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El monstruo del Loch Ness. (La evidencia fotográfica 2)

EL MONSTRUO DE LOCH NESS: LA EVIDENCIA FOTOGRÁFICA 2

FOTO STUART

El 14 de julio de 1951 Lachlan Stuart, empleado de la Comisión Forestal, tomó una fotografía que muestra tres “jorobas” elevándose sobre la superficie del lago. Más de veinte años después Ricky Gardiner, miembro del Loch Ness Project, visitó el lugar en donde fue tomada la fotografía y se dio cuenta que el sitio es un lugar con aguas muy poco profundas, lo que significaría que el monstruo debería ser extremadamente plano y con jorobas.

Un investigador local, Richard Frere, que murió en 1999, vio cuando Stuart preparó su “monstruo de Loch Ness” para hacer su fraude fotográfico. Frere dijo que Stuart utilizó tres pacas de heno cubiertas con lona.

FOTO MACNAB

La fotografía MacNab fue tomada el 29 de julio de 1955, pero fue publicada tres años más tarde.

Peter A. MacNab, a la sazón gerente de un banco, regresaba de una reunión en compañía de su hijo manejando por el camino del general Wade. De pronto, en las antes tranquilas aguas, vio algo semejante a un gran bote volcado, dejando tras de sí una larga estela. A su hijo no le fue dado presenciar los hechos porque su atención la había dedicado plenamente en aquel momento al motor de su vehículo (¿?). Tampoco se inmutó cuando su padre salió disparado, cámara en mano, fuera del automóvil, rumbo al lago. MacNab había tomado su cámara, una Exakta 127 de objetivo reflex único, y con gran prisa cambió la lente normal de su cámara por un teleobjetivo de 150 mm. Ajustó el diafragma y el obturador a f8 y 1/100 segundos, respectivamente.

MacNab declaró que era “algo grande, ondulante, que discurrió de izquierda a derecha a una velocidad aproximada de 8-13 nudos”. Logró tomar la fotografía antes de que el objeto se sumergiera de nuevo.

Guardó la foto durante tres años y no fue sino hasta que en 1958 el Weekly Scotsman publicó la foto de H. L. Cockrell (ver más adelante) que decidió dar la suya a la publicidad. Su foto apareció en el mismo diario la semana siguiente.

No contento con esto, se puso en contacto con otros investigadores mandándoles copias de su relato y su foto; actitud que resulta contraria a su manera original de pensar, esquivando toda publicidad.

En la fotografía aparece un objeto en las aguas junto al castillo de Urquhart. Esta torre mide, desde su punto más alto hasta el suelo, 21 metros, lo que proporciona una escala perfecta para calcular las dimensiones del objeto en el agua, las cuales resultan de esta manera gigantescas: ¡casi 17 metros de longitud!

Las sorpresas no quedaron ahí. Muchos años después de haber sido tomada la foto, Roy P. MacKal solicitó ver el negativo original. Encontró que el positivo obtenido con él difería notablemente de la versión anteriormente publicada.

“La comparación revela varias irregularidades –escribe MacKal-. La primera versión muestra la presencia de una densa formación de arbolado en primer plano a la izquierda abajo y gran parte de la playa próxima, detalles ausentes de la versión MacNab. Ello resulta en extremo curioso, dado que ciertamente es imposible que una copia contenga más de lo que hubiera en el negativo de origen. A modo de explicación, MacNab ha dicho que si bien no recuerda ahora exactamente las circunstancias del caso, cree que tomó una segunda instantánea con una cámara Brownie de foco fijo, y que es posible que el documento publicado en el Weekly Scotsman corresponda al negativo de ésta última. Aunque la razón ofrecida no es imposible, resulta extraño que un fotógrafo equipado con una cámara de calidad provista de un teleobjetivo de gran alcance decidiera recurrir a una sencilla Brownie para una segunda toma de un objeto tan fuera de lo común y a distancia tan considerable.

“Con todo, surgen nuevos problemas, además del que se refiere a la afirmación hecha en 1961 por MacNab en el sentido de que accionó el disparador justo “en el instante en que aquella criatura se hundía”. El intervalo de tiempo transcurrido en tanto se procede a cambiar una cámara por otra para una segunda instantánea debiera ser por lo menos dos segundos y, probablemente, más. MaNab describió el objeto como “de una velocidad de 8-13 nudos”. Por consiguiente, en superficie se habría desplazado unos nueve metros durante ese tiempo y, por tanto, la parte frontal de su giba principal debiera aparecer más adelante. Sin embargo, ambas versiones muestran al objeto a igual distancia de la torre, hecho que indica que la exposición respectiva tuvo lugar en un instante único en el tiempo.

En efecto, ¡la posición del monstruo, en relación con el castillo, es idéntica en ambas imágenes!

“Otras características en relación con el tiempo son, asimismo, apreciables en la escena natural. Varias zonas claras a lo largo de la orilla correspondiente al plano próximo de la torre están formadas por las olas que rompen suavemente contra la playa de guijarros, imagen –huelga decirlo- en constante cambio. El objeto móvil es descrito como “ondulante”, movimiento que habría de determinar una cambiante sucesión de gibas, amén de estelas a ellas asociadas. Pero todas esas características se revelan idénticas en ambas versiones de la fotografía, circunstancia que nuevamente indica una exposición en instante único.

“La comparación de la alineación de la torre con respecto a ciertos detalles de la orilla opuesta revela que ambas versiones de la fotografía corresponden a una posición única de la cámara, a unos 270 metros de distancia de la torre”.

MacKal no se atreve a mencionar lo que es evidente: un fraude fotográfico. Hay otros detalles que apuntan en esta dirección. En la foto “original”, la reflexión de la parte superior de la torre ha desaparecido así como el árbol de la izquierda y parte de la playa al lado del castillo, la criatura que es notablemente (léase: sospechosamente) oscura comparada con los demás objetos oscuros de la foto.

Mackal se dio cuenta de otro factor “curioso”: el hecho de que aunque la torre Castillo de Urquhart es vertical, su reflejo se inclina a la derecha en la imagen. Cualquier artista y cualquier persona que tenga incluso un rudimentario conocimiento de física, sabe que un reflejo siempre está verticalmente por debajo del objeto que se refleja. Algo, por lo tanto, ha causado que toda la imagen se vea distorsionada.

Hay una manera de provocar esta distorsión y es tomar un original impreso y volverlo a fotografiar sin tomar el cuidado de colocarlo paralelo y en el mismo plano que el objetivo.

Parece que MacNab fotografió una embarcación. Esta imagen fue fotografiada nuevamente para eliminar la embarcación y mejorar la estela para producir la imagen del monstruo.

No sabemos si así se hizo el fraude pero lo que tenemos en concreto es más imagen en la impresión que la que existía en el negativo. Esto lleva a concluir que el “negativo” ha sido creado volviendo a fotografiar la fotografía impresa. En otras palabras, es evidente que la imagen ha sido falsificada.

LA FOTO COCKRELL

Esta es la foto que indujo a MacNab a publicar la suya. Fue tomada la madrugada del 9 de octubre de 1958 por H. L. Cockrell, criador de truchas profesional.

Cockrell había escrito una serie de artículos sobre el lago Ness para el Weekly Scotsman. En 1958 decidió obtener una foto del “monstruo” para su periódico. Armado de un kayak y de un ingenioso dispositivo consistente en una cámara estanca con un flash sujeto a su propia cabeza y disparado con la boca, se lanzaba todas las noches a las aguas del lago.

La tercera noche de espera fue la de la suerte. Un poco antes del amanecer, Cockrell notó algo extraño a su izquierda, como a unos cincuenta metros de distancia. Sea lo que fuere parecía tener un curso convergente hacia él. En la oscuridad de la noche creyó distinguir que se trataba de algo parecido a una cabeza larga y aplanada, justo sobre la superficie, y como un metro atrás, una estela delgada dejada por algo oscuro y voluminoso.

No esperó más y tomó dos fotografías. Luego, un súbito y breve viento racheado lo distrajo de su actividad. Pasada la racha, se aproximó al objeto y descubrió un leño de 1.2 metros de longitud por 2.5 centímetros de grosor.

La foto muestra un leño en forma de cabeza “grande y aplanada”.

LA FOTO O’CONNOR

En mayo de 1960, Peter O’Connor acampaba en la costa norte, cerca de Inverfarigaig, junto con varios hombres armados con escopetas, arpones, ri­fles submarinos, y bombas. Sus intenciones eran atrapar al “monstruo” vivo o muerto.

La noche del 27 de mayo se despertó por la necesidad de orinar. Se levantó y se alejó unos cien metros del campamento. Estando en lo suyo, no­tó la presencia del “monstruo del lago Ness” en un promontorio deslizándose rápidamente.

Cono era lógico, O’Connor no llevaba arma alguna pues acababa de des­pertar. Lo que si resulta extraño era que portaba una cámara fotográfica. Si sus intenciones eran atrapar al “monstruo” lo más lógico hubiera sido que cargara un arma y no una cámara.

De acuerdo con Dinsdale, O’Connor se introdujo en el lago hasta que las aguas le llegaron a la cintura, y en esa posición tomó una fotografía con flash, después de lo cual gritó a sus compañeros del campamento, antes de tomar una segunda placa sin iluminación.

Al parecer, fue capaz de llegar muy cerca del animal por su capacitación como Royal Marine Command, y por eso podía caminar por el agua sin hacer ruido. Estimó la distancia del animal en unos 22 ó 23 metros y afirmó que te­nía una cabeza como de cabra y un gran cuello que no dejaba de agitar. La cabeza mediría unos 25 centímetros de longitud, en tanto que el cuello te­nía un diámetro de unos 20 y sobresalía del agua un metro aproximadamente. Su piel era lisa, de color gris negro. El cuerpo era ovoidal.

La foto presenta a Nessie desde un ángulo nunca antes captado. Se ve la parte posterior del cuerpo seguido de lo que podría ser el cuello y la cabeza de la criatura.

La verdad es que la foto muestra una total falta de escenario, el fon­do de la foto es totalmente oscuro y a la hora en que se afirma fue tomada, 6:30 de la mañana, ya debería existir alguna claridad.

Maurice Burton informó en el New Scientist que cuando fue al sitio en que O’Connor tomó su fotografía, encontró tres bolsas de polietileno, un anillo de piedras unidas con cuerda, y un palo que parecía exactamente como la presunta cabeza del monstruo. Burton cree que todo es un fraude. Encuentra numerosas discrepancias e inconsistencias en el relato y fotografía de O’Connor. Por ejemplo, la ilu­minación de la imagen sugiere que fue tomada con un flash que iluminaba desde una altura de unos cua­tro metros sobre la superficie del agua, en contra del medio metro que habría desde las aguas hasta el ojo de O’Connor si este hubiera tomado la foto con el agua a la cintura, como anteriormente había declarado.

Por otra parte, la intensidad y ángulo de iluminación son incompati­bles con una presunta distancia cámara-objeto de 22-23 metros, así como con el tipo de película utilizados. La cámara era una Brownie Flash 20, con diafragma a f14 y el obturador a l/50; la película, Ilford H. P. 3; el flash, un Philips Photoflux P. F. 5.

O’Connor a menudo ha sido considerado como un testigo sospechoso, ya que, en 1959, afirmó que iba a dirigir una expedición de 60 personas – armados con arpones, armas, canoas con ametralladoras, bombas y un machete – para matar a la criatura.

Todos los datos inducen a pensar en un fraude elaborado por el propio O’Connor.

LA FOTO BURTON

Esta fotografía fue tomada el 22 de junio de 1960 por Jane Burton mientras se encontraba a la orilla del lago junto con Maurice Burton (el famoso investigador de los fenómenos del lago Ness).

A poco menos de un ki1ómetro de donde se encontraban observaron una serie de ondulaciones que dejaban una estela en dirección a ellos. Después de avanzar un trecho, las ondulaciones cambiaron de dirección y un pequeño ob­jeto oscuro afloró a la derecha de ellas. El objeto surgió y desapareció en varias ocasiones. De pronto apareció otro objeto similar, aunque un poco más grande (el primero era de unos 30 centímetros y el segundo de 60). Su velocidad fue estimada en unos 9.5 nudos.

Después de analizar las fotografías, Burton concluyó que se trataba de un par de nutrias pescando.

Después de la foto de Burton fueron tomadas las siguientes:

7 de agosto de 1960, por R. H. Lowrie desde el barco Finola.

21 de mayo de 1964, por Peter Hodge.

20 de agosto de 1964, por Patrick J. Sanderman.

16 de julio de 1967, por Peter Dobbie.

Todas ellas son consideradas “no concluyentes” por Roy P. Mackal.

Y de 1967 saltamos hasta 1972 cuando fueron obtenidas las primeras…

Continuará…

El monstruo del Loch Ness. (La foto del cirujano)

EL MONSTRUO DE LOCH NESS: LA FOTO DEL CIRUJANO

Esta es quizá la más conocida de todas las fotos del lago Ness. El 19 de abril de 1934 un ginecólogo de Londres, el coronel Robert Kenneth Wilson, F. R. C. S. regresaba a su hogar después de un largo recorrido vacacional por el norte de Escocia. Detuvo su coche frente a la costa norte del Loch Ness y advirtió una turbulencia en el agua. Logró tomar varias fotos con una cámara de placas (8 X 11) provista de teleobjetivo.

Wilson vivía en Harley Street, donde tenía su clínica. Más tarde serviría como coronel de artillería en la Segunda Guerra Mundial.

Según reza su informe, Wilson y un amigo desconocido se habían dirigido al Loch Ness con la intención de pasar unas cortas vacaciones y de examinar al propio tiempo una porción de terreno cerca de Inverness que habían arrendado para futuras empresas cinegéticas. En consecuencia, pidió prestada una cámara de 3 ¼ X 4 ¼ pulgadas con teleobjetivo para obtener algunas fotografías de sus potenciales presas.

Después de haber conducido toda la noche, se detuvo a las siete y media de la mañana en la nueva carretera, cinco kilómetros más allá de Invermoriston en dirección a Inverness, en un lugar que estimó a unos sesenta metros por encima del lago.

En este punto el relato se vuelve confuso. Roy P. MacKal[1] dice que:

“… descendió del coche, traspuso una pequeña cerca y avanzó en dirección al lago, ladera abajo. A unos 250 metros a la orilla reparó por primera vez en cierta alteración de las aguas. Al ver surgir la cabeza de un animal por encima de la superficie, volvió a su coche en busca de la cámara, y prosiguió su avance ladera abajo para gozar de mejor vista”.

En ningún momento se menciona al compañero desconocido, que por otra parte (y de estar en el coche) le habría ahorrado a Wilson el trabajo de subir por la cámara.

En una carta publicada por Alan Landsburg[2], Wilson afirmaba:

“Observé una gran conmoción en la superficie, a cierta distancia de la orilla, tal vez a unos 200 o 300 metros de ella. Me quedé mirando acaso durante un minuto más o menos, y vi que algo rompía la superficie. Mi amigo gritó: ¡Dios mío! ¡Es el monstruo!

“Cogí la cámara y luego, descendiendo, avancé por el ribazo unos cincuenta metros, hasta donde se encontraba mi amigo. Enfoqué la cámara sobre algo que se movía a través del agua. No podía decir qué era aquello porque estaba demasiado ocupado en manejar la cámara a mi modo de aficionado”.

En esta descripción el amigo se encuentra abajo, cerca del lago, mientras que Wilson está arriba, dentro del coche o cerca de él. Es decir, observó la alteración de las aguas desde la carretera y no cerca de la orilla como da a entender la versión de MacKal. En su carta Wilson nos informa que bajó con la cámara y no tuvo que subir por ella.

El doctor Wilson tomó cuatro fotografías unos dos minutos antes de que el objeto se hundiera y desapareciera. La imagen resultante mostraba el delgado cuello como de una serpiente que emergía del Loch. Esta foto se ha convertido en el icono de Nessie.

Wilson se dirigió a Inverness, donde un farmacéutico, George Morrison, reveló inmediatamente las placas. Dos estaban totalmente veladas. La tercera es la famosa “Foto del cirujano”, como se le llegó a conocer.

Wilson vendió esta fotografía al Daily Mail de Londres, que la publicó el 21 de abril. Pero se negó rotundamente a contar a los editores los detalles de su aventura, el lugar del encuentro, así como a evaluar el tamaño de aquella cosa. El doctor estaba convencido de que el objeto que había fotografiado era un ser viviente, situado a no más de 200 metros; pero había estado tan atareado con su cámara que no podía describirlo con detalle. Afirmaba haber fotografiado sencillamente “un objeto que se movía en las aguas del Loch Ness. Soy incapaz de describir lo que vi”.

Durante décadas, esta foto fue considerada como la mejor prueba jamás obtenida de la existencia de un monstruo marino en el Loch. Wilson se negó a que su nombre se asociara a la fotografía. Por lo tanto, vino a ser conocido simplemente como “La foto del cirujano”.

CONJETURAS

Pero los lectores se preguntarán ¿qué pasó con la cuarta fotografía? Originalmente Wilson declaró sólo haber tomado una placa. La historia de las cuatro placas apareció veintitrés años más tarde. De acuerdo con Constance White, George Morrison, el farmacéutico que había revelado la placa, declaró haber conservado el negativo de la “foto del cirujano”, además de una copia del negativo de otra placa (¿?). Las fotos figuran en la portada del libro de Constance Whyte de 1957[3].

Se dice que esta foto fue tomada el 10 de junio por un turista no identificado y fue publicada al siguiente día por el Scottish Daily Express, sin proporcionar el nombre del turista ni detalle alguno sobre la misma. Sólo se dijo que fue tomada cerca de Fort Augustus.

Pero en realidad la nueva foto fue tomada, junto con otras dos que salieron veladas, inmediatamente después que la tercera, y que muestra al monstruo sumergiéndose. También parece mostrar la superficie del lago entero encogiéndose, pues todas las olas se han reducido. O bien el señor Wilson retrocedió un poco, o bien cambio de lente. Esto nunca lo sabremos pues Wilson nunca lo aclaró ni dio las facilidades necesarias para localizar y entrevistar al misterioso acompañante que de ser cierta su existencia podría haber aclarado muchas dudas (o descubierto de una vez por todas el fraude).

Wilson abandonó Inglaterra y se fue a Australia, donde falleció en 1969. Nunca refutó las declaraciones de Morrison respecto a la existencia de otras fotografías y siempre esquivó a los reporteros.

Como en el caso de la foto Gray, no fue poco el revuelo causado por la “foto del cirujano”. Fue presentada en la Linné Society de Londres, en donde se dijo que podría tratarse de un somormujo u otra ave acuática.

El doctor W. T. Calman del Museo Británico, se negó de nuevo a hacer conjeturas sobre lo que mostraba la foto. Otros dijeron que aquel objeto era un árbol o la punta de la cola de una nutria marina, o el cuerpo de un colimbo, de un cormorán o de cualquier otra ave en el momento de bucear en el agua.

En Nueva York, el doctor Roy Chapman Andrews, del Museo Americano de Historia Natural, ofreció otra explicación:

“La fotografía mostraba lo que yo pensé, el lomo de una orca. El lomo de este cetáceo tiene un metro ochenta de altura y es curvo. Podría confundirse con un hermoso cuello de serpiente marina. Sin duda, la ballena logró introducirse por la angosta reja del lago procedente del mar abierto”.

En 1961 Tim Dinsdale dedicó un capítulo entero de su libro[4] al análisis de esta fotografía:

“Mirando la foto a medio metro de distancia, hay dos clases de ondas en la superficie. Las líneas paralelas de las ondas creadas por el viento… y un gran círculo de ondas concéntricas causadas por la perturbación central, el pescuezo. A primera vista esto es todo lo que puede verse, pero mirando de nuevo es posible distinguir un segundo círculo de ondas causadas por algún disturbio en la parte trasera del pescuezo”.

A este respecto MacKal apunta:

“Considero poco convincente su argumento en el sentido de que estas ondulaciones, a unos 4 o 4.5 metros por detrás del cuello, son causadas por el movimiento de otra porción del mismo animal. Burton señala correctamente que, de hecho, son dos más las formaciones de ondas concéntricas que se aprecian a la izquierda de la original, de dimensiones aproximadas 20.3 X 25.4 centímetros. La copia inicialmente publicada representa solamente un cuadro de unos 3.8 X 3.8 centímetros, tomado de la positiva de dimensiones anteriormente descritas, y, está claro, no revela esas cuatro formaciones anulares apuntadas.

“Esta fotografía única es con mucho la más famosa y la que más ha contribuido a reforzar la hipótesis popular del plesosaurio. Todos los estudiosos de los fenómenos del Loch Ness, a excepción de Maurice Burton, han aceptado esta imagen como prueba fehaciente y descriptiva de la región capitoyugular de un gran animal del Loch Ness. Burton rechaza esta teoría y estima que lo reflejado no es otra cosa que el apéndice caudal de una nutria en trance de sumergirse. Concuerdo con Burton en el sentido de que las fotos tomadas por el cirujano londinense no corresponden a grandes animales del Loch Ness, pero rechazo su idea de la nutria”.

En 1984 Stewart Campbell analizó la foto en un artículo en el British Journal of Photography. Su conclusión era que el objeto en el agua sólo podría haber tenido de dos o tres pies de largo, como máximo, y que probablemente era una nutria marina o un pájaro. Sugirió que era probable que Wilson supiera que este era el caso.

Durante muchos años, esta imagen fue considerada como una de las mejores pruebas de la existencia de Nessie. No fue hasta 1994 que se conoció la verdad.

La foto casi siempre se publica recortada para que el monstruo parezca enorme, mientras que el original sin recortar muestra el otro extremo del lago y el diminuto monstruo en el centro.

Los análisis de la original sin recortar han generado aún más dudas. En 1993 los productores del documental de Discovery sobre Loch Ness hicieron un análisis de la imagen sin recortar y encontraron un objeto blanco evidente en todas las versiones de la foto, lo que implica que estaba en el negativo. “Parece ser la fuente de ondas en el agua, casi como si el objeto fuera remolcado por algo”.

Ese mismo año dos miembros de la Oficina de Investigación de los Fenómenos del Lago Ness (Loch Ness Phenomena Investigation Bureau o LNPIB), David Martin y Alastair Boyd, escucharon que el hijo de Marmaduke “Duke” A. Wetherell (el famoso cazador que había falsificado las huellas de Nessie con una pata de bebé hipopótamo), Ian Wetherell, había denunciado que su padre había falsificado uno de las fotografías de “Nessie”.

Luego que muriera Ian Wetherell, los dos hombres localizaron al hermanastro de Ian, Christian Spurling. Spurling, un escultor que en ese entonces tenía 90 años, admitió que su padrastro “Duke” Wetherell le pidió construir un falso monstruo que tuviera la forma de serpiente convincente. La construcción se hizo con la madera y se colocó sobre las torres de un submarino de estaño de juguete. El cuello, que algunos estimaban por la fotografía que debía de ser de más de tres pies de alto (alrededor de 1 metro), medía 8 pulgadas (20 centímetros).

Ian Marmaduke compró el material para la falsificación. El modelo fue luego llevado al Loch Ness, fotografiado en una apacible bahía y luego lo hundieron para ocultar la evidencia.

La foto sin revelar fue entregada al agente de seguros Maurice Chambers, quien le pidió a su amigo, el cirujano Robert Kenneth Wilson, que enviara a revelar las imágenes y luego las vendiera al Daily Mail.

Duke Wetherell elaboró el plan para vengarse del periódico Daily Mail, que lo había ridiculizado públicamente, dejándolo como un tonto. Él decidió vengarse mediante la creación de una buena imagen fraudulenta. “Nosotros les proporcionaremos su monstruo”, le dijo a su hijo.

Con el fin de añadir credibilidad se planeó que debía ser un ciudadano intachable quien presentara las fotos. Chambers sugirió a su amigo Wilson: ¡el Cirujano!

La foto fue tomada por Ian. El grupo no estaba preparado para la publicidad generada por la foto y decidió no admitir el fraude. La historia permaneció desconocida durante más de sesenta años. Nunca nadie sospechó que se trataba de un submarino de juguete.

David Martin y Alistair Boyd descubrieron que la pata que utilizó Wheterell para falsificar las “huellas de Nessie” no era usada como porta paraguas sino como cenicero. Toda la historia la describen en su libro NESSIE – The Surgeon’s Photograph.

Continuará…


[1] MacKal P. Roy, El monstruo del lago Ness, Editorial Bruguera, S. A., Barcelona, 1979.

[2] Landsburg Alan, En busca de mitos y monstruos, Editorial Plaza & Janes, S. A., Colección Horizonte, No. 14, Barcelona, 1983.

[3] Whyte Constance, More than a legend, Hamish Hamilton, Londres, 1957.

[4] Dinsdale Timothy, Loch Ness monster, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1961.

El Monstruo del Loch Ness. (La evidencia foográfica 1)

EL MONSTRUO DEL LOCH NESS: LA EVIDENCIA FOTOGRÁFICA 1

No siempre resulta cierto aquel aforismo que dice que “una imagen vale más que mil palabras”. En el caso de las fotografías de ovnis, fantasmas y monstruos, por ejemplo, estas “pruebas” presentan numerosas dudas e interrogantes. A este respecto los ufólogos argentinos Guillermo Roncoroni y Gustavo Álvarez[1] dicen lo siguiente:

“En realidad, la prueba fotográfica es la más incierta y endeble de las evidencias con que cuentan el investigador y el analista científico para dilucidar la problemática del fenómeno ovni.

“Es bien sabido que cualquier persona, con los adecuados conocimientos de la técnica fotográfica y los equipos apropiados, puede amañar una placa fotográfica y así confundir, y hasta llegar a engañar, al analista más experimentado.”.

Lo mismo que se dice para el fenómeno ovni es aplicable a los monstruos, y en especial a las fotografías del Monstruo del Loch Ness. Los documentos gráficos al final nada prueban acerca de la realidad de Nessie.

El estudio del material fotográfico es algo complicado; hay que someter el material al escrutinio de, por lo menos, dos expertos independientes que examinen las imágenes, y preferiblemente el negativo, en busca de señales de engaño o manipulación. De descubrirse la trampa, ahí termina todo para la fotografía y el fotógrafo; de no poderse demostrar el engaño, no cabe concluir necesariamente que éste no existe.

También se puede decir que “las fotografías no mienten”. En efecto, los que mienten son los seres humanos, en este caso particular, los fotógrafos.

Tomando en cuenta estas aclaraciones, veamos las “pruebas” fotográficas.

FOTO GRAY

La primera fotografía publicada del monstruo del Loch Ness fue tomada por Hugh Gray un domingo de noviembre de 1933. Apareció en el Daily Record and Mail de Glasgow, el 6 de diciembre de ese año.

Aquel domingo 12 de noviembre Gray hacía su habitual paseo dominical después de salir de la iglesia, por las cercanías de su casa en la playa de Foyers. Procedió a lo largo de una senda de la parte nororiental que bordeaba un acantilado de unos diez metros de altura producido por los sedimentos del río a lo largo de los años. Mientras contemplaba las aguas, repentinamente vio que la quietud de éstas se rompía. Ante sus ojos, como a unos noventa metros de la orilla, aparecieron un dorso redondeado y una cola.

Gray había descrito la superficie calma y lisa como un espejo y perfectamente iluminada por la luz del Sol. De pronto vio: “un objeto de considerables dimensiones, haciendo una salpicar el agua sobre la superficie” del Loch.

No surgió nada que hubiera podido identificarse con una cabeza. El animal se movió de manera muy agitada y levantó gran cantidad de agua. El objeto permaneció en su campo de visión durante varios minutos, después de lo cual se hundió en las aguas. Afortunadamente él tenía su cámara con él, así que empezó a sacar fotos. Gray tomó cinco fotos. Debido a la rociada que levantaba, Gray no creyó que sus instantáneas pudieran revelar mucho. Sólo una de las imágenes mostraba algo.

Lo que Gray nunca supo explicar –y se sentía incómodo y molesto cuando se le preguntaba- era la extraordinaria “coincidencia” de que ese día portara una cámara (tipo y lente, sospechosamente, no fueron especificados).

Gray había vivido siempre en Foyers, pueblo sito en la ribera oriental del lago, y fue durante mucho tiempo (desde 1916) un empleado en la British Aluminium Company de Foyers. Más adelante dijo: “Temía las burlas que todos los trabajadores y compañeros lanzarían sobre mí”. Así que dejó el rollo en un cajón en donde permaneció hasta el 1 de diciembre.

En esa fecha, el hermano de Gray llevó la película a Inverness con el fin de revelarla. Sólo una de las cinco tomas resultó buena. Mostraba un cuerpo que dejaba una estela.

La mayoría de los investigadores presentan a Gray como una persona formal cuyo único interés era saber qué había fotografiado. Esa imagen está lejos de la verdad. Lo primero que hizo Gray al ver sus fotos fue vender los derechos sobre la imagen y su historia al Daily Record and Mail.

Según Constance Whyte[2], el negativo fue examinado en las oficinas del periódico por M. C. Howard de la casa Kodak, C. L. Clarke de la revista Kodak, y por dos personas más. Nadie detectó defecto alguno en el negativo.

Constance Whyte era la esposa del superintendente del Canal de Caledonia, que lleva las aguas del Mar del Norte al lago Ness, y de éste al Océano Atlántico, y conocía perfectamente a su vecino Hugh Gray. ¿Qué podía decir de él?

La serie de detalles sospechosos y oscuros no terminaba ahí. Gray estimó inicialmente una longitud del objeto observado como de unos doce metros; más tarde, después de los análisis fotográficos, afirmó: “No puedo dar una idea definida sobre sus dimensiones, salvo en cuanto a que eran notables”, añadiendo que la criatura poseía una piel oscura de color grisáceo, brillante y lisa. Dijo también que el objeto sobresalía casi un metro por encima de la superficie de las aguas.

Afortunado mortal, Gray observó al “monstruo” por lo menos otras cinco veces más (hasta 1955), mientras que la mayoría de los vecinos del lago nunca han tenido oportunidad de ver a tan extraordinario animal.

El profesor Graham Kerr, de la Universidad de Glasgow, definió la fotografía como “poco convincente”. J. R. Norman, del Museo Británico de Historia Natural, declaró: “A mí no me parece que sea la imagen de ningún ser vivo. Mi opinión personal es que muestra el tronco podrido de un árbol que sube a la superficie del lago debido a los gases generados dentro de él por la descomposición de sus células”. W. T. Calman, también del Museo Británico, informó que él no podía creer en ningún monstruo hasta no examinar un espécimen.

La foto apareció en el libro de Gould[3] y está retocada para dar la impresión de espuma. Aunque en 1968 F. W. Holiday la describió como “la fotografía más detallada obtenida hasta el presente”[4], en la página 23 de su libro Gould se refiere a los “vagos contornos del original”.

En efecto, la foto es tan mala que puede ser cualquier cosa. Algunos han sugerido que se parece a una imagen distorsionada de un perro (quizás del propio Gray) llevando un palo en su boca, nadando en el agua. A. G. Harmsworth dice:

“Me gusta pensar que el Sr Gray realmente fotografió su perro Labrador dorado nadando hacia la cámara, llevando una vara en su boca. No soy un artista, pero he tratado de mostrar a lo que me refiero a continuación. La confusión se debe a que las cámaras de caja tienen una exposición demasiado lenta para un objeto en movimiento”.

La siguiente fotografía en orden cronológico sería la de Robert Kenneth Wilson, conocida como la fotografía del cirujano, pero por su importancia le dedicaremos un capitulo completo.

LAS FOTOS DE 1934

1934 fue un año pródigo en cuanto al número de fotografías obtenidas. Además de las fotos de Wilson, se tomaron las siguientes:

El 13 de julio, los miembros de la Expedición de Sir Edward Mountain obtuvieron 21 fotografías. Sir Edward había colocado a veinte vigilantes alrededor del lago, equipados con binoculares y cámaras fotográficas[5].

Sin embargo, de las 21 tomas, sólo 5 tienen la calidad suficiente como para ser tomadas en cuenta, de acuerdo con Constance Whyte. De estas cinco, Maurice Burton[6] descubrió que tres eran efectos de olas, la cuarta era la estela de una embarcación que acababa de pasar, y la quinta podía ser una especie de giba o joroba rodeada de espuma, aunque no era concluyente debido a la distancia a la que fue tomada (unos 130 metros).

En la famosa “expedición” de Sir Edward Mountain se decidió pagar dos libras esterlinas por semana a los trabajadores desempleados para que se sentaran al lado del lago con cámaras. Además, se les ofreció una bonificación de 10.5 libras por cada imagen obtenida del monstruo de Loch Ness. Lógicamente los resultados fueron tan impresionantes: nunca antes ni después se pudieron obtener tantas fotos en tan corto espacio de tiempo.

El 24 de agosto de 1934, F. C. Adams (según unos) o el doctor James Lee (según Nicholas Witchell[7]), tomó una foto de un objeto oscuro entre una masa de espuma y que al parecer había sido proyectado fuera del agua desde sus profundidades.

La fotografía fue publicada por el Daily Mail el 25 de agosto. Su aspecto es el de un tronco o una rama que hubiera sido arrancada de las profundidades. Otros mencionan que se parece al apéndice de un gran animal marino. Lamentablemente Loch Ness no es un medio marino.

Continuará…


[1] Roncoroni Guillermo & Álvarez Gustavo, Los ovni y la evidencia fotográfica, Cielosur Editora S. A. C. I., Colección Cuarta Dimensión, No. 5, Buenos Aires, 1978.

[2] Whyte Constance, More than a legend, Hamish Hamilton, Londres, 1957.

[3] Gould T. Rupert, The Loch Ness monster and others, Geoffrey Bles, Londres, 1934.

[4] Holiday F. W., The great Orm of Loch Ness, Faber & Faber, Ltd., Londres, 1968.

[5] Edwards Frank, Strange than science, Bantam Books, Inc., New York, (reimpresión) 1968.

[6] Burton Maurice, The elusive monster, Rupert Hart David, Ltd., Londres, 1961.

[7] Witchell Nicholas, The Loch Ness story, Penguin Books, Baltimore, 1975.

¿Chemo o Yeti?

¿Chemo o Yeti?

Nepal Times (Viernes, 28 de diciembre de 2007)

Hella Binnendik en Lhasa

Un equipo de la TV americana en busca del yeti encontró algunas huellas en Khumbu, el 24 de noviembre, a sólo cuatro días de iniciar su búsqueda.

Sorprendentemente, el equipo de Destination Truth detectó huellas de 12 pulgadas a sólo medio día de camino de la pista de aterrizaje de Lukla, cerca de la aldea de Monjo y a una altura de unos 2,850 m. Aún más notable es que se encuentra cerca de la ruta más transitada de Khumbu y se produjo al final de una de las temporadas de mayor actividad turística en años. Es poco menos que milagroso.

Mi esposo Dennis y yo tuvimos la misma suerte. El 22 de septiembre, mientras disfrutabamos de una caminata en el Khumbu, tropezamos con una huella en el valle Renjo Khola. Tomamos fotografías y Dennis bromeó sobre que habíamos descubierto la huella de un yeti. Yo me reí, pero tuve que admitir que, a una altura de 5,100 m, en el remoto valle justo debajo Renjo La parece el hábitat perfecto para una criatura mítica que durante décadas ha tenido éxito en evitar los encuentros con los seres humanos. Las últimas lluvias de los monzones y la nieve recién caída en el paso ha mantenido a otros excursionistas fuera de la zona.

Mostramos las imágenes a nuestros amigos Sherpa y comparamos la forma y el tamaño de nuestra huella con las fotografiadas y publicadas por otros montañistas. Llegamos a la conclusión de que nuestra huella podría pertenecer a un yeti.

En su libro, My Quest for the Yeti, Reinhold Messner sugiere que la leyenda del yeti puede estar basada en la existencia del Chemo, un oso peludo del Himalaya. Casualmente, fui al Tíbet después de encontrar la huella. En Lhasa visité el zoológico, el único lugar del mundo donde se puede ver un Chemo enjaulado.

En un hueco de cemento desnudo, como una piscina vacía, encontré esta hermosa criatura con una magnífica capa de piel marrón gruesa. Su cabeza era en su mayor parte blanca y alrededor de su pecho había un collar blanco que se extendía hasta su vientre. Pasé la tarde viendolo, mientras él me veía con ojos tristes. Él y su compañera pasan los días caminando en círculos y ocultandose del sol en su vivienda de concreto. El recinto estaba totalmente desprovisto de hierba, arbustos, árboles o incluso rocas. Estos osos, naturalmente omnívoros, son alimentados con una dieta de tsampa.

Salí del zoológico sentiéndome frustrada. Las condiciones de vida de estos osos son terribles. Mientras los pseudo-científicos continúen sus caras, búsquedas de gloria en pos del misterioso yeti, aquí está un mamífero en peligro de extinción, al alcance de todos los visitantes del Tíbet, que está pidieno ayuda inmediata.

¿No sería posible que las personas de Destination Truth amplíen su enfoque más allá de la aparentemente exitosa expedición en caza del yeti y presten cierta atención al bienestar del hermoso Chemo? Sin duda valdría la pena poner de relieve la difícil situación de esta notable criatura, que podría desaparecer completamente si su conservación no se toma en serio.

http://www.phayul.com/news/article.aspx?id=18940&article=Chemo+or+yeti%3f&t=1&c=1