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Los niños salvajes (12)

KAMALA Y AMALA

La historia más esencial y mejor documentada de “niños-lobos” es la de dos niñas indostanas llamadas Kamala y Amala, las “niñas-lobo” de Midnapore (India).

J. A. L. Singh con su esposa Raquel y su hijo Preeti Lota, hacia 1906 cuando era maestro en una escuela de Midnapore.

En 1920 el reverendo Joseph Amrito Lal Singh, un misionero anglicano que administraba un orfanato y escuela eclesiástica, oyó que los campesinos de las aldeas de Godamuri y Midnapore, del estado de Bengala Occidental contaban sobre unos “espíritus del bosque” que solían aparecer cerca de sus chozas y merodeaban en la selva. Eran los Manush-baghas, u “hombres-fieras”, formas fantasmales vistas entre los lobos de aquellas regiones. Los testigos decían que aquellos Manush-baghas eran como seres humanos, pero corrían a gatas.

Los aldeanos de esta región al norte de la India le tenían miedo a estas apariciones pero las costumbres y principios religiosos les prohibían hacer daño a ningún ser vivo.

Singh llegó a la conclusión de que estas leyendas debían tener algún fundamento. Intrigado, siguió las indicaciones de un campesino, Singh se apostó en una vereda en donde aparecían con mayor frecuencia esas figuras fantasmales. Se subió a un árbol y se ocultó entre las ramas. No tuvo que esperar mucho tiempo. Cuando salió la Luna vio aparecer a tres lobos, dos lobatos y dos “fantasmas” andando, al igual que los lobos, a cuatro patas. Salían uno por uno sacando las cabezas hacia fuera brevemente para oler el aire de la noche antes de salir al claro. Al final aparecieron dos Manush-baghas. Singh los describe en su diario (The Diary of the Wolfchildren of Midnapore):

La iglesia de San Juan en Midnapore.

“Así apareció el ‘fantasma’: un ser esquivo, con las manos y el cuerpo de un ser humano; pero la cabeza era una gran bola de algo que le cubría los hombros y la parte superior del torso sólo dejaba un contorno del rostro visible. Muy cerca de sus pisadas se encontró a otra criatura, extraña como la primera, pero de menor tamaño. Sus ojos eran claros, brillantes y penetrantes, distintos a los ojos humanos. Ambos corrían a cuatro patas”.

Sin darse prisa. Singh decidió seguir la manada, pero los campesinos que le acompañaban se negaron a ayudarle. Singh tuvo que volver algunos días más tarde acompañado por un gran grupo de cazadores para sacar a las criaturas. La guarida de los lobos era un termitero abandonado. En su diario, dice que cuando los picos y palas pegaron en el montículo de termitas, dos lobos huyeron inmediatamente y luego salió la loba, que decidió defender a sus vástagos. Descubriendo sus colmillos y gruñendo atacó a los cazadores. Se le tuvo que matar con una lluvia de flechas. Entonces la partida de caza irrumpió en la guarida y sacó los dos “hombres fieras”, junto con dos lobeznos. Los “Manush-baghas” resultaron ser dos niñas, de unos tres y siete años. Su aspecto horroroso provenía de la masa de pelos en sus cabezas y su caminar encorvado a gatas.

Lasa Marandi, uno de los miembros de la tribu Santal que formó parte de la partida que capturó a los “Manush-baghas”.

Nunca se supo cómo llegaron a ese cubil. El espectáculo lo dejó tan asombrado y asustó tanto a los pobladores de la zona, que el reverendo Singh tuvo que emplear todas sus destrezas adquiridas en el púlpito para impedir que le dispararan a toda la manada.

Oficial de policía al lado del termitero en donde capturaron a las niñas.

Cuando nadie en las aldeas locales vino a demandar a las niñas, Singh las llevó a su orfanato, bautizando a la mayor, Kamala (el nombre de una planta medicinal, Lotus, utilizada en la india contra la tenia), y la más joven, Amala (una flor amarillabrillante). Ahí trató de educarlas.

Denganalia, un pueblo en Mayurbhanj, Orissa, donde fueron llevadas las niñas luego de su caprura.

Luego de ser capturadas, Singh llevó a las niñas hasta este templo y estanque en el camino a Amarda.

Se les alojó en un área deshabitada. Les dieron unas colchonetas para que durmieran y unas cobijas para cubrirse, pero ignoraron ambas, sin mostrar el más mínimo síntoma de frío. Como estaban desnudas trataron de vestirlas, pero las pequeñas se quitaban la ropa a mordiscos. Se arrancaron cualquier cosa que se les dio para vestirse y, finalmente, la señora Singh logró cubrirlas con unos pañales. Las niñas pasaban horas tratando de quitárselos a mordiscos. Durante mucho tiempo no quisieron reconocer vestimenta alguna arrancando todo lo que se les trataba de poner. Dormían encorvadas una encima de la otra en una bola apretada, gruñendo y crispándose durante su sueño. Tenían mucho miedo al baño.

El reverendo Singh con algunos de los niños de su orfanato.

Louis Mani Das, una de las niñas huerfanas del orfanato de Singh que fue contemporánea de kamala y Amala, en una foto de 1975 frente a las ruinas del orfanato.

El miércoles 24 de noviembre de 1920, se planeo dar un baño a las niñas. Aunque no incluía inmersión total se resitieron fieramente. Luego del baño se les cortó las grandes uñas y los mechones hechos bola de cabello. Al emerger como niñas normales se dieron cuenta que eran distintas. Aunque ambas tenían las narices chatas, grandes huecos en la nariz, pómulos altos, labios gruesos y cejas muy pobladas, Kamala tenía una cabeza más pequeña y cara redonda, mientras que Amala tenía una cara más fina, de forma oval, con una barbilla puntiaguda. Asombrosamente, según se estableció por la diferencia de edades y el poco parecido físico, las dos niñas parecían no ser hermanas. Al no tener relación familiar Singh supuso que habían sido recogidas por los lobos en momentos distintos.

Las niñas, horas después de haber llegado al orfanato.

En los meses siguientes, las niñas fueron mostrando un comportamiento similar al de los animales con los que vivieron. Emitían gruñidos extraños, ladridos, gemidos, chirridos y aullaban como los lobos, pero no hablaban. Tenían los colmillos más largos de lo habitual, poseían un excelente sentido del oído y de la vista, olfateaban todo lo que pasaba frente a ellas, le temían a la luz, al fuego y a los humanos. Preferían la carne, y aún la carroña, a la comida que les preparaban en aquel lugar. De día casi siempre dormía, y vagabundeaba por la noche. Se despertaban después de la salida de la luna. Estaban particularmente alertas por la noche; después de medianoche nunca dormían, y permanecían en constante movimiento. El menor ruido llamaba su atención. Habían pasado tanto tiempo caminando a gatas que sus tendones y empalmes se habían acortado tanto que les era casi imposible enderezarse y caminar erguidas. Tenían gruesas callosidades en sus codos, rodillas y en las eminencias tenares e hipotenares de sus manos, así como coyunturas inusualmente fuertes y gruesas en las muñecas, codos y rodillas.

Los esfuerzos de los médicos por “civilizarlas” fueron inútiles, ya que eran en verdad salvajes, aunque ellas sí se acostumbraron a una vida como animales domésticos. Vivian en verdad como mascotas, con los perros de la misión. Rehusaron tomar leche servida en tazones y no comieron hasta el día que las pusieron junto a los perros. Éstos sólo las aceptaron cuando una de ellas les quitó trozos de carne antes de irse a roer un hueso. Las niñas tenían apetito por la carne cruda y la carroña. Su captor, el Reverendo Singh, quedó atónito al descubrir que una de las niñas ahuyentó del cadáver de una vaca a unos buitres de una manera bien practicada y realizada, a pesar de que los buitres eran mucho más grandes que ella.

En una ocasión la mayor se escapó y se unió a un revoltijo de perros.

Nunca sonrieron o mostraron ningún interés en la compañía humana. La única emoción que se cruzó sus caras era miedo. Incluso sus sentidos se habían hecho como los de los lobos. Singh afirmó que su sentido de la vista era sobrenaturalmente agudo en la noche y sus ojos brillaban intensamente en la oscuridad como los de un gato. Podían oler un terrón de carne a través del patio de tres acres del orfanato. Su oído también era agudo – excepto, como Víctor, a la voz de seres humanos que parecía extrañamente inaudible a sus oídos.

Su adaptación fue tan difícil que el reverendo Singh se llegó a preguntar si no hubiese sido mejor dejarlas en el bosque. El sacerdote era un hombre pobre pero relativamente educado, que hizo todo lo que estuvo a su alcance para rehabilitarlas, pero nunca pudieron adaptarse a la sociedad.

El 4 de septiembre de 1921, Amala cayó enferma repentinamente. Comenzó como una más de las muchas enfermedades tropicales con diarrea, convirtiéndose en un par de días en disentería. Kamala también enfermó. Amala se volvió más uraña que de costumbre y no permitía a nadie cerca de ella. Luego comenzó a padecer de fiebres y, por primera vez en su vida, cayó en cama, pero siempre adoptando una posición fetal. Tenía convulsiones y palpitaciones. La tarde del 11 de septiembre fue traído el doctor Sachin Sarbadhicari, el médico familiar. Rápidamente examinó a las dos niñas.

El 15 de septiembre la temperatura de Amala bajó peligrosamente dejándola en la inconciencia. Murió unos días después, en la madrugada del 21 de septiembre.

Esto fue un gran golpe para Kamala que acababa de comenzar a perder su miedo a otros seres humanos. La niña pasó las semanas siguientes refugiada en una esquina y aullando en las noches, Singh temió por su vida. Pero pasó el tiempo y Kamala se recuperó.

Singh reinició su programa de rehabilitación. La terapia consistía en una combinación de masajes y ciertos trucos que recordaban a los de Itard. Colocaba la comida colgando a poca distancia para que la niña los pudiera alcanzar irguiéndose. Luego la entrenó para aceptar algunas costumbres humanas, como comer el alimento normal o dormir con los otros niños. Kamala aprendió a caminar erguida y a decir frases sencillas, pero cuando quería moverse a mayor velocidad, se ponía a gatas y olvidaba su posición erguida.

La primera vez que Kamala pudo mantenerse erguida, el 10 de junio de 1923.

En un principio las dos hermanas aullaban lánguidamente, y sus alaridos se repetían con intervalos regulares: cerca de las diez de la noche, a la una y a las tres de la madrugada.

A base de paciencia Singh logró que Kamala se habituara a dormir por las noches, comiera valiéndose de las manos y bebiera en un vaso.

Singh, Kamala y raquel en noviembre de 1926.

Antes de morir, Amala había estado haciendo un prometedor progreso en su lenguaje. Kamala sólo llegó a comprender alrededor de cincuenta palabras; nunca progresó tanto como los demás niños. A los quince años semejaba un niño de dos, y al momento de su muerte su nivel era el de un niño de cuatro años. Con todo, el vocabulario de Kamala era entrecortado. La palabra hindú para medicina es ashad pero Kamala pronunciaba solamente la mitad de la palabra, es decir “ad”. Asimismo, ella decía bha para bhat (arroz), bil para biral (gato) y tha para thala (plato).

Kamala jugando con un cachorro.

Singh estaba muy satisfecho de un incidente cuando le dieron algunas muñecas para jugar a Kamala y luego una caja para guardarlas. Kamala cerró las muñecas y les dijo “orgullosa” a los otros niños del orfanato: “Bak-poo-voo.” Singh interpretó esta elocución como “Baksa-pootool-vootara,” – o “Muñeca-dentro-de-caja”.

Sus últimas palabras a la esposa de Singh – posiblemente demasiado conmovedoras para ser verdad – fueron: “Mama, el pequeño duele”.

Kamala vivió hasta los diecisiete años. Finalmente, en 1929, contrajo la fiebre tifoidea y murió tras dos meses de enfermedad. Fue enterrada junto a Amala en el cementerio cristiano de St. John.

Kamala solía sentarse durante horas en una esquina de su cuarto.

La historia de Singh y sus dos niñas lobo fue conocida en los periódicos hasta 1926. El primer tratamiento científico del tema se hizo hasta 1941 con la publicación de los libros de Arnold Gesell (Wolf Child and Human Child), y Robert M. Zingg (Wolf-Children and Feral Man). El primero experto en el desarrollo infantil de la Universidad de Yale, y el segundo un antropólogo y profesor asociado en la Universidad de Denver. Ambos libros estaban basados en el diario del reverendo Singh.

Gesell creía que la cultura humana opera sobre la mente como “una matriz que moldea a gran escala, un aparato de condicionamiento gigantesco” sin el cuál seguiríamos estando al nivel de los animales.

Secuencia que muestra los experimentos de Singh para hacer que Kamala se mantuviera erguida. La comida era colocada en una parte alta que obligaba a la niña a pararse.

Pero las críticas no se hicieron esperar. En la crítica de los libros hecha en el Journal of Social Psychology se decía que las afirmaciones sobre las muchachas estaban basadas en el testimonio de un hombre y sugerían que el cuento de Singh era muy parecido a los cuentos populares comunes para ser tomado seriamente. Según el psicólogo Bruno Bettelheim, en un trabajo publicado en 1959 afirmaba que las “niñas-lobo” de Singh eran en realidad niñas autistas abandonadas por sus padres. Decía que para quienes previamente creen estar observando a niños criados por animales, cualquier conducta de tipo animal es tomada por una confirmación. El contragolpe fue tan fuerte que Gesell se distanció rápidamente de la discusión, moviéndose a la investigación en áreas menos polémicas, y Zingg perdió su puesto académico en Denver, terminando sus días como conductor de ferrocarriles y vendedor de carne.

No obstante la veracidad de este relato ha sido comprobada por numerosos investigadores. Aún el escéptico escritor Charles Maclean tuvo que conceder que “el relato del diario del reverendo Singh sobre lo que aconteció en la selva es cierto, aunque tal vez no toda la verdad”.

Un coronel del ejército inglés, William Henry Sleeman, escribió de seis o siete casos que él solo había oído hablar y que había sentido eran confiables. Si tales historias son verdaderas, la razón de su frecuencia debe estar en la naturaleza del lobo indio.

El lobo indio – color arena y menos temible que sus contraparte europea – vive en grupos pequeños donde solamente la hembra dominante cría. Mientras no producen sus propios lobeznos, las otras “hermanas” lobas ayudan en la cría y el cuidado de los jóvenes.

Solía rascar las puertas para que la dejaran entrar o salir.

También se sabe que los lobos toman a infantes humanos, ya sea después de robar en una aldea en la noche o bien de asir a un bebé dejado en un campo mientras su madre está en el trabajo. Cuando son perseguidos, los lobos dejan caer a menudo los bebés ilesos. Se supone que normalmente los lobos llevan a los niños a su guarida para comer. Pero quizás, por alguna razón, algunos de los infantes sobreviven. Como escribió Arnold Gesell, “calentada por la química de las hormonas maternales” las madres lobo pueden ser engañadas a tratar el desamparado, los infantes como sus propios lobeznos.

Los perros eran sus mejores amigos.

Las cuentas de Sleeman de tales niños lobo tienen cierta credibilidad por lo menos porque todos los niños que él describió se comportan de manera semejantemente. Al ser capturados, todos ellos corrían agachados en cuatro patas, rechazaban todo el alimento a excepción de la carne cruda en descomposición, no mostraban nada sino miedo a los seres humanos, y, por supuesto, ninguno podía hablar aunque podían oír y hacer gruñidos como lobos.

La mayor parte de las veces recibía la comida de manos de la señora Singh.

En 1937 la revista Illustrated Weekly of India publicó una serie de tres artículos (el 28 de noviembre y 5 y 12 dediciembre) en donde aparecen las fotografías de Kamala y Amala que han llegado hasta nuestros días.

Continuará…

Los niños salvajes (11)

SIGLO XX

De acuerdo con el investigador belga Bernard Heuvelmans, los relatos sobre niños criados por lobas son auténticos. Uno de tales relatos es el de un pastor italiano que descubrió a un niño que caminaba a “gatas”. Cuentan que el niño se hallaba jugando entre lobos. Al percibir la presencia del hombre, los animales huyeron pero el niño no fue tan rápido para escapar.

El pastor capturó al pequeño salvaje y lo llevó a Milán, donde lo internaron en el Instituto de Psiquiatría Infantil. Los doctores se mostraron muy interesados por el que habrían de llamar “niño-lobo”. Deseaban saber qué efectos podría haber sufrido su mente a causa de su estancia con esos animales. También les interesaba experimentar con su ritmo de aprendizaje. El niño, cuya edad aproximada se estimaba en unos cinco años, no podía pronunciar ni una palabra y rugía como una fiera. No se pudo acostumbrar a la comida y murió pronto, sin conseguir adaptarse a la vida entre los hombres.

De acuerdo con Vladimir Mezentsev, en un libro publicado en la antigua URSS en 1940, se dan a conocer catorce casos en los cuales los lobos intervinieron como “educadores” de niños.

“Quizá no sea muy difícil explicar este hecho”, dice Mezentsev. “Es que muchas de estas fieras inteligentes habitan cerca de los lugares de residencia humana. No es de extrañar, por ello, que un lobo tope con un niño dejado sin custodia en un bosque o campo. Al capturar a la presa, el lobo –al igual que algunos otros carnívoros- prefiere llevarla a un lugar seguro (en todo caso, el más seguro es su propia madriguera) donde se encuentra la loba y los lobatos. Y allí, el indefenso niño que está llorando, es capaz de despertar en la loba el instinto materno.

“Al principio la loba amamanta a sus criaturas exclusivamente con leche. Luego comienza a añadirles alimento en forma de carne medio digerida y eructada. Con esta comida también los niños pueden mantener su vida. Es cierto que inmediatamente surge una pregunta: los lobatos crecidos abandonan a sus padres al cumplir ocho o nueve meses, dado que a esa edad ya pueden mantenerse independientemente. ¿Y el niño? Todavía es completamente desvalido. Y sus “padres” adoptivos sintiendo instintivamente su incapacidad siguen alimentando a su desmañada criatura. Además, sucede una cosa todavía más simple: asimilando bien los primeros meses el grito de los cachorros hambrientos, el niño impulsa a sus “padres” a que le traigan comida”.

Una mujer de Sydney fue multada en noviembre de 1903 por dejar que su hija creciera entre los pollos. La niña no hacía otra cosa mas que imitar las aves en todo, incluso cacareaba en la noche.

Para Heuvelmans era indudable la existencia de los niños lobo, pero dudaba de la existencia de niños mono. En efecto, hay pocas historias de bebes criados por monas, como el imaginario Tarzan. Lo cierto es que la mayoría de los casos que han sido dados a la luz pública acerca de niños criados por monos ocurrieron después de la aparición de la tira cómica de Tarzan (1931).

Uno de los pocos casos anterior a Tarzan es el de Lucas, el niño babuino de África del Sur. La historia fue famosa a principios del siglo veinte.

De recién nacido una mona lo robó a su madre, una cafre, y lo crió entre los monos. En 1903 lo descubrieron unos soldados cerca de la ciudad de El Cabo, y Lucas, que fue adoptado por un granjero, acabó aprendiendo un poco de inglés para luego convertirse en criado.

De su infancia sólo conservó algunas costumbres simiescas: se rascaba, bamboleaba sin cesar su cabeza, y sus brazos eran demasiado largos en relación con su cuerpo. John P. Foley hizo la primera mención en una revista científica en 1940.

En julio de 1914 atraparon una niña salvaje de 14 años en la selva cerca de Naini Lal, Uttar Pradesh. La llamaron Goongi (“muda”), ella corría con gran agilidad utilizando las manos y los pies y estaba cubierta por todas partes con un pelo largo y grueso. Rechazaba los alimentos cocidos y la cama, durmiendo debajo de una paca de paja. El cazador Jim Corbett supuso que la habían criado los osos, señalando su habilidad para trepar, sus hábitos y dietas, y rasguños profundos en la parte superior de su cuerpo que podrían haber sido causados por los animales.

En 1916 un cazador inglés encontró un niño de unos seis años de edad viviendo con una hembra de tigre y sus crías en las colinas al norte de Kachari en la India. El niño fue robado a sus padres por una tigresa cerca de Assam en 1912. Se dijo que el padre del niño, trabajando en el campo, se alejó por varios minutos de su hijo de dos años que estaba durmiendo en la hierba. Al oírlo llorar se volvió y vio cómo el tigre, con el niño en la boca, desaparecía en la jungla. Había sido criado por la tigresa y cuatro años más tarde fue recuperado e identificado. Se le llamó “el niño tigre de Kachari”. La fierecilla fue encontrada en el cubil de los tigres con otros cachorros jóvenes. Mordía y arañaba al igual que sus “hermanastros”. Fue devuelto a su familia de granjeros campesinos. También en este caso, el retraso del niño era evidente. Se decía que aunque casi estaba ciego, podía identificar diversos individuos y objetos por su sentido del olfato extremadamente bien desarrollado. Sin embargo, E C Stuart Baker, que en ese tiempo tenía un puesto administrativo cerca de las colinas de Kachari, y por lo mismo estaba en una posición excelente para obtener un buen relato de los hechos, describe en el Journal of the Bombay Natural History Society, de julio de 1920, algo que parece no concordar con la ceguera del niño:

“En ese tiempo el niño corría a gatas casi tan rápidamente como podría correr un hombre adulto, mientras que era más listo y más rápido para esquivar, entrar o salir de los arbustos y otros obstáculos. Sus rodillas… tenían callosidades duras y sus dedos de los pies se mantenían verticales casi perpendicularmente a su empeine. Las palmas de sus manos y las yemas de los dedos del pie y los pulgares también estaban cubiertas con piel gruesa y muy resistente. Cuando se le atrapó, mordió y luchó con todos… y cualquier ave desgraciada de la aldea que llegara a su alcance era atrapada, descuartizada y comida con rapidez extraordinaria”.

Solamente al cabo de tres años el niño aprendió a comer de una vasija y comenzó a andar a pie.

Continuará…

Los niños salvajes (10)

SIGLO XIX

Continuando con el censo, en el siglo diecinueve Horn menciona, en 1831, a la “niña trucha” de Salzburgo. Ahí mismo, a mediados de 1830 se encontró un “niño puerco”.

En la India encontraron niños lobo entre 1841 y 1895, siete de los cuales fueron descritos por el general William Henry Sleeman, la némesis de los Thugs. El primero fue capturado en Hasunpur (cerca de Sultanpur en lo que ahora es Uttar Pradesh), y mostró la mayor parte de las características típicas del niño del lobo. Su alimento favorito era carne cruda, y no podía hablar. “Había muestras evidentes, en sus rodillas y codos, de que caminaba a gatas”, escribió Sleeman; “y cuando se le pedía correr a gatas, él lo hacía así, y era tan rápido que nadie podía alcanzarlo”.

Sleeman, después de Linneo, fue quien mencionó más casos de niños ferales en su obra de 1858. De los siete casos que investigó dos fueron encontrados en Sultanpur en 1843 y 1848, respectivamente; otro en Husanpur en 1843; otro en Chupra, 1849; otros dos en Lucknow y Bankipur y el último fue el niño encontrado por el capitán Egerton.

Barry Holstun Lopez en su libro Of Wolves and Men, describe una leyenda de finales del siglo diecinueve. Se suponía que una muchacha lobo vagaba en los bancos del Río del Diablo cerca de Del Río en lo que ahora es un yermo escasamente poblado al suroeste de Texas. La madre de la muchacha había muerto en el parto, y su padre, John Dent, murió en la tormenta mientras cabalgaba para pedir ayuda. “Nunca encontraron al niño, y la presunción era que los lobos que habitaban las cercanías de la cabaña aislada de los Dent se la habían comido”.

Lopez dijo que un muchacho que vivía en San Felipe Springs en 1845 reportó ver a varios lobos y “una criatura, con el pelo largo cubriendo su cara, que parecía una muchacha desnuda” que atacaba una manada de cabras. Otros hicieron informes similares el año siguiente. Los indios Apache dijeron varias veces haber encontrado las huellas de un niño entre las de lobos.

La cazería comenzó y al tercer día arrinconaron a la muchacha en una barranca. Junto a ella estaba un lobo al que se le disparó cuando atacó la partida. La muchacha fue atada y llevada al rancho más cercano, en donde fue desatada y cerrada en un cuarto. Esa tarde, una gran cantidad de lobos, atraídos al parecer por los aullidos, lastimeros e incesantes de la niña, vinieron alrededor del rancho. Los habitantes se aterraron, y en la confusión la muchacha se escapó.

Según Lopez, no vieron a la muchacha otra vez por siete años. En 1852, un equipo que examinaba y exploraba una ruta nueva a El Paso la vio en una barra de arena en Río Grande, lejos de su confluencia con el Río del Diablo. “Ella estaba con dos cachorros. Después de eso, nunca la vieron otra vez”.

Edward Burnett Tylor menciona, en 1863, a un “niño puerco” y un “niño lobo”, ambos encontrados en Overdyke, Holanda.

En 1867 unos cazadores encontraron un niño de unos 7 años viviendo con lobos en las junglas de Bulandshahr, India. Fue llevado al orfanato de Sékandra cerca de Agra y se le dio el nombre de Dina Sanichar. El muchacho se negaba a vestir ropas y afilaba sus dientes royendo huesos. Vivió durante 28 años en el orfanato, pero nunca aprendió a hablar. En 1895 murió de tuberculosis agravada por la práctica adquirida de fumar tabaco.

Vallentine Ball M. A. (1880) presenta cuatro casos. Del pueblo de Sékandra hay dos casos: el primero de 1872 es el de Dina Sanichar, un niño lobo de 7 años; el segundo es el de un niño de 10 años (1874). El niño de 6 años de Shajahampur (1875) y un segundo niño encontrado en Lucknow (1876) completan la cuarteta.

El niño lobo de Kronstadt fue estudiado por August Rauber en 1885. Tenía unos 23 años.

Sergei Mironovich Kirov, nacido el 27 de marzo de 1886, miembro del Soviet politburó y amigo del propio Stalin, afirmaba haber sido criado por una puerca. En realidad había quedado huérfano de padre y madre y fue su abuela quien se hizo cargo de él.

Capturaron a otro niño oveja cerca de Trikkala en Grecia en 1891. Él había estado viviendo con su familia lanuda por cuatro años.

La revista de la Sociedad Antropológica de Bombay menciona una niña de 8 años encontrada en 1892 en las cercanías de Jalpaiguri. Sir James Frazer menciona que la niña fue alimentada por una osa. Los Coolies de los plantíos de té la encontraron en un bosque en Jalpaiguri, sentada al lado de la guarida de un enorme oso. De unos dos o tres años, la niña se desplazaba a gatas y estaba un poco rasguñada, pero se le enseñó gradualmente a caminar y a vestir, aunque nunca aprendió a hablar.

“A veces gruñía como un oso y comía y bebía como oso; en fin, todos sus hábitos eran como los de un oso”.

En 1929 el mismo Frazer dio a conocer el caso de un niño, de 14 años, encontrado en Batzipur en 1893.

Un tercer niño salvaje de Sultanpur fue encontrado en 1895. Tenía 4 años y quedó a cargo de Ross. Supuestamente creció hasta hacerse policía.

Continuará…