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CENTELLAS (1)

Aprovechamos la reciente liberación del estudio oficial de los ovnis realizado por el Miniterio de Defensa (MoD) británico, el llamado Reporte Condign, para volver a subir a la red nuestro trabajo sobre lo que hemos llamado «ovnis naturales». Fenómenos de la naturaleza que son fàcilmente confundidos con «naves de otros mundos». Precisamente el informe Codign menciona que los «rayos en bola» son un fuerte candidato para explicar una buena cantidad de reportes ovni. Pero, ¿qué son los los relámpagos en bola? En esta serie de 3 artículos (mas un caso clásico ocurrido en México) trataremos de desmenuzar las características físicas de las Centellas. Éste último es el nombre correcto y el que utilizaremos a lo largo de la serie. Los tres primeros artículos son bastante técnicos, lo advertimos, por lo que no creemos que vayan a ser leídos por los fanáticos de los ovnis, lo que será realmente lamentable. Pero los que se arriesguen a leerlo (no se preocupen, no haremos exámen al final de la serie), podrán ver que el MoD inglés no está tan alejado de la verdad.

CENTELLAS O RAYOS EN BOLA


“No niego que el fenómeno de las centellas pueda aparecer en la atmósfera; pero no tiene nada que ver con las descargas de la electricidad ordinaria, ni están relacionadas con los relámpagos o la electricidad atmosférica”.

Michael Faraday

Existe un fenómeno en la naturaleza muy poco conocido, al cual se le ha dado el nombre de Centella. Las centellas son esferas luminosas tan brillantes como las lámparas fluorescentes. El tamaño de las esferas varía de algunos centímetros a varios metros de diámetro. Pueden tomar cualquier coloración, aunque el violeta y el verde son muy raros. El fenómeno toma cuerpo en condiciones especiales y su materialización es instantánea. Algunas veces parece que el destello es continuo y, otras, intermitente. Las centellas pueden viajar paralelamente a lo largo de un conductor, cerca de una sustancia aislante, o en el seno mismo del aire. El fenómeno puede durar de unos cuantos segundos a varios minutos. Algunas centellas se desvanecen poco a poco y otras desaparecen abruptamente y, en ocasiones, explotan.

En este capítulo queremos hacer una breve descripción del fenómeno de las centellas, aclarando que se hará un estudio más completo en otra monografía.

Comencemos con la descripción de sus propiedades físicas tales como:

Forma, estructura y tamaño.

Color.

Olor.

Calor.

Sonido.

Movimientos.

Duración.

Decaimiento.

Densidad.

Radiación.

Campo magnético.

Energía.

FORMA, ESTRUCTURA Y TAMAÑO

Pueden adoptar diversas formas: esférica, oval, cilíndrica, lágrima, anillo…

De acuerdo con Stanley Singer (1), del 10% al 20% no son esféricas. Se han visto algunas en forma de anillos, otras, con un halo o corona azul que se extiende desde el centro emitiendo, a veces, chispas y rayos.

Las más grandes son cilíndricas, aunque son las menos reportadas. La razón de su longitud a su diámetro es por lo general de 2 a 1, siendo 15 centímetros un diámetro bastante común (es decir, cilindros de 30 centímetros de largo por 15 de diámetro), aunque se han dado reportes de cilindros de más de 100 metros de largo.

Las centellas en forma de lágrima son por lo general de menos de 20 centímetros.

Según los datos de W. Brand (2), H. Norinder (3), J. R. McNally (4) y W. D. Rayle (5), quienes estudiaron colecciones de informes de centellas (37, 156, 447 y 98 casos respectivamente), se encuentra que el diámetro promedio de estas es de: 15, 25, 35 y 55 centímetros respectivamente. Sus datos están graficados en la figura 1.

Parece ser que mientras más recientes son los estudios en este sentido, mayor es el diámetro promedio reportado, lo cual resulta sintomático. Si efectuamos un promedio ponderado con estos resultados obtenemos un diámetro promedio de 35 centímetros (de 30 a 40 centímetros para darlo en términos de un intervalo de confianza al 95%).

Por su parte Singer da un intervalo de 10 a 100 centímetros, aclarando que existen reportes de esferas de medio centímetro y otros de más de 10 metros. Ion Hobana y Julien Weverbergh (6), por ejemplo, reportan esferas de 2.7 metros de diámetro.

Siguiendo a James Barry Dale (7) existen tres tipos de estructura:

Sólida.

Rotante.

De flama.

La estructura sólida posee una superficie mate o reflectora, o un núcleo sólido con envoltura traslúcida. Tiene un color verde o violeta y un diámetro entre 30 y 50 centímetros.

La estructura rotante posee una combinación de colores. Generalmente presenta un color interno brillante con polos de un color más oscuro o una envoltura traslúcida.

Estructura en flama. Se presenta más frecuentemente con las formas esférica y oval. Tiene un diámetro menor de 40 centímetros y un diámetro mayor de más de un metro. Sus colores son el rojo o rojo-amarillo.

COLOR

Los investigadores no se han puesto de acuerdo en cuanto a los colores predominantes, pues mientras unos afirman que el rojo y el naranja son los más frecuentes, otros, dicen que lo son el amarillo, blanco, verde, rojo y violeta.

Los colores púrpura y violeta se asocian generalmente a la forma cilíndrica.

Para Barry (7) el 60% de los casos son rojo o rojo-amarillo, el 15% amarillos, y menos del 2% azules, en contradicción con lo reportado por Brand en 1923 y E. Mathias en 1934 (8-10).

Sólo el 1% de los observadores reportaron un cambio de color, y este cambio fue de tres tipos: de rojo a blanco; de violeta a blanco; y de amarillo a blanco.

Parece ser que el color está relacionado con trazas de algún elemento o compuesto en la atmósfera, tal como lo apunta Barry (11), J. R. Powell y D. Finkelstein (12) y Paul A. Silberg (13).

OLOR

Los olores reportados son de lo más variado, pero siempre, desagradables; lo que probablemente haya contribuido a relacionar las centellas con los fenómenos diabólicos.

Los olores más frecuentes reportados son: ozono, azufre encendido, óxido nítrico, dióxido de nitrógeno, a “huevos podridos” y ácido sulfúrico.

Rayle calcula que sólo el 25% de los observadores ha reportado olores asociados a las centellas, pero, considerando que sólo el 50% de los observadores han estado a menos de 15 metros concluye que todas las centellas van acompañadas de olor.

CALOR

De acuerdo con Barry sólo un pequeño porcentaje de los observadores reportan emisión de calor, fuego y otros daños resultantes de la proximidad de la centella. Esto también podría deberse a la lejanía del observador respecto a la centella. Sin embargo, Singer afirma que las centellas que desaparecen sin explosión irradian intenso calor.

Mientras los investigadores rusos estiman que una centella amarilla posee una temperatura de 14,000 °K, otros dicen que es de 4,000 °K. De la ley de Wein se infieren temperaturas de 4,000 a 5,000 °K. Aún más, se han considerado temperaturas de sólo 200 °C.

Relacionando la radiación emitida por un cuerpo negro con el color observado en las centellas tenemos que la temperatura de estas puede obtenerse de la ecuación de Planck.

dIυ = 2πh _____υ3dυ____

………..c2……exp (hυ/kT) – 1

donde:

υ, es la frecuencia en Hz

h, la constante de Planck (6.625 x 10-34 J/seg)

c, la velocidad de la luz en el vacío (2.99793 x 1010 cm/seg)

k, la constante de Boltzman (1,38 x 10-23 J/°K)

T, la temperatura absoluta en °K

La longitud de onda a la cual el cuerpo negro emite la máxima potencia por unidad de longitud de onda está dada por:

λmaxT = 2898 x 10-4 cm °K

Para una centella azul (λmax = 4,700 Å = 4.7 x 10-5 cm):

T = 2898 x 10-4 = 6,166 °K

…….4700

Para una centella amarilla λmax = 5,800 Å

T = 4,997 °K

Para una centella roja λmax = 6,300 Å

T = 4,600 °K

Para una centella blanca T = 10,000 °K

Sin embargo, esto no es necesariamente cierto ya que pueden existir otros mecanismos como la bioluminiscencia o la quimiluminiscencia que pueden producir cierta luz con determinada longitud de onda y sin embargo no seguir la ley de Planck.

SONIDO

También existen contradicciones con este parámetro, pues mientras algunos autores (Singer) afirman que la mayoría de ellas desaparecen con explosión, otros dicen que son silentes.

Nuevamente Rayle calcula que sólo el 25% de los observadores reportan sonido, pero su explicación –nuevamente- es la lejanía de las centellas.

Al parecer producen un sonido característico parecido al zumbido de las abejas.

MOVIMIENTOS

Existen diferentes tipos de movimientos:

  1. Nube a nube.
  2. Nube a tierra.
  3. Tierra a nube.
  4. Trayectoria horizontal cerca o sobre la tierra.
  5. Trayectoria espiral y al azar sobre la tierra.
  6. Sin movimiento, estacionario sobre la tierra.

Algunos autores han supuesto que estos movimientos se deben a efectos del viento, sin embargo G. H. Brown (14) reportó una esfera que se mantuvo sin moverse en una región con viento, mientras que T. Browne (15) informó de una centella que se movía lentamente contra una suave brisa.

Silberg (16) reporta una rápida rotación de las esferas sobre su eje, lo que contrasta con su velocidad de traslación de unos 2 metros por segundo o menos. Poseen una velocidad de 1 o 2 metros por segundo cuando se mueven horizontalmente sobre la superficie del terreno, pero esta velocidad aumenta cuando caen desde las nubes. Según Habana y Weverberg se pueden mover a varios cientos de kilómetros por hora. R. A. Leonor (17) afirma que pueden alcanzar una velocidad de 100 kilómetros por hora.

DURACIÓN

En promedio su tiempo de vida es de 5 a 10 segundos, aunque existen reportes de centellas que han durado 80 segundos (18-20), 9 minutos (21-27) y 15 minutos reportados por Brand.

Las centellas cuyo tiempo de vida es mayor, al parecer, están relacionadas con los fenómenos sin movimiento y son de color azul o azul-blanco.

DECAIMIENTO

Existen dos modos de decaimiento o desaparición: explosiva y silente.

De acuerdo con Powell y Finkelstein la desaparición explosiva es la más frecuente. Cerca del 80% de las rojas y el 90% de las amarillas decaen en forma explosiva. Algunos testigos reportan un repentino cambio de color antes de la explosión. No obstante, en la mayor parte de las veces, los alrededores no se ven dañados por la explosión, por lo que se cree que en realidad implotan.

El modo silente está asociado con un decremento en la brillantez y diámetro de la centella.

Sólo un pequeño porcentaje de los observadores menciona un residuo encontrado después de la explosión. Algunas centellas, al desaparecer, dejan estelas de humo. G. Winchester (28) menciona un residuo parecido a la niebla o al humo. G. I. Kogan-Beletskii (29) informa de un alquitrán como residuo, y B. V. Davidov (30) menciona residuos de hollín.

Se han encontrado otros residuos similares a los “hilos de la virgen”, que desaparecen rápidamente.

DENSIDAD

Aunque no existe una medida exacta ni precisa de las centellas, los movimientos descendentes sugieren una mayor densidad que la del aire (1.29 x 10-3 g/cc) y las ascendentes una mayor densidad. Esto no significa que tengan la misma composición que el aire.

RADIACIÓN

Como veremos posteriormente, algunos autores han propuesto una explicación de naturaleza nuclear (M. D. Altschuler, L. L. House & E. Hildner -31-). Se han supuesto varias reacciones que involucran a los núcleos O16, O15, N14 y F17, mas la producción de p+, e y rayos gamma de una energía de aproximadamente 0.5 MeV, por lo que, como dicen E. R. Hill y F. D. Sowby (32), pueden producir unos 325 rad/seg a una distancia de unos 2 metros y, por lo tanto, la muerte de un ser humano que se encuentre a esa distancia.

Otro aspecto es la radiación luminosa. Un parámetro crítico para cualquier teoría que trate de explicar las características de las centellas, es la eficiencia luminosa del modelo o la entrada de potencia por lumen de salida de luz visible. Para una esfera de gas caliente cuya radiación sea de origen térmico, se requiere una entrada de miles de watts para poder explicar la apariencia brillante de la esfera a la luz del día. Se han efectuado experimentos con oxígeno y nitrógeno que permiten descargas de una eficiencia luminosa anormalmente grande y un resplandor electroluminiscente persistente. Estos experimentos son posteriores a los estadios de Rayleigh del “Nitrógeno activo”. A partir de estos experimentos se concluye que la sustancia más probable en la composición de las centellas es el aire electroluminiscente y que una potencia de entrada de varios cientos de watts mantendría el brillo a niveles observables más allá de una vida media normal de 0.5 a 1 segundos.

¿De dónde proviene esta potencia? Se cree que es suficiente un campo crítico de entre 1 y 2 KV/cm para reaprovisionar el decaimiento de la excitación metaestable. Cuando el campo atmosférico decae, las fuerzas electrodinámicas en la esfera son tales que podrían explicar su comportamiento dinámico que se le ha observado.

Los pie de foto en las ilustraciones del clip son:

Una de las primeras representaciones gráficas de una centella.

El caso de una centella que entró por la chimenea, reportado por Camilo Flammarion en Les victimes de la foudre et ses caprices, Boll. Soc. Astron. Fr., Vol. 13, 1899, Pág. 145.

Una de las ilustraciones más famosas de centellas. Un caso ocurrido dentro de un granero en Salagnac, Francia. Grabado de W. de Fonvielle. De Camilo Flammarion, La atmósfera, Tomo Segundo, Montaner y Simón, Editores, Barcelona, 1902.

Grabado sobre madera “Globe of fire descending in to a room”. De G. Hartwig, The Aerial World, London, 1886, Pág. 267.

Grabado sobre madera de Pojet ilustrando el caso de la irrupción de una centella al interior de una casa.

La muerte de Richmann. En 1753, en San Petersburg, mientras probaba un aparato para medir la electrificación de las nubes de tormenta, el Dr. Richmann y su ayudante fueron alcanzados por una centella. El primero murió. De Figuier L., Les grandes inventions, Paris, 1870.

Gráfica de los caprichosos movimientos de una centella. Del cielo cayó al suelo y se dividió en dos: cada una de ellas entró por un polo de la chimenea. La primera bajó hasta el primer piso y explotó. La segunda salió en la recámara en donde se encontraba un niño y su padre. Hizo un hoyo en el piso para pasar a un cuarto que se usaba para guardar borregos. Mató a cinco de ellos. Salió por la puerta sin dañar al hijo del pastor.

Dibujo de la centella vista en Oberbayern. De F. Geist, Eine Kugelblitzbeobachtung in Oberbayern, Umschau, Vol. 49, 1949, Pág. 255.

Dibujo del relámpago en forma de rosario que vio M. Toepler en Dresden en 1916. De Wolf F., Das Gewitter und seine Entlandungs-formen. II. Teil: Kugelblitz and Perlschnurblitz, Die Naturwissenschaften, Vol. 31, 1943, Pág. 215.

F. Scheminzky tomó esta fotografía de un relámpago en rosario, en 1933. Las flechas señalan el inicio y el término del relámpago. De Scheminzky F. & Wolf F., Photographie eines Perlschnurblitzes, Sitzung. Akad. Wiss. Wien, Math.-Maturwiss. Klasse, IIa, Vol. 156, No. 1-2, 1948, Pág. 1.

Dibujo de David Wolf de una observación de centella en 1979.

Dibujo de la observación de una centella en pleno vuelo por Gordon Berry, por Stephen Goodfellow.

Las centellas han llegado hasta nuestros días introduciéndose en los juegos de rol. Aquí una estampa ilustra los atributos de la centella.

Recreación de una centella para un programa de TV.

Esta foto y las siguientes tres provienen del programa Legend, producido por Gekko Film Corp. Y transmitido por la UPN TV del 18 de abril al 22 de agosto de 1995. John de Lancie actúa como Janos Cristoff Bartok, un científico del siglo XIX.

Dibujo de M. Toepler que representa la formación de un relámpago en rosario a partir del de caimiento de un canal anormal bajo una fuerza longitudinal. De M. Toepler, Zur Kenntnis der Gesetze der Bildung von Leuchtmassen (Perlen) bei Perlschnurblits, Meteorol. Zeit., vol. 34 1917, Pág. 225.

Relámpago en rosario que aparente se forma a partir de un relámpago lineal. Foto tomada por D. Roguet y A. Roguet en 1930. De E. Touchet, Éclair en Chapelet, Bull. Soc. Astron. Fr., Vol. 45, 1931, Pág. 84.

Parte de una película en donde aparece un relámpago en rosario. Esta estructura duró 0.3 segundos. De P. Hubert, Tentative pour Observer la Foudre en Boule dans la Voisinage d’Eclairs Declenches Artificiellement, Raport DPH/EP/76/349, 5 Mai 1975, Commissariat á l’Energie Atomique, Service d’Electronique Physique, Centre d’Etudes Nucléaires de Saclay, France.

Parte de una película tomada en los Estados Unidos por el Smithsonian Astrophysical Observatory. A la derecha se puede ver una formación de relámpago en rosario. De R. E. McCrosky, Phenomenology of Bead (?) Loghtining Event, reporte para el Smithsonian Institution Astrophysical Observatory, nov. 1971.

Otro relámpago en rosario filmado por el Smithsonian Astrophysical Observatory. De D. R. Tompkins & P. F. Rodney, Photographic Evidence of Ball Lightning, Terrene Corp., Refugio, Texas, Oct. 1977.

Fotografía tomada en 1965 para el Prairie Meteorite Network del Smithsonian Astrophysical Observatory, por la Universidad de Wyoming. Un rayo de diámetro entre 2 y 4 metros, con una velocidad de 60 a 120 metros por segundo formó un relámpago en rosario. De D. R. Tompkins & P. F. Rodney, Photographic Evidence of Ball Lightning, Terrene Corp., Refugio, Texas, Oct. 1977.

El punto en la parte inferior izquierda es una centella formada durante una tormenta. De O. Merhaut, Eine Bermerkenswerte Blitzaufnahme, Naturwiss., Vol. 32, 1944, Pág. 212.

Relámpago en rosario. De A. Riggenbach-Burckhardt, Perlschnurblitz, Meteorol. Zeit., Vol. 14, 1897, Pág. 62.

El pequeño punto en la parte inferior izquierda de este rayo, se desarrolló como una centella. De G. Bauman, Photographische Aufnahme einer Blitzkugel in Riga, Meteorol. Zeit., Vol. 54, 1937, Pág. 192.

En 1908 R. J. Spickerman fotografió este relámpago en rosario. La mayor parte de los movimientos se deben a la cámara. De Smithsonian Institution Press from Smithsonian Miscellaneous Collections, Vol. 92, No. 12, Hodgkins Fund, Remarkable Lightning Photographs, C. G. Abbot, Smithsonian Institution, Washington, D. C., 1934.

Movimiento de una centella. La duplicidad de trazas se debe a los movimientos de la cámara. De D. Muller-Hildebrand, Zur Frage des Kugelblitzes, Elektrie, Vol. 17, No. 7, 1963, Pág. 211.

Relámpago en rosario. De A. Riggenbusch-Buckhardt, Perlschunrblitz, Meteorol. Zeit., Vol. 14, 1897, Pág. 62.

Relámpago en rosario. De R. Seigner, Perlschnurblitz, Wetter und Leben, Vol. 18, 1966, Pág. 54.

Relámpago en rosario dejando una traza sinusoidal. De O. Prochnow, Zur Blitsforschung, Physik. Zeit., Vol. 31, 1930, Pág. 335.

Relámpago en rosario. De A. Schmauss, Perlschnurblitz, Meteorol. Zeit., Vol. 10, 1909, Pág. 968.

Traza dejada por una centella fotografiada por M. Bird. La mayor parte de los movimientos se deben a que la cámara no estaba fija. De H. Petersen, Ball Lightning, Weather, Vol. 9, 1954, Pág. 73.

Foto de la traza de una centella que no fue observada a simple vista. Se encontraron residuos de hollín en la ventana donde terminó la trayectoria de la centella. De B. Davidov, Redkaia Fotografiia Sharovi Molnii, Priroda, Vol. 47, No. 1, 1958. Pág. 96.

Trayectoria horizontal de una centella. De B. W. Cartwright, Lightning, en Life Magazine, Vol. 3, 1938, Pág. 77.

Este artículo apareció publicado originalmente en Cuadernos de Ufología, No. 7, Segunda Época, Santander, España, enero de 1990, Págs. 4-18. Forma parte de la tesis de maestría para optar por el título en Especialista en Estadística por parte del Instituto de Investigación en Matemáticas Aplicadas y Sistemas, UNAM: Análisis discriminante para una población de fenómenos aéreos anómalos.

Este es el término correcto en español, aunque no es el de mayor uso en la jerga científica internacional. Se conoce también con los nombres de globular lightning, fire ball, ball of fire, lightning ball, ball lightning, electric meteor, foo-fighter, UFO, flying saucer, clipeus ardentes, telum igneum fulmineum, Ignis fulmineus, kugelblitz, blitzkugel, krauts fireballs, klotblixtar, kugelynet, boules de feu, globulaire de feu, foudre spherique, globes de feu, tonnerre en boule, coup de foudre en boule, foudre globulaire, éclair en boule, éclair fulgurant, fulmini globulaire, soucoupe volante, sharovoyi molnii, relámpago globular, globo de fuego, bolas relámpago, relámpago esférico, relámpago en bola, rayo fulgurante, meteoros eléctricos, cazas de fuego, bola de fuego, salamandras, actinios, platillos volantes, OVNIs…

LOS BABILONIOS

La historia que leerán a continuación es un clásico de la antigüedad que muestra los niveles que alcanza la credulidad humana. Hemos querido rescatarla para este blog con el añadido de una semblanza de un personaje al que admiro. La historia apareció en uno de sus libros, que debiera ser de lectura obligatoria para todas las mentes críticas.

Tal vez el primer escéptico mexicano lo fue, a su modo, el sacerdote jesuita Carlos María de Heredia. Nacido en la ciudad de México el 22 de noviembre de 1872 y muerto en la misma ciudad el 23 de marzo de 1951, Su padre era un hombre muy rico que construyó para sus hijos un teatro privado en donde los niños solían representar algunas obritas para la familia. En cierta ocasión llegó de visita el mago americano Herrmann y realizó en el teatro algunos de sus trucos. Carlos María quedó fascinado por la magia que pidió a su padre que contratara al mago para que les enseñara sus trucos. Cuando el espiritismo comenzó a ser popular, él percibió que los mediums no eran más que magos inadaptados, y dedicó gran parte de su tiempo en desenmascarar los así llamados “poderes misteriosos”.

Heredia fue un activo luchador en contra del espiritismo que comenzaba a filtrarse en la sociedad mexicana. El mismo presidente Francisco I. Madero era un espiritista convencido.

Pero el padre Heredia no sólo presentó batalla al espiritismo en su propio país, sino también en los Estados Unidos y en Colombia. Durante la “revolución cristera” fue expulsado del país por el presidente Plutarco Elías Calles. Viajo a Colombia en donde dio clases de química en el colegio San Bartolomé. En la capital, Bogotá, montó y dio varias conferencias en donde mostraba los trucos usados por los espiritistas. Varias de esas conferencias espectáculo las dio en el Teatro Municipal. La más importante fue dada en Palacio en donde estuvieron presentes el presidente Miguel Abadía Méndez y varios ministros.

Heredia era un buen prestidigitador, amigo de Harry Houdini, con quien compartía, además, el gusto de desenmascarar los fraudes espiritistas. Sus conocimientos de ciencias, como la química y la física, así como de la magia, le permitieron resolver muchos de los “enigmas” del espiritismo. Pero el motor detrás de esa guerra en contra del espiritismo no lo era la Ciencia, sino la religión.

Ingresó a la Compañía de Jesús en 1887 y profesó el 2 de febrero de 1906. Fue capellán en Chapultepec. A iniciativa del arzobispo de México, José Mora y del Río, fundó la Asociación de Damas Católicas, en 1912, cuyo propósito era presentar un opción diferente a la YMCA americana. La sociedad fundada por Heredia se dedicó a fundar orfanatorios, escuelas, centros de recreación, escuelas de artes y oficios, casas de regeneración para mujeres y muchas otras actividades regionales.

También viajaría a, y residiría en, los Estados Unidos, en donde realizó muchas giras reproduciendo las “hazañas” de los médiums. Fue profesor en la Universidad de Fordham. Participó en diversos programas de TV desafiando a los espiritistas, y fue el primero en ofrecer una recompensa (de $ 10,000 dólares) a quien demostrara sus presuntas facultades como médium.

Su primer libro fue publicado en los Estados Unidos con un imprimatur de Patritius J. Hayes, D.D, Archiepiscopus Neo-Eborancensis, bajo el título de Spiritism and Common Sense, editado por P. J. Kenedy & Sons, en 1922. Sería la base para su obra más conocida Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, publicada en México en 1931. Obra que llegaría a vender más de 100,000 ejemplares en menos de 10 años, y que sería reeditada en Uruguay, Argentina, España y traducida al inglés y al francés.

Lo mismo que a Carl Sagan, a Carlos María de Heredia le inventaron supuestas conversiones, después de muerto. La historia la cuenta Gutierre Tibón en Ventana al mundo invisible. Protocolos del Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas, publicado originalmente en 1960, es decir, 9 años después de la muerte del sacerdote. Antes de continuar habrá que decir que en la edición de 1960 aparecen como autores el citado Tibón y Alberto Algazi, pero para 1979, sólo es el primero quien aparece en los créditos. Escribe Tibón en la obra citada:

En otoño de 1941, leí en la revista neoyorquina Newsweek un artículo sobre personajes “olvidados”. Junto con Mary Garden y Romain Rolland, mencionaba a Plutarco Elías Calles. Del autor de ‘Juan Cristóba’l decía que vivía en una aldea de la Francia ocupada por los nazis: Vézelay, en Borgoña, y que se dedicaba a estudiar los cuartetos de Beethoven. Del antiguo “Jefe Máximo” de la Revolución Mexicana afirmaba que, a raíz de su regreso a México, después del largo exilio estadounidense, estaba convirtiéndose al catolicismo, por obra de un sacerdote de la Compañía de Jesús: don Carlos María de Heredia. Añadía Newsweek que el renombre universal del jesuita Heredia se debía a su controversia con Sir Arthur Conan Doyle, en que demostró irrebatiblemente al padre de Sherlock Holmes que el espiritismo es un conjunto de trucos y de alucinaciones.

¡El general Calles, promotor de la lucha entre el Estado y la Iglesia, dejaba de ser lobo y se volvía una mansa oveja de la grey cristiana! Me pareció extraordinario. Al encontrarlo, un domingo de ese mismo otoño, en la casa del doctor Abraham Ayala González, le pregunté si la noticia de Newsweek, que entre tanto había sido reproducida por la prensa diaria de México, correspondía a la verdad.

Mi pregunta pareció divertir mucho al general. Carraspeó, me dio una manotada cordial en el hombro, y me dijo algo que me dejó perplejo:

“Confidencialmente, amigo, muy confidencialmente, le digo que hay que invertir los términos. Soy yo quien está convirtiendo al padre Heredia”.

…Pasaron varios años antes de que yo comprendiera la respuesta sibilina que me dio el general Calles, respecto a la conversión, por él provocada, del padre Heredia. Don Plutarco estaba convencido de que el ilustre jesuita había tenido que rendirse a la evidencia, palpando la realidad de los fenómenos, es decir, que había comprobado que no se trata de supercherías ni de alucinaciones. De acuerdo con el general Calles, don Rafael Álvarez y Álvarez invitó al padre Heredia para que asistiera a la sesión del 24 de septiembre de 1941, como invitado de honor. Acudió el sacerdote, y participó en la cadena que formaban, entre otras personas, los generales José María Tapia y José Álvarez y el notario Andrés Ruiz.

…Ahora bien: lo que alegraba al general Calles era que el enemigo acérrimo del espiritismo, el que declaraba que sólo se trataba de truco y superchería, había tenido que firmar el protocolo de la sesión. En efecto, su firma (C. M. De Heredia S. J.) aparece en primer término y da fe de la autenticidad de los fenómenos.

Pero antes de ver qué fue lo que impresionó al sacerdote en esa sesión, veamos cómo se enteró Tibón de la historia. Resulta que fue el propio Rafael Álvarez y Álvarez, fundador del Círculo de Investigaciones Metapsíquicas de México (que el 19 de agosto de 1944 se transformaría en el Instituto Mexicano de Investigaciones Síquicas, A. C.), quien se lo contó. Escribe Gutierre Tibón:

…cuando el jesuita Carlos María de Heredia, después de publicar un libro sobre supercherías que explican los “presuntos” fenómenos del espiritismo, asistió a una sesión de materializaciones del IMIS (México, 1941), pedía al fantasma Amajur que se le acercara, llamándolo con voz entrecortada por la conmoción, “hermanito” (Comunicado de Rafael Álvarez y Álvarez).

En las actas del IMIS podemos leer lo que ocurrió en la sesión del 24 de septiembre de 1941.

Médium: Luis Martínez.

Una sola cadena. 16 personas: Sr. Rafael Álvarez y Álvarez, Sra. Dora M. De Karras, Gral. José Ma. Tapia, Sra. Carolina R. De Álvarez, Dr. Alfonso Rodríguez Franco, Señorita Clotilde Corredor Quijano, Sr. Adalberto González, Sra. Ninfa S. De Álvarez, Sr. G. Karras, Sra. Rosa A. De Farías, Sr. Lorenzo Tapia, Sr. Presbítero de la Compañía de Jesús, Carlos María de Heredia (invitado de honor), Sr. Gral. José Álvarez y Álvarez, Sra. Concepción O. De Tapia, Lic. Andrés Ruiz y Soledad Maldonado de Martínez.

Transcurridos diez minutos se presentaron las primeras manifestaciones, siendo una la que quedó, y después de tocar la campana pendiente del techo, elevó la caja de música, y a petición especial, golpeó la tapa precisamente a la altura de la cabeza del Padre Heredia. A continuación se presentaron varias luces pequeñas que sonaron en el aire los juguetes, algunos de los cuales pendían del techo. Se presentó después la figura del Maestro, quien se mostró con toda claridad al padre Heredia, tocando su cabeza, y vertiendo agua en un vaso, después de saturarla, se la dio a beber. Tocó también a la señora Farías y a otras personas. Llegó enseguida la Hermana María de Jesús, quien se mostró con mucha luz, y después de saludar a varios de los asistentes iluminó su rostro de manera especial ante el padre Heredia; repartió flores entre todos los concurrentes, retirándose para dejar el lugar al Maestro del Castillo, quien se dio a conocer con su seña característica de tres golpes sobre la caja de música. Poco después, muchas pequeñas luces, indicadoras de varios seres, rodearon al Maestro del Castillo, levantando al médium con todo y silla, por los aires, hasta llevarlo y dejarlo en otro extremo de aquel en que estaba colocado. Es la primera vez que se verifica este fenómeno. El Maestro Amajur dejó en poder del P. Heredia un manuscrito que decía: Tu hermano, querido padre, con sus iniciales de siempre.

Y eso fue todo.

Dudo mucho que el padre Heredia, acostumbrado a las sesiones espiritistas, se hubiera impresionado siquiera un poco por esta fantochada. Quien haya leído su libro sobre los fraudes espiritistas estará de acuerdo conmigo. Hay que destacar varios puntos de esta sesión. Es al padre Heredia al único que se le presenta, en el libro de actas, con mucha pompa y ceremonia, como para destacar su presencia, pero eso sólo lo afirma Álvarez y Álvarez, un convencido espiritista. No estuvo presente Gutierre Tibón, por lo que no puede asegurar que el padre Heredia haya asistido a la misma. Es más, casi podríamos asegurar que la historia fue inventada por el espiritista en marras, pero como nosotros tampoco estuvimos ahí, sólo lo dejaremos en sospecha. Lo que sí podemos afirmar es que la firma de Heredia que aparece en las actas del IMIS, no es la misma que utilizaba el sacerdote jesuita. Anexamos copia de la que aparece en el acta de la sesión del 24 de septiembre de 1941, y de la que se encuentra en ejemplar número 721 de Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, que se encuentra en mi biblioteca personal. Saquen sus conclusiones.

Lo que también puedo asegurar es que cuando muera no regresaré a jalarle las patas a Mauricio José Schwarz para que se convierta, ni tripularé ningún plato volador para beneplácito de los ufólogos. Me quedaré pudriendo en el cementerio. Por lo que no se vayan a creer ninguna historia en este sentido cuando yo estire la pata y cuelgue los tenis.

Carlos María de Heredia publicó varios libros:

Heredia Carlos María de, Spiritism and Common Sense, P J Kenedy & Sons. New york, 1922. (Este es el primer libro de Heredia sobre el tema del espiritismo).

Heredia Carlos María de, True Spiritualism, P J Kenedy & Sons, New York, 1924. (Se refiere al cristianismo como el verdadero espiritualismo en contraposición del espiritismo).

Heredia Carlos María de, Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, Imprenta Teresita, México, 1931. (La obra clásica del padre Heredia).

Heredia Carlos María de, Una fuente de energía, Imprenta Teresita, México, 1945. (Cristo es esa fuente de energía).

Heredia Carlos María de, Memorias de un reportero de los tiempos de Cristo. Vol. 1: el que ha de venir, Imprenta Teresita, México, 1947. (Vida novelada de Cristo basada en Ben Hered).

Heredia Carlos María de, The Quest of Ben Hered: memoirs of a reporter in the time of Christ. translators: James T. Weber & Jose M. Alvarez-Tostado, P J Kenedy & Sons, 1952.

Heredia Carlos María de, Memorias de un reportero de los tiempos de Cristo, 2 tomos, Editorial Difusión, Buenos Aires, 1956.

Heredia Carlos María de, Aventuras espiritistas de Sherlock Holmes, Editorial Difusion, Buenos Aires, 1951. 331 p. Contiene: La linterna de Diógenes; Las Manos Blancas; El Desafio (Parte 1. La muerte de Sherlock. Parte 2. El contrabando y las sesiones. Parte 3. El abate Delle Quercie.). (Heredia utiliza al mismo Conan Doyle como personaje de esta novela, mezclándolo con Holmes y Watson).

Heredia Carlos María de, Aventuras Espíritas de Sherlock Holmes, Tradução de Luis Leal Ferreira, Rio de Janeiro, Editora Vozes Ltda., 1949. 311 p. Ilus. (Historietas e Lendas para Pequenos e Grandes, Tomo 4).

Heredia Carlos María de, La leyenda mariana. La vida de Myriam de Nazaret, prólogo a la edición española de José Caballero, Herder, Barcelona, 1988, 743 p. (Tomando de base algunos evangelios apócrifos, Heredia construye la vida novelada de María. Hay una edición de Editorial Difusión publicada a finales de los cincuenta, pero ni ésta ni la edición mexicana han llegado a mis manos).

Navarro Floria Juan G. y Heredia Carlos María de, Régimen jurídico de los religiosos y de los institutos de vida consagrada, 1997. (No he leído esta obra y no estoy seguro que el Heredia, autor de la misma, sea el famoso Carlos María de Heredia).

Heredia también escribió el guión de la película mexicana La Vírgen morena de 1942.

Ya sin otro preámbulo podemos comenzar a leer y disfrutar el primer capítulo de Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, que se titula:

LOS BABILONIOS

Carlos María de Heredia

Mundus vult decipi – “El mundo quiere ser engañado” -dice un antiguo proverbio y por esto, en todas las edades del mundo, ha habido embusteros que han tratado de satisfacer este deseo de las masas.

La Historia nos da cuenta de los grandes engaños de que han sido víctimas las más civilizadas naciones del antiguo y nuevo Continente. Cuando estos engaños han tenido cierto fundamento en “algunos hechos”, la mistificación ha llegado a un grado increíble. Especialmente en el terreno religioso, los grandes embustes han tomado, repetidas veces, dimensiones colosales y amenazadoras.

A esta inclinación de las multitudes debe añadirse que, según nos lo asegura la Sagrada Escritura: “Stultorum infinitus est numerus”. (Eccles, 1-15.) “El número de los necios es infinito”. Así es que el deseo de ser engañados por una parte y la estulticia de innumerables personas por otra, han sido el abono poderosísimo que ha hecho germinar y echar profundas raíces en el corazón humano a la semilla de la decepción, sembrada en abundancia entre el pueblo de los Grandes Embusteros de todos los climas del Planeta.

Cuando el “embuste” se vela con formas religiosas o misteriosas, cuando se hace intervenir como principales agentes de la mistificación a poderes desconocidos o sobrenaturales, entonces aquél arraiga de tal modo en el corazón, que ni la luz clarísima de la verdad desnuda y patente puede arrancarlo del todo de la imaginación popular.

Buen testigo de esta credulidad de las multitudes ha sido, en nuestros días, el famoso Barnum, fundador del Circo Americano. Aunque no había estudiado psicología en las universidades, tenía una práctica mucho mayor que la de cualquier psicólogo; había estudiado aquella ciencia en el innumerable público que asistía a las funciones de su inmenso circo de tres redondeles. Este estudio práctico lo llevó a sacar la misma conclusión –conociérala o no- que miles de años antes nos había legado en sus escritos el inspirado autor del Eclesiastés, sólo que expresó su pensamiento diciendo que: “Every minute a sucker is born”, esto es, que: “cada minuto nace un LOMPO”. El lompo es el tipo de ciertos peces que tienen constantemente el hocico abierto y que tragan cuanto se les pone delante, siendo por esta razón, el símbolo de los tontos, bobos y otras muchas variedades de la extendida familia de los “necios”.

De una “variedad” de éstos haremos aquí especial mención: de los “necios religiosos”, a quienes llamaremos BABILONIOS por las razones que se verán en la historia que vamos a relatar.

Si el lector quiere tomarse el trabajo de abrir el libro de Daniel y leer allí el capítulo XIV, encontrará la verídica historia que vamos a contar a nuestro modo.

Tenían los Babilonios un ídolo llamado Bel, al cual le habían edificado un magnífico templo y a cuyo servicio había dedicados muchos sacerdotes. Los Babilonios tenían profundamente arraigada la creencia de que aquel ídolo de piedra tenía unas tragaderas descomunales y jugo gástrico abundantísimo para digerir cuantos manjares se le ponían delante. Heliogábalo le hubiera tenido envidia. Cada día colocaban los buenos Babilonios, delante del altar de Bel, toda clase de comestibles en extraordinaria abundancia y al día siguiente encontraban los platos limpios. De ello dedujeron los Babilonios que su dios tenía un apetito muy superior al de los pobres mortales y que la expansibilidad de su estómago estaba en razón directa de su divinidad. Y como férvidos creyentes seguían llevándole, cada día, mejor condimentados platitos y en mayor abundancia, sin que la cantidad, que iba creciendo, según crecía la devoción de los Babilonios, pudiera causar el menor trastorno digestivo al dios gastrónomo.

Por aquellos días vivía en Babilonia un profeta judío, hombre de Dios, que tenía mucho conocimiento, no sólo de las Santas Escrituras, sino también del corazón humano y se llamaba Daniel.

Los sacerdotes de Bel, que, aunque vivían en Babilonia, no eran Babilonios, debieron notar (muchos siglos antes que Barnum) que “cada minuto nacía un Babilonio” y se dijeron: “ésta es la nuestra” y usando de una trampa, tan sencilla como disimulada, empezaron a explotar a los Babilonios en su favor; pues ellos eran con sus mujeres e hijos, y no el ídolo de piedra, los que se comían por la noche las ofrendas. El jueguecito les había durado a los ministros del dios por muchos años, saliéndoles siempre bien, pues no solo los Babilonios de la clase pobre y media, sino aun los Babilonios ricos y el mismo rey creían, a pie juntillas, en el milagro de la extraordinaria deglución del ídolo de piedra. Pero he aquí que un día “se encontraron con la horma de sus sandalias”.

El profeta Daniel había observado el mismo HECHO que los Babilonios, pero para explicarlo había formado una HIPÓTESIS distinta de la de ellos. El hecho era que “durante el día”, los fieles llevaban sus ofrendas ante el altar de Bel; el templo se cerraba por la noche “sin que ninguno” pudiera entrar por las macizas puertas; pero al día siguiente, a pesar de esto, “las viandas habían desaparecido”. Sobre este hecho los Babilonios formaban una teoría, basada en el “Deus ex machina”, diciendo: “es un hecho que las viandas quedan sobre el altar y es un hecho que nadie entra en el templo por las puertas. No estando en la noche dentro del recinto más que Bel, es CLARO que Bel es (puesto que los comestibles desaparecen) quien se come los manjares”. La conclusión no podía ser más evidente… para los Babilonios y así no se les ocurrió usar de cualquiera otra hipótesis. Pero no pasó lo mismo con el Profeta Daniel.

Partiendo del principio de que “en el monte está quien el monte quema”, viendo que era un HECHO la desaparición de los comestibles y no siendo posible que un ídolo de piedra se los comiera, dedujo que los sacerdotes eran los que “realmente producían aquel fenómeno inexplicable”. La cuestión era, pues, descubrir COMO entraban o lo que hacían para apoderarse de las ofrendas. Pensó su plan y confiado en Dios, se fue a ver al rey para desengañarlo. Pero para esto se necesitaba más que raciocinios; eran necesarias pruebas. Convino el rey, que estimaba mucho al profeta hebreo, en darle una oportunidad para demostrar su aserto y fue al templo. Después de depositar sobre el altar las ofrendas, el rey y los suyos se dirigieron a la puerta mientras Daniel, con un cedazo lleno de cenizas, esparcía una capa casi imperceptible de esta substancia alrededor del altar. Hecho esto, se juntó con el rey y, mandando éste cerrar las puertas del templo, puso sobre ellas un sello. Al día siguiente temprano, pues el rey estaba ansioso de saber el resultado, fue con Daniel y los suyos al templo, encontrando los sellos intactos. Por allí nadie había podido entrar. Ábrense las puertas, y el rey, al notar que los manjares habían desaparecido, como de costumbre, exclamó: “Grande es Bel…”; pero Daniel lo interrumpió diciendo: “Lleguemos al altar” y procurando que nadie se adelantara, enseñó al monarca, marcadas en la ceniza, las huellas de pies de hombres, mujeres y niños. Siguió la pista y al fin llegó a un lugar donde había una gran losa; levantóla y enseñó al admirado rey de los Babilonios el conducto subterráneo por donde entraban los sacerdotes a comerse los manjares. El rey se enojó muchísimo al caer en la cuenta de que los ministros de Bel le habían estado “tomando el pelo” por un espacio tan prolongado de tiempo y, según lo convenido entregó al profeta el Ídolo para que lo hiciera pedazos y él por su parte, se reservó el castigo de los sacerdotes embusteros. Quedaron estos convictos y confesos, atestiguando que ellos, por aquel conducto subterráneo, entraban todas las noches a comerse los manjares. No había, pues, duda del engaño y así se hizo saber a todo el pueblo. Después de una demostración gráfica, enseñándoles por donde se metían los sacerdotes y sus familias, Daniel tomó el ídolo y lo hizo pedazos, siguiendo poco después la terrible ejecución de los embusteros.

Después de esto, cualquiera creería que los habitantes de aquella grandísima ciudad quedarían agradecidos al profeta y se mostrarían más cautos en adelante, ya que habían sido víctimas tan fáciles de aquellos embusteros; pero no fue esto lo que hicieron, sino que, llenos de indignación, se fueron al rey pidiendo la cabeza del profeta que les había quitado su ídolo y había sido causa de la muerte de los sacerdotes y tal “bola” debieron armar aquellos Babilonios, que el rey, para aplacarlos, mandó meter al santo profeta Daniel en una cueva llena de leones hambrientos, para que lo devoraran, lo cual no sucedió, como sabemos.

REFLEXIONES PSICOLÓGICAS

Cuando una superstición ha arraigado profundamente en el pueblo, la evidencia del engaño no le basta para desarraigarla; es necesario, además, dar a la multitud “algo” que sustituya esa superstición. De lo contrario, se corre el peligro de que quedándose el pueblo “sin nada” quiera tomar venganza de aquel que le arrancó “lo que tenía” (verdadero o falso). Por eso persiguieron los Babilonios a Daniel, quien al descubrir la falsedad de las “tragaderas de Bel” y demostrar hasta la evidencia la culpabilidad de los sacerdotes, consiguiendo que el ídolo fuera destruido y los embusteros sacrificados, “dejó a los Babilonios” sin uno y sin otros. Quedando, pues, los Babilonios “nacidos en el minuto crítico”, sin ocupación religiosa alguna, naturalmente emplearon este tiempo que les sobraba en perseguir a Daniel, que habiéndoles quitado lo que tenían, no les dio bastante ocupación para olvidarse de lo pasado.

Heredia Carlos María de, Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, Imprenta Teresita, Capítulo I, México, 1931, Págs. 3-7.

Decepción i. e. Engaño psicológico.

El juego de palabras se puede extender a: baboso, bobo, tonto, zoquete, menso … y la metáfora del padre Heredia es hoy aplicable a quienes creen en los fenómenos paranormales y/o los OVNIs. (nota LRN)

El Regimiento "abducido" por los ovnis (Final)

LO QUE OCURRIÓ VERDADERAMENTE

Melvin Harris, miembro de la Society for Psychical Research, autor de Strange to relate I y Strange to relate II e ingeniero de la Cadena Nacional de Radio BBC y el World Service, escribió lo siguiente:

“El de Norfolk no era un regimiento, sino un batallón del regimiento de Norfolk. No desapareció en Turquía, permaneció en combate hasta el final de la guerra. Es verdad que una sección del Batallón de Norfolk se perdió durante la operación de desembarco en la Bahía de Suvla, pero esto nada tiene que ver con los platillos volantes ni con nubes misteriosas”.

El regimiento de Norfolk se formó en 1908, como un cuerpo voluntario del ejército. Lo integraban los trabajadores de la finca real de Sandringham. Por eso, el capataz Frank Beck, fue ordenado capitán de ese cuerpo militar. Los oficiales y mandos se distribuyeron entre los mayordomos y jardineros, mientras que la tropa se formó con los mozos y sirvientes. Al iniciar la guerra el regimiento fue reforzado con soldados y oficiales provenientes de la Commonwealth.

El 5° Batallón de Norfolk era parte de una brigada que trató de ocupar las cumbres de Kavak Tepe y Tekke Tepe, el 12 de agosto de 1915, había llegado a Suvla tan sólo dos días atrás. Al mando de este Batallón estaba el coronel Sir Horace Proctor Beauchamp, famoso por su exceso en fumar pipa. A las 16:15 de aquel 12 de agosto Beauchamp pidió sonar los silbatos y ordenó una carga a través de la maleza con el fin de establecer una base en las citadas colinas. Sin embargo, al adentrarse en la maleza se perdió la formación y varios hombres perdieron contacto derivando hacia las líneas británicas. El coronel, junto con 16 oficiales y 250 hombres, no fueron vistos de nuevo.

Harris, que se ha especializado en desenmascarar mitos ufológicos y parapsicológicos, cita una carta de H. W. Nevison que dice:

“No podemos dudar que sus restos yacen en la maleza a los pies de la sombría y ominosa colina; la última esperanza de la bahía Suvla se marchitó con su trágica desaparición”.

Harris cree que algunos hombres del 5° Batallón fueron capturados por los turcos, pero esto era peor que si hubiesen muerto. Los historiadores militares Mayores D. H. Cole y E. C. Priestley probaron que cerca de 5,000 prisioneros tomados en Kut murieron bajo manos turcas debido a la “brutalidad de los turcos quienes trataban a sus propios soldados como a perros, y no tenían misericordia por los prisioneros enfermos y hambrientos”.

Se sabe que el 21 de agosto fue un día desastroso. Amaneció nublado. El campo de batalla estaba cubierto por una neblina perfectamente normal, aunque un poco fuera de estación. En el Final Report of the Dardanelles Comision, Sir Ian Hamilton apuntó:

“Por algún extraño capricho de la naturaleza la bahía Suvla y la planicie fueron cubiertas por una extraña neblina. Esto fue de muy mala suerte ya que no podíamos ver al enemigo. Además, al atardecer el Sol nos cegaba y difícilmente veíamos las líneas enemigas. Deseaba posponer el ataque pero por varias razones esto no fue posible”.

La brigada de la 29ª División se lanzó hacia la Colina 60 y la Colina Scimitar, pero los británicos fueron despedazados por el fuego cruzado del enemigo. La brigada 86 de la 29ª División fue aniquilada.

Harrison cree que los tres zapadores confundieron dos acciones bastante diferentes: la desaparición o captura del 5° Batallón, el 12 de agosto; y la aniquilación de la brigada 86, el 21 de agosto durante una neblina.

Dice Harrison: “No se les puede juzgar a estos viejos soldados debido a fallas en su memoria. Pero a los que no se les puede excusar es a los escritores que hicieron dinero con el cuento sin investigarlo”.

El primer libro en el que leí del asunto fue el de Keel. En 1971 escribí a las supuestas direcciones de los zapadores, en Nueva Zelanda, pero ya sea por mi pésimo inglés o por cualquier otra razón, mis cartas fueron regresadas por el correo indicándome que no existía tal dirección y eran necesarios más datos. También escribí al matrimonio Hinfelaar (Hank y Brenda), quienes editaron Spaceview hasta el número 64 (1972), ya que Victor Harris publicaría el último número, 65, en 1975. Ninguno de ellos se dignó contestar mis cartas pidiendo información de los zapadores. En primera instancia podría suponer que no existieron tales zapadores porque no los pude localizar por correo, pero, “la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”. Siete años después escribí lo siguiente en otra revista ufológica: “Creo que Harrison es demasiado blando en sus juicios. La historia de Reichart está plagada de errores: las fechas son erróneas; confunde los batallones; la ubicación esta equivocada… Pienso que es probable que ni siquiera hayan existido esos tres zapadores y que todo fue una historia inventada para llenar las páginas del Spaceview”.

En 1992 se publicó la novela histórica de Nigel McCrery, quien posteriormente coproduciría la película para la televisión BBC2, basada en el libro sobre el caso. Una crítica magufa de este trabajo se puede encontrar aquí.

En el documental y en el libro se menciona el reporte del reverendo Charles Pierrepoint Edwards, quien había sido capellán de la brigada, y además, había estado comisionado por la propia Reina Alexandra para averiguar el paradero del 5° de Norfolk (recordemos que parte de sus miembros pertenecían a su finca de Sandringham). Edwards afirma que al término de la guerra, un soldado tropezó con una divisa enterrada en la arena de las que se empleaban en las gorras del regimiento. Escarbando un poco descubrió varios cadáveres. Edwards organizó las excavaciones y descubrió los restos de 180 hombres, entre los que se encontraban, por lo menos, 122 de los miembros de su batallón. El cuerpo de Beck se encontraría cuatro años después a menos de 200 metros del primer sitio.

El informe que redacto Edwards y que fue publicado hasta 1969, indicaba que los restos habían sido hallados a unos 800 metros tras las líneas turcas en las ruinas de una antigua granja. Todos los cuerpos presentaban un orificio en el cráneo: se les había dado el tiro de gracia. Es decir, los turcos los habían capturado, pero no los mantuvieron como prisioneros: los ejecutaron y los echaron en una fosa bajo la granja

COLOFON

Años después, en uno de los múltiples programas de Nino Canun, uno de los ufólogos esgrimió el caso como prueba de las abducciones. Yo me quede mirándolo y con compasión verdadera pensé: pobre imbécil, ¿cómo estará la ufología mexicana, si sus expertos no leen las revistas ufológicas? Hacía ya diez años que se conocía la explicación al caso, y éste tipo todavía creía que era algo extraordinario. No hice ningún comentario. No valía la pena. En su lugar vinieron a mi mente las imágenes de la película Gallipoli, de una crudeza desgarradora. ¿Cuántos hombres perdieron la vida? Al imaginar lo que verdaderamente ocurrió en ese lugar comprendí que lo que decía el ufólogo tan sólo eran comentarios de muy mal gusto y lo mejor era olvidarlo.

All The King’s Men, el programa de la BBC que resuelve el misterio del “Regimiento de Norfolk”.

Atatürk.

El mismo Ataturk con algunos de sus soldados en las trincheras.

El coronel Beauchamp de la película de la BBC.

Sir Ian Hamilton conversando con el teniente coronel CMH Doughy Wyllie frente a las costas de Gallípoli.

Foto del área del rododendro y la granja en donde fueron encontrados los cuerpos.

Cuatro panorámicas de Anzac Cove.

Pintura de Frank Corozier, The Beach at Anzac, 1919.

Playa W.

Dead Lodge. Se supone que esta es la famosa colina en donde “desapareció” el “Regimiento de Norfolk”.

Mapa de esa zona de los Dardanelos.

Traslado de los heridos.

Cartel en honor de los caídos en Gallipoli.

Evacuación de las tropas.

Escena de All The King’s Men.

Escudo del regimiento de Norfolk.

Obelisco erigido en recuardo de los caídos en Gallípoli.

El monumento se encuentra en Helles.

Fin

Harris Melvin, Non mystery of the disappearing regiment, Fate, enero de 1982.

Harris Melvin, The marking of a Myth., Fate, mayo de 1981.

Nigel McCrery, Vanished Battalion, Simon & Shuster UK Ltd, London, 1992.

All the King’s men, Documental de BBC2, salió al aire por primera vez el 15 de noviembre de 1991.

Camacho Santiago, La verdadera historia del batallón perdido, Enigmas del hombre y del universo, Año 6, No. 2, pags. 38-43, Madrid, España, 2001.

Dirigida por Peter Weir en 1981.

EL REGIMIENTO "ABDUCIDO" POR UNA NUBE (Primera parte)

EL REGIMIENTO DE NORFOLK

“El almirantazgo preparará para febrero una expedición naval con el objeto de bombardear y tomar la península de Gallípoli, con Constantinopla como meta final”.

Con estas palabras de Winston Churchill, que en ese 1915 era el Primer Lord del Almirantazgo, se iniciaba la desastrosa Campaña de los Dardanelos.

Churchill tenía poca consideración por la eficacia militar de los turcos, pues sus baterías ocupaban posiciones muy visibles y expuestas, y estaban equipadas con armas muy anticuadas. Las defensas intermedias y las interiores consistían en cañones emplazados a lo largo de las costas de Gallípoli y de Asia Menor, reforzadas por baterías móviles que sólo podían causar daños a barcos ligeramente blindados. Los estrechos habían sido minados desde el principio de la guerra.

LOS PREPARATIVOS DE GUERRA

La campaña se encomendó al almirante inglés Carden, quien planeó que la flota silenciara los cañones para permitir que los dragaminas limpiaran los estrechos. Sin embargo, Carden no gozaba de buena salud por lo que fue reemplazado por el contralmirante Robeck.

Se solicitó el apoyo del ejército y se envió al teniente general Birdwood, quien a la sazón mandaba las tropas australiano-neozelandesas o ANZACs (Australian and New Zeland Army Corps) para informar de la situación de los Dardanelos. Se nombró al general Sir Ian Hamilton como Comandante en Jefe de lo que se llamó Fuerza Expedicionaria del Mediterráneo y que constaba, en aquel momento, de unos 70,000 hombres (franceses, británicos y de los Dominios: Australia y Nueva Zelanda).

Hamilton partió el 13 de marzo después de haberse informado superficialmente sobre la zona de operaciones y sobre los turcos. Llegó justo a tiempo para asistir al desastre del 18 de marzo: de un total de 9 acorazados, Robeck perdió 6 (3 fueron hundidos y otros 3 puestos fuera de combate).

Lo que sucedió después fue el resultado directo del modo irreflexivo como los británicos se lanzaron a una difícil operación anfibia. No se había hecho cálculo alguno para saber si se disponía de los recursos que la empresa requería. Hankey escribió: “Hasta el momento no se ha intentado calcular qué fuerzas se requieren. Nos hemos limitado a decir cuántas tropas hay disponibles y que éstas deben ser suficientes”.

Además, el mando estaba dividido: Maxwell mandaba en Egipto, Hamilton tenía el Ejército y Robeck los barcos. La organización era inexistente y las órdenes eran confusas.

El plan de Hamilton para desembarcar en Gallípoli era fantástico y audaz. La 29ª División desembarcaría en cinco pequeñas playas del extremo meridional de la península; los anzacs, más al norte, en la costa occidental, inmediatamente más allá del saliente promontorio de Gapa Tepe, y luego avanzarían tierra adentro hacia la cumbre del Mal Tepe, atalaya de los estrechos. Se fingirían desembarcos en Bulair, en el istmo de la península, para despistar al enemigo, y los franceses harían lo mismo en Besika, frente a la isla de Ténedas. Los franceses también desembarcarían por poco tiempo en Kum Kale, para proteger el desembarco de la 29ª División.

A la defensa de los Dardanelos se encontraba el general alemán Liman von Sanders. Su tarea consistía en defender unos 240 Km de costa con una fuerza total de 84,000 hombres, pero con sólo una fuerza efectiva de 62,000 combatientes. Su ejército carecía de aviación y andaba muy escaso de artillería y equipos.

EL DESASTRE

Tres de los desembarcos británicos en Hellos no encontraron prácticamente oposición. El cuarto tropezó con alguna resistencia, mientras que el quinto, en Sedd-el-Bahr, acabó en catástrofe: fueron acribillados mientras chapoteaban en el agua o seguían sentados en los botes de desembarco.

Los Anzacs desembarcaron en lo que se llamó Anzac Cove (Ensenada de los anzac), un kilómetro y medio al norte de la posición prevista, con cierto desorden, y se encontraron con cantiles y precipicios cubiertos de maleza. Las unidades se entremezclaron y, a media mañana, los turcos habían empezado a contraatacar al mando del coronel Mustafá Kemal Bey, también conocido como Atatürk. Al atardecer los Anzacs habían sido rechazados sufriendo considerables bajas. Birdwood aconsejó la evacuación, mientras que Hamilton ordenó resistir.

El fracaso de la operación (más de 36,000 bajas, 27,000 de ellas por muerte, de un total de 70,000) produjo como consecuencia la destitución de Churchill. Pasarían muchos años antes de que su reputación se viera libre de la sombra de Gallípoli.

El nuevo gobierno decidió apoyar a Hamilton y le mandó nuevas tropas. La batalla continuó hasta julio. Un cabo inglés escribió: “El campo de batalla tomó el aspecto de una fosa común y olía como una cloaca. Hay infinidad de moscas y muchos de nuestros hombres tienen disentería”.

Se preparó un plan para tomar las alturas de Sari Bair. Los Anzacs, con refuerzos británicos e indios, atacarían desde su posición hacia el Norte y subirían por las abruptas y enmarañadas laderas hasta Sri Bair; la ofensiva se desencadenaría por la noche.

Al amanecer del 6 de agosto un nuevo cuerpo del ejército desembarcó en la Bahía Suvla, que según el mando inglés estaba poco defendida, pero no hubo coordinación alguna entre el general Stopford y Birdwood, ni antes ni en el curso de la acción. Hamilton permaneció en su cuartel general en el Queen Elizabeth durante los días cruciales. La marcha fue caótica, pero en la madrugada del 7 los neocelandeses estaban a punto de conquistar tan importante cima. El desembarco en Suvla, aunque encontró la resistencia de algunas pequeñas unidades, fue un éxito. Pero los turcos contraatacaron. En Suvla, el IX Cuerpo no pudo desprenderse de la playa y en Sari Bair al amanecer del 10 de agosto se lanzó un ataque desesperado que barrió a los aliados de las posiciones que habían conquistado.

Después del fracaso del 10 de agosto, con unas tropas cansadas, Hamilton lanzó un último ataque en Suvla, que fue, numéricamente, la mayor batalla de la campaña. Los frentes de Gallípoli se establecieron en una guerra de trincheras. “Desde allí acechaban los francotiradores, con la cara pintada de verde y tan bien escondidos que resultaba casi imposible descubrirlos”.

En octubre Hamilton fue depuesto. Su sucesor, Sir Charles Monro, recomendó la evacuación, la cual se realizó los días 19 y 20 de diciembre.

Se dice que la campaña de los Dardanelos fue la peor planeada de la Primera Guerra Mundial.

EL 5° REGIMIENTO DE NORFOLK

La historia del regimiento británico “desaparecido” o “abducido” por naves extraterrestres en forma de nubes durante la batalla de los Dardanelos es mencionada por varios autores: Brad Steiger; Oscar Otto Binder; John A. Keel; Jacques Valle; Paul Hewit, etcétera.

Keel dice que: “El 4° (y no el 5°) Regimiento de Norfolk marchó hacia una peculiar nube café posada sobre el terreno. La nube rosada por su parte superior, junto con un grupo de nubes similares ¡viajaba contra el viento! ¡El regimiento desapareció –800 hombres perdidos o raptados- de la faz de la Tierra!”.

Otros autores dicen que sólo fueron 250 hombres. Todos están de acuerdo en que el hecho fue presenciado por 22 testigos de la sección número 3 de la 1ª Compañía Neocelandesa.

Charles Berlitz dice que ninguno de los 22 hombres hicieron declaraciones y que la historia proviene de un ex-soldado zapador, F. Reichart, que fue confirmada por otros dos.

El relato fue tomado de un artículo que apareció originalmente en la revista ufológica neocelandesa Spaceview:

“Gallípoli, 28 de agosto de 1915”.

“Lo que sigue es el relato de un extraño incidente sucedido… por la mañana durante los últimos y más enconados días de combate, y que tuvo lugar en la Colina 60 de la Bahía de Suvla, en poder de los ANZAC”.

“Se había levantado el día muy claro, como correspondía a un hermoso día del Mediterráneo, sin nubes a la vista, exceptuando únicamente seis o siete en forma de panes que aparecían en lo alto, sobre la Colina 60. Se advirtió que, a pesar de que soplaba un viento de seis o siete kilómetros por hora, aquellas nubes no se movían ni cambiaban de forma. Desde nuestra posición, situada a una altura de unos 150 metros y sobrepasando más o menos en 90 la elevación de la Colina 60, podíamos distinguir otra nube idéntica, pero muy baja, que parecía arrastrarse por el suelo. Podría medir 250 metros de longitud por unos 60 de anchura y altura”.

“Cerca de la zona donde se combatía, la nube apareció extrañamente densa, casi sólida a la vista, reflejando cegadoramente la luz del Sol. Se hallaba situada a unas 14 o 18 cadenas del campo de batalla en poder de los británicos. Todo cuanto antecede fue observado por 22 hombres de la sección número 3 de la 1ª Compañía de campaña neozelandesa, en la que yo me encontraba, desde nuestras trincheras del Espolón del Rododendro, aproximadamente a 2,500 metros al Suroeste de la nube posada en el suelo. Desde nuestro ventajoso observatorio dominábamos la Colina 60 en unos 90 metros. Como se comprobó después, la extraña nube se hallaba tendida a lo largo de un torrente seco o camino profundo (Kaiajik Dere), y veíamos perfectamente los lados y los extremos de la nube, que, como digo, descansaba en el suelo. Su color era gris claro, como el de las otras nubes”.

“Unos centenares de hombres del 5° Regimiento de Norfolk escalaban el lecho seco del torrente, que les llevaba hacia la Colina 60, entonces cubierta en parte por la extraña nube. Fueron penetrando en ella sin vacilar…, pero ninguno de ellos volvió a salir por el otro lado ni pudo jamás llegar a tomar posiciones para disputar la dichosa Colina 60”.

“Cuando hubo penetrado el último de los hombres, la nube se levantó como una niebla cualquiera, pero conservando su forma. Alcanzó la altura de las demás. Al contemplarlas de nuevo parecían “guisantes en su vaina”, pues eran todas iguales. Durante todo este tiempo, el grupo de nubes permaneció inmóvil en el mismo lugar del cielo, pero en cuanto la nube aislada del suelo se elevó hasta su nivel, se alejaron todas hacia el norte, es decir, hacia Tracia (Bulgaria). En cuestión de unos tres cuartos de hora, habían desaparecido de nuestra vista”.

“El regimiento en cuestión se considera “desaparecido” o “exterminado” y cuando Turquía se rindió, en 1918, la primera cosa que Inglaterra exigió a Turquía fue la devolución de este Regimiento. Turquí contestó que no lo había capturado ni había establecido contacto con él, pues ni siquiera sabía que existiese. En la guerra de 1914-1918, un Regimiento británico podía comprender desde 800 a 4,000 hombres. Los que presenciaron este incidente aseguran que Turquía no capturó a este regimiento, ni estableció contacto con él”.

“Nosotros, los abajo firmantes, aunque mucho tiempo después de lo sucedido, o sea, en el 50° aniversario del desembarco de los ANZACs, declaramos que el incidente antes descrito es cierto de la primera a la última palabra”.

“Firmado por los testigos:

4/165 zapador F. Reichart

Matata, bahía de Plenty.

13/416 zapador, R. Newnes

157 King St., Cambridge.

J. L. Newman

73 Freyberg St.,

Otumoctai, Tauranga

Entraron en una nube y desaparecieron.

Sir Ian Hamilton a su llegada a Gallípoli. Al fondo la Bahía de Suvla.

Desembarco en Playa W.

Desembarco del 15 de abril.

Tres fotos del desembarco en Anzac Cove.

Desembarco de los británicos en Suvla Bay.

El HMS Agamemnon en Playa W el 25 de abril.

El HMS Implacable en Playa X. Este barco y el HMS Agamemnon serían hundidos antes de terminar la batalla de Gallípoli.

Playa V en el río Clyde.

Playa Y al sur de Cape Helles.

Esta era la situación real en Gallipoli: una guerra de trincheras de la que muy pocos pudieron escapar.

Los soldados vivían dentro de las trincheras.

Los pocos metros que lograban avanzar en una jornada, eran perdidos a la siguiente.

Las trincheras se extendían por todo el territorio.

En ambos bandos había tiradores agazapados que resultaban altamente mortales.

Diversos aspectos de la guerra de trincheras.

Foto de un soldado turco camuflageado capturado por los Anzacs.

Continuará…


Gammage B., The broken years. Australian soldiers in the Great World War, Penguin Books, London, 1978.

Beans C. E. W., Official history of Australian in the war of 1914-18. Vol II (The story of Anzacs).

Steiger Brad, Stranger from the skies, Award Books, New York, 1966.

Binder Otto Oscar, Flying saucers are watching us, Tower Books, New York, 1968.

Keel A. John, Our haunted planet, Fawcett, New York, 1970.

Valle Jacques, Pasaporte a Magonia, Plaza & Janes, S.A., Barcelona, 1976.

Hewitt Paul, OVNI: Amenaza de guerra espacial, López Crespo Editor, Buenos Aires, 1977.

Berlitz Charles, Without a trace, Doubleday, New York, 1977.

Spaceview, No. 45, Henderson (or North Island) Branch, New Zeland, sept-oct, 1965.

Berlitz apunta que eran 6 u 8 (nota de LRN).

Berlitz dice que era de 4 o 5 millas por hora, es decir, 6.5 a 8 kilómetros por hora (nota de LRN).

Hewitt dice que eran 100 metros y Berlitz que 500 pies, o 152.5 metros (nota de LRN)

Los datos de Berlitz son los mismos que los de Valle, pero Hewitt dice que era de 200 metros de longitud (nota de LRN).

El uso de distintas unidades de medición, especialmente las del métrico decimal, resulta sospechoso para quienes están acostumbrados a utilizar unidades de medida inglesas.

Keel, Hewitt y Berlitz dicen que era rojiza (nota de LRN).

La marcha de varios centenares de soldados en la condición que se describe es prácticamente imposible ya que, recordemos que en ese momento y lugar se libraba una batalla desde las trincheras. Cualquiera que asomara la cabeza la podía perder; mucho menos podrían marchar por la colina dando un blanco perfecto.

Curioso que los zapadores digan que su declaración la hacen en el 50 aniversario del suceso, cuando se quiso presentar la carta como redactada poco después del mismo, vean que la fecha de redacciones del 28 de agosto de 1915.

¡HE DESCUBIERTO Z! Final

DUDA

Durante cientos de años se han registrado en todo el mundo reportes de lluvias rojizas, que algunos identifican con la sangre. Hoy sabemos que las tormentas de polvo son abundantes productoras de residuos aéreos. No es insólito que Europa reciba lluvias de polvo procedentes del Sahara. El 28 de enero de 1983, por ejemplo, llovió “sangre” sobre Austria. Los meteorólogos de la central de observación de Viena encontraron que se trataba de arena del Sahara llevada al Atlántico Oriental por un anticiclón, de donde, como nube de polvo gigantesca, se trasladó por un ciclón de las Azores hacia Europa Central. En marzo de 1901, un volumen de polvo del Sahara, calculado en dos millones de toneladas, cayó sobre el norte de África y el sur de Europa. Dos años más tarde, en febrero de 1903, el caído sobre Gran Bretaña se calculó que ascendía a diez millones de toneladas. En muchas ocasiones el polvo sahariano ha caído en forma de lluvia de barro o nieve rojiza sobre gran parte del sudoeste de Europa.

En América ocurre un fenómeno similar. Durante las sequías que padeció América del Norte en la década de los treinta, el viento levantó una vez diez millones de toneladas de polvo en el corazón del continente. En ocasiones fuertes vientos arrastran el polvo en dirección Este, unos 2,900 kilómetros hasta los cielos nubosos de la costa Atlántica.

Australia también aporta casos de este fenómeno. El 14 de noviembre de 1902 llovió barro en tasmania. El fenómeno se atribuyó a los torbellinos australianos. El rojo polvo volvió a caer ahí en febrero del año siguiente, a un promedio de cincuenta toneladas por milla cuadrada. El material, según se dijo, parecía indistintamente polvo de ladrillo vivamente coloreado, café claro o chocolate, muy suave al tacto y ligeramente iridiscente y gris; era también color de orín, simplemente rojo, amarillento, café o teñido de rozado.

Lluvias verdes, azules, negras y amarillas han también caído a la tierra, pero todas ellas tienen una explicación satisfactoria: por lo regular se debe a la presencia de microorganimos que imparten diversos colores a las aguas. En otra ocasión les dedicaremos un artículo más extenso.

Pero Fort no se preocupó de la Sociedad Forteana, él tenía otras cosas qué hacer. Estaba ocupado con su siguiente libro, Wild Talents (Talentos salvajes), que le habían encargado otra vez Kendall y Sussman. Lo termina en 1932. El libro trata de las capacidades ocultas o psíquicas de los seres humanos. Cansado y muy débil es internado en el Royal Hospital del Bronx, en donde muere el 3 de mayo de 1932, a la edad de 58 años. Incluso hasta sus últimas horas siguió tomando notas. La nota postrera decía: “Dificultad al afeitarme. Lugares desolados ante mí”.

Talentos salvajes se publicaría pocas semanas después del deceso. Su herencia fueron los cuatro libros que publicó y más de 60,000 fichas de anomalías extraídas de revistas científicas.

Ese mismo año, muerto su héroe, Thayer se mudó a Hollywood para trabajar como guionista de películas. No le fue muy bien. Hacia 1936 le escribe a Dreiser que quiere comenzar a publicar las notas de Fort en una revista de la sociedad. La Fortean Society Magazine comienza a publicarse 1937, pero Dreiser se retira y ese año sólo se publican dos números. La tercera edición aparecería hasta 1940. El siguiente año se publicarían las obras completas de Charles Fort.

En la edición de enero de 1942, Thayer acusó al presidente Roosvelt de estar coludido con Japón. Woollcott renuncia a la sociedad por este incidente y pronto lo seguirían casi todos. Sólo se quedaría Wilson. Para sustituirlos, Thayer aceptó entre sus filas a BJS Cahill, quien diseñó el “Butterfly Map” del mundo, Iktomi, un nativo americano; Alfred Korzybski, autor de la Semántica General; Henry Clifford Stuart, economista excéntrico, Alfred Drayson, la feminista Caresse Crosby, el escritor Abraham Merritt y al príncipe hindú Kanhayalal Gauba. Todos ellos formaban la “Universidad Forteana”. Además cambió el nombre de la revista: Doubt (Duda). Esta revista fue durante casi 20 años el órgano informativo de la Sociedad Forteana. Se dejó de publicar en 1959 después de 61 números.

El motor de la sociedad forteana era Thayer quien, al igual que su ídolo, tenía ideas extravagantes. Decía que la defensa civil era un fraude, que los detectores de mentiras eran broma y las tonsilectomías causaban poliomielitis. Para él la vacuna de Salk era una “pócima repugnante”. Ambas guerras mundiales eran meros fraudes, una conspiración entre los aliados y el eje. La energía atómica era broma, porque no existían los átomos. El Sputnik era una falsificación. Los ovnis eran un invento de los militares para elevar el presupuesto de la defensa. Los periódicos imprimían solamente mentiras. Las licencias de matrimonio deberían ser suprimidas: “Exigir un permiso para las relaciones sexuales hace del estado un proxeneta”. La religión es un timo. No hay oro en Fort Knox. La vacunación y la fluoración causan enfermedad. El transporte aéreo debe ser suprimido -es inseguro, y nadie hace nada de mérito con el tiempo ahorrado. Y toda la investigación y expediciones científicas son fraudes desvergonzados para robar el dinero de los contribuyentes.

Escribió una novela sobre la vida de Mona Lisa, de 46,000 páginas, de las cuales sólo se publicaron los tres primeros volúmenes (de 21 proyectados), con el título Mona Lisa Primera parte: El príncipe de Taranto. Pero como es obvio no tuvo ningún éxito comercial.

En Doubt se dieron a conocer varios de los que posteriormente se convertirían en la crema y nata de la magufería americana. Eric Frank Russell, autor de Great World Mysteries (1957); Vincent Gaddis, inventor del mito del triángulo de las Bermudas; e Ivan Sanderson, quien impulsaría la criptozoología.

Los Forteanos quedaron sin una sociedad hasta 1965, cuando Ron y Paul Willis comenzaron la International Fortean Organization (INFO), aún floreciente en Baltimore bajo su presidente actual, Phyllis Benjamin. Estos nuevos forteanos editan la revista INFO Journal (Revista de Informaciones Forteanas), que se sigue editando en la actualidad. Año con año se reúnen en su conferencia anual FortFest, a donde invitan a los magufos de moda: John Mack, Richard Hoagland, Bud Hopkins

Fort hizo escuela. Se han editaron varias revistas con temas netamente forteanos, tales como The Fortean Society Magazine, Doubt, Info, Pursuit, órgano de la Society for the Investigation of the Unexplained (Sociedad para la Investigación de lo Inexplicado, SITU), Fortean Studies, The Anomalist y, en cierta forma, Fate. O las francesas, Gazette Fortéenne, Anomalies. Y la mexicana Duda. Pero ninguna ha tenido los alcances y la calidad de la revista inglesa Fortean Times. Sin embargo, tanto Fort como sus alumnos trabajaron sólo con reportes y recortes de periódicos. Muy pocos de ellos hicieron verdadera investigación de campo. Debido a esto nunca pudieron comprobar la veracidad de los famosos “hechos malditos”.

Los reportes subían y bajaban o iban y venían mencionando, por ejemplo, fantasmagóricas lluvias de Fafrotskies (de las siglas en inglés de Objetos que Caen del Cielo) tales como monedas, piedras, ranas, hielo, sangre, etc., objetos que se encuentran en lugares en donde no deberían estar. Relatos extraordinarios que parecen desafiar las leyes de la naturaleza. Estas eran las herramientas de trabajo de Charles Fort. Abundan los ejemplos: lluvias no confirmadas de monedas en la región de Gorki, Rusia el 17 de junio de 1940, caída de una piedra (¿meteorito?) de unos 700 gramos en la casa del señor Joe Bloomer en Aston Birmingham, Inglaterra, posibles meteoritos caídos el 12 de julio de 1975 en Tongres de Etterbeek, Bélgica, o las leyendas que cuentan que en la región de Bijori, India, caen perlas con su respectivo orificio para armar un buen collar.

Los forteanos mantuvieron en jaque a los meteorólogos con toda esta serie de reportes de lluvias malditas. La situación se prolongó durante años y esto se debió a que ni uno ni otro grupo hizo investigación para establecer la verdad o falsedad de los hechos.

Después de la Segunda Guerra Mundial y gracias al gran desarrollo en los modelos matemáticos para el tratamiento de los problemas atmosféricos, al descubrimiento de nuevas técnicas de medición, a la disponibilidad de aparatos más potentes y a la disponibilidad de personal capacitado en las universidades, los geofísicos pudieron estudiar de una manera más completa la atmósfera en la que estamos inmersos y los fenómenos atmosféricos que en ella ocurren.

Sólo se conoce un caso que fue investigado de primera mano, aunque no in situ, por Charles Fort. Se trata del llamado “Incidente Dundas”, ocurrido en Canadá en febrero de 1926. Por esas fechas Fort se encontraba en Inglaterra y conoció el incidente gracias a un cable de noticias.

El reporte original fue publicado el 27 de febrero en el Daily Star y decía:

“¿Los peces cayeron del cielo?

“Dundas busca explicación del supuesto fenómeno -¿Broma de un muchacho?

“Dundas, 26 de febrero –Al igual que en muchos otros pueblos la lluvia cayó aquí ayer por la tarde, y varias horas después los residentes se asombraron al observar pequeños peces, del tamaño de los charales, cerca de la vecindad de las calles de Victoria y del mercado. Los peces, se dijo, no vinieron de las alcantarillas, ni se lavaron de la cala, que pasó a través de la ciudad.

James W. Dickson, residente de la ciudad, cree que los peces cayeron con la lluvia del cielo. Él recogió especimenes y se propone buscar la opinión científica para el fenómeno.

“Profesor B. A. Bensley de la universidad de Toronto, declara que es inverosímil que los peces cayeran del cielo. ‘Mi opinión es que algún muchacho pequeño consiguió estos peces de alguna manera y los tiró en la calle’, dijo”.

Fort escribió al Daily Star de Toronto, mencionó sus libros, recortes e investigaciones y consiguió que los redactores se pusieran investigar. Los resultados aparecieron publicados el 16 y el 20 de marzo:

“Los charales de Dundas

“El 26 de febrero un fenómeno notable fue divulgado en Dundas, Ontario. Después de una fuerte lluvia de invierno se formó un charco en una de las calles principales, y en el se vieron una gran cantidad de charales muertos. Estos pequeños peces habían venido evidentemente del cielo con la lluvia. No hubo desbordamiento de ningún lago, corriente o alcantarilla que hubiera podido traerlos.

“El notable incidente apareció en la prensa de Toronto, fue transmitido a todos los periódicos en América, cablegrafiado a Londres, traducido y enviado a París, Berlín y Roma.

“El día siguiente The Star, investigando el caso, fue capaz de dar con una explicación simple del incidente. El Sr. Robert Manning de Dundas había planeado ir a pescar a través de los agujeros en el hielo. Él quería ir de pescar el jueves de tempestad, así que el día anterior fue a la puerta de la esclusa cerca del canal hidráulico y sacó una cubeta llena de charales. La fuerte lluvia del día siguiente le hizo posponer su viaje, y como los charales no esperarían, descargó la cubeta en el torrente de agua que fluía a lo largo de la calle. Más adelante un prominente ciudadano, viendo peces muertos en una charca de lluvia que acababa de caer del cielo, concluyó naturalmente que era testigo local de una maravilla.

“Así terminó el misterio. Pero cuando el misterio sale de un asunto, el interés en él termina en cuanto se refiere a las agencias telegráficas y de cable de noticias. Mientras se supuso que esos peces habían caído del cielo, estos eran peces maravillosos y dignos de cablegrafiar a los extremos de la tierra, pero, tan pronto como se supo que habían venido de Bob que había tirado la cubeta y que los había pescado de manera ordinaria en la esclusa de Dundas, ya no había maravilla en ellos. El interés en ellos terminó justo allí. Así que Londres, París, Berlín y Kalamazoo no supieron de la cubeta de carnada y se les dejó pensar en esos peces como que habían caído del cielo. Irán a los expedientes científicos en media docena de idiomas como el Incidente de Dundas.

“El Star ha tenido comunicación con un experto en Londres. Él no ha oído hablar de la cubeta de carnada, él cree que los peces cayeron del cielo, pero, siendo un hombre cauteloso y el autor de un libro sobre tales fenómenos, él busca de nosotros toda la evidencia que se pueda asegurar en cuanto a la autenticidad del incidente. Casi con pesar tendremos que decirle que esos peces nunca estuvieron más altos sobre la tierra que el codo de Bob.

“El experto y el autor que nos ha escrito sobre el tema es Sr. Charles Fort, de 39 (A) Marchmont St., W.C., Londres, Inglaterra. Él nos dice que tiene expedientes de más de doscientos casos de cosas vivas que han caído del cielo. Él apunta que el juez C. B. Montgomery, Oneco, Conn, es una autoridad por su declaración de julio 31 de 1921, sobre un diluvio de pequeñas ranas que cayó sobre un área de varias millas cuadradas cerca de su hogar. El Picayune de New Orleans del 4 de febrero de 1892, informó de una caída de millones de larvas grandes de especies desconocidas en Clifton, Ind. En varios casos, nuestro corresponsal dice que especies desconocidas en esta tierra ha caído del cielo. Refiriéndose al caso de Dundas, Ontario, y no conociendo de la cubeta de carnada de Bob Manning, el autor inglés continúa diciendo en su carta:

“’Puede que no todas las aguas de superficie en Canadá en febrero 27 estuvieran congeladas, sino ciertamente proporcionaron charales donde no estaban disponibles. Éste es el punto sobre el cual estoy buscando información…. Parece increíble que los charales de Dundas tuvieran su origen en algún lugar de Canadá, o habrían podido ser llevados de un punto meridional lejano, sin dispersión. A la mayoría de las mentes les parecerá increíble que las criaturas cayeran a la tierra de un cuerpo de agua de alguna parte en el espacio más allá de esta tierra, porque el espacio interplanetario se supone es intensa, si no absolutamente, frío. Tengo muchos datos que indican otra cosa’”.

“A donde quiere llegar el Sr. Charles Fort es a esto: Si los charales de Dundas, las ranas de Connecticut y las larvas de Indiana cayeron del cielo y vinieron de otro mundo a éste, las ideas entonces aceptadas sobre el espacio son incorrectas y puede ser que sea posible volar de este planeta a otro. Los charales de Dundas no lo demuestran. Fueron llevados dentro de una cubeta al lugar en donde fueron encontrados. En cuanto a las ranas de Connecticut, sin duda, hubieran sido completamente explicadas si hubieran sido correctamente investigadas en su tiempo, y no habría ninguna maravilla tal como los charales de Dundas si no se hubiera dado una explicación simple en cuanto a cómo sucedieron y donde fueron encontrados”.

El segundo artículo decía:

“Cuando se comienza un tejido

“Se ha dicho a menudo que un informe falso puede viajar tan rápidamente que la verdad nunca puede alcanzarlo. Con todo, no es solo una cuestión de velocidad. El informe falso es a menudo sensacional e interesante, mientras que la verdad es generalmente simple y prosaica, de modo que la gente que excitada repite y así ayuda a circular el informe falso, no encuentra el informe verdadero cuando habla de ello.

“Si un hombre oye un informe falso y lo repite a otros y entonces aprende que es falso su actitud es la de censurar a los que le contaron la historia, pero él no se culpa por transmitirla a otros. Un lector nos envía el extracto siguiente de un periódico inglés, el Chronicle and Mercury de Suffolk del 5 de marzo:

“’Los periódicos canadienses publican un despacho de Dundad en Ontario, indicando que numerosos charales se han encontrado en los travesaños de las ventanas del tercer piso, y también nadando en agua medio congelada de una zanja. La teoría local es que los charales cayeron del cielo durante una tormenta con viento y lluvia”.

“Dundad significa Dundas y ésta es la historia de los charales que Robert Manning pescó en la presa, y llevaba a casa en un cubo, con la intención de usarlos como carnada para pesca a través de agujeros en el hielo, pero los tiró al día siguiente por una fuerte lluvia, por lo que decidió abandonar el viaje y tirar sus pescados en la zanja. Se supuso que los peces habían caído del cielo, hasta que la investigación demostró de dónde habían venido realmente.

“Pero la historia original hizo tal progreso que la explicación probablemente nunca la alcanzará. Ha hecho no sólo progreso, sino que ha ganado tamaño y nuevas características. Los charales muertos están, en la historia antedicha, vivos y nadan y no solamente en el charco, sino algunos de ellos en los travesaños de las ventanas de departamentos a tres niveles de altura. Sin duda en alguna parte se está repitiendo el incidente con añadidos de que los peces fueron capturados en cestas en las azoteas de las casas en todas partes de la ciudad”.

CHARLES HOY FORT Y EL FORTEANISMO

Pero ni el incidente de Dundas le pudo convencer de que las historias sobre lluvias de animales parecen no tener una base firme. Cuando sus apologistas más astutos insisten en que él no era el archienemigo de la Ciencia que nos han querido hacer ver, sino el enemigo de los científicos que olvidan el carácter efímero del conocimiento, sólo están enfatizando un aspecto del Forteanismo. Es cierto que ninguna teoría científica esta fuera de toda duda. También es verdad que los “hechos” científicos están sujetos a revisión final de los nuevos datos aún sin descubrir. Pero también es cierto que las teorías científicas están dadas dentro de ciertos niveles de confirmación. Es decir, son contrastables al modo de Popper. Fort pasó por alto este hecho elemental y su ceguera constituye el lado espurio y falso del Forteanismo.

Fort nunca aceptó las explicaciones científicas, y aún cuando sus libros se basaban en reportes aparecidos en la literatura científica, los presentaba fuera de contexto y de tal manera que intensificaba el aspecto “insólito” del suceso. Veamos algunos ejemplos sacados de las mismas obras de Fort, en los que vemos meteoritos, auroras boreales, espejismos y otros fenómenos naturales reportados de manera exagerada y fantasiosa.

“El 12 de agosto de 1892, muchas personas vieron resplandores en el cielo de Inglaterra[2]. En Manchester, eran como señales, y tan distintos a lo que comúnmente se conoce como ‘auroral’ que Albert Buss los confundió con los rayos de un faro. Fueron vistos en Dewsbury; los describió un corresponsal en English Mechanic: ‘Yo nunca había visto una aurora boreal igual’. En Loughborough se informó que eran ‘relámpagos rápidos’”.

“En el New York Tribune, del 1 de enero de 1910… se publica un despacho de Huntington, Virginia Occidental, fechado el 31 de diciembre de 1909: ‘Tres grandes luces de dimensiones casi uniformes aparecieron muy temprano en el cielo, en la vecindad, el día de hoy. Joseph Green, un granjero, declaró que eran meteoritos, y que habían caído en su granja’”.

“En junio de 1801… el espejismo de una ciudad desconocida fue visto, durante más de una hora, en Youghal, condado de Cork, Irlanda… Era una representación de mansiones rodeadas de arbustos y cercas blancas… había bosques al fondo. En octubre de 1796, se vio claramente durante media hora en Youghal un espejismo: tenía la forma de una ciudad amurallada. El 9 de marzo de 1797 fue visto un espejismo que representaba una ciudad amurallada”.

“El 18 de agosto de 1880 una espesa nube negra apareció sobre el río Havre. La nube estaba compuesta de millones de moscas. Miles de insectos invadieron Inglaterra en 1869. En 1870 Inverness, en Escocia fue invadida por millares de pequeñas arañas rojas que tapizaron los tejados, calles y ventanas de la ciudad”.

“Era una noche oscura de 1766. De repente, del firmamento se desprendieron brillantes estrellitas que comenzaron a volar. Volaban muy bajo, al ras de las calles. La gente supersticiosa decidió que a París la visitaban ‘espíritus’. Pero a los que no creían en esas cosas les alarmaban temores más reales: ¡no vaya a ser que esas lucecillas prendan fuego a París!

“Los científicos del Jardín Botánico tranquilizaron a todos muy pronto: las inquietas estrellas resultaron ser escarabajos, grandes luciérnagas tropicales de la especie que en Cuba llaman cocuyos. Nadie sabe cómo llegaron a París”.

Para beneplácito de los seguidores de Fort, los hechos malditos siguen ocurriendo. No hay más que revisar los periódicos para encontrarnos con despachos de prensa como el siguiente cable de UPI, fechado el 8 de junio de 1987:

“Llovieron peces en su jardín.

“Londres. ‘Había oído que llovieran gatos y perros’, comentó Ron Langton, pero en su jardín había peces llovidos del cielo. Langton, de 67 años, encontró 5 lenguados y un romero en su jardín del este de Londres después de una tormenta días atrás. Los expertos conjeturaron que los peces llovidos fueron arrastrados hacia las alturas por un remolino que los recogió del río Tamesis, a ocho kilómetros de distancia. Habrían habido más peces para que Langton contara pero, dijo, su gato se comió a varios antes que él los recogiera. ‘Este es el primer incidente registrado de peces voladores en Londres, aunque ha ocurrido en otras partes del mundo’, señaló un vocero del Museo de Historia natural. ‘Los vendavales pueden levantarlos y llevarlos hacia las nubes’.

Está también el caso del pueblo hondureño de Yoro en el que se tienen registros de lluvias de peces desde hace unos 100 años. Yoro es un vocablo de la lengua tol, hablada por los tolopanes o xicaques, que significa “Centro del corazón”. El fenómeno se presenta entre junio y julio. Incluso hay un festival dedicado a la lluvia de peces.

De julio a septiembre del 2001 la región de Kerala, al occidente de la India recibió continuas lluvias de un material rojizo. Algunos hablaron de sangre. Los análisis mostraron restos de bacterias y hongos.

Hoy a casi sesenta y cinco años de formada la Fortean Society, dos de sus principales propósitos escritos en el acta de su fundación (el 8 y el 9) han sido enterrados. La misma Sociedad forteana, que no era más que una broma, debió haber sido enterrada a la muerte de Fort. No era más que una extensión de los clichés de Fort. Charles Fort dudaba de todo, incluyendo sus propias especulaciones. Al final de sus días Fort escribió: “No creo en nada de lo que he escrito”. Pero es importante recordar que tampoco creía en nada de lo que había leído. Pero la frase más importante que ha sido pasada por alto fue una nota que le escribió a Thayer y que decía:

“Yo… obviamente estoy ofreciendo todo lo que hay en este libro como ficción, como Los viajes de Gulliver, El origen de las especies[3] y también La Biblia”.

Si pudiéramos preguntar a Fort porqué hizo tanto mal a la ciencia y a la humanidad, tal vez nos respondería lo mismo que a su padre: “Sólo por diversión”.

En este clip vemos el tercer libro de Charles Fort en la línea de lo insólito: Lo!

Frontis en el Astounding Stories para la primera parte del libro de Fort.

Talentos salvajes, el libro póstumo de Fort.

La colección completa de los libros de Fort.

Caresse Crosby, la inventora del primer brasier.

Diversas fotos y caricaturas de Abraham Merritt y Eric Frank Russell.

Ivan T Sanderson en la portada de uno de sus libros.

Portadas de Doubt de septiembre a noviembre de 1934.

La mejor biografía de Fort es la escrita por Damon Knight.

Louis Kaplan también escribió una biografía de la “Foca del Bronx”.

Pintura de Roque Zelada: “Lluvia de peces”, basada en los relatos de lluvias que año con año se dan en el pueblo de Yoro, Honduras.

Lluvia de peces en Yoro, Honduras.

Incluso un hotel del pueblo ha bautizado su restaurante con el nombre de Lluvia de peces.

Material recogido de las lluvias de Kerala, ya desecado.

Fort murió el 3 de mayo de 1932. Sus restos descansan en el cementerio de Albany.

THE END

REFERENCIAS

Fort Charles Hoy, Charles Hoy Fort’s Short Stories. Editado por Mr. X, Wolfe Island, Ontario, (January) 1995.

Fort Charles Hoy, El Libro de los Condenados, Ediciones Dronte, Buenos Aires, 1974. Traducción de Domingo Santos. Publicado originalmente por Romeu, Barcelona, 1970. Reimpreso por CS Ediciones, Buenos Aires, 1992.

Fort Charles Hoy, Lo!,

Fort Charles Hoy, Nuevos mundos, Editorial Posada, México, 1985. Traducción Carlos Valdes.

Fort Charles Hoy, Wild Talents,

Gardner Martin, Fads and Fallacies in the name of Science, Dover Publications, Inc., New York, 1957.

Kaplan, Louis. The Damned Universe of Charles Fort, Autonomedia, Brooklyn, NY, 1993. Traducción inglesa de Witzenschaftlich Weltbetrachtungen. Das verdammte Universum des Charles Fort, Gatza Verlag, Berlín, 1991.

Knight, Damon. Charles Fort: Prophet of the Unexplained, Doubleday & Co., Garden City, New York, 1970. Introducción de R. Buckminster Fuller.

Moskowitz, Sam. Charles Fort: A Radical Corpuscle, Newark, New Jersey, 1976.

Pauwels Louis y Bergier Jacques, Un maestro del realismo fantástico: El increíble Charles Fort, Planeta, No. 15, Editorial Sudamericana S.A., Buenos Aires, 1967.

[1] Los conspiracionistas continúan siendo parte de la comunidad magufa.

[2] English Mechanic, Vol. 56.

[3] Ni siquiera en su declaración final pudo dejar de atacar a la ciencia.