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Antiguas marcas del desierto continúan siendo un misterio

Antiguas marcas del desierto continúan siendo un misterio

Larry Bleiberg

The Dallas Morning News

NAZCA, Perú –Parece que todo mundo aquí tiene una teoría sobre las líneas de Nazca.

Las misteriosas marcas de 1.500 años en el piso del desierto son un enorme calendario astronómico. O quizá señalan a las reservas de agua ocultas.

Aquí está mi favorita: Son un sitio de aterrizaje de ovnis. Hace cuarenta años, el escritor danés (sic) Erich Von Daniken popularizó esa teoría en su libro Chariots of the Gods.

Atado a un Cessna de cuatro plazas que circundaba sobre una figura llamada el astronauta, no estaba seguro de qué pensar. Una de sus manos señala al cielo, la otra a la tierra.

Esto es lo que sabemos: Por cientos de años, la gente de Nazca creó líneas en la tierra. Algunas forman figuras familiares: una araña, un colibrí y un perro. Otros -una ballena, un mono y un loro- no pertenecen al desierto.

Continúe leyendo en:

http://www.dispatch.com/?story=dispatch/2006/12/31/20061231-H3-01.html

http://www.readingeagle.com/re/travel/1612208.asp

Más información en:

http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/12/nazca-primera-parte/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/12/nazca-2/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/12/nazca-3/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/12/nazca-final/

http://marcianitosverdes.haaan.com/2006/12/el-tridente-de-paracas/

El tridente de Paracas

EL TRIDENTE DE PARACAS[1]

En la página 119 de Regreso a las estrellas, Erich von Däniken escribe:

“Nazca está a 100 millas a vuelo de pájaro de Pisco. Repentinamente tuve una idea fenomenal. ¿Había alguna conexión entre el tridente de la bahía de Pisco, las figuras de la planicie de Nazca y las ruinas de Tiahuanaco? Despreciando ligeras desviaciones, estos tres puntos se encuentran a lo largo de una línea recta”.

Däniken dice que el tridente tiene unos 250 metros de alto y está hecho de “bloques que fosforescen con luz blanca como la nieve y que son duros como el granito” (p. 114)

En realidad, el tridente tiene 183 metros de largo, no fue construido con rocas fosforescentes sino que fue cavado en la arena, y a través del tiempo se ha cubierto de sal proveniente del mar, la cual brilla bajo los rayos del Sol. Cualquier astronauta que siga en línea recta en la dirección a la que apunta el tridente, pasaría a 250 kilómetros de Nazca (la planicie de Nazca se encuentra a 180 kilómetros al Sureste de Pisco).

El así llamado tridente o candelabro, se extiende sobre una duna de arena en la punta de Pejerrey, de unos 400 metros de altura, inclinado unos 40º con respecto al mar, en la costa de Pisco, en la paradisíaca bahía de Paracas. En este caso, también ciertas circunstancias especiales han garantizado su permanencia hasta nuestros días. Paracas se encuentra cerca de uno de los puntos más secos del planeta, el desierto de Atacama, donde las lluvias ocurren una vez cada cien años, si no más. La continua neblina y la humedad marina, cargadas de sal, han logrado aglutinar las arenas endureciéndolas para formar una especie de costra que ha conservado el dibujo a lo largo de tantos siglos.

El ancho de la figura varía entre 4 y 5 metros. En lo que concierne a la profundidad, ésta es de alrededor de 50 centímetros, pero antiguamente pudo llegar al doble en algunos puntos.

El tridente de Paracas es visible desde el mar, en tiempo despejado, a una distancia de unos 20 kilómetros, desde la isla central de Chincha, que se encuentra enterrada bajo gruesas capas de guano, con sus vestigios de templos y adoratorios que datan de entre 3,000 y 4,000 años. Este símbolo gigantesco está en el cerro colorado, cerca del cementerio de Paracas, uno de los más grandes cementerios precolombinos del Perú, en donde se han encontrado cientos de momias.

El primero en mencionar el gigantesco dibujo, en 1926, fue el francés Victor Forbin, quien declaró que era un tridente dibujado por los atlantes.

Los filibusteros del siglo XVII, según Eduardo García Montero, fueron los que trazaron el tridente, para recordar el lugar donde ocultaron sus tesoros. Muchos consideran absurda esta hipótesis, puesto que ningún filibustero tendría tiempo o aptitudes para dibujar tan enorme tridente cuando les resultaría más sencillo indicar la ubicación de su tesoro en un mapa. Y una señal como esa llama mucho la atención, lo que menos desearían los piratas.

Otros como, María Belli de León, escribieron que “el candelabro se encuentra grabado magnéticamente en la roca como guía hacia el astropuerto de Nazca, iluminándose en la noche”.

En opinión de otros estudiosos, el tridente que se encuentra frente a las islas de Chincha y Sangayan, y que está justo a mitad del camino entre Chincha Alta e Ica, capital del distrito, fue un indicador de mareas dejado por un pueblo desconocido, que ya no existe. Fray Diego de Guatemala decía que lo mandó dibujar él mismo, para convertir el lugar en sagrado. Otros afirman que se trata del tridente de Neptuno, y otros más dicen que el candelabro es de origen judío, sin caer en la cuenta de que la menorá (el candelabro judío) tiene 7 brazos, y éste sólo 3.

Ronald Story dice que:

“… las tres cruces del tridente representan al “árbol de la vida” (y de la muerte), común en muchas culturas americanas. Denota simplemente la presencia de un cementerio representando la tríada Sol, Luna, Tierra. También representa al hombre con sus raíces en la tierra y a la sociedad, con varios miembros partiendo de un centro común”.

Hay que tener en cuenta que el puerto de Pisco está dedicado principalmente a la industria pesquera y a la explotación de harina de pescado y algodón. Los valles irrigados de Chincha, Pisco, Ica y Nazca formaban parte del imperio Chibcha, que precedió inmediatamente al imperio Inca y que se distinguía por su cultura pesquera. María Reiche escribe:

“A continuación vamos a decir unas breves palabras sobre el candelabro de Paracas. Däniken asegura que su objeto no era servir de guía a los barcos, sin embargo, desde los buques que van de Lima a Chile se divisa perfectamente. Todos los capitanes lo conocen, y cuando llega el momento se lo enseñan a los pasajeros, como me ha ocurrido a mí misma. “Excepto un desierto de arena no hay nada, absolutamente nada, que hubiera podido atraer hasta aquí a los navegantes” afirma Däniken enfáticamente. El hecho innegable es que esta región fue la cuna de la primera cultura desarrollada del Perú, la cual giró fundamentalmente en torno a la pesca de la ballena. Hace tan sólo 15 años en esta zona se capturaban y elaboraban industrialmente unos 10,000 ejemplares al año. Hoy en día, sin embargo, las ballenas están prácticamente extinguidas. Algunos científicos interpretan el “Tridente de Paracas” como un instrumento de pesca parecido al arpón”.

REFERENCIAS

Däniken Erich von, Regreso a las estrellas, Plaza & Janes, España, 1978.

García Montero Eduardo, El código de los piratas, Lima, 1952.

Ruiz Noguez Luis, La verdad sobre el mito von Däniken, Eso me interesa, Vol. 1, No. 1, México, agosto de 1984, Págs. 58-64.

Story Ronald, Guardians of the Universe, St. Martin’s Press Inc., New York, 1980.

Story Ronald, The Space-Gods Revealed, Harper & Row, New York, 1976.


[1] Este artículo apareció originalmente en Ruiz Noguez Luis, El tridente de Paracas, Perspectivas ufológicas, No. 5, México, mayo de 1995, Págs. 17-18.

Nazca (Final)

AERONAUTAS ANTIGUOS

La investigación llevada a cabo por Woodman y su equipo de la International Explorers Society les condujo a varias leyendas americanas que hablaban de personajes que habían podido volar utilizando diversos medios. Entre estas leyendas estaba la de antiguos aeronautas (no confundir con los antiguos astronautas), que volaban en globos. Se decía que los jefes nazcas eran enviados a los cielos después de su muerte, y se perdían en las alturas mientras el Sol calentaba los globos que llevaban sus cuerpos. Otra leyenda habla de los hombres que fueron castigados con el diluvio por haber aprendido a volar.

También se dice que un niño aymará, de nombre Antarqui (el mago del inca Tupac Yupanqui), solía volar sobre las cabezas de una avanzada enemiga para recabar información sobre sus movimientos. Antarqui era un chasqui (mensajero personal de los emperadores incas) que viajaba de cerro en cerro deslizándose por el aire gracias a un parapente rudimentario fabricado con telas de algodón, lana o alpaca. Antarqui había nacido en el lago Titicaca (fue producto de un rayo de la Luna, Quilla, reflejado en el Titicaca o Titijaja). Al desaparecer el rayo, Antarqui nadó hasta la orilla, llegó a las montañas y escaló sus cumbres hasta llegar a lo más alto. En ese punto tejió un poncho con los colores de la bandera del tawantinsuyo para poder llegar hasta su madre, la Luna. Se lanzó desde lo alto y voló hasta las estrellas.

El emblema nacional de la aviación peruana es Antarqui. El gobierno peruano ha levantado una estatua del pequeño héroe. Se le representa vestido con un poncho de varios colores y se encuentra en el lobby del Aeropuerto Internacional de Lima.

Más cerca en el tiempo los miembros del IES encontraron otra historia bastante curiosa.

En 1810 los cronistas peruanos informaron de los experimentos de un tal don José Hurtado y Villafuerte, rico propietario de las tierras de Arequipa, en el Sur de Perú. Don José había entrenado un joven cóndor para transportar a un niño en su espalda. Se había inspirado en una vieja leyenda que relataba que, después de un terrible cataclismo, tres parejas humanas que llegaron de tierras muy lejanas transportadas por tres cóndores, volvieron a poblar las cordilleras andinas.

El cóndor de don José llegó medir cinco metros de la punta de un ala a la otra, y según las crónicas, voló con su jockey frente a los asombrados periodistas que habían llegado hasta la alta cima del Uchumayo.

Se informó que don José Hurtado lograba trasladar grandes cargas de un lugar a otro en sus plantaciones utilizando cóndores domesticados.

Asimismo los del IES encontraron informes sobre un monje jesuita del siglo XVIII llamado Bartolomeu Lourenço de Gusmão, el Padre Volador o Portugués Volador.

EL “VOADOR”

Bartolomeu nació en diciembre de 1685 en la villa de Santos, en São Paulo. Consta en el Arquivo da Curia Metropolitana de São Paulo que fue bautizado el lunes, 19 de diciembre de 1685. Ahí dice que su padre fue Francisco Lourenço, o Francisco Lourenço Rodrigues, “médico forense del Presidio, de aquella antiquísima Villa, declarada Praça d’Armas, y su mujer Doña Maria Alvares”.

Dice su biógrafo Vizconde de São Leopoldo, en sus investigaciones realizadas en 1838:

“Pude descubrir los autos de Inventario, al que se procedió por el Juez de Orpháos da Villa el 4 de enero de 1721, por el fallecimiento del padre de ambos”, Francisco Lourenço, el 9 de diciembre de 1720:

“En ellos declaró la viuda inventariante D. María Alvares, que tuvo doce hijos, a saber:

Domingas Gonçalves, casada con Antonio de Seixas, nacida en 1680.

“Padre Simáo Alvares, profeso de cuarto voto en la Compañía de Jesús, nacido en 1682.

Maria Gomes, casada con Francisco Vicente, nacida en 1683.

“Padre Bartolomeu Lourenço, clérigo regular nacido en 1685.

Joana Gomes, casada con Antonio Ferreira Gambôa, nacida en 1688, mas tarde Joana Gomes de Gusmão.

“Fray Patricio de S. Maria, religioso franciscano, nacido en 1690.

Paula Maria religiosa del Convento de S. Clara da Villa de Santarém, na­cida en 1692.

Arcangela da Conceiçáo, idem, en Portugal, nacida en 1693.

Alexandre de Gusmáo, nacido en 1695.

Brigida Monteiro mas tarde Brigida Vitoria de Gusmáo, nacida en 1698 y religiosa del Convento de S. Clara.

Inacio Rodrigues, Regular de la Compañía de Jesús, nacido en 1700.

“Fray João Alvares de Santa Maria Carmelita, nacido en 1703”.

De haber usado el apellido paterno debería llamarse Bartolomeu Lourenço Ro­drigues. Pero en ese entonces no era común que los hijos tomaran el apellido del padre, y es por eso que los hermanos tienen apellidos dispares. Tres de los hermanos adoptaron el apellido Gusmão que provenía del padrino de bautizo del hermano de Bartolomeu, Alexandre, es decir, del padre jesuita Provincial de Brasil, escritor ascético y clásico y fundador del seminario Jesuítico de Belém da Cachoeira, en Bahia, Alexandre Gusmão (1629-1724).

Bartolomeu hizo sus primeros estudios en Santos y continuó en el Seminario jesuita de Belém da Cachoeira, Bahia, en donde terminó el noviciado, para finalmente afiliarse a la Compañía de Jesús, bajo la orientación y guía del fundador del seminario, el padre Alexandre de Gusmão. Su hermano Alexandre también estudió en el mismo seminario, y luego llegó a ocupar el cargo de secretario del rey Don João V de Braganca.

En Salvador construyó una bomba de elevación para abastecer al colegio de agua del río Paraguaçu, siendo este su primer invento. Tiempo después inventaría una bomba para achicar el agua en los navíos, que describió en Vários modos de Esgotar sem Gente as Naus que Fazem Água, 1710. Pero no serían sus únicos inventos.

Al iniciar el nuevo siglo, apenas cumplidos los 15 años, sale de Brasil para dirigirse a Portugal en donde se formó en derecho religioso. En Coimbra se ordenó sacerdote de la Compañía de Jesús. Ya ordenado se mudó a Lisboa, en 1701, en donde realizó estudios de matemáticas y física. En 1708 ingresó a la facultad de Cánones de la Universidad de Coimbra, en donde continuó sus estudios de matemáticas, astronomía, mecánica, física, química y filosofía.

Era conocido por su memoria prodigiosa. Era capaz de recitar todos los versos de los poetas latinos como Virgilio, Horacio y Ovidio, lo mismo que varios libros de la Biblia. Hablaba fluidamente el latín, francés e italiano y traducía con facilidad el griego y el hebreo.

EL PASSAROLA

Se dice que al estar observando una pompa de jabón en el aire se inspiró para la fabricación de un globo. La pompa se elevó al pasar sobre una vela. Comenzó a trabajar en un proyecto de un aparato “más ligero que el aire”. Solicitó entonces a Don João V la patente sobre un “instrumento para andar por el aire”:

“Señor. Dice el licenciado Bartolomeu Lourenco que el ha descubierto un instrumento para andar por el aire, de la misma suerte que por la tierra, y por el mar, y con mucho más brevedad, haciéndose muchas veces doscientas y más leguas por día en tales instrumentos.

“Se podrían llevar los avisos de más importancia a los ejércitos, y a las tierras más remotas, casi al mismo tiempo en que se deciden, porque interesa a Su Majestad mucho más de lo que a ninguno de los otros príncipes, por la mayor distancia de sus dominios, evitándose, de esa suerte, los desgobiernos de las conquistas que provienen, en gran parte, de llegar muy tarde las noticias de ellas.

“Además de que podría Su Majestad mandar transmitir lo precioso de ellas, mucho más brevemente y más seguro podrían los hombres de negocios enviar letras, y recursos, y todas las plazas sitiadas podrían ser socorridas, tanto de gente, como de municiones, y víveres en todo tiempo y llevarse todas las personas que quisieren. Sin que el enemigo lo pueda impedir, descubrir las regiones que quedaran más vecinas a los polos del mundo”.

La patente le es otorgada bajo el edicto publicado el 17 de abril de 1709, junto con una buena pensión para desarrollar su proyecto. El 19 de abril recibe la autorización del rey para mostrar su invento delante de la Casa Real.

Con el apoyo del rey, Bartolomeu se dedicó de tiempo entero a la construcción de su aparato, en la quinta del Duque de Aveiro, en San Sebastião da Pedreira. Las fuentes de la época dicen que utilizó mucho alambre en la construcción y realizó varios experimentos con globos de papel hasta llegar al diseño definitivo que la historia registra: El Passarola (Pajarote) o Balão de São João, un pequeño globo de papel pardo y grueso, lleno de aire caliente, producido por “fuego material contenido en un cuenco de barro incrustado en la base de una bandeja de madera encerada”.

Son imprecisas y contradictorias las noticias sobre la experiencia con el ingenio. Se dice que la primera se realizó el 3 de agosto de 1709 en la Sala de Audiencias del palacio. Otros dicen que esa primera experiencia fue hecha en el Pátio da Casa da Índia, o patio de la Casa de Indias (castillo de São Jorge, en Lisboa), yendo el aparato a aterrizar en el Terreiro do Paço.

Parece ser que este primer intento en realidad se realizó en la citada Sala de Audiencias, pero fue un fracaso: el pequeño globo de papel, calentado por una llama y carbones encendidos, se incendió antes de levantar el vuelo.

Dos días más tarde, el 5 de agosto, el armazón de mimbre cubierto de papel subió unos 20 palmos (4.20 metros) antes de comenzar a quemarse, para asombro de los presentes. “El globo subió nuevamente, pero fue al encuentro de una pared e igualmente se incendió”, según el historiador Vizconde de Taunay[1]. El también biógrafo de Gusmão, Salvador Antônio Ferreira, confirma que dos lacayos asustados por la posibilidad de un incendio, se lanzaron contra el ingenio antes de que llegase al techo y pegase fuego a las cortinas. El hecho fue confirmado por el entonces cardenal de Lisboa, el Nuncio Cardenal Conti (futuro Papa Inocencio XIII) quien se refirió al riesgo de incendio. También indicó que el Passarola era un “cuerpo esférico de poco peso”.

Se realizó un tercer experimento el 8 de agosto, ahora en el Pátio da Casa da Índia. Estaban presentes Don João V, la reina Doña Maria Anad y Habsburgo, el Nuncio Cardenal Conti, el Infante Don Francisco de Portugal, el Marques das Fontes e Arantes, Hidalgos, damas de la corte y embajadores de Alemania, Italia, España e Inglaterra. Esta vez fue un éxito absoluto. El globo se irguió lentamente, yendo a caer, una vez agotada su llama, en el Terreiro do Paço. A partir de entonces el famoso religioso pasó a ser llamado el Padre Volador.

El rey quedó tan impresionado que le concedió a Gusmão “el derecho sobre toda y cualquier nave voladora desde entonces. Y para todos aquellos que osasen interferir o copiarle las ideas, la pena de muerte”. Don Joao V lo nombra capellán de la Casa Real y ordena que le den una subvención de 300 mil reales anuales a fin de que prosiguiese sus estudios, pero la Junta dos Três Estados, se negó a darle el auxilio alegando que no había dinero.

Dice Taunay que “Debido al éxito aparecieron memorias y estampas simultáneamente en Portugal, Londres y Viena, describiendo un aparato volador de concepción fantástica, donde la imaginación se unía con lo absurdo, a semejanza de las leyendas mitológicas, tal como un pájaro de grandes alas laterales, cuyo movimiento envolvía fuerzas magnéticas, piezas de ámbar, quintaesencias, etc. Esa estampa se difundió por diversos países europeos, y en función de ella diversos historiadores europeos y norteamericanos situaron a Gusmão como uno de los muchos precursores de la larga cadena de la evolución aeronáutica, cuyos trabajos no poseían ninguna base científica. Lo que había de espantoso en todo eso es que fue el propio Gusmão el autor de estas obras, en un intento de burlar e impedir la acción de los que pretendiesen violar su secreto. Uno de los mejores amigos de Gusmão en Portugal, el hidalgo Marques das Fontes e Arantes confesó en una declaración: “que los autores de la estampa mistificadora de la Passarola fueron el propio Bartolomeu y su discípulo Conde de Penaguião””.

En efecto, Bartolomeu describió su Passarola como una góndola con una enorme cortina de tejido groso cosida como un saco gigante. Poseía unas velas laterales al globo, tubos de fuelles que conducían el aire caliente, dos asas laterales que lo equilibran durante las maniobras, espacio para diez o doce pasajeros o carga de peso equivalente, dos esferas magnetizadas que generan tensión entre dos imanes y el cuerpo chapeado con hierro de la góndola”. Según esto la nave estaba formada por unos tubos que mandaban una corriente de aire a una vela de tela, que daba al artefacto aspecto de pájaro con su pico, sus alas y su cola. Pero todo era para engañar a sus adversarios e impedir que le robaran la idea.

El padre jesuita brasileño dejó registrados los métodos que uso para construir su aerostato en la obra “Descrição do novo invento aerostático ou máquina volante, do método para produzir o gás ou vapor com que esta se enche”, también Manifesto Sumário para os Que Ignoram Poder-se Navegar pelo Elemento do Ar” (1709).

LA INQUISICIÓN

El dinero de la subvención del rey nunca llegó. Entre 1713 y 1716 viajó por Europa. En esta época fue registrado en Holanda el invento de un “Sistema de lentes para asar la carne al Sol”, atribuido al padre Gusmão. Vivió en Paris y trabajó como herbolario para ganarse la vida, hasta que encontró a su hermano Alexandre, en es entonces secretario del embajador de Portugal en Francia, y que luego pasaría a la historia como el diplomático que realizó el Tratado de Madrid, que ganó para Brasil una colonia (do Sacramento) que estaba más allá de la línea del Tratado de Tordesillas.

Alexandre le convence de volver a Portugal e ingresar al servicio diplomático. Se acaba de crear la Real Academia Histórica de Portugal (1720) y Gusmão fue uno de sus primeros integrantes. Se le encomendó escribir la “Historia eclesiástica de la ciudad de Porto”.

Vuelve a la universidad, estudia derecho, diplomacia y criptografía Se gradúa el 5 de mayo de 1720 y pasa a ser parte del cuerpo diplomático.

No descuida sus estudios científicos. El 6 de agosto de 1721 inventó un proceso para producir carbón de tierras artificiales. Escribió un opúsculo titulado Vários modos de esgotar sem gente as naus que fazem água, publicado en Lisboa, en el que se ocupaba sobre la fabricación de aparatos hidráulicos.

El padre Gusmão era también conocido por sus dotes oratorias. Dejó varios sermones, de los cuales el más conocido es el de la fiesta del Cuerpo de Dios, realizado en 1721; y “Sermão da Virgem Maria Nossa Senhora”, pelo Padre Bartholo­meu Lourenço, que es la primera de tres oraciones sacras impresas por Bortolomeu, en 1712. Inventó otras máquinas y aparatos: un molino más veloz que los por entonces existentes; una máquina para exploración racional de tuberías.

Luego es acusado por la Inquisición de simpatizar con los nuevos cristianos perseguidos por el Santo Oficio. Logra escapar de la inquisición gracias a los argumentos de su hermano más joven, fray João Álvares de Santa Maria, quien declara que su hermano estaría sufriendo de sus facultades mentales. Este fue probablemente un argumento astuto para salvarlo de las garras de la Inquisición. Benedito Calixto, uno de los biógrafos de Gusmão, sustenta que el proceso movido por la Inquisición contra el inventor no tenía ninguna conexión con sus exposiciones aerostáticas. Según el, la inquisición jamás se preocupaba con los descubrimientos científicos. Taunay endosa esta tesis.

Bartolomeu se refugia en España en 1724. En el camino a Toledo fue atacado por fuertes fiebres. Ingresa, con un nombre falso, al Hospital de la Misericordia de Toledo, en donde muere la noche del 18 al 19 de noviembre de 1724.

Bartolomeu precedió 74 años a los Montgolfier, pero no fue el primero en volar en un globo de aire caliente. Toca ese honor a Pilatre de Rozier y al Marques d’Arlandes quienes el 20 de noviembre de 1783 realizaron la hazaña. Sin embargo, el invento de Montgolfier, como todo lo indica, según las revistas francesas Nouvelle Europe y L’Aeron de inicios del siglo XX, fue mera copia del aerostato de Gusmão, una vez que debido a su fuga a España, dejó los planos de sus inventos con su hermano Alexandre de Gusmão. Se sabe que cuando Alexandre estuvo en París, mantuvo estrechas relaciones de amistad con el científico José de Barros, el cual a su vez era amigo personal de Montgolfier.

El 7 de septiembre de 1922 fue inaugurado un monumento en memoria del Padre Volador, en la Iglesia del Rosario, en Santos.

En 2004, a casi 180 años de su muerte, su cuerpo fue trasladado a Brasil. Sus restos estuvieron durante algún tiempo guardados en la Fundação Santos-Dumont. Posteriormente fueron entregados al Comando da Aeronáutica -IV Comando Aéreo Regional- y finalmente fueron trasladados a la Catedral de Sé en São Paulo.

LA LEYENDA

La extraordinaria vida de Bartolomeu generó muchas leyendas.

Se habla de un último experimento el 30 de octubre de 1709, pero no hay registros que confirmen este vuelo. Dicen que el globo de papel subió a una altura de sesenta metros, la misma de la torre de Lisboa. Se dice que a bordo de este artilugio, su inventor se elevó muchas veces a más de mil metros de altura, por lo que fue llamado El voador. Datos que, como hemos dicho, no tienen sustento.

Otros autores dicen que el padre fue llamado por el Santo oficio de la Inquisición y acusado de herejía y de tener pacto con el demonio. El Santo oficio declaró que el aparato era obra del maligno y condenó a Gusmão, prohibiéndole seguir con sus investigaciones y a no escribir nunca sobre sus experiencias, ni hablar de ellas, y mucho menos intentar construir otra Passarola[2]. El aparato así como todos los diseños y dibujos, fueron confiscados y llevados a los Archivos del Vaticano, en una perfecta operación de cover-up al estilo del ovni de Roswell en el Hangar 18 o en el Área 51.

Para otros astroarqueólogos el padre Bartolomeu estuvo seis años explorando y catequizando en las selvas de Brasil. De acuerdo con sus crónicas, él vio volar a los aborígenes en globo. También visitó Bolivia en donde ayudó a un indio a escapar del cautiverio y éste, en agradecimiento, lo llevó a una ciudad de piedra en la cordillera de los Andes. Durante tres meses el sacerdote estuvo aprendiendo todos los secretos de esta civilización, entre los que se encontraba el vuelo en globos e aire caliente.

Pero nada e eso es verdad. Cierto que Bartolomeu fue perseguido por la Inquisición pero no debido a sus inventos sino a sus convicciones religiosas. Poco antes de morir se convirtió al judaísmo.

Un apunte final sobre Bartolomeu. El escritor portugués José Saramago escribe en su novela No Memorial do Convento, se ocupa de nuestro personaje. En la novela, el Passarola es descubierto por Blimunda y Baltasar Mateus, o Sete-Sóis y logran volar en el globo.

COLOFÓN

No sabemos si estos sucesos (Antarqui y Hurtado) realmente ocurrieron. Lo dudamos. Pero lo cierto es que existen antiguas cerámicas nazcas decoradas con motivos que representan globos.

La arqueólogo y antropóloga francesa Simone Waisbard dice que un indio quechua le declaró lo siguiente al contemplar un avión en el aire:

“Mis ancestros también habían descubierto la posibilidad de volar observando que el humo se elevaba hacia el cielo”.

Afortunadamente cada vez son menos los autores que ven una intervención de extraterrestres en la manufactura de las líneas de Nazca, como Gilbert o Moseley[3]. En contraparte, la literatura científica se amplía cada vez más[4].

Todos estos datos vienen a confirmar lo que ya antes había dicho María Reiche:

“Esas figuras no fueron hechas por seres de otro planeta; no se conoce exactamente su significado, y probablemente jamás llegue a saberse”[5].

REFERENCIAS

Ameida L. Ferrand de, Bartolomeu Lourenço de Gusmão, en Serrao Joel, Dicionário de História de Portugal, Figueirinhas, Porto, 1981, vol. III, Págs. 184-185.

Anónimo, Los poderes desconocidos, Selecciones del Reader’s Digest (editores), México, 1983.

Bridges Thomas, Ancient Peru: The Mysterious Images of the Nazca Plains, New York Times, 14 de noviembre de 1976.

Carvalho, História dos Balões, Relógio d’Agua, Lisboa, 1991.

Cruz Filho, y F. Murillo, Bartolomeu Lourenço de Gusmão: Sua Obra e o Significado Fáustico de Sua Vida, Biblioteca Reprográfica Xerox, Rio de Janeiro, 1985.

Enciclopedia, Grandes Personagens da Nossa História, volumen I, Editora Abril Cultural, São Paulo/SP, 1969.

Pinto J. Estêvão, Bartolomeu Lourenço de Gusmão, Ediçoes SNI, colección Grandes portugueses, Lisboa, 1957.

Silva Inocencio da, y Aranha Brito, Diccionario Bibliographico Portuguez, Imprensa Nacional, T. I, Lisboa, Pags. 332-334.

Varios autores, Medalhística Aeronáutica Brasileira, Gabinete do Ministro da Aeronáutica, GABAER, edición 1998, Pág. 131.


[1] Taunay Affonso d’Escragnolle, Bartholomeu de Gusmão e a sua prioridade aerostatica, São Paulo: Escolas Profissionaes Salesianas, 1935, Sep. del Annuario da Escola Polytechnica da Univ. de São Paulo, 1935.Taunay Affonso d’Escragnolle, Bartolomeu de Gusmão: inventor do aerostato: a vida e a obra do primeiro inventor americano, Leia, São Paulo, 1942.

[2] Flávio Calazans, A Aeronáutica Pré-Colombiana: Dos Incas Voadores de Nazca ao Padre Voador, artículo en internet, http://www.mundocultural.com.br/index.asp?url=http://www.mundocultural.com.br/artigos/Colunista.asp?artigo=445

[3] Gilbert E. M., Roads to the Stars, Fate, Vol. 2, No. 3, septiembre de 1949, Págs. 60-65.

Moseley W. James, Peruvian Desert: Map for saucers?, Fate, Vol. 8, No. 4, octubre de 1955, Págs. 28-33.

[4] Davis Emma Lou & Winslow Sylvia, Giant Ground Figures on the Prehistoric Deserts, Proceedings of the American Philosophical Society, Vol. 109, No. 1, febrero de 1965, Págs. 8-21.

Kern H., & Reiche Neuman María, Peruanische Erdzeichen, Konstraum, München, 1974.

McIntyre Loren, Mystery of the Ancient Nazca Lines, National Geographic, Vol. 147, No. 5, mayo de 1975, Págs. 716-728.

Isbell H. William, The Prehistoric Ground Drawings of Peru, Scientific American, Vol. 239, No. 4, octubre de 1978, Págs. 140-153.

Isbell H. William, The Nazca Ground Drawings, Interciencia, Vol. 6, No. 2, marzo-abril de 1981, Págs. 70-71.

[5] Orbegozo Manuel Jesús, María Reiche y el calendario más grande del mundo, Cultura Peruana, Lima, 1956.

Nazca (3)

UNA TEORÍA UN TANTO CURIOSA

Otra teoría debida a William (Bill) F. Spohrer, explorador norteamericano residente en Perú, parece no menos inverosímil que la de los antiguos astronautas, pero reviste particular atractivo. Spohrer supone que los antiguos nazcas pudieron elevarse en el aire por medio de globos de aire caliente. Para probar su teoría Spohrer ha presentado las siguientes pruebas indirectas:

– Los tejidos de algunos ponchos precolombinos que son más ligeros que el material sintético utilizado en los globos modernos.

– La costumbre entre muchos grupos indígenas de soltar pequeños globos llenos de aire caliente durante las fiestas religiosas.

– La existencia de piedras ennegrecidas encontradas en grandes formaciones circulares al extremo de muchas de las líneas. Al parecer eran enormes hogueras que bien pudieron utilizarse para calentar el aire del interior de enormes globos atmosféricos[1].

Bill Spohrer, miembro de la International Explorers Society (IES) de Miami, y piloto de las aerolíneas TAN, de Honduras, persuadió al grupo de IES para que investigaran el misterio de las “pistas” de Nazca.

Michael Debakey, hijo de un famoso cardiocirujano, y director del IES, aprobó el proyecto de investigación e las líneas. Los miembros del IES que intervinieron en esta aventura fueron:

Julian Nott, aeronauta británico de 31 años, campeón mundial de altura en globos cautivos (45,000 pies), mismo que le valió la medalla Royal Aero Club. Este premio también lo obtuvieron en su momento los hermanos Wright y Niel Armstrong, entre otros.

Jim Woodman, aeronauta estadounidense de 41 años. Fue copiloto ejecutivo de una línea aérea comercial, y fundador de la compañía Air Florida.

EL CONDOR I

El IES, después de haber logrado el apoyo del Ministerio de Turismo Peruano y el de la línea aérea nacional Aeroperú, emprendió la construcción de un costoso globo de gran tamaño. De unos 30 metros de alto, por 25 de ancho, con una forma poco común de trapecio o tetraedro (pirámide invertida), y volumen aproximado de 5,751,700 litros.

Se mandó confeccionar el globo a las Industrias Raven, de los Estados Unidos, supervisando la operación el Instituto Textil Peruano.

Luego de construido el globo (operación que duró tres años), le fue colocada una canastilla de mimbre o carrizo seco. La canastilla tenía forma de una media luna con los bordes levantados al estilo de las antiguas balsas de totora con las que los pescadores del Titicaca, el lago más alto del mundo, que se encuentra a uno 4,000 metros de altura y a unos 500 kilómetros a vuelo de pájaro de las pampas. Esas balsas de totora surcaban hace siglos (y aún ahora), el lago Titicaca, en la frontera entre Perú y Bolivia.

La góndola era una especie de barquilla de unos 2,5 metros de longitud fabricada con totora, una planta de tallo hueco parecida al bambú o al mimbre rojo, que nace en las márgenes del lago Titicaca y en la costa norte del Perú. Fue hecha por los mismos artesanos que construyó la balsa Ra para Thor Heyerdahal, Paulino Esteban, José Juan y Demetrio Limachi. En la canastilla cabían dos personas.

La cubierta tejida fue pintada por el artista Tommy Thomson, con una doble espiral, un Sol y un cóndor planeando, imitando los dibujos sobre la pampa. Las cuerdas que unían la canastilla con el globo eran de fibras vegetales.

La nave fue tejida con algodón peruano. La tela resultante tenía una estructura parecida a la de los finos textiles que habían sido encontrados en las tumbas del litoral, que datan de hace unos 3,000 años. Se procuró que la porosidad, solidez y resistencia de la tela fuera igual a la del tejido nazca.

La nave así construida recibió el nombre de Cóndor 1. Su velocidad de elevación era de unos cinco metros y medio por segundo.

LOS MANTOS NAZQUENSES

Los nazcas utilizaban mantos tan maravillosamente tejidos que parecían hechos por un hada. Estos atavíos, de valor incalculable, son extremadamente escasos. Apenas se puede contar una docena de ellos registrados oficialmente en los museos.

Son una especie de cobijas rectangulares hechas de hilo de algodón bordado en punto largo, de lana o de alpaca, y a veces de vicuña, en una gran variedad de colores finos y delicados. Los especialistas han llegado a detectar 190 tonos y reflejos. Sus bordadores inventaron un punto que imita y utiliza la técnica del crochet. Los bordados, a veces, llevan hilos de oro, de plata, lentejuelas, algunos motivos elaborados con cabellos humanos, pelo de murciélago o de vizcacha (una especie de gran chinchilla de los Andes, de pelo gris extremadamente ligero y fino como pluma). Las diversas técnicas de brocado, gasa o red que son de una finura inconcebible, hacen de estos mantos una artesanía de belleza superior a los gobelinos y los textiles bordados de Beauvais.

Uno de los mantos más hermosos es el de Paracas. Bordado todo alrededor con una franja que tiene 300 figuras de hombres, animales y plantas.

Esta exquisitez hace de los mantos nazquenses un artículo locamente buscado por los coleccionistas. Sin incluir el valor de antigüedad, el valor objetivo de uno de estos mantos fue calculado en dos millones de dólares (en 1970).

La tela de tales ropajes de nobles patricios puede tener hasta 400 hilos por pulgada cuadrada. Según algunas opiniones autorizadas en la materia, se necesitaban por lo menos dos años para tejer y bordar tales obras de arte[2].

El tejido utilizado en los mantos nazcas es tan fino que ninguna de las medias que utilizan las mujeres modernas lo iguala. El ingeniero Ken Te Krony, de las Industrias Raven, la empresa más importante del mundo especializada en la fabricación de globos y paracaídas, al analizar uno de los mantos dijo:

“Después de 1,500 años, la tela está en fabulosas condiciones. El tejido es superior a los producidos en la actualidad. En las fábricas contemporáneas se usan de 85 a 150 tramas (hilos) por pulgada. Las fibras incas tienen más de 250”.

La antropóloga Ruth Karen, autora de El reino del Sol, ha encontrado tejidos incas hechos de lana de vicuña tan delgados como la seda, y de unos 2,500 tramas por pulgada.

Las pruebas a las que fue sometido el manto demostraron que es aún más compacto que el empleado en los paracaídas.

LA TÉCNICA

Los habitantes de Nazca fundaron una cultura sumamente avanzada que floreció entre los años 300 a. C. Al 700 d. C.

Los dibujos de Nazca fueron hechos siguiendo un modelo previamente diseñado sobre “pequeñas parcelas de 1.8 por 1.8 metros”, según indica María Reiche. Una vez trazada esta “maqueta”, los nazcas la fraccionaban y reproducían a continuación cada una de las fracciones a la escala deseada. Semejante técnica les permitía elaborar dibujos gigantescos sin necesitar una visión del conjunto.

“Es de suponer que si los autores no podían volar –escribió María-, y solo en la imaginación podían percibir el aspecto de sus obras, deben haberlas planteado y dibujado de antemano en una menor escala…”

Para trazar las líneas rectas tendían cuerdas entre dos estacas. Algunas, todavía clavadas, han sido datadas por el método del carbono 14 y se remontan aproximadamente al año 550 d. C.[3]

Las líneas curvas las hacían clavando una estaca como pivote, unida a una cuerda a modo de compás.

Poseían, además, un instrumento llamado Huaypa, consistente en una cuerda con una piedra a guisa de plomada. El Tupu, una pequeña placa de madera o metal que tiene un orificio central, que servía como catalejo. Se ha encontrado una especie de teodolito compuesto por un tubo de madera o de barro cocido del que pende un hilo con piedra para dar cuerpo a la vertical.

Utilizaban también una pértiga, poste de madera plantado perpendicularmente al suelo. Con ella se podían marcar la sombra proyectada en el momento de la salida o puesta del Sol o de la Luna. Tomando en cuenta lo largo de esta sombra en relación a la altura del astro en el cielo, los sacerdotes podían determinar los meses, las estaciones y los años.

Los instrumentos de medición de los antiguos peruanos nos reservan varias sorpresas. La más extraordinaria –de resultar cierta la suposición-, la debemos a un descubrimiento fortuito del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, expresidente de Perú. Al visitar uno de los museos de Lima, le intrigó la insólita y extraña forma de una pieza de cerámica. Con una altura de 11 centímetros (una de las unidades básicas de la pampa), la cerámica terminaba en un corte circular de 7 centímetros de diámetro. Apenas hueca, pero lo suficiente para contener el líquido de un “nivel de agua”. El tubo vertical que la sostiene está provisto de perforaciones en forma de cruz, colocadas a ambos lados, pero a distintos niveles. Si se sostiene el instrumento en la mano, sobre un poste fijo en el suelo, y se mira a través de las cruces que tienen marcas centrales en el punto de encuentro, se logra obtener una línea de mira a distancia para poder realizar trazos en ángulos rectos. En resumen, se trata de un goniómetro.

Esta pieza de cerámica provenía de la costa y no llevaba ninguna otra referencia. Luego se fueron descubriendo más piezas de este mismo estilo, esta vez en el área de Nazca. Los objetos de Nazca, en lugar de cruces, muestran círculos. En ellos hay pequeños pedazos de roca que suenan como cascabeles. Se pueden ver varios ejemplares de estos aparatos en el Museo de la Universidad de San Marcos, en Lima[4].

EL VUELO DEL CONDOR 1

Rechazando las “hipótesis no académicas y las especulaciones anticientíficas”, varios miembros del IES, de Coral Gables, en Florida, decidieron probar que los antiguos nazcas tenían la técnica adecuada para construir las famosas líneas.

“Nazca es uno de los enigmas arqueológicos más impresionantes de Sudamérica y una de las obras de arte más hermosas del mundo–señaló Jim Woodman-. Los nazcas pudieron haber volado aquí, pues contaban con todo el material necesario”[5].

“Los peruanos antiguos –declaró Debakey-, poseían los elementos adecuados para construir artefactos más ligeros que el aire. Tenían el intelecto, la organización social, los textiles y el conocimiento de los principios de vuelo que facilitarían aún más sus propósitos”[6].

El viernes 28 de noviembre de 1975, alrededor de las tres de la mañana, unos veinte invitados de la IES se reunieron alrededor de una de las legendarias líneas. Prendieron una hoguera en uno de los hoyos cercanos a las líneas y comenzaron a llenar el globo con aire caliente.

A las cinco de la mañana, el globo estaba listo, pero el viento cada vez más violento amenazaba con lanzar el intento por la borda. Pilotos, técnicos, periodistas y curiosos que habían acudido al lugar se agarraron con todas sus fuerzas a la tela, naturalmente María Reiche en primer lugar, intentando detenerlo.

Al despuntar el alba y en medio del júbilo general, el globo empezó su ascenso. Montados en la canastilla, con las piernas colgando, iban Julian Nott y Jim Woodman.

Unos minutos más tarde, liberado de amarres, los espectadores pudieron contemplar al Cóndor 1, que se elevó como lo habían previsto los organizadores. Al alcanzar la altura de 250 metros, el Cóndor 1 se estabilizó antes de empezar a planear horizontalmente. Después, repentinamente, una ráfaga de aire sacudió el globo. Los dos aeronautas alcanzaron a tirar rápidamente el lastre, aminorando la caída. El Cóndor 1 tocó tierra mientras los tripulantes saltaban al suelo. Libre de su excesiva carga, el aerostato volvió a elevarse en las alturas, alcanzando más de 500 metros. Estuvo en el aire 18 minutos, recorriendo unos tres kilómetros antes de posarse sobre el suelo de la pampa.

El principal enemigo había sido el peso. Dos adultos altos, pesando cada uno 80 kilos, representan gran diferencia de los indios de estatura baja.

“Fue un vuelo fantástico –exclamó Jim Woodman-. Estoy completamente convencido de que los nazcas efectuaban vuelos similares hace 2,000 años”[7].

Julian dijo: “La vista extensa de los dibujos de la pampa desfiló como un tapiz mágico”[8].

La primera que llegó a felicitarlos “fue la reina sin corona del desierto de Nasca, María Reiche”, según escribió Miloslav Stingl[9].

William “Doc” Crane, miembro del equipo del Cóndor 1, declaró a la prensa:

“Si los nazcas hubieran hecho sus globos con tejidos oscuros y no claros, la acción del Sol los habría transportado sobre el Pacífico, una vez que se hubiesen elevado a una altura de 600 metros. Es posible que los nazcas se hubiesen elevado en el mismo punto. Todo concuerda tan bien. Según las leyendas, cuando los dioses concluían su trabajo, volaba hacia el Sol”[10].

Pero para Miloslav Stingl no hay duda, los antiguos nazcas no volaron sobre las pampas:

Todos los peritos en la historia y la cultura de la América coinciden en afirmar que los indios de épocas precolombinas no conocieron el misterio de los vuelos aéreos. No obstante, las figuras de la pampa de Nasca provocan enseguida una predisposición a creer lo contrario. Por esto no es sorprendente que, después de que la galería del sur del Perú provocara de repente el interés general de la opinión pública mundial, viniera a la pampa de Nasca un hombre llamado Jim Woodman, quien empezó a seguir las huellas de los indios, pero no sobre la tierra, sino en el aire, tratando de demostrar que los primigenios habitantes de esa región no sólo habían sido capaces de realizar inmensos dibujos, sino también de elevarse hasta las nubes para contemplar su país desde una perspectiva panorámica. El proyecto de Woodman, denominado sencillamente Nasca, en recuerdo del valle cuyo desierto circunvecino está cubierto con las conocidas figuras, no logró persuadir a los expertos en culturas americanas antiguas sobre las hipotéticas capacidades aeronáuticas de los indios. El proyecto “Nasca” es, sin embargo, tan interesante que a pesar de todas las reservas que provoca, justificadas por lo demás, merece que le dediquemos una parte de nuestro libro.


“En su proyecto Woodman se propuso dos objetivos: primero, determinar qué aparato de vuelo había sido usado por aquellos indios, y rastrear, asimismo, todos los indicios que pudieran llegar a fundamentar la realidad de un tal aparato aeronáutico. Y segundo, reconstruirlo.


“Con respecto al aparato con el que pudieron haber volado los indios en el antiguo Perú –contando naturalmente con que efectivamente hayan podido volar— el equipo de Woodman desarrolló una inesperada respuesta: ¡un globo dirigible inflado con aire caliente! De este modo, a las sucesivas experiencias de Kosok y su pequeño avión, de María Reiche y su helicóptero, y a los hipotéticos “platillos voladores extraterrestres”, se sumaba ahora la de un aparato aeronáutico más: el globo”.

La experiencia del vuelo en globo fue repetida, años después, para la cadena de televisión japonesa TV-Asahi.

Continuará…


[1] Woodman Jim, Nazca: The Flight of Condor 1, Pocket Books, New York, 1977.[2] Levillier J., A Contribution to the Stydy of Preincaic Textiles in Ancient Peru, 1928.

O’Neale M. Lilia, Tejidos del periodo Paracas, Revista del Museo Nacional de Lima, Tomo I, No. 2, Lima, 1932.

[3] Waisbard Simone, El enigmático mensaje de los nazcas, en Los últimos enigmas, Selecciones del Reader`s Digest (editores), México, 1977.

[4] Weisbard Simone, Las pistas de Nazca, Editorial Diana, México, 1981.

[5] Woodman Jim, New Mysteries in Ancient Peru, Braniff Place, Vol. 4, No. 5, 1975, Págs. 31-33 y 42.

[6] Fernández Lanch Manases, Los dibujos de Nazca: enigma resuelto, Lima, 1976.

[7] Woodman Jim, Nazcas Journey to the Sun, Simon and Schuster, New York, 1977.

[8] Salzberg F. Ruth, Solving the Mystery of the Nazca Lines, Saga, Vol. 52, No. 2, mayo de 1976, Págs. 32-33, 56-60 y 62.

[9] Stingl Miloslav, Templos, fortalezas, observatorios y otros enigmas del Perú, Mosca Azul Editores, Lima, 1984.

[10] Anónimo, Nazca ballonist?, Time, 15 de diciembre de 1975, Pág. 50.

Nazca (2)

OTRAS HIPÓTESIS

Según el arqueólogo y matemático húngaro Zoltan Zelko, las líneas de Nazca conforman un mapa gigantesco trazado en el suelo, de la cuenca del lago Titicaca.

“Estamos a punto de realizar un gran descubrimiento en materia de lenguaje simbólico –dijo-. Los gigantescos dibujos reflejan la realidad existente en el Lago Titicaca de aquel entonces”.

Zelko afirma que ha logrado identificar en las líneas de Nazca a la mayoría de las ciudades, poblados y accidentes geográficos de la región. Dice que tanto las líneas de Nazca como la piedra de Chavín, la estela de Raimondi y otros monumentos preincaicos, son mapas geográficos.

Hans Horkheimer considera que “las figuras de las pampas, magistralmente estilizadas son reproducciones sagradas, dedicadas principalmente al culto totémico y trazadas para servir como escena a las coreografías totémicas”.

En lo concerniente a los trazos geométricos, comulga con la opinión que afirmaba que estaban dedicados al grandioso culto funerario: senderos sagrados que eran recorridos en las ceremonias religiosas. Después de escuchar algunos de los relatos de los habitantes de la región de Nazca, llegó a saber cosas bastante inesperadas hasta entonces: que podría tratarse de fantasmagóricos “caminos de ánimas”. Según los nativos, “el alma de los difuntos visitaba, a lo largo de los trazos, los lugares sagrados en los que cada clan se reunía en determinadas fechas para llevar a cabo la celebración de un culto teatral del recuerdo”[1].

En esta tradición secular y en los fantasmagóricos “diablos del polvo”, las trombas de arena que bailan sobre las pampas, los nativos supersticiosos ven la manifestación tangible de estos espíritus que están condenados a errar por el desierto para siempre.

Algo similar propuso Tony Morrison. Las líneas eran senderos sagrados, los enormes trapecios eran zonas que servían para reuniones sagradas y las figuras de animales estaban relacionadas al culto a los muertos[2]. Morrison calculó que todos los geoglifos se pudieron construir en no más de tres emanas de trabajo utilizando unos 1000 trabajadores. Si bien conviene que los geoglifos fueron hechos a través de un largo periodo de tiempo (varios siglos), y que fueron construidos por relativamente pequeños grupos de personas durante épocas de poca actividad en el ciclo agrícola.

El profesor Anthony Aveni, de la Universidad de Lima, sugiere una comparación entre las líneas de Nazca y el sistema Ceque de Cuzco[3]. Está de acuerdo en que las primeras pudieron haber sido utilizadas para la celebración de ceremonias y ritos, pero no en que fueron pistas de carreras. Los Ceques eran rayas, términos, lindes, que sirven, según nos cuenta Fernando Silva Santiesteban “para ser caminados por los miembros del grupo. En efecto, en todas las figuras se advierte claramente una entrada y en algunas un corredor de entrada, como en la parte posterior del Perro, debajo de la cola del Mono y en la tercera pata derecha de la Araña”[4].

¿OLIMPIADAS EN AMÉRICA?

Georg A. Von Breunig, quien nació en München, Alemania, el año de 1934, tiene otra teoría sobre las líneas de Nazca.

Von Breunig se graduó como ingeniero eléctrico en 1957 en el Technische Houchschule de München. Obtuvo su doctorado con una tesis sobre física de bajas temperaturas en Grenoble, Francia. De 1960 a 1964 trabajó en el U. S. Naval Weapons, y en la Universidad de Las Américas, de Washington, D. C. De 1975 a 1977 trabajó en Río de Janeiro, Brasil. Fue aquí donde supo de la existencia de las líneas de Nazca, por lo que se trasladó al Perú para estudiarlas.

Con base en las medidas que tomó in situ, Breunig descubrió lo que parecía ser una distribución asimétrica de las líneas, misma que, en su opinión, sólo podía explicarse suponiendo que los habitantes de la zona hubiesen utilizado las líneas como pistas de carreras por largos periodos de tiempo, lo que probablemente hiciera desplazar el suelo hacia el borde externo del camino en las curvas pronunciadas. Los grupos de piedras que había en las curvas de las “pistas” indicaban los puntos de partida de la carrera[5].

Recordemos que ya antes Kosok había apuntado la posibilidad de que los constructores de las líneas de Nazca las hubieran utilizado en carreras ceremoniales.

Para Johan Reinhard[6] las líneas estaban relacionadas con el culto a la fertilidad, al agua y a las montañas. En una zona desértica el agua es lo más importante para una sociedad agrícola. Los antiguos nazcas tenían varios mitos que señalan a montañas y cerros como dioses que controlan la lluvia y fertilidad de los campos. En esta circunstancia, los Ceques servían para dirigir los pasos, como senderos sagrados, hacia cerros y elevaciones en donde se realizaban ceremonias de culto a las montañas. En los grandes rectángulos y triángulos se elevaban pequeños altares de piedra y se colocaban conchas de mar (“Hijas del mar”) como ofrenda para solicitar el agua. Incluso las espirales eran representaciones de esos caracoles, que simbolizaban el agua; mientras que los zigzag representaban a los ríos o los relámpagos

Debajo de algunos de esos cerros, en donde confluyen varias líneas se encuentran una serie de canales subterráneos de filtración construidos por los nazcas. Estas obras fueron mucho más difíciles de construir que las líneas. Las leyendas locales indican que el agua de estos canales proviene de una laguna en el interior del Cerro Blanco.

Al término de las cosechas se hacían trabajos de limpieza y restauración de estos canales subterráneos. Era la época de las festividades.

LA “TESIS” DE VON DÄNIKEN

Una de las hipótesis que ha suscitado más polémicas es la formulada por primera vez en 1968 por el escritor suizo Erich von Däniken en su libro Chaiots of the Gods? (Erinnerungen an die Zukunft)[7].

En esta obra (edición Corgi, reimpresión de 1975, páginas 31 y 32) el autor dice:

“Los arqueólogos consideran que (las líneas de Nazca) son caminos de los incas, pero, ¿por qué habrían de usar éstos caminos que corren paralelos?

“Vistas desde el aire, se tiene la clara impresión de que las 37 millas de planicie son de un aeropuerto”.

Este último párrafo dio origen al mito del “aeropuerto extraterrestre”.

Una de las equivocaciones fundamentales de Däniken consiste en su afirmación de que las líneas de Nazca fueron hechas por los incas, pues según se sabe, las trazaron culturas anteriores a ellos: los nazca.

Por otra parte, también “es falso que las figuras de Nazca sólo puedan apreciarse desde gran altura, ya que pueden verse desde los cerros circundantes”, según explica el mayor Luis Mazzotti Pretell.

Ya en el siglo XVI, Pedro Cieza de León, uno de los cronistas españoles de mayor renombre en la conquista del Perú incaico, mencionó esto brevemente. Probablemente a fines de 1537, cuando Francisco Pizarro, el célebre conquistador, se dirigía hacia Cuzco, la antigua capital monolítica, fue cuando Cieza de León vio los trazos. De León notó “señales en algunas partes del desierto que circunda Nazca… para que las comunidades (indias) puedan encontrar el camino que debe seguir”[8].

En la misma época, un soldado español, Francisco Hernández de Ávila, acampó durante varias semanas en Nazca. En su “diario” manifiesta especial interés en las particularidades geográficas de la región y sólo hace una ligera alusión a que “los indios trazaban grandes líneas en el suelo”[9].

Un año más tarde, en 1586, el corregidor de Soras y Rucanas Luis de Monzón, menciona en uno de sus informes dirigidos al virrey don Francisco de Toledo, algunos hechos ambiguos. Relata que “antes de que los españoles dominaran a los incas, en tiempos antiquísimos, un pequeño grupo de otro tipo de gente, a la que llamaban los viracochas, llegó a estas tierras. Obedeciendo a sus sugerencias, los indios los siguieron e hicieron caminos que hasta ahora se pueden ver largos como una calle, a cuyos lados construyeron muros bajos”[10].

Aunque es posible que esta última cita se refiera a los caminos de los incas, que cruzaban los Andes y tenían unos tres metros de ancho y miles de kilómetros de longitud. Hoy día estos caminos atraviesan lo que es Ecuador, Bolivia, Perú y Chile, y algunos de ellos todavía son utilizados.

Varios pueblos precolombinos –entre ellos los mayas y los aztecas- construyeron diferentes caminos. Existe un camino maya que va de Cobá a Yaxuma, y que se extiende unos 95 kilómetros en línea recta a través de la selva.

¡NO ES UN AEROPUERTO!

“Es una tontería sugerir que las líneas de la planicie de Nazca son un aeropuerto. Cualquiera que las vea comprobará que esto es imposible. Von Däniken probablemente las vio desde las alturas, como se infiere de sus libros, pero su hipótesis no debe tomarse en serio, por absurda. Las líneas constituyen un misterio; los científicos que las han estudiado no han sabido a ciencia cierta cuál era su fin, pero existen muchas otras teorías mucho más atendibles que las de Däniken”[11].

Esta es la opinión del reverendo Donald Bond, un misionero que reside en Perú, y que ha visitado en muchas ocasiones el valle de Nazca para estudiarlo.

Ciertamente, desde un aeroplano las líneas parecen pistas; sin embargo, después de medirlas, la teoría de Däniken resulta insostenible. La mayoría de las líneas tiene un grosor de 10.16 centímetros, por lo que Bond se pregunta: “¿Es que acaso se intentaba jugar con cochecitos de juguete?”

Las líneas ciertamente no son anchas; hay algunas de 91 centímetros, y muy pocas de 61 metros (sólo dos conocidas), pero éstas tienen sólo 91 metros de longitud. Otras tienen unos quince metros de ancho por 91 de longitud. “En realidad parecen campos de fútbol”, dice Bond. Hay varias figuras de animales: un cóndor estilizado volando con alas extendidas que abarca 60 metros; una araña casi simétrica que llega a los 45 metros; un mono del tamaño de dos canchas de fútbol, con la cola enroscada en espirales perfectas[12].

Trato de imaginar (una escena bastante cómica, por cierto), cómo un supuesto astronauta de la antigüedad aterrizaría sobre la cola del mono. Si lo logra hacer, que lo dudo, terminaría con el estómago revuelto.

Las tomas de la película Recuerdos del futuro, enfocan sobre todo a sectores más anchos de estos bien conservados surcos, que dan realmente la sensación de pistas de aterrizaje. Pero, ¿por qué no aterriza realmente el avión en que viaja el cineasta Harald Reinl? ¿No sería eso la mejor demostración? No lo hace porque sabe muy bien que el suelo que alguna vez despedraron los indios es blando, y que el polvo levantado probablemente ahogaría tanto a los aviadores modernos como a los supuestos astronautas de la antigüedad. Además, las líneas conforman tres áreas separadas por sendos valles, y suben y bajan por las colinas, por lo que es imposible que un avión pueda aterrizar en ellas.

Uno de los monumentales trapecios lo atestigua plenamente: después de apuntar en una dirección hacia una colina escarpada, esta figura geométrica escala la pendiente en línea recta para volver a descender por la otra pendiente y proseguir su camino. ¿Porqué y cómo unos supuestos vehículos espaciales habrán estado jugando a saltar las colinas sobre innumerables pendientes accidentadas de las pampas que, además, ya estaban cubiertas con alineamientos en todas direcciones?

En su libro Return to the Stars[13] von Däniken nos cuenta su teoría:

“En el pasado, inteligencias desconocidas aterrizaron en una planicie no habitada cerca del actual pueblo de Nazca y construyeron un aeropuerto improvisado para operar en la vecindad de la Tierra”.

Ronald Story[14] atacó a Däniken diciendo que una nave especial no necesita una pista para aterrizar. Fue entonces cuando Däniken modificó su teoría sobre el espaciopuerto:

“El argumento de que los extraterrestres no necesitan espaciopuertos debido a que despegan y aterrizan verticalmente es obsoleto por dos razones. Primero, yo no he dicho que los extraterrestres hayan construido las pistas de Nazca. Yo sólo dije que las pistas eran el resultado de algún tipo de culto de los nativos. Y segundo, ¿acaso no ha construido la NASA una pista en California para sus naves espaciales como el Space-Shuttle?”[15]

Nuevamente Däniken volvía a mentir. En la página 118 de su Return to te Stars establece claramente que los extraterrestres construyeron las pistas. Por otra parte, ¿podría el Space-Shuttle aterrizar sobre las colinas que suben y bajan por las pampas de Nazca?

También hay que considerar la Garúa, la niebla del invierno austral peruano, que está presente de mayo a septiembre en la costa. En el lugar reina la bruma durante unos 260 días al año.

El mejor punto de observación no es a miles de kilómetros donde uno supondría que estaría orbitando una nave espacial, sino a 150 metros sobre el terreno, aunque, como ya lo hemos dicho, son perfectamente visibles desde tierra. Es más, Toribio Mejía Xesspe, Fred Hoyle, Paul Kosok, María Reiche, así como otros arqueólogos realizaron sus estudios sobre el terreno, y fue mucho tiempo después cuando se intentó estudiarlas desde el aire.

A mediados de la década de los setenta el satélite Erts de NASA tomó un par de fotografías sobre la zona de Nazca. Las fotos llevan los números 81501142925A000 y 8164514255A000-5.

Los impresionantes acercamientos fotográficos que Eros Data Center de Sioux Falls (Dakota del Sur) ofreció a la revista de astroarqueología belga Kadath, muestran que a pesar de los objetivos espaciales Questar y las más avanzadas técnicas de detección óptica y filtraje del relieve geológico de la región, no se puede observar ninguna huella de pista o de línea cualquiera, que sea visible desde el espacio. Todo lo contrario, se distinguen con perfección sobre las mismas placas, los lechos de los ríos Nazca e Ingenio, que forman los límites del área de los dibujos. Esto lleva a Robert Dehon , fundador de la Association Fort de la Crèche y fundador de la misma revista Kadath, a la conclusión: “que una dirección artística desde las alturas es imposible”, y anota que “sólo la observación desde alturas bajas permite observar perfectamente las figuras gigantescas”[16].

Continuará…


[1] Horkheimer Hans, Las plazoletas, rayas y figuras prehispánicas en las pampas y crestas de la hoya del Río Grande, Revista de la Universidad Nacional de Trujillo, Época II, No. 1, Trujillo, 1947, Págs. 46-63.[2] Morrison Tony, Pathways to the Gods. The Mystery of the Nazca Lines, Andean Air Mail and Peruvian Times, Lima, 1978.

[3] Aveni Anthony, Report on the Analysis of Data Obtained on the Nazca Project, National Geographic Society, Washington, D. C., 1982.

Aveni Anthony, Tha Nazca Lines: Patterns in the Desert, Archaeology, Vol. 39, No. 4, 1986, Págs. 32-39.

[4] Silva Santiesteban Fernando, Las líneas de Nazca: otra interpretación, La Insignia, Perú, junio del 2005.

[5] Breunig A. Georg von, Nazca: A precolumbian olympic site?, Interciencia, Vol. 5, No. 4, julio agosto de 1980, Págs. 209-219 y 259.

Breunig A. Georg von, The Nazca lines, Interciencia, Vol. 6, No. 1, enero febrero de 1981, Págs. 6-7.

Breunig A. Georg von, The Nazca lines, Interciencia, Vol. 6, No. 3, mayo junio de 1981, Págs. 6-7.

[6] Reinhard Johan, Las líneas de Nazca. Un nuevo enfoque sobre su origen y significado, Boletín de Lima, Lima, 1987.

[7] Däniken Erich von, Chariots of the Gods?, Corgi Books, London, 1975.

[8] Cieza de León Pedro, Grandeza de los Incas (1553), Fondo de Cultura Económica, México, 2003.

[9] Hernández de Ávila Francisco, Dioses y hombres de Huarochiri, (1585), Siglo Veintiuno Editores, México, 1975.

[10] Jiménez de la Espada Marcos (compilador), Relaciones geográficas de Indias, 3 tomos, Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1965.

[11] Wilson Clifford, The Chariots Still Crash, Signet Book, New American Library, New York, 1976.

[12] Wilson Clifford, Crash go the Chariots, Lancer Books Inc., New York, 1972.

[13] Däniken Erich von, Return to the Stars, Corgi Books, London, 1974, Pág. 118.

[14] Story Ronald, The Space-God Revealed, Harper & Row, New York, 1976.

[15] Däniken Erich von, Why do Critics Ignore the Positive Arguments for Ancient Astronauts, Second Look, No. 13, enero de 1979.

[16] Dehon Robert, Nazca, Kadath, No. 16, Bruselas, enero-febrero de 1976.