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La lucha racionalista en la India

LA LUCHA RACIONALISTA EN LA INDIA[1]

Por Mario Méndez Acosta

Contra Gurús y Avatares

La India es, sin duda, cuna de una de las grandes civilizaciones de la humanidad. A lo largo de su historia han surgido en ella diversas religiones y ha sufrido la invasión de otras más. Es origen también de una co­rriente de pensamiento filosófico que ha tenido considerable influencia en occidente, sobre todo en los últi­mos dos siglos. Quizá el pensador occidental Que con más profundidad ha estudiado este influjo ha sido el teólogo y filántropo francés Albert Schweitzer.

EL LADO OSCURO

Lamentablemente, el atractivo que ha despertado el pensamiento indostánico en el resto del mundo ha facilitado que multitud de individuos, bajo el disfraz de maestros, gurús e iniciados, se lancen de lleno a establecer perniciosas sectas seudomísticas, cuyo único ob­jeto es brindarle a su creador grandes utilidades mone­tarias y poder político y explotar hasta límites inconce­bibles a sus afiliados.

Muchos de estos presuntos maestros ni siquiera son de origen indio, pero adoptan rimbombantes seudónimos indostánicos.

Si en occidente estos individuos llegan a lograr cierto arrastre e influencia, en la India su poder llega a ser impresionante.

Hasta hace poco tiempo, la opinión goenera1izada en occidente ha sido en el sentido de que cualquier ciuda­dano de la India será, sin duda, una persona creyente, simpatizante, o al menos indiferente, a la multitud de creencias místicas que -apegadas más o menos con cierta fidelidad a la tradición filosófica indostana- ­han surgido en los últimos años en esa nación, o aún en países occidentales amparadas acá bajo un matiz orientalista.

Sin embargo, así como occidente ha sufrido la influencia filosófica indostánica la India ha recibido ampliamente la influencia recíproca de las corrientes filosóficas occidentales, sobre todo el materialismo, humanismo y racionalismo contemporáneos.

De la misma manera en que la India se ha conver­tido en una de las naciones subdesarrolladas más avanzadas en el campo de las ciencias, en su seno han surgido numerosos pensadores que rechazan las corrien­tes místicas, sobre todo aquéllas que pretenden la manipulación total de sus seguidores.

TENAZ LUCHA

Agrupados en sociedades como la Unión Racionalista de la India, muchas personas preocupadas por la creciente influencia de los hombres dioses como llaman en la India a los gurús fundadores de sectas proselitistas, han iniciado auténticas campañas de movilización y concientización popular en contra de estos nuevos explotadores. En algunos estados se han llegado a organizar marchas y manifestaciones en contra de los santones negociantes y se ha instalado un servicio de protección y orientación para los discípulos de las diversas sectas que, por haber intentado desertar o por haber denunciado a los gurús, sufren presiones o represalias de parte de los sectarios.

Quizá el ejemplo más representativo del tipo de santones con los que se enfrentan los racionalistas in­dostanos, sea el célebre gurú Sai Baba, el cual no se conforma con manifestarse como enviado o confidente de la deidad, sino que se declara abiertamente ser él mismo un dios.

Sai Baba, un individuo regordete de enorme melena ensortijada y de una estatura de metro y medio, pro­clama ser el actual avatar o encarnación en la tierra del dios Vishnú. Avatares humanos de Vishnú fueron los dioses Rama y Krishna de la mitología hinduista. A su vez, Kali, la diosa de la muerte, es un avatar del dios de la destrucción. Siva.

EL NUEVO DIOS

La filosofía de Sai Baba consiste en la colección usual de lugares comunes y vacuidades de todas las sectas seudo indostánicas; sin embargo, son otros aspectos de la actuación de Sai Baba los que han llamado la atención de los grupos racionalistas de la India.

Sai Baba afirma que puede obrar diversos prodigios. Ha sido un investigador indio, llamado Sam Daalal, quien se ha encargado de analizar críticamente los su­puestos milagros del santón.

Ante mu1titudes de sus seguidores, Baba pretendidamente materializa diversos objetos de la nada. A mu­chos de sus discípulos les obsequia anillos elaborados supuestamente de oro, con un retrato del gurú esmaltado en laca, los cuales aparecen prodigiosamente en sus manos. Daalal logró obtener uno de estos anillos y, después de examinarlo, determinó que no era de oro, simplemente estaba cubierto de un baño de este metal.

El retrato no era de la laca esmaltada sino que se trataba de una simple laminilla de estaño litografiada. Además, logró encontrar la fábrica donde se manufacturan los anillos mágicos, ubicada, curiosamente, a unas cuantas cuadras del cuartel general del gurú. Adicionalmente, averiguó que en una tienda situada en las oficinas centrales de la secta, dichos anillos pueden ser adquiridos a un no muy módico precio.

Sai Baba materializa de la nada regalos un poco más valiosos. Así, obsequia a sus amigos importantes relojes de oro, que extrae mágicamente del éter. Daalal se procuró uno de estos relojes y vio que eran de una marca japonesa y que contenían un número de registro de fábrica, Después de acudir a los fabricantes nipones, Daalal averiguó que ese reloj en particular había sido vendido a una joyería en la India, ubicada casualmente a muy corta distancia del cuartel general del santón.

De todo esto es fácil deducir que Baba utiliza simples trucos de magia de escenario para hacer aparecer las joyas que reparte.

Sai Baba también materializa cenizas que obtiene del otro mundo.

Daalal, incansable, logró hacer examinar las cenizas mágicas y determinó que se trataba de estiércol de vaca carbonizado. Estas cenizas, si son mojadas con gotas de agua, forman unas pequeñas píldoras que al secarse, son recogidas y almacenadas. Las píldoras de ceniza pueden ser fácilmente ocultadas entre las comisuras de los dedos de la mano. Al ejercer presión sobre ellas, se pulverizan otra vez y el truco queda consu­mado.

AMENAZA

BasavaPremanand Otro investigador, B. Premand, fundador de la Unión Racionalista de la India, señala que las actividades de Sai Baba no se reducen a embaucar incautos. Premand ha presentado evidencia de que Baba comercia con ar­mas de contrabando. Uno de sus clientes fue nada menos que el estimable Idi Amin, antiguo dictador de Uganda.

El poder político de Sal Baba es considerable. James Randi, notable desenmascarador de charlatanes síqui­cos, intentó visitar la India con el fin de entrevistarlo. La visa le fue negada y se le advirtió que no intentara forzar su entrada al país, ya que podría perder la vida.

Sai Baba es -recibido por la primera ministra de la India con honores de Jefe de Estado, Indira Gandhi conoce muy bien el considerable número de votos que controla el santón y obviamente prefiere no buscarse más problemas de los que ya tiene.

Difícil labor tiene por delante, a no dudarlo, la gente pensante de la India.


[1] Artículo publicado en Excelsior, México, domingo 8 de julio de 1984

El hombre de Piltdown ¿una broma de Conan Doyle?

EL HOMBRE DE PILTDOWN ¿UNA BROMA DE CONAN DOYLE?

Por Mario Méndez Acosta

CharlesDawson1 Una de las falsificaciones que más revuelo han causado en el mundo científico fue la perpetrada en 1912 en Piltdown, al sur de Inglaterra, en donde se descu­brieron unos restos que presuntamente pertenecen a uno de los ancestros más remotos de la humanidad en Europa. Este hallazgo le acarreó gran prestigio a Charles Dawson, naturalista aficionado quien encon­trara los valiosos fósiles.

En 1954 se descubre, sin lugar a duda, que tales restos no eran más que una hábil falsificación y el deshonor cae sobre el pobre de Dawson.

No obstante, en estos momentos el mundo científico se conmueve a causa de una enconada discusión acer­ca de quién fue realmente el culpable del fraude.

Ya hemos reseñado en estas mismas páginas la acusación que en contra del Padre Pierre Teilhard de Chardin ha hecho y documentado el célebre biólogo Stephen Jay Gould, señalándolo como cómplice en el engaño. El conocido paleoantropólogo Louis Leakey, comparte también esta opinión.

Sin embargo, la situación se complica ahora en .for­ma por demás interesante, ya que otros prestigiados científicos, John Winslow, arqueólogo, investigador y museógrafo, junto con Alfred Meyer, editor de la revista Science 84, órgano de la Asociación Americana, para el Avance de la Ciencia (AAAS), han lanzado una espectacular denuncia que, aunque exime de toda culpa a Dawson y a Teilhard, involucra en el engaño nada ­menos que a sir Arthur Conan Doyle, notable escritor británico creador de las aventuras del genial detective Sherlock Holmes.

EVIDENCIAS ENDEBLES

Las evidencias que presentan Winslow y Meyer son, realmente de tipo circunstancial, aunque abundantes.

Primeramente, el propio descubridor del fraude, J. S. Weiner, afirma en su libro La falsificación de Piltdown que “después de todo Dawson bien pudo haber sido implicado en una broma -quizá no de su invención-, que fue llevada demasiado lejos”.

Doyle tenia la preparación científica para realizar el engaño: era médico, experto en enfermedades de la, mandíbula -la parte esencial del falso hallazgo era una mandíbula de orangután, con los molares limados de manera que simularan una dentadura humana­ además, Doyle tenia una especial preparación en las técnicas criminalísticas y poseía gran interés en la geología, la arqueología y las teorías evolucionistas. Le encantaban las tretas y engaños complicados o las bro­mas pesadas.

Existió un antecedente a la falsificación de Pilt­down. En 1825, Charles Waterton, otro naturalista in­glés, aseguró haber encontrado un hombre mono en América del Sur y presentó una broma taxidérmica, conocida ahora como El Indescriptible. La intención de Waterton era totalmente festiva, y así lo anunció públicamente al poco tiempo. Lo curioso es que Conan ­Doyle asistió a la misma escuela preparatoria de Waterton, y conoció desde luego este engaño.

Doyle vivía a ocho millas del sitio en la excava­ción de Piltdown, lo visitaba con frecuencia y, al poco del hallazgo, se ofreció feliz a conducir a Dawson a donde quisiera en su nuevo automóvil.

DOYLE Y EL HALLAZGO

Pocas personas se han puesto a pensar en la complejidad de todo lo desenterrado en Piltdown.

La propia mandíbula de orangután tiene una anti­güedad de unos 600 años. ¿En dónde podría el falsi­ficador haber obtenido los restos de un orangután que vivió en Java o Sumatra en el siglo 13?

Pero Doyle trabó amistad con la frenóloga Jessie Fowler, poseedora de una enorme colección de restos de cráneos de primates de todo el mundo. Fowler acos­tumbraba vender o regalar algunos de los cráneos a sus amigos.

Junto con el cráneo falso se plantaron en el sitio de la excavación de Piltdown muchos otros fósiles provenientes de lugares muy lejanos. Gran parte de ellos de la zona del Mediterráneo. Sin embargo, Doyle conocía al arqueólogo Joseph Whitaker, poseedor de una gran colección de fósiles de Túnez y de la isla de Malta, incluyendo los restos de un hipopótamo… ¡En Piltdown yacía un diente de hipopótamo, originario de la misma cantera maltesa de los restos propiedad de Whitaker!

En el hallazgo piltdowniano había varias piedras talladas muy antiguas, cuyo origen se ha detectado en una cantera en Gafsa, Túnez. En 1910, Norman Douglas, coleccionista de restos paleolíticos y amigo tam­bién de Doyle, visitó Gafsa y le llevó a su amigo Ar­thur un buen cargamento de piezas talladas.

EL MUNDO PERDIDO

ConanDoyle En su novela El Mundo Perdido, publicada en 1912, Conan Doyle escribe algunas líneas bastante reveladoras. Uno de sus personajes señala que: “Si uno es listo y sabe su negocio, puede trucar un hueso tanto como una fotografía”. Esta broma seria “uno de los actos más elementales del ser humano”.

Doyle ubica la acción en Sudamérica, exactamente donde, supuestamente, se descubrió el falso hombre mono conocido como El Indescriptible.

La plataforma en donde se halla el mundo perdido es descrita como “del tamaño del condado de Sussex” y con una geografía similar. Piltdown se encuentra en Sussex, condado sureño de Inglaterra.

Quedan dos preguntas que intentan responder Win­slow y Meyer: ¿Por qué se hizo el engaño?, y, ¿por qué Doyle nunca aclaró el asunto?

Ya en plena especulación los fiscales de Doyle señalan que el novelista tramó el engaño para demostrar que los científicos y, sobre todo los naturalistas, que tanto habían criticado sus aficiones y creencias espiritistas, eran susceptibles de ser engañados como cualquier hijo de vecino. A la segunda pregunta Winslow intenta responder señalando que Doyle dejó entre los supuestos hallazgos suficientes claves que podían fácilmente demostrar que todo era un timo. Ahí estaba, primeramente, un fémur de elefante tallado como un bate de cricket, el cual fue admitido sin chistar como una herramienta paleolítica, sin uso alguno imagina­ble. También, aunque la quijada de marras fue encon­trada en un cierto depósito llamado Piltdown I, un molar y un trozo de la misma mandíbula fueron halla­dos en Piltdown II, a dos millas del primer depósito, lo que sin duda resultaba tan improbable como para considerarlo en verdad imposible.

Los científicos no aprovecharon estas pistas. Doyle ha de haber aullado de risa.

Teilhard de Chardin y el Hombre de la Aurora

TEILHARD DE CHARDIN Y EL HOMBRE DE LA AURORA[1]

Por Mario Méndez Acosta

¿Embrollo o Fraude?

CharlesDawson1 El escándalo más grande que ha afectado a la co­munidad científica, y en especial a la paleoantropología, fue la falsificación perpetrada por el paleontólogo Charles Dawson a principios de este siglo.

Desde sus supuestos hallazgos, que ocurrieron en­tre 1911 y 1915, hasta su desenmascaramiento en 1953, Dawson dejó convencidos a sus colegas de que en las minas de grava de Piltdown, en el sur de Inglaterra, había encontrado los restos de un espécimen homínido de gran antigüedad, anterior a los neandertales, poseedor de características tanto humanas como simiescas, y que venia a representar el más antiguo antecesor del horno sapiens que se hubiera hallado en Europa.

Dawson cosechó fama y honores -en las ciencias no es frecuente cosechar fortuna- y murió en 1916 convencido de que su mistificación nunca sería des­cubierta.

DUDAS

Piltdown6 Dawson no contaba con que, gracias al desarrollo de nuevas técnicas de datación (determinación de la edad) de fósiles, sus hallazgos serian alguna vez so­metidos a algún análisis crítico exhaustivo.

Al ser examinados con cuidado los fósiles hallados por Dawson, se encontró algo horrible: se trataba de una revoltura de huesos humanos, no muy antiguos, con otros, incluyendo una mandíbula, de orangután. Además, los molares de la mandíbula habían sido limados para simular características humanas. Todo esto se había teñido con tintura de yodo y con óxido de hierro para aparentar gran edad.

De inmediato, el deshonor post mortem cayó sobre Dawson. Su atesorado Hombre de la Aurora (Eoan­tropus Dawson) no era más que un burdo timo que durante 40 años engañó a la ciencia.

Hasta aquí termina la historia tal y como ha sido conocida a lo largo de los últimos treinta años dentro del mundo científico. Empero, muy recientemente ha surgido evidencia de que Dawson tuvo un cómplice… y uno muy eminente.

¿CÓMPLICE… O INCOMODO TESTIGO?

TeilhardDeChardinM El antropólogo y filósofo jesuita Pierre Teilhard de Chardín, dejó una profunda huella en el pensamiento científico occidental. Sus trabajos antropológi­cos, paleontológicos y su muy particular filosofía evo­lutiva, con verdaderas implicaciones cósmicas, logra­ron que la Iglesia Católica cambiara radicalmente su postura ante la ciencia moderna. Aunque sus ideas no son consideradas muy ortodoxas que digamos, logró­ que la jerarquía católica dejara de considerar al estudio de la evolución de la vida como algo casi diabólico.

Sin embargo, Teilhard fue muy amigo de Dawson.

En multitud de ocasiones, el jesuita acompañó a Dawson en sus excavaciones por los arenales de Pilt­down y, reputadamente, participó en el hallazgo de alguna de las piezas del notorio homínido.

Ha sido el divulgador y escritor número uno de la biología moderna, Stephen Jay Gould (considerado por muchos como el Carl Sagan de las ciencias de la vida), quien ha emprendido una profunda investiga­ción acerca del papel que desempeñó Teilhard en el hallazgo del hombre de Piltdown.

Quizá la clave de todo el misterio se encuentre en la correspondencia de Teilhard con Dawson y otros de sus colegas. En la misma, Teilhard llega a StephenJayGould men­cionar con incomodidad su participación en el des­cubrimiento e incurre en contradicciones.

Por otro lado, nunca, en toda su extensa obra es­crita a partir de 1920, hace Teilhard mención de ese fósil que tanto apoyaba sus teorías y con el que tanto tuvo que ver en su descubrimiento.

Naturalmente, toda esta evidencia no es concluyente. Los seguidores de Teilhard han defendido vehementemente su inocencia, pero Gould ha continuado pre­sentando más datos que señalan que, por lo menos, Teilhard de Chardin sabia de la falsificación.

MOTIVOS

¿Qué pudo orillar a dos personas tan respetables y apegadas al ideal de la búsqueda de la verdad a cometer semejante engaño?

No fue, sin duda, el ansia de notoriedad, ya que Dawson sólo llegó a ser famoso entre el grupo de sus colegas paleoantropólogos, muriendo en 1916. Teilhard, por su parte, logró hacer que casi se olvidara su parti­cipación en el asunto Piltdown.

Piltdown28 Es posible que un factor importante haya sido el de la inseguridad sobre la firmeza de algunas de sus teorías. En aquella época se insistía demasiado en la nece­sidad de encontrar el famoso eslabón perdido que unie­ra al ser humano con sus antecesores antropoides. No obstante, ya en aquel momento existía suficiente evidencia fosilizada y embriológica sobre la vigencia ple­na de las teorías evolutivas darwinianas. Ningún cien­tífico importante dudaba de la evolución, y sólo queda­ban por dilucidar algunas cuestiones acerca de los me­canismos que la hacían funcionar.

Otra posibilidad pudo haber sido la frustración… El hecho de haber trabajado durante años en un yacimiento prometedor como Piltdown, sin encontrar ni una sola pieza de interés, pudo haber sido la causa de que, inicialmente quizá como una broma, se cometiera la falsificación. Empero, una vez hecha pública ésta, no había forma de hacerse para atrás.

Teilhard, quizá horrorizado, no se atrevió nunca a denunciar a su gran amigo y condujo su vida posterior como si, simplemente, no hubiera existido el hombre de Piltdown. El sabio jesuita muere en 1955.

Sin embargo, y sobre todo en el mundo científico, tarde o temprano se sabe todo. La verdad llega y nos obliga a contemplar a estos grandes científicos como los hombres que eran, comunes y corrientes y tan su­jetos al error y a la pasión como cualquiera de nosotros.


[1] Artículo publicado Excelsior, México, domingo 10 de junio de 1984.

Quiropráctica y similares. La primavera de los charlatanes

QUIROPRÁCTICA Y SIMILARES

LA PRIMAVERA DE LOS CHARLATANES

Por Mario Méndez Acosta

Para Martin Gardner, escritor científico e investigador sobre la seudocienda y autor del magnifico libro Fraudes y Falacias en Nombre de la Ciencia, la quiropráctica es la disciplina médica charlatanesca más exitosa y extendida de todas las que han surgido en Estados Unidos. Todavía hoy, a noventa años de su invención, más de veinte mil de sus practicantes o terapeutas actúan por todo el mundo. Recientemente celebraron los quiroprácticos un congreso en México y ya han demandado el establecimiento de una de sus es cuelas en el país.

Al igual que la osteopatía, su antecesora y modelo, la quiropráctica afirma que la causa de todos los desarreglos, enfermedades y malestares que sufre el organismo humano reside en la presencia de pequeños desajustes o “subluxaciones” en las distintas vértebras de la espina dorsal. Rechazan la existencia de la acción patógena de los gérmenes y reprueban el uso de los medicamentos en el tratamiento de cualquier enferme Los quiroprácticos tratan todo malestar ajustando manualmente las llamadas subluxaciones espinales.

ORIGEN

DDPalmer El fundador de esta doctrina fue Daniel D. Palmer, abarrotero y vendedor de pescado de Davenport, Iowa, en Estados Unidos. En 1895 descubrió que podía curar a las personas mediante “magnetismo animal”, así es que cerró su tienda y por diez años practicó la cura­ción magnética. Un día hizo un “descubrimiento” importantísimo. Según narra su hijo y continuador, B. J. Palmer, ante un tribunal en Wisconsin, un día un cierto Harvey Lillard llegó a tratarse de un ataque de sor­dera. Afirmó el paciente que se había quedado sordo después de que algo le tronó en su espalda. D. D. Pal­mer descubrió una gran subluxación en su columna vertebral y dedujo que si lograba reducirla, la sordera desaparecería. Así es que hizo desaparecer la bola en la espalda y en diez minutos Harvey podía oír otra vez.

Gardner sospecha que este relato es una leyenda. En realidad, D. D. Palmer copió la noción de las subluxa­ciones de las creencias de la osteopatía, otro culto seudomédico inventado en 1874 por Andrew T. Still, quien afirmaba que todos los males eran causados por las vértebras subluxadas que oprimen diversos nervios y vasos sanguíneos, lo que impide que el organismo fa­brique sus propios agentes curativos.

No obstante, quien convirtió a la quiropráctica en un gran negocio fue el propio B. J. Palmer, el hijo del fundador, el cual, a pesar de sólo haber estudiado la primaria, fundó la primera escuela quiropráctica allá en Davenport.

CONTRADICCIONES

En la actualidad existen cientos de escuelas quiroprácticas en Estados Unidos, mismas que en 18 meses producen a un verdadero experto en la materia. Las teorías y métodos enseñados varían enormemente. Según B. J., la difteria es causada por la subluxación de la sexta vértebra dorsal, aunque según la escuela qui­ropráctica de Chicago, la difteria debe tratarse manipu­lando la tercera, quinta y séptima vértebras cervicales, algunas dorsales y uno que otro nervio craneal.

Según Palmer, la escarlatina se trata ajustando la sexta y la doceava vértebra dorsal. Otros discípulos recomiendan, para esta enfermedad, ajustar desde la segunda hasta la quinta vértebra cervical.

Gardner recomienda a los devotos de la quiropráctica efectuar la siguiente prueba con sus terapeutas: visite a un practicante quiropráctico y mencione algunos síntomas. Después, apréndase de memoria las subluxa­ciones que le detecte el terapeuta. No permita que le dé tratamiento y vaya usted a ver a otro quiropráctico; dígale otros síntomas y vea si encuentra las mismas subluxaciones. Si no las detecta, visite a otro y conti­núe así hasta que, al fin, le den un diagnóstico idéntico al primero. Según Gardner este experimento le tomará mucho tiempo y le costará mucho dinero; pero demostrará que ningún quiropráctico puede detectar ni una sola verdadera subluxación.

Aparentemente, las mencionadas subluxaciones sólo existen en 1a mente de los quiroprácticos. Por supuesto, ningún médico ha podido de­tectar una sola de las supuestamente abundantes subluxaciones.

En los anuncios de los quiroprácticos suele aparecer una ilustración de la espina dorsal mostrando las áreas del cuerpo que supuestamente controla cada una de sus secciones. Tales gráficas muestran la misma rela­ción con la anatomía real que la que tienen las gráficas craneales frenológicas del siglo pasado con la neurología cerebral moderna.

DIAGNOSTICO

El investigador británico John Sladek, autor de un libro sobre charlatanería llamado Los Nuevos Apócrifos, cita a un defensor de los quiroprácticos que afir­ma que tal disciplina es un arte, y que sus practicantes deben evitar aprender fisiología, ya que tal conocimien­to les embotaría sus facultades innatas. Esto constitu­ye una falacia absurda, ya que en realidad el conocimiento médico no consiste tanto en saber “cómo curar” sino en saber “cómo funciona el organismo”. El hecho de que los gérmenes pueden causar enfermedades y que el organismo está constituido por glándulas y ór­ganos interrelacionados en forma compleja, que nada tienen que ver con la situación de las vértebras, puede efectivamente estorbar la acción del quiropráctico, ya que arruinaría el planteamiento mágico y simplista de esta doctrina.

Una de las principales características de las creen­cias mágicas de índole dizque médica en su tendencia a tratar de representar todo el organismo en una sola parte del cuerpo. Así, al igual que ocurre en la quiropráctica, ciertos charlatanes afirman que todo el cuerpo se encuentra “mapeado” en las diferentes regiones de la oreja, de la planta del pie o de la palma de la mano.

El peligro esencial de la charlatanería médica reside principalmente en que siempre existirá un número de personas que descuidarán la atención seria de padeci­mientos graves tratando de curarse con los brujos y permitiendo así el avance de su mal. No obstante, Sladek cita al periodista y satirista norteamericano H. L. Mencken, señala una ventaja evidente de la quiro­práctica. Descubre Mencken que la quiropráctica puede funcionar como una forma de eugenesia: los quiroprácticos que intenten curar, ajustándose la columna, a pacientes con cáncer, tuberculosis o algo parecido, en realidad acelerarán sus muertes, por lo que, finalmente, se logrará aumentar el nivel promedio de inteligencia del público estadounidense.

En la primavera los charlatanes florecen y organizan congresos. Quien desee conocer sus pintorescas doctrinas puede consultar a Martin Gardner en su libro Fad and Fallacies in the Name of Science (Dover, N, Y. 1957) o bien a John Sladek, en The New Apocrypha (Granada, GB, 1978), Lamentablemente, no existen versiones en español de estos textos.