Archivo de la categoría: . Perspectivas (Luis Ruiz Noguez)

¡HE DESCUBIERTO Z! (3 parte)

NUEVOS MUNDOS

Pero tampoco estaba interesado en la escuela y cursó sólo hasta la secundaria. Los recuerdos de aquella época los menciona en los capítulos once y doce de Many Parts:

“Teníamos casi quince años de edad, y debíamos hacer los exámenes para la secundaria. Nos habían enseñado fisiología solamente de una manera general, pero habíamos disecado mucho y habíamos articulado torpemente muchos esqueletos pequeños. Pero como leímos mucho con el deseo subyacente de ser famosos, y como buscábamos la provocación más leve por la gloria, nosotros hicimos nuestra colección mucho más grande que la de cualquier otro muchacho que conociéramos. Detrás de todo lo que hicimos no estaba el desamparo y la indolencia sino el deseo y la animación de ser pintorescos o interesantes. Una vez tomamos a Bob Pavey como uno de los muchos socios que llegamos a tener. En la clase de la fisiología, la Srta. Williams nos mostró varios frascos de alcohol con especimenes en ellos. Haciéndolos pasar para que todos los viéramos. El corazón de un sapo, el hígado de un pájaro azul, el canal alimenticio de un lagarto; todos etiquetados cuidadosamente. Estábamos furiosos; eran los nuestros, y Bob los había traído a la escuela. Entonces todo el crédito era suyo. La Srta. Williams dijo, ‘¿donde está el corazón?’ Lo habíamos puesto en nuestro bolsillo. ‘¿Dónde está ese pulmón?’ Estaba en nuestro bolsillo. ‘Veo que todavía hay un hígado que falta’. En nuestro bolsillo…

“’Usted tiene una manera rara de actuar diferente a la de los demás’, dijo la Srta. Williams, agudamente. Deseamos denunciar a nuestro socio. ‘Son los míos’, dijimos, hoscamente. En la clase obtuvimos el perdón de un muchacho, pero, aunque eso fue hace quince años, no hemos hablado a Bob Pavey desde entonces. Él tomó el crédito que era nuestro crédito”.

Fort también recuerda los experimentos realizados por su maestro de física, el profesor Ovebunk. Tal vez esto fue el origen de su desprecio por la ciencia. Pero la descripción que hace nos muestra su necedad (el experimento de la caída de los cuerpos en el vacío) y su falta de habilidad para realizar experimentos científicos (el experimento con los pañuelos). Tal vez ocurrió que su cuerpo estaba ahí, pero su mente no, porque de otra manera no se explica la forma en que entendió la teoría del color:

“Pensamos que el profesor Overbunk contestaba insatisfactoriamente, pero él parecía satisfecho otra vez. No obstante, aceptamos que casi todas las verdades y pensamientos de allí parecían tener algo mal alrededor de cada experimento. El profesor Overbunk demostrando que en el vacío una bala y una pluma caen con la misma velocidad. La bala cae primero. Nos enseña que el negro es la ausencia de color y el blanco son todos los colores. Mezcla de colores produce un gris parduzco. Poniendo un paño negro y un paño blanco al sol sobre la ventana todavía con nieve. Como el negro absorbe calor, el paño negro se hundiría en la nieve. Paño blanco hace una clara impresión; paño negro no muestra ni rastros de haber estado allí. Es muy difícil enseñar verdades cuando no se tiene la verdad”…

“Comenzamos nuestro estudio de álgebra, con la idea de que las letras eran utilizadas en lugar de los números, preguntándose cuántas veces ‘a’ puede ser ‘b’. Aprendiendo definiciones, aprendiendo que ‘x’ es la cantidad desconocida y que los pequeños números en la parte superior son exponentes, no teniendo ningún problema de lo que se esperaba de nosotros, la Srta. Alberts nos envía al pizarrón, y entonces se nos olvida todo, por leer Puck y Judge[1]”.

Esta misma incultura científica lo hizo reunirse con otros que como él no tenían ni la más remota idea de lo que es la ciencia y la cultura. Entre ellos estaba el mismo Thayer, quien en una entrevista aparecida en el número del 9 de junio de 1956, del Saturday Review of Literature declaró:

“¿Literatura? Al infierno con la literatura”.

Se puede valorar el calibre intelectual de estos tipos cuando leemos a Thayer que escribe en el número 1 de la Fortean Society Magazine: “Esto no es la edad de la iluminación, ¡ustedes idiotas perdidos!”.

Para Thayer el lenguaje de las altas matemáticas era un guirigay incomprensible. Lo mismo que pensaba el mentecato de Fort. Pero a pesar de su ignorancia, o por la misma, se atrevían a promover “teorías” estúpidas, como la del propio Thayer quien afirmaba que todos los planetas, incluyendo la Tierra, están creciendo, evolucionando y transformándose lentamente de cubos a esferas; o la de otros miembros de la Sociedad Fortena como George Gillette, quien decía que el universo tenía la forma de una espiral; o Alfred Drayson, que postuló una rotación secundaria de la Tierra. El mismo Thayer que afirmaba que las tonsilectomías[2] causaban poliomielitis, que la vacuna de Salk era una ‘mixtura repugnante’ y que la vacunación y la fluoración causan enfermedades. Ideas, muchas de ellas, aún vigentes en diversos medios pseudocientíficos.

Los patrones se repiten en la actualidad. Gente sin cultura y con escasa educación formal que creen descubrir el hilo negro cuando se enfrentan a fenómenos que no pueden explicar, debido precisamente a sus escasos conocimientos, y tomando esos fenómenos como bandera, se atreven a atacar a los científicos o, incluso, a la ciencia.

Fort llegó a hacerse periodista no por sus propios méritos, pues ni siquiera cursó la preparatoria, sino gracias al apoyo de su padre que, a pesar de haberlo corrido de la casa, le ayudó a entrar a trabajar en un diario. Fort nos lo comenta en el capítulo quince de su Many Parts:

“El final de nuestro segundo año en secundaria no estaba lejos. El ‘otro niño’ se las arregló para dejarlo todo, parecería como si estudiara muy poco, pero se debía a nuestra desgraciada vida condicionada. Se unió a otra sociedad literaria, aunque diferente de nosotros, él se habría podido unir a cualquiera en su primera elección.

“No había, y nos parecía a nosotros que nunca podría haber, ninguna mejora en nuestro trabajo escolar. Nick[3] estaba interesado en nuestros escritos para la sociedad literaria, y frecuentemente pedía ver lo que habíamos escrito, mostrándonos en dónde debíamos trabajar más en un punto para expresarlo en pocas palabras. Momentos antes de que la escuela cerrara, él fue por nosotros. Diciendo, ‘¿le gusta el negocio del periódico?’ Nosotros contestamos, ‘Oh, claro’, lo cuál significaba que nada podría ser más atractivo para nosotros. Sería inútil esperar los exámenes, como sabía Nick, porque habíamos dicho siempre la verdad sobre nuestros gustos e intereses cuando nos había preguntado.

“Nick dijo, ‘Bien, vaya al Democrat[4]; Standish ahora es redactor allí, y él lo contratará. Al principio no habrá mucho para usted, pero le dará una idea, y algún día podremos conseguirle un lugar en Nueva York. Sólo mantenga sus gomas y no se resbalará’.

“Standish era su mejor amigo. Habían crecido juntos, y fueron a la secundaria juntos, teniendo cierto renombre al interpretar ‘Brutus and Cassius’ en pequeños teatros, según contaba Standish[5]”.

No sabemos nada de este periodo en la vida de Fort, sólo que dejó la secundaria para trabajar en el periódico, tal vez como mandadero. Charles Fort sólo menciona que en 1891 vendió unas notas para un periódico de Nueva York (¿había dejado de trabajar para el Argus?), y que en 1892 trabajó para el World de Brooklin y un año después era redactor de The Independent.

Según John A. Keel, cuando Charles cumplió 19 años, su abuelo materno, John Hoy, lo alentó para recorrer el mundo en busca de aventuras proporcionándole 25 dólares cada mes. Pero lo más probable es que la partida haya ocurrido poco después de los 19 años, pues a esa edad trabajaba en el periódico, y que el abuelo que fungió de mecenas fuera Peter van Vranken, el dueño de la tienda de ultramarinos. El hecho es que Charles Fort recorrió medio mundo y al llegar a Sudáfrica contrajo la malaria que lo perseguiría el resto de sus días.

En 1896 muere el abuelo Peter y Charles regresa a Nueva York, lo que podría confirmar el mecenazgo de van Vranken, ya que al morir cerraría la llave del dinero para los viajes de Fort. De ser así, su periplo habría durado unos tres años.

Fue por estas fechas que su padre lo corre de la casa y se va a vivir con su abuelo Al regresar a Nueva York vuelve a frecuentar a Anna Filling, con quien se casa el 26 de octubre de 1897. Dicen que la escogió por su completa falta de curiosidad intelectual. Esta etapa de su vida fue más bien dura pues difícilmente lograba reunir el dinero de la renta. Los pocos trabajos que conseguía (velador, lavaplatos, portero) los perdía por su afición a pasarse las horas en la Biblioteca Pública, devorando revistas científicas. También se dedica a escribir cuentos cortos de humor y otros trabajos. Es precisamente en 1899 cundo comienza la redacción de Many Parts.

¡MIRAD!

Al cumplir 30 años había escrito diez novelas, pero sólo una de ellas The outcast manufacturers (algo así como “los fabricantes inútiles” o “los fabricantes de parias”) sería publicada en 1909, resultando un fracaso de ventas, aunque la crítica la acogió con benevolencia. Un crítico del New York Times dijo que la historia era rara pero los diálogos eran “inusualmente listos” [6]. La edición original fue publicada por B.W. Dodge and Company, y, más adelante, la novela fue serializada en la edición americana de la revista Pearson’s Magazine. Pero Pearson publicó solamente cinco capítulos antes de que dejara de aparecer. En lugar de reimprimir la novela original, Fort revisó los primeros ocho capítulos de su novela y los redujo a cinco. La novela original se reimprimió en 1988 por Printed Heritage Preservation Society con un prologo de Leonard Leshuk.

Su sentido del humor le permitió escribir cuentos cortos muy comerciales que serían publicados en la Smith’s Magazine. Theodore Dreiser[7], editor de la revista, recuerda:

“Fort vino a mí con los mejores cuentos cortos humorísticos escritos en América que he leído. Yo compré algunos de ellos, y otros editores hicieron lo mismo. Entre nosotros –Richard Duffy del Tom Watson’s, Charles Agnew McLean del Popular Magazine y otros-, disfrutábamos hablando de él y de su futuro: una nueva y rara estrella de la literatura”.

Sus cuentos también fueron publicados en revistas como Broadway, Black Cat, Argosy, y en el Evening Post y el Herald. Los temas eran autobiográficos: la vida en el hogar; aventuras en los ríos; el campismo; cuentos de pensionistas y de vagabundos; relatos pícaros de la vida de los periodistas. Raymond N. Fort, su hermano, se refiere a estos cuentos en una carta dirigida a Thayer a la muerte de Annie Fort en 1937.

“No he conseguido ninguna de las notas, manuscritos, o datos de mi hermano, ya que a su muerte, hace varios años, su viuda, fallecida recientemente, donó éstos documentos a la Sociedad Forteana y a Theodore Dreiser.

“Pienso que no puedo serle de mucha ayuda pues no mantuvimos contacto muy cercano el uno con el otro. Sin embargo puedo ayudarlo un poco recordando su vida temprana.

“Mi hermano nació el 6 de agosto de 1874[8] y era el más viejo de los tres hermanos. Su padre y abuelo estaban en el negocio de mayoristas en una tienda de comestibles, una vieja firma llamada P.V. Fort & Son.

“Su vida temprana fue borrascosa, y pasó a través de la gramática y de la secundaria como los otros muchachos de su edad. En los últimos años en la secundaria demostró capacidades para la escritura y entre sus amigos era considerado como muy ingenioso. En la secundaria escribió numerosas historias y las envió a varias revistas en donde fueron aceptadas y publicadas. Todas estas historias estaban basadas en sucesos reales, una cierta broma de muchacho en la escuela o una expedición al campo. Él tomaba algún pequeño incidente lo embellecía y hacía una historia de él, y entonces todos teníamos el placer de leer sobre nosotros mismos en una revista. Él utilizó siempre nuestros nombres verdaderos[9].

“Después de dejar la escuela obtuvo una posición como reportero en el Eagle de Brooklyn y estuvo en este periódico por un tiempo, hasta que él y otro empleado del mismo periódico comenzaron un periódico propio en alguna parte en la Staten Island[10] pero después de un rato ellos recibieron el fuego de algunos de los grandes tiradores locales y eso terminó esa empresa.

“Entonces mi hermano comenzó a vagar, y por algunos años viajó por todo el globo pagando sus gastos en los barcos, que costeaba cuando era capaz de trabajar a su manera. De esta forma vio una gran parte del globo, la mayoría de los países de América y también de Europa y de África. Él estuvo en África del sur por un rato y lo recuerdo decir de un incidente que sucedió allí. Él dijo o hizo algo a un francés que no le caía bien y éste lo desafió inmediatamente a un duelo. Como mi hermano nunca había manejado una espada y no era muy experto con las armas de fuego, no sabía qué hacer pero acepto el desafío de todos modos.

“Como él era la parte desafiada él tenía la opción de escoger las armas y después de pensarlo mucho decidió usar los puños e informó a los padrinos del francés. Por supuesto se opusieron muy vigorosamente, pero mi hermano no se movió de su posición ni dejó que se retirara el desafío. Se hizo la pelea, y el francés fue vapuleado bien y bonito pues mi hermano sabía utilizar sus puños y poseía valor ilimitado[11]. Después de esto vagó por un rato más y luego se regresó a N.Y., en donde se casó con una muchacha que él conoció en sus días mozos en Albany. Entonces se colocó en un trabajo y comenzó a escribir. Pero le iría mal y tuvo que trabajar en cualquier cosa para poder conseguir para vivir y escribir. Aguantó todas las dificultades que son coincidentes a conseguir un equilibrio.

“Usted sabe probablemente el resto. Pasó años en el extranjero y estudió en todas las grandes bibliotecas de Europa y de Inglaterra y después regresó a N.Y. otra vez donde escribió varios libros y los hizo publicar.

“Deseo poder ayudarle más pero como dije antes sólo puedo ayudarle sobre su vida temprana. Si hay cualquier otra cosa que usted quisiera saber, estaré alegre de ayudarlo”.

Alrededor de 1910 vivía en un modesto apartamento en el Bronx. Su personalidad era maniaca depresiva y en varias ocasiones intentó suicidarse; “Desde mayo no he recibido el pago de uno sólo de mis cuentos –escribió en su diario-. Me quedan dos dólares. Watson’s me ha timado 155. Dreiser me ha devuelto dos cuentos que prometió comprarme; uno hasta había sido anunciado para su próximo número. Todo esto es muy penoso. Me siento incapaz de escribir, no sé hacer otra cosa, por mi mente desfilan imágenes de mí mismo degollándome o saltando de cabeza por una ventana”.

Su único aliciente era su colección de notas sobre acontecimientos inverosímiles: extraños objetos vistos en el cielo, lluvia de “sangre”, desapariciones misteriosas. Todas esas notas las clasificaba en cajas de zapatos[12]. En total 25,000 fichas sobre hechos insólitos escritas con lápiz sobre minúsculos cartones, en un lenguaje abreviado de su invención Cualquiera de sus fichas se asemejaba más o menos a ésta: “1871/abril 22, etc. Gelat. Larvas, Bath, Ingl.”. Había bautizado a sus cajas como “El sanatorio de las coincidencias exageradas”.

“Acabé por tener cuarenta mil notas, repartidas en mil trescientos temas tales como: ‘armonía’, ‘equilibrio’, ‘catalizadores’, ‘saturación’, ‘oferta’ y ‘metabolismo’. Eran mil trescientos demonios aullando con mil trescientas voces a mi intento de hallar una finalidad. Escribí un libro que expresaba muy poco de lo que estaba tratando de conseguir. Lo recorté, de quinientas o seiscientas páginas, a noventa. Entonces lo tiré: no era lo que quería”.

Un día se hartó de eso. Tuvo la impresión de que cuanto hacía no era sino la caricatura de aquello que deseaba hacer. Acababa de comprender que los hechos aislados no son sino muecas; sólo cuentan las relaciones entre los hechos. Entonces, ya no hace sólo colección y se lanza a reconstituir el rompecabezas de los mundos escondidos detrás de este mundo. Escribe un libro al que titula X. Continúa con Y, y luego dice haber descubierto Z. En X postula la idea de que la vida en la Tierra ha sido y es controlada por seres de Marte. “Somos propiedad”, escribe. En Y presenta sus pruebas de que hay una siniestra civilización en el polo Sur. Le escribe a Dreiser y le dice: “Tienes al menos una cosa que agradecer, ya que bien hubiera podido comenzar por ‘A’”.

Las cartas que Fort le envía a Dreiser[13] son muy esclarecedoras de los sentimientos y ansiedad de Charles Fort antes de que se publicara “El libro de los condenados”.

El 13 de enero de 1916 Fort le escribe a Dreiser: “Pienso que es la cosa más extraordinaria de la que he oído hablar, la manera en que usted está tomando ‘X.’. Le deseo éxito con él. Pienso que será publicado o finalmente aceptado en marzo 13”.

Dos meses después, el 26 de marzo, le envía una nota: “He acabado ‘Y’ ¿Le gustaría verlo?” Y el 1 de junio le reclama porque no ha tenido noticias sobre la opinión de Dreiser:

“¿Pero por qué?

“Le envié ‘Y’ hace dos meses. ¿Esta usted ocupado? ¿Incluso lo ha visto?

“Pero no mantenga silencio conmigo, porque usted está violando su única razón de ser, guardando silencio.

“¿Es usted un lirio? ¿Tiene usted una mayor gloria que la de Salomón? ¿Es suyo el misterio del pecho de un pájaro azul?

“¿Qué justificación tienen sus palabras?

“Envíeme algunas palabras.

“Palabras. Sonido. Fotos.

“Esas cosas. Envíelas a Charles Fort

“Por favor, o le golpearé violentamente”.

En el Clip:

Dos fotografías de Tiffany Thayer. La primera en la época en que conoció a Fort y la otra hacia 1956.

Varios ejemplos de la literatura barata de Thayer: Three Musketeers, Old Goat, 33 Sardonics y Call her Savage.

Fotos de Theodore Dreiser y de libros en donde se compila su trabajo.

Dibujo de Alexander King en el que muestra a Sherwood Anderson y Dreiser observando los conflictos de la sociedad.

Fragmento de una carta autógrafa de Fort a Thayer.

Fort y Dreiser, en la casa de este último, el 4 de octubre de 1931.

Raining Cats…

Comic basado en el libro de Damon Knight.

Frontis del artículo de Planeta sobre Charles Fort.

Lluvia de ranas, ilustración de Christian Broutin.

Dibujo de Hannah Gluck: “Raining cats and dogs”.

Continuara…

[1] Famosas revistas cómicas de aquella época.

[2] Extirpación de las amígdalas.

[3] Se refiere a su padre Charles N.

[4] En realidad se trata del Argus de Albany.

[5] Ése es el fin de la p. 211. Confirma el uso de “Nick” como apodo para Charles N., y vemos que el primer trabajo de Fort en un periódico – el Democrat de Albany- fue obtenido por el apoyo de su padre, y no por las energías compulsivas del escritor por un triunfo específico. Nota de Tayher.

[6] New York Times, 8 de mayo de 1909.

[7] Dreiser es el autor de la novela Sister Carrie, publicada por primera vez en 1900.

[8] Este es un error ya que el mismo Charles menciona la fecha del 9 de agosto.

[9] Esto resulta curioso porque en su autobiografía hizo todo lo contrario y utilizó nombres ficticios.

[10] Se trata de The Independent.

[11] Esto parece más bien uno de los cuentos de ficción de Fort.

[12] 32 cajas de zapatos en total, como apunta el propio Fort.

[13] Se pueden consultar en la Universidad de Pennsylvania en los archivos de la biblioteca, papeles y manuscritos de Theodore Dreiser.

¡HE DESCUBIERTO Z! (2 de 5 partes)

La historia de Charles Fort

EL FABRICANTE DE PARIAS

El problema no era la nueva madre de Fort. Blanche Whitney no se comportaba como la típica madrastra, antes bien llegó a la casa en 1887, cuando Fort tendría unos 13 años, tratando de hacerse amiga de sus hijastros. Fort mismo recuerda el primer encuentro de esta manera:

“’¿Ustedes coleccionan estampillas?’ preguntó nuestra nueva madre. ‘Si ustedes me dicen dónde conseguirlas, iremos ahora’. Y todos juntos gritamos la dirección donde vivía un viejo coleccionista de estampillas. Y fuimos con el viejo coleccionista, intentando no ser demasiado codiciosos, haciendo honores a la admisión de nuestra nueva madre en la familia tan razonablemente como podíamos. Y entonces caminamos detrás de ella, pensando que sería de mala educación dejarla en la calle, aunque mucho deseábamos conseguir el nuevo álbum con nuestras estampillas nuevas.

“Y la primera cosa que dijimos entre nosotros fue, ‘¡ella es buena!’ Denunciamos todo lo que habíamos mentido sobre ella. Y la defenderíamos; y seríamos caballerosos. Todos excitados. ¡Qué no haríamos!

“El ‘otro niño’ no tenía nuestra precipitación y entusiasmo, sólo asintió y dijo, ‘ella es buena’”.

El problema era el temperamento del propio Fort. Hay una escena en el capítulo 5 que refleja el carácter caprichoso de Charles Fort. Después de algunas travesuras Charles es detenido por su padre quien le pregunta:

“¿Porqué hacen estas cosas malas?

“’Sólo por diversión’. Nuestro cuerpo tieso no estaba allí; estábamos en alguna parte, o habíamos dejado de existir.

“Pero, aunque no estábamos allí, podíamos sentir que intentaban apoyarnos. Su mano estaba en nuestro hombro. Nosotros, que habíamos hecho mal, debimos haber llorado ruidosamente, debido a su amabilidad, sólo que, no estábamos allí.

“’Ahora, dime; intenta pensar y no te asustes; ¿porqué haces esas cosas malas?’

“Nuestros labios dijeron, ‘sólo por diversión’[1]. Nos pegaron salvajemente; la sangre salió de nuestra nariz. Entonces sí estábamos allí.

“La señora Lawson[2] dijo, ‘la nariz de Toddy sangra tan fácilmente’.

“Salieron; pero estábamos allí. Uno salvaje, nosotros enojados. Corriendo por las escaleras, nosotros todos sangrados. Corriendo a nuestro cuarto. Arrojándonos sobre la cama, frotando nuestra nariz sobre la colcha. Una bestia sucia, rastrera, pequeña, enloquecida por hacer daño, como la única manera de vengarse. Frotando nuestra nariz en los visillos, haciendo de la recámara un cuarto de horror. Llorando con gorjeos histéricos sin preocuparnos por nosotros. De hecho, deseando que nos mataran, porque el suicidio había estado en nuestra mente a partir de los días más tempranos. Golpeando nuestra nariz para renovar la fuente; pero la verdad es que la nariz sangrante era una dolencia para nosotros. Pero, al igual que los dolores y la respiración agitada, todo fue pasando poco a poco.

“En la mesa, no se nos permitió hablar; ‘Ellos’ no podían oír nuestras voces. Una vez que, sentimos la tensión, reímos nerviosamente. Miraron sobre el periódico, diciendo, ‘!Quién es!’ El ‘pequeño niño’ guardó silencio. El ‘otro niño’ contestó que él no había oído nada. Nosotros dijimos, ‘yo lo hice’. La señora Lawson lo habría dicho de todos modos; deseábamos el crédito por la verdad.

“’!Ve arriba!’ Nosotros nos levantamos lentamente, comiendo la empanada mientras nos levantábamos. Nosotros nos levantamos pulgada a pulgada; la empanada iba abajo pulgada a pulgada. No podíamos dejar esa empanada. Y esto fue un desafío para ‘Ellos’. Saltaron de su silla, nos cogieron por el cuello, nos golpearon en la cara con su mano abierta.

“Corrimos por las escaleras, pegando en las figuras del tapiz de la pared, empalmando nuestra cabeza contra la barandilla, intentando matarnos, mordiendo nuestros brazos, corriendo arriba y abajo del pasillo en frenesí. Salieron, y, cuando vinieron los otros niños arriba, nos inclinamos sobre la barandilla, dejando que la sangre goteara en el pasillo de abajo, para hacer daño. Sabíamos que era trabajo sucio; teníamos tanto sentido de la decencia como una persona mayor; solo que apenas éramos una pequeña bestia. Los otros niños maldijeron a su padre. Los tres hicieron los juramentos más viles que pensaron. Rogando que la muerte, en la forma más horrible los alcanzara…”

Edipo reencarnado en Fort. Había muy pocos días que no castigaran a Charles.

“Éramos a menudo profundamente religiosos. A menudo ansiosamente pensábamos en nuestros pecados, diciendo de rodillas nuestros propios rezos, sin decir los rezos formales dichos por la señora Lawson por la tarde. No perdía de vista nuestro comportamiento marcando en una pared la longitud del tiempo habíamos podido ser buenos. Había muchos cuartos de día, algunos medios días, y los grandes espacios en blanco nos animaban, e intentábamos conseguir días enteros o aún dos días para el expediente. Pero en nuestra creencia, había también incredulidad…”

Comprenderemos el porqué de esos castigos con la siguiente escena:

“Y entonces vendimos más alas de pájaros, porque hicimos una honda, buscando una tarde entera justo la clase correcta de madera, tirando a nuestros propios pájaros. En un árbol solitario con ramas bajas vimos nuestro primer pájaro azul, nosotros debajo, apuntando con entusiasmo feroz. El se agita y se va, y no habríamos podido sorprendernos más si un poco cielo azul hubiera caído a nuestros pies. Entonces tiramos a nuestro primer pájaro carpintero, vestido de puntos de polka y una capa roja, corriendo de arriba a abajo de un árbol, golpeando ligeramente como la señora Lawson en un cristal de la ventana.

“Pero parecía vergonzosamente derrochador cortar las alas, el cuero cabelludo, y la cola, pensando que se verían muy presentables si los montamos en tarjetas blancas. Nosotros éramos un espíritu que íbamos a hacerlo mejor, así que intentamos rellenar los pájaros, haciéndolos cosas de cuello largo, arrugado y de patas tiesas. Pero al practicar con muchos gorriones, llegamos a ser tan expertos con la honda que podíamos tirar una pequeña bola de plumas que caían de un alambre del telégrafo casi cada vez. Picos que se abren desamparadamente ante nosotros; las alas inútiles se separan hacia fuera, pegando débilmente sobre la tierra, nosotros ferozmente exultantes, no teniendo nada de compasión, aunque para terminar el sufrimiento, romperíamos cuellos sin dañar la piel.

“Aprendiendo a dejar el cráneo después de limpiarlo y rellenarlo con algodón, haciendo los ojos como los ojos de las estatuillas, llenando huecos con algodón, aprendiendo a cortar la piel debajo de una ala, para preservar el pecho. Finalmente, podríamos rellenar un pájaro tan grande como una paloma, de modo que las plumas fueran lisas y tuviera su propia forma, aunque tuvimos menos éxito en montar pájaros en alambres. Descuidando nuestros estudios de la escuela, incapaces de centrar nuestra mente en ellos, pero pasando muchas hora estudiando historia natural, teniendo muchos libros, nombres latinos que aprender y las clasificaciones bajo las cuales clasificar a todas las criaturas, leyendo las vidas de los grandes naturalistas. Haciendo etiquetar cada espécimen, como en un museo verdadero. Muchacho con una prensa que imprime etiquetas. En el mundo mineral, podríamos encontrar pocos especimenes, no mucho más que formaciones de arcilla y pedazos de piedras, de exterior feo pero de interior maravillosamente blanco o rozado. Para nosotros había una ciudad pavimentada con mármol; sólo que el mármol no aparecía. Nada se mostraba sólo marrón amarillento; pero los tintes del arco iris estaban debajo. Entonces, en nuestra notable ciudad, otras calles fueron tachonadas con piedras preciosas; por bloques de granito, después cavaríamos los granates minuciosamente. Sin embargo, hicimos una gran colección de minerales, adquiridos por compra o trueque. Toda clase de minerales de hierro; el que se desmenuza, la clase negra, la hematita roja, y las piritas de hierro que parecen oro; mineral de cobre en muchos tipos de verde; cristales, espato, ágatas; muchas piedras…”

EL CONDENADO DE CHARLES FORT

Las cosas se complicaron cuando se volvió adolescente. En el capítulo seis nos cuenta varias aventuras que muestran su sadismo irreflexivo:

“Entonces conseguimos una escopeta de aire comprimido; cuando esa escopeta de aire comprimido estuvo en nuestras manos no tuvimos ningún instinto civilizado y nuestra mente no podía pensar en nada más que intentar matar. Viendo un petirrojo fino en un prado, saltando alrededor, disparamos hacia su pecho. Había gente en la piazza, pero saltamos la cerca, nos arrodillamos y apuntamos. Una mujer gritaba; un jardinero caminaba hacia nosotros; otra mujer nos imploraba que no disparáramos. Matamos al petirrojo…

“A veces hacíamos negocios muy buenos. Veníamos a casa en la noche con una docena de pájaros muertos, algunos de ellos raros, un tángara escarlata y un oriol de Baltimore y un bobolink entre ellos. Que pelaba y rellenaba hasta tarde en la noche, el ‘otro niño’ que ‘viajaba’ por nosotros, yendo con los coleccionistas que llegaban a ver nuestra mercancía el día siguiente, porque de todos los muchachos nosotros sabíamos que solamente Mac Dobson podía rellenar pájaros como nosotros, y él había pasado su interés a las colecciones. Los venderíamos a ochenta centavos quizás; cuarenta en efectivo, veinte a crédito seguro y el resto en malas deudas…

“Biff Allen era un joven al que le gustaba estar con los hombres grandes. Nos gustaba estar con las personas mayores, y charlar seriamente con ellas; pero Biff pasaba mucho tiempo en la comisaría de policías, boxeando con nosotros, y una docena de policías en mangas de camisa que nos miraban. Nos golpeábamos hasta que nos cansábamos y no podíamos levantar las manos, y, los policías se apretujaban alrededor de nosotros, incitándonos. Pero no nos gustaba esto; nos agradaba y entusiasmaba la lucha y estábamos orgullosos de nuestra reputación como combatientes, pero luchar deliberadamente para el disfrute de otros hacía que sintiéramos una pérdida de dignidad de modo que nunca regresamos a la comisaría de policía. En el establo de Snyler teníamos peleas de gallos; Biff sostenía un “banty” y nosotros sosteníamos otro golpeando sus cabezas entre sí para hacerles luchar. Nos gustaban las peleas de gallos mucho pero había algo que no podíamos hacer en un establo. Cuando realmente queríamos tener una verdadera lucha, sacudíamos dos gatos en una bolsa”.

En el capítulo 9 vemos el origen de la extraña escena que relata en Wild Talents y que es muestra de su singular “lógica”:

“Y entonces nos obligaron a ir al almacén también los sábados. Peor era venir. ¡Nos hicieron trabajar! Enviándonos arriba, al desván, a raspar las viejas etiquetas de las latas y engomar nuestras propias etiquetas nuevas. ¡Nos hicieron trabajar!

“Éramos infelices y el ‘otro niño’ era absolutamente infeliz. Nosotros resentidos raspábamos descuidadamente; el ‘otro niño’ raspaba tan bien como podía. Nosotros nos rebelábamos y quejábamos y evadíamos; el ‘otro niño’ se rebelaba y se quejaba pero raspaba tan bien como podía. Nos sentamos en una esquina; el ‘otro niño’ trabajaba. Entonces no quiso hablarnos, porque hicimos que él hiciera todo el trabajo. ¿Pero por qué debe cualquiera de nosotros trabajar excepto solo para tener algo de dinero y salir de un apuro? ¡Cómo somos perezosos odiamos el trabajo! El ‘otro niño’ raspaba tan bien como podía, negándose a hablar”.

El lector de Wild Talents recordará esto en el proceso de re-etiquetado, en donde Fort pega etiquetas de melocotón en otras frutas y vegetales, “como un científico”. Si no lo recuerda o no ha leído Wild Talents, extraemos esta escena del capítulo 3 de este libro:

“En días de antaño, cuando era un joven especialmente perverso, mis castigos eran ir al almacén, los sábados, a trabajar. Tuve que raspar etiquetas de otros distribuidores de las mercancías en conserva, y pegar etiqueta de mi padre. Teóricamente, me forzaron a trabajar para enseñarme los errores de manera engañosa. Unos buenos palos te corrigen, y te llevan por el camino recto y estrecho, sin desviarte.

“Una vez tenía pirámides de mercancías enlatadas, conteniendo una variedad de frutas y de vegetales. Había utilizado todas las etiquetas menos las de los melocotones. Pegué etiquetas de melocotones en las latas de melocotones, hasta que llegué a los albaricoques. Y pensé ¿acaso no son los melocotones unos albaricoques? Y hay ciruelos que son virtualmente albaricoques. Fui, malo, o científico, pegando las etiquetas de melocotón en las latas de ciruelos, las cerezas, frijoles y chícharos. No puedo definir absolutamente mi motivo, porque hasta este día no se ha decidido si soy un humorista o científico. Pienso que era travesura, pero, más adelante vendrá un reconocimiento más respetuoso de que también era un procedimiento científico”.

Esto mismo lo había descrito en The Book of the Dammned:

“Estudié todas las artes y ciencias de las que había oído hablar, e inventé media docena más de ellas… Las pegué en los botes de melocotones hasta que llegué a los albaricoques. Y pensé: ¿acaso los albaricoques no son melocotones? Y algunas de las ciruelas, ¿no son también albaricoques? En vista de lo cual me puse concienzuda o científicamente a pegar mis etiquetas de melocotones en los botes de ciruelas, de cerezas, de frijoles, y de chícharos. Ignoro aún cuál era mi motivo, y no he llegado a decidir si era un sabio o un humorista”.

¿O un loco? Antes de decidir veamos lo que escribe al inicio del capítulo 4 de Wild Talents:

“Ninguna botella de salsa de tomate puede caer de una vivienda en Harlem que está siendo desalojada, sin ser notada -no solamente por la gente indignada abajo, sino -aunque infinitesimalmente- universalmente -quizá-.

“El precio de las pijamas en Jersey City se ve afectado por el mal carácter de una suegra groenlandesa o por la demanda en China de cuernos de rinoceronte para la curación de los reumatismos; ya que todas las cosas son continuas, están unidas entre ellas con una homogeneidad subyacente. Y de ahí la lógica subyacente del chiquillo, culpable de muchas cosas, salvo de haber oído pronunciar un silogismo, y que pegaba una etiqueta de melocotones en un bote de frijoles. La relación de las cosas entre sí es tal, que la diferencia entre un fruto y lo que se ha convenido en llamar legumbre permanece indefinible. ¿Qué es un tomate: un fruto o una legumbre?”.

Fort mismo admitía que aunque todas las cosas son continuas también hay una “discontinuidad”. Él lo expresaba en su forma característica. “Es imposible, decía, decir que ciertas formas microscópicas de vida son animales o plantas, pero eso no significa que no podamos distinguir entre los extremos de un hipopótamo y una violeta. Nadie enviaría un ramillete de hipopótamos como regalo”.

Pasando a los juegos y otras actividades del interés de Fort mencionemos aquí los juegos de guerra que jugaba con su hermano Clarence y que tiempo después daría lugar a un complicado juego, inventado por el mismo Fort, llamado “Super Checkers” (algo así como “súper inspectores”). Es ampliamente conocida la fotografía en la que aparece Fort en una pose meditabunda frente a una mesa que pareciera tener un mantel a cuadros. En realidad se trata del tablero de juegos, pero no de ajedrez, sino de “Super inspectores”. Cuenta Fort en Many Parts:

“Los soldados de papel habían marchado en nuestras vidas. Nosotros y el ‘otro niño’ llevaríamos lejos al ‘pequeño niño’, y él caminaría alrededor del patio mientras peleábamos con nuestros soldados. Y entonces hubo batallas. Cada uno deseaba los soldados vestidos de azul, porque eran los americanos. Los casacas rojas eran los Británicos…”

“Lanzábamos las cubiertas de los libros al otro ejército, tomando como presos todos los que tiráramos. Sentíamos un deseo de individualidad entre nuestros soldados, recordando y siguiendo las carreras de algunos, promoviéndolas y exaltándolas después, siempre que merecieran ser honradas. Queríamos que parecieran verdaderos; así que escribimos nombres en sus espaldas para hacerles personajes de la gran historia militar que vivían. Dándoles marcas, que eran medallas, siempre que hicieran cosas notables tales como aterrizar en sus pies cuando fueran golpeados y lanzados a través del cuarto. Pero el ‘otro niño’ era severo con nuestros héroes cuando eran apresados; siempre que los suyos no pudieran vivir, él los degradaría, los colgaría, o quemaría en la estaca. No podíamos ver a nuestros héroes hechos de papel común como el resto; cuando eran deshonrados, fingiríamos no ver, aunque nos molestábamos con nuestros favoritos”.

La practica de marcar los soldados con honores por sus logros en las batallas, la repitió Fort en su juego de Super Inspectores en donde “marcaba” a los hombres. Este es el mismo espíritu del “somos propiedad” en donde Fort mencionaba que había entidades superiores que regían el destino de la humanidad, “marcando” a los hombres. También nos recuerda los modernos relatos de abducciones en donde los extraterrestres “marcan” a sus víctimas para darles seguimiento y poder raptarlos una y otra vez. Pero la raíz de todos estos cuentos estaba en la mente de un niño desequilibrado. Todo se limita a un extraño, curioso y complicado juego de mesa.

“Remar. Nos gustaba muy poco remar ya que se tenía que hacer cierto esfuerzo. Jugamos al béisbol como los otros pero sobresalimos en la natación. De hecho, nos apodaban ‘Froggy’. El cuál no volvimos a usar, aunque el resto de los apodos nos enfurecían, pero ‘Froggy’, parecía un título honorífico”.

Le gustaba que le dijeran “ranita”, pero nunca aceptó el apodo de “la foca del Bronx”. Tampoco le gustaba trabajar en la tienda de ultramarinos:

“Nuestro abuelo a menudo nos preguntaba qué queríamos ser cuando creciéramos. Lo cuál nos molestaba, porque no sabíamos que podríamos decirle. Preguntaba, ‘¿Ya te has decidido?’ Nosotros estúpidamente contestábamos, ‘no sé’. Pero una vez le dijimos directo. Diciendo que nos gustaría ser naturalistas. Nuestro abuelo parecía desconcertado; salió, por su diccionario, pensamos nosotros, entre un garrafón y un jarro, con una pintura del gran canal sobre él. Regresó, pareciendo desconcertado. La definición no lo satisfizo evidentemente; los naturalistas se ocupan de los pájaros y de los animales pero no en forma de latas de conserva. Nuestro abuelo parecía dolido, porque él tenía sus propios sueños, y los nuestros lo alarmaron. Los cuáles eran una gran tienda de comestibles fundada por él, yendo por generaciones, su nieto más grande cierto día sería la cabeza de la familia e importante entre barriles, cosas en botellas, y cosas en latas…”

En la foto de entrada podemos vera Fort jugando una partida de Super Checkers.

Mostramos nuevos grabados e ilustraciones forteanos, como el que se refiere a la lluvia de sangre que, supuestamente, ocurrió en Provence Francia en julio de 1608. O la lluvia de peces en Transilvania, siglo XVIII.

John Lewis, empleado de un aserradero, recibió una lluvia de pececillos el 9 de febrero de 1859, en Mountain Ash, Gales. La ilustración es de Charles Tomlinson.

En 1861 se registró una lluvia de peces sobre las calles de Singapur. Los vecinos llenaron varias cestas con ellos.

El Illustrated London News publicó una ilustración el 24 de julio de 1827 que refiere la historia de unos campesinos de Denbighshire, Gales, quienes afirmaron haber visto volar media tonelada de heno.

Los reportes de lluvias de piedras también son muy comunes. En el clip podemos ver una ilustración al respecto.

Edward Mootz, de Cincinnati, revisa su durazno marchito debido a una lluvia roja que cayó el 22 de julio de 1955.

Un policía de Capitolia, California, observa numerosos picotijeras que cayeron del cielo.

Fotogramas de la película Magnolia.

El video se cierra con un dibujoo de George Cruikshank, titulado “Very unpleasant weather… Raining Cats, Dogs and Pitchforks”, en donde se satirizan las ideas de Charles Fort.

Continuara…

[1] Esta escena será clave en la vida de Fort. Hay que mantenerla en mente hasta el final de esta serie, porque nos muestra que lo que hizo fue sólo por diversión.

[2] Se trata de la institutriz o del ama de llaves.

¡HE DESCUBIERTO Z!

La historia de Charles Fort (1 de 5 partes)

Más que un reformador de la Ciencia, Charles Hoy Fort fue un escritor visionario, en el sentido peyorativo, que abrió las puertas al mundo de lo insólito y lo extraordinario. Fort era un hombre de aspecto bonachón, grueso, de poco pelo, que usaba anteojos con montura de hierro, cuello muy corto y bigotes espesos y negros[1]. No es tarea fácil intentar una biografía de este personaje inconformista, iconoclasta, atrevido, incongruente e incluso absurdo, que reunió en sus libros un amasijo de datos más o menos extravagantes. El mismo Fort escribió:

“Escribir que soy un hombre de edad indefinible, bajo, regordete, con bigotes de morsa y gafas de montura metálica, rostro bonachón y mirada perdida en el infinito, no conduce en nuestro estado intermediario, absolutamente a nada. Decir que nací en Albany, estado de Nueva York, el 9 de agosto de 1874, que mis padres poseían una pequeña tienda de comestibles y ultramarinos en la que trabajé durante varios años, que ejercí simultáneamente el periodismo y la taxidermia, y que lo abandoné todo para dedicarme a coleccionar hechos extraños arrojados del seno de la ciencia por unas mentes encallecidas, es reunir una serie de datos positivistas que pueden ser aplicados a cualquiera; ya que cualquier persona es continua con todos sus semejantes, y todos los datos correspondientes a un ser determinado son hechos de una historia común a toda la humanidad, puesto que en nuestra cuasi-existencia cualquier persona puede ser baja, regordeta, con bigotes de morsa y gafas de montura metálica, tener rostro bonachón y mirada perdida en el infinito, cualquier persona puede haber nacido en Albany en 1874 y descender de los propietarios de una tienda de ultramarinos”.

Su biógrafo Damon Knight lo describe de esta manera: “Tenía la corpulencia de una morsa… era un hombre muy pacífico y sedentario. Vivía apaciblemente con su esposa, y casi nunca salía ni recibía visitas… pasaba las mañanas trabajando en su casa, y las tardes en la biblioteca”.

El fundador de la dinastía Fort fue Peter Van Vranken Fort, de extracción holandesa. En los escritos de Fort se menciona a una tía abuela que bien pudo ser hermana de Peter. Charles Fort recuerda un viaje a un hotel de Saratoga donde vivía esa tía abuela a la que le gustaba jugar a las cartas.

Su abuelo Peter se casó dos veces, pero se desconoce el nombre de su primera esposa. Estos abuelos tuvieron dos hijos, Lil y Will. La primera se casó con John Delehanty, también de Albany, “bajo circunstancias muy románticas en la iglesia Madeleine, en París. Una niña resultó de esta unión, Ethel. La unión terminó infeliz, Lil sacudió su sombrero sobre el molino de viento, y más adelante se divorció de su marido”, escribió el propio Charles Fort. Se sabe que este John Delehanty llegaría a ser fiscal del estado.

Por su parte Will Fort se casó con Ana Baillie, de Albany, con quien tuvo una niña a la que pusieron por nombre Marian Fort.

Luego de enviudar Peter Fort casó con Catherine Farell, de Brooklyn, con quien engendró a Frank Fort y a Charles Nicholas Fort[2], el padre de nuestro personaje.

Frank se casó con Margaret Downey o Dowling -o algo similar- de Baltimore. “Dos niños resultaron de esta unión, Mortimer y Pauline. La familia vivió en Nueva York, en la West End Avenue, durante cuarenta y cinco años[3].

El padre de Charles Fort era el más joven de los hijos de Peter, pero cuando este último murió, al parecer a principios de 1896, Charles Nicholas, dirigía la tienda de comestibles y ultramarinos.

Charles Nicolás Fort, como su padre, también se casó dos veces. La madre de Charles Hoy Fort se llamaba Agnes Hoy. La segunda se llamaba Blanche Whitney.

Charles Nicholas, engendró con su primera esposa a Charles Hoy, a Clarence N. Fort, y a Raymond V. Fort, en ese orden, comenzando con nuestro Charles, quien nacería el 9 de agosto de 1874[4].

MUCHAS PARTES.

Charles Fort escribió un libro autobiográfico que nunca se publicó. El manuscrito[5] tiene por lo menos 261 páginas de las cuales la mayoría están perdidas. Sólo quedan 76. La última página todavía existente, es un fragmento de la número 261. No se sabe cuantas páginas seguían. Lo que queda de este manuscrito de Fort comienza en la página 12. Las que la precedían están ahora perdidas. Los fragmentos que quedan cubren el periodo de 1880 a 1891, cuando Fort tenía de 6 a 17 años de edad. El estilo es todavía más difícil de leer de lo que nos tiene acostumbrados Fort. Hay que considerar que fue escrito a la edad de 24-25 años.

Charles Fort comenzó a escribir su autobiografía en 1899, luego de una visita, que generó muchos conflictos, a su hermano Raymond hacia 1892, cuando la mayor parte de sus familiares aún estaban vivos. Este manuscrito, titulado Many Parts[6], fue su primer trabajo de gran envergadura pues ya había escrito relatos humorísticos cortos y algunas contribuciones para los periódicos. Fort rescribió Many Parts más de una vez.

Mucho después Fort menciona la época en que escribió su autobiografía: “De sept. de 1899 hasta sept. de 1904, el metafísico ha interferido y cubierto la espalda al escritor. Mi libro Many Parts fue simplemente el trabajo de un inmaduro metafísico, psicólogo, sociólogo, etc. Tratando de expresarse en una historia. También el individualismo, o el estilismo, no solo interfirió y me hizo no fácilmente legible, pero me dio la satisfacción o elación que apoyó desarrollos subsecuentes”.

En efecto, Many Parts es difícil de leer no sólo por el extraño estilo de Fort (que luego puliría en sus libros más conocidos), sino porque describe a los personajes refiriéndose a ellos de una manera poco común. Él mismo se presenta como “nosotros”; “Ellos” es el término aplicado invariablemente al padre del escritor, Charles N. Fort (aunque al final del libro lo mezcla con “Nick”); la “madrastra” es Blanche Whitney; el “otro niño” es Raymond Fort; el “niño pequeño”, Clarence Fort; el “abuelo”, Peter van Vracken; el “otro abuelo”, John Hoy; su tío materno John S. Hoy es “Nick”; “Martha” es su madre, Agnes Fort; hay una “tía abuela” de Saratoga a la que le gustaba jugar a las cartas; e incluso el primer periódico que le publico sus trabajos, el Argus de Albany, es mencionado como el “Demócrata”. Nadie es presentado con su verdadero nombre y la lectura del manuscrito, que ofrece obstáculos a cada momento, se hace insoportable.

Su madre, Agnes, murió poco después del nacimiento de Clarence, cuando éste tenía un año y medio, mientras Charles Fort acababa de cumplir los 6, en 1880. En el manuscrito sólo hay una mención a “Martha”. Pero a la “madrastra” se le menciona frecuentemente, principalmente por su trágica perdida de la visión.

Los caracteres, disfrazados con nombres falsos muestran a un Fort que no se preocupaba mucho por los elementos de una biografía verdadera, insistiendo en recordar su niñez y juventud en su propio estilo literario. No interesa la verdad ni los hechos, sólo el ego y la vanidad. Este sería su estilo característico utilizado en sus libros. Algunos fragmentos del capítulo 1:

“Estábamos a una milla de la familia: la bruja y el hombre loco y las dos viejas criadas. Preguntándonos lo que debíamos hacer para ser conocidos…

“Nos permitían jugar en la calle muy poco. Pasábamos mucho tiempo en el piso superior, que estaba lleno de columpios y un balancín para nosotros. …íbamos al parque cada tarde soleada…

“Un viejo nido. Subimos por él. Pusimos el viejo nido en nuestro bolsillo; los pájaros lo habían construido; alguna vez los pájaros habían vivido en él. Pero deseábamos un nido con huevos; pensábamos que en el campo había nidos en casi todos los árboles. Entonces corríamos de árbol en árbol, buscando nidos con huevos. Salpicándonos de lodo; sin ver el fango en nuestra excitación. Entonces alguien vino por nosotros, y nos condujo de nuevo al hotel, donde nuestro abuelo, aunque de clase, nos reprendió, ya que temía que nunca seríamos buenos hombres de negocios. Deseábamos ser buenos hombres de negocios; en nuestro medio teníamos la creencia de que los doctores, abogados[7], y otros estaban en una escala más baja de los que vendían comestibles, exceptuando los que lo hacían al mayoreo, por supuesto. Esperábamos ser un socio algún día, como “Ellos”[8] lo habían sido, o, incluso mejor, viajar para la compañía. Pero en todo alrededor había destellos y susurros de algo que parecía maravilloso y más significativo para nosotros. Oíamos y nos sentíamos en esa primera huerta y en nuestro recuerdo de la huerta. Cada paisaje de un lago o pradera nos decía cosas extrañas. No debimos haber expresado la herejía, pero sentimos que había un nivel más elevado de vida que el de un distribuidor de tiendas de comestibles. Aunque no sabíamos absolutamente cuál era, había algo que deseábamos en las cosas que no tienen nada que ver con las ciudades y bueno, los hombres de negocios”.

Many Parts fue prologado y editado por Tiffany Ellsworth Thayer para su publicación. Nadie sabe qué ocurrió con el manuscrito y sólo se supo de él hasta que el escritor de ciencia-ficción Damon Knight publicó su trabajo sobre Fort[9]. Luego volvió a extraviarse y no fue sino hasta 1989 que un seguidor de Fort, Mr. X, lo encontró en la George Arents Research Library en la Universidad de Syracuse en Syracuse, Nueva York, dentro de los archivos de Damon Knight. Como se ha dicho sólo quedan 76 páginas de una obra de más de 261, dividida en 15 capítulos. Fragmentos del capítulo 4:

“Alguien descubrió que nuestra vista era pobre. Se explicó que habíamos dañado nuestros ojos con demasiada lectura. Esto no era verdad, pero entonces parecía más encomiable dañar ojos o perder una pierna en un accidente que nacer con defectos. Así que nos enviaron a que nos examinaran los ojos. Unos lentes como faros de automóvil en nuestros ojos; miramos las letras grandes y pequeñas asombrosamente negras y claras. Éramos un muchacho vestido con lentes y desdeñado por sí mismo. De los muchachos que conocíamos, los que usaban lentes parecían generalmente débiles y no de la clase de la cual estábamos hechos. Nos dijimos que usaríamos los lentes solamente para mirar. Pero cuando salimos, sabíamos que los lentes habían venido a quedarse. Nosotros habíamos vivido en una niebla y no lo habíamos sabido. Estábamos en un mundo diferente; los árboles no eran lo falto de definición como los habíamos pensado; cada hoja era nítida y contorneada; los objetos a la distancia eran más pequeños, porque se distorsionaban, pero de nuevo eran más claros, limpios; todo era tan diferente como una fotografía de un burdo bosquejo…

“Sobre coleccionar. Compramos alas de pájaros a un muchacho que vivía en el campo pero que venía a la escuela cada día. Encontrar un viejo almacén en donde, por muy poco, podíamos comprar estrellas de mar, erizos de mar, conchas, y frijoles de mar con manchas negras, grandes, grises unas y marrones otras. Relatos de tierras lejanas; relatos de tormentas, o palmeras en playas coralinas, profundidades marinas y tierras extrañas; todo lo contaba el sonido de las conchas y el olor de la sal de estas cosas del mar…

“Pasando mucho de tiempo en la lectura, dando vueltas por la tarde para ver a nuestros parientes, porque nos gustaba leer, y porque tenían libros. Nuestro abuelo era un hombre de poca educación, pero tenía, en alguna parte, además de todo lo que le hizo ser un “buen hombre de negocios”, un interés por los libros. Tenía su biblioteca al lado del comedor, con libros tales como los trabajos de Carlyle y de Ruskin. Estos libros eran brillantes y se veían como nuevos. En el almacén, tenía dos oficinas privadas; una, donde atendía sus propios asuntos, porque poseía muchas casas, y prestaba dinero, usureramente, como lo supimos cuando fuimos más grandes; y arriba su oficina realmente privada, donde, con sus amigos, inventó y bebió bebidas extrañas en grandes cantidades. Aquí estaban los libros que leyó; biografías e historias, pero los libros de viajes en número más grande; por lo menos media docena que se ocupaban de la exploración del Ártico; diccionarios, pinturas de valor en las paredes. Una tarde nos enviaron con él; estaba leyendo un libro voluminoso, una bebida rosada a su lado, una bebida amarilla en el otro. Nos preguntó lo que sabíamos sobre la aurora boreal. Y estábamos impacientes por decirle, pero él tuvo que salir[10]…”

Aquel niño nacido en Albany, Nueva York, fue un niño inquieto que coleccionaba timbres postales, minerales, pájaros e insectos. Cursó sólo hasta la secundaria y durante algún tiempo fue periodista y embalsamador de pájaros y mariposas.

“Repasamos nuestra geografía, y deseamos tener una piedra u hoja o cualquier cosa de países extranjeros, hasta que encontramos que coleccionar estampillas era lo que deseábamos. Enviamos a Nueva York por mil, estampillas clasificadas. Vino un paquete abultado; las caras de reyes cayeron al piso en una lluvia de colores. Estábamos en Francia con las estampillas francesas; Napoleón, la Bastilla, la Revolución en el aire sobre nosotros. Estábamos en medio de castillos y de escenas de batalla en Alemania e Inglaterra. Aquí estaba una estampilla que realmente había estado en la inmensidad de la India, tropical, bárbara. Una estampilla que expresaba las maravillas de los largos viajes en el misterio y romance de Australia. La vida tenía más y más significados…

Según las memorias del propio Fort, él y sus hermanos eran más que traviesos: insoportables.

“Siempre acusándonos el uno al otro. Diciendo cada pequeña cosa, satisfechos de ver que castigaban al otro, lo que nos hacía sentirnos virtuosos. Haríamos el trabajo de detective para coger al ‘otro niño’ cuando se robaba el pastel, de modo que pudiéramos acusarlo. Y los otros, también nos atrapaban en nuestras travesuras, y gritaríamos juntos, ‘!Te vamos a acusar!’ Y nos chantajeábamos el uno al otro. Diciendo, ‘si no me das tu caramelo, diré lo que hiciste el otro día’. Teníamos cuadernos con los cargos escritos en ellos. Cada uno tendría a veces una lista larga de ofensas; pero las travesuras se podían cancelar; si el otro niño decía que habíamos jugado con Biff Allen[11], podíamos decir que él había desenterrado las plantas en el patio.

“’Te voy a acusar’, diría el ‘otro niño’; y miraríamos nuestro cuaderno para ver lo que podía decir…”

Años más tarde un incidente con un pastel haría que Charles Fort abandonara la casa paterna. Una versión de esta historia la contó su viuda Annie Filling al escritor Theodore Dreiser en septiembre de 1933:

“Charles era un niño salvaje, a él no se le podía decir lo que tenía que hacer, él hacía lo que quería… Ellos tenían una madrastra, y vivían en una casa hermosa en Albany… Una noche Charlie llegó a casa a las 10, y encontró que estaba cerrada. La casa tenía una gran puerta con cristales rojos, y él tomó una piedra y rompió cada pedacito del cristal. Le hicieron dormir en el sótano con los criados, y al día siguiente, cuando subió, no lo dejaron desayunar con la familia durante una semana. Prohibieron a los criados pasarle cualquier cosa, pero al otro día, cuando llegó el pastel, él hizo un gancho de una placa, y la madrastra intentó alejarlo de él. Charlie tomó el pastel y lo lanzó a su madrastra. Entonces hubo una pelea. Charlie fue con su abuelo, y su padre tuvo que pagar su manutención hasta que se hizo adulto, y entonces Charlie se fue al extranjero. Así fue cómo se fue lejos”.

No sabemos a qué edad ocurrió esta partida, pero en una carta de Fort escrita en 1915 afirma que vendió algunas notas a un periódico de Nueva York “cuando tenía 17 en Albany”, y a los 18 (1892) contribuyó “a la edición del World de Brooklyn”, y a los 19 (1893) se convirtió en “redactor” de un periódico nuevo, The Independent de Woodhaven, publicado en o cerca de Jamaica Long Island. En ese sentido Tiffany Thayer reflexiona al respecto:

“Ahora bien, las contribuciones al periódico de N.Y. e incluso a la edición del World de Brooklyn se pudieron haber hecho por correo, pero para editar un periódico en Long Island -incluso un semanario- Fort debió haber vivido en la vecindad.

“La copia del artículo más temprano que tenemos es del Journal de Nueva York, del 27 de abril de 1897, pero unos anteriores seguramente se han perdido, porque Fort estaba muy involucrado en ese tiempo, y se ha sabido que vivió en la ciudad de Nueva York por más de un año. Él recibió correspondencia en la 170 East 32nd Street, fechada en julio 21 de 1896. Es una postal, en donde se lee: ‘Fort: estamos en la avenida Columbus número 32 – Cor 75th quédate ahí- Christopher’.

“No tengo idea de quien era Christopher solamente sospecho que era un pariente o un amigo de Albany”.

En el clip que se anexa se pueden ver diversas fotos de Charles Fort, “La Foca del Bronx”, en su juventud y hacia el final de su vida.

Vemos una de las típicas tiendas de ultramarinos de finales del siglo XIX, como la de los padres de Fort.

También podemos encontrar diversos grabados e ilustraciones de “lluvias insólitas”, como las que aparecen en el libro de Olaus Magnus, Historia de Gentibus Septentrionalibus (1555), en donde se muestran diversas lluvias de peces. O el grabado sobre madera de Expositio Canonis Misse (1496), del Obispo Odo de Cambrai, que muestra la escena bíblica de la caída de maná.

Varias otras ilustraciones se ocupan de este tema (Éxodo 16.4-36), pero también de la lluvia de piedras que cayó sobre los amonitas, cuyo relato lo podemos encontrar en el Libro de Josué. O la invasión de ranas mencionada entre las plagas de Egipto.

Entre las lluvias de objetos insólitos está la clásica lluvia de fuego mencionada en la Biblia.

Hay, también dos grabados de 1557 que muestra una lluvia de cruces ocurrida, supuestamente, en 1503, y otra de lingotes de hierro caidos sobre una aldea de Basilea, Suiza.

Continuara…

[1] Theodore Dreiser lo comparó con Oliver Hardy. Louis Pauwels y Jacques Bergier decían que tenía los mismos bigotes que Gurdjieff.

[2] O Charles Nelson Fort, como mencionan otros biógrafos.

[3] Hacia 1910.

[4] Otros, como Tiffany Thayer, apuntan que el nacimiento fue el 6 de agosto, pero como hemos visto, el mismo Fort menciona el 9 como fecha de su nacimiento. El error de Thayer proviene de una entrevista que le hizo a Raymond Fort, hermano de Charles. Quien menciona ese dato.

[5] Escrito hacia 1899.

[6] Probablemente el título proviene de la obra de Shakespeare As You Like It (acto 2, escena 7, línea 142): “And one man in his time plays many parts, his acts being seven ages”; Pero, curiosamente, también podríamos mencionar los “muchos fragmentos” que quedan de este manuscrito de Fort, las “muchas piezas” de literatura científica que Fort utilizó en sus escritos y las “muchas partes” que dio a luz este género literario.

[7] Parece que había una pugna entre las familias Fort y Hoy en definir quién estaba arriba en la escala social: los abogados o los vendedores de ultramarinos. Este podría ser el origen del desprecio de Charles Fort por la Ciencia y la Cultura.

[8] “En el margen superior, enfrente de ‘Ellos’, que representaba a su padre, Fort ha escrito ‘C.N.’ tres veces”. Nota de Thayer

[9] Knight Damon, Charles Fort: Prophet of the Unexplained, Doubleday & Co., Garden City, New York. 1970.

[10] Una nota de Thayer al pie del manuscrito dice: “En los márgenes de este MS, Fort ha hecho algunas anotaciones a lápiz en una fecha mucho más reciente, para identificar sobre todo los personajes. En la mención antedicha de su abuelo él ha escrito dos veces “P.V.” en el margen. Observe también los principios del interés de Fort en el Ártico y la aurora.

[11] Este Biff Allen (seguramente un nombre ficticio) era un chico adolescente que gustaba de relacionarse con tipos mayores de mala reputación.

 

La Navaja del Doctor Invencible

No se sabe la fecha exacta de su nacimiento. Algunos creen que William Ockham (Guillermo de Occam) nació en una localidad de Surrey llamada Ockham, al Sur de Londres, en 1280, pero otros opinan que fue en 1290 o en 1295, y otros más dan la fecha de 1300.

Guillermo de Occam.

Es poco lo que se conoce de su infancia. Muy joven viajó a Londres e ingresó a la Orden Franciscana. Estudió lógica y fue ordenado subdiácono en 1306. Hacia 1307 se trasladó a Oxford a estudiar teología, muy probablemente con Duns Scoto (Juan Escoto, 1266-1308). De 1315 a 1319 daría clases en Oxford y en París. Es precisamente en Francia, y luego en Alemania, en donde transcurriría la vida intelectual de De Occam.

En la Edad Media el texto oficial de Teología era la obra de Pedro Lombardo (1095-1160), Sentencias. Guillermo fue un encarnado crítico de esta obra y eso le impidió obtener el título de Teología en Oxford. Salió de la Universidad como “Inceptor” (principiante o bachiller) y continuaría sus estudios en conventos de Francia. El rector de Oxford, Jhon Lutterrell le acusó ante el Papa Juan XXII de haber cometido “56 errores”, pero durante años, y gracias a su retiro a Francia, Occam continuaría sin ningún sobresalto.

Juan Escoto.

En 1323 Lutterrell, al no obtener respuesta, viaja a Aviñón para hablar con el Papa. Un año después Juan XXII ordena que Occam se traslade a Aviñón. Allí se le abrió un proceso para juzgar sus obras, mismo que duró varios años. La sentencia se dicta luego de tres años de deliberaciones, pero no satisface a Lutterrell, quien pide mayor dureza.

Durante el proceso, pero independiente de él, va tomando fuerza una nueva corriente dentro de la orden de los franciscanos: la llamada corriente “espiritual”. Estos franciscanos decían que, ya que Jesús y sus apóstoles no habían tenido propiedades, los religiosos tampoco deberían tenerlas y tenían que vivir en la pobreza. Entre los líderes de este movimiento estaban el propio General de la Orden, Miguel de Cesena, y fray Bonagracia. Guillermo de Occam rápidamente se adhirió a esta corriente.

Juan XXII.

No es difícil comprender que esta tesis fuese declarada herética, pues afectaba los intereses de la Iglesia. Es entonces que en 1326, el Papa manda detener a Cesena, Bonagracia y a Occam. Los tres escaparían el 26 de mayo de 1328 para dirigirse a Alemania, en donde les daría asilo Luis IV de Baviera, quien ya había sido excomulgado en 1324.

Fue este hecho, y no sus críticas a Lombardo, lo que haría que el Papa lo excomulgara el 5 junio de 1328. Misma suerte correrían sus compañeros, pero Cesena, además, es destituido de su cargo, aunque tenía en su poder el sello de la Orden Franciscana. En 1329 Occam pasa a residir en el convento franciscano de Munich, ciudad-corte del emperador. Aprovecha su estancia en Munich para criticar las bulas del Papa sobre la pobreza. Escribe Ocho cuestiones sobre la autoridad del Sumo Pontífice y Compendio de los errores del Papa Juan XXII. Para Occam, Juan XXII es un antiPapa y, además, hereje.

También defendía que la Iglesia debería tener una función meramente espiritual, y por lo tanto el emperador tenía primacía temporal sobre el Papa. Sostenía que debería haber una separación entre el poder Papal y el temporal, y que la fe y la razón también deberían disociarse. Siguiendo las enseñanzas de Escoto, se opuso a Tomás de Aquino (que pretendía explicar la existencia de Dios mediante razonamientos filosóficos). Para Occam no podía haber una teología racional, ya que la existencia de Dios y otros dogmas religiosos, como la inmortalidad del alma, no pueden ser demostrados por medio de la razón, ya que se basan exclusivamente en la fe.

Luis IV de Baviera.

Juan XXII muere en 1334, pero Occam no se reconcilia con el sucesor, Benedicto XII. Continúa escribiendo sobre Lógica y Filosofía, pero principalmente sobre Política y Teología. También sus compañeros mueren y él queda como vicario de la orden franciscana sediciosa. Finalmente muere Luis de Baviera en 1347, quien había sido destituido un año antes. Cansado y sin apoyo, en 1348 entrega el sello de la Orden Franciscana y pide una reconciliación al Papa Clemente VI, quien lo perdona a condición de que firme una serie de retractaciones, se ignora si las llegó a firmar ya que a partir de ahí se pierde su rastro. Algunos piensan que murió en la epidemia de peste negra de 1349, pero para otros el Venerabilis Inceptor (Venerable Bachiller) o Doctor Invincibilis (Doctor Invencible) murió el 10 de abril de 1350 en la ciudad de Munich.

PENSAMIENTO POLÍTICO

Occam pensaba que todo el poder, político y religioso, proviene de Dios. A los hombres sólo les queda elegir a sus gobernantes (políticos y religiosos). El Papa, al ser elegido por un grupo de hombres (los cardenales) y al ser él mismo un hombre, puede equivocarse. Un cristiano está sometido al Papado, pero no al Papa. De igual forma, ni el Papa debe estar sometido a los reyes, ni estos al Papa ya que sus poderes provienen de Dios y son independientes.

Tomás de Aquino.

El Papa, al ser el sucesor de San Pedro, es la cabeza de la iglesia y príncipe de todos los obispos y su autoridad sólo alcanza las cuestiones religiosas y no a las civiles. Los reyes, a su vez, no tienen jurisdicción religiosa y su autoridad es sólo civil. La Iglesia y el Estado son independientes, aunque puede haber coordinación y colaboración debido a su común origen divino, con el fin de buscar un bien para la comunidad.

PENSAMIENTO FILOSÓFICO

Guillermo de Occam fundó el Nominalismo y también fue el responsable del Voluntarismo. El primero sostiene que todos los conceptos universales no son más que palabras, y al ser producto de la mente, son subjetivos. No hay ninguna realidad que responda al calificativo de universal. El segundo se refiere a la Voluntad omnipotente de Dios, es decir, odiar a Dios podría ser un acto bueno, siempre y cuando él mismo lo prescribiera (Deus potest praecipere quod voluntas creata odiat eum (…). Odire Deum potest esse actus rectum in via, puta si praecipiatur a Deo: ergo et in patria!). No hay un Bien y Mal naturales. Estos son sólo así porque Dios lo ha querido (ha sido su voluntad) y no a la inversa. Esto lleva a la negación de la existencia de Dios, ya que al poder hacer algo absurdo, él mismo sería un absurdo

Benedicto XII.

Según Occam, existen dos tipos de verdad:

a) Racional o Filosófica. El hombre capta esta verdad mediante la razón y la evidencia de los razonamientos.

b) Teológica. El hombre capta esta verdad mediante la fe, que se rige por la voluntad.

PENSAMIENTO CIENTÍFICO

Para Occam la Naturaleza siempre escoge el camino más simple. Este era un pensamiento común entre varios escritores medievales, como Durand de Saint-Pourcain, un dominico filósofo y teólogo fallecido en 1332, y también se encuentra enunciada en la obra de Duns Scoto.

Clemente VI.

Pero De Occam decía que la simplicidad no era un atributo de lo real pero sí debía serlo de las teorías sobre lo real. Para él la mejor teoría era aquella que puede explicar lo mismo con menos elementos o recursos. En particular cuestionó la teoría del ímpetu diciendo que afirmar “un cuerpo se mueve debido a que adquiere un ímpetu” era más complicado que decir sencillamente “un cuerpo se mueve”, ya que la expresión “adquiere un ímpetu” no decía nada y por tanto no agregaba nada nuevo (flatus vocis = palabra vacía).

Sean Connery como Guillermo de Baskerville.

El concepto de asociar sencillez con verdad no era nuevo en el siglo XIV. De hecho se encuentra ya en la Física de Aristóteles, pero Occam lo utiliza, por ejemplo, para reinterpretar las ideas de causalidad del filósofo estagirita, afirmando que no se puede justificar una causa universal por simple acumulación de casos individuales.

LA FAMOSA NAVAJA

Esta búsqueda de la simplicidad y la sencillez es lo que llevó a Occam a afilar su navaja. La Navaja de Occam, el también llamado Principio de parsimonia (en el sentido de moderación) o de economía, es una de las herramientas más potentes y eficaces de la ciencia moderna. Implica que en el conjunto de teorías ofrecidas para explicar un hecho hemos de preferir, en general, la más simple. La forma más conocida dice: “Entia non sunt multiplicanda praeter neccesittatem” (No multiplicar los entes más allá de lo necesario). Pero de esa forma nunca la escribió Occam. En su obra encontramos la idea enunciada de diversas maeras, por ejemplo, cuando en los comentarios a las Sentencias de Pedro Lombardo, afirma: “Nunquam ponenda est pluralitas sine necesítate” (No debe suponerse una pluralidad sin motivo), o “Pluralitas non est ponenda sine necesítate” (No hay que suponer una pluralidad sin ser necesario). También en la expresión “Frustra fit per plura quod potest fieri per pauciora” (Es vano hacer con mucho lo que puede hacerse con menos); “Non sunt ponenda plura ubi sufficiunt pauciora”, o bien “Quando propositio verificatur pro rebus, si duae res sufficiunt ad eius veritatem, superfluum est ponere tertiam”, lo que quiere decir que cuando una afirmación puede ser verdadera por dos razones, y estas son suficientes, es superfluo suponer una tercera.

Una redacción más moderna dice que: “Las descripciones deben mantenerse lo más simples posibles hasta el momento en que se demuestre que resultan inadecuadas”.

EL NOMBRE DE LA ROSA

Varios autores han señalado la influencia que tuvo Occam en la novela de Umberto Eco. En efecto, el mismo Eco informa en su Postille a Il nomme della rosa, que pensó originalmente en William de Ockham para el personaje que finalmente se llamaría William de Baskerville. Su origen franciscano y sus conocimientos de la filosofía natural lo hacían el candidato ideal para resolver los crímenes del monasterio. De hecho la trama ocurre en 1327, justo cuando De Occam estaba encarcelado en Aviñón.

Humberto Eco.

En toda la novela hay referencias al franciscano, como en el primer día (Vísperas), Baskerville le dice a Adso que “no conviene multiplicar las explicaciones y las causas mientras no haya estricta necesidad”; o cuando menciona ser amigo Guillermo de Occam.

SU OBRA

La obra de Occam es bastante extensa, y cubre varios campos del conocimiento, como Filosofía, Lógica, Naturaleza y Teología. Están, por ejemplo, sus estudios sobre la obra de Aristóteles: (In librum praedicamentorum; In duos libros Perihermeneias; In duos libros Elenchorum; Expositio super octo libros Physicorum).

Las críticas a los libros de Lombardo (Ordinatio sobre el libro primero de las Sentencias y Reportatio sobre los tres libros restantes).

También se ocupó de Porfirio en Expositio in artis logicae proemium et expositio in librum Porphyrii de praedicabilibus.

Hay que considerar también De Sacramento altaris; Scriptum in librum primum Sententiarum y Tractatus de praedestinatione et praescientia Dei.

Compendium logicae; Logicae tractatus minor y Tractatus logicae junto a Elementarium logicae; Summa totius logicae y Logica maior son sus obras más destacadas.

Finalmente hay libros dedicados a la Física: Quaestiones in octo libros physicorum; Quodlibetos y Quaestio Prima Principalis Prologi. Y sus escritos en los que se debate el problema de la potestad Papal y civil y se critica los errores y herejías de los Papas Juan XXII y Benedicto XII, como Tractatus de successivis.

REFERENCIAS

De Andres T., El nominalismo de Guil1ermo de Ockham como filosofía del lenguaje, Madrid, 1969.

Newman, J. R. The world of mathematics, Simon & Shuster, Nueva York, 1956.

Rábade S. Romeo, Guillermo de Ockham y la filosofía del siglo XlV, Madrid, 1966.

Shapiro H., Motion, time and place according to William of Ockham, Nueva York, 1957

Trueba Atienza Carmen, “Lógica filosófica medieval: San Anselmo y Guillermo de Occam”, Analogía, 11(1): 151-166, ene-jul, 1997.

Chaneques incendiarios

EL CASO DE LOS CHANEQUES INCENDIARIOS

Juan Aldama y su hermano Demetrio quedaron sorprendidos. A unos cuantos metros de donde se encontraban, sobre la carretera 180, vieron un camión de carga que, incendiándose y haciendo ruido con la bocina, transitaba dando tumbos sobre la costera del Golfo de México. Los hermanos Aldama, campesinos y vecinos de Las Palmas, en el Estado de veracruz, declararon que vieron al camión cuando venía ardiendo sobre la carretera. Eran aproximadamente las 16:00 horas del 25 de mayo de 1973.El “camión incendiado por los chaneques”.

De inmediato acudieron a prestar ayuda al conductor, una vez que éste logró detener el camión sobre la cuneta. Lo bajaron y auxiliaron: no tenía ninguna quemadura de importancia pero gritaba, exaltado, que se había quedado sin frenos y que se quemaba. Entre todos intentaron apagar el fuego, pero nada pudieron hacer para sofocarlo. Las llamas se propagaron rápidamente quemando las tarimas de madera y tdo el material combustible sobre el vehículo. Los asientos, en la cabina del conductor, se convirtieron en cenizas y algunos de sus resortes se doblaron por el calor; las llantas continuaron quemándose por varias horas. El conductor del camión, una vez repuesto del susto, huyó con rumbo desconocido.

El siniestro fue reportado en varios periódicos de la República Mexicana, llegando a aparecer en el Novedades, uno de los principales diarios de la capital mexicana.

Las compañías e seguros y los Miniserios Públicos reciben al mes varios reportes de autos y camiones quemados por diversas causas, principalmente debido a accidentes automovilísticos. Sin embargo, estos accidentes no son tan importantes como para que su crónica aparezca en la mayor parte de los periódicos del país. ¿Qué tenía de especial este caso para que se le diera tanta importancia?

Siete días antes había ocurrido otro siniestro similar muy cerca de ahí. Un caso que ha entrado en la historia de la ufología mexicana como “el caso del camión quemado por los ovnis”. Este suceso ocurrió en el mismo estado de Veracruz y, supuestamente, estuvieron involucrados unos diminutos seres conocidos en la zona con el nombre de chaneques.

Como bien ha apuntado Héctor Escobar, el caso de Las Palmas no era más que una copia del suceso ocurrido el 18 de mayo en Cintalapa, aunque más simple. La diferencia entre ambos era que en Cintalapa, como veremos, los elementos que no se queman fácilmente fueron los que, supuestamente, ardieron, y en Las Palmas, se dijo, no se quemaron los productos combustibles.

Como elementos de extrañeza se apuntaron: que el parabrisas de cristal del camión no se había quemado; que en las cercanías del camión se hallaron fragmentos de cartón y de mica (silicato aluminicopotàsico hidratado con cantidades variables de Magnesio, Manganeso, Fierro y Titanio) sin quemar; y que también se encontró un costal de yute (fibra de henequén) sin dañar.

En cuanto al cristal y a la mica no era tan extraño que no hubieran sufrido daños, ya que el primero era un parabrisas del tipo de cristal templado y la segunda, como se sabe, en algún tiempo se utilizó como aislante térmico en algunos aparatos eléctricos. El pedazo de cartón tal vez no pertenecía al camión o llegó al lugar con l viento, y el costal del yute era del mismo tipo del que utilizan los campesinos de la zona para guardar sus cosechas. Los hermanos Aldama lo habían utilizado para tratar de apagar el fuego, probablemente lo dejaron olviddo. En realidad nada había e misterioso. Ni siquiera la huída del conductor, pues seguramente por algún error suyo en el mantenimiento o la conducción del camión, había sufrido este incendio o temía que le acusaran y le obligaran a pagar los destrozos.

Lo que hizo “famoso” este caso fueron los sucesos ocurridos días antes en la carrtera Tinaja a Tierra Blanca y de los que a continuación nos vamos a ocupar.

UN CAMIÓN CARGADO CON ASBESTO

Todos los autores que se han ocupado de este caso, desde Escobar hasta García, pasando por Salazar, han cometido el mismo error informando que los sucesos ocurrieron el 22 de mayo de 1973. En realidad fue el viernes 18 de mayo cuando Miguel Ángel González conducía un camión cargado con cemento y 50 láminas de asbesto, sobre la carretera 95, de La Tinaja a Tierra Blanca, y observó unos diminutos hombrecillos que le hacían señas.

Según el relato que hizo González, al acercarse al poblado de Cintalapa, aproximadamente en el kilómetro 18 de la citada carretera, vio a cierta distancia un grupo de hombres, cinco en total, a mitad del camino, quealzaban los brazos en dirección del camión, por lo que disminuyó su velocidad, y cuando ya los tenía a unos 20 metros, pudo observar que se trataba de hombre muy pequeños, ni siquiera del tamaño de un hombre enano, y que parecían chaneques (duendes o gnomos).

De inmediato paró el camión y trató de perseguirlos, pero los chanques se dirigieron hacia un monte cercano cubierto de maleza, en donde se perdieron.

Cuando González regresó al camión, grande fue su sorpresa al encontrarlo envuelto en llamas azules. En unos pocos minutos, según González, todo fue destruido, incluyendo el cemento y las láminas de asbesto, estimándose los daños en 35 mil dólares.

El camión era propiedad de Abel López, vecino de Catemaco, en el mismo Estado de Veracruz.

Al poco tiempo llegó la patrulla de caminos. El chofer no cesaba de reetir que el camión cargado con láminas de asbesto y costales de cemento fue pasto de llamas azules a pesar de que dichos materiales no son combustibles. González declaró:

Iba a la altura del kilómetro 18 de la carretera La Tinaja a Tierra Blanca, acercándome al poblado de Cintalapa, cuando de pronto vi un grupo de gentes a la mitad de la carretera y por eso disminuí la velocidad. Cuando ya los tenía a poca distancia pude observar que se trataba de hombres muy pequeño, ni siquiera del tamaño de un enano. Estaban vestidos de una manera muy extraña. Parecían duendes o gnomos que venían a mi encuentro con los brazos en alto.

Ya muy cerca de ellos paré el camión. Parece ser que al bajarme sorprendía a aquellos hombrecillos con mi presencia. Entonces huyeron precipitadamente y se perdieron en la maleza.

Después de buscarlos inútilmente, decidí regresar, y grande fue mi sorpresa al contemplar el camión envulto en gigantescas llamas azules.

Aunque no sentía calor, esas llamas consumieron el camión con todo y carga, no obstante que era cemento y láminas de asbesto lo que transportaba.

LOS CHANEQUES

El conductor del camión hizo su declaración, bajo juramento, ante las autoridades de la Policía de Tránsito Federal. El oficial Fernando Aportela Abad tomó conocimiento del caso y en su acta dijo que era posible que un cortocircuito en el motor produjera el incendio; sin embargo, testificó su incredulidad ante la conflagración del material no combustible:

Como policía es difícil comprobar la versión del conductor sobre duendecillos que arrojan bolas de fuego, por lo que soy incrédulo, pero como veracruzano conozco las historias de los chaneques, que coinciden con la descripción del conductor. Sabemos que lo de los chaneques o duendes es pura leyenda, pero no nos podemos explicar cómo es que ardió el cemento, láminas de asbesto y material no inflamable, y que requieren de potentes sustancias químicas y altas temperaturas para incendiarse.

La policía, aunque intrigada, ayudó a González y al propietario del vehículo, Abel López, a buscar a los gnomos responsables del siniestro.

La noticia, que corrió como reguero de pólvora, causó gran conmosión entre los moradores de La Tinaja, cuna de la leyenda de los chaneques. Los habitantes del poblado “a ojos cerrados dieron crédito al conductor de su encuentro con los chaneques”, haciendo comentarios acerca de apriciones en diferentes lugares de Veracruz de los fantásticos personajes.

El señor Jesús “Chico” Rodríquez de Ramos, residente en La Tinaja y dueño de un negocio de mercado automotriz y de grúas, retiró de la carretera los restos del camión. El comentario del Rodríguez fue:

Aquí todos los habitantes escuchaon con demasiada atención la historia del chofer Miguel Ángel y los chaneques. Sin embargo, bien puede ser una vulgar mentira del conductor del camión para eludir la responsabilidad derivada del incendio, que pudo ser ocasionada en el sistema de frenos. Es decir, que pudo ocurrir que las balatas se hayan “pegado” y con la fricción se produjo el siniestro.

Sin embargo -añadió el señor Rodríguez-, la narración de Miguel Ángel ha corrido de boca en boca en todo el pueblo y propició que de la capital de la república varios medios de información telefonearan a este lugar con el fin de localizar al chofer para que diera nuevamente su versión sobre el extraño suceso.

EL RAYO LASER Y LOS OVNIS

Así estaban las cosas. Todo el mundo hablaba de la responsabilidad de unos duendes autóctonos, los chaneques, pero nadielos había relacionado con los ovnis, hasta que el 30 de mayo, un ingeniero industrial, José de Hora López, catedrático de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Veracruz, especialista en física y electrónica (según dijeron los periódicos) y aficionado a los ovnis, declaró que el incendio fue causado “por la proyección de un poderoso rayo luminoso de una longitud de onda de tipo selectivo y de origen desconocido, similar al rayo láser y que en ese momento debió haber producido un haz e luz de altísima intensidad con partículas ígneas de 2,500 a 3,000 grados de temperatura por lo cual el asbesto, que sí es un combustible fácil, quedó reducido a pedazos de carbón”.

Fragmento del metal fundido recuperado en el siniestro.

De aquí a involucrar a losovnis en el asunto sólo había un paso. Ese paso lo dieron los redactores de la revista DUDA al escribir en uno de sus encabezados ¿Tiene que ver este misterioso incendio con los ovnis?, para luego sumergirse en elucubraciones fantasiosas.

Una vez establecida la relación ovnis-camión quemado, el único ufólogo mexicano que se acercó a investigar el caso en ese entonces fue Raúl Álvarez Ramos, quien se había intresado por los platillos voladores desde 1957, y que había diseñado un emisor de señales de radio de acuerdo con la distribución de los cuasares (sic). Raúl Álvarez se apersonó en Cintalapa y recogió muestras de los fragmentos “quemados” del camión, muestras qu veinte años después aclararían el caso.

ASBESTO Y CEMENTO

Antes de ver cuál fue la solución de este caso veamos qué cosas son, químicamente, el cemento y el asbesto.

El cemento es una mezcla de caliza CaCO3 y arcilla caolinítica. Durante la cocción del cemento ocurren las siguientes reacciones:

Trozos de las láminas de asbesto que transportaba el camión.

  • Evaporación del agua de la mezcla a 100ºC.
  • Disociación del carbonato de magnesio a 400ºC.
  • Eliminación del agua combinada con la arcilla a 500ºC.
  • Formación de aluminato cálcico (CaO Al2O3) y óxido ferroso cálcico (CaO Fe2O3) debajo de 800ºC.
  • Formación de silicato cá
  • lcico (CaO SiO2) entre 800º y 900ºC.

  • Formación de trialuminato cálcico (5CaO 3Al2O3) entre 900º y 950ºC.
  • Formación de silicato bicálcico (2CaO SiO2) entre 950º y 1,200ºC.
  • Formación de aluminato tricálcico (3CaO Al2O3) y aluminato tetracálcico (4CaO Al2O3) entre 1,200º y 1,300ºC.
  • Principios de formaciones líquidas a 1,260ºC.
  • Formación de silicato tricálcico (2CaO SiO2) con desaparición progresiva de la cal libre a 1,260º y 1450ºC.


Como se ve, en esta calcinación se eliminan todos los productos que se puedan evaporar y quemar por debajo de los 1,450ºC. Lo que queda es un material prácticamente no combustible a esas temperaturas.

Por su parte, el asbesto está constituido por silicatos fibrosos o minerales que se deshacen en fibras como la tremolina (Ca2Mg5Si8O22(OH)2) y el crisolito (Mg6Si4O11(OH)6H2O), es decir, silicatos dobles de calcio y magnesio con un poco de alúmina y óxido de hierro.

Antiguamente el asbesto era sinónimo del amianto, aunque hoy se da este nombre sólo a las variedades más sedosas. Su nombre proviene del latín asbestos y éste del griego ásbestos, incombustible, inextinguible. Se le utilizaba comunmente omo aislante, en la fabricación de trajes a prueba de fuego, en láminas canalizadoras y tuberías. El asbesto comercial comprende tres tipos de minerales: anfibolita, hornblenda y serpentina. Para fabricar tubería y láminas de asbesto se le mezcla con cemento y un exceso de agua. Este era el tipo de material que transportaba Migue Ángel González. Un material que efectivamente es incombustible, y sin embargo…

LAS MUESTRAS DEL CAMIÓN QUEMADO

Dentro de las leyendas ufológicas mexicanas ha quedado grabado el hecho de que un camión cargado con demento y láminas de asbesto fue consumido totalmente por unas misteriosas llamas azules, producidas por un rayo láser emitido desde un ovni que transportaba chaneques. Pero ¿es verdad lo anterior? ¿Se consumieron las láminas de asbesto y los acos de cemento?

Durante el programa ¿Y usted qué opina?, dirigido y conducido por Nino Canun, Raúl Álvarez Ramos nos entregó una muestra (fragmentos, residuos) de los restos del camión quemado.

Microfotografía con amplificación de 200X, en la que se observan inclusiones de calcio-silicio. La probeta fue atacada con ácido fluorhídrico al 0.5% durante 15 segundos.

Al observar los residuos y tenerlos en mis manos comprendí, de inmediato, la verdad del caso del “camión quemado por un ovni”. Lo insólito del asunto se reducía a que, supuestamente, las láminas de asbesto se habían reducido a cenizas junto con el camión. Las láminas de un producto incombustible habían ardido, sin más.

Bueno, eso era lo que se decía y era parte de la leyenda; pero ahí, en mis manos y frente a mis ojos, lo que yo veía eran tres residuos perfectamente bien diferenciados. Por una parte, es cierto, había una gran cantidad de ceniza, para ser más exactos, tizne o carbón producto de la combustión de materia orgánica, posiblemente madera. Había, además, pedazos de un metal fundido de un color plateado, probablemente aluminio o algunaaleación del mismo ya que, a pesar del tiempo transcurrido, no presentaba signos de corrosión y era bastante ligero (posteriormente en casa comprobé que era material no magnético). Finalmente, habían pedazos de la famosa lámina de asbesto sin ningún signo de combustión o de que hubiese sido fundida. En una palabra, como ya dije más arriba, todo había sido un mito, una leyenda. El “camión quemado por los ovni” había ardido pero dejando intactas las placas de asbesto. No había mayor misterio, aunque quedaban varios cabos por atar. En primer lugar había que identificar las tres sustancias (¿carbón? ¿aluminio? ¿asbesto?); posteriormente había que identificar la causa del siniestro. Era necesario tratar de entrevistar a los testigos y ver si existía algún móvil (cobro de seguros, negligencia en el manejo o en los mantenimientos de la unidad, problemas de alcohol, robo de materiales, etc.)

El primer problema (la identificación de la sustancia) se resolvió en dos pasos. El análisis de la ceniza lo ealicé personalmente en los laboratorios de Ciencia Básica de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (hago la aclaración, para establecer una diferencia entre Jim Dilettoso y otros ufólogos que se arropan con el prestigio de las instituciones con las que colaboran o a las que le trabajan, y nosotros, que la UNAM no avala los resultados obtenidos por mí, sencillamente porque no fue un estudio oficial).

Los resultados arrojaron, simple y llanamente el veredicto de : residuos de materia orgánica quemada (madera) y restos de grasas y aceites minerales y diesel. Estas cenizas pudieron haber sido los restos del tandem de madera del camión que, seguramente, estaban impregnados con aceite mineral (del mismo que se utiliza para lubricar el motor). El diesel, obviamente es el tipo de combustible que utilizan estos camiones para su funcionamiento.

El problema de identificar el metal y los fragmentos de la lámina de asbesto era más complicado y escapaba de mis manos, recursos y conocimientos (soy ingeniero químico y no químicometalúrgico). Estas muestras, junto con un fragmento de un supuesto ovni que se había estrellado en el Norte de la República Mexicana (qu me había entregado el ufólogo Luis Andrés Jaspersen), y del que en otra ocasión hablaré, fueron enviadas a tres laboratorios independientes: dos casas de estudio, la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana, y a una compañía metalúrgica: Fundidora Altzairu. Hago la aclarción de que tampoco estos organismos avalan los resultados, por la misma razón anterior. Hay que hacer notar, sin embargo, que los analistas de la UAM y de Altzairu son aficionados a los ovnis (pro-ovni).

Microfotografìa, ampliación 100X. Se observan fases de aluminio-silicio, así como zonas de silicio-calcio y pequeñas áreas de la fase alfa de aluminio-hierro-silicio. La probeta fue pulida y no se le atacó químicamente.

En términos generales los tres análisis concuerdan. Las placas de asbesto son efectivamente de asbesto (en uno de los laboratorios se identificó como “fibrocemento o asbesto”). Fueron desprendidas “no por corte o cisalladura, sino por movimientos manuales: doblar y desdoblar hasta su ruptura y desprendimiento”. No hay evidencia de combustión: “las muestras están impregnadas de ceniza que no corresponde a los elementos en cuestión”. Lo anterior puede tener una explicación ya que Raúl Álvarez Ramos guardó en un solo lugar sus “muestras”, manteniéndolas en contacto.

En cuanto al metal, se trataba efectivamente de una aleación de aluminio. Los diferentes resultados de los laboratorios arrojaron una proporción de 85.5 a 86.5% de aluminio (en uno de los reportes se habla de Bauxita Al2O3.2H2O); 12.5 a 13.5% de silicio; 1% de hierro y trazas de calcio. Se menciona el nombre de la aleación (¿comercial?): Silumin. También se dice que la aleación es muy parecida a la producida por Alcan, en Arvida, Canadá. Finalmente se nos informa que esta aleación se usa en la fabricación de planchas, barras, perfiles y remaches. Los restos son, suponemos, de los perfiles que sstienen unidas las tablas de madera del tandem o de los remaches utilizados en los perfiles de aluminio o de ellos mismos.

Entre las varias pruebas que se hicieron estuvieron la preparación de pobetas según la norma NOM B-79-1986 y tomas de fotomicrografías con miscroscopio electrónico. En esas fotos se observan fases del aluminio-silicio; aluminio-calcio y fase alfa de aluminio-hierro-silicio.

¿QUÉ OCURRIÓ?

De los datos aquí expuestos se desprende lo siguiente:

Un camión que transportaba materiales de construcción como sacos de cemento y láminas de asbesto se incendió alcanzando temperaturas de al menos 659ºC (temperatura de fusión del aluminio); el asbesto, en contra a lo que dice la leyenda, no se quemó.

Probablemente el origen de los siniestros (los dos casos aquí narrados) fue el sistema de frenos. Las balatas se pegaron produciendo, por la gran temperatura alcanzada, que la madera del tandem, que estaba impregnada de aceite, se quemara. Posteriormente las llamas alcanzaron el tanque del diesel y entonces todo el camión se incendió.

¿Estaba ebrio Migue Ángel González? ¿Por qué no pudo controlar el incendio? ¿Fue esa la razón para que inventara lo de los chaneques? ¿Por qué las llamas eran azules (signo de una buena combustión)? ¿Transportaba algún comburente, además de los productos combustibles?, o ¿la explicación correta es la del oficial Fernando Aportela Abad, quien afirmó qu todo se debió a un cortocircuito (lo que también explicaría el color de las llamas)? ¿Por qué siempre aparecen “científicos”, como José de Hora López, diciendo estupideces en el más puro estilo irracional y pseudocientífico? ¿Qué hubiera ocurrido si la revista DUDA no hubiera involucrado a los ovnis en este suceso? ¿Hubiera pasado inadvertido? ¿En este tipo de incendios se puede alcanzar temperaturas de al menos 659ºC?*

Aún quedan varias preguntas en el expediente por lo que este reporte sólo puede ser preliminar. A estas preguntas se intentará responder en una futur reencuesta del caso e el sitio. Por el momento sólo podemos decir que aquí no hubo ningún ovni y que en general, para todas las preguntas existen respuestas perfectamente racionales (aunque estas tarden algunos años en llegar).

REFERENCIAS

Anónimo, Un camión incendiado por chaneques, Novedades, México, 22 de mayo de 1973.
Anónimo, Otro camión consumido por el fuego, Novedades, México, 26 de mayo de 1973.
Anónimo, ¿Qué incendió aqueñ camión?, Duda, No. 103, México, 20 de junio de 1973, pág. 32.
Anónimo, Algo muy raro sucede en Veracruz, Duda, No. 108, México, 25 de julio de 1973, pág. 32.
Anónimo, Un camión incendiado por duendes, Oculto, Año II, No. 36, I Epoca, México, 18 de enero de 1979, págs. 36-38.
Escobar Sotomayor Héctor, Los fraudes ovni en México, Perspectivas Ufológicas, No. 2, México, abril de 1994, págs. 21-26.
Escobar Sotomayor Héctor, 500 años de ovnis en México I, Corporativo Mina, México, 1995, págs. 70-71.
García santiago, Los ovnis en México, Coleción Duda Semanal, Serie la Otra Cara, No. 58, Editorial Posada, México, 1973, págs. 85-87.
Montes de Oca Pedro, Fue un rayo luminoso el que incendió el camión, La Prensa, México, 30 de mayo de 1973.
Rodríguez Ángel Manuel, Si fueron chanecas los que incendiaron el camión, La Prensa, México, 23 de mayo de 1973.
Salazar Mendoza Alfonso, Los chaneques en Chiapas… ¿llegaron de otro planeta?, Reporte ovni, No. 31, México, agosto de 1994, págs. 11-13.

* En realidad esta pregunta sí tiene una respuesta. Para tratar de aclarar este punto veamos las gráficas 1 y 2. La primera muestra el comportamiento de diversos materiales con la temperatura. En ella vemos que la temperatura de un fuego del tipo celulósico (el producido por la combustión de madera, cartón, papel, etc.) es de cerca de 900ºC después de una hora. En ese mismo intervalo de tiempo la temperatura de un fuego de tipo de hidrocarburos (producido por la combustión de gasolina, diesel, combustóleo, etc.) es de 1,120ºC. En la gráfica 2 vemos que no es necesario que pase siquiera una hora para alcanzar la temperatura de fusión del aluminio: esa temperatura se alcanza a los 5 minutos en fugo celulósico y en 2 minutos en fuego de hidrocarburos. En ese misma gráfica se ve ue es necesario más que este tipo de fuegos para quemar cemento o asbesto o fundir el acero (1,500ºC). De hecho, las fotografías del camión muestran el tandem de madera carbonizado, pero la estructura de acero intacta. Para conseguir los resultados obtenidos no era necesario el uso de un rayo láser; una simple mezcla de fuegos celulósicos y por hidrocarburos (madera del tandem impregnada con aceite) produciría el mismo efecto. Para terminar; aunque utilicemos un rayo láser sobre una placa de asbesto, nunca obtendremos “pedazos de carbón” como lo afirmó en su momento José de Hora López, ya que en la coposición del asbesto sólo intervienen silicatos dobles de calcio y de magnesio. Transformar estos elementos químicos en carbón es un trabajo propio de alquimistas (o de ufólogos): una quimera.