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Dos nuevos títulos de la colección ¡Vaya timo!

Dos nuevos títulos de la colección ¡Vaya timo!

Estimados amigos,

Por fin, dos nuevos libros de la colección “¡Vaya timo!” estarán pronto en la calle. Se trata de “El yeti y otros bichos ¡vaya timo!”, de Carlos Chordá, y “La parapsicología ¡vaya timo!”, de Carlos J. Álvarez.

Os envío en anexo unas hojas informativas sobre ambos.

Si podéis difundir esta noticia en vuestras webs, blogs, chats, etc., os lo agradecería mucho.

Un cordial saludo,

Serafín Senosiáin

Editorial Laetoli

www.laetoli.net
Laetoli se ha mudado y tiene nueva dirección y teléfono: Monasterio de Yarte, 1, 8º. 31011 Pamplona Tel. 948 259065

La vaca raptada por los extraterrestres

LA VACA DE ALEXANDER HAMILTON

¿EL PRIMER REPORTE DE MUTILACIÓN DE GANADO?

Una de las historias más sensacionales de encuentros cercanos y mutilación de ganado se urdió en el siglo diecinueve. Se trata de la vaca de Alexander Hamilton, que se dice fue raptada por los extraterrestres. La historia ha sido reproducida por muchos ufólogos como Jacques Vallée quien le concede espacio en su Anatomy of a Phenomenon y su Pasaporte a Magonia. La historia de Hamilton ha gozado de cierto renombre entre los ufólogos, quienes durante mucho tiempo la han incluido en sus crónicas. Pero fue Frank Edwards quien la hizo realmente famosa.

Durante la oleada de avistamientos de la “Nave Aérea” en el medio oeste americano, un próspero ganadero de Le Roy, Kansas (el ya citado Alexander Hamilton) vio en compañía de su hijo y de uno de sus empleados, cómo una extraña nave en forma de puro lazaba una de sus terneras y huía en el aire. La versión de Edwards dice así:

…Un informe mucho más reciente, el de un granjero próspero y prominente, Alexander Hamilton, de LeRoy, Kansas.

Éste dice en una declaración jurada, con fecha del 21 de abril de 1897.

“El lunes pasado fuimos despertados alrededor de las 10:30 de la noche, por un ruido entre el ganado. Me levanté, pensando que quizá mi perro dogo estaba haciendo sus travesuras; pero al salir a la puerta vi, para mi asombro total, que una nave aérea descendía lentamente sobre mi corral, aproximadamente a cuarenta varas (200 metros) de la casa.

“Llamé a mi empleado Gid Heslip y a mi hijo Wall, tomamos unas hachas y corrimos al corral. Mientras tanto, la nave había estado descendiendo poco a poco, hasta que no estuvo a más de diez metros del suelo y nos aproximamos a menos de cincuenta de ella.

“Constaba de una gran porción en forma de puro, posiblemente de noventa metros de longitud, con un compartimiento de transporte abajo. Este se encontraba hecho de cristal o alguna otra sustancia transparente, alternada con una cinta angosta de algún material. Se hallaba iluminado brillantemente en su interior y todo era visible con claridad… se encontraba ocupado por seis de los seres más extraños que he visto en mi vida. Se hallaban parloteando unos con otros, pero no pudimos comprender una palabra de lo que decían.

“Toda parte de la nave que no era transparente, tenía un color rojizo oscuro. Permanecimos mudos por el asombro y el miedo. Entonces, algún ruido atrajo su atención y proyectaron una luz sobre nosotros. Al vernos, hicieron funcionar de inmediato alguna energía desconocida y una turbina enorme, de alrededor de nueve metros de diámetro, que estaba girando con lentitud debajo de la nave, comenzó a rezumbar y la nave se elevó con la ligereza de un ave. Cuando se encontraba alrededor de noventa metros arriba de nosotros, pareció detenerse y flotar directamente encima de una novilla de dos años, que estaba bramando y saltando, al parecer atada a la cerca. Fuimos hasta ella y descubrimos un cable de poco más de un centímetro de grueso, atado con un nudo corredizo en torno a su cuello y que subía hasta la nave desde la ternera, enredado en la cerca de alambre. Intentamos soltarlo pero no pudimos, así que cortamos el alambre, para ver que la nave se elevaba lentamente, con novilla y todo, desapareciendo hacia el noreste.

“Regresamos a casa, mas estaba tan asustado que no pude dormir. El martes me levanté temprano y salí a caballo, esperando encontrar algún rastro de mi vaca. No pude conseguirlo, pero al volver, por la noche, hallé que Link Thomas había encontrado ese día el cuero, las patas y la cabeza en su campo, más o menos a cinco o seis kilómetros al oeste de LeRoy. Pensando que alguien hubiera sacrificado una bestia robada, había traído el pellejo al pueblo, para su identificación; estaba muy intrigado al no haber podido hallar ninguna huella en el suelo suave. Después de identificar el cuero por mi hierro, volví a casa. Sin embargo, cada vez que me acostaba a dormir veía esa maldita cosa, con sus grandes luces y su gente horrible. No sé si son demonios o ángeles o qué son; pero los vimos y toda mi familia vio la nave y no quiero tener ninguna relación más con ellos.”.

CERTIFICACIÓN

“Hamilton ha residido en Kansas por mucho tiempo y es conocido por todos en los condados de Woodson, Allen, Coffey y Anderson. Fue miembro de la Cámara de Diputados. Juró por su honor sagrado la veracidad de su relato.

“Como hay, siempre ha habido y siempre habrá escépticos e incrédulos cuando se presenta la verdad de cualquier cosa que linde con lo improbable, y sabiendo que algunas personas ignorantes o suspicaces dudarán de la veracidad de la declaración anterior, los suscritos damos fe de lo siguiente:

“Que hemos conocido a Alexander Hamilton por entre uno y treinta años y que nunca hemos oído poner en duda su palabra en el sentido de la sinceridad o la veracidad y que creemos verdaderamente que su declaración es cierta y correcta.

“Firmado: E. W. Wharton, Inspector Estatal de Petróleo

M. E. Hunt, Sheriff

W. Laubert, Comisario del Sheriff

H. H. Winter, banquero

H. S. Jonson, Farmacéutico

J. H. Stitcher, Abogado

Alexander Stewart, Juez de Paz

F. W. Butler, Droguero

James W. Martin, Escribano

y H. C. Rollins, Administrador de Correos

Suscrito y jurado ante mí, hoy, a los 21 días de abril de 1897.

Como las declaraciones juradas son consideradas material de evidencia ante las cortes más altas de la tierra, estamos justificados al dar más peso del acostumbrado a la historia anterior, en los anales de estas naves extrañas… y de su “gente horrible”, como los llamó el señor Hamilton.

ALEXANDER HAMILTON

La historia de Hamilton fue impresa originalmente en The Farmers Advocate, de Yates Center, el 23 de abril de 1897. Posteriormente sería reimpresa en varios periódicos de los Estados Unidos, como The St. Louis Globe-Democrat, del 28 de abril, haciéndole varios cambios y añadiendo diversos adornos. Finalmente llegó a publicarse en países tan lejanos como Inglaterra o Francia.

Pero, ¿quién era este Alexander Hamilton?

Parece ser que el señor Hamilton nació en el condado de Gallatin, Kentucky, el 12 de septiembre de 1832. Su padre fue John O. Hamilton, quien también había nacido en ese estado. Su madre, Hannah Gregg, también era natural de Kentucky.

John y Hannah tuvieron diez hijos. Alexander fue el segundo.

Alexander asistió a la primaria y secundaria locales y al cumplir 16 años se inscribió en la Universidad de Covington, en donde comenzaría sus estudios de preparatoria, pero posteriormente se cambiaría al Western Collegiate Institute en Patriot, Indiana. Finalmente se graduaría en una universidad de negocios en Marietta, Ohio, y más tarde en una universidad de leyes en Louisville.

Al cumplir dieciocho años de edad comenzó a hacer sus estudios universitarios en docencia, en una universidad de Tennessee. Sólo estuvo dos años en esta universidad después de lo cual regresó a Kentucky para estudiar una carrera de leyes. En 1854, al graduarse, fue admitido en la barra de abogados de Kentucky.

Al año siguiente se mudó a Kansas, instalándose primero en Leavenworth, posteriormente en Council Bluffs, Iowa., luego en el condado de Clinton, Missouri. En ese lugar se enroló en el ejército para pelear contra México. Alcanzó el grado de capitán. Con su compañía regresó a Kansas, en donde se unió al grupo de colaboradores del gobernador Geary, quien lo nombró general de los Kansas Home Guards.

Luego sería nombrado maestro de vagones, en los ferrocarriles, y tasador encargado de comprar ganado a los indios. En varias ocasiones logró escapar que le cortaran el cuero cabelludo. Finalmente renunció y se estableció en LeRoy, condado de Coffey, comenzando a trabajar como abogado. Atendió la legislatura de 1857, tuvo éxito en hacer establecer el condado y fue designado por la asamblea a la Oficinas de Ventas y Registro de Hechos del condado.

También fue el primer director del correo de Vernon, Juez de Paz y por dos años fue sheriff del condado de Woodson. Con el dinero ganado compró una gran porción de tierra en la vecindad de LeRoy, y al mismo tiempo comenzó a dirigir un gran almacén mercantil.

En el 22 de febrero de 1858, se caso con Anna Davis, de Nueva York, la boda fue en Bloomington, Illinois. Anna murió en 1873, y Alexander continuó viviendo en el condado de Coffey hasta 1875, cuando vendió su tierra y se mudó al condado de Woodson, en donde compró seiscientos cuarenta acres en Cherry Creek en el municipio de Everett.

En Everett se dedicó a comprar y vender ganado.

Se casó por segunda ocasión. Su nueva esposa era la hija del general John B. Scott, natural de Virginia, Jane Scott. La señora Scott era miembro de la Asociación de Colonos de los condados de Coffey, Allen y Woodson. Murió en 1880.

Alexander Hamilton tuvo catorce hijos: T. W. Plummer y Fred Pearl, ambos de Yates Center; Alice; los gemelos John O., de Vernon y Charles C.; Stanley; la señora Ed Vetito, de Yates Center; Alex. O.; Gus H., que sirvió en el vigésimo regimiento de Kansas en las Filipinas; Herbert, peluquero en Yates Center; Clarence P., que también fue miembro del vigésimo regimiento de Kansas; Grace, esposa de Eber Holiday; S. Wallace, que fue el hijo que se menciona en el relato.

Hamilton era, por lo que se ve, un prominente miembro de la sociedad de Kansas. Un “testigo de elite”, dirían los ufólogos actuales. Sólo habría que descontar que en el otoño de 1858 fue acusado de matar a John Haney, en un duelo a tiros en Le Roy. Hamilton fue juzgado en la Corte de Justicia y fue absuelto.

Tenemos un caso de una historia increíble contada por una persona creíble. ¿O no?

EL CLUB DE MENTIROSOS

En 1976 el editor de la revista Fortean Times, Robert Rickard, solicitó la colaboración del escritor de ciencia y periodista escéptico Robert Schadewald, para verificar la historia de la desaparición de David Lang y de la vaca raptada a Alexander Hamilton. Schadewald, quien posteriormente sería colaborador del Skeptical Inquirer, hizo una brillante investigación de ambos casos y publicó los resultados del cuento de Lang en la revista Fate de diciembre de 1977, mientras que su manuscrito de 35 páginas sobre el caso de Hamilton fue acaparado por editor asociado de Fate, Jerome Clark.

Schadewald descubrió un artículo que apareció en la edición del 28 de enero de 1943 de un pequeño periódico de Kansas: The Buffalo Enterprise. Este artículo fue publicado cuarenta y seis años más tarde que la nota del Advocate. El Buffalo había reimpreso el cuento original de Hamilton, y uno de sus lectores, Edward Hudson, respondió con una carta que decía que él había sido el editor del Farmer Advocate de Yates Center.

Hudson volvió a publicar su relato el 20 de septiembre de 1946 en el Yates Center News. El reportero contó las circunstancias que rodearon el cuento de Alexander Hamilton de Le Roy y Vernon. Hudson escribió:

“Acababa de comprar e instalar un pequeño motor de gasolina, creo que era el primero en venir a Yates Center, y lo use para hacer funcionar mi maquinaria… la vieja prensa Country Campbell y darle una patada a los prensistas. Invité a muchos de mis amigos a la tienda trasera a que vieran trabajar el motor. Hamilton era uno de ellos. Él exclamó, “Ahora puede volar, la historia del dirigible que inventamos…”

La historia de la vaca se había creado una tarde mientras los miembros del club de mentirosos bromeaban alrededor en la oficina del periódico.

Con esta información, Jerome Clark colocó un anuncio en la edición del 16 de septiembre de 1976 del Yates Center News, solicitando información adicional de cualquiera que tuviera alguna noticia:

“En 1976 conduje una investigación de la historia y hablé con el redactor del periódico de Kansas, Yates Center, que entonces publicó un artículo corto que pedía a cualquier persona que supiera cualquier cosa sobre la historia que entrara en contacto conmigo. Supe de una mujer cuya madre había estado en la casa de Hamilton en abril de 1897, cuando Alex le contó a su esposa sobre el cuento que él y sus amigos (miembros de un club local de mentirosos) habían inventado. Uno de los amigos era el redactor del periódico local. En 1943 éste redactor, haciendo un recuento de su carrera, recordó la broma y las circunstancias de su creación.

“Mi exposición apareció primero en el número de febrero de 1977 de Fate. (También escribo sobre ella en la página 17 de mi libro High Strangeness (UFO Encyclopedia #3). Posteriormente, Eddie Bullard encontró una carta de Hamilton en un periódico de Missouri, el Atchison County Mail (del 7 de mayo de 1897), en la cual Hamilton reconoció alegremente que él había inventado el cuento”.

Pronto el Yates Center News recibió una carta de la señora Donna Shaw, cuya madre, Ethel Shaw, de 93 años de edad, afirmaba haber estado presente en la casa del rancho de Hamilton cuando el señor Hamilton llegó a casa y contó la historia que había inventado a su esposa. Aquí está el relato de la señora Shaw:

“Recuerdo muy bien esa tarde hermosa como si fuera ayer. Yo, era una joven muchacha de cerca de catorce años, que visitaba el hogar de Hamilton con la señora Hamilton y su hija, Nell, cuando el señor Hamilton vino a casa de la ciudad, se quitó su equipo, y entró al cuarto en donde estábamos. Hamilton se sentó en una silla y comenzó casi inmediatamente a contar esta historia diciendo, “Ma, inventé una historia y se la conté a los muchachos en el pueblo y se publicará en el Advocate este fin de semana.

“Él parecía bastante exaltado sobre lo que había hecho pero la señora Hamilton fue sacudida por lo que él le había dicho y ocasionalmente decía, “Oh, Alex,” o “¿Porqué, Alex?” Pero no nos trastornó a las muchachas ya que sentíamos que era solo una historia fabricada, con todo reflexioné un poco en ello mientras regresaba a mi casa aquella tarde. Les dije a mis padres sobre eso pero no parecieron preocuparse, “No prestes ninguna atención a ella pues es sólo otras de sus historias”.

La señora Shaw también reveló que todos los firmantes de la declaración jurada eran miembros del club local de mentirosos, que acostumbraban contarse entre si cuentos inventados. El grupo se deshizo poco después de la broma de Hamilton. La historia del dirigible de Hamilton fue un intento exitoso de ganar la competencia del club de mentirosos de crear el cuento más extraño. Era tan buena que fue puesta en el periódico como broma. Los miembros del club no tenían ninguna idea en ese entonces de qué tan eficaz era esta mentira que llegaría a engañar a miles de personas alrededor del mundo, y que continúa engañado a los ufólogos hasta nuestros días.

Hamilton se basó en el dirigible Campbell para su descripción de la “aeronave”, el cual tenía una forma ovoide y estaba confeccionado en seda china y medía unos 48 metros de largo. Contaba con una gran hélice horizontal con varias paletas en la parte interior, y un timón rectangular en la parte trasera.

Ocho años antes del incidente había aparecido un artículo de prensa ilustrado con el dirigible de Campbell.

Los clubes de mentirosos de los pueblos pequeños eran toda una institución en los Estados Unidos de finales del siglo diecinueve. Eran muy comunes en aquella época como una forma de diversión popular, de la cual pocos de nosotros estamos hoy en día enterados. Se trataba de grupos que, ante el tedio de la vida rural, se divertían ideando bromas pesadas, cuentos e historias ficticias para burlarse de sus vecinos.

Este tipo de diversión fue llevado a la literatura por autores de la talla de Edgar Allan Poe y Ambrose Bierce. Incluso varios de los cuentos de este último son considerados como historias verdaderas en la moderna literatura magufa, como el caso de David Lang.

Poco más tarde, el historiador, ufólogo y especialista en el tema de las aeronaves de 1897, Eddie Bullard, localizó en el Atchison County Mail, del 7 de mayo de 1897, una confesión en toda regla del señor Hamilton, donde admitía que la historia era una broma inventada en función de su calidad de miembro del “Club de Mentirosos” de LeRoy, Kansas: Todo fue una broma.

REFERENCIAS

D’Aigure Josiane y D’Aigure Jan, La “Nave Aérea” de 1897 era terrestre, Contactos Extraterrestres, No. 118, México, 8 de julio de 1981, Págs. 18.

Daniel Cohen, The Great Airship Mystery: A UFO of the 1890’s, Dodd, Mead & Co., New York, 1981, Pags. 92-102.

Edwards Frank, Platillos voladores, Editorial Diana, México, 1967, Págs. 18-20.

Jerome Clark, The UFO Book: Encyclopedia of the Extraterrestrials, Visible Ink, 1998.

Neeley G. Robert, Jr., UFOs of 1896-1897: The Airship Wave, Fund for UFO Research, 1988.

Rickard Bob, Fortean Corrigenda: Disappearance of David Lang, Fortean Times, London, October 1976.

Schadewald Robert, David Lang Vanishes…Forever, Fate, December, 1977, Pags. 54-56 y 58.

Vallée Jacques, Anatomy of a Phenomenon, Ace Books, 1965.

Vallée Jacques, Pasaporte a Magonia, Plaza & Janes, Barcelona, 1972.

Más sobre el cráter de Tunguska

El cráter podría solucionar el misterio del meteorito de Tunguska de 1908

Por Dave Mosher

A finales de junio de 1908, una bola de fuego estalló sobre los lejanos bosques rusos de Tunguska, Siberia, aplanando más de 800 millas cuadradas de árboles. Los investigadores piensan que un meteorito fue el responsable de la devastación, pero no se han descubierto sus fragmentos ni ningún cráter del impacto.

Los astrónomos han conjeturado si el objeto era un asteroide o un cometa, y saber qué fue permitiría modelar mejor las futuras calamidades potenciales.

Investigadores italianos ahora piensan que han encontrado una “smoking gun”: El Lago Cheko, de 164 pies de profundidad, situado sólo a 5 millas al noroeste del epicentro de la destrucción.

“Cuando mirábamos el fondo del lago, medimos las ondas sísmicas reflejadas en algo”, dijo Giuseppe Longo, un físico de la universidad de Bolonia en Italia y co-autor del estudio. “Nadie ha encontrado esto antes. Sólo podemos explicar eso y la forma del lago como un cráter de un impacto a baja velocidad”.

El equipo podrá llegar a una evidencia concluyente de si fue un asteroide o un cometa en una próxima expedición, cuando obtengan una muestra más profunda de la base debajo del lago, los misterios restantes que rodean el acontecimiento de Tunguska pueden ser solucionados.

Los resultados se detallan en la versión en línea de este mes de la revista Terra Nova.

Evidencia sumergida

Durante una expedición en 1999, el equipo de Longo no planeó investigar el lago Cheko como cráter del impacto, sino buscar algo de polvo de meteoro en sus sedimentos sumergidos. Mientras que la exploraban topografícamente con sonar del lago, encontraron este cono característico.

“Las expediciones en los años 60 concluyeron que el lago no eran un cráter del impacto, pero sus tecnologías eran limitadas”, dijo Longo. Con el advenimiento de mejores equipos de sonar y tecnologías informáticas, explicó, el lago tomó forma.

Yendo un paso más allá, el equipo de Longo se zambulló en el fondo y tomó muestras de la base a 6 pies, revelando un sedimento fresco fangoso encima de “depósitos caóticos”. No obstante, Longo explicó que las muestras son poco concluyentes de un impacto de meteorito.

“Para descubrir realmente si esto es un cráter de impacto”, dijo Long, “necesitamos una muestra de la base a 10 metros en el fondo” para investigar un punto donde el equipo detectó una anomalía de “reflejo” con sus instrumentos sísmicos. Piensan que aquí podría ser donde la tierra fue condensada por un impacto o donde descansa el meteorito mismo: El objeto, si lo encontramos, podría tener más de 30 pies de diámetro y pesar casi 1,700 toneladas –como para llenar cerca de 42 semi-remolques.

Por ahora precaución

De la caída de un ovni a un hoyo negro vagabundo, se han propuesto explicaciones extrañas (y sin ningún soporte) para el acontecimiento de Tunguska. Alan Harris, científico planetario en el Space Science Institute en Boulder, Colorado, dijo que la propuesta del equipo de Longo no es una de ellas.

“Su trabajo me impresionó y no pienso que es algo que puedes desechar”, dijo Harris, que no estuvo implicado en la investigación.

Continúe leyendo en el website de Space

http://www.space.com/scienceastronomy/070626_st_tunguska_crater.html

¿Encontraron el cráter de Tunguska?

¿Se ha encontrado un cráter de Tunguska?

Por David Tytell

Los árboles cerca del río de Tunguska en Siberia todavía parecían devastados casi dos décadas después de que un gran meteorito estalló sobre la tierra en junio de 1908. El acontecimiento de Tunguska, que se considera como uno de los impactos cósmicos más violentos de este siglo, destruyó casi 800 millas cuadradas de taiga siberiana.

Aquí está una historia que acaba de golpear nuestra pantalla de radar, y deseamos compartir la noticia inmediatamente en lugar de esperar que salgan otros hechos. En el periódico en línea Terra Nova, un equipo de investigadores italianos conducido por el geólogo marino Luca Gasperini reportó lo que puede ser el cráter faltante del impacto de Tunguska.

Tunguska es un nombre muy conocido para los entusiastas de los meteoritos. Es el impacto destructivo más conocido que haya ocurrido en la era moderna, una explosión que destruyó unas 800 millas cuadradas del lejano bosque cerca del río Tunguska al Este de Siberia en la mañana del 30 de junio de 1908. Algo – un asteroide o un cometa pequeño – se incorporó a la atmósfera y estalló con una fuerza igual a cerca de 15 millones de toneladas de TNT. Eso es 1,000 veces más potencia que la bomba atómica caída en Hiroshima, Japón. Los expertos piensan que la explosión ocurrió a unas 5 millas sobre la tierra, y esta es la razón – de que no se ha encontrado ningún cráter, ni ningún rastro más minúsculo del impacto.

El equipo de Gasperini sospecha que el Lake Cheko, situado a unas 5 millas al norte-noroeste del supuesto epicentro de la explosión fue llenado con gubia cuando el objeto golpeó y más tarde se llenó de agua. La región está alejada, y es confuso en viejos mapas si el lago existió antes de 1908.

El equipo de investigación de la geología del fondo del lago reveló un extraño embudo que es distinto de los lagos vecinos pero es consistente con un impacto como origen. Dicen que puede ser que se haya formado de un fragmento de la explosión del cuerpo principal.

Esperan en un futuro perforar un pozo para resolver el misterio. Cavaremos un poco más profundo y compartiremos lo que lleguemos a encontrar.

http://www.skyandtelescope.com/news/8134097.html

Fraudes ovni en América Latina del siglo XIX

De meteoritos y Marcianos: Fraudes ovni en la América Latina del siglo Diecinueve

Por Christopher Conway

Como Fox Mulder de los X-Files, “deseo creer”. Pero no es una cosa fácil. Tome, por ejemplo la peculiar historia del siglo diecinueve, de un fraude ovni en Latinoamerica que involucra un meteorito, un marciano y extraños artefactos evocadores de una mitología más contemporánea de los ovnis.

Los entusiastas de los ovnis han sabido durante mucho tiempo sobre la oleada de las naves aéreas de 1896 y 1897 (y aquí), cuando los periódicos del oeste y medio oeste fueron llenados de historias dramáticas de los habitantes de la ciudad y del país observando ovnis de lento movimiento y sus excéntricos pilotos (que parecían ser humanos y de maneras extrañamente mundanas, no extraterrestres). Algunos periodistas entonces creían que estos visitantes eran de Marte. De hecho, H.G. Wells publicó su novela seminal sobre una invasión marciana, La guerra de los mundos, casi al mismo tiempo, en 1897. Más recientemente, otros han argumentado que estos dirigibles eran las primeras máquinas voladoras pilotadas por inventores humanos de pensamiento adelantado (ver también aquí) que nunca tomaron el crédito de la oleada ovni. No soy ningún experto en el asunto (¿podemos hablar de expertos en esta materia?) pero mi opinión es que los fenómenos de la nave aérea eran una clase de carta en cadena periodística que atrapó la imaginación de los redactores y se dispersó como fuego salvaje con poca o nada de base en la realidad. Al menos, esta es una suposición razonable si consideramos un fraude muy interesante de ovnis en el siglo diecinueve en América Latina.

¿Por dónde comenzar? Por años, como erudito de literatura, he estado leyendo periódicos mexicanos del siglo diecinueve. Amo trabajar con tales periódicos porque están llenos de materias al azar: anuncios de cremas de afeitar o pomadas, cartas furiosas, espantosos asesinatos y otros crímenes. Cavar en estos viejos periódicos es realmente como cavar a través de un almacén antiguo. Puedes buscar X, pero aparecerá A, B, C, D, E… etc. Ya que estoy interesado en astronomía, los artículos sobre meteoritos, cometas y otros fenómenos aéreos han captado mi atención. Por ejemplo, está la historia de 1880 sobre un meteorito del tamaño de la Luna que iluminó todo con su estela en enero de 1880 y la historia de 1896 acerca de dos niños que murieron en una casa que fue golpeada por un meteorito. En julio de 1871, el periódico El Siglo XIX republicó un artículo corto firmado por E. L. Abogado del periódico El Ferrocarril, indicando que el 21 de julio un fenómeno “muy curioso” fue observado en el cielo de la noche: un meteorito azulado en la forma de un cometa pequeño fue visto haciendo arcos al sureste mientras dejaba una luz y un rastro luminiscente.

A veces también aparecen en estas páginas peculiares fenómenos aéreos, pero en mi experiencia, refiriéndose sobre todo a otros países. El gran terremoto de 1842 en Haití, según El Siglo XIX, fue precedido por un extraordinario meteorito que se movía hacia el Este sobre Puerto-Au-Prínce. Me pregunto si esto está confirmado por registros históricos. En un extracto de Le Courier des E-Unis (¿un periódico en lengua francesa publicado en los E.U.?), sabemos que la Luna se hizo roja sobre Fort Leavenworth, Missouri en junio de 1843, una cruz negra apareció en su cara y se vieron arco iris circundándola. En un artículo de 1873 acerca de sucesos extraños en Haití, el autor discute sobre las maravillas de la ciencia y nos cuenta sobre la bola de electricidad inteligente, felina, que voló alrededor de un sastre francés, yendo de esta manera antes de subir a través de una chimenea y estallar, y el extraño meteorito que cayó en Wisconsin para permanecer suspendido sobre la tierra y después volar hacia arriba otra vez.

Suficientes digresiones. El artículo del ovni que atrapó mi atención fue titulado Enorme Aerolito (Enormous Meteor) y publicado en noviembre de 1878 en El Siglo XIX. Es una pieza corta, no más de diez líneas, indicando que, había sido encontrado en América Central, un meteorito hueco conteniendo un ánfora y un pequeño cuerpo humano cubierto. Escribí las palabras claves en Google y, por coincidencia tropecé con una fascinante entrada de blog titulada “Ovni caído en Carcarañá”, del blog Otras Alternativas, que pertenece a un programa de radio fuera de la ciudad de Rosario, Argentina. Al parecer, y tristemente (aunque no se porqué me sorprendo), el artículo fue tomado sin ceremonia, sin atribución, de un anterior articulo de Fabio Picasso publicado en 2004 en el Web site de Revista Investigación. (¿Por qué la gente hace eso? Es muy triste.) De todos modos, Picasso hace un buen trabajo de documentar su investigación de archivo. Veamos algunos puntos sobresalientes de lo que él dice.

En 1877, apareció un artículo en un periódico de Rosario llamado La Capital titulado ¡Eureka, Eureka! En él, un hombre que se llama “A. Serarg” informa haber venido de la ciudad de Carcarañá por motivos de salud y el “colosal” descubrimiento de un meteorito negro en un campo. Medía más de cien pies de longitud y casi cien de diámetro (las medidas exactas estaban dadas en varas, 45 de longitud y 30 de diámetro, y estoy calculando cerca de 3 pies por vara que es más o menos correcto según he podido investigar). El señor Serarg consigue a un geólogo, el señor David, a un hombre llamado señor Paxton, y a un campesino local llamado Jesús Villegas para volver con ellos al meteorito. Los hombres logran romper el exterior del meteorito negro y descubrir un compartimiento dentro del meteorito. En esta cámara, remetido en una esquina, encuentran un ánfora hecha de metal plateado, perforada con muchos diminutos agujeros y conteniendo extrañas inscripciones. Descubren otro compartimiento en el cual encuentran un cuerpo pequeño, extraño, cubierto, de una persona calva con una cara plana, una boca pequeña con catorce dientes y un pequeño trompo o protuberancia para la nariz. Cerca localizan una pieza de plata que contiene una foto de un rinoceronte, de una palmera, de nuestro sol y de nuestros planetas del Sistema Solar. Lo curioso es que a Marte se le da prominencia en esta foto elemental, infantil, estableciendo que el meteorito o el artefacto era de origen marciano, el cuerpo de un habitante de ese planeta y el mensaje divino que dios no sólo había poblado la tierra sino también otros planetas. Wow. ¡Una caída de Roswell en la Argentina de 1878! ¿Podría ser verdadero?

Pero Picasso es un detective asombrosamente bueno. No resumiré todas sus labores aquí pero déjenme contar la parte más importante. Picasso descubrió que esta historia se originó en Francia en 1874 y viajó a la Argentina tres años más tarde, apareciendo en el periódico de Rosario ya mencionado La Capital. En su encarnación francesa, la historia del marciano, es idéntica a la que apareció en La Capital, con excepción de que el incidente ocurre en ¡los Estados Unidos! Un año más tarde, en el verano de 1878, la historia viaja de la Argentina a México, en donde aparece en el periódico titulado El Defensor de la Constitución, del Estado de Zacatecas. Esta versión, que no he visto, al parecer localiza el incidente en Carcarañá, así que parece que los redactores oyeron hablar de él de alguna manera de La Capital. Varios meses más tarde, otra versión aparece en México, el cuento que encontré en la edición de otoño de El Siglo XIX, pero esta vez colocan el cuento en alguna parte de América Central. Es casi como si alguien hubiera recordado leer el artículo de Zacatecas y hubiera decidido que Carcarañá estaba en América Central y no en Argentina. O tal vez otra vez, la historia del marciano también apareció quizá en un periódico de América Central. Sea como fuere, la versión de centroamericana de la historia volvió a la Argentina en 1879, donde aparece en el periódico El Constitucional de Mendoza. Gracias al trabajo detectivesco de Picasso, y nueva evidencia de El Siglo XIX, está claro que el marciano latinoamericano era sólo un cuento.

Hay algunos informadores nativos de Carcarañá que recuerdan haber oído sobre una “lluvia de fuego” o un meteorito que cayo cerca del pueblo de sus antepasados. Pero nadie parece recordar mucho más, y definitivamente nada sobre una momia pequeña de Marte. Parecería que la historia más lógica sería que alguien inventó la historia del marciano y la plantó en el periódico La Capital, y de alguna manera, a propósito o no, encontró nuevas encarnaciones en México.

Sería precipitado generalizar demasiado sobre las lecciones que podemos aprender de este caso, pero no es difícil pensar sobre las formas en que los periódicos reciclaron noticias no fiables e inventaron otras en el siglo diecinueve. Las naves aéreas de 1896-1897 no eran quizá nada más que un cuento. Desearía que fueran algo verdadero, para ser honesto, porque “deseo creer”. Pero, hecho o ficción, constituyen uno de los capítulos más interesantes de la historia de los ovnis, junto con el marciano latinoamericano de Carcarañá.

http://drconway.wordpress.com/2007/05/16/of-meteors-and-martians-ufo-hoaxing-in-nineteenth-century-latin-america/

Agradezco al doctor Conway su autorización para traducir y publicar este trabajo.

Independiente de Fabio Picasso, y muchos años antes que él, el psicólogo Héctor Escobar ya me platicaba de este engaño allá en los noventa, cuando hacíamos la revista Perspectivas Ufológicas. En ese caso no le presté atención porque estaba metido en otros rollos ufológicos, pero ahora me gustaría publicar su versión. ¿Estás por ahí Héctor?