Archivos de la categoría Cultura

El problema de la inconmensurabilidad

EL PROBLEMA DE LA INCONMENSURABILIDAD ¿AS O JOKER EN LA MANGA DE LA ETH?

Kentaro Mori

Los extraterrestres son sicópatas. Si tomamos al pie de la letra los relatos ufológicos, todo disturbio mental que podamos imaginar puede ser constatado en estos seres: de sádicos asesinos en serie a pervertidos sexuales, pasando por desordenes de personalidad múltiple y hasta por el aspecto muy inconveniente de que ni en eso son constantes en cuánto a su aspecto físico -aunque casi siempre sean humanóides. Por comparación, los extraterrestres hacen de Hannibal Lecter alguien que podría ser niñera de sus niños. Incluso porque Lecter no atraviesa paredes o se transforma de un ser gigante y peludo de tres metros en otro enano pelón dependiendo en qué cultura esté.

Una cuestión relevante planteada en esta constatación es la presunción de que los actos de los extraterrestres deban tener sentido para nosotros puede ser una presunción simplemente incorrecta e injustificada. Las hembras de las mantis religiosas decapitan a sus parejas a la hora de la cópula, lo que parece absurdo a primera vista, pero ni por eso decretamos que las mantis religiosas no existen. Son solamente diferentes, y uno de los argumentos escépticos típicos –que yo mismo exploro hasta el agotamiento- es justamente el de que los extraterrestres deben ser muy diferentes de nosotros mismos. Sería inconsistente que los escépticos esperen que los extraterrestres sean diferentes de nosotros solamente en los puntos esperados. Así como no tienen que ser humanóides, pueden muy bien tener una percepción de la realidad diferente de la nuestra y actuar de forma aparentemente absurda.

Esto es básicamente lo que llamamos problema de la inconmensurabilidad (inconmensurable: Que no se puede medir o valuar). El fenómeno ovni es absurdo, y por lo tanto indistinguible de los eventuales actos de una civilización extraterrestre con raciocinio un tanto diferente a nosotros. Es por eso que el problema de la inconmensurabilidad es un gran as en la manga de la hipótesis extraterrestre (ETH).

Pero también puede ser un gran joker, puesto que los actos de una civilización extraterrestre con un raciocinio diferente al nuestros no necesitan y hasta tienen que ser indistinguibles del fenómeno ovni. Una civilización no necesita ser ‘conmensurable’, comprensible, para que nosotros la notemos, principalmente porque actos absurdos no equivalen a actos no conclusivos. No entendemos cómo se comunican los delfines o las ballenas; no obstante sabemos que los delfines y las ballenas existen así como su comunicación, o por lo menos su emisión de sonidos, incluso aunque todavía nos parezca absurda, y sea inerte a la comprobación científica. La comparación no es perfecta, pero el punto aquí es muy importante.

Los escépticos de las visitas, pero defensores de la posibilidad de vida extraterrestre, Frank Drake y Carl Sagan, entre muchos otros escépticos famosos, conocen perfectamente bien el problema de la inconmensurabilidad. El SETI (Search for Extra-Terrestrial Inteligence) es específicamente la búsqueda de civilizaciones que están transmitiendo señales de radio inteligibles. No están buscando civilizaciones democráticas, protestantes, con cinco dedos, colectivas, parásitas, pacifistas o musulmanas. La única pista que el SETI busca es una civilización capaz transmitir señales de radio inteligibles. No necesitamos entender los motivos y aspiraciones de esta civilización, no necesitamos entender lo que tal mensaje de radio quiera decir, todo lo que necesitamos es constatar que la señal es artificial -y no es humana. En caso de que alguien esté transmitiendo algo inteligible, no importa con que intención o significado, podremos saber que no estamos solos.

Si una civilización extraterrestre estuviera presente en nuestro planeta de la forma física, temprano o tarde, tal presencia se notará de forma concluyente. A menos que la misma desee lo contrario y sea capaz de actuar de tal manera, siendo que en este caso recaeríamos en las preguntas planteadas en la paradoja de Fermi y de la hipótesis de la preparación del contacto, pues para ocultar sus pistas tal civilización tendrá que entendernos, conocernos mejor de lo que nosotros nos entendemos. Si somos inconmensurables a tal civilización, todavía más algún acto –por absurdo que sea- acabará por dejar evidencias que podrían ser constatadas. Al final de cuentas, los sicópatas siempre dejan evidencias de que existen.

El problema de la inconmensurabilidad es real y muy probablemente existirá cuando establezcamos contacto. Según lo notado, es de hecho un gran as en la manga de la ETH puesto que es realmente concebible pensar que el fenómeno ovni en toda lo bizarro que es puede ser la manifestación de tal inconmensurabilidad, no obstante es importante notar que lo inverso no es verdad: la inconmensurabilidad de una civilización extraterrestre no debe ser manifestada sólo como un fenómeno no conclusivo de forma indefinida. Y son más de 50 años que el fenómeno ovni es no conclusivo a despecho de intensas búsquedas, amateurs o profesionales. Aunque los fenómenos no conclusivos puedan a veces parecer absurdos y lo inverso también ocurra, ‘absurdo’ (o inconmensurable) y ‘no conclusivo’ no son sinónimos.

Podemos especular en seres conscientes multidimensionales, o los transcendentales, para los cuales la inconmensurabilidad sería tanta que todos sus actos en nuestra ‘dimensión’ serían inconmensurables, indistinguibles de la magia, y que permanecerían indefinidamente no conclusivos. En este caso, lo inconmensurable sería siempre no conclusivo, pero estaríamos entrando ya en el reino improductivo de las especulaciones mágicas, que pueden justificar el fenómeno ovni y atribuirlo a seres omnipotentes que puedan también ser llamados gnomos, hadas, brujas, gremlins… o dios. Si seguimos el camino de que el fenómeno ovni es el resultado de algo que nunca será comprensible, podemos comenzar a recitar nuestras oraciones. Habemus Zeta Reticuli.

En caso de abducción ET el mejor remedio es rezarle a San Martín de Porres

Los retablos son pequeñas piezas de madera dorada que se colocan en las iglesias y cuentan una historia de algún favor o milagro recibido. Originalmente eran esculturas, luego se fueron transformando en pequeños cuadros de pintura naif. Su origen se remonta al siglo IX y llegan a América durante la conquista española en la primera mitad del siglo XVI.

Los exvotos están emparentados con los retablos y en ocasiones se les considera una misma cosa. Originalmente eran piezas metálicas con chapa de oro o plata que mostraban manos, brazos, corazones u otras partes del cuerpo que habrían sanado gracias a una intervención divina. Servían para agradecer el milagro. Popularmente eran conocidos precisamente como “milagros”. Con el tiempo se fueron fabricando de aluminio o zinc. Es frecuente encontrarlos al lado de viejas muletas y aparatos ortopédicos, mudos testigos del supuesto milagro.

Posteriormente se transformaron en pequeños cuadros de escenas muy coloridas en las que se relataba la historia del milagro, se agradecía el favor concedido o se pedía alguna ayuda. En esta última forma se apelaba a una especie de magia simpática en la que se pedía la cura del miembro representado en la figurita.

El trabajo era encargado a un “retablero”. Estos eran pintores autodidactos que podían trabajar distintas técnicas y estilos. El cuadro en sí era pintado al óleo y la mayor parte de las veces no tenía ninguna ni guardaba ninguna proporción. Por lo regular se puede ver a Dios, la Virgen o el protagonista rodeados de pequeñas figuras liliputienses que representan a los actores secundarios.

La misma obra muestra la historia entera, pero casi siempre va acompañada de un texto explicativo. La mayoría de ellos son profundamente ingenuos e incluso llegan a rayar en lo chusco. Uno de los ejemplos clásicos es aquel que dice:

“Doy infinitas gracias al señor o a la virgen por habernos librado a mi hija y mí de la epidemia de partos que hubo en la revolución”.

O este otro en el que se respeta la redacción:

San Juditas Tadeo Las Gracias te bengo a dar Por librarme deDifícil

situación. y Poder esconderme a tiempo para que mi compadre no me encon-

trara con su mujer en Su Cama te ofresco este porque el nunca. Se

entero que le Poniamos los cuernos Jurando que no lo vuelvo hacer.

perdoname pero el cuerpo es devil. G. R. Tacubaya. México DF. 28 – mayo 1989

Muchos se han interesado en los exvotos y retablos por su innegable valor histórico, artístico y etnográfico. El poeta mexicano José Juan Tablada tenía una colección de retablos de la que sólo quedan fotografías: http://www.tablada.unam.mx/archivo/fotograf/notas/i133-1-30.html. Hay una extensa bibliografía al respecto: http://www.kam.uiuc.edu/exhibitions/altars/exvotos-biblio.html. El trabajo de recopilación más reciente se publicó en el 2004 en el libro Rue des Miracles, de la editorial Seuil.

En Internet podemos encontrar la página de Maya Prieto sobre exvotos mexicanos http://mx.geocities.com/tintaescarlata/Mexican_Ex-votos.html. Madreselvas tiene un hermoso blog llamado “La gracia de dar las gracias”. http://retableros.blogspot.com/.

Esta tradición se va perdiendo con el paso del tiempo, pero aún quedan algunos pocos retableros, como Alfredo Vilchis Roque, que incluso ha publicado algunos libros con trabajos propios y de su colección.

Relacionado con los temas de este blog nos encontramos con el siguiente retablo pintado por Fermín Luna Zambrano (o Sanbrano) en 1987. Cuenta la historia de Camilo Salinas Cruz, un testigo de élite como dicen los ufólogos. Un día que salía de la cantina La Gaviota se encontró con uno de esos grises extraterrestres (de Marte, para mayores señas) que intentó abducirlo. Salinas comenzó a rezarle a San Martín de Porres y el santo evitó el rapto.

El sr. Camilo Salinas Cruz

agradesce a san martin

de porres por salvarme de

morir cuando me salio un

marciano al salir de la

cantina

sr. Fermin Luna Sanbrano

9 – marzo – 1987

El retablo muestra que San martín de Porres resulta más efectivo que los cascos de aluminio o las gorras antiabducción que se venden en Internet.

Los lentes de rayos X

De niño siempre estuve intrigado por los X-Ray Spex®. Sí, aquellos anteojos de rayos X que anunciaban en diversas revistas de historietas.

Nunca intenté comprar esos anteojos pues pensaba que eran una estafa. ¿Sería como ver a contraluz, en la mañana, las muchachas que usaban faldas de telas ligeras? Pero de ser así ¿cómo es que pueden iluminar desde el lado contrario al observador? No. El truco debería ser otro.

Nunca lo supe.

Según la publicidad con ese aparato podrías ver a través de las paredes, de tu propia piel, y lo más interesante, ver a través de la ropa.

En realidad no era cierto lo que ofrecían sus creadores. Se trataba sólo de una ilusión.

Ahora podemos ver en la Wikipedia que cada lente consiste de una pluma intercalada entre dos piezas de cartón, con un orificio de un cuarto de pulgada en el centro. Este dispositivo hace que cuando vez un objeto a contraluz, tu mano, por ejemplo, vez una imagen más oscura de la pluma sobreimpuesta a la imagen real de tu mano, de tal forma que crea la ilusión de una radiografía.

X-Ray Spex

Carl Sagan fue un ávido fumador de mota

Carl Sagan fue un ávido fumador de mota

Cuando usted habla de científicos que alcanzaron el estatus de estrellas de rock en la segunda mitad del siglo veinte, el finado astrónomo y biólogo Carl Sagan está allí con Stephen Hawking. Su Cosmos (1980) es uno de los libros de ciencia más populares jamás escritos, plantándose en la lista de bestseller del New York Times durante 70 semanas y permaneciendo perpetuamente en impresión desde entonces. Fue acompañado por la serie de televisión de PBS del mismo nombre, que -junto con numerosas apariciones en Tonight Show– introdujeron a Sagan y su enfática frase “billions and billions” en la cultura popular. Su única novela, Contacto, fue transformada en una película del tipo amala-u-odiala protagonizada por Jodie Foster como una científica que busca vida extraterrestre, con Matthew McConaughey como un New Age que, inevitablemente, hace su propia forma de contacto con ella.

Además de sus credenciales de cultura popular, Sagan fue amigo de numerosos y legendarios ganadores de premios Nobel mientras aún estaba en la universidad, ganando un premio Pulitzer por su libro Dragones del Eden, y también fue consultor de la NASA, el MIT, Cornell, y la RAND. Él diseñó las postales de la raza humana para cualquier extraterrestre que pudiera estar allá afuera -la placa a bordo de las nave espacial Pioneer y el disco en la sonda Voyager. Así que puede ser un poco sorpresivo saber que Sagan fuera un ávido fumador de mariguana. Algunos pudieron incluso llamarlo un pothead. En su biografía definitiva de científicos celebres, Keay Davidson revela que Sagan comenzó a darse sus toques regularmente a principios de los años 60 y que Dragones del Eden -que gano el Pulitzer- “fue escrito obviamente bajo inspiración de la mariguana”. Davidson dice de Sagan: Él creía que la droga realzaba su creatividad y percepción. Su amigo más cercano durante tres décadas, el profesor de psiquiatría en Harvard Dr. Lester Grinspoon, abogado principal de la despenalización de la mariguana, recuerda un incidente en los años 80 cuando uno de sus admiradores de California le envió, sin solicitarlo, un poco de mota inusualmente de alta calidad. Grinspoon compartió los carrujos con Sagan y su esposa, Anne Druyan. Posteriormente Sagan dijo, “Lester, sé que tú solamente has conseguido uno, pero ¿podría tenerlo? Tengo un trabajo serio que hacer mañana y realmente necesito usarlo”.

Quizás dejando que Sagan se fumara el último carrujo fue la manera en que Grinspoon devolvió un favor, puesto que Sagan había contribuido con un ensayo a Marihuana Reconsidered, el libro clásico de Grinspoon de 1971 sobre los beneficios y bajos riesgos de la mota. Por casi tres décadas, el autor de esta oda a Mary Jane fue anónimo, pero en 1999 Grinspoon reveló que el “Sr. X” era Sagan.

En el ensayo, Sagan escribió que la hierba aumentó su apreciación del arte, la música, los alimentos, el sexo, y los recuerdos de la niñez, y le dio percepciones en materias científicas y sociales: Puedo recordar una ocasión, tomando una ducha con mi esposa mientras me elevaba, en la cual tuve una idea sobre los orígenes y la invalidez del racismo en términos de curvas de distribución Gaussiana. Era un punto obvio (sic) en cierta forma, pero raramente platicado. Dibujé curvas en el jabón de la pared del baño, y fui a anotar la idea. Una idea condujo a otra, y al final de alrededor de una hora de trabajo extremadamente duro me encontré que había escrito once ensayos cortos en una amplia gama de asuntos biológicos sociales, políticos, filosóficos, y humanos…. Los he utilizado en las direcciones del comienzo de la universidad, conferencias públicas, y en mis libros. El Sagan humanista/ateo se acerca peligrosamente al misticismo en algunos pasajes: “No me considero una persona religiosa en el sentido usual, pero hay un aspecto religioso en algunos “viajes”. El aumento de la sensibilidad en todas las áreas me da una sensación de comunion con mis alrededores, animados e inanimados. A veces viene a mí cierta clase de percepción existencial de lo absurdo y veo con certeza tremenda mis posturas hipocritas y las de mis amigos. Y otras veces, hay un sentido del absurdo diferente, de un conocimiento juguetón y caprichoso…. Estoy convencido de que hay niveles genuinos y válidos de percepción disponibles con la cannabis (y probablemente con otras drogas) los cuáles son, con los defectos de nuestra sociedad y de nuestro sistema educativo, inasequibles a nosotros sin tales drogas. Tal observación se aplica no sólo a la timidez y a la búsqueda intelectual, sino también a percepciones de gente verdadera, a una sensibilidad sumamente realzada, a la expresión facial, a las entonaciones, y a la opción de palabras, que a veces acercan más, como si dos personas se estuvieran leyendo la mente”.

http://50thingsthatdonotknow.blogspot.com/2006/12/carl-sagan-was-avid-pot-smoker.html

De alquimia y aquimistas (Final)

EL ORO DE LOS ALQUIMISTAS

Había quienes empleaban otros métodos ingeniosos para engañar a los ufólogos, perdón, a los señores feudales. Estaba, por ejemplo, Leonhard Thurneysser, nativo de Bile (1530-1596), autor de Archidoxa y Magna Alchymia, quien afirmaba poseer un elíxir que con sólo sumergir los metales en él, se transformaban en oro. Ante testigos Thurneysser vertía un poco de su elixir en una retorta, sacaba un clavo de entre sus ropas, lo sumergía en el elíxir y al sacarlo, la punta del mismo se había convertido en oro. El truco consistía en soldar una punta de oro al extremo de un clavo de hierro. Pintar el clavo de negro para que pareciera de una sola pieza. Al meterlo en un matraz conteniendo una solución alquímica (en realidad un solvente), se eliminaba la pintura y aparecía el oro.

El clavo fue llevado a un refinador para probar, el refinador verificó que la mitad del clavo era oro de verdad y la otra mitad era definitivamente hierro.

El alquimista Domenico Emmanuele, conde de Ruggiero, logró estafarle dieciocho mil escudos a Federico I. Emmanuele era hijo de un aldeano de Nápoles (lo de conde Ruggiero era otro más de sus engaños), pero llegó a ser mariscal de campo de Federico I, antes de que terminara colgado del cadalso.

Otros alquimistas utilizaban crisoles de doble fondo, tubos ahuecados y llenos de oro para agitar el líquido, materias para la mezcla que contenían oro, etc.

Muchos denunciaron a estos charlatanes. Grutynski escribía en 1598:

“Un químico busca el buen calor para hacer oro; pero la vera natura e los metales nos dice que no podemos hacer oro, sino sólo una sustancia que tiene la apariencia de oro. Hay una diferencia eterna entre el oro natural y esas mezclas. Y es estúpido trabaja y sudar en humos extraños y arrojar tiempo y dinero de esa manera”.

Alexis Suchten atacó a Raimundo Lull (doctor iluminatissimus), quien según la leyenda hizo oro con el que Edward III mandó acuñar monedas. La leyenda de esa transmutación está llena de anacronismos y Suchten negó la posibilidad de que se haya realizado en su “Elegía de Nobel Raymundi moneta Anglicana” (1680):

“… Ex aliis aurum nunquam fecisse metallis

Creditur, aut pueros hoc docuisse suos:

Lulle valete,

Nobile Raymundi vana moneta tua est”.

Este Alexis Suchten no era cualquier hijo de vecino. Se trataba del más notable paracelsiano polaco, hijo de un rico influyente de Danzing. Aparece mencionado en el “Album diligentarium” de la Universidad de Cracovia como “Alexius Zuchta de Gedano alias etiam Suchten dictus Kaszuba Polonus”, que dictó cátedra entre 1521 y 1522. Estudió en Lovaina y en Italia y fue canónigo de Frauenburg. Nació en Gedana. En 1549 fue bibliotecario de Otto Heinrich, uno de los electores palatinos. Estudió la obra de Paracelso y en 1554 llegó a ser médico del rey Segismundo Augusto y en 1563 del príncipe Alberto de Prusia. Se autonombraba “Chymicus” y llamaba “alquimistas” a los que perseguían la transmutación, aunque realizó varios experimentos para demostrar la gran obra. Sin embargo cambió de opinión a partir de la realización de unas pruebas de “plata alquímica”, que resultó ser una aleación de antimonio, y de una muestra de oro alquímico que un orfebre había considerado verdadero y que Suchten mismo creyó durante algún tiempo que lo era, hasta que realizó un experimento.

Este último experimento constituye la primera demostración publicada de una refutación experimental de la transmutación haciendo uso de la balanza.

“Y ahora vengo al oro y es de maravillarse lo que me sucedió. Díjeselo a mi buen amigo, que había creído hallar un Potosí y no quería dar crédito a mis palabras. Así, tomando la media onza de Sol (oro), quiso ponerla a prueba y la llevé al señor Hans, orfebre y batihoja, quien aseguró ser Sol (oro) verdadero y que como tal podía trabajarlo, ya que a la vista, a la piedra de toque y al martillo se conducía como un buen Sol (oro). Con todo ello tomé el Sol (oro) y lo puse a granular en 2 onzas de Luna (plata), dividiéndolo en aq. Fort.; la Luna (plata) se disolvió hundiéndose el Sol (oro). Esa prueba era pues válida. Mezclé luego este Sol (oro) en polvo con antimonio crudo y colé por “Regulus”, dejándolo flotar en un crisol y arrojando “Nitro” sobre él; retiré el antimonio del Sol (oro) con Saturno (plomo), prueba que también dio válida. Este Sol (oro) retirado, colé otra vez con antimonio y azufre; luego tomé Regulus y le di una buena ventalla con el fuelle del batihoja, que yo ninguno tengo. También Sol (oro) resistió esa prueba, de lo que todo buen químico debería alegrarse.

“Con todo, recordando que Luna (plata) me había engañado una vez, no me fiaba yo de Sol (oro), y batiéndolo muy fino lo amalgamé con mi mercurio de antimonio, dejándolo durante cuatro semanas en tibieza y notando que la amalgama no era muy dura sino más bien blanda, lo que me causó desazón; pero, como digo, la dejé cuatro semanas, hallándola mucho más húmeda que cuando la había puesto. La introduje luego en un crisol sobre un magro fuego para que aquel no se encandilara y mi mercurio se me voló como un rayo del Sol (oro), tanto que ni verlo pude, mi Sol (oro) no hallé más que media onza y dos dracmas, creyendo ciertamente que las dos dracmas eran puro Sol (oro). Esas dos dracmas probé luego con mercurio de antimonio en la misma manera que antes; luego, después de haber evaporado el mercurio hallé otra vez dos dracmas, de lo que me regocijé muy mucho, esperando que mi amigo me diese noticia de su fórmula, con lo que sería yo dueño de montes de Sol (oro). Así envié un buen mensaje a mi amigo, pero él no se alegró sino que con malos humores me dijo “Vaya, ¡después de todo lo que trabajado y gastado en este Sol (oro), que es mucho más de lo que decir pudiera! Pues el Sol (oro) que le ha quedado a vuesa merced no viene de Regulus, sino que es Sol (oro) del bueno que yo había puesto, porque sin él no puede coagular el Regulus en Sol (oro)”. Así, el buen Sol (oro) ha resistido todas las pruebas, pero no el que serlo parecía. Con lo que sé que ya más no puedo hacer para hacerlo si no es saber por qué no se hace y que no es lo hecho lo que yo esperaba”.

El procedimiento de sembrar oro para que éste se multiplicara era una práctica frecuente de los alquimistas. ¿Cuántas gentes de buena fe fueron engañadas por esa práctica?.

LA UNIVERSIDAD DE CRACOVIA

Suchten pertenecía a la Universidad de Cracovia en donde los químicos se ocupaban de la Alquimia, pero no en su sentido transmutacional sino para fabricar medicamentos.. Así, Adam Schröter (1525-1572), uno de los egresados de esa universidad, escribía desde Nissa:

“Sólo los idiotas pueden creer que la Alquimia es el conocimiento de la creación del oro. El propósito de esa disciplina es el descubrimiento de nuevas medicinas”.

Cracovia era la capital medieval de Polonia y poseía una de las más antiguas universidades centroeuropeas. Fundada en 1364, para el siglo XVI contaba con florecientes escuelas en las diversas disciplinas de la magia: en ellas inició Fausto sus investigaciones. Contaba con cátedras oficiales de astrología y alquimia que hacían de ella un centro famoso. Los calendarios cracovianos gozaban de gran reputación en toda Europa.

Los adelantos en alquimia no eran menos. Se contaba ya con métodos analíticos para comprobar la autenticidad del oro:

“Un dracma (3.6 g) de la muestra que se desee probar se funde con una onza (30 g) de plomo, añadiéndose el flujo, que es la llamada sal artificial. Se pesa el grano de oro fundido. El paso siguiente es la determinación de plata en oro, que se realiza mediante la piedra de toque y las agujas de prueba, o tratándolo con ácido nítrico. El mineral de plata se determina por copelación con plomo”.

Se conservan algunas muestras de aleaciones de aquella época, así como los análisis de uno de los discípulos de Kasper Ber (1460-1543) y se ha encontrado que los resultados divergen en menos de 1%. Tal exactitud exigía el uso de reactivos de gran pureza, ya que la existencia de cloruros en el ácido nítrico, por ejemplo, hubiera resultado en la disolución del oro y el impedimento de la plata. El ácido se purificaba por destilación sobre limaduras de plata.

La química en Cracovia estaba más adelantada que la del resto de Europa. No es de extrañar que los primeros escépticos de la alquimia, como Suchten, salieran de esa universidad. Para el siglo XVI la alquimia se estaba enterrando en Cracovia, mientras que para el siguiente siglo el resto de Europa vio el renacimiento de esas antiguas prácticas de manos del manifiesto “Bodas químicas de Cristián Rosenkreutz” (1616).

Los partidarios de las artes ocultas, la astrología y la alquimia, creyeron que aquel Rosenkreutz había sido iniciado dos siglos atrás, en el oriente, en todos los secretos del arte de fabricar oro. La leyenda informaba que al abrir su tumba se halló un valioso manuscrito con todos los detalles para la fabricación de oro.

Pero en realidad todo era, como ya se dijo, una leyenda. Se trataba de la obra de un cura Wurtemburgués, Johannes Valentinus Andreae, quien era enemigo acérrimo de los alquimista y que había editado escritos satirizándolos. Sin embargo éste tiro le salió por la culata, pues en toda Europa se fundaron Círculos Secretos adheridos a los Círculos Rosenkreutz.

A pesar de todos estos casos la gente no escarmentó. Incluso en el siglo pasado varios fueron los engañados por falsos alquimistas. Lo más cómico de todo es que la gente estafada no era de escasos recursos, sino que pertenecía a estratos sociales acomodados.

Entre 1930 y 1931 se llevó a cabo el proceso en contra de un oficial quincallero de Munich, llamado Frank Tausend, y un tintorero de Dusseldorf. Ambos aseguraban poder convertir el plomo y el mercurio en oro. En 1922 Tausend había publicado su 180 Elemente, deren Atomgewicht und eingliederung in das harmonischperiodische System (180 elementos, su peso atómico y su clasificación en el Sistema Armónico-Periódico), en donde desarrollaba su teoría de una nueva química a través de la cual se podían hacer esas transmutaciones.

Entre los estafados estaba el mismísimo general Erich Ludendorff, miembro del partido nazi. No era de extrañar que Ludendorff creyera en la alquimia. Su interés en los temas ocultos lo llevaron a crear, en compañía de su segunda mujer Mathilde, la sociedad secreta “Bund für Gotteserkenntnis” (Sociedad para el conocimiento de Dios), que sigue existiendo hoy en día.

Tausend convenció a Ludendorff y a otros inversionistas de crear una empresa para fabricar oro mediante misteriosas radiaciones y resonancias aplicadas a óxido de hierro y cuarzo. Claro, Ludendorff y los demás “socios” pidieron una demostración. Llevaron a Tausend a la Casa de Moneda Bávara. Allí el moderno alquimista metió en un crisol una pieza oxidada con algunos pedazos de cuarzo. Aplicó temperatura hasta fundirlos y añadió un polvo blanco que sacó de uno de sus bolsillos (en este punto nos invade una sensación de deja vu). Cuando la mezcla se enfrió, los asombrados asistentes al experimento, comprobaron que había surgido una pepita de oro puro con un peso cercano a los siete gramos.

Entonces comenzó a fluir el dinero para crear la compañía alquímica. Durante años, los socios capitalistas, les proporcionaron fuertes sumas de dinero, hasta que alguno de ellos se le acabó la paciencia y presentó la denuncia por estafa.

EL VERDADERO TESORO DE LOS ALQUIMISTAS

Si sólo consideramos las antiguas leyendas y tradiciones, difíciles de probar, sobre supuestas transmutaciones alquímicas, y el inmenso catálogo de fraudes y engaños realizados por falsos alquimistas, no quedaría nada de la Alquimia. Mas esto no es así de simple.

Seguramente ningún alquimista llegó a fabricar oro; es discutible la afirmación de que el fin de los alquimistas no era la transmutación de los metales, sino la transmutación de sí mismos. Pero una cosa es cierta; el verdadero tesoro que nos legaron los alquimistas no fue la piedra filosofal, tampoco el elixir de la vida y mucho menos el disolvente universal. El gran regalo que nos hicieron fueron sus investigaciones, sus descubrimientos que sentaron las bases de lo que ahora es la química.

Abu Abadía Dechabir Ibn Ajan (Dispensador) descubrió la destilación, un poderoso proceso de separación.

El alquimista árabe Al Rasi o Rahses descubrió el etanol (Al-Khul en árabe), al separarlo de sus mezclas y brebajes.

Otros alquimistas árabes descubrieron los ácidos muriático o clorhídrico, nítrico y sulfúrico y el agua regia (mezcla de ácido clorhídrico y nítrico que es capaz de disolver al oro). Por el lado de los productos alcalinos (otra palabra árabe), la potasa y la sosa. Incluso los símbolos actuales para el sodio y potasio provienen de las palabras árabes al-qalīy y al-natrun, latinizadas como Kalium (K), y Natrium (Na).

Paracelso estableció las bases de la quimioterapia. Algunas de sus medicinas, aún hoy, tienen cierta aplicación.

Henning Brandt descubrió el fósforo en 1669, gracias a que realizó varias evaporaciones de orines, en su afán por obtener plata y oro.

La famosa porcelana de Meissen fue descubierta por Johann Friedrich Böttger, (1682-1719) mientras trabajaba tratando de producir oro para el rey prusiano Federico I. El secreto de la fabricación de la porcelana sólo lo conocían los chinos, pero gracias a la ayuda de otro alquimista, el también matemático conde Ehrenfried Walter Tschirnhaus, (1651-1708), Böttger logró producir porcelana utilizando arcilla de Sajonia.

Lo indicadores de pH fueron descubiertos por el farsante de Leonhard Thurneysser, quien también intuyó que algunas enfermedades se podrían detectar en la orina del paciente.

Después de todo, ¡que bueno que no se puede fabricar oro artificialmente de una manera sencilla! Eso sólo traería la depreciación del noble metal.

REFERENCIAS

Davis T. L., The problem of the origins of Alchemy, Sci. Month., Vol. 43, 1936, Págs. 551-558.

Doberer Kurt Karl, The Goldmakers: Ten Thousand Years of Alchemy, Greenwood Press, Westport, Conn., 1972, Págs. 109-110.

Holmyard E. J., Alchemy, Dover, new York, 1990.

Hubicki W., La Química y la Alquimia en la Cracovia del siglo XVI, Endeavour, Vol. 17, No. 68, 1958, Pág. 204.

Ihde A. A., The pillars of modern Chemistry, Journal of Chemical Education, Vol. 33, No. 3, 1956, Págs. 107-110.

Multhauf R. P., The origins of chemistry, Oldbourne, Londres, 1966.

Sherwood Taylor F. J., Los alquimistas, Fondo de Cultura Económica, México, 1957.

Stillman J. M, The story of alchemy and early chemistry, Dover, New York, 1960.