Archivo '. Los Identificados (Roberto Banchs)'

Jun
15

Victoria (ER): Caso en el Hogar Gral. San Martín

Roberto Banchs

EL TESTIMONIO DE MIGUEL ÁNGEL DIONISIO (Secretario económico del Hogar, 41 años)

“El martes 13 de agosto a las 9:55 horas estábamos por tomar unos mates, cuando el señor René sale de la cocina del establecimiento y dice: “Venga, estos sí que deben ser los ovnis”. Salgo corriendo y observo un juego de dos luces que cruzaban en círculo, bajaba una y subía la otra; lo vimos durante tres minutos más o menos. En eso aparece Gabirondo y enseguida Pérez. Gabirondo corre a llamar por teléfono a Ramón Pereyra del video-cable de Victoria. Observamos que una de las luces emerge otra vez, pero más cerca de nosotros, desde esa posición, corrimos hacia el frente del establecimiento y en el ínterin, pasó un camión por la ruta, estaba cargado, iba por la cuesta, yo digo: ‘No vaya a ser que se le aparezca el ovni’; zafa el camión, y al llegar al frente del establecimiento, la luz baja al borde del asfalto al costado de la ruta. Es una luz muy fuerte blanca, y observamos como dos pares de piernas que dan pasos, pero en estado de gravedad. Gabirondo -que estaba hablando por teléfono- me dice: “Flaco, ¿vos ves lo que yo estoy viendo?”, tira el tubo telefónico y sale corriendo hacia donde estaba la luz, pero no llegó, porque en menos de un minuto desapareció. El teléfono está en el ventanal sobre el frente, el vio cuando apareció la luz allí y fue, pero la luz instantáneamente se apagó sin elevarse, antes hizo un pequeño giro. Yo vi las piernas, es decir, la parte inferior del cuerpo, de la cintura para abajo, a una distancia de 350 m. Las veo al borde de la luz, pegadas a la luz por delante, como una sombra; las figuras se ven oscuras, la luz fuerte es blanca y noto el borde coloreado de amarillento y rojizo, el juego de luces se ve muy lejos, ese objeto con las figuras lo vemos a 350 m más o menos. Desde que la luz baja y se observan las figuras, pasa alrededor de un minuto. Desde el inicio hasta el final del avistamiento habrán transcurrido 4 minutos.

Miguel Ángel Dionisio, secretario económico del Hogar Gral. San Martín.

“La luz es local, abarca unos 20 m y no se proyecta. En el borde están esas figuras que dan pasos en estado de gravedad, la luz está como suspendida sin tocar el suelo, las piernas -que son talla normal- las veo de color marrón, observo el movimiento de caminar, aparentemente eran como de hombre. La luz hace un giro en semicírculo y desaparece, hace un arco desde abajo, se eleva alrededor de 2.000 m y vuelve a bajar, luego se apaga, no irradia ni encandila. Las cuatro piernas forman dos pares que se mueven como dando un pequeño paso. Eso lo observé durante 50 segundos, más 10 segundos de la vuelta en giro, completan el espacio del minuto total. No era la luz del faro de un auto porque hubiera proyectado, y ésta era local.

“En el establecimiento reinaba un silencio normal. No detectamos ningún cambio, ni en los perros del lugar ni meteorológicos. Era una noche serena, sin viento, había Luna chiquita. No registramos olores ni marcas. Gabirondo, con dos chicos del Hogar, fueron con la linterna a inspeccionar, pero no observaron nada particular; al otro día, con la claridad, volvimos a revisar y tampoco detectamos nada.

“Gabirondo, quien lamentablemente murió hace unas semanas a los 40 años, dijo haber visto dos piernas de dos personas, por lo tanto eran dos pares que aparecían juntos; él observó que caminaban muy lentamente como dando pasos. Él estaba ubicado derecho a la puerta misma del establecimiento, hablando por teléfono, y desde ahí ve cuando baja la luz, me grita, y luego manifestó haberme visto como petrificado.

“Él era el que estaba más interesado en el tema de los ovnis, leía, siempre buscaba revistas con información; él manejaba un taxi y se desplazaba por la ciudad, conversaba con uno y otro en la zona del balneario sobre lo que acontecía con el fenómeno.

Vista desde el camino de acceso al edificio del Hogar Gral. San Martín hacia la ruta n° 11.

“El chico Pérez declaró haber visto seres de cuerpo entero. Yo le pregunté si estaba seguro, porque los cuatro (Gabirondo, René, él y yo) estuvimos comentando esta experiencia durante toda la noche. Al principio él pareció no reaccionar, creo que tomó conciencia cuando lo empezaron a interrogar. Yo hablé con Roberto: ‘¿Estás seguro que lo viste completo?, acá no se trata de mentir’. “Yo sí -dice-, yo los vi enteros”. Le pedí que no invente, que contara lo que realmente vio, entonces me confesó que la verdad era que no los había visto enteros. Pero cuando vino el periodista, relató haber observado cuerpos completos… Ese 13 de agosto, a esa hora, él había ido a la cocina para calentar agua para el mate. En el Hogar después de cenar, juegan a las cartas, miran televisión o van a la pieza a tomara mate… pareciera que este chico Pérez busca deformar… ahí dentro empezaron: “che, vino ‘fulano’ de tal revista, vino ‘mengano’ de la televisión, ¿vas a trabajar gratis?”. Es un pibe con problemas -todos en el Hogar tienen problemas, vienen con dramas familiares-, Pérez ha vivido prácticamente toda la vida en el Hogar. Hoy tiene 21 años, la madre lo dejó cuando tenía 2 años, los padres son separados, los dos borrachos. Él es bueno, a veces tiene reacciones despectivas, es impulsivo. Para el estudio no tiene mucha capacidad, es poco imaginativo, sólo terminó la escuela primaria; los compañeros lo quieren y aceptan. Ahora le llega el momento de irse[1], sin embargo no ha tomado al respecto ninguna iniciativa.

“Don René es sereno, él también dice haber observado miembros inferiores de talla normal y no cuerpos completos. Según lo conversado, él no notó el giro en semicírculo que yo observé, para René la luz se apagó directamente.

“El día anterior al avistamiento de este fenómeno, mi hija me había pedido que la llevara para ver los ovnis, y en esa ocasión le dije: ‘Tengo que verlo para creerlo’, no la llevé. Al otro día ella no se encontraba acá, estaba en Rosario con el resto de la familia, a los cuatro días viajé y al verlos dije: ‘¡He sido el furor!’. En la radio de Rosario se informaba sobre lo que habíamos visto acá, mi hija no me creía, yo le dije: ‘Cuando llegues vas a leer los diarios’. Hace quince días con mi hija, mi señora y una vecina vimos unas luces, entonces yo les dije: ‘Ahí están los ovnis’, aparecieron a la altura de la abadía, era un luz muy fuerte, muy blanca con los bordes rojizos, se desplazaba lentamente, y lentamente también se apagó.

“El episodio en el Hogar de jóvenes General San Martín, fue una experiencia que jamás creí vivir, fue algo inesperado, a pesar que siempre afirmaba ‘tengo que verlo para creerlo’; el tema sobre ovnis no me ha interesado nunca, alguna vez leí algo, pero someramente.

Vista del acceso al Hogar, en la intersección del camino y la ruta 11.

“Ante este fenómeno sentí asombro, no sentí miedo porque estábamos preparados mentalmente: observábamos la luz que venía, no sentí miedo porque no me enfrenté de golpe. Sentí admiración -especialmente- cuando vi las figuras que daban pasos, o hacían ese movimiento de pasos sin avanzar.

“Durante varios días me sentí contento porque venían los amigos para que les contara, me llamó el Intendente para averiguar por teléfono; hace una semana lo encontré en un asado, me pidió que nos sentáramos juntos y le narrara lo sucedido personalmente, estaba también el director del Hogar.

“Fue una experiencia que me gustaría repetir para ver si tengo la oportunidad de observar detenidamente a la figura, me quedó grabada, quisiera ver si puedo observar la parte que no vi, confirmar si eran similares a las personas… yo vi piernas, pero no creo que sean solamente piernas que se deslizan. Lo que yo quiero saber es si existen estos seres, estas figuras que vi ¿son extraterrestres?, ¿no lo son?, ¿será algo que envían los norteamericanos, los rusos? Ellos están muy adelantados…, pero qué pueden querer acá, ¿buscarán algo específico para estudiar?, ¿alguna riqueza?, ¿qué fin persiguen? Yo deseo que se sepa la verdad, deseo hacer un aporte a aquellos que se interesan, que estudian con seriedad. A todos los que vienen yo los atiendo, pero quiero dar con la persona que me dé una explicación, que me diga qué hay de cierto en todo esto”.

EL TESTIMONIO DE FIDEL RENÉ (Celador-sereno, 58 años)

“La noche del martes 13 de agosto a las 22 horas estábamos como de costumbre, después de la cena, en el Hogar; salgo de la cocina y veo a 300 metros dos luces que estaban como jugando, haciendo zig-zag. Llamé a mis compañeros de servicio, salieron a ver y vieron; uno de ellos -que ya murió[2]- fue a telefonear a video-cable para informar lo que estaba sucediendo, en ese momento -rápidamente- las luces se corrieron y se detuvieron frente a la entrada del establecimiento sobre la ruta, pero lo hizo una sola luz muy brillante: se posó en el asfalto, se vio por escasos tres o cuatro segundos.

“La luz era muy fuerte pero natural, como un reflector fuerte que brilla, iluminaba las ramas y las plantas, proyectaba alumbrando a unos 30 metros, cuando se posó se veía el vislumbre. No era la luz de un vehículo ni la de un cazador porque es opaca, tampoco la de un reflector, porque este larga como un chorro de luz en forma de cono, no eran luces de aviones. Esta luz fuerte y brillante, de pronto, se apagó.

Otra vista del acceso al Hogar. Allí se habría ubicado el ovni.

“Vi dos personas: Observé la parte inferior del cuerpo, de la cintura para abajo; la parte superior estaba a oscuras. Se visualizaban dos pares de piernas, no pude distinguir el color; sin embargo, se notaba que eran de personas normales -no eran enanos como se dijo-, la talla era normal. A la distancia se notaba que caminaban, el movimiento de esas piernas mi hizo pensar en la de los hombres, además se veían en pantalones comunes, no estaban desnudos. Cuando vi eso dije: ‘Ahí bajan dos personas’. Yo no observé ningún objeto, ni nave, ni aparato, sólo esa luz fuerte y las piernas de dos personas que avanzaban juntas, haciendo un círculo muy cortito. La observación no fue muy clara ya que estaba oscuro, el vislumbre iluminaba la zona inferior, ahí se clavó, no obstante me pareció que estaban pisando.

“No estaba nublado, no había Luna, no se detectó marca alguna ni cambios de ninguna índole.

“Conmigo estaba Gabirondo, Dionisio y el chico Pérez, ellos estaban petrificados, no decían palabra, estaban duros, en verdad, ninguno de nosotros atinaba a moverse. Ellos estaban sorprendidos… a mí no me tomó de sorpresa… no me acerqué porque no me llamó la atención… aunque puede parecer raro, en ese momento no pensé que fuera algo extraño, me pareció algo natural. Siempre he estado viendo luces, objetos que han cruzado el cielo y que no eran aviones, esto es común acá en Victoria, especialmente desde el mes julio último se escucha hablar de ovnis continuamente. Supongo que estos seres nos vendrán a observar.

“Para mí, este fenómeno es una señal, como una profecía; lo digo siempre: En la Biblia está escrito, dice que el mundo terminará -no se sabe cuándo- pero habrá un fin. En el Nuevo testamento, dice la palabra de Dios, que en los últimos tiempos habrá señales, confusión. Estas son cosas que tienen que suceder, todo esto que ocurre en la Tierra está escrito, lo mismo que el anuncio de la maldad que aumenta y se multiplica. El Señor Jesucristo dijo que debíamos estar preparados para cuando estas cosas comenzaran a suceder, hambre, sufrimiento y dolor. Por eso para mí la vivencia de este episodio fue algo natural, que tiene que pasar y lo recibo con paz, no me asombra, porque es como aquel que ya está avisado de algo y cuando llega, no hay sorpresa por que lo sabía.

“La semana pasada estaba en la casa de una vecina, y también vi una luz que se movía, me puse a mirarla: subía, bajaba, se apagaba, se ponía roja y se le veía dos antenas; esto último me llamó la atención, eso nunca lo había visto; estuve mirando un rato y desapareció. Eso no se lo conté a nadie.

“Yo no soy una persona que le guste hablar mucho; la semana pasada vinieron de un canal para grabar, lo iban a enviar a los Estados Unidos, pero lo interpreté como un negocio, y yo no me presto a eso. A mí me gusta ir con la verdad”.

René Fidel, celador-sereno y testigo del suceso ocurrido el 13 de agosto de 1991.


[1] Luego de las dos entrevistas mantenidas con R. Pérez, y a nuestro regreso, nos telefoneó en varias oportunidades a Buenos Aires. Tiempo después, M. Dionisio nos comentó que había ido a vivir con su abuelo a Paraná. En agosto de 1992 nos escribió otro interno, Marcos Benítez, diciendo: “Fui amigo de Roberto, yo les escribo para contarles que a él le llegó el egreso y que se tuvo que ir a su casa, además él era desertor del servicio militar desde hace dos años”.

[2] Informa F. René que Carlos Gabirondo falleció luego de una intervención quirúrgica a la que fue sometido para extraerle un órgano que había donado a su hermano. Como era de esperar, no faltaron quienes pretendieron atribuir inescrupulosamente como causa del deceso la presencia del ovni.


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    Jun
    10

    Victoria (ER): Caso en el Hogar Gral. San Martín[1]

    Roberto Banchs

    Las noticias se precipitaron rápidamente. A partir de la filmación de un fenómeno luminoso en la estancia La Pepita, cercana a la Laguna del Pescado, el 23 de julio de 1991 -aunque precedida por una observación el jueves 18-, Victoria pasó a ser centro de una larga serie de acontecimientos ufológicos. Entre estos, numerosísimos avistamientos de luces sobre el río y en pleno campo, nuevos registros fílmicos y fotográficos, la caleidoscópica visita de especialistas y conferencistas, la supuesta llegada de investigadores de la NASA, y una hotelería abarrotada por curiosos platillistas.

    Bajo la animación del periodista local y martillero público Ramón Pereyra, esta localidad de 30.000 habitantes situada al sudoeste de la provincia de Entre Ríos, cambió su historia. Salió de su letargo de vida apacible y pueblina, para acoger alegremente a un turismo que -para los más entusiastas- transpuso las fronteras de nuestro planeta.

    Más acá, Victoria cantó victoria. Sin llegar a salir de su asombro y como espectáculo adicional, recibió a la alborotada masa de gente capaz de decir: “¡Existe!”. Si, Victoria existe.

    Después de aquellos sucesos nada fue igual… La parrillita de la costanera, el licor del monasterio, se ofrecieron generosos al mundo. El clima era estimulante. La propensión a ver, a no permanecer en el anonimato había sido cultivada.

    Tampoco estuvo ausente la nostálgica política del silencio. No faltó quien habiendo creído que contribuiría a apaciguar -quizá- la ola de rumores, con inigualable torpeza declaró que el tema Victoria “es secreto de Estado”.

    Algún tiempo atrás, pero en medio de la vorágine, un interno y tres celadores del “Hogar General San Martín”, ubicado a escasos kilómetros de Victoria -en la ruta 11, que la une con Gualeguay-, aseguraron haber observado dos extraños seres, o parte de ellos, que “parecían flotar en el aire”, junto a un círculo de luz que bajó en la carretera.

    Ello ocurrió el martes 13 de agosto de 1991, alrededor de las 22 horas, y fueron testigos: Roberto Pérez (interno del Hogar, con estudios primarios, nacido el 20 de octubre de 1970), y los celadores Miguel Ángel Dionisio (con estudios secundarios, nacido el 20 de febrero de 1950), Fidel René (con estudios primarios, nacido el 23 de marzo de 1934), y Carlos Gabirondo (fallecido a poco de producirse el episodio).

    El periodista Ramón Pereyra, el gran animador de los fenómenos de Victoria.

    La investigación se inició un mes y medio después, extendiéndose hasta finales de 1992. Debido a que se trata de varios testimonios, por veces contradictorios, hemos procedido para un mejor ordenamiento y comprensión, a exponerlos en forma separada y ensayar un análisis y comentario, iniciando este informe con un trozo de la entrevista mantenida con el citado periodista Ramón Pereyra, personaje clave de cuanto ocurre con los ovnis en Victoria.

    He aquí su testimonio:

    “Del tema de los platos voladores acá en Victoria el responsable soy yo: no soy el productor, pero sí el responsable. He tenido que soportar meses de constantes agravios de los colegas de otros medios, que me han calificado como perseguidor de la popularidad, de querer ganar dinero fácil. Lo que queremos es que aquellos que llegan buscando una respuesta a este interrogante, puedan llevarse elementos que sirvan de testimonio. Soy el responsable en el sentido figurado, porque los ovnis, aquí en Victoria, tienen su asentamiento desde hace muchos años. En 1985 ya teníamos experiencias…

    “Los que no creen en los ovnis ya no me tildan de loco, porque son tantos los que han tenido experiencias, que se sienten apabullados; cada uno que va teniendo una experiencia me informa como si yo fuera la caja de resonancia de este tema, y no es así, no soy el propietario, simplemente he sido y soy un difusor de este fenómeno.

    “Yo puedo dejarlo documentado, no quiero que se me califique como un Cristóbal Colón. Hay una distancia sideral entre Cristóbal Colón y Ramón Pereyra, pero yo puedo firmar un documento y el tiempo dirá: No se exactamente cuando, pero en Victoria se va a producir un acontecimiento que va a sacudir a la humanidad. Hace 40 días, en el Hogar General San Martín se produjo otro avistamiento. Faltando 5 minutos para terminar el informativo que estoy haciendo por televisión todas las noches, suena el teléfono del canal y alguien me dice: “Ramón, largate para acá, estoy mirando el asentamiento de un plato volador a 300 m del Hogar de jóvenes”, pero ¡qué vamos a ir!; nos iba a insumir un tiempo considerable, y por eso desistimos. El celador corta la comunicación, el resto de la comunidad había salido del exterior de la vivienda para acercarse al aparato; del mismo salió un ser extraterrestre.

    “Acá en Victoria no estamos viendo luces, nosotros hace rato que dejamos de creer en las luces malas. No son luces, aquí hay cuerpos que emiten luces, que están descendiendo. No nos sentimos molestos, pero sí queremos un acercamiento con ellos.

    “En este momento en la ciudad de Victoria manejo un informativo que va todas las noches, de lunes a viernes. Por el canal local, en la radio LT-39, realizo programas musicales desde hace ocho años. Esto puede provocar un poco de confusión en el oyente, en el televidente, es decir, en el consumidor de lo que hago, considerando que Ramón Pereyra está desarrollando dos facetas. Sin embargo hay algo fundamental que unifica la personalidad de Ramón Pereyra, y es la credibilidad: Yo siempre voy con la verdad”, concluye diciendo.

    Ramón Pereyra nos recibió poniendo de manifiesto un buen manejo de la expresión verbal, utilizando un lenguaje adornado. Su característica es egocéntrica y seductora.

    Es evidente que el boom de los ovnis existe en Victoria, pero si así se sostiene, pareciera estarlo porque este periodista lo propicia, aprovechando los medios de comunicación de los que dispone, y el asenso que posee en sus seguidores locales.

    A pesar de que desde su discurso aparezca negado, se siente la caja de resonancia de los fenómenos que allí se producen: de él parte y a él llega la información, manteniendo en vilo y expectante al público.

    Diríamos que sosteniendo el interés en los ovnis, se sostiene el interés por su persona.

    EL TESTIMONIO DE ROBERTO PÉREZ (interno del Hogar, 21 años)

    “El martes 13 de agosto de 1991 a las 22 horas, estábamos tomando mate (una infusión de hojas de mate, planta americana) antes de cenar; fuimos a la cocina, y mientras esperábamos que se hiciera la comida salí para ver si venían unos compañeros. Se me ocurre mirar para el lado de los eucaliptos y veo dos luces de color, primero aparece una y después la otra, subían y bajaban, después hicieron como un triángulo. Eran amarilla y roja. Después, una sola luz se deslizó hasta el medio de la ruta, y en esa ubicación -frente a la entrada del Hogar- descienden dos sombras negras, no se apoyaban en el asfalto, sin tocarlo caminaban por encima del piso, avanzaban y se cruzaban. La luz tan fuerte me permitía ver las sombras de dos hombres normales: Entonces, veía la sombra de dos hombres con la luz de color amarillo muy fuerte, la de color rojo ya no se veía. Todo esto a 300 metros, aproximadamente. De repente, se apagó la luz, pude observar una especie de olla, el color era blancuzco.

    Roberto Pérez, el joven interno del Hogar.

    “Estoy un poco aburrido, cuando me pasó esto me puse contento, algunos compañeros trataron de acercarse a partir de esta experiencia, pero se reían; al principio nadie me creía, después me preguntaban pero se reían. Ya estoy cansado de hablar, pienso que me toman a la chacota… me invitaron a hablar en el cine, por la radio… pero la gente se ríe. El periodismo ya me cansó también. A mí me gusta ir a pescar todos los días, mirar televisión, trabajar, y estar en mi casa que es el Hogar. Pronto me tengo que ir de acá, espero encontrar un buen lugar, un buen trabajo y hacer mi vida solo.

    “A los hombres les veía el cuerpo completo, la cabeza era rara, diferente a la de los seres humanos, era medio levantada hacia arriba, en esas figuras de color negro lo único que no llegué a visualizar fueron sus manos.

    “El aspecto de estos seres no me pareció agresivo ni malo, creo que si lo fueran no estaríamos en la Tierra, nos hubieran hecho desaparecer. Supongo que vienen de otro lugar, no sé cuál: yo leí en un libro que vienen a cargar energía del agua.

    “Yo los vi esa única vez, pero dicen que acá en Victoria aparecen todos los días, especialmente en la Laguna del Pescado.

    “Ante esa aparición, salí corriendo para la cocina y de ahí hacia la sala de recepción. Al principio todos nos quedamos bien quietos, tiesos, pero después nos sobrepusimos al impacto, y junto con Gabirondo, avanzamos unos 100 m y desde esa distancia, continuamos observando. La observación en el frente del Hogar sobre la ruta, se extendió por espacio de unos minutos. Repito: cuando la luz roja llegó a esa ubicación, ascendió y no se la vio más, en cambio, la luz amarilla se apagó. En el ínterin, pasó un camión por la ruta, cuando vio el ovni frenó, pero enseguida volvió a marchar.

    Roberto Pérez, explica al doctor Banchs la forma en que se movió la luz roja.

    “No tuve miedo -yo no le tengo miedo a nada- sentí un gran asombro. Esa noche, el cielo estaba oscuro y estrellado, no vi la Luna, no había viento, estaba lindo.

    “Yo acá en el Hogar no tengo amigos, son todos ladrones… en realidad, tampoco los tengo fuera. Soy un solitario, pero yo me siento bien solo. Con excepción de los celadores y el director, no hablo con nadie. Hago artesanías que vendo y por la mañana trabajo en la verdulería. No tengo familia; a mi abuelo hace cinco años que no le veo, sé que vive en Paraná, pero no conozco el domicilio”.

    Continuará…


    [1] Este artículo fue publicado originalmente en Los Identificados. Casuística ovni con ocupantes en Argentina, N° III, Buenos Aires, julio de 1993, páginas 7-16.

    Agradecemos al doctor Enrique Banchs su autorización paa publicar este artículo.


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    May
    23

    Por Roberto Enrique Banchs

    ANALOGÍA CON LAS LÁMPARAS DE ARCO

    Llamase “arco voltaico” al fenómeno luminoso que tiene lugar cuando una corriente intensa salva la distancia que separa dos electrodos colocados en el seno de un gas; el aire, por ejemplo. Su nombre procede de Davy, quien dio cuenta del fenómeno utilizando electrodos de carbón de madera.

    Los arcos más estudiados son, precisamente, los que se forman entre electrodos de carbón (cátodo y ánodo). Las corrientes de aire suelen ocasionar un depósito pulverulento. La mayor parte de los arcos deben su luminosidad a la incandescencia de las partículas volatilizadas en el cátodo, o bien a la de sustancias adicionadas al ánodo para dar coloración al arco (roja, violeta, etc.). A veces se añade al carbón anódico sustancias diversas, tales como calcio, el cual, al volatilizarse incandescente, irradia luz de espectro continuo. También potasio, que en contacto con el aire arde con luz violeta y gran desprendimiento de calor. La brillantez intrínseca del manantial de luz es función de su temperatura; por lo tanto, para obtener un manantial de luz con brillantez máxima, ha de emplearse una sustancia que pueda mantenerse a la temperatura más elevada posible.

    Como el carbón fue el que poseía el punto de volatilización más elevada conocida, se creyó que el arco de carbones era capaz de la mayor brillantez lograda artificialmente (esto ocurre a una temperatura de 3,000 grados C). Sin embargo, por observaciones más recientes se supo era posible conseguir una brillantez mucho más elevada.

    En la fabricación de los carbones suelen utilizarse productos de la destilación del petróleo. Eliminadas las impurezas, se le da forma definitiva a los carbones (cilíndrica) y, sometiéndolos a alta temperatura, se convierten en parte en grafito. Pero fue Bremen quien propuso añadir a los carbones distintas sustancias para aumentar su poder luminoso (‘de llama’) y otras cualidades (‘de efecto’).

    El polvillo que se va formando durante su combustión, irá a desprenderse en forma de óxido y dióxido, finalmente carbonatados. Un cenicero colocado en la parte inferior del globo, taladrado por pequeñas aberturas, determinan una conveniente evacuación tanto de residuos pulverulentos, como de gases. En este último caso, en particular, cuando los carbones son mineralizados, dejando escapar al exterior humo (al contrario del carbón puro).

    Desplazadas por las de incandescencia de gran tamaño, las lámparas de arco fueron utilizadas durante años en las poderosas “linternas de proyección”, para cinematografía (aún pueden conseguirse los carbones en algún comercio) y, muy especialmente, en los proyectores.

    Uno de ellos, el Sperry de 152.4 cm, proyector antiaéreo modelo 1941, fue inscrito en el Registro de la Reglamentación del Ejército dieciocho meses antes del caso Trancas. Por entonces, el Comandante en Jefe del Ejército, Raúl Poggi, ordena que su manual de descripción, funcionamiento y conservación (F.T.-A.G. 1) “deberá ser adquirido obligatoriamente” por batallones, regimientos, y con particular reiteración por el personal de artillería del Ejército. De su lectura conocemos los principios que rigen el diseño del proyector:

    Se caracteriza por su gran intensidad luminosa y se compone de un arco voltaico también de fuerte intensidad, mantenido automáticamente en el punto focal de un espejo reflector protegidos por un tambor. Dicho tambor está montado de manera que permite la rotación completa en dirección y movimientos en elevación, mediante un sistema de mando a mano o eléctrico a distancia. La lámpara sostiene un par de carbones o electrodos, cuyo mecanismo de regulación permite el avance del carbono negativo hacia el positivo y trata de iniciar un nuevo arco voltaico.

    El tambor está dotado de un sistema de ventilación a fin de que las partículas y vapores desprendidos del arco puedan ser barridas continuamente (polvo de carbón y otros residuos producidos durante su funcionamiento). La duración de la combustión de las varillas o carbones empleados para una graduación de carga de 150 amperios es de noventa minutos aproximadamente. Para esta lámpara suelen utilizarse carbones de gran intensidad fabricados especialmente.

    La ejecución de las maniobras de localización y proyección del haz de luz es fundamental, por su rapidez, alcance y precisión. Baste con señalar que debe alcanzar a iluminar fácilmente un avión, digamos, a 16 kilómetros (aunque la visibilidad del objeto depende, no ya de su iluminación misma, sino del contraste entre la iluminación del objeto y el resplandor en la zona circundante).

    Las características del proyector tienden, a través del espejo, a concentrar el haz luminoso y a proporcionar casi la máxima iluminación posible, a la vez de ser fácilmente transportable.

    El puesto de mando se compone de un aparato de regulación, que proporciona la sincronización del movimiento del proyector con los datos de un localizador de sonido, y el mando a distancia del proyector, que lo hacen mover en dirección y girar en elevación. Todo el sistema de este modelo –que no es el único- requiere de un grupo electrógeno, compuesto básicamente de un motor de gasolina y un generador, convenientemente emplazado detrás de un terraplén o montículo de tierra, arbolado o matorrales, a fin de disminuir el ruido que pueda llegar al localizador de sonido del ‘puesto de mando’, para lo cual conviene instalarse a prudencial distancia, a unos 150 metros. Vale decir que la disposición en campaña del material tendría la siguiente secuencia: grupo electrógeno-montículo o vallado-proyectores-puesto de mando a distancia. Curiosa disposición si la relacionamos con la ubicación de los fenómenos de Trancas… Aunque, por supuesto, allí no se observó ningún motor a gasolina (sólo se escuchó, a decir de Argentina, “ese ruido como una máquina suave, como un motor”), y la distancia del objeto ‘F’ (“el que mandaba ahí”) a los reflectores más próximos (objetos ‘C’ y ‘D’), no era inferior a 170 metros.

    El relato de la familia Moreno sobre la incursión de una escuadrilla de OVNIs, destaca la descripción del tipo de luz que emitían los reflectores “de las extrañas máquinas”. “Eran chorros de luces blancas, altamente direccionales y que mostraban muy poca dispersión”; “haces perfectamente cilíndricos, compactos y coherentes”, dirían, homologándolos por sus características al láser (light amplification by stimulated emision of radiation).

    Sin embargo, los anticuados proyectores de arco voltaico –lejos de una supertecnología- muestran sus cualidades. En una exposición industrial realizada en La Plata, BA., cuatro años después (vs. artículo periodístico), se pusieron en funcionamiento varios de los citados reflectores. El atractivo ganó su espacio en la prensa, con una nota gráfica en la que advierte que su potente haz “pareciera haberse materializado”. El comentario final de El día, en su página 4, es llamativo: “La prueba realizada anoche (martes 14 de noviembre de 1967) con los reflectores causó general sorpresa en la ciudad, ya que muy pocos alcanzaban a explicarse el origen de esos poderosos haces de luz que tan pronto alumbraban ‘a giorno’ los más altos edificios como horadaban la profundidad del cielo. Los teléfonos de nuestro diario fueron anoche vehículo de la curiosidad pública, que una vez encontró motivo para dar rienda suelta a su imaginación proclive a vincular cualquier hecho simple con viajes espaciales o invasiones de trasmundo”.

    EL AUMENTO TÉRMICO

    Diversas versiones indicaron que el índice mercurial era de 16 C antes de la observación y que luego se elevó a 40 C. Hemos visto de modo fehaciente que no fue así: la temperatura exterior osciló en los 26.5 C. Se trató de una estimación de las testigos, en cuyo caso la diferencia mercurial nos proporciona un parámetro de percepción (térmico, en este caso) que condujo la apreciación del fenómeno.

    No obstante, creemos factible que se haya producido un aumento de la temperatura. Un proyector (a diferencia de una lámpara común que irradia su energía lumínica y térmica en todas las direcciones) posee un espejo cóncavo que permite concentrar sus rayos, evitando una excesiva dispersión. Por eso se debe considerar al calor tanto en su intensidad como por la duración. De ahí que esa elevación es obvia, aun cuando su progresión dentro de la finca pudiere haber sido muy pequeña.

    En cambio, resulta aceptable que un importante aumento de la temperatura en el interior de la vivienda pudiere haberse producido como consecuencia de múltiples causas:

    a) Por la exposición prolongada de uno o varios proyectores, actuando sobre la casa.

    b) Por la falta de aireación debida al encierro, a lo que debe sumarse la sensación climática “cálida” imperante en la región. El diario La Gaceta, del 23 de octubre, indica que las testigos, “alarmadas por todo lo que veían comenzaron a cerrar puertas y ventanas”. Argentina Moreno nos ratificó incluso que en el momento en que las iluminaron, “es cuando resolví que cerraran todo, los postigos, ¡todo!”

    c) Por la agitación física. Los testigos corrían de una habitación a otra, se llevaban por delante, etc. Es un hecho conocido que el movimiento muscular produce calor, y que éste eleva la temperatura general (del cuerpo y del ambiente), acompañada de consumo de oxígeno. Por otra parte, la secreción sudoral se halla supeditada al funcionamiento de los centros sudoríparos, los que pueden entrar en acción aún elevándose la temperatura algunas décimas de grado. Asimismo, el sueño y el trabajo muscular energético excitan la calorificación y la sudación.

    d) Por la crisis nerviosa. Al igual que el sistema muscular, el nervioso es también fuente de calor. Fue Burdach quien demostró que los estados emocionales tales como el temor, el terror, etc., elevan el calor del cuerpo. Precisamente, Yolanda Moreno ha conjeturado que el aumento térmico pudo deberse al estado de nervios en que se hallaban.

    LOS RESIDUOS DE COMBUSTIÓN POR DESPRENDIMIENTO

    En la mañana siguiente del suceso, personal de policía a las órdenes del subdirector de seguridad, comisario inspector Marcos Fidencio Hidalgo, se hizo presente en la finca con el propósito de tomar intervención a raíz de la denuncia. Se solicitó entonces, a la Universidad de Tucumán, un técnico para realizar el análisis de una sustancia pulverulenta encontrada en varios lugares de la finca. En medio de un gran pánico de los moradores, se procedió a buscar un sector conveniente para obtener una muestra representativa, lo más pura posible. Se desechó el sitio donde estuvo asentado el objeto más próximo (‘F’), un sembradío de lechugas y arvejas, porque presentaba muchas impurezas, se mezclaba con la tierra. La muestra fue tomada cuidadosamente en los rieles, durmientes y piedras de las vías, situados debajo del lugar donde se mantuvieron los OVNIs, utilizando un cepillito para evitar que el material se mezclara con la tierra. Se trataba de un espolvoreo, fino, de unos dos milímetros de espesor, de modo que la tarea –realizada por la mañana del 22- consistió en cepillar muy débilmente para que no roce sobre la vía, evitando cualquier contaminación. Fue extraído 2.343 gramos en un recipiente apropiado y se lacró.

    Sólo en los lugares mencionados y a modo de un suave espolvoreo en algunos árboles, fue hallada esa sustancia pulverulenta, impalpable y blanca, que semejaba talco. Jamás se descubrieron “multitud de bolitas blancas, amontonadas unas sobre otras formando un perfecto cono de un metro de altura”. Esto es una barbaridad, lamentablemente muy difundida[1].

    Por otra parte, según consta en el Informe Técnico de la Armada Argentina (anexo), “como rastros donde había estado el OVNI (‘F’), quedó la plantación de lechuga como aplastada”, prueba de que el objeto estuvo apoyado en el suelo y no suspendido en el aire a cierta altura, como se adujo.

    La sustancia recogida fue inmediatamente examinada por el técnico químico Walter Gonzalo Tell, Jefe del Laboratorio Químico-Industrial del Instituto de Ingeniería Química de la referida Universidad. En el informe dirigido el miércoles 23 al director del Instituto, ingeniero Oscar Männich, señala que “la muestra pulverulenta blanca extraída por pincelado de los rieles del ferrocarril y de zonas que, al parecer no podrían estar impurificadas con sustancias ajenas a la composición química de la muestra”, registra lo siguiente:

    Cantidad total extraída: 2.343 grs. (dos gramos, 343 miligramos)

    Análisis químico (óxidos):

    Óxido básico: Óxido de Calcio (CaO)………. 54.02%

    Óxido básico: Dióxido de Potasio (K2O)…… 2.39%

    Óxido ácido: Dióxido de Carbono (CO2)…… 43.59%

    Fórmula química (sales):

    Carbonato de Calcio (CaCO3)………………. 96.48%

    Carbonato de Potasio (K2CO3)……………… 3.51%

    De acuerdo a los datos obtenidos, las sustancias son: carbonato de calcio y en mucha menor proporción, carbonato de potasio. Podríase decir que se trata de carbonato de calcio impuro.

    La aparición de tales carbonatos suele deberse a la incineración de vegetales o sustancias de origen orgánico, mineralizadas. Puede afirmarse que la combustión realmente existió. Su presencia sólo dispuesta en la superficie, a modo de espolvoreo, evidencia que es el resultado de una acción externa al terreno, si bien estas sales son abundantes en la naturaleza. Su disposición superficial hace suponer un proceso de combustión por desprendimiento del elemento que las originó. Ahora, ¿qué fenómenos químicos han dado lugar a la formación de estas sales carbonatadas? Ello se logra a partir de la determinación de óxidos básicos (de calcio y potasio) y del óxido ácido (de carbono), expresados en el análisis del técnico W. G. Tell. Al quemarse el carbono –en cualquiera de sus variedades alotrópicas[2]-, se forma en combinación con el oxígeno del aire dióxido de carbono, el que al estar combinado con el óxido de calcio y dióxido de potasio, se obtiene finalmente carbonato de calcio y carbonato de potasio, resultantes de un proceso de combustión, como lo muestra el análisis:

    CaCO3 (carbonato de calcio)

    C CaO (+θ) /CO2 + K2O/

    K2CO3 (carbonato de potasio)

    Si en vez de producirse una combustión, con la consiguiente resultante, hubiera sido por un objeto de elevada temperatura, en el orden de los 850 o 950 C, no se habrían hallado carbonatos, sino óxidos básicos originales, liberando el dióxido de carbono a la atmósfera:

    CO2

    /CaCO3 + K2CO3/ + θ /CaO . K2O/

    En síntesis, esto demuestra que los residuos obtenidos en la finca de Antonio Moreno son producto de una combustión por desprendimiento. Probablemente, arrojados al suelo a través del orificio del elemento que los originó y, en menor escala, como partículas en suspensión mediante los gases (humo) desprendidos de los cuerpos en combustión.

    La respuesta acerca de la procedencia de estos compuestos, irá a provenir de una visión de conjunto, atendiendo el desarrollo de los fenómenos ocurridos aquella memorable jornada en la Villa de Trancas.

    ANÁLISIS FINAL

    Sin poner en duda la buena fe de las testigos, quienes generosamente accedieron a ser entrevistadas, sin apremio del tiempo y contando con una excelente disposición, es necesario señalar algunas inconsistencias y contradicciones, resultado de la crisis de la que fueron víctimas, el modo en que cada una experimentó el fenómeno y lo fue elaborando en estos años. Lo singular es que se trató de una experiencia múltiple y fuertemente emocional.

    Es así como la protagonista principal y habitual vocero del caso, Jolié, muestra en los relatos un intento –no deliberado- de fascinación, conforme a sus rasgos de personalidad. Abunda en detalles altamente fantásticos, exponiendo el episodio con aparente coherencia y pulcritud. Yolanda lo hace en forma desordenada y simple, aunque por veces con matices imaginativos. En cambio, el testimonio de Argentina se destaca por su prudencia y realismo (pese a ser bastante impresionable), con mecanismos de racionalización para oponerse a su faz imaginativa; es quien más se adecua a las versiones originales, aunque en todas se advierte una clara impregnación afectiva.

    Ahora bien, intentando dilucidar los aspectos más salientes y controvertidos del caso, pudimos hallar que apenas unos días antes se había iniciado el lento desplazamiento de tropas hacia el norte, cuyo paso obligado de numerosos contingentes armados al lugar de operaciones ha sido, ni más ni menos, Trancas. ¡A doscientos metros de la finca! Como dato curioso, esta operación jamás fue consignada por investigador alguno.

    Durante esa histórica jornada para la ufología se produjo un inusitado movimiento de tropas durante todo el día, antes y después de los sucesos narrados. Hasta la madrugada, incluso. ¿Acaso esto es una coincidencia? Aún más, los mismos maridos de Jolié y Argentina (escépticos ante lo ocurrido) pasaron frente a la finca en un tren especial, con tropas, horas más tarde.

    Mencionemos aquí otro aspecto de interés. Recordemos las características del artefacto más próximo a la vivienda: apariencia metálica, sonido de motor, una suerte de domo o cúpula arriba, con gajos y remaches grandes en su superficie. Es sin duda la descripción de un vehículo blindado… Convengamos entonces que se trata de un ‘plato volador blindado’, o si prefiere, de un remachado vehículo de procedencia terrestre.

    El mismo guarda gran semejanza, en sus proporciones y algunos detalles observados, con un tanque –Sherman- u otro vehículo blindado del tipo oruga o de doble tracción, capaz de atravesar un escarpado terreno. Seguramente, como aquellos que durante esos días estuvieron transitando muy próximos a la finca de los Moreno.

    Este artefacto despedía, además, un espeso gas blancuzco o neblina desde su parte inferior, que les impedía apreciar si estaba suspendido en el aire o apoyado en tierra. Después de permanecer 40 minutos en el lugar, según Jolié, “se alejaron respetando los accidentes del terreno, su geografía, en forma rasante”, compartiendo la impresión de Yolanda (Argentina no alcanzó a verlos partir). Las testigos sólo presumen que debieron elevarse, debido a lo accidentado del terreno. Lo cierto es que –de haber levantado vuelo- probablemente se hubieran llevado por delante el tendido de cables que se extienden paralelos a las vías del ferrocarril, sujetos a los postes.

    Otro dato que permite esclarecer la posición de ese objeto respecto al suelo, lo hallamos en el informe de la Armada (‘Anexo, ítem 2’): “Como rastros donde había estado el OVNI, quedó la plantación de lechuga como aplastada. La marca sobre la plantación no ofrecía aspecto de quemadura”.

    En cuanto a las luces sobre las vías –ubicadas en un terraplén elevado-, las testigos juzgan, en este caso, que podrían haber estado apoyadas sobre las mismas.

    Sería atinado pensar que ante la incipiente guerrilla rural (recordar los episodios de Taco ralo, al sur de Tucumán), se hayan tomado ciertas provisiones sin aviso, frente a la eventual posibilidad de un atentado (recordar también la hipótesis del sabotaje sugerida por las hermanas Moreno), ya que era casi permanente el paso de trenes con tropas rumbo al norte. Una inspección de seguridad del tendido ferroviario y de las inmediaciones, no está fuera de lógica.

    Las vías del ferrocarril están situadas, como se indicó, a unos 200 m de la vivienda y algo menos de la tranquera. Desde allí se observaron focos de luz, reflectores. Nunca objetos sólidos o formas luminosas discoidales. Los croquis o dibujos de Jolié no condicen con sus propias palabras, ni con la de sus hermanas, logrando inducir la creencia –inadvertida por algunos investigadores- que tenían forma de “plato”. Pero todas las declaraciones de las testigos coinciden en este punto: Sólo se veían focos de luz y siluetas antropomorfas moviéndose de un lado a otro, sin definición posible. No podían distinguir más. Esas luces eran precisamente lo que describen: reflectores.

    Todo parece indicar que se trata de reflectores de arco voltaico (del tipo Sperry), usados en esa época por el ejército.

    Así, pues, el funcionamiento de los proyectores produce la acumulación de polvo de carbón y otros residuos, que son desprendidos al exterior en forma de carbonatos. Los mismos que fueron hallados en Trancas.

    Y las siluetas antropomorfas, por consiguiente, corresponden a un grupo de soldados que –a varios cientos de metros de los Moreno- los maniobraban en la oscura noche.

    De acuerdo a lo expuesto, la respuesta a esta incógnita mantenida durante un cuarto de siglo, se inclina decididamente a explicar los fenómenos de Trancas en términos de movimientos de tropas en la zona.


    [1] Según Jolié: “Eran unas pelotitas que al tocarlas se deshacían; se notaba que eran desechos de la máquina. Había como un cono de pelotitas, como cuando cae el cereal en algún lugar, que va cayendo y en el medio va quedando una cúpula, orillando hacia las periferias…” De ahí el equívoco que convirtió un cono de apenas milímetros de altura (epicentro del derrame) en un túmulo de un metro.

    [2] Alotrópico: propiedad de algunos elementos de presentarse bajo formas diferentes, o simples (ej., grafito).

    Comentarios del tal Noguez:

    Compare este trabajo con la versión que publica el credulón de Scott Corrales aquí:

    http://inexplicata.blogspot.com/2007/05/saucers-in-my-backyard-argentinas.html


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    May
    22

    Por Roberto Enrique Banchs

    EXAMEN DE LAS “HIPÓTESIS INICIALES”

    El primer comentario incluyó tres hipótesis: a) accidente, b) cuadrilla ferroviaria, y c) sabotaje. Por consiguiente, vamos a examinar tales supuestos.

    Nuestra primera indagación consistió en ver las planillas de ‘Itinerarios de Trenes’ regulares (de carga y de pasajeros), para esa fecha y lugar del F.C. Gral. Belgrano, constatando que no se registra el paso de coches regulares en el período de la observación de los fenómenos. A mediados de octubre finaliza la zafra azucarera, y con ella habría mermado la circulación de locomotoras de auxilio para ese fin.

    La investigación continúa requiriendo al Control de Movimiento Central (CMC), en Buenos Aires, datos sobre la posible ocurrencia de movimiento no habitual en las vías: reparaciones, accidentes, problemas de circulación ferroviaria, etc. Darío Rodríguez nos informa que dado el tiempo transcurrido, no se conservan antecedentes al respecto, sugiriendo cerciorarnos en la Superintendencia de Transporte, en San Miguel de Tucumán.

    Allí fuimos y consultamos en varias oportunidades al Superintendente, ingeniero Julio Osvaldo Firpo, quien nos confirmó la inexistencia de los archivos de 1963 en esa dependencia. Con su autorización (S.T.P. 2-9/7.027.232), procuramos localizar entonces el ‘Libro de Registro’ de paso de trenes en la mismísima Estación Trancas. Sin embargo, tras paciente búsqueda, el resultado fue idéntico.

    Mostrando interés en nuestra labor investigativa, el Ing. Firpo trata de aportar algunas suposiciones. Menciona el empleo de una ‘autovía’ para inspección, un vehículo con capacidad aproximada para cuatro personas, levantado hidráulicamente, y con dos faros de regular potencia. Y traza la sospecha que los fenómenos de Trancas pudieren haberse originado en el uso de una “soldadura luminotérmica”, que empezaba a emplearse precisamente en esos años. Empero, el Ing. Firpo nos aclara que la misma no se utilizó en ese ramal del norte sino hasta fecha muy reciente, salvo que se le haya practicado en forma experimental. Denota su gran luminosidad y desprendimiento de humo, con algún residuo; siendo habitual el trabajo nocturno, por la baja temperatura y menor actividad ferroviaria.

    No obstante la falta de registros escritos, es opinión del Ing Firpo que de haberse practicado un trabajo en las vías (cuadrilla de operarios) en aquella circunstancia en que se observaron OVNIs, se habría comentado la coincidencia y develado la incógnita.

    Así las cosas, insistimos en localizar al personal ferroviario de aquella memorable jornada. Conversamos en consecuencia con el operador Julio Luma, quien estuvo cumpliendo funciones en esa fecha como encargado de turno de Movimiento en San Miguel de Tucumán. Su testimonio es valioso, porque sostiene –recordando perfectamente el episodio- que el 21 de octubre de 1963 “transcurrió con absoluta normalidad, no registrándose inconveniente alguno”.

    Esto nos llevó a corroborar sus dichos con los del actual jefe de la Estación Trancas, Antonio E. Brozicevich, quien en aquella oportunidad se desempeñaba como auxiliar de la citada estación y cuya jefatura estaba a cargo de Ceferino Álvarez (ya fallecido). Reconoce que es la primera vez que se le consulta al respecto, y nos recuerda que estuvo de servicio desde aproximadamente las 23 horas del lunes 21 hasta la mañana del día siguiente, pudiendo precisar que no hubo accidente alguno o cuadrilla ferroviaria trabajando en las vías.

    En suma, nada indica que en la noche del 21 de octubre haya ocurrido un accidente (no hay indicios físicos ni testimoniales), tampoco que hubiere estado operando una cuadrilla ferroviaria (la cual queda descartada conforme a lo expuesto), ni producido un sabotaje (pues, en definitiva, nada ocurrió).

    Esta última hipótesis surge debido a la incipiente guerrilla rural hacia fines de 1962, en Taco ralo, al sur de Tucumán, registrándose también maniobras de los elementos armados; y entre 1962 y 1963 se producen algunos alzamientos militares, que fueron sofocados.

    Transpuestas estas hipótesis iniciales, iría a sugerirse una explicación que contaría con la adhesión de todas las hermanas Moreno: platos voladores.

    MANIOBRAS MILITARES

    Débese advertir que las hipótesis formuladas inicialmente por la familia Moreno denotan una preocupación, un temor latente, cierta fatalidad: accidente, sabotaje, desperfecto en las vías. ¿Cuál es la verdadera, y subyacente, inquietud de esta familia tucumana, que parece haber tenido como disparador la percepción de un conjunto de fenómenos extraordinarios?

    Señalemos previamente que el motivo de la ocasional permanencia en la finca de las hermanas Jolié y Argentina Moreno, se debe a que decidieron descansar unos días en el campo, aprovechando que sus maridos, oficiales del ejército, iban a participar de unas importantes maniobras militares a desarrollarse en la provincia de Salta.

    La respuesta a aquella pregunta que insistía, surgió de las encuestas: sus maridos irían a pasar esa madrugada en un tren especial con tropas del ejército, precisamente, a 200 m de la casa, frente a la finca, por el sitio exacto donde estuvieron ubicadas las luces y los presuntos ocupantes de los OVNIs.

    Yolanda expresa haber sentido la primera preocupación: “Pensé y digo, ‘¡hay, van a pasar mis cuñados en el tren!, ¿qué pasará en las vías?’” De ahí que, según Argentina, recién tuvo inquietud y se levantó cuando Dora le comunicó que su hermana Yolanda manifiesta que “están levantando las vías, estarán haciendo sabotaje para el tren de soldados”. El desconcierto de Argentina se pone en evidencia cuando dice: “Qué iba a pensar usted si decimos que están esperando trenes con soldados, que pasan a hacer maniobras y va gente a trabajar de noche, ¿qué tiene que hacer?, ¡no puede ser!, si las vías han estado bien, hasta tarde han pasado trenes con sin problema alguno…”

    Es fundamental señalar acá que Tucumán-Trancas se convierte en paso ferroviario obligado hacia el norte del país, donde la 5ta. División de Infantería (con asiento en Tucumán) iría a desarrollar la actividad castrense que, a decir de Jolié: “Fue una de las grandes maniobras que tuvo el ejército argentino…” Las hermanas Moreno son explícitas al respecto. Jolié: “Habían estado pasando (ese día) trenes con tropas para esas maniobras en etapas, así, periódicas”. Argentina ratifica: “Todo el mundo sabía que pasaban tropas; pasaron muchos trenes de carga, también. Hasta tarde han pasado trenes con soldados. A la madrugada pasaron trenes los trenes con tropas. Al otro día pasaron tropas y no hubo ningún problema”. Yolanda, la única hermana que permaneció residiendo en la finca, agrega: “Toda la noche han pasado trenes, de Córdoba, el 20 Regimiento de Montaña, el 8vo. Todos. El 19vo. De Infantería, el 5to de Comunicaciones. Todos iban al norte. Toda la noche han pasado trenes (especiales). Recién a las 5 de la mañana pasaron mis cuñados. Y por eso nos hemos confundido que la cuadrilla observaba la vía…”

    Inexplicablemente, esta significativa actividad, en coincidencia con el episodio que nos ocupa, no ha sido mencionada jamás en anteriores informes de investigación. Tampoco parece haberse consultado en lo relativo al paso de trenes por la zona.

    No obstante la importancia regional que tiene el ferrocarril Belgrano, como vía de circulación, es pertinente examinar cartográficamente la red caminera y las características orográficas más próximas. Se puede advertir de este modo, por ejemplo, que casi en dirección a la Sierra de Medina (situada esta a unos 20 Km), se encuentra la ruta nacional Nro. 9, que une Tucumán-Salta-Jujuy. Además, se observa la ruta provincial 311, que vincula Trancas con San Pedro de Colalao, al oeste, y numerosos caminos zonales que son motivo de atención.

    La actividad militar en la zona, en palabra de los testigos, resulta de interés al momento de examinar el caso. Dice Argentina: “Hay montañas, al frente es un valle. Y hay montañas al frente y al fondo de la finca. Y en esas montañas, de pequeña, mi padre solía despertarnos a las 3 de la mañana para que viéramos las maniobras de los soldados y el lanzamiento de luces de bengala”. Yolanda, por su parte, señala que todos los años hacen maniobras. “Ahora vienen a la finca (‘San Francisco’) de mi hermano Roberto. Utilizan varios kilómetros de campo. Pero antes pasaban al norte, al límite con Chile”. Y agrega: “Sí, acá en las lomas nuestras, en la que da a San Pedro de Colalao realizaban maniobras. En esa época (del caso de los OVNIs) acá también hacían maniobras, siempre; en las lomas que dan a San pedro”.

    Al preguntarles a las Moreno acerca de la posibilidad que hayan sido desplazamientos militares, aquello que vieron la noche del 21, las respuestas fueron dispares. Jolié dice lacónicamente: “No, eso no puede ser nunca. Hubiera sabido”. (Tras ello el diálogo se tornó por momentos menos fluido). En cambio, como se indicó, Argentina se mostró más reflexiva cuando se lo relacionó con un posible artefacto de manufactura terrestre: “… Puede ser. Se ve que era un elemento material. ¡Podría ser!, es muy factible”.

    La necesaria y fructífera consulta de los archivos periodísticos locales, nos irían a proporcionar una singular secuencia informativa respecto a las citadas maniobras militares que se llevaron a cabo durante esos días. La Gaceta, de Tucumán, del 17 de octubre ofrece las primeras noticias. Con el título de “Maniobras Militares”, su corresponsal en San Salvador de Jujuy informa brevemente que el jefe del servicio de seguridad Jujuy, Tte. Cnel. Venancio J. Bonet, ofrecerá una conferencia de prensa para dar a conocer los detalles de los ejercicios finales que realizarán las unidades militares destacadas en esa provincia, desde el 20 de octubre al 10 de noviembre.

    El 20 de octubre, La Gaceta informa que el jefe del servicio de seguridad del ejército Tucumán, Tte. Cnel. Luis A. Sarmiento, ofreció detalles de la forma en que se realizarán los ejercicios finales de los efectivos de la 5ta. División de Infantería, con asiento en Tucumán, en las proximidades de la ciudad de Salta.

    Según se consigna, la secuencia temporal de las operaciones fue la siguiente:

    - 17 de octubre: Se inician los desplazamientos de los regimientos y batallones hacia establecimientos La Lagunilla, Salta.

    - 24 al 26 de octubre: Ejercicios de conducción de tropas.

    - 27 de octubre: Jornada de descanso.

    - 28 al 30 de octubre: Ejercicios de conducción de tropas con tiro de combate.

    - 31 de octubre: Jornada de descanso.

    - 1 al 3 de noviembre: Reanudación de los ejercicios de conducción con tiro de combate.

    - 4 de noviembre: Crítica parcial y traslado de tropas a Campo General Belgrano.

    - 5 a 7 de noviembre: Maniobras finales con tiro de combate.

    - 8 de noviembre: Desfile en la ciudad de Salta.

    En las ejercitaciones participaban unidades de varias provincias, tales como Tucumán, Jujuy, Catamarca, Santiago del Estero y Salta. Esta última contaba con unidades de caballería blindada.

    Dada la magnitud de tales maniobras, La Gaceta continuó durante días subsiguientes dando a conocer, incluso con material gráfico, las distintas alternativas de los combates figurados. “Aún no se trata de hechos militares de ejercitación, se tiene la convicción de que estamos asistiendo a una confrontación bélica real”, comenta su enviado especial A. Álvarez Sosa, en la edición del 26 de octubre (pg. 3). Curiosamente, se trata del periodista que hizo la crónica del caso Trancas.

    El mismo que en agosto de 1985 comentó: “Hace 22 años, junto con el entonces jefe de noticias Ventura Murga y el fotógrafo Ernesto González, fuimos a Trancas a cronicar la experiencia de la familia Moreno. En ese tiempo no sabíamos que el fenómeno desencadenaría tal cúmulo de historias y que el cine finalmente llevaría a conocimiento de todos los pueblos de la Tierra ‘un encuentro del tercer tipo’ relatado por el doctor J. Allen Hynek”. En efecto, también Jolié Moreno advierte esa relación: “Mi madre estaba desesperada y mis hermanas corriendo, mi hijo estaba durmiendo en la camita, y transpiraba de tal manera que…, afuera esas luces, iluminando todo, moviéndose inteligentemente y las figuras… Fue la misma película de Steven Spielberg, ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’ que, por otro lado, se autorizó con la información que había de este caso. Autorizado por mí”.

    Escenas de un filme, simulacro de una situación bélica. Ambos tienen en común un halo de ficción, de una ostentosa puesta en escena. Acaso la que se representó en Trancas aquella noche, a todas luces.

    CONDICIONES METEOROLÓGICAS

    En un informe solicitado al Servicio Meteorológico Nacional, de la Fuerza Aérea Argentina (C.E. N 43.945/88), sobre el estado del tiempo durante aquella jornada del 21 de octubre en Villa de Trancas, en base a la situación sinóptica de esa fecha y los registros de las estaciones más cercanas (Tucumán Aero y Rosario de la Frontera), se indica que el cielo estuvo despejado y con neblina durante la madrugada, hasta nublarse paulatinamente; los vientos soplaron del sector norte, a 10/20 Km/h por la mañana rotando luego al sector sudoeste a 20/40 Km/h; la temperatura osciló entre 15 y 39 C, y la humedad relativa entre 39 y 81%.

    De acuerdo a los datos proporcionados por la estación Tucumán Aero, entre las 20 y las 22 horas, coincidiendo con el suceso, se registraron las siguientes condiciones:

    - 20 horas: cielo nublado, visib. 10 Km, viento calmo, temperatura 26.5 C, Hum. Rel. 47%, presión 960.4 m.p.

    - 21 horas: cielo nublado, visib. 10 Km, viento calmo, temperatura 25.5 C, Hum. Rel. 48%, presión 961.8 m.p.

    - 22 horas: cielo nublado, visib. 10 Km, viento SE, 5 Km/h, temperatura 26.5 C, Hum. Rel. 43%, presión 962.8 m.p.

    Es pertinente señalar que la sensación climática (función de la temperatura y humedad) ha sido “cálida”. Durante ese período, la estación no registró fenómenos significativos, ni cambios bruscos en las condiciones meteorológicas. Se destaca que durante la prolongada observación de los OVNIs, la visibilidad se mantuvo reducida a 10 kilómetros, con un cielo completamente nublado que, desde luego, esperaba una incipiente luminosidad lunar, cuyo astro se hallaba en la 4ª. Fase creciente, con una fracción iluminada del 17.12% (altitud -35.37 y azimut 174.41, por salir recién a la 1:33 horas).

    Es obvio que el cuadro de situación descrito no ha favorecido una buena visualización. Esto queda ratificado por las testigos, quienes coinciden en describir la inusitada oscuridad y escasa visibilidad en que se desarrollaron los acontecimientos.

    Paradojalmente, estas condiciones de oscuridad son las que permiten una excelente penetración de los filetes lumínicos de los proyectores utilizados, sin resplandor en la zona circundante. La pérdida de luz debido a la absorción atmosférica se ve también disminuida por el estado de la atmósfera.

    Continuará…


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    May
    20

    Por Roberto Enrique Banchs

    TESTIMONIO DE NALLIBE, YOLANDA MORENO EBAICH:

    Nació: Trancas, Pcia de Tucumán, 30 octubre 1925.

    Estudios: Profesora de inglés; y de corte y confección.

    El día había transcurrido normalmente. Pasadas las 21 horas los integrantes de la familia Moreno se encontraban acostándose; algunos leían, descansaban y acomodaban a los niños.

    En cierto momento, la doméstica Dora Martina Guzmán apareció en las habitaciones exclamando muy temerosa –tal es su personalidad- que había unas luces afuera cuyo origen desconocía, aunque supone que estarían buscando a alguien. Yolanda cree que podría tratarse de un ómnibus de la empresa donde se desempeña su hermano Antonio, pero ya hacía un par de horas que pasó el último, y le resta importancia al episodio.

    Dora lloraba en la cocina e insistía con sus observaciones. Finalmente, Yolanda decide salir de la habitación y dirigirse por detrás de la vivienda pensando que por algún problema hubieron venido a buscar a su hermano, ausente en esos momentos. La puerta del frente se encontraba cerrada siempre por seguridad. Entonces miró hacia las vías distantes unos 200 m, notando la presencia de dos luces.

    Se veía entre medio de ellas cruzar unos cuerpos de aspecto humano (11, 12 o 14). Pensó que eran operarios de la cuadrilla ferroviaria, que estarían reparando algún desperfecto vial, de noche, para evitar accidentes. Luego descartó esta posibilidad, sin saber porqué. La noche estaba muy oscura, no había Luna visible y la temperatura cálida.

    “Yo he visto bultos de personas que se cruzaban –dice-, las observé durante más de diez minutos, cuando la muchacha me pidió ir a ver las luces en la vía; caminaban permanentemente, eran como personas normales que las ve a 200 metros. Pensaba que transitaban observando las vías, porque se veía movimiento entre ellas, un andar algo lento sin dificultad”. Alertados por Yolanda, todos pudieron ser testigos de las siluetas.

    Habían empezado a transpirar y a toser “como si un humito de azufre nos ahogara”, dice. Afuera escuchaba un “ruido raro, como de un taller, así se escuchaba de los aparatos”, afirma Yolanda. Aunque antes que se hiciera de noche, había empezado a escuchar un sonido semejante a una zedilla oscilante que le llamó la atención, pero como entonces se hablaba de nuevos aviones, pensó que de eso se trataba.

    Volvió a la casa y regresó con Dora provista de una linterna grande y un revolver 38 largo (n: el detalle del arma no aparece en ninguna de las versiones de la época, que solo citan la linterna). Jolié también había salido, pero regresó con miedo pensando que irían a secuestrar a los niños.

    Cuando salieron enfocó con linterna y al instante, se sintió enceguecida por las luces. Pero “ningún daño nos han hecho”, aclara. “Cuando alcancé a ver el vehículo y apunté con mi linterna, quedé ciega. Ya no podía caminar porque estaba enceguecida”. Este aparato situado a unos 6 u 8 metros, tenía una suerte de ‘torre’ cilíndrica y domo. Parecía no tocar tierra y daba la impresión de tener forma redonda con ventanas, expulsando un vapor que desde el suelo lo tapaba. “Lo grave es que yo le veía remaches”, nos dice Yolanda. “Remaches, remaches. Hecho por humanos que uno dice”. Ningún detalle más pudo observar.

    Respecto a las siluetas humanas, más distantes, señala: “Las dejé de ver cuando nos han enceguecido. ¡Qué vamos a ver ya, con los reflectores en los ojos, con la desesperación de todos…!”, exclama.

    “Yo también tambaleé al prender la luz y enceguecerme, he tambaleado, como si tuviera un poder; puse la mano en el suelo y me levanté, sin alcanzar a caerme. Dora daba cada grito que pudo haberse revolcado, pero no sé lo que le pasó a ella. No iba a atenderla, yo quería atender a los marcianos”.

    Enceguecida y tambaleante retornó al interior de la vivienda. Fue entonces cuando se levantaron todos. Su padre Antonio quería salir, pero Jolié y Argentina se esforzaron para disuadirlo. Su madre, Teresa, miraba enceguecida a través de la ventana. La luz daba la impresión de atravesar puertas y paredes. Se trataba de una luz sin amplitud, de aproximadamente un metro de diámetro.

    Provenía de todos los objetos. “La luz era muy blanca –indica-, encegueciendo de tanta claridad. No se apreciaban otras coloraciones. Era una flota impresionante, más de siete. Tres próximos a la casa y cuatro en las vías, según alcancé a contar. Era tal la cantidad de luces que quizás había más; tanta iluminación que enceguecía, no se podía ver”.

    Nallibe continúa con su exposición: “La temperatura aumentó un poquito. No se si será por los nervios o por la venida de los ‘platos voladores’ (…), pero los niños se despertaron por los gritos, la bulla, lloraban y transpiraban al igual que los adultos. Así que sería algo que ocurría realmente en el ambiente”.

    Un estado de nervios colectivo se había apoderado de las cinco mujeres. Inclusive, Argentina “le pegó un sopapo a Jolié, algo así, ella sintió un golpe en el rostro; de lo que gritaba le han dado una bofetada”. Mientras tanto, Argentina decía: ‘¡Me van a llevar los marcianos al bebé!’; tenía miedo y lloraba por su hija Victita. “Pero ninguna –dice Yolanda- hemos tenido miedo, la verdad. Si hemos vuelto sin llegar al aparato fue por nuestros padres. Ninguno hemos tenido miedo”.

    “Yo enfrentaba a mis hermanas me pedían que no saliera (…). Mi madre lloraba y el papá viejito (n: fallecieron en 1977 y 1965, respectivamente), pedían que no saliéramos. Y mis hermanas llorando recriminándome por mis padres. Pero estaban acá, en la propia casa: en la esquina del jardín, en el gallinero, en la esquina del cerco, en las vías”.

    Yolanda expresa su extrañeza porque Dora aparece con el rostro enrojecido, a diferencia de los demás. “¿Será porque ella tenía miedo?”, se responde a modo de pregunta. No obstante, Yolanda le aplica una pomada para quemaduras (‘Pancután’). Según Yolanda, la doméstica no fue, al parecer, trasladada en ningún momento al hospital.

    Como en varias partes del mundo se hablaba de platos voladores, se dieron cuenta que de eso se trataba.

    Al disponer irse, todos los aparatos habrían procedido a encender sus reflectores, dando vuelta sobre sí mismos y dirigiéndose al cerro medina (situado a unos 20-25 Km hacia el este). “Sin dar vuelta el vehículo, los reflectores hicieron un giro y alumbraron todo”, nos refiere Yolanda. “Unas dos horas hemos estado observando el cerro iluminado como una ciudad a lo lejos; como una luz de un vehículo que se va”.

    Los artefactos se marcharon en el mismo momento, “como si fuera ordenado por alguien. Alguien mandaba ahí. Se nota –sostiene Yolanda- que uno solo dominaba todo; cuando giró el que estaba al lado de la casa, todos se han movilizado. Han levantado vuelo y seguido en forma rasante todos juntos, pues, imagínese que los cables del ferrocarril Belgrano (que corren paralelos a las vías) apenas los habrían rozado, porque no había nada cortado. El ruido ya no se sentía tampoco”.

    Luego se halló “una ceniza blanca”, donde estaban los aparatos. Yolanda reconoce que, pese a tener ciertas cualidades parapsíquicas, no intuyó la presencia de aquel fenómeno, ni tuvo sueños alegóricos relacionados con su experiencia.

    Consultada sobre sus impresiones acerca de lo observado ese 21 de octubre, señala: “Aunque vea yo remaches en las ventanas, es que no son personas de acá, por la precisión del aparato, modo de desplazarse y mantenerse suspendido, marcas, tenga la seguridad que son de otro planeta”.

    En una modesta vivienda ubicada detrás de los galpones de la finca, se encontraba el peón Huanca (fallecido en 1986). Sus hijos habían salido. Uno de ellos, ‘Cucha’, es quien debía llegar en camioneta. Según Yolanda, su padre también observó el fenómeno, pero le manifestó su deseo de no declarar. Junto con el jardinero José Acosta se levantaron ante los gritos de las mujeres, pero afirma que no han salido por temor.

    EL TESTIMONIO DE ARGENTINA DE JESÚS MORENO DE CHAVEZ

    Nació: Trancas, Pcia. De Tucumán, 10 junio 1929.

    Estudios: Magisterio. Cursó el primer año de Derecho, y abandonó.

    Aquel 21 de octubre había viajado de Rosario a San Miguel de Tucumán, y desde allí lo hizo hasta Trancas. Le acompañaban sus dos pequeñas hijas Victoria y Nancy, estando grávida de su tercera niña, Cristina.

    Llegó muy cansada, cenaron a temprana hora algo liviano, y se recostó a leer unas revistas, mientras sus hijas dormían en la misma habitación. De pronto, apareció Dora requiriéndola para ver lo que estaba pasando, pero no le hizo caso, pues estaba interesada en su lectura y cansada. Pero ella insistía, ingresando reiteradas veces en la habitación, a lo que Argentina le respondió que se marchara, pues iría a despertar a sus padres, quienes dormían profundamente desde hacía más de una hora. Dora le explica entonces que Yolanda no sabe qué están haciendo en las vías.

    “Yo pensé que iba a ver gente y que habría un vehículo del ferrocarril, porque eso me había dicho Dora: ‘Ahí hay gente que va y viene por las luces de la vía’, dijo. Y le pregunté, ¿cuántas personas?: ‘¡Ah, muchísimas personas –dice Dora-, son como doscientos que van y vienen!, y cree la niña Yolanda que están levantando las vías, haciendo sabotaje’. Ella veía sólo las siluetas –continúa Argentina-, sin poder apreciar detalle alguno; entonces recién me preocupé y me levanté”.

    Cuando lo hizo, según la testigo, tanto su hermana como la doméstica se habían ido a sus respectivos dormitorios. Dio la vuelta por detrás de la casa, y al salir observó un fenómeno que no pudo comprender. Muy asustada retrocedió sin dar las espaldas hasta quedar a resguardo y entró corriendo a los gritos. Despertó a sus padres, y alertó a todos diciendo estar rodeada de platos voladores. “¡Oh, Dios mío!, estos son OVNIs, me asusté mucho, quédense todos tranquilos y quietos, nadie salga porque estamos rodeados de platos voladores, les digo”.

    Se trata de cinco luces que estaban sobre la tierra. “No sé si estaban apoyados o qué, pero estaban ahí”, señala.

    “Cuando salí y me volví, vi uno solo. Pero cuando fui a buscar a mi pare noté que había cinco. Uno al frente, otro estaba para tras en el monte y había tres sobre las vías. Vale decir tres juntos y uno. Ya tras de la casa en el monte, el quinto, que alcancé a ver cuando fui a buscar a mi padre. Ese tiene que haber estado en el aire”.

    Argentina muestra curiosidad por la intensa oscuridad de la noche, tenebrosa, sin Luna ni viento, ni humedad. “Había una tranquilidad impresionante”.

    Durante unos momentos permanecieron en el interior de la finca, hasta que salió el padre hasta el portón, pero su hija tras él, le tomó firmemente de la mano, mientras observaba con mayor atención, y le pidió regresar, pues tenía angina de pecho: “No papi, no sabemos qué es eso, ¿si son de otro planeta?… no sabemos si son buenos o malos, le dije, volvamos por favor”, y su padre atendió sus ruegos y razones.

    Al ingresar nuevamente, Argentina cerró todas las puertas y ventanas, permaneciendo allí, expectantes de lo que ocurría. A través de los postigos observaban el desarrollo de las acciones.

    Argentina tuvo la impresión de que había algo descompuesto, pues se escuchaba por momentos una suerte de golpeteo (un ‘trac… tac…’). Sostiene la testigo que “era un ruido como de una máquina, un sonido suave: ‘trun-ca-tr’; era como una cosa que daba vueltas, algo así. ¡Era el de una máquina que estaba en funcionamiento! No era ensordecedor y solamente lo hacía el aparato que estaba cerca. No lo hacían los otros, de los que sólo se veían las luces”. Argentina intenta precisar: “Eran luces grandes que se veían de lejos. Luces nada más, blancas”.

    En cierto momento Yolanda salió con la doméstica y desde un artefacto situado más próximo a la vivienda, fueron encandiladas sorpresivamente, recibiendo “un golpe de luz”. Ahí se volvieron corriendo y no salieron. Tenía las luces apagadas y sólo se advertía la forma de unas ventanas de apariencia cuadrangular, oscuras en su interior. No se podía observar si tenía algún tipo de anillo que lo rodeare, u otros colores. “Lo que sí vi –dice la testigo-, era una especie de fuego que uno prende, que arde. De a ratos lo veía y de a ratos no. Eso sí, llegué a ver más llama en los que estaban más distantes”, afirma resueltamente.

    “Lo que yo vi –prosigue la testigo- era un aparato. Ahora podría ser un aparato de acá también, pero me dio miedo porque dije: ‘¡qué aparato raro está ahí!, ¿quién está usando ese aparato? No sabemos quiénes son”.

    Sin embargo, Argentina no sabe precisar la forma que tendría ese artefacto cercano, porque era tanto el vapor blanco que arrojaba por abajo y de a ratos una llama, que no permitía distinguirlo. Lo que notaba estando fuera –insiste- fue “ese ruido como una máquina suave, como un motor; como algo que daba vueltas en aquel momento (‘chiqui-chiqui-chi’, algo así)”, sin lograr acertar con su onomatopeya, aunque advertido por todos los azorados testigos.

    Al preguntarle si podría tratarse de un artefacto de manufactura terrestre, Argentina Moreno respondió: “… Puede ser. Se ve que era un elemento material. ¡Podría ser!, es muy factible”.

    Cuando la luz las envolvió, Dora exclamó: ‘¡Hay, me quemaron!’, llevándose las manos al rostro. Argentina se asustó, creyendo que efectivamente la habían quemado y le pidió que retirara sus manos para inspeccionar qué tenía, pero la doméstica se negaba y Argentina debió retirárselas. “Entonces le pregunté: ‘¿Me mirás bien, me mirás a mí, sí?, ¿pues qué te pasa?’ ‘Nada’, me responde. ¡Es que el calor le hizo asustar! Se ve que la luz daba mucho calor. Cuando ellos enfocaban se nota que esa luz producía un calor impresionante”. Esto parece haber sido corroborado por su hermana Yolanda. Argentina también afirma que Dora no fue tumbada por la luz, ni tampoco atendida en el hospital por presuntas quemaduras, como indica una versión, aunque había quedado vivamente impresionada.

    En esas circunstancias, ninguno de los perros que solían andar sueltos por los patios, en la galería, ladró. Es más, no recuerda haberlos visto. Pero sí escuchó a un animal (vacuno o caballar) que se inquietó, así como las aves del corral, en particular las gallinas, que se despertaron y empezaron a cacarear cuando desde el aparato más cercano se dirigió un haz de luz blanca, sin bifurcación y de unos dos metros de diámetro, hacia el corral. Cuando retiraron la luz, no se las escuchó más. Fue un haz directo, instantáneo, que se mantuvo un rato alumbrando.

    “Todas lo vimos, porque estuvimos por las ventanas observando a través del vidrio, ¡y no sé de dónde salió que atravesaban las paredes! ¡No!, no es cierto. Nunca las atravesó”.

    RB- Pero, ¿Entonces no se iluminó el interior de la casa, como se dijo?, preguntamos.

    AM- “Ah, por supuesto, se aclaró cuando vimos eso. El haz de luz fue impresionante. Nosotros teníamos las ventanas vidriadas y por ahí estuvimos observando. De a ratos alumbraban. Será para saber si habían…, es cuando resolví que cerraran todo, los postigos. ¡Todo! Pero nunca la luz traspasó las paredes. El calor sí”.

    Después la familia continuó atisbando, y saliendo, pero Argentina se fue a su dormitorio y de a ratos, entreabriendo las ventanas, observaba el fenómeno esperando que se retirara.

    Aunque ese día no había sido caluroso, la temperatura resultó agradable. En cambio, durante el prolongado avistaje –según relata- parece haber sido muy elevada, pues las criaturas estaban transpiradas. Argentina reconoce no haberse percatado por sí misma del aumento térmico, debido a su estado de nervios y temor que la embargaba, pero lo advirtió al ver que los pequeños transpiraban profusamente. Les secaba las cabezas y les mudaba de ropa, cuando sus hermanas exclamaron: ‘¡Bueno, se han ido!’ Les pidió entonces que se quedaran tranquilas, pues ya no tenían porqué temer. Los niños habían dejado de transpirar y continuaron durmiendo apaciblemente. Algo que la testigo no pudo hacer durante una semana después del acontecimiento.

    Desde que vio el reloj hasta que desaparecieron pasaron 40 minutos, aunque supone que pudieron haber estado desde hacía más tiempo. No sabe cómo se alejaron, porque simplemente no los observó, pero pudo comprobar que después “quedó todo tranquilo, nos tranquilizamos todos y así pasó”.

    Una vez que se marcharon, Jolié, Nallibe y Dora decidieron salir en dirección a las vías, notando una suerte de ligera neblina, flotando baja en el lugar y un olor raro en el ambiente. Menos animada, Argentina dispuso permanecer en la casa, al cuidado de sus padres y niños, mientras que en los fondos de la finca, dos familias de peones que habitan allí dicen no haber visto ni escuchado nada.

    “Lo que vi me impactó muchísimo –nos comenta Argentina-, y ahí nació mi curiosidad por saber qué pasa con esto. Y me preocupa mucho. Como yo lo he mirado en ese momento, dije ‘ese aparato está hecho acá, y de alguna potencia’. Cuando lo vi pensé que nos podía pasar algo porque habíamos visto un aparato de alguna potencia extranjera, que nos podría causar daño, a la familia[1]. Eso pensé primero. Después me puse a analizar y cómo esa luz, y cómo el calor, y porqué esa noche estaba tan tenebrosa, y porqué no vinieron otra noche clara. Y así empecé a analizar esas cosas…” También reconoce haber leído por ese entonces de otras experiencias similares ocurridas en el país (por ejemplo, el caso de Monte Maíz, Cba., el 11/12 de ese mismo mes) y en el extranjero.

    “Todos quedamos de acuerdo en no contarlo a nadie –señala-, porque era una cosa muy rara. Mi hermana ‘Porota’ (por Jolié) envió por la mañana un telegrama, alegando que tenía miedo de dormirse. Hizo un telegrama por ferrocarril a mi hermano, el abogado (Antonio), que estaba en Tucumán. El ferrocarril lo pasó –como es su modalidad- de estación en estación. Cuando el telegrama llegó a la ciudad, medio mundo ya conocía la noticia. ¡Mi hermano se enteró antes que le llegara el telegrama a su casa! Supe que iría a tener problemas, y así fue. Además, nunca perdonaré que nuestros maridos, hasta el día de hoy, se mostraran escépticos de lo que vimos”.

    Continuará…


    [1] Deseosa de contárnoslo, agrega: “Si ve el libro de denuncias sobre OVNIs, va a ver el caso de una señora que dice haber sido secuestrada y la dejaron en un cementerio, paraguaya creo que era. ¿Sabe cómo se llama?: Yo me acuerdo por la sigla “A.M.”, y dije Argentina Moreno. ¡Me buscaban a mí, se han equivocado! Bueno, me encierro en la oración”. La testigo se refiere a Adela Martínez de Pascucci, Quilmas (2 julio 1968).


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    May
    19

    TRANCAS, TUCUMÁN: EL INFORME FINAL[1]

    Roberto Enrique Banchs

    El 21 de octubre de 1963, en hora de la tarde, el centro de atracción para el periodismo argentino lo constituía la visita a Buenos Aires de Werner von Braun, genio indiscutible que permitió a los norteamericanos pisar por vez primera la Luna y lanzar naves no tripuladas hacia la inmensidad del espacio. A las 19:30 horas comenzó su conferencia de prensa. Las preguntas de los periodistas llevaron al hombre de ciencia por distintos campos relacionados con su especialidad, hasta que –casi irreverentemente-, se le requirió la opinión sobre los “platos voladores”: “Yo nunca he visto ninguno, aún que las muchas noticias que he leído sobre ellos no me han impresionado tanto como para creer en su existencia…”, sostuvo.

    A menos de dos horas de esas declaraciones y a unos 1,400 kilómetros, en Villa de Trancas, provincia de Tucumán, se producía uno de los hitos más importantes en la historia de los no identificados. Se trataba de un episodio que ha sido considerado como “un caso inatacable (y) una prueba irrefutable” dentro del voluminoso y extraño legajo de los OVNIs. “Quizás –también se ha dicho- uno de los hechos más excepcionales del historial del problema OVNI”, debido a la cantidad y calidad testimonial, la prolongada visualización y el hallazgo de residuos físicos en el área, constituyendo “la más poderosa evidencia” a favor de los fenómenos inusuales. Desde entonces, el caso Trancas se convirtió en “el superclásico de la ufología mundial”.

    El presente informe consiste en un detenido y pormenorizado análisis de la investigación iniciada en septiembre de 1971 y retomada en profundidad en mayo de 1987, a través de numerosísimas entrevistas y cuidadosos diligenciamientos. Para tal propósito, ha sido preciso confrontar los testimonios actuales con los ofrecidos en aquella época, a través de la primera versión ofrecida por los periodistas de La Gaceta, de Tucumán, Arturo Álvarez Sosa y Ventura Murga, seguida por las del escritor Eduardo A. Azcuy unos días después, el capitán de fragata Omar R. Pagani al año siguiente, y la de Oscar A. Galíndez lograda a siete años de producido el episodio.

    Asimismo recurrimos a documentos no susceptibles a deformación alguna, como los registros meteorológicos que nos suministró para esa hora y lugar la Fuerza Aérea, el informe del análisis químico de la Universidad de Tucumán, la compulsa histórica de los diarios de la época referidos a acontecimientos simultáneos a la observación de Trancas, especificaciones técnicas de la Secretaría de Guerra, y otros de carácter objetivo. Todo esto para disponer de datos confiables y fácilmente verificables.

    Habida cuenta del inesperado giro que deparó la investigación, procedimos a publicar algunos artículos preliminares en Italia, España y Argentina[2]. Previendo que su contenido iría a generar una agitada polémica, el italiano Pier L. Sani señaló: “Los iluminados de siempre amarán creer, de salvar a cualquier costo el ‘misterio’ de Trancas”, mientras que el belga Wim van Utrecht nos advierte: “Los soñadores no estarán contentos con sus hallazgos, pero para un investigador serio sólo la verdad importa (…); noto que los ufologistas parecieran tener mayor dificultad en aceptar una explicación, que una vocinglería sensacional”. Los acontecimientos lo demostraron.

    UNA SÍNTESIS DEL CASO TRANCAS

    El lunes 21 de octubre de 1963, Argentina (28) y Jolié (21) Moreno llegaron con sus pequeños hijos Victoria, Nancy y Guillermo, de Rosario, provincia de Santa Fe –donde residían- a San Miguel de Tucumán, y de ahí hasta la finca “Santa Teresa” en Villa de Trancas, donde se reunirían con sus padres, Antonio (72) y Teresa (63), y su otra hermana, Yolanda (30). Un motivo de esta visita era que sus maridos, ambos oficiales del ejército, debían participar en unas importantes maniobras militares previstas para esos días, y en la madrugada partirían en tren desde Tucumán a Salta, pasando por Trancas.

    Cenaron muy temprano y exhaustos por el viaje, todos se fueron a descansar a sus habitaciones. Cerca de las 21 horas, la doméstica Dora Guzmán (15), que se hallaba en los fondos de la vivienda, aparece una y otra vez insistiendo en que veía luces sobre el terraplén del ferrocarril, situado a 200 metros al frente de la finca. Los padres dormían, mientras que Argentina seguía atenta a su lectura, Jolié le restó importancia –pues debía darle el biberón a Guillermo, de 4 meses-, y Yolanda (Nallibe) al escucharla pensó que sería un ómnibus. Finalmente, persuade a las hermanas para verificar las ‘luces raras’ que estaba viendo. Se trataba de un conjunto de cinco luces, distantes entre sí a no menos de 100 m, tres al frente y dos un poco más al norte (noreste). Se encendían y apagaban con cierta intermitencia, arrojando haces lumínicos en distintas direcciones, iluminando incluso la finca (vivienda, gallinero). No tenían forma discernible, presentando el aspecto de focos de luz. Las asustadas mujeres sospecharon que podría tratarse de un accidente ferroviario (es frecuente que el tren se lleve por delante algún vacuno), o que podría ser una escuadrilla de operarios reparando las vías, pues a unos 500 m, o más, hacia el norte, visualizaron unas siluetas humanas desplazándose en torno a los reflectores.

    El temor fue mayúsculo cuando Yolanda arriesga la posibilidad que podrían ser guerrilleros haciendo un sabotaje (levantando las vías, o colocando una bomba), recordando los episodios de la incipiente guerrilla rural de Taco Ralo, al sur de Tucumán, hacia fines de 1962. Es que los maridos de Argentina y Jolié pasarían por allí en cuestión de horas en un tren militar y, además, ellas se encontraban solas, su padre enfermo y sus pequeños hijos desprotegidos. En busca de otra explicación, una de las hermanas recordó haber leído que en varias partes del mundo se habían visto platos voladores, y especialmente el caso del camionero Douglas (quien días antes –en Monte Maíz- había visto un aparato con varios seres que lo habrían quemado con un fino haz de luz), sugiriendo la posibilidad que fueran esas naves.

    Entre corridas y encierros, decidieron salir para observar mejor, cuando ven una tenue luminosidad verdosa y pensando que era la camioneta conducida por un peón que trabaja en la finca, van hacia la tranquera.

    De pronto, a unos 8 metros de ellas, se encendió una luz que las encandiló, pudiendo notar por un instante, que había un aparato de unos 8 x 3 m, provisto de una torreta, y con gajos y grandes remaches dispuestos en su superficie. El impacto fue tal, que Yolanda trastabilló, tropezó, y en segundos estaban refugiadas nuevamente en la casa. La doméstica, de 15 años, entró exclamando que la habían quemado, pero Argentina y Yolanda comprobaron que sólo estaba asustada. A estas alturas todos estaban levantados. El padre intentando salir, era retenido presa de nervios por sus hijas, pues se hallaba enfermo. Con las puertas trancadas, desde la ventana (los postigos cerrados y por veces entreabiertos), atisbaban el fenómeno. Una de las jóvenes mujeres creyó que los haces de luz atravesaban las paredes, pero otra sostuvo que lo hacían a través de las rendijas. La misma creyó que los haces se extendían y retraían a voluntad, pero resultó que por momentos lo hacían a ras del suelo.

    La situación era desesperante. La madre oraba, la doméstica lloraba, las hermanas gritaban y corrían de una habitación a otra, siguiendo las alternativas. Los testigos notaron el ambiente pesado, caluroso. Ese objeto más cercano (‘F’) emitía un ruido de máquina en funcionamiento, pero ya sólo veían de él un espeso y creciente vapor y unas luces, que parecían recortar seis ventanas, impidiéndoles apreciar si se hallaba suspendido a corta altura o posado en tierra (con posterioridad se encontraron allí los vegetales presuntamente aplastados).

    Transcurrieron 40 minutos, hasta que el objeto ‘F’ –que parecía comandar las acciones- se desplazó hacia el este y los demás siempre en forma rasante hicieron lo mismo, hasta desaparecer en dirección de las Sierras de Medina, distantes a 20-25 Km.

    Luego, corrieron hacia los vecinos para enterarlos del acontecimiento, pero son muy pocos los que vieron algo. El vecino lindero Francisco Tropiano alcanzó a ver pasadas las 22 muy iluminado el sector este del lugar, al frente de su finca.

    Nadie durmió esa noche en lo de Moreno. Por la mañana Jolié fue a la estación ferroviaria rogando enviar un telegrama a su hermano Antonio (h), que vive en S.M. de Tucumán, a raíz del episodio. Cuando este recibió el mensaje –debido al procedimiento-, ya lo sabía gran cantidad de personas. Incluido el periodismo, que pronto se hizo presente. Luego, se solicitó la intervención de la policía, labrando un acta, custodiando el lugar durante días sin novedades, y requiriendo al Instituto de Ingeniería Química de la Universidad de Tucumán que examinara el polvillo blanco hallado en el sitio donde fueron observadas las luces, resultando ser carbonato de calcio con impurezas de carbonato de potasio.

    Hasta aquí, una apretada síntesis del clamoroso encuentro. A fin de dar precisión al episodio, seguidamente, incluimos las respectivas versiones de las hermanas Moreno.

    TESTIMONIO DE JOLIÉ DEL VALLE MORENO DE COLOTTI:

    Nació: Trancas, provincia de Tucumán, 17 abril 1940.

    Estudios: Secundarios en el Colegio Sagrado Corazón hasta 3er. Año, luego Liceo de Señoritas R. Escalada de S.M.

    Jolié había decidido con su hermana Argentina ir a descansar unos días al campo, a la finca ‘Santa Teresa’, que sus padres poseen en la localidad tucumana de Trancas, al norte de la provincia. Así que viajó desde Rosario, SF, donde estaba residiendo, junto con su hermana, los dos pequeños hijos de ésta y el suyo, Guillermo, de apenas cuatro meses. Arribaron a S.M. de Tucumán el día 21, y desde allí se trasladaron en automóvil, en compañía de sus padres –Antonio Moreno (72) y Teresa Kairuz de Moreno (63)- a la citada finca.

    Al atardecer no les fue posible poner en funcionamiento el equipo de luz, pues el motor a gasoil del tambo (instalado cinco años antes) se encontraba averiado, y ninguna conocía el sistema. Cenaron temprano y se fueron a descansar, después de un día agotador, cada uno con su lámpara para leer un rato antes de dormir. Sin embargo, Jolié debía quedar despierta porque su hijo tenía que tomar el biberón a las 21 horas.

    Momentos después, aparece la mucama Dora Guzmán diciendo que no iría a lavar la vajilla esa noche porque tenía miedo. Su otra hermana, Yolanda (Nallibe Moreno), le inquiere cómo era posible si se ha criado en el campo, a lo que Dora le replica afirmando que hay luces raras. Pero nadie le dio importancia. Unos 20 minutos después regresó decidida a dejar la cocina como estaba y manifestando su deseo de irse a dormir a las habitaciones de las hermanas Moreno, porque tenía miedo. En tales circunstancias, Jolié opta por salir a ver qué pasa, pero nada ocurre. De modo que entra a la vivienda, prepara y le da el biberón a su bebé, quien continúa durmiendo. Al momento Dora retorna desesperada, expresando que las luces eran ahora mucho más intensas. Nuevamente se levantó tomando un abrigo con la intención de permanecer un rato fuera y ver qué ocurría en las vías del ferrocarril, las cuales estaban rodeadas de moreras y gran cantidad de arbustos.

    Era una noche algo fresca y sumamente oscura. No veía nada inusual, cuando de pronto advierte sobre las vías como un tubo de luz fluorescente por donde transitan “personas”. A la distancia sólo nota las siluetas de gente que camina, siluetas de semejanza humana. Diez o veinte. “Parecía gente que caminaba a paso normal, simplemente. Era como ver gente maniobrando en algo, caminando, a 200 metros, justo al frente, como si se desplazara dentro de la luz; se veían siluetas nada más”, afirma Jolié.

    Piensa de inmediato que esas eran las luces vistas por Dora, pero la doméstica le expresa que había visto otras. “No, esa es la cuadrilla del ferrocarril –le responde Jolié-, debe ser que alguna vaca que atropelló el tren esté siendo sacad de las vías”.

    Creyendo una cosa así, regresan a la casa y le comenta a Yolanda la novedad, quien desea salir muy dispuesta a unírseles y comprobar lo que ocurría. Yolanda se ve entonces sorprendida por la potencia de la luz de la supuesta cuadrilla del ferrocarril, pero resuelve regresar en silencio, pues sus padres dormían, y pedirle a Argentina que cuidara de su niño, porque querían ir hasta las vías pensando que se trataba de un accidente.

    Argentina les ruega que no vayan, convencida que se trata de un sabotaje y que estarían colocando algún explosivo en las vías. A raíz de ello, Yolanda (Nallibe) sacó un Colt 38 que tenía debajo de la cama y una linterna, saliendo al patio con la intención de dirigirse por el camino de acceso a la finca, donde hay un portón.

    Cuando las tres se fueron aproximando, notaron una luz verdosa que pensaron se trataría de la luz de posición de la camioneta pick-up que tenía la familia, conducida por un peón, Huanta, y que empleaba para llevar los elementos rurales al pueblo. Dora dice: “Ahí está Huanta, le voy a abrir el portón”. Casi al decir eso, estaban sobre la tranquera. Nallibe enciende la linterna en dirección a la misma para abrirla, cuando advierten que la camioneta no era tal. La respuesta que se obtiene al pulsar la linterna es un haz de luz, que supone sería sólido, porque tiene la sensación que las voltea como un chorro de agua, arrojándolas al suelo. La doméstica, que estaba más adelantada dispuesta a abrir la tranquera, o portón, siente repentinamente una quemazón en el rostro.

    Jolié señala: “Nosotras lo único que alcanzamos a ver en ese momento fue la parte de arriba del aparato, metálico, con gajos remachados, dándome la impresión que era un remache hecho por el hombre, es decir, por las manos humanas. Y de abajo no se podía ver absolutamente nada porque salía niebla, como un humo”.

    El aparato descrito por Jolié daba la sensación de balancearse casi a ras del suelo, aunque no se veía nada debido a la abundante niebla, tanta que impregnaron los árboles de un fino polvillo.

    Más adelante insiste: “Tenía 6 gajos y 6 tirantes. Esa fue mi primera impresión. Hecho por la mano del hombre. Los distinguimos cuando encendimos la luz. Después lo vimos más. En esa fracción de segundos fue cuando vimos los gajos”.

    La reacción de las mujeres no se hizo esperar. Salieron corriendo, introduciéndose en la casa donde estaba Argentina, la segundogénita, quien a los gritos alertó estar rodeados de ‘platos voladores’. Fue entonces cuando desde el interior pudieron notar en el aparato una suerte de serpentina de colores (verde, anaranjado, rojo), a modo de muchas ventanillas, girando velozmente. La testigo calcula que tendría unos 8 o 10 m de diámetro con forma de sopera invertida, aunque lo único que se veía eran las luces y la niebla.

    Siguiendo el relato de Jolié, este aparato estuvo allí lanzando haces de luz hacia la casa, sin darse cuenta cómo las lámparas que tenían encendidas iluminaron con tanta intensidad el interior de la vivienda. “Todos los objetos tenían su haz de luz, todos iluminaban como si fueran reflectores que necesitaban analizar la casa como si una inteligencia los estuviera dirigiendo”, a decir de Jolié.

    Otro detalle observado a través de la ventana es que de los aparatos que estaban sobre las vías, fueron lanzadas dos luces por el camino de acceso a la casa, como inspeccionando las tejas. El carácter de las luces era cilíndrico y paralelo, sin penumbras. Fue avanzando hacia la casa, demorando en llegar. “Era una luz dirigida por seres inteligentes, como si una gran ‘aspirina’ avanzara y llegara hasta cierto lugar. Yo llegué a tocarla y querer tomarla, porque era como un tubo”, pero se replegó en ese momento sin sentir nada en especial.

    La testigo no puede precisar la cantidad de tubos de luz que salía de cada objeto, que están presenciando. Estaba desesperada y sus hijas, aterradas, corrían por las habitaciones. La desesperación del padre, Antonio, por querer abrir la puerta y lanzarse hacia uno de los aparatos, pese a su robustez, era impedida por su familia.

    Cuando se puso en movimiento la máquina que se hallaba en el jardín, a pocos metros de la casa, en la oscuridad, lanzó un haz de luz que hizo un giro de 180 grados, dando la impresión de haber sido “una señal de ajuste de cinco aparatos que estaban sobre la vía”.

    El pequeño ‘Güilli’ y los niños de Argentina habían transpirado profusamente, sin despertarse. Hacía un calor insoportable dentro de la casa.

    Se percibía un leve zumbido, pero con el barullo y la desesperación, no se escuchaba.

    Luego de aquel giro del haz luminoso, empezaron a desplazarse todos juntos. “Se alejaron –dice Jolié- respetando los accidentes del terreno, su geografía, en forma rasante”, hasta perderse hacia las Sierras de Medina, situadas al frente de la finca, quedando un fuerte resplandor en el cielo.

    Como las Sierras son muy altas –deduce-, han tenido que elevarse para sobrepasar esa zona, pero siempre en vuelo rasante.

    En ese momento, detrás de la casa, hacia la zona donde hay montes (esto es, en dirección aproximada a San Pedro de Colalao), salió otro aparato más que no había visto hasta entonces, alejándose por un camino