncias distribuidas en su casi totalidad en el noroeste argentino(1), el diario La Voz de Pehuajó, Pehuajó (Buenos Aires), en su edición del 17 de mayo de ese mismo año, reproduce la siguiente noticia:

“Lo más interesante, lo muy interesante en todas estas apariciones, la constituye el relato de un vecino de nuestra zona oeste. El asunto fue así: El vecino en cuestión en compañía de un amigo había salido de caza en un claro día de Sol. El campo es muy grande, y tenía en esos momentos muchos y muy crecidos cardos, según el relato del protagonista del episodio. Al llegar a una loma, observaron en la parte baja del campo un vehículo detenido difícil de identificar por los fuertes reflejos del Sol, sobre lo que suponían la capota de un auto. Pensaron que se trataba de los dueños del campo en uno de sus habituales viajes de inspección, por lo que decidieron acercarse para saludarlo. La idea de que se trataba de personas conocidas, los hizo despreocuparse de la cuestión y se acercaron desaprensivamente. Así fue como al llegar a una distancia relativamente corta, el primero de los nombrados en este episodio se dio cuenta de que no era un automóvil, sino un vehículo para él desconocido de forma irregular y muy bajo. Sostuvo que en su interior habla dos personas, y fuera del vehículo una tercera, en actitud de observar la tierra. La sorpresa lo paralizó un instante, para reaccionar llamando con fuertes voces a su compañero que se había retrazado un tanto. Eso parece haber asustado a los extraños visitantes, ya que el que encontraba en tierra ascendió rápidamente y el vehículo (¿plato volador?), despegó casi instantáneamente, y a una velocidad que era difícil seguir con la vista, según las palabras de los protagonistas. Después de un momento -continúa la crónica periodística-, vueltos a la tranquilidad, se acercaron al lugar donde había estado posada la máquina, y notaron dos cosas: que la tierra estaba caliente y que los cardos, normalmente altos en todo el campo, estaban al ras del suelo, es decir, completamente aplastados. Las observaciones que hicieron fueron pocas seguramente porque la sorpresa e impresión fue mucha.

“…Según parece, quienes vivieron la aventura tienen la impresión de que son seres de conformación similar a la nuestra, aunque mucho más bajos que el tipo común. Allí termina esta nueva aventura, y muy recientemente por cierto, en la que un terráqueo enfrenta el misterio de los platos voladores”.

INDAGACIONES POSTERIORES

Al momento de publicarse esta noticia, la que parece no haberse reproducido en otros medios, La Voz de Pehuajó entraba en su segundo año de edición y no fue mucho el tiempo que le- siguió hasta su cierre definitivo.

Al respecto de su contenido, llama la atención que tratándose, según el citado periódico, del relato “más interesante” (sic) de un importante conjunto de avistamientos registrados días antes en una vasta región del país, la información que en exclusividad nos proporciona resulte tan pobre, no indicando siquiera el nombre de los supuestos testigos, la fecha exacta del evento, el sitio exacto donde se habría producido el encuentro, sin ahondar tampoco en una descripción más detallada del fenómeno o en ofrecer una trascripción textual de los testimonios (sólo dice “que era difícil seguir con la vista” ¡!).

Es también significativo que tan espectacular noticia, no haya tenido una continuidad informativa en días sucesivos, cayendo en un extraño mutismo.

No obstante, dos días después de publicada la noticia, La Voz de Pehuajó da a conocer otro caso con un sugestivo título: “Contamos ahora con testigos: Un grupo de jóvenes pehuajenses observaron el paso de nuevos platos voladores”. Curiosamente, también referido a unos testigos que en la zona y hallándose de cacería, avistaron “un objeto luminoso brillante de características extraordinarias”, aunque esta vez el relato está referido a un objeto en vuelo sin que se hayan percibido ocupantes. El episodio habría ocurrido el domingo 13 de mayo a las 4,30 horas.

El título citado: “Contamos ahora con testigos”, nos remite invariablemente a considerar además, que antes no contaban con ellos. Esto es, en relación al caso tratado aquí. Mueve a sospechar que aquel relato tan espectacular pudiere haberse originado en algún rumor o comentario de éste, u otro caso de reciente data, pero con ribetes menos sensacionales. Quizá también el hecho se produjo conforme a lo señalado en el diario, pero nadie al momento ha podido avalar esa versión, ni siquiera el medio periodístico que la difundió y que no dudamos estarían muy interesados en ahondar en el caso. Aún así, sólo otra versión logramos sumar a las existentes: los dos testigos serían vecinos de J. J. Paso (localidad al oeste de Pehuajó) y habrían sido ellos los que pusieron en conocimiento del hecho al cura párroco de esa localidad. Empero, como suele ocurrir en muchos casos, nada de esto pudo comprobarse. En definitiva, la noticia periodística del encuentro con ocupantes en Pehuajó, no escapa a ciertas reglas generales: a) Además de sucintas, las crónicas resultan imprecisas y superficiales; b) un informe periodístico inicial sobre un caso de un ovni no configura todo el cuadro de la observación (es decir, no puede ser aceptado, ni darse por ciertos y definitivos datos, apreciaciones y conclusiones ofrecidas en un primer y único intento por los medios de prensa), ya que la inmediata información sobre hechos novísimos implica el riesgo de un manejo poco estricto de sucesos recientes; y, c) los medios periodísticos suelen dar el alerta inicial sobre determinada denuncia y se retiran, sin seguir las alternativas de la investigación hasta su veredicto final sobre su autenticidad (quedan, pues, sin definir y tratados por igual incidentes de evidente probidad y otros de manifiesta falsedad).

Una vez más hemos de señalar que no es alentador evitar la difusión apresurada de hechos recientes, con el consiguiente riesgo de un manejo poco estricto de la información. Mesura, objetividad, exactitud no deberían estar, pero a menudo están reñidas con la velocidad de la información. Es la mancha que acompaña a numerosas noticias del siempre controvertido fenómeno.

Referencias:

(1) Banchs, Roberto, Ovnis: Peregrinos del silencio, Ed. CEFAI, Buenos Aires, 1991, ps. 37/38 y 132.

Banchs, Roberto, La sucesión cronológica y la ortotenia, en Boletín Informativo CIDOANI, Buenos Aires, n° 11, 1970, ps. 4/8.

Pineda, Jorge O., OVNIS: Tres casos argentinos para la ciencia, en: 2OOl Periodismo de anticipación, Buenos Aires, Año 3, n° 33, abri11971, ps. 47/49.

Et. al.


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    Dic
    15

    ITUZAINGÓ (Cts): DIÁLOGO CON EXTRATERRESTRES

    Roberto Banchs

    El domingo 25 de agosto de 1985, el diario El Litoral, de Corrientes, publica un extenso artículo de su corresponsal (“De nuestra agencia”) en Ituzaingó, en el cual refiere que los protagonistas de un contacto personal con seres extraterrestres lle­garon hasta su casa en la madrugada del día anterior, “fuertemente impresionados y con deseos de ocultar su identidad a la opinión pública” a fin de narrar su experien­cia.

    Según el relato de la periodista, cuyo nombre es Norma Mazza, llegado a su vivien­da un matrimonio que viajaba desde Posadas en un automóvil por la ruta 12 hacia la ciudad de Corrientes, de donde son oriundos, resistió en primera instancia abrirle la puerta a hora tan intempestiva, hasta que finalmente fue persuadida al facilitarle sus documentos y cuando el hombre le manifestó que “su esposa necesitaba atención y querían poner en conocimiento de El Litoral lo ocurrido”.

    Franqueado el acceso, la corresponsal Norma Mazza advierte que “la señora estaba en lamentables condiciones, con una fuerte crisis nerviosa”. Una vez repuesta, pudo participar del diálogo mantenido con el esposo. Fue así que -según la periodista-, el matrimonio señaló que venían a una velocidad crucero de 100 km por hora, cuando al pasar el acceso a Ituzaingó, a la distancia y sobre su mano, advirtió luces de dis­tintos colores en tonos transparentes, rosado y levemente amarillo, por lo que amino­ró su marcha pensando que podría tratarse de un camión. Cuando se acercaba una luz tomó mayor intensidad, razón por la cual el marido decidió detenerse, a pesar de la inquietud de su esposa pidiéndole que siguiera. Pero parece que no se halló en condiciones de hacerlo, pues no veía el camino ni la banquina, quedando el vehículo en penum­bra. Fue entonces cuando un hombre se acercó a ellos diciéndoles: “¡No se asusten!, ¡No tengan miedo! ¡No somos de la Tierra…!”. Se trataba, evidentemente, de un gesto tranquilizador.

    Atónito el matrimonio contempló a un hombre de perfectas facciones humanas, que manejaba un fluido castellano, más propio del argentino que de otro ciudadano latino­americano o español. Como la esposa lloraba y se acurrucó junto a su marido, el ex­traño ser señalándola le dijo: “No tenga miedo, mujer, no hacemos nada malo, queremos conocerlos”. Hasta aquí era claro que advirtió su miedo y que estaba frente a una mu­jer, para quien no tenía malas intenciones…

    No muy convencido pareció quedar el conductor -o sea, el marido-, quien le requirió dejarlos ir, pero el extraterrestre empecinado le pidió que no lo hiciera y que lo escuchara. Y dijo: “Nosotros pertenecemos a MAIT, otro mundo, en otro espacio, como la Tierra. Somos hombres y mujeres pero no tenemos esta civilización. Venimos a conocerlos. Dígale a todos que no tengan miedo”.

    El visitante estaba vestido con un traje oscuro (sin alcanzar a precisar sus características, debido a la falta de luz), pero notó que en su cuello y pechera asoma­ba una especie de atavío como el que usan algunos sacerdotes, en color claro. Su ca­beza descubierta permitía ver su cabello de mediana longitud. Su rostro era de bellas facciones, ojos muy grandes, “mirada buena” y una voz muy grave. En fin, irresistible.

    “En un momento dado -narra la periodista- el visitante posó su mano en la del conductor con el evidente deseo de tocarlo”, comprobando que su temperatura era igual que la de los humanos. “Luego se dirigió a la señora muy afectuosamente tratando de calmarla, y pidiéndole que contara que ellos eran buenos. En los tramos finales de la singular entrevista le solicitó a nuestro entrevistado -dice N. Mazza- que le entrega­ra algo para llevar a MAIT y el hombre tomó un frasco de perfume, un cepillo dental con su envase y una jabonera conteniendo un jabón de tocador y se lo entregó al extra­terrestre, agregando un paquete de galletitas dulces”, además de un papel billete, in­dicándole para qué era cada una de las cosas que le entregaba.

    El ET, complacido por su perfume, jabón de tocador, cepillo dental, galletitas y dinero, le expresó que no pusiera en marcha el auto hasta que ellos no partieran y, sonriéndoles, se alejó hacia el ovni donde lo aguardaban otros seres. Intensificándose una de las luces hasta enceguecerlos, se elevó rápidamente hasta desaparecer en el horizonte.

    ALGUNAS CURSILERÍAS DE LA PRESUNTA ENTREVISTA

    Norma Mazza continúa su artículo diciendo: “Con su esposa en crisis nerviosa, nuestro visitante recordó que siempre había leído en El Litoral noticias de su Agencia en Ituzaingó y que tenía buen conocimiento de quién está al frente de ella (N. del A.: o sea, Norma Mazza) por leer artículos de quien esto escribe y se largó hacia nosotros llegando a nuestra casa a las 2,45 del sábado”.

    Después de indicar que el supuesto testigo no recuerda la duración del extraño encuentro, aunque sí el haber salido de Posadas a la 1 de la madrugada y que tampoco pu­do apreciar bien al aparato, sea por la penumbra o por la fuerte luz, la corresponsal del diario nos informa que: “Dejamos descansar a la señora y fuimos con el esposo has­ta el lugar del encuentro, donde no advertimos nada y al que volvimos en la mañana de ayer, 24, sin que tampoco encontráramos rastro alguno”.

    “Nos agradecieron nuestra dedicación y expresaron que él tiene 41 años y ella 36, manifestando que muchas cosas no pudieron advertir en el hecho ocurrido por el fuerte tenor que sintieron…”.

    La nota concluye con las emotivas palabras del marido, testigo anónimo del caso: “La seriedad de El Litoral me permite expresarme públicamente sobre todo esto, y si oculto mi nombre es por razones poderosas como las burlas, o las chanzas. Le agradezco todo lo que ha hecho por nosotros, y yo también puedo decir que llegar a la agencia de El Litoral en Ituzaingó, es como llegar a la casa de uno, pero que usted me atienda a la madrugada en este medio donde la delincuencia pulula, es más sorprendente todavía. Por eso agradezco mucho que usted haya estado aquí” (sic).

    AÚN MÁS

    En diálogo telefónico con la agencia periodística Télam, Norma Mazza ofreció una versión más rica en detalles (1). “Solamente puedo decirles que se trata de una pareja de profesionales, docentes ambos…”. Al parecer, el asustado matrimonio llegó al domicilio particular de la periodista, luego de intentar infructuosamente denunciar el hecho a las autoridades del lugar, un poblado de 9.000 habitantes, la mayoría llegados en los últimos seis años, debido al influjo de la represa hidroeléctrica Yacyretá que se construye a pocos kilómetros de allí.

    La corresponsal agrega que el vehículo en que viajaba el matrimonio era un Renault 12, y que “a la señora tuve que ayudarla a salir del auto, ya que era presa de un fuerte nerviosismo. Incluso le suministré un tranquilizante y luego pudimos conversar” sobre la inquietante experiencia. También recordó que el ser les había dicho que en su mundo “no había otro transporte que el aéreo y que, como nosotros, también tenían Sol y Luna, estrellas, vientos, lluvias, calor y frío”.

    La periodista afirma que, días después, volvió a tomar contacto con el matrimonio, cuyos integrantes le comentaron que desde aquella aparición sufrían un frecuente deseo de dormir o los afectaba un agradable sopor. A raíz de esto fueron a Buenos Aires para una revisada médica completa, que no arrojó resultados significativos.

    A su vez, la periodista trató de robustecer su historia procurando otros testimonios. Sin mucha suerte, apenas logró el informe de un empleado de obra, que esa madrugada afirma haber visto por algunos segundos un objeto detenido en el cenit, a gran altura.

    ALGUNAS CONSIDERACIONES

    La lectura atenta del artículo nos ha permitido advertir aspectos que merecen ciertas reflexiones. En primer lugar, nos resulta algo incomprensible que el matrimonio, personas cultas, profesionales, docentes -según algunas fuentes, el hombre sería medico (2)-, acudieran a la vivienda de una periodista que no conocían (tampoco se informa cómo la localizaron), en vez de dirigirse en todo caso a una clínica u hospital, dado el estado de crisis nerviosa en que se encontraba la mujer. Más sorprendente aún lo es si, efectivamente, su marido es médico.

    No menos llamativa habría sido la actitud del hombre, que en avanzada hora de la madrugada deja a su esposa después de sufrir la citada crisis, para irse junto con la periodista al lugar del encuentro con los extraterrestres.

    En segundo término, la excesiva y reiterada auto-adulación que hace la corresponsal del diario, no deja de ser menos sospechosa. Desde luego, puesta en palabras de un supuesto y anónimo testigo al que sólo ella dice haber conocido.

    Inmediatamente de producirse el episodio y a fin de esclarecer en la medida de lo posible lo ocurrido, solicitamos al ufólogo Jesús R. Róvere, de Posadas, procediera a una indagación más detallada. En noviembre de 1986 nos hizo llegar lo re­querido, que pasamos a consignar:

    1°) Después de ir en seis oportunidades a Ituzaingó y entrevistar a la periodista Norma Mazza (Maza, o Mossa, según otras fuentes), único contacto con los supuestos testigos, fue imposible lograr una entrevista con los mismos, a pesar de haberle ofrecido las siguientes alternativas, ante la insistencia de anonimato:

    a) Entrevista telefónica. Nosotros instalados en un hotel de Corrientes sería­mos llamados por teléfono y no se podría localizar la llamada.

    b) En un lugar separados por un biombo o pared.

    c) Mediante una encuesta escrita, sin identificación alguna, la que finalmente entregó y nunca fue contestada.

    2°) Averiguaciones efectuadas en el puesto policial de acceso a Ituzaingó indicaron no haber registrado el paso del vehículo de los supuestos testigos, ni avistado algún fenómeno de características inusuales.

    3°) Llama la atención que los testigos en primer momento se dirijan a una periodista a la que autorizan a comentar el hecho y que, posteriormente, no quieran entrevis­tarse con investigadores dispuestos a garantizar el anonimato.

    “Ante lo expuesto -concluye J .R. Róvere- considero conveniente archivar el caso y considerarlo falso hasta tanto no se pueda entrevistar a los testigos o reunir una información que permita cambiar esta impresión”.

    Lo expresado hasta aquí nos exime de formular otros comentarios.

    Referencias

    (1) El Heraldo, Concordia (ER), El Litoral, Santa Fe (SF), 27 agosto 1985.

    (2) Diario Popular, Avellaneda (BA), y Crónica Mat., Buenos Aires, 26 agosto 1985.

    Otras fuentes: La Gaceta de Hoy, Buenos Aires, 26 agosto 1985; Diario Popular, Avellaneda; La Nueva Providencia, Bahía Blanca (BA), 28 agosto 1985; La Tarde, Tucumán, 27 agosto 1985; rev. Flash, Buenos Aires, 1 octubre 1985.


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    Dic
    09

    SAN JOSÉ (Mis): A UN PASO A NIVEL

    Roberto Banchs

    ANALISIS DEL CASO

    La descripción que hiciera Casimiro Zuk al diario El Territorio, resulta muy similar a la que nos efectuara una veintena de años después, revelando el vívido recuerdo de aquel episodio que se ha constituido en una inolvidable experiencia. Desde luego, habrá detalles que escaparán a la rememoración, incluido las percepciones equivocadas y las distorsiones del primer momento, sometidos a los sentimientos más profundos y a la imposibilidad de reproducir con exactitud aquello que registran los órganos sensoriales.

    Apeador del ferrocarril Urquiza, escenario del inolvidable encuentro con el ovni.

    Por otra parte, el informe del caso ocurrido en San José (los catálogos suelen situarlo, por error, en Apóstoles) se inscribe, como dijimos, durante el mayor incremen­to de avistamientos de platillos registrados en la oleada de 1965 que cubrió territorio argentino. Y también, durante el vuelo de ocho días por el espacio de los astronautas L. G. Cooper y Ch. Conrad (lanzados el 21 de agosto), que ganó la primera plana de los diarios en esos días (3), quienes a bordo de la Geminis V efectuaron una demostración a modo de una preparación psicológica para la misión lunar.

    La verificación in situ, es decir; la practicada sobre el terreno, permitió corre­gir ciertos datos deslizados en la crónica periodística, rectificados a su vez por Zuk, en cuanto a la ubicación y desplazamiento del objeto. En efecto, en la oscura noche del lunes 23, el objeto parecía situado en todo momento a baja altura del suelo, a pocos metros, efectuando un movimiento de aproximación y alejamiento hasta desaparecer de la visión del testigo.

    Esta misma inspección, junto al croquis que documentaba el testigo, permitió también comprobar que el ovni se había movido -para nuestra sorpresa- en el sector de las vías del ferrocarril y, aún más, en su dirección y hacia la estación Pindapoy (asiento de la compañía frutal Pindapoy).

    Aun cuando C. Zuk afirma que “es un lugar de poco tránsito, únicamente la vía con el coche motor, pero, el tren a esa hora no pasaba”, procedimos a intentar verificar esos datos. En primer lugar, fue fácil comprobar que el coche motor no era el único tipo de tren que circulaba por las vías, habiendo otros de carga y de pasajeros. La comprobación de que “a esa hora no pasaba” tren alguno, iría a ser una tarea harta de dificultades, aunque allanadas por la amabilidad y excelente disposición del personal del Ferrocarril General Urquiza[1].

    Fue así que tratando de conocer de modo fehaciente el movimiento de trenes en aquella fecha/hora y lugar (Apeadero 538,4; long. 55° 50′ ­lat. 27° 50′+), las primeras averiguaciones en ese senti­do no aportaron nada positivo, ya que no se contaban con los registros de trenes de ese año[2].

    Sin embargo, los Sres. Tenca y Bene­gas, de la División Técnica, Sector Horarios y de Transporte, de Ferrocarriles Argentinos, nos proporcionaron el “Itinerario de Trenes”, del F.C. Urquiza (4), donde obra minuciosamente el movimiento ferroviario preestablecido, con sus estaciones, horarios e identificación de los trenes. A pesar, es por todos conocido las ostensi­bles demoras y alteraciones que suelen producirse en el tránsito ferroviario, en parti­cular, en una zona que -por la intensa actividad agrícola- hay movimientos de carga y maniobras (por ejemplo, en la Estación Pindapoy, a escasos miles de metros).

    Planimetría del tendido ferroviario en el lugar del avistamiento. Fuente FC Urquiza.

    Al respecto, la lectura del citado Itinerario permite advertir el paso regular del tren de fruta 252 a las 23,40 por Pindapoy -permitiendo el paso al tren mixto 2, de Posadas-, pasando por el Apeadero “Km 538,4” (distancia tomada desde Concordia) alrede­dor de la medianoche, y llegando a Apóstoles a las 0,25, la otra estación más cercana. Ese tren mixto habría pasado a las 22,58 por Pindapoy y a las 23,38 por Apóstoles.

    De acuerdo a lo que se nos informó, a causa de la habitual demora del primero, que debía esperar y maniobrar para ceder el paso (se trata de un ramal de una sola vía), al año siguiente -1966- se procedió a modificar los horarios (5), llegando a Apóstoles -según planilla- a las 1,09 horas.

    Conforme a lo examinado, el fenómeno visto por Casimiro Zuk, bien podría coincidir con el paso de un tren por las angostas vías del Ferrocarril Urquiza.

    Pero -según parece- las coincidencias no se agotan ahí. El “coche motor”, que empezaba a circular a comienzos de esa década, era conocido en el ambiente ferroviario con el mote de “Marciano” (¡oh!, curiosidad), de acuerdo a lo que nos comentó un técnico de esas máquinas que opera en los talleres de Villa Lynch, debido a su peculiar aspecto-análogo al prototipo de un plato volador- y al sonido susurrante, diferente al de otras máquinas. Su incorporación al servicio -nos explicó- data de 1962 y fue toda una novedad para la época. Se trata de un vehículo gasolero, italia­no (Fiat), compuesto por dos o tres vagones, utilizado para tramos cortos (corta y media distancia). En agosto de 1965, la Argentina disponía de 850 coches ferroviarios.

    No dudamos que su extraña apariencia, muy distinta a la vetusta imagen de las locomoto­ras que rodaban con anterioridad por esas mismas vías, fuera una fuente de equívoco.

    ¿Habrá inducido un error en la percepción de Casimiro Zuk la eventual presencia de esta novedad tecnológica? La respuesta podría provenir de un examen comparativo.

    En primer lugar, nos detuvimos a escuchar el sonido del motor gasolero del coche ferroviario y, realmente, nos sorprendió la gran semejanza con el emitido por el “ovni” de Zuk, un “rrooée-rrooée, parecido al de un bombeador de agua (…), de tipo circular”. Como es de rigor, la descripción del testigo -con su onomatopeya-, así como la del mo­tor Fiat, han sido registradas mediante grabación.

    El coche-motor Fiat, presunto ovni en San José, Provincia de Misiones. Talleres de Villa Linch, BA.

    La dirección en que fue visto detenerse el presunto ovni, coincide exactamente con el Apeadero -o apeador- Km 538,4 del Ferrocarril Gral. Urquiza. No así la distancia, ya que el apeadero se encuentra ubicado a unos 100 m, y el testigo sitúa al ovni a 300 o 400 m, pero en la misma dirección oeste. De todas formas, la estimación de Zuk resulta muy relativa, por las dificultades de calcular la distancia en la oscuridad de la noche[3], cuya Luna se hallaba al este en su 25,6ª fase decreciente (fracción iluminada: 20%, azimut 86º, 39’ y altitud -44º).

    En el mismo sentido, podemos expresamos respecto a la altura en que se halló el objeto, deduciendo que se detuvo a unos 3 m del suelo, tras sobrevolar a baja altura. Desde la posición del testigo, al pie de una suave pendiente, el horizonte no era claramente visible, siendo obstaculizado por un monte de árboles y por el terraplén elevado del ferrocarril (véase el plano en corte).

    Los desplazamientos del fenómeno merecen también un breve análisis. Llama la atención que los mismos parecen haber seguido la sinuosidad de las vías férreas (“describió un semicírculo…”, etc.), como se observa en el plano.

    En cuanto al “ovni”, Casirniro Zuk insiste durante nuestra entrevista que sólo observó una luz, “objeto no he visto; nada más que el techo -la visera-, y a la persona que caminó…” (No obstante, la noticia de El Territorio indica haber visto “una especie de vehículo automotor (!) de forma alargada”, de unos 5 metros; conceptos que desestima en nuestra encuesta para afirmar que “no tenía un tamaño chico -pero no mayor de 10 m-, sin poder determinar si era redondo, alargado, etc.”). Y aún más: “Podía apreciar -eso sí- que se trataba de una luz que brillaba cano si tuviera la luz arriba y brillaba todo (…), parecía un foco, nomás”. Un farol.

    Es interesante hacer notar aquí que la locomotora del coche motor, posee un reflector arriba (al igual que en el otro extremo del tren, con una puerta salida abajo).

    “Algo se notaba., también, como escotillas, algo así” (el diario dirá “ventani­llas enterizas”), sostiene C. Zuk. Los extremos del coche motor poseen unas muy noto­rias aberturas, parabrisas.

    Otro aspecto que nos lleva a formular algún comentario, se refiere a la “visera” o “techo” del objeto. Según el testigo, “la luz daba la impresión de tener una visera, pues se proyectaba hacia abajo”. Recuérdese al respecto que el ovni estaba detenido, en relación a Zuk, por detrás del Apeadero Km 538,4; lo que equivale a decir que la visión de aquél le permitía notar -entre sombras- el muelle y, especialmente, el cobertizo, a través del cual -al parecer- atisbaría “el aparato” junto al andén.

    Flamante reinauguración del peculiar transporte ferroviario en Nogoyá, 11-2007.

    Desde esa perspectiva, observó a “una persona”. Tenía el aspecto de un individuo “de acá, común”. “Apareció dando unos pasos, dio vuelta, otra vuelta, caminó y luego no la vi más”, nos relata Zuk, agregando que tenía un mameluco… como el de un operario. El periódico dirá, incluso, que “caminó unos pasos como queriendo estirar sus piernas”. Será que los visitantes, después de todo, tienen sus necesidades.

    Creemos que no será necesario ahondar en la personalidad de Zuk. Al contrario, estimamos que los datos obtenidos resultan suficientes para acceder, como se ha visto, a la posible naturaleza del fenómeno regis­trado en San José, provincia de Misiones.

    Los datos reunidos y cotejados, permi­ten establecer una base firme de presun­ción respecto al supuesto ovni, que ha si­do -al parecer- producto de la errónea interpretación de “una máquina no­vedosa” para la época, como lo fue el comentado coche ferroviario, y no de uno de los populares platos voladores que estimu­laron tanto la imaginación y el desconcierto en aquellos años.

    Esta hipótesis no significa una actitud refractaria so­bre el fenómeno de los ovnis, sino, la adhesión permanente al análisis crítico de la realidad -despojada de ocurrencias apasionadas- y la preten­sión de animar el interés por la investigación.

    Referencias

    (1) El Territorio, Posadas, 2 setiembre 1965. Citado en: CODOVNI, Buenos Aires, Informes de 1965, p.17; Antonio Ribera, P. V. En Iberoamérica y España, ps.175/ 176; LDLN, Le Chambon-sur-Lignon, FR., N° 92, J1/Ag. 1967; Coral & Jim Lorenzen, Encounters with UFO Occu­pants, ps.155/156; Oscar Uriondo, Los Aterrizajes de Ovni en la Argentina, CEFAI, Bs. Aires, 1972, p.45; Charles Bowen, ed., The Humanoids, Neville Spearman, London, 1969, lacks case; Héctor Anganuzzi, La Histo­ria de los P. V. en la Argentina, Plus Ultra, Buenos Aires, p.195; Jacques Vallée, Magonia, catálogo, caso 687; et. al. In: Banchs Case References, Richard Heiden.

    (2) El Territorio, Posadas, 2 abril 1985, p.19.

    (3) C1arín, Buenos Aires, 21 al 25 agosto 1965.

    (4) Itinerario de Trenes, F. C. Urquiza, Secretaria de Transporte, Bs. Aires, N° 31, Mayo 1965, ps. 52/75.

    (5) Ibíd., N° 33, Mayo/Diciembre 1966, ps.54/55.


    [1] En particular, los señores Ricardo Giancola (Jefe del Museo Nacional y Centro de Estudios Históricos Ferroviarios), Pedro Bidegorry (Jefe Mantenimiento), Santos Blanco (Jefe Div. Operativa, Dpto. Transporte), y J. del Greco (Jefe Estación Pindapoy).

    [2] El Jefe de Mantenimiento -Div. Mat. Remolcado- Pedro Bidegorry, cursó una nota al Jefe de la División Operativa, Dpto. Transporte, en Concordia (ER), Santos Blanco, quien a su vez remitió la solicitud de averigua­ciones al Jefe de la Estación Pindapoy, J. del Greco, y este a su vez al de Apóstoles, Sr. Müller, respon­diendo en octubre de 1985 que las mismas “no le aportaron nada positivo sobre este asunto”. En una carta del 25 de septiembre de 1985, J. del Greco, señala: “Le comunico que lamentablemente no se cuenta ya con los registros de trenes de ese año, por lo que no se puede determinar fehacientemente el movimiento en esa fecha. En cuan­to a las averiguaciones efectuadas a gente de ésta (Pindapoy/Apóstoles), manifiestan que -en efecto- se co­mentó sobre ese fenómeno que tuvo mucha repercusión en la zona, y que además se vio más al norte de la pro­vincia (zona de Oberá e Iguazú, bastante distantes una de otra)”. Hechos sobre los cuales no teníamos noticia y, por obvia, aún menos haber podido establecer una relación con el episodio ocurrido en la zona de San José. Al margen, la gestión del personal del Ferrocarril merece ser ampliamente reconocida. Asimismo, por el interés en el tema y la preocupación por satisfacer nuestras inquietudes, puesta de manifiesta tanto en la facilitación de información como en el asesoramiento y orientación que recibimos en todo momento.

    [3] En relación a una experiencia simulada de observación ovni que dirigimos ese año, J. R. Róvere -que nos acompañó durante las encuestas-, se propuso verificar la pretendida fiabilidad de los parámetros perceptuales proporcionados por los testigos, procediendo a estimar distancias a ojo desnudo y en pleno día en el lugar de los hechos. Efectuada la comprobación, su error de cálculo orilló en el 25%.


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    Dic
    09

    SAN JOSÉ (Mis): A UN PASO A NIVEL

    Roberto Banchs

    Con el titulo “Yo he visto un OVNI, nos afirma el Sr. Casimiro Zuk”, el diario El Territorio, de Posadas, Misiones, en su edición del 2 de septiembre de 1965, en pleno auge de la gran oleada argentina, ofrece la siguiente información:

    “APÓSTOLES (Corresponsal Ernesto Zajaczkowski) - Llegó hasta nuestra corresponsa­lía el señor Casimiro Zuk, soltero de 27 años de edad, domiciliado en la chacra 171 de la colonia Apóstoles, quien nos expresó a boca de jarro: ‘Yo he visto un plato vola­dor’. Lo hicimos sentar, advirtiendo una nota de relevantes contornos para nuestros lectores.

    Casimimiro Zuk entrevistado.

    El relato del señor Zuk comienza así: ‘En la noche del 23 de agosto, alrededor de la una de la mañana, cuando transitaba por la ruta que une el paraje Centinela con la ciudad de Apóstoles (Fomento Agrícola N° 5) en bicicleta y al llegar al paso a nivel del ferrocarril General Urquiza, entre los lotes 310 y 312, cerca de la curva Palaczewski, divisé de pronto sobre mi cabeza a una altura de más o menos 3.500 metros un objeto luminoso que despedía a ratos, deste­llos de luz natural, para apagarse luego y permanecer en penum­bra por espacio de algunos segundos, para volverse a encender. Frené y apeándome de la bicicleta, pude a­preciar que poco a poco el ovni se acercaba a la tierra y al llegar a una altura aproximada de 500 metros, describió un semicírculo de este a oeste para luego de­sandar el camino recorrido y posarse suavemente sobre la playada del campo lindante, a unos 400 metros del lugar en que me encontraba, pudiendo apreciar que era una especie de vehículo automo­tor de forma alargada, con un diámetro aproximado en su parte central de cinco metros, despidiendo a ratos haces de luces enceguecedoras. Alrededor de la nave o vehículo, se podía apreciar una especie de visera, similar a la que tienen los automóviles para protegerse de los rayos solares sus conductores, debajo de la cual se encontraban ventanillas enterizas; la altura total de la nave sería de 2,50 metros’.

    “Más adelante, el señor Zuk nos dice: ‘De pronto, comenzó a abrirse lentamente una escotilla de la que salió una persona de altura normal, vestida con un traje parecido al de un aviador (mameluco) que lo cubría desde la cabeza hasta los pies; el traje despedía destellos luminosos; el individuo caminó unos pasos como queriendo estirar sus piernas y rígido, volvió a la nave, la que después de cerrar su escotilla emprendió vuelo, elevándose en espiral y sintiéndose una especie de bramidos como único ruido’. Preguntamos entonces, si se escuchó algún ruido aparte del bramido, a lo que nuestro interlocutor respondió: ‘Solamente cuando bajó el individuo se escuchaba un rumor que podía ser suave música o una radio que funcionaba’.

    “Finalizado el relato, el señor Zuk se despidió y subiendo en su bicicleta se per­dió lentamente por las calles de la ciudad”, concluye la crónica periodística.

    A partir de esta publicación, su historia fue reproducida en una variada bibliografía, argentina y extranjera (1), incluyendo listados y catálogos de no identificados.

    NUESTRA INVESTIGACIÓN

    Partiendo de la ciudad de Posadas por la ruta provincial 1 (actual nacional 105), hacia el sudeste, unos 45 km, Y luego a través de estrechos caminos de arcillosa tie­rra roja, que se abren entre la tupida sel­va y monte -característica de la región, llegamos a nuestro destino: el lugar de los hechos, el testigo.

    El testigo, Casimiro Zuk.

    De él recogemos su testimonio directo y procedemos a un reconocimiento donde ocurrió el fantástico avistamiento[1].

    Casimiro Zuk es un agricultor de té y yerba mate, con estudios primarios, que te­nía por entonces 28 años. Eran aproximada­mente la una de la mañana del lunes 23 de agosto de 1965. El cielo se hallaba algo nublado y oscuro, cuando Zuk regresaba a su chacra ubicada en Apóstoles, luego de visi­tar a su novia.

    Conduciendo su bicicleta por un camino, de suaves pendientes, recorrió apenas unos 300 m de la casa, cruzó un paso a nivel del ferrocarril Gral. Urquiza, situado en la zona de colonia San José, cerca del arroyo Chimiray, anduvo unos 50 m y de pronto vio a su derecha, al oeste, una luz. “Al principio era como una gran estrella -nos dice-, vi de casualidad eso”.

    Pero la luminosidad blanco-amarillenta fue en aumento, y parecía desplazarse cada vez más bajo, aminorando su velocidad a medida en que se acercaba, lentamente, a donde se encuentra la Estación del Medio, un apeador -con plataforma y abrigo- del tren coche motor, hasta alcanzar una distancia que Zuk -atónito en el camino- estimó en 300 o 400 m. Dedujo que la luz se detuvo allí, a unos 3 m del suelo, pues “como la playada es llana, entonces no podía estar en el suelo”, sino a una cierta altura.

    A medida que esa luz avanzaba, podía escuchar algo que describe como “una música lenta, rara”, y al detenerse, notó un soni­do (“rrooée-rrooée”) parecido al de un bombeador de agua.

    En esas circunstancias, observó a “una persona” que, por la distancia estimada, supone que tendría “un metro de estatura, o cosa así”, de contextura normal, vestida con un mameluco.

    “Estuvo más o menos 8-10 minutos detenido allí -expresa-, y de repente aumentó el ruido aquel que escuché: ‘rRrRr’, de tipo circular; y otra vez, ví la luz como la del principio, más grande, más chica, desapareció”.

    Camino recorrido por el testigo.

    Casimiro Zuk afirma que no hubo otros testigos que hayan observado o escuchado algo extraño esa noche. Tampoco notó la presencia de animales sueltos, o vehículos en el área. Pensó avisar a un vecino cercano, pero supuso que a esa hora se encontraría dur­miendo y perdería tiempo para seguir contemplando el inusitado fenómeno: “Es un lugar de poco tránsito -agrega-, únicamente la vía con el coche motor, pero, el tren a esa hora no pasaba”.

    “La luz daba la impresión de tener una visera, pues se proyectaba hacia abajo. Objeto no he visto; nada más que el techo -la visera-, y a la persona que caminó, que vi mal, mal. Luego la luz desapareció de mayor a menor, haciendo ‘rRrRr’, así”.

    Al aproximarse, parecía que prendía y apagaba. Pero cuando se detuvo, y “el brillo estaba sobre la tierra, a 3 metros”, tampoco pudo apreciar una forma definida, pero sí algo semejante a un “corredor”, con una visera, o alero. “Era una luz muy fuerte, yo la miraba, pero no veía…; cuando veía eso (al bajar la vista y volver a observar) parecía un foco, nomás. Algo se notaba, también, como escotillas dibujadas, algo así, no sé, pero podía más o menos distinguir las porque eran algo más oscuras”, dice Zuk.

    Le resulta difícil precisar el tamaño, pero calcula que no podía tener más de 10 m, asegurando que, al menos, “no tenía un tamaño chico”. “Sin poder determinar si era re­dondo, alargado, etcétera, podía apreciar -eso sí-que se trataba de una luz que brillaba como si tuviera la luz arriba y brillaba todo…”.

    - El ocupante: “La persona apareció dando unos pasos -refiere Zuk-, dio vuelta, otra vuelta, caminó y luego no la vi más, porque no la observé continuamente. Para poder recuperar la visión (por el foco de luz), vi abajo para volver a verle y, entonces, no le vi más”, expresa con cierta desazón. Aunque agrega: “Tuve miedo, porque estaba solo, que me pase algo; qué se yo, fue una cosa rara. Pero mal intencionado no creo que fue­ra, porque a mí no me tocó, no me hizo ningún daño”.

    La figura estuvo unos 2 o 3 minutos, y dejó de verse cuando la luz empezó a irse. Tenía el aspecto “como una persona de acá, común, pero me parecía verle como un vesti­do, tipo mameluco. Por el reflejo de la luz lo veía, algo más amarillo. El rostro, en cambio, no podía distinguirlo por la distancia, pero tenía como un mameluco”, insiste. Zuk nos hace una sugerente comparación: “Luna no había, entonces por esa luz no se no­taba. Es lo mismo que un coche que ilumina con los focos: no va a ver el coche, va a ver la luz”.

    Zona de observación del ovni.

    “La persona no descendió del aparato. Estuvo ahí, en la luz, bajo un ‘corredor’, en el puente, como quien está adentro, y de pronto no lo vi más. El aparato estuvo un rato, hasta que hizo ese ‘barullón’, de espiral, y se fue en la misma dirección que a­pareció”, reduciendo su magnitud lumínica a medida que se alejaba, sin variar de color e intensidad. Todo habría durado unos 15 minutos.

    - Luego del encuentro: Casimiro Zuk decide entonces proseguir viaje, cubriendo los 10 o 12 km que restaban para llegar a su chacra, donde vive con su familia. Y se fue pen­sando muchas cosas, qué le podía haber ocurrido, y también, lamentando no haber ido a­compañado para intentar acercarse. “Yo pensé que era algo raro, que no era de acá”, señala.

    Días después regresó al lugar procurando hallar algún vestigio, o rastro, pero tras una intensa búsqueda no halló evidencia alguna que confirmara la extraña presen­cia. En esos días, además, le comentó lo sucedido al corresponsal en Apóstoles del diario El Territorio, de Posadas, quien hizo la nota publicada nueve días después de ocurrido el suceso.

    - El testigo: Nacido el 2 de noviembre de 1936, Casimiro Zuk es un hombre delgado, de modales sencillos, y con un inocultable acento europeo, polaco. Usa lentes desde muy joven, por el problema de una debilidad visual progresiva, empleando en la época del episodio lentes de 3,5 dioptrías de aumento. Al tiempo en que fue realizada la encuesta, presentaba un gran monto de ansiedad.

    Al preguntarle si hay antecedentes en su familia… (de otras experiencias simila­res), nos interrumpe, como adivinando -erróneamente- la pregunta, diciendo: “¡Ah, us­ted me dice si hay tocados (locos) en la familia…, no, no hay nada de esos antece­dentes. Lo que sí, nos gusta beber, sí, eso sí nos gusta, je-je”. Zuk se muestra, evidentemente, sincero en sus declaraciones, admitiendo con absoluta franqueza su alegre disposición por las bebidas alcohólicas.

    Quien le conoce desde hace tiempo, como un profesor de Biología, de la Cooperati­va Agraria de Apóstoles, sostiene que “se trata de una persona muy singular, emprendedora, que participa activamente de la vida agraria, pero que se pregunta por cuestio­nes más trascendentes, que otros agricultores de la zona no se formulan, poniendo como ejemplo la vida después de la muerte, el espiritismo, y temas afines.

    Poniendo de relieve este rasgo, se muestra intrigado por el tema, preguntándonos y respondiéndose a la vez: “Dígame una cosa, ya que estamos en esto, como le decía, los extraterrestres han pisado ya suelo argentino, según el diario. Tengo una hermana en Buenos Aires quien dice que, en su planeta, han recibido personas -como acá-, pero no han dado resultado. Pero lo único que ellos han prometido es que no dejarían esta­llar la bomba atómica, por eso serían la salvación de nuestro planeta”.

    Continuará…


    [1] La investigación del presente caso se realizó en abril 1985, a propósito de la invitación que nos hiciera el ufólogo J. R. Róvere, a fin de ofrecer una conferencia sobre el tema en el Circulo Médico Zona Sur, de Posadas (2). Al efecto, requerimos de los medios necesarios para nuestro traslado al lugar donde se habría producido el caso.


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    Dic
    01

    CRESPO (ER): EL TESTIMONIO DE UN MEDICO

    Roberto Banchs

    La voz altisonante del locutor Ariel Delgado, de Radio Colonia (Uruguay), permitió que la espectacular noticia cobrara estado público. Rápidamente, la prensa local se hizo eco de ese informativo, aunque con el infortunio de la escueta y contradicto­ria comunicación inicial. Así pues, el vespertino porteño La Razón (1) describe la impresión causada por las declaraciones de “un caracterizado médico” de Paraná, el doctor Gazcúe, quien habría afirmado que viajando en automóvil junto a su esposa desde la localidad entre­rriana de Crespo hacia Paraná, observó un “plato volador” y, más adelante, a la vera del camino, dos personas, de unos dos metros de altura, con largas cabelleras rubias y ojos enormes, los cuales le habrían hecho señas para que se detuviere. En la misma fecha, el diario Córdoba (2), señala que se trata del Dr. Gazúa y su espo­sa, quienes alcanzaron a ver “un enorme plato volador que descendía lentamente hasta posarse” a un lado de la ruta, para avistar en ese momento la salida de “tres seres fantásticos…”. Y amplía que viajando por la misma ruta, un camionero a quien también le habrían hecho señas, “confirmó” lo dicho por el médico. Otras fuentes añadirán que se trataba del médico Héctor Gazúa (3), aunque del camionero jamás volvió a formu­larse comentario alguno.

    UN POCO DE CALMA

    Tras estas noticias, surgidas del apremio por la primicia, los medios periodísti­cos intervinieron con mayor mesura, pese a que también en esta instancia, no se hallaron desprovistas de contradicciones, sin lograr establecer hasta dónde llega la responsabilidad de los medios de prensa.

    Veamos entonces lo publicado por El Diario (4), de Paraná. Advirtiendo que algunos comentarios “agigantaron las proporciones del hecho, agregando detalles inexistentes”, pasa a señalar que el profesional -al que llama “Dr. N. N.”- pidió reserva en cuanto a su identidad, al momento de narrar su presunta experiencia. A ese respecto, manifes­tó que viajaba en compañía de su esposa, procedente de Crespo y con destino a Paraná cuando, alrededor de la 1,15 horas, a la altura de la denominada curva de la muerte -entre las estaciones Las Delicias y Racedo, del F.C. Urquiza[1]-, apareció al frente una fuerte luminosidad que procedía de unos 100 metros adentro del campo de propiedad del Dr. Raúl Aranguren, despertando su interés y estupor al comprobar la presencia de un objeto cónico, con amplios ventanales. “Algo así -dijo- como la cabina de un original helicóptero”.

    Sin detener la marcha del automóvil, que por la sinuosidad que el camino presenta en ese lugar no puede tampoco ser elevada, el ocasional espectador del suceso pudo apreciar enseguida que de aquella cabina se abría una puerta de considerable espesor y que descendía a tierra un hombre de gran estatura, vestido con grueso ropaje de to­no gris metálico -similar al color del aparato- y que llevaba cubierta la cabeza con una especie de escafandra. “Algo similar -intenta ilustrar- a la careta que usan los operarios al realizar soldaduras eléctricas”. En el interior del objeto había otro hombre al parecer sentado, que permanecía en esa posición, en tanto el primero aparentaba revisar la parte exterior del artefacto. Sus trajes eran similares y brillantes.

    La observación se desarrollaba en absoluto silencio. El automóvil continuó su marcha sin detenerse, mientras atrás quedaba el extraño aparato. El hombre que de él ha­bía descendido continuaba moviéndose lenta y pesadamente.

    Según El Diario, al día siguiente del episodio llovió. No obstante, el Dr. N.N. regresó al lugar dos días después, hallando un “extraño aplastamiento”.

    Intentando corregir las informaciones originales, también Córdoba (5) publica un extenso artículo de su enviado especial Alberto Ramallo Ratti, señalando que ahora ha llegado hasta sus protagonistas y ofrece “sus declaraciones ajustadas en cuanto a re­dacción lo más posible a sus propias palabras”. Más adelante dirá: “lógicos errores, en cuanto a tiempo y nombres, derivados de la deficiencia en la grabación de nuestra crónica de la víspera transmitida telefónicamente desde Paraná, nos imponen la aclara­ción de que, los de hoy, son los detalles exactos sobre este raro hecho.. .”.

    Pasemos entonces al testimonio publicado por el dia­rio Córdoba, sobre el curioso episodio ocurrido el domingo 3 de junio:

    “Fue una escena silenciosa. El hecho concreto se limita a esto: un objeto lumino­so, sumamente luminoso y una escena contemplada en el mayor silencio. La distancia más cercana a que estuvimos del objeto, fue de unos 80 a 100 metros. Durante todo el tiempo estuvimos mi esposa y yo dentro del automóvil en que veníamos hacia Paraná.

    “El vehículo no se detuvo en ningún momento; la marcha, eso sí, fue lenta y lo que vimos, lo pudimos observar bien. Pudimos apreciar un objeto luminoso; la luz parecía i­rradiar de su interior. Tenía forma circular y una altura de unos 3 o 4 metros. Esta­ba posado sobre el suelo, entre los pastos (días más tarde visité el lugar aproximado: es una melga -o surco- de alfalfa, no muy crecida por la sequía que hubo en la zona, y las plantas parecían haber sido aplastadas, pero no quemadas)…”, apunta el médico.

    “El objeto presentaba forma cilíndrica, algo alargada, casi como un cono truncado. Tenía aberturas o ventanas alargadas, con ángulos curvos, pudiendo apreciarse por la luminosidad que salía de ellas que el objeto tenía paredes gruesas. La luz de su interior tenía un brillo metálico. Por una puerta de forma similar a la de los a­viones, también de grueso espesor, que en determinado momento observamos abierta, mientras íbamos casi girando en torno al objeto, debido a la propia curva del camino, descendió un individuo con la estatura de un hombre normal, ni bajo, ni desmesurada­mente alto. Este personaje vestía indumentaria comparable a la de un buzo, con una especie de gorro o casco, parecido a un pasamontañas. Este gorro o cubierta tenía una ventana o mirilla delante, alargada, como las máscaras que utilizan los obreros para soldar. Sus movimientos eran lentos, y daba la impresión de que esta­ba preocupado por algo del aparato, a cuyo lado caminaba, sin apartarse mucho de él. Pudimos apreciar que, dentro de la cabina había otro individuo que movía la cabeza -que era la única parte del cuerpo que se le veía- y que debía estar sentado; esa era la impresión que daba, por lo menos. Reitero que solamente le vimos la cabeza, cubierta con idéntica indumentaria que el otro. Nosotros seguimos nuestro camino y el objeto quedó en tierra. Eso es todo.

    “En ningún momento creí, ni creo -afirmó el médico paranaense- haber visto algo ajeno a todas las inquietudes que pueden tener los seres humanos en esta tierra… Ahora, después de mucho reflexionar, pensando en lo que puede y no puede ser, creo que pude haber visto algún vehículo espacial que todavía se ensaya en silencio”.

    La lectura de ambos relatos permite advertir aún la subsistencia de algunos deta­lles discordantes: Para el diario de Paraná, el matrimonio observó que del aparato “se abría una puerta (…) y que descendía a tierra un hombre de gran estatura”, mien­tras que para el de Córdoba, el médico declaró que “por una puerta (…) que en determinado momento observamos abierta (…) descendió un individuo con la estatura de un hombre normal, ni bajo, ni desmesuradamente alto”.

    Asimismo, podrá notarse en las respectivas versiones datos que se complementan. Sin embargo, su importancia será relativizada por la investigación.

    LAS ENCUESTAS REALIZADAS

    Las mismas se iniciaron en el Círculo Médico de Paraná, consultando al doctor Raspini sobre la presunta existencia de (Héctor) Gazúa, o Gazcúe, según pudiere obrar en los registros de esa institución. Fue así que se nos indicó que por aquella época, se hallaba la Federación Médica de Entre Ríos. No obstan­te, practicada la verificación, no hubo hasta la fecha -junio de 1987­- médico alguno inscripto bajo esos nombres.

    Vivienda del matrimonio, adonde se dirigían antes del espectacular encuentro.

    A pesar de ello, y en la presunción que se trataba de un apellido irreal, sugeri­do originalmente quizá por algún medio periodístico, acudimos a los diarios locales, donde se nos proporcionó información de interés.

    Después de otras varias tentativas, los indicios reunidos hasta ese momento nos llevaron a hablar con los que aparecían como supuestos testigos: el médico ginecólogo Luis Tabuenca, y su esposa, la obstetra Margarita Webster, profesionales residentes en Paraná. En diálogo con el primero, de inmediato reconoció haber sido el protagonista de esta historia, pero nos manifestó no querer saber nada del asunto. “Para mí eso murió hace 25 años”, arriesga a decimos, negándose a proporcionar detalles. Y como justificando su desatención, agrega: “Hubo quien ha venido con la recomendación de un médico amigo, pero no lo he querido atender. Ha venido mu­cha gente, se han dicho muchas cosas, se han deformado…”.

    Con posterioridad, visitamos el lugar donde se habría producido la observación y el asentamiento del extraño portento. Se trata de un campo de la estancia del Dr. Ra­úl Aranguren, ubicada junto al paso a nivel llamado vulgarmente “Curva de la Muerte”, por sus características de doble “s” con una elevación en el centro, que se encuentra a media distancia entre las estaciones ferroviarias Racedo y Las Delicias.

    Esta circunstancia nos llevó a entrevistar al propietario del campo, el citado Dr. Aranguren, un hombre de abolengo en la zona. Para nuestra sorpresa, apenas le preguntamos sobre el episodio, nos responde que “fue un bolazo”. (Arg. disparate; Fig. y fam. mentira), remarcándolo una y otra vez. Y anticipándose a cualquier comentario que pudiéremos hacer, nos revela el nombre verdadero del protagonista de esta historia. “Primero él hizo la declaración al diario, pero después se rectificó y, como yo era su amigo, al tiempo me dijo que todo era un bolazo”.

    Ahora adquirió un sentido la poca afabilidad puesta de manifiesto por el médico, supuesto testigo, renuente a comentar lo ocurrido veinticuatro años antes. Tiempos en que hiciera el siguiente comentario: “Todavía sigue siendo para mí una incógnita la forma en que esto se propaló. Entre las muy pocas personas con la que hablé del hecho, figura un colega, hijo del propietario del campo donde vi el extraño objeto, a quien le pregunté si para esa fecha habían comprado alguna maquinaria o algún grupo elec­trógeno capaz de producir el efecto que vimos con mi esposa” (6) .

    De lo que no quedaron dudas, es del efecto periodístico que el ginecólogo produjo con su audaz testimonio, una fábula originada -quizás- en una broma que por alguna causa debió continuar sosteniendo, o tal vez, por la presencia o versiones de algo que despertaron su curiosidad. Motivo o inspiración, el episodio ocurrido en Crespo se inscribe hoy entre los más conocidos de la década.

    Referencias:

    (1) La Razón, Buenos Aires, 18 julio 1962.

    (2) Córdoba, Córdoba, 18 julio 1962.

    (3) Anganuzzi, Héctor P., Historia de los platos voladores en la Argentina, Plus Ultra, Buenos Aires, 1976, p. 175.

    (4) El Diario, Paraná, 19 julio 1962.

    (5) Córdoba, Córdoba, 20 julio 1962.

    (6) ibíd.


    [1] Las Delicias de encuentra en el Km. 33,260, mientras que Racedo se halla en el km. 39,504 y Crespo en el km. 44,804 del Ferrocarril Gral. Urquiza.


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    Nov
    24

    Volumen IV - Diciembre 1993

    “Buscar y decir la verdad como la piensa no puede ser jamás un cri­men.

    Nadie debe ser forzado a un convencimiento.

    El convencimiento es libre”.

    Sebastián Castello

    EDITORIAL

    Ustedes

    Tras la publicación de los tres primeros monográficos de Los Identificados, y a finales de este primer año, se produce un corolario que no será esta vez la voz del editor (como correspondería a este ar­ticulo, o sección), sino, la que ha emanado espontáneamente de los mismos destinatarios. Toda nueva publica­ción -antes que ofrecer respuestas- interroga sobre su razón de ser, en particular, en momentos en que asis­timos a una enmarañada controversia en tomo a los ovnis. No sin motivo, el ingeniero industrial uruguayo Dr. Willy Smith cree que hemos “dedicado todo el esfuerzo intelectual a intentar derrumbar caso por caso los incidentes con humanoides en la Argentina”. Como contrapartida, algún devenido periodista y ufólogo escéptico se ha sentido aludido -sin que este haya sido nuestro propósito- en tal párrafo de la Editorial volumen I. Al respecto, será pertinente indicar que no combatimos -como algunos pudieren imaginar- a la mentada hipótesis extraterrestre (HET), sino que manifestamos reiteradas veces nuestro desacuerdo con muchos de los argumentos y razonamientos empleados para sostenerla, a la vista de que son asimilados a modo de tal dog­ma inexpugnable de fe. Transitemos, pues, hacia una ufología racional, dignamente reconocida, antes que adherir a lo practicado por numerosos ovnílogos con sus sistemas de creencias delirantes o pseudocientíficas.

    Pero vayamos a los comentarios de los lectores:

    “Realmente (Los Identificados) me ha parecido muy interesante. Incluso, me he enterado de episodios de lo que yo creía eran otra cosa y que los daba por seguros, comprobados, y veo que no es así”. Cristían Vogt, Buenos Aires, 20 agosto 1993.

    “’Realmente lo felicito por la constancia y la forma en que lleva adelante la reinvestigación de los ca­sos que, en su momento, llamaron la atención de toda la gente y de los investigadores. Es impor­tante que todo este material se conozca y se transmita, dado que debemos luchar por una ovnilogía seria, sin ocultamientos y basados en metodologías netamente científicas”. Edgardo Fontanet, Santa Fe, 3 julio 1993.

    “Me complace saber que usted sigue en la investigación seria, como corresponde. Digo esto porque, lamentablemente, los que en tal comienzo parecían ser personas con intenciones de realizar investigaciones impar­ciales y serias, finalmente se convirtieron en predicadores sectarios o comerciantes sin escrúpulos”. Ing. Sigurdo von Wurmb, Rosario, 4 julio 1993.

    “La amistad me faculta, pues, a decirte que aun no compartiendo algunas veces el enfo­que en las revisiones, no puedo sino reconocer al eximio colega. Las rencillas domésticas, que a veces tus escritos producen, los pseudo-enfrentamientos, y hasta -corresponde decirlo- el berrinche que me haces montar cuando presentas tus artículos, no empañan en absoluto mi respe­to hacia tu persona, tu trajinar ovnilógico”. Mario L. Bracamonte, Río Cuarto, Cha., 30 setiembre 1993.

    “Recibí su boletín y quiero agradecerle. Me gustó muchísimo la forma con que presenta los casos desde varios ángulos. Desenmascarando los malos entendidos, las alucinaciones, las ilusiones ópticas, creadas por el propio temor del testigo frente a lo que desconoce y, en otros casos, al deseo de notoriedad. Eso es lo que todos deberían hacer sin temer herir la susceptibilidad de los testigos, aunque respe­tándolos… Un día, quizá, podamos comprobar la verdad acerca de todo esto, o sea, la implicación de otros seres en los episodios. Pero me pregunto: ¿Qué haremos entonces?”. Encarnación Zapata García, São Paulo, BR. 30 septiembre 1993.

    “Los Identificados es un encomiable trabajo, que insume grandes esfuerzos personales y no poca inversión económica y de tiempo. Sin embargo, alguien debía hacerlo, en bien de la ovnilogía. Otros se dedicarán a las manifestaciones recientes en las diversas facetas de este inusitado fenómeno, que exige -a quienes lo pretenden investigar y estudiar- el máximo de sus capacidades. Muchos hombres de ciencia han desechado esta posibilidad, precisamente, porque no han puesto todo el empeño necesario”. Lic. Ángel A. Díaz, Río Ceballos, Córdoba, 1 octubre 1993.

    “Ha contribuido como nadie en el entendimiento y resolución de innumerable cantidad de casos. Como un S. Holmes salido de la obra de Conan Doyle, desliza sutiles razonamientos en su obra Los Identificados y a través de un poderoso proceso deductivo y de la observación sistemática y profunda del testigo, utilizando sus conocimientos y experiencia en la clínica psicológica, hacen de este trabajo una antología dentro del estu­dio racional del fenómeno ovni (…). De la atenta lectura de la obra se puede colegir, sin lugar a dudas, que es un representante del pensamiento escéptico, pero no del escepticismo que niega por negar y degrada sin investigar. Como dice el divulgador científico Carl Sagan: Ser escéptico es el mejor método para no cometer errores, para luego agregar: No debemos desdeñar las distintas ideas, por extrañas que parezcan. Y esto es algo que nos enseña Banchs: analizar detalladamente caso por caso sin excluirlos por precon­ceptos. De la lectura de Los Identificados se trasluce el delicado balance entre los métodos inductivo y de­ductivo, que sumados a la publicación periódica de informes, configura el perfil típico de la investigación científica que, a lo largo del tiempo, ha demostrado ser el único medio válido para entender la verdadera naturaleza de las cosas.

    “Roberto Banchs talla una de las aristas de la fenomenología; en este caso, la de los procesos mentales y cómo influyen en la conducta y percepción del testigo. Muchas otras aristas esperan ser abordadas por gente capacitada. ¿Llegaremos a la verdad? No creemos poder realizar un número ilimitado de observaciones y análisis para llegar a ese ideal, pero ¿es que hay acaso otro camino que no sea la metodología racionalista? ¿Debemos seguir dejando la ufología al todo vale? Los Identificados es como una bri­sa de aire fresco en nuestro tórrido verano; algunos sentirán con esto un alivio físico e intelectual, otros presagiarán con esta brisa un enorme temporal con muchos rayos y truenos…”. Lic. Eduardo L. Grosso, Buenos Aires, 19 noviembre 1993.

    “Los Identificados me ha parecido excelente. Sus casos reinvestigados están tratados con objetividad y, francamente, en la Argentina no creo que haya otro quien lo haga con tal profesionalidad”. Carlos Demaría, CAIFE, Buenos Aires, 29 noviembre 1993.

    Estos comentarios consolidan el esfuerzo por seguir adelante. Para comuni­car el proceso y resultado de las investigaciones que en otros medios -proclives al sensacionalismo- no tendrían cabida.

    Porque pretendemos una ufología seria, sin ocultamientos.

    Porque rechazamos a los predicadores sectarios y comerciantes sin escrúpulos.

    Porque nos reconforta la idea de agitar el anquilosamiento intelec­tual a la que es propensa la ufología actual, para animar la realización de nuevas indagaciones y establecer u­na base firme de discusión, sin arrogarse la posesión de alguna presunta verdad absoluta, inapelable, dentro del orden de racionalidad que impone el tratamiento de un problema tan desusado.

    Porque nos reconocemos vivamente desmitificadores, por cuanto procuramos apartar el manto de oscurantismo y engaño que desfigura la realidad del fenómeno. Y porque alguien más debía hacerlo, asumimos ese compromiso; exponiendo nuestra reputación profesional.

    Porque nos asumimos escépticos, en el sentido doctrinario de suspender el juicio afirmativo o negativo mientras no se tengan pruebas, y no como un mero estado de ánimo de los que niegan su adhesión a las creencias de una mayoría. A ese respecto, siempre mantuvimos la convicción de que en el plano estrictamente científico, no se ha logrado aún prueba alguna que respalde las opiniones lanzadas a modo de explicación (l).

    Como se ha visto, la respuesta está allí, en ustedes. Capaces de comprender el sentido del camino reco­rrido en esta investigación, mientras propiciamos desde esta tribuna una aventura del conocimiento.

    Dr. Roberto Banchs

    (1) Banchs, Roberto. La fenomenología humanoide en la Argentina, SIU, Buenos Aires, agosto 1977, p. 10; y: Los ovnis y sus ocupantes, Tres Tiempos, Buenos Aires, 1980, p. VI.


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