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Los dinosaurios de Acámbaro (3)

INVESTIGACIONES MÁS RECIENTES

En 1989 viaje por primera vez a Acámbaro. Luego daría las indicaciones para que personal de las revistas DUDA. Lo increíble es la verdad, en 1992, y Contacto OVNI, en 1996, viajaran al lugar. En 1996 escribí el guión para el programa especial En busca de lo desconocido, dirigido por Juan Chía. Viajamos a Acámbaro y logramos que las autoridades nos permitieran grabar algunas piezas. Este programa fue vendido a diversas televisoras en todo el mundo.

Entre los compradores estuvo la compañía japonesa, Nissi, quien enviaría un equipo de producción para realizar un programa en Acámbaro. El programa intitulado “Vieron dinosaurios nuestros antepasados” fue emitido el 2 de febrero de 1997. En muchas escenas el conductor muestra representaciones de dinosaurios de un libro y las empata con una figura similar. Así muestra un Sauraloplus osborni o un Amargasaurus cazaai, pero en ningún lugar de su enciclopedia pudo encontrar al monstruo de dos cuernos, parecido al demonio, o a los dinosaurios que sólo tienen dos patas, o a Dino, la mascota de los Picapiedra, y muchas otras figuras que son parte de la colección.

Otro programa, más centrado, sin dejar de pertenecer a la corriente creacionista, fue el producido por la NBC. En febrero 1996 se emitió el programa The Mysterious Origins of Man (MOM), conducido por Charlton Heston. El productor Bill Cote, creador de ese especial para la NBC, decidió hacer un nuevo documental Jurassic Art, utilizando la información comprada a TV Azteca sobre las figuras de Acámbaro, y anexando el tema de las piedras de Ica. En 1997 la B. C. Video distribuyó este nuevo especial.

John Tierney, quien aseguraba haber colaborado con Hapgood, fue contratado por los productores de B. C. Video para que los guiara al lugar de donde se extrajeron las figuras. Escarbaron seis hoyos en el lado Oeste de El Toro. Cada perforación era de aproximadamente un metro cuadrado, y sólo una se hizo de dos metros cuadrados. Tierney, luego que no encontraron nada, dijo que estaban en el área equivocada.

Jurassic Art presentaba a Neil Steede, Presidente de la Early Sites Research Society West and Mexican Epigraphic Society, informando que la colección es un fraude de reciente manufactura. Dijo que las piezas no estaban tan erosionadas. Eran muy suaves por lo que no deberían tener más de 20 años.

En 1990 había hecho una investigación. Steede seleccionó un sitio de excavación y encontró muestras de alfarería Chupícuaro, pero ninguna figurita tipo Julsrud. Luego, según Patton, Steede solicitó algunas figuritas de la colección Julsrud (una figura humana y una de dinosaurio) y las envió a datar por medio de carbono catorce. La primera dio una fecha de 4,000 (antes del presente), esto es, de 2,000 a. C.; la segunda, según Patton, daba una fecha de 1,500 (antes del presente), es decir, 500 d. C. (y no 500 a. C., como escribió Patton, que ya sabemos, no sabe sumar). Según este autor, Steede ocultó estos datos, debido a que su sueldo lo pagaba el gobierno mexicano (¿?). No sé si esto es cierto porque las piezas eran guardadas celosamente en el DIF[1] de Acámbaro (posteriormente se trasladaron a la alcaldía), y a nosotros no nos dejaron siquiera tocarlas.

En 1998 la Early Sites Research Society, una organización que se dedica a buscar sitios como la Atlántida, realizó un viaje a Acámbaro con la intención de escarbar y sacar nuevas figuras de dinosaurios. En su boletín del verano de aquel año escriben:

“Lo que encontramos en nuestro pozo de control fue cerámica del tipo Julsrud, esto es, tenía la misma textura y coloración. Esto implica que proviene del mismo depósito. No implica que fuese hecha al mismo tiempo. Todo lo que podemos llamar “Cerámica tipo Julsrud” no es como las figuras de Julsrud en la forma o en el estilo, sólo en el tipo de arcilla utilizada. En efecto, análisis posteriores han demostrado que la cerámica de Julsrud y la de Chispiquaro (sic) provienen del mismo tipo de arcilla[2].

“Nuestro pozo de control no proporcionó figuras del tipo Julsrud. En un punto de la excavación encontramos una figura, una cara de perro. Nos alegramos por el descubrimiento y dijimos “parece una figura del tipo Julsrud”, pero sólo estábamos bromeando; era una figura tipo perro de la cultura Chispicuaro (sic).

“Fuimos a la casa en donde Hapgood había excavado hacía cuarenta años. El área completa estaba cubierta de casas. Ninguna de ellas tenía jardín, y las casas estaban pavimentadas”.

En 1999 los doctores[3] Dennis Swift y Don R. Patton viajaron a Acámbaro. Las figuras aún continuaban almacenadas y ellos tuvieron que hacer los mismos trámites que nosotros, y solicitar las audiencias correspondientes para que les permitieran ver la colección.

“El almacén fue abierto de forma un tanto ceremonial por el Alcalde; algunos rayos de luz se filtraban a través de las sombras, mientras nosotros entrábamos al cuarto polvoso con cajas apiladas hasta el techo llenas de artefactos estibados con papel periódico dentro de cajas de cartón[4].

“Al lado de la alcaldía, en el cuarto de recepción, se colocaron algunas de las piezas para que nosotros las observáramos. Dos policías mexicanos montaban guardia con rifles AK.47 y pistolas[5]. Los empleados iban y venían con cajas, el Dr. Swift desembalaba las figuras, mientras el Dr. Patton las fotografiaba.

“En un periodo de 6 horas, se desempacaron y fotografiaron más de 800 figuras de cerámica. Catorce cajas habían sido abiertas… De entre las piezas había 75 dinosaurios trabajados de forma exquisita.

“Llegó el momento en que retuvimos la respiración, al desenvolver una representación virtualmente perfecta de un iguanodonte. Éste fue uno de los primeros esqueletos de dinosaurio descubiertos. En el siglo XIX se hicieron representaciones más bien cómicas de este animal. Al iniciar el siglo XX aún no se tenía una buena representación. La figura representa la forma en que actualmente lo conocemos. Ningún falsificador pudo haber hecho este modelo en los cuarenta”.

Todo ese interés, por propios y extraños, logró que parte del sueño del doctor Pompa se hiciera realidad, la creación de un “Museo del Fraude Arqueológico”[6]. Actualmente la colección Julsrud se exhibe en un local especial, El Museo Julsrud, abierto a todo el público.

LA CULTURA CHUPÍCUARO

Para entender mejor el fraude de las figuritas de Acámbaro es necesario comprender el contexto en el que se dieron. Nos tenemos que remitir a las culturas que poblaron la región y estudiar su historia, costumbres y artesanías.

En el sureste del Estado mexicano de Guanajuato, se encuentra el municipio de Acámbaro. Los primeros pobladores fueron indios Chichimecas semisalvajes, a los que los arqueólogos atribuyen una antigüedad “anterior a 1200 a. C.”. Sus predecesores constituyeron una de las culturas mesoamericanas más antiguas, la Chupícuaro, que evolucionó hacia la Teotihuacana hacia el 200 d.C. y hacia la Tolteca para terminar en la Purépecha o tarasca hasta la época de la colonización colombina.

Chupícuaro, vocablo de gran resonancia, significa en lengua purépecha “Lugar de Cielo Azul”. De Chupicua, Azul y ro: lugar.

La Cultura Chupícuaro, también conocida como Cultura del barro, es una de las culturas madres de Mesoamérica. Tuvo su lugar de asentamiento en los alrededores de lo que hoy es Acámbaro. Los principales asentamientos actualmente se encuentran cubiertos por el agua de la Presa Solís. Se desarrolló en el Preclásico Superior o formativo. Su época de esplendor abarcó del 800 a.C. al 200 d.C.

Las culturas prehispánicas de la región

Cultura

Periodo

Años

ChupícuaroLos Morales

Teotihuacan

Tolteca

Tarasca

Preclásico Superior

Preclásico Superior

Horizonte Clásico

Posclásico Temprano

Posclásico Tardío

800 a. C. al 200 a. C.

400 a. C. al 250 d. C.

200 d. C. al 900 d. C.

900 d. C. al 1200 d. C.

1200 d. C. al 1525 d. C.

Los habitantes de aquel sitio con cielo azul, entre los ríos Lerma y Tigre (el actual Coroneo), se caracterizaron por su vasta producción de cerámica. Eran agricultores con un desarrollado sentido artístico. Vivían en jacales construidos de adobe (ladrillos de lodo), techos de paja, con terrazas y drenaje. La zona estaba rodeada de sabinos y sauces.

Era un pueblo culto y pacífico, que también tenía actividades de caza y pesca. No hay indicios de guerras en gran escala. Las armas, lanzas y atlatl[7], estaban diseñadas más para la caza que para la guerra. Los cuchillos y puntas de proyectil eran de obsidiana, pero había punzones y dardos de hueso. Hay pocas evidencias de hachas. Del lago obtenían, además de los peces, patos, tortugas, ranas, acamayas, acociles y ajolotes. También recolectaban espirulina, un alga muy nutritiva. En el bosque cazaban venados, jabalís, tlacuaches, tuzas y tejones. De los vegetales hacían buen uso de las tunas, los nopales, el maguey y diversos tubérculos.

Utilizaban la arcilla, la piedra, los huesos de animales y las conchas. Actualmente se pueden localizar vestigios de esta época en los cerros que circundan la ciudad, en donde es muy común encontrar fragmentos de figurillas, tepalcates e infinidad de pequeños objetos que hacen evidente la vastedad que tuvo esta cultura.

Desarrollaron el arte de la música. De arcilla, construían sus instrumentos musicales: flautas, ocarinas, silbatos y sonajas. No ha llegado esa música hasta nuestros días, pero debió utilizarse en sus ceremonias y ritos religiosos.

Rendían culto a la vida, la fertilidad, la maternidad y la muerte. Sus muertos frecuentemente eran enterrados con un perro para que los cuidara y guiara en el otro mundo. En casos especiales rociaban el cadáver con tinta ocre o roja, el color de la muerte entre los pueblos prehispánicos.

Conocieron el fuego e hicieron uso de él: los hornos en donde cocían su cerámica. Las mujeres modelaban en barro las ollas, cántaros, platos, jarros, cazuelas, cucharas y estatuillas. Fabricaban metates, o piedras de moler; canastas, lazos, redes y otros utensilios de material perecedero.

Hombres talentosos, de manos prodigiosas, desarrollaron una cerámica policroma de gran belleza. Abundan las vasijas de hermosos dibujos con motivos geométricos multicolores (rojo, crema y negro, principalmente). El acabado es brillante, fino y pulido. Otros recipientes muestran caras de personajes importantes, animales y vegetales. Las hay, también, de color negro, de una notable belleza estética. Las formas incluyen escudillas con pie cónico, cuencos y botellas con asa-estribo, un rasgo que ha servido para que algunos estudiosos especulen con conexiones con los Andes, ya que este tipo de asa es común en el norte del Perú. Figurillas humanas multicolores repiten los diseños de las vasijas, presentando rasgos faciales apenas insinuados por el modelado.

En su alfarería se muestra sus costumbres y vestiduras. Los chupicuaros se pintaban el cuerpo y la cara, usaban bragueros, collares, orejeras, narigueras, ajaorcas, brazaletes y aretes. Los hombres portaban una cinta sobre la cabeza y las mujeres recurrían a los turbantes o tocados sobre la cabeza. Se peinaban de raya en medio con fleco sobre la frente. Sus adornos eran de concha y hueso y construían espejos de hematita. Mientras que algunos probablemente usaron sandalias, hechas con fibras del maguey, otros andaban descalzos.

Hay cientos de miles de figurillas de barro que representan mujeres desnudas de cara sonriente, senos pequeños y amplias caderas. Se les puede encontrar en casi toda la República Mexicana. Son símbolos de fertilidad que enterraban para que el campo rindiera más. Personificaban al maíz. No representaban a diosa alguna pues no hay dos iguales, pero sí estaban relacionadas con el culto a los muertos, pues muchas de ellas se encuentran en los entierros. Las figurillas femeninas más célebres son las de “ojos diagonales”, sin pintura y finamente decoradas con aplicaciones de arcilla al pastillaje, es decir, a base de una aplicación extra de barro cuando ya la cara ha sido terminada.

Se relacionaron con otros pueblos de Mesoamérica. Hacia el Norte llegaron a Colima, Nayarit y el Sur del actual Estados Unidos. Hacia el Sur, con los pueblos del altiplano, siguiendo el curso del río Lerma, llegaron a Zacatenco y hasta Tlaxcala.

Aunque se sabía de su existencia, no fue sino hasta 1926 que se comenzó a investigar esta civilización. En ese entonces la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) inició los estudios de la cuenca del Lerma-Chapala-Santiago y descubrió 400 entierros de la cultura Chupícuaro. Cuando se iniciaron los trabajos de la Presa Solís, entre 1939 y 1949, los arqueólogos como Daniel F. Rubín de la Borbolla y Román Piña Chan hicieron los mejores descubrimientos. El primero organizó sus excavaciones en mayo de 1945, acompañado de Antonio Arriaga, Elma Estrada Balmori, Muriel Parter y Jorge Obregón. Excavan en la plaza de Chupícuaro y en diversos terrenos cercanos al pueblo. Los resultados se publican ese mismo año en la Revista Mexicana de Estudios Antropológicos. Los estudios realizados concluyeron que la cerámica de Chupícuaro se desarrolló con una personalidad propia; que es una de las cerámicas más finas y elegantes del antiguo México; que está asociada a la cerámica “arcaica” del Valle de México; pero que no es la misma que la tarasca. Algunos supusieron inicialmente que se trataba de objetos de los tarascos, pero pronto se llegaría a la conclusión de que se trataba de otra cultura.

Dada la importancia de la zona, Rubín solicita el apoyo de la CNI para hacer una investigación en toda la región. A esta búsqueda se une Piña Chan en 1947. En esta temporada excavan al sur de la Iglesia y en los terrenos conocidos como La Joyita y El Rayo. Las piezas encontradas fueron donadas a la Universidad de Guanajuato.

La presa cubrió un área de 7,722 hectáreas, dentro de la cual se encontraban los poblados de Agua Blanca, Buenavista, Chupícuaro, El Aguaje, El Tejocote, El Tornero, La Encarnación, La Estanzuela, La Mora, Munguia, Paso de Ovejas, Puriancícuaro, Puruaguita, San José de Porto, San Miguel (zona de las ladrilleras), San Vicente y Santa Inés. Es la presa de mayor capacidad (1,250,000 metros cúbicos) en el Estado de Guanajuato.

En 1949, los residentes del Viejo Chupícuaro se tuvieron que trasladar unos 3 kilómetros hacia la Loma de Paredones, en las inmediaciones de Acámbaro, actual ubicación del Nuevo Chupícuaro. Uno de los viejos residentes del pueblo recuerda así esta parte de su historia:

“El 20 de mayo el agua de la presa empezó a inundar el pueblo… nos trajeron a un páramo pelado donde sólo había un mezquite; según la casa que teníamos, nos asignaron una, eran de varios tipos, pero a fin de cuenta todas iguales, siempre nos perdíamos y teníamos que andar preguntando en qué casa vivíamos. Eran frías y ni siquiera había leña. En la calle nos preguntábamos unos a otros quien tenía algo que comer, se habían perdido las cosechas, las yerbas y los frutales, las gallinas que trajimos se las llevaban los coyotes; había tantos, que en las noches nos daba miedo salir. Fueron tiempos muy duros”.

En la época de sequía (abril a junio) se puede ver el Viejo Chupícuaro e incluso, algunos objetos de uso común en los inicios del siglo XX, y otros de épocas prehispánicas, han salido a flote.

Continuará…

Fotografías de Patton en las que se observan eso curiosos dinosaurios baldados: dinosaurios de dos patas.

Estas escenas zoofílicas deberían ser motivo de excomunión para Patton y Swift ¡Cómo se atreven a mostrar estas figuras! Harían más dinero en el mercado pornográfico y no en una sociedad bíblica. (Fotografías de Patton).

Dos obras de reciente aparición en el mercado, el libro de Hapgood (reeditado en Estados Unidos y en Polonia), y el libro del nuevo astroarqueólogo suizo, Luc Bürgin. Hay también videos.

Fachada y diversas vistas del Museo de los Dinosaurios de Acámbaro.

Inauguración del museo.

Figuras antropomorfas de barro pintado, de la cultura Chupícuaro. Muchas piezas de la colección Julsrud son originales de esta cultura. En otras se puede ver su influencia. Por ejemplo el pastillaje de los ojos. (INAH).

Cuenco perteneciente a la Cultura Chupícuaro. (INAH).

Cuenco arriñonado de barro rojizo, con terminados geométricos en tono blanco. (Cultura Chupícuaro). (INAH).

Foto INAH.

Museo Louvre.


[1] Desarrollo Integral para la Familia, una dependencia gubernamental.[2] Seguramente lo que encontraron fueron fragmentos o piezas de alfarería de la cultura Chupícuaro. En ningún momento hablan de figuras de dinosaurio.

[3] Quería hacer un chiste acerca de su doctorado, pero sólo señalo que el título no les ha ayudado mucho en sus matemáticas.

[4] Ver la descripción que doy de nuestra visita en el artículo publicado en la PUS y en La Nave de los Locos. Prácticamente es la misma.

[5] Con nosotros sólo estuvo un policía. Lo del AK-47 suena bien para una novela de acción.

[6] “Porque es una colección fantástica, hecha por hombres con demasiada imaginación”, según sus propias palabras.

7] Un lanza dardos fabricado con un palo largo y ahuecado en el que se alojaba un dardo con punta de obsidiana, que remata en un tarugo contra el cual se apoya el proyectil para impulsarlo con mayor fuerza que si se lanzara a brazo limpio.

Los dinosaurios de Acámbaro (2)

LAS INVESTIGACIONES NO OFICIALES

La fama de los dinosaurios de Acámbaro llegaría a oídos de otro investigador de lo insólito, Charles H. Hapgood, profesor de Historia y Antropología del Keene State Collage de la University of New Hampshire, que luego adquiriría cierta notoriedad por su estudio de los mapas de Piri Reis[1] y otros temas paranormales[2].

En 1955 pasó algunos días en Acámbaro y condujo una investigación de la colección. Los escritores Patton, Swift y Childress mencionan estas investigaciones cometiendo varios errores. En primer lugar dicen que en 1955 Hapgood estuvo acompañado por Earle Stanley Gardner, el famoso escritor de la novela y luego serie de televisión Perry Mason[3]. Pero Gardner lo acompañó hasta su segunda expedición, de 1968[4].

Según Hapgood, excavó varios sitios en tierras vírgenes y encontró muchas piezas de figuras de cerámica del tipo Julsrud.

Le dijeron que en la hacienda del coronel Muzquiz se habían encontrado piezas de cerámica de la cultura tarasca y un gran cráneo, posiblemente de mamut, sobre una gran piedra plana. Hapgood volvió a escarbar en el lugar, intentando localizar la piedra, pero no lo consiguió. En su lugar halló una escalera que se hundía en el suelo y que estaba tan obstruida por restos volcánicos que sus medios no le permitieron liberarla.

Alguien le dijo que un tal Ferro vendía figuras de barro del tipo Julsrud en San Miguel Allende. Las piezas habían sido recuperadas en las cercanías de las pirámides de San Miguel[5]. Hapgood dice que Ferro recuperó unas cinco mil figuritas.

En 1968 Charles Hapgood regresó a Acámbaro acompañado de Earle Stanley Gardner, criminólogo[6], abogado y antiguo procurador distrital de la ciudad de Los Angeles, California.

Como existía la sospecha que era el mismo Waldemar Julsrud el creador intelectual de las figurillas, Gardner y Hapgood diseñaron un experimento tratando de refutar esta hipótesis. Decidieron excavar en el piso de la estación de policía, un local construido en 1930.

Encontraron 43 figuras, dice Swift, que incluían dinosaurios. Pero también dice que:

“Ya que esta casa fue construida 25 años antes de que Julsrud llegara a México, esto lo exoneraba y eliminaba la teoría del fraude y negaba los reportes de DiPeso y Noguera en todos sus puntos importantes”.

Y a su vez Patton remacha con:

“Excavaron en el suelo de la estación de policía, construida 25 años antes de que Julsrud emigrara de Alemania”.

Si la casa fue construida en 1930, 25 años antes de que Julsrud llegara a México (Swift) o saliera de Alemania (Patton), entonces Julsrud llegó a México o salió de Alemania en 1955: 10 años después de haber hecho su descubrimiento. Es decir, o bien Julsrud había hecho un descubrimiento más importante que el de las figurillas (el viaje en el tiempo, lo que explicaría, incluso, la convivencia entre dinosaurios y humanos) o Patton y Swift (al igual que Childress) no saben sumar. La navaja de Ocam nos dice que lo más probable es lo segundo.

Además, estos mismos autores nos informan que Waldemar descubrió la cultura Chupícuaro en 1923, es decir, 22 años antes de descubrir las figuras de dinosaurios; 32 años antes de llegar a México; 42 años después de salir de Alemania; 52 años después de descubrir la máquina del tiempo; 62 años después de haber muerto; 72 años, o los que quieran, antes de que Swift, Childress y Patton aprendieran a sumar.

Aceptamos que estos son errores de los escritores citados, pero no de Hapgood. Aceptamos que esos errores no invalidan los siguientes argumentos del historiador de New Hampshire, pero hay algo que nos hace dudar de ellos. Según Andrija Puharich, el famoso parapsicólogo que apoyaba a Uri Geller, Charles Laughead (Charles Hapgood), le dijo que mantenía una comunicación telepática con seres del espacio:

“En una de estas sesiones, nuestra atención se concentró en la historia de la llegada a la Tierra de hombres procedentes del espacio exterior en tiempos muy remotos. Su aterrizaje tuvo lugar en una pequeña isla próxima a la de Pascua, llamada Mangareva. Nos dijeron después que las figurillas de barro de Acámbaro, México, iban a corroborar ciertas claves de la historia de estos primitivos viajeros espaciales. Nos indicaron que buscásemos una localidad para seguir estudiando e investigando en México y, como era natural, venimos en nuestro viaje de exploración a visitar la “biblioteca” de figurillas de Acámbaro”.

Gardner escribió en su libro Host with the big hat, que:

“… es absoluta y positivamente fuera de toda duda pensar que los artefactos que vimos hubiesen sido plantados”[7].

RESULTADOS DE LA DATACIÓN

Se hicieron tres pruebas de carbono catorce en las muestras, de las 43 figurillas, que Hapgood encontró en el subsuelo de la estación de policía. La empresa encargada de los análisis fue Laboratory of Isotopes Incorporated, de Westwood, New Jersey. Gardner corrió con los gastos.

El método del carbono catorce recién se estaba desarrollando. Los resultados fueron los siguientes[8]:

Muestra

Resultado

1

(I – 3842) 3590 +/- 100 (1640 a. C.)

2

(I – 4015) 6480 +/- 170 (4530 a. C.)

3

(I – 4031) 3060 +/- 120 (1110 a. C.)

Cuatro años después se hicieron 18 pruebas de termoluminiscencia en la University of Pennsylvania. Esta vez el que financió las pruebas fue Arthur M. Young, inventor del helicóptero Bell. Young envió dos de estas figuras al doctor Froelich Rainey, director del Pennsylvania Museum for Thermoluminescent Dating. Young le preguntó sobre la exactitud del método y Rainey le contestó:

“… Hoy después de haber tenido años de experimentación tanto aquí como en el laboratorio de Oxford, no tenemos duda sobre la fiabilidad del método termoluminiscente. Podemos tener errores por arriba del 5-10% en la datación absoluta, pero no nos preocupamos de los errores inesperados que puedan poner todo el sistema en duda. También debo apuntar, que estamos preocupados por la extraordinaria antigüedad de estas figuras, que Mark Han, de nuestro laboratorio hizo 18 corridas con cada una de las cuatro muestras. Es decir, existe una gran cantidad de investigación en estas piezas particulares”.

El resultado obtenido era de 2,500 años a. C. Pero para las figuras de dinosaurios se encontraron fechas de 30 a 100 años de antigüedad. Los creacionistas dicen que en los laboratorios Masca (Pennsylvania) hicieron trampa, pero la trampa la habían hecho ellos al enviar muestras de cerámica Chupícuaro. Nada mejor se podía esperar de quien producía experimentos tan sofisticados como los que menciona Hapgood en su manuscrito Reports from Acambaro:

“Los investigadores patrocinados por la Arthur M. Young’s Foundation, seleccionaron figuritas con los ojos más diabólicos y las colocaron en cajas con ratones. La cola de los ratones se volvió negra y luego cayó. Los ratones murieron al poco tiempo, después de sólo una noche de exposición”.

Y siguieron haciendo trampa. John Tierney, quien durante décadas ha dado conferencias sobre las figuras de Acámbaro, y colaboró con Hapgood, y el finado William N. Russell, envió otros dos fragmentos de cerámica al doctor Victor J. Bortolet, Director de Investigaciones del Daybreak Nucleari Archaeometrics Laboratory Services, para su datado. El doctor Bortolet determinó un límite superior de 2000 años de antigüedad.

Tierney entregó otras muestras a la Ohio State University. Ahí, fueron analizadas por el doctor J. O. Everhart, Director del Departamento de Ingeniería Cerámica, el doctor Earle R Caley, el químico arqueólogo más respetado del mundo, y el doctor Ernest G. Ehlers, mineralogista del departamento de geología de la universidad.

Según Tierney los resultados indicaban que las figurillas no eran un fraude, pero hasta el momento no han emitido un juicio ni reporte alguno, por lo que queda en entredicho la afirmación de Tierney. Este personaje acusó a la Smithsonian Institution y a otras autoridades arqueológicas de conducir una campaña de desinformación contra este descubrimiento. El Smithsoniano había declarado que la colección era un elaborado fraude. Según Tierney, los documentos sobre Acámbaro que se guardaban en esa institución han desaparecido, y ni utilizando el Freedom of Information Act, Tierney ha podido recuperarlos[9].

Tengo la sospecha que en todas estas pruebas de datación efectuadas por estos investigadores de lo insólito, se enviaron fragmentos de la cultura Chupícuaro y por eso los datos caen alrededor del año cero. La datación de la cerámica con carbono catorce no muestra la fecha de fabricación de los objetos. Hapgood no indica cuales fueron las muestras que envió para ser fechadas (¿pertenecían a la cultura Chupícuaro?, ¿eran figuras de dinosaurios?). En ese entonces la técnica aún estaba en desarrollo y se necesitaban varios gramos de una sustancia orgánica (no de una pieza de arcilla), para ser datados. Yo supondría que Hapgood envió fragmentos de huesos que seguramente nada tenían que ver con las figuras de dinosaurios.

Además, entre los creacionistas se toma en consideración las fechas de 1640 a. C. y 1110 a. C., pero pasan de largo de la más antigua 4530 a. C. ¿será porque el mundo se creo en el 4400 a. C., según los creacionistas?

PRUEBAS A FAVOR DE LAS FIGURILLAS

Además de los datos del carbono catorce y la termoluminiscencia, que en lugar de apoyar refutan la antigüedad de las figurillas de Acámbaro, sus proponentes aportan las siguientes pruebas.

1. Presencia de pátina y suciedad debida al tiempo.

Según Patton y Swift, “existen muchos testigos que vieron a Julsrud desenterrar las piezas de cerámica y confirman que los artefactos tenían pátina y suciedad”.

“En el proceso de manipulación de estas piezas, los autores han observado piezas que aún contienen suciedad dentro de los orificios e incluso algo de pátina sobre su superficie”.

Se dice que Hapgood asistió al descubrimiento de varias de estas figuras en condiciones tales que resultaba imposible haberlas enterrado hace 25 años, por lo menos. Una de las principales críticas de DiPeso era que en las figurillas no se observaba evidencia de haber estado enterrada o la pátina de la antigüedad. En realidad las figuras sólo tenían el matiz grisáceo proporcionado por el humo de cocción en un horno a menos de 500ºC. Ivan T Sanderson, el ufólogo y criptozoólogo, certificó la existencia de incrustaciones de tierra y arena y lo que parecían marcas de raíces. El mismo Sanderson dijo estar maravillado de la presencia de un Braquiosaurio, casi totalmente desconocido para el público por aquellos años.

“Esta figura es una cerámica negro pulido muy delicada. Es de aproximadamente unos 30 centímetros de alto. El asunto es que se trata de una representación perfecta de un braquiosaurio, conocido sólo en el Este de África y Norte América. Se han escrito sólo algunas líneas sobre el esqueleto en la literatura, pero sólo he visto una reconstrucción. Es exactamente como ésta”.

2. Imposibilidad de que un artesano pudiera fabricar las piezas

Justo esa variedad y belleza es lo que aducen como prueba que ningún campesino podría ser capaz de fabricarla con tal destreza y finura artística. Sólo una persona de gran cultura paleontológica, dicen, pudo conocer estas raras formas de vida. Tinajero cursó hasta el cuarto grado escolar y difícilmente podía leer o escribir (pero sí sabía sumar perfectamente, lo que no hacen sus críticos). No obstante, parece que hubo un grupo de artesanos, Tinajero entre ellos, que hacía estas figuras.

3. Necesidad de un horno

Para fabricar las figurillas de cerámica es necesario un horno abierto trabajando por largos periodos, incluso sin apagarse por días. Se dice que Odilón no tenía horno. Se afirma que nadie vio humo de las características intrínsecas a un horno abierto. No obstante se sabe que Tinajero y sus hijos restauraban las piezas que se habían fracturado. Otros artesanos, que vivían cerca de la Presa Solís, a unos 30 minutos de Acámbaro, fabricaban piezas al estilo Julsrud.

El profesor de secundaria Ramón Rivera afirma haber hecho una serie de entrevistas preguntando a los lugareños si sabían de la existencia de tales hornos, o de alguien que hubiera fabricado las figuritas de cerámica. Según sus resultados eso es imposible actualmente. La zona de Acámbaro era conocida por su alfarería policroma, perteneciente a la cultura Chupícuaro. Estos antiguos habitantes de la región poseían hornos. Actualmente el famoso pan de Acámbaro se fabrica en los antiguos hornos que los escritores de lo insólito fueron incapaces de ver.

4. Falta de combustibles

Acámbaro es actualmente un área seca y árida relativamente escasa de árboles. Para hacer las figuritas se debieron necesitar toneladas y toneladas de madera. Pero eso no era así a principios del siglo XX. Es más, toda la zona que rodea Acámbaro está llena de bosques frondosos.

5. Personas ajenas a Julsrud han desenterrado figuras del mismo tipo

Una de las principales críticas era que sólo Julsrud o sus allegados habían desenterrado figuritas de dinosaurios. Patton y Swift mencionan otros testigos.

Entre los testigos relacionados con Julsrud se encuentran su hijo, Carlos Julsrud (finado) y su nieto, Carlos Julsrud II (actualmente vive en León, Guanajuato), quienes afirmaron en su momento haber desenterrado figuras en compañía de su antecesor. Está también el contador Porfirio Martínez Espinosa, quien dijo que en su juventud desenterró figuritas al lado de Waldemar. Se menciona a don Carlos Perea, antiguo director del Museo de Arqueología de Acámbaro, de quien ya hemos hablado. Y finalmente, al médico Juan Antonio Villa Herrerón.

Martínez Espinosa llevó a Patton y Swift a El Chivo y les mostró el lugar en donde, años atrás, desenterró cientos de figuritas.

Herrerón dijo haber acompañado en dos ocasiones a Waldemar. Fueron al cerro El Chivo, cerca del lago, y en un terreno cubierto de hierbas y cactos, desenterraron cientos de piezas de alfarería, incluyendo algunos dinosaurios. Llenaron dos bolsas y cargaron el burro para regresar. Según él, el sitio en donde excavaron no estaba suelto. Esto ocurrió en la semana santa de 1951. Al regresar a la casa él y Waldemar se dedicaron a limpiar las figuritas.

Herrerón les dijo a los investigadores que a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, en México nadie conocía de dinosaurios. No existía información al respecto ni en revistas, diarios o películas. Lo que es cierto. También les dijo que el único esqueleto conocido era el de un brontosauro que se encontraba en la estación ferroviaria de Chupa (¿?), en la ciudad de México. También habló de que entre los dinosaurios de Julsrud se encontraban varios que tenían “espinas por toda la espalda”. Ésta era una prueba irrefutable para Swift y Patton porque no fue sino hasta 1922 que Stephen Czerkas dio a conocer esta particularidad en la anatomía de ciertos dinosaurios: las espinas dérmicas.

Fuera de estos personajes relacionados con Julsrud, Patton y Swift encontraron al mayor Altamirano, quien fuera el Jefe de la Policía de Acámbaro cuando Hapgood y Gardner excavaron en su estación en 1968. Según Altamirano ningún artesano local fabricaba las figuritas.

Otro policía, Ernesto Navarrete Marines, quien en los ochenta fue comandante de la Policía Federal del Municipio de Celaya, y que había sido entrenado en Scotland Yard, informó que en 1987 supo que un grupo de sospechosos estaban excavando en el cerro El Chivo, y que los objetos prehistóricos que encontraban eran llevados a Laredo, Texas, para canjearlos por armas en el mercado negro. Navarrete logró capturar a Jaime Aguirre y Raúl Hernández con más de 3,300 figuritas, entre las que pudo observar 9 de dinosaurios.

Ambos delitos, tráfico de armas y de piezas arqueológicas, son delitos federales. Se supone que Aguirre y Hernández fueron juzgados, declarados culpables y actualmente purgan una condena en la “prisión federal de la Ciudad de México” (sic). Las piezas de cerámica fueron entregadas al doctor Luis Mota Maciel quien era el Alcalde de Acámbaro[10]. Según Patton, si las piezas hubiesen sido falsas, los contrabandistas no hubiesen tenido que purgar esa condena.

Esta historia continuará…

Charles Hapgood en una de sus visitas a Acámbaro. (Mystery in Acambaro).

El mayor Altamirano, Jefe de la Policía de Acámbaro y dos de sus subalternos en una fotografía de la época de las excavaciones de Hapgood. (Municipio de Acámbaro)

Croquis del libro de Hapgood que muestra un corte de la estación de policía en donde se encontraron 43 piezas. (Mystery in Acambaro).

Carlos Julsrud le explicó a Gardner que él mismo acompañó en diversas ocasiones a su padre para desenterrar la cerámica. (Mystery in Acambaro).

Stanley Gardner, Hapgood y Carlos Julsrud (hijo de Waldemar) durante la segunda visita de Hapgood. (Mystery in Acambaro).

El famoso Earle Stanley Gardner, creador de Perry Mason.

Portada del libro de Stanley Gardner.

Perry Mason.

Info Journal.

Representación del Equus conversidans owen, un caballo del tamaño de un perro. (Scientific American)

Escenas de la construcción de la Presa Solís. Miles de toneladas de tierra fueron removidas. No se encontró una sola figura tipo Julsrud. (Municipio de Acámbaro).

Durante la construcción de la Presa Solís se encontraron diversos fragmentos de cerámica de la cultura Chupícuaro. (INAH).

Arthur M. Young (Arthur M. Young’s Foundation).

David Childress Hatcher, un ufólogo, criptozoólogo, astroarqueólogo, parapsicólogo, forteano… que prologó la nueva edición del libro de Hapgood, y que sostiene que los dinosaurios de Acámbaro son auténticos. (World Explorer Magazine).

La colección muestra dinosaurios, pero estos sólo representan un 6% o 7% del total de figuras. Otros motivos son figuras de supuesto arte egipcio, africano, asirio; platos, jarras, flautas y pipas, como las que se ven en esta foto y en las siguientes. (Contactos Extraterrestres).

A la derecha Don R. Patton y primer plano, Dennis Swift (fotografías de Patton).

Swift entrevistando al doctor José Antonio Villa Herrejón (fotografías de Patton).

Ernesto Navarrete Martínez (fotografías de Patton).

Patton y Porfirio Martínez Espinosa (fotografías de Patton).

Carlos Julsrud II al lado de la tumba de su abuelo.

Carlos Perea y Patton (fotografías de Patton).


[1] Hapgood H. Charles, Maps of the Ancient Sea Kings, 1966.[2] Hapgood H. Charles, Earth’s Shifting Crust, 1958, reeditado en 1970 con el título The Path of the Pole.

[3] Patton escribe: “Un año después, en 1955, Charles Hapgood visitó Acámbaro. Le acompañaba Gardner, antiguo abogado de Distrito en la Ciudad de Los Angeles, California y creador de Perry Mason”.

[4] Por su parte Childress escribe: “Después de dos expediciones al sitio en 1955 y 1968, el profesor Charles Hapgood, un profesor de historia y antropología de la University of New Hampshire, grabó los resultados de sus 18 años de investigación de Acámbaro en un libro de edición privada intitulado Mystery in Acámbaro”. Cosas tan elementales como una suma son de difícil manejo para los escritores de temas paranormales (de 1955 a 1968 no hay 18 años).

[5] Cuando escribí por primera vez sobre los dinosaurios de Acámbaro, me preguntaba sobre las supuestas pirámides de San Miguel Allende, cuya existencia desconozco. Pero ahora creo que todo se debe a una confusión de Hapgood. En 1949 las aguas de la Presa Solís cubrieron entre otros muchos pueblos, el de San Miguel, conocido como “Las ladrilleras”, en donde había unas pirámides en mal estado y en donde la gente continuaba una tradición milenaria de fabricar adobes y ladrillos en sus hornos.

[6] Patólogo forense, dice Patton, en otro de sus lapsus.

[7] Gardner Stanley Earle, Host with the big hat, página 234.

[8] Taylor and Berger, American Antiquity, Vol. 33, No. 3, 1968.

[9] Esto suena a historia de coverup ufológico.

[10] Patton escribe “Luis Moto”, un error, y también las fechas de (1978 a 1979), pero esto seguramente es otro error porque la historia que cuenta Navarrete ocurrió, supuestamente, en 1987. Lo más probable es que las fechas sean (1987 a 1989), pero aquí también se presenta otro problema. En ese entonces el doctor Luis Mota era el director del Museo de Acámbaro. En abril de 1989 yo hablé con él al respecto de la colección Julsrud. No me dijo nada de este cargamento confiscado, ni de que él también fuera el Alcalde de Acámbaro. Es más, Álex Chionetti y yo tratamos de contactar con el alcalde para que nos diera permiso de ver la colección, y claramente no era Luis Mota. El doctor Mota fue alcalde en el trienio de 1983 a 1985.

Los dinosaurios de Acámbaro (Primera parte)

¿SON LOS DINOSAURIOS DE ACÁMBARO LOS ANTECESORES EVOLUTIVOS DE LOS DINOSAURIOS DE ICA?

Dedicado a Diego Zúñiga Contreras[1]

 

Hace unos años escribí mi primer artículo sobre las figurillas de Acámbaro[2].Además colaboré en el guión y la realización de un programa especial para TV Azteca sobre el mismo tema[3]. Para mí el asunto había quedado olvidado, e incluso consideraba “extintos” a los “dinosaurios” de Acámbaro, pero el interés en estas figurillas ha resurgido debido a tres eventos que se han conjugado: las recientes visitas de un grupo de investigadores creacionistas[4]; la reedición del libro de Charles H. Hapgood[5]; y la apertura de un museo dedicado a estas figuritas[6]. Por lo tanto consideré hacer una nueva aproximación al tema, aportando argumentos que puedan actuar de contrapeso a esta nueva oleada de sensacionalismo.

Algunos escritores de temas paranormales[7] afirman que, en 1923, Waldemar Robert Ludwig Julsrud Walden[8] y el padre Fray José María Martínez fueron los codescubridores de la Cultura Chupícuaro. No he encontrado referencias al respecto[9], pero lo que sí sé es que Julsrud “descubriría” las famosas figurillas de Acámbaro en 1945.

Waldemar llegó a México a principios del siglo XX huyendo de los estragos de la Primera Guerra Mundial. Había nacido en Alemania en 1875. Muchos lo presentan como arqueólogo alemán, pero en realidad era un comerciante de ferretería aficionado a las antigüedades y al hipismo[10]. Su ferretería La Reina fue la más grande de Acámbaro y se encontraba ubicada en la esquina de las calles de Leona Vicario y Juárez, en la Plaza principal del pueblo. Julsrud era un hombre curioso interesado vivamente por las civilizaciones antiguas, especialmente en la Atlántida.

Una vez más la historia es la siguiente: a mediados de julio de 1945[11], durante la época de lluvias, Julsrud cabalgaba a los pies del cerro El Toro (2,500 metros sobre el nivel del mar), una colina que domina la villa de Acámbaro, en el Estado de Guanajuato, cuando observó algunos fragmentos de cerámica que las aguas habían puesto al descubierto. Al desmontar se dio cuenta que eran restos de vasijas y figuras de barro de una cultura distinta a la Chupícuaro.

De regreso a su casa ordenó a uno de sus peones, el albañil Odilón Tinajero, que fuera al sitio y desenterrara las piezas. El pozo estaba lleno de figuras de arcilla. Tinajero regresó con Julsurd empujando una carretilla con 38 piezas. Se dijo que eventualmente Tinajero, trabajando en El Toro y en otro cerro llamado El Chivo, logró desenterrar cerca de 37,000 piezas en un periodo de poco más de un año. Lo interesante de la colección es que ningún objeto está duplicado, no existen moldes y no hay dos piezas iguales. De éstas, sólo el 7 por ciento (2,600 piezas) muestran dinosaurios. Las más grandes tienen 1 metro de altura y las hay de lagartos con 1.5 de longitud.

Según Waldemar, las piezas fueron encontradas en diversas excavaciones. Estaban enterradas en grupos (20 a 40 objetos) a no más de 1.20 metros de profundidad. Todas las piezas fueron encontradas en un área no mayor a media hectárea. Datos interesantes que han pasado inadvertidos para los escritores de lo insólito.

Charles H. Hapgood menciona que Tinajero fue muy cuidadoso en la extracción de las piezas, no por sus conocimientos arqueológicos, sino porque el alemán le pagaba un peso por cada pieza completa (diez por las más grandes), pero el precio bajaba si estaban rotas. Las piezas que se llegaban a romper eran cuidadosamente pegadas. Robert Charroux escribe en El enigma de los andes:

“Las piezas encontradas rotas, o que se rompieran durante el transporte, deberían ser restauradas por los excavadores para ser cobradas, también, a un peso cada una”.

Eso de que Odilón y sus dos hijos fueran los mismos que tenían la obligación de restaurar las piezas despierta varias sospechas. Implica un conocimiento profundo de las técnicas del trabajo con piezas de cerámica, y la necesidad de contar con un horno. En aquel entonces un jornalero ganaba unos 10.00 pesos al mes ($ 10.31 era el salario mínimo mensual). Mantengamos esto en mente para un análisis posterior.

Dentro de la colección se encontraban seis cráneos humanos deformados. Otro más de un mamut. También se hallaron algunos dientes, que el doctor George Gaylord Simpson, paleontólogo americano del American Museum of Natural History, analizó en 1955, identificándolos como pertenecientes a un Equus conversidans Owen, un caballo desaparecido en el Pleistoceno. Según Simpson:

“Me parece probable que los reptiles en la colección, a pesar de su inicial y ocasional semejanza con los dinosaurios, está inspirada en reptiles vivos de Mezo América, tal como la iguana, los lagartos y esta fue la opinión del profesor Romer[12] de Harvard”

La colección incluye, además de los dinosaurios, máscaras, ídolos, piedras, jades, obsidianas, herramientas, utensilios, estatuas, figuras humanas e instrumentos musicales. Entre estos últimos sobresalen las flautas que no tienen agujeros, lo mismo que las pipas, que son completamente sólidas. Es como si hubiesen sido hechas sólo para exhibirse y no para ser usadas.

La colección llegó a ocupar 12 cuartos en la mansión de Julsrud: el vestíbulo, el comedor, las recámaras, la biblioteca… Llegó el momento en que Julsrud tuvo que dormir en la bañera para dejar espacio a las figuras.

A finales de 1950 un periodista americano, Lowel Harper, viajó a México y posteriormente publicó el primer reportaje sobre el asunto[13]. En su artículo afirma haber sido testigo de cómo Julsrud desenterró algunas piezas que se encontraban debajo de un maguey.

La revista Fate no tardaría en interesarse por la colección. En 1952 y 1953 se publicaron varios artículos del periodista freelance, de Los Angeles, William N. Russell[14][15]. El periodista declaró que las figuritas eran muy antiguas. Él fotografió varias que dijo fueron encontradas entre las raíces de los árboles.

LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES OFICIALES

La primera investigación hecha por un arqueólogo profesional fue la del doctor Charles C. DiPeso[16], en 1952. DiPeso planteaba a sus directivos de la Amerind Fundation, que no se podía hablar de fraude tan sólo porque en la colección se encontraban figuras que representaban dinosaurios del Mesozoico, y que era necesario hacer una investigación en toda regla antes de descartar cualquier explicación. Esto contrasta con la declaración de Swift, quien dice que DiPeso iba con el único fin de desbaratar la colección de Julsrud.

Una de las pocas críticas que se le pueden hacer a DiPeso fue su falta de tiempo para completar la investigación. Pasó cuatro horas examinando la colección de Julsrud y en su artículo dijo que hizo un examen minucioso en donde no dejó “una sola mota de suciedad empacada en las grietas”. Esta declaración haría que sus críticos pusieran en tela de juicio sus conclusiones. Dennis Swift, por ejemplo, dijo que:

“DiPeso debió haber sido un arqueólogo biónico, llevando objetos a velocidades que exceden de las de Superman. Para alcanzar éste la labor hercúlea debió inspeccionar 133 objetos por minuto. En realidad le debió haber tomado varios días de desempacar la enorme jungla de piezas intactas, rotas y reparadas de las cajas”.

John H. Tierney hace la misma crítica[17].

Al día siguiente DiPeso se dirigió con Tinajero a El Toro para desenterrar piezas del tipo Julsrud. Encontraron algunos objetos de ese tipo, pero ninguno mostraba haber estado enterrado durante mucho tiempo. Según DiPeso, la familia de Tinajero fabricaba las figuritas durante “los meses de invierno, mientras no se laboraba la tierra”. El arqueólogo creía que los Tinajero obtenían sus ideas del cine local, las revistas, los periódicos y de los libros de la biblioteca, pero yo creo que eso no es verdad. Las ideas provenían del propio Julsrud y de la imaginación e inventiva del artista (Odilón).

La siguiente sería una constante en las declaraciones de Julsrud cada vez que se presentaba algún arqueólogo a investigar su colección. Según el alemán:

“El señor DiPeso me dijo que estaba completamente convencido de que mi descubrimiento era genuino. Él esperaba comprar cierta cantidad de piezas de origen tarasco para su museo”.

Aquí es importante señalar que DiPeso trató de comprar piezas de origen tarasco, pero no las piezas que mostraban dinosaurios. Lógicamente para su museo necesitaba piezas auténticas y no falsas figuras de dinosaurios. De igual forma, Julsrud no quiso vender sus piezas auténticas, pero envió a DiPeso con un vendedor de objetos prehispánicos. Este traficante le dijo a DiPeso que había otra familia, un hombre y sus tres hijos, que fabricaban figuras de cerámica del tipo Julsrud. Vivían cerca de la recién inaugurada Presa Solís, a unos 30 minutos de Acámbaro. Tenemos ahora, por lo menos, 7 artesanos que podían fabricar las piezas (Odilón y sus dos hijos y los cuatro integrantes de la familia que vivía cerca de la Presa Solís).

Según Swift ésa fue una mentira urdida por el traficante de antigüedades para que DiPeso no le comprara a Julsrud. Pero este argumento cae por su propio peso, ya que fue el mismo Julsrud el que no quiso vender y el que envió a DiPeso con el traficante.

Hapgood escribió que Francisco Aguilar Sánchez, Superintendente de la Planta Nacional de Irrigación Solís, le dijo:

“Sobre la base de 4 años de tener un íntimo conocimiento de los habitantes de esta área y de su actividad arqueológica, enfáticamente niego que exista tal tipo de producción cerámica en la vecindad”.

Incluso Swift afirma que el Presidente Municipal de Acámbaro, Juan Terrazas Carranza, emitió la declaración oficial No. 1109, el 23 de julio de 1952, refutando los alegatos de DiPeso.

“Esta presidencia, bajo mi dirección ordenó que fuese llevada a cabo una investigación sobre el asunto, y ha llegado a la conclusión de que en esta área municipal no existe ninguna persona que haga esta clase de objetos”.

No he leído el original de ese bando del Presidente Municipal de Acámbaro, si es que existe, pero me parece extemporáneo porque el reporte de DiPeso se hizo hasta abril de 1953[18]. Además, es contrario a la declaración de Julsrud en el sentido de que DiPeso lo había felicitado por su hallazgo.

La conclusión final de DiPeso fue:

“Nuestra investigación prueba de manera concluyente que las figuras no son prehistóricas y no fueron hechas por una raza prehistórica superior asociada con los dinosaurios”.

Por otra parte, Julsrud había comenzado a publicitar su hallazgo. Luego de publicar su libro, en 1947[19], se había comunicado con The New York Times, que no lo tomó en cuenta, y hasta con la BBC de Londres. Todos estos rumores, junto con las investigaciones de DiPeso y su artículo publicado en 1953, hicieron que los arqueólogos mexicanos finalmente se ocuparan del asunto. Los directivos del American Museum of Natural History se comunicaron con sus homólogos mexicanos y entre ambas instituciones se organizó una excavación, para 1954.

En aquel entonces el doctor Eduardo Noguera Auza era el director de Monumentos Prehispánicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Noguera dirigió la expedición que contaba entre sus miembros al ya mencionado doctor George Gaylord Simpson, y Raymond Barber, de Los Angeles County Museum, por parte de los americanos, y los doctores Rafael Orellana, Ponciano Salazar Ortegón y José Antonio Pompa y Pompa. Además estaba Don Carlos Perea, quien fuera el director del Museo de Arqueología de Acámbaro entre 1945 y 1946.

Se seleccionó un sitio de excavación en las faldas de El Toro y se procedió a remover la tierra de manera meticulosa. El lugar era una romería. Los vecinos del sitio, los alumnos de las escuelas y los miembros más prominentes del pueblo se reunieron alrededor del sitio de excavación. Se desenterraron diversos fragmentos de cerámica de Chupícuaro, que tenían trazas indudables de haber sido enterradas hacía mucho tiempo. También se desenterraron los dientes del caballo de la Edad de Hielo. Perea dijo que éstas eran las únicas excavaciones autorizadas, las de Julsrud nunca lo habían sido. También dijo que varios otros campesinos encontraron figuras similares, pero que dudaba de su autenticidad.

Nuevamente, al igual que lo que había pasado con DiPeso, según Julsrud, los arqueólogos le aseguraron que sus piezas eran auténticas. De acuerdo con la declaración de Julsrud, Noguera lo felicitó por el hallazgo, pero ésa es una versión difícil de creer, principalmente por lo que ocurriría tres semanas después. El reporte final, publicado casi un mes después de las excavaciones, indicaba que las figuras eran un fraude:

“Realmente a pesar de la aparente legalidad científica con que fueron encontrados estos objetos, éste es un caso de reproducción es decir falsificación, hecha en una época relativamente reciente. En mi opinión está hecha de tres tipos diferentes de objetos, unos son las figuras que pretenden ser reproducciones de animales extintos hace millones de años; posiblemente el falsificador de ellas se inspiró en algunos libros de paleontología que estaban en boga a finales del siglo pasado o al principio del presente”[20].

Los otros tipos de objetos a los que se refería Noguera eran los fragmentos de cerámica de la cultura Chupícuaro y los restos de animales y seres humanos, abundantes en la zona.

Según Swift, “Noguera se dio cuenta de que las figuras de dinosaurios tenían el problema de que podían arruinar su carrera profesional”. Pero, de ser cierta la colección, o de ser cierto que los seres humanos convivieron con los dinosaurios, eso lo convertiría en el arqueólogo más famoso del mundo, y más que arruinar su carrera, la habría catapultado.

Continuará…

Diversas fotografías de Waldemar Julsrud de su niñez, adolescencia y juventud. (Foto familia Julsrud).

Julsrud como soldado poco antes de la Primera Guerra Mundial. (Foto familia Julsrud).

Waldemar Julsrud antes de partir rumbo a México. (Fotos familia Julsrud)

Waldemar y su esposa en su casa de Acámbaro. (Foto familia Julsrud).

Era miembro del Club Alemán de equitación y logró acumular algunos premios. Incluso Porfirio Díaz presenció algunas de sus competencias. (Foto familia Julsrud).

Waldemar en la época de su “descubrimiento”. (Contactos Extraterrestres).

Waldemar se casó en México y compró una hacienda cerca de lo que hoy es el parque Los Azufres, en Michoacán. Posteriormente se mudaría a la ciudad de Acámbaro, Guanajuato. (Foto familia Julsrud).

Diversas fotografías del exterior e interior de su casa en Guanajuato. (Foto familia Julsrud).

Waldemar abrió una ferretería, La Reina, en Acámbaro. (Foto familia Julsrud).

La ferretería de Waldemar todavía continúa abierta. (Luis G. Durán).

Eduardo Noguera Auza (Instituto Nacional de Antropología e Historia).

El doctor Noguera en una de sus excavaciones en el Estado de Morelos.

El doctor José Antonio Pompa y Pompa.

Foto de las figuras de Acámbaro, cortesía Contactos Extraterrestres

Fotos de las figuras de Acámbaro INFO Journal

Fotos de las figuras de Acámbaro Harry Möller

Fotos de las figuras de Acámbaro Charles Hapgood.


[1] Agradezco su colaboración en la corrección de este texto. Sus críticas y comentarios ayudaron a mejorar la lectura del mismo.[2] Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Primera parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1104, México, septiembre 15 de 1992, Págs. 24-25. Ruiz Noguez Luis, La extinción de los dinosaurios de Acámbaro. Segunda parte, Duda. Lo increíble es la verdad, Año XXI, No. 1105, México, septiembre 30 de 1992, Págs. 25. Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, Perspectivas Ufológicas, No. 5, México, mayo de 1995, págs. 35-40. Ruiz Noguez Luis, Las misteriosas figurillas de Acámbaro, La Nave de los Locos, No. 20, Chile, enero del 2003, págs. 35-38.

[3] En Busca de lo Desconocido, dirigido por Juan Chía.

[4] Don R. Patton y Dennis Swift. El primero pertenece al Metroplex Institute of Origin Science (MIOS), una organización que trata de refutar la teoría de la evolución.

[5] Hapgood H. Charles, Mystery in Acambaro, An Account of the Ceramic Collection of the Late Waldemar Julsrud in Acambaro, Guanajuato, Mexico, edición del autor, impreso por Griswold Offset Printing, Inc. Brattlebaro, Vermont 1973. Hapgood es el mismo que investigó los portulanos de Piri Reis http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-primera.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-2.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-3.html

http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/09/los-portulanos-de-piri-reis-final.html

, y que también decía que Cristo estuvo en América.

[6] 28 de febrero del 2002. Su director es Miguel Huerta Huerta. Se encuentra en la calle 5 de febrero.

[7] Como Patton y Swift.

[8] Nacido en Bremen, Alemania el 16 de octubre de 1875 y muerto en León, Guanajuato el 30 de noviembre de 1964.

[9] Parece que esto es otro mito en torno a este asunto. Incluso el doctor Antonio Pompa y Pompa, director del Departamento Nacional de Archivos y Bibliotecas, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, que hizo excavaciones en el sitio, en compañía de otros arqueólogos y del mismo Julsrud, declaró: “En realidad le tomaron el pelo al señor Julsrud, un alemán que no conocía nuestras culturas prehispánicas y se impresionó por algunas figurillas que él mismo encontró y que, esas sí, eran auténticas. Las demás las hicieron los alfareros, quienes previamente las enterraban para que parecieran antiguas”. Es decir, el propio encargado de los archivos y bibliotecas del INAH, arqueólogo profesional, difícilmente podría decir, de ser cierto el descubrimiento de la cultura Chupícuaro por parte de Waldemar, que Julsrud era un ignorante de las culturas prehispánicas.

[10] Era miembro del Club Hípico Alemán.

[11] Curiosamente entre mayo de 1945 y mayo de 1949 se llevó a cabo el estudio más exhaustivo de la cultura Chupícuaro. Se hicieron cientos de excavaciones por parte del antecesor del INAH, en conjunto con los trabajos de la Comisión Nacional de Irrigación (CNI) que estaba construyendo la Presa Solís. A pesar de las enormes dimensiones de esta empresa arqueológica, y la remoción de toneladas de tierra, nunca se encontraron figuras del tipo Julsrud. En medio de toda esta vorágine, justo dos meses después de iniciada la empresa oficial, Julsrud hace su descubrimiento. Curioso, muy curioso.

[12] Se refiere al doctor A. S. Romer, profesor de zoología en la Universidad de Harvard, quien dijo que las figuras no correspondían a ninguna especie de dinosaurios conocida, y que los modelos eran, probablemente, lagartos actuales de la región.

[13] Harmer Lowell, Mexico finds give hint of lost world, Los Angeles Times, March 25, l951.

[14] Russell N. William, Did Man Tame the Dinosaurs?, Fate, March, 1952, pags. 20-27.

[15] Russell N. William, Report on Acambaro, Fate, June, 1953, pags. 31-35.

[16] Al doctor DiPeso no se le puede tachar de escéptico. Era una mente abierta e inquisitiva. Incluso se ocupó del mecanismo de Antikitera, al cual le dedicó un artículo en la famosa Scientific American.

[17] Tierney H. John, Pseudoscientific Attacks On Acambaro Artifacts. The Ceramic Technology of Intellectual Suppression, World Explorer Magazine, Vol. 1, No. 4, pags 52-61.

[18] DiPeso C. Charles, The Clay Figurines of Acambaro, Guanajuato, Mexico, American Antiquity, April 1953, pags. 388-389.

[19] Julsrud Waldemar, Enigmas del pasado, sin pie de imprenta, Acámbaro, Guanajuato, 1947

[20] El escritor David Hatcher Childress saca de contexto este párrafo y escribe: “El Dr. Eduardo Noguera, admitió “la aparente legalidad científica con la cual fueron encontrados estos objetos”. A pesar de la evidencia de sus propios ojos, sin embargo, oficialmente declaró que como los objetos eran de una naturaleza fantástica, debían ser un fraude hecho a Julsrud”.

Bioluminiscencia

OTROS INSECTOS COMO OBJETOS VOLANTES NO IDENTIFICADOS

“Los fuegos fatuos, las antorchas, los chorros de llamas y otros fenómenos luminosos tienen el mismo carácter que los meteoritos que caen, de los cuales se diferencian sólo por sus dimensiones. También pueden tener su origen en evaporaciones densas y pesadas de las capas inferiores del aire, evaporaciones que emiten una luz fosforescente y a las que el viento les imprime movimiento y formas casuales… A veces, estos fenómenos no son meteoros, sino grandes enjambres de insectos luminosos, que vuelan a menudo de noche…”

Johann Elert Bode, astrónomo alemán (1823)

En 1976 Norton T. Novitt, ilustrador científico del US Geological Survey observó que durante los veinte años anteriores se habían visto muchos ovnis reluciendo en la oscuridad y recordó cierta noche, cuando contemplaba la Luna a través de un telescopio. Vio un punto brillante que se movía demasiado rápidamente para ser un satélite, seguido por otro punto también brillante. Ambos descendieron, y luego se pararon. Asombrado, descubrió que se trataba, simplemente, de un par de hormigas voladoras enamoradas que aterrizaron en la puerta de su garaje, a pocos metros de distancia.

Norton realizó un experimento. Tomó varias hormigas y las pegó en una pequeña pelota de ping-pong. Luego conectó la pelota a un generador electrostático. Al acumularse la electricidad estática, las hormigas empezaron a brillar. Norton descubrió que las hormigas debían tener algo de humedad para que pudieran brillar. Enunció la teoría de que si pasaran de una capa de aire cargada eléctricamente a otra, podrían crear una diferencia de potencial suficiente para hacerles entrar en “corona”, si todas las demás condiciones eran favorables. Aunque también las hormigas podrían adquirir dicha carga eléctrica frotándose entre si durante el vuelo.

El doctor Leonard Loeb, ex profesor de física de la Universidad de California dijo que las teorías de Novitt eran “interesantes, originales y tal vez ciertas”. Calculó que un enjambre, plenamente cargado, de treinta millones de hormigas voladoras, podrían brillar intermitentemente durante lapsos superiores a un segundo en condiciones desfavorables, o hasta casi un minuto en ambientes favorables.

Los estudios de Norton son, indudablemente, el antecedente de la hipótesis de Philip S. Callahan y Richard W. Mankin[1]. Estos investigadores mencionan a Loeb, pero no hacen ninguna referencia al trabajo de Norton Novitt.

En 1978 la revista Time publicó un comentario al artículo de Callahan y Mankin. La nota se titulaba “Esos brillantes objetos zumbantes pueden ser en realidad insectos” [2] y mencionaba que la oleada de ovnis en Uintah Basin, Utah, podría ser debida a enjambres de insectos voladores emitiendo una descarga en corona[3].

Desde los inicios de la “era de los platillos”, los primeros investigadores sospecharon una relación entre éstos y algunos animales, principalmente insectos. Edgard Sievers[4] citaba la hipótesis de Gerald Heard[5] de que se trataba de una especie de abeja marciana. La idea, francamente fantasiosa, aseguraba que los tripulantes de los platillos voladores eran abejas marcianas. Desconozco qué tanta influencia haya tenido Heard en los modernos reportes de extraterrestres de forma insectoide (mantis religiosa), pero podría asegurar que fue la inspiración del reportero mexicano de La Prensa, que inventó la historia de la “mosca dorada”, famosa durante la oleada de platos voladores de 1950. Se trataba de una mosca enfundada en una nave extraterrestre, una cápsula de color dorado, que provenía de Marte. No sólo los insectos abonaron la imaginación de aquellos primeros ufólogos (o platillólogos), también los arácnidos. Harold T. Wilkins[6] cita un relato sobre una caída (lluvia) de hilos que, afirma Wilkins, “deben provenir de arañas desconocidas”. Este, me parece, es el primer reporte de los posteriormente famosos “hilos de la virgen” o “cabellos de ángel”. Nuevamente la ufología tan cerca y tan lejos: reconocía el origen real de esas telarañas, pero en su imaginación las mandaba volar a regiones desconocidas.

Carl Gustav Jung también llegó a sospechar una relación entre los insectos y los platos voladores[7], pero desvió sus investigaciones hacia la teoría de los mandalas y el inconsciente colectivo. Jung escribió lo siguiente:

“Su trayectoria de vuelo describe ángulos tales que sólo un objeto sin peso podría describirlos. Se parece a la trayectoria que describe un insecto volador. Lo mismo que éste, el UFO se detiene de pronto sobre un objeto que le interesa por un tiempo más o menos prolongado, o bien vuela en círculo sobre el cual animado de curiosidad, para luego abandonar súbitamente el lugar como para buscar en vuelo zigzageante un nuevo objeto.

“Debo confesar que al leer las numerosas relaciones sobre UFOs se me ocurrió también a mí la idea de que el comportamiento característico de los UFOs recuerda sobre todo al de ciertos insectos. Y si se quiere especular sobre semejante posibilidad, existe ciertamente la posibilidad de que, en condiciones de vida diferentes, la naturaleza sea capaz de demostrar aún mejor su ‘sabiduría’ en una dirección diferente de la producción fisiológica de luz y otras parecidas, por ejemplo en la antigravitación”[8].

Las compañías eléctricas han descubierto que los enjambres de insectos posados en los cables conductores pueden perturbar la recepción por radio y televisión al producir electricidad estática (el famoso efecto electromagnético de los ovnis)[9] Según Philip Klass, editor de la revista Aviation Week and Space Technology, la descarga en corona tiene más probabilidades de producirse cuando las líneas de conducción eléctrica se hallan contaminadas de polvo, depósitos de sal o enjambres de insectos.

LUCIÉRNAGAS

Consideremos los extraños movimientos zigzagueantes de los insectos, agreguemos una fuente luminosa y obtendremos una luciérnaga.

Las luciérnagas pertenecen a la familia de los “lampíridos” y su nombre científico es Lampyris noctiluca. Nacen de un huevecillo escondido en la tierra que, en muchas especies, posee una ligera fosforescencia. Al cabo de tres semanas rompen los huevos unas larvas parecidas a la cochinilla de humedad. La larva de la luciérnaga es carnívora y muy voraz. Paraliza y luego devora a diversos animales, como los caracoles y las orugas. Muchas especies de luciérnagas emiten luz desde esta primera fase de vida. De unos puntitos situados en la parte inferior del abdomen, aflora un tenue resplandor parecido al que se entrevé por la mirilla de un horno. A estas larvas luminosas se las denomina “gusanos de luz”.

Las luciérnagas son en realidad escarabajos o coleópteros. Son animales de cuerpo alargado, de color oscuro, que a primera vista no parecen insectos; pero mirándolos atentamente se ve que tienen sus tres pares de patas y otros caracteres propios de ese grupo. Vista desde arriba, la adulta parece un insecto de tantos; suele tener un dorso rectangular de color pardo o negro, dos antenas móviles y segmentadas, seis patas y una cabeza que semeja el casco de un astronauta (aquí tenemos ya al “extraterrestre”). Pero si la ponemos patas arriba observaremos un detalle singular; el macho tiene toda la extremidad posterior del abdomen amarilla, mientras que la hembra sólo presenta una mancha de este color. De estas zonas procede la fosforescencia del insecto. En algunas especies la luminosidad la producen solamente las larvas o las hembras, pues estas conservan durante toda su vida el aspecto de larvas y la facultad de emitir luz, para atraer a los machos, pero no éstos. Los machos tienen alas y el aspecto de pequeños escarabajos; en verano, de noche, a hembra brilla entre las hierbas como una estrella que hubiera caído de los cielos.

Las luciérnagas producen luz por el lado inferior o ventral de los últimos anillos del abdomen; esa luz puede variar de intensidad, aumentando cuando se molesta un poco al animal, como ocurre al tomarlas para examinarlas. La luz se debe fundamentalmente a que el animal produce dentro de su cuerpo una sustancia que, al oxidarse, desprende luz. Si la luciérnaga se encuentra e peligro, como por ejemplo al caer atrapada en la tela de alguna araña, le brilla la cola intensamente. El estampido de un cohete o el fragor de un trueno puede ocasionar que todas las luciérnagas que pueblan un campo determinado se enciendan a la vez. Sin embargo, por regla general, sólo utilizan su señal luminosa para encontrar pareja.

El ciclo que rige su vida sexual empieza entre junio y agosto. Al anochecer sale de su escondite, levanta sus duros y resistentes élitros, despliega las largas y delicadas alas y con un ligero zumbido se lanza al aire en busca de pareja. Durante el vuelo mantiene el cuerpo con una inclinación de 45º y las patas traseras en alto, pegadas a los costados para que se pueda admirar perfectamente su vistosa panza.

Algunas especies emiten una señal que semeja una hilera de puntos luminosos en la noche; otras emiten destellos a intervalos irregulares. La Photinus pyralis, muy común en el Este de los Estados Unidos, traza en el aire una brillante “J” mayúscula o una figura parecida a una “V” irregular. Durante su lenta trayectoria tan accidentada como la de una montaña rusa, enciende su luz (que puede llegar a tener una potencia de 0.02 de bujía) al final del profundo descenso; la mantiene reluciendo al volver a remontar el vuelo, hasta llegar casi al punto más alto, y luego la apaga poco antes de iniciar un nuevo descenso en picado.

Mientras tanto la luciérnaga hembra espera en tierra, desde donde reconoce a los machos de su especie por la duración de sus destellos. Cuando ve al fin el ansiado rayo de luz, contesta emitiendo ella otro. Aunque la señal de la hembra brilla menos que la del macho, éste la distingue sin dificultad, porque sus ojos tienen más facetas y poseen mayor agudeza visual.

Las llamadas entre las luciérnagas de uno y otro sexo están tan estrictamente coordinadas y diferenciadas como el canto de las diversas clases de pájaros. La hembra de la especie Photinus ignitus espera cinco segundos y medio antes de contestar al macho con un corto destello en una noche relativamente fresca (cuanto más caluroso sea el tiempo, más rápido será el cambio de señales). Por el contrario, a la misma temperatura aproximadamente, la hembra Photinus collustrans sólo espera un segundo antes de encender su señal, que prolonga un segundo más.

Al Sur de la India y el Sureste de las Filipinas y Nueva Guinea se encuentran las luciérnagas sincronas. El órgano luminoso se localiza cerca de la parte final de su abdomen y es activado por señales originadas en el cerebro.

Pteroptyx malaccae, es la principal, luciérnaga sincronía de Tailandia. Se enciende aproximadamente cada medio segundo (exactamente su periodo es de 560 milisegundos cuando la temperatura ambiental es de 25ºC). Mientras que Pteroptyx cribellata de Nueva Guinea se enciende cada segundo a la misma temperatura[10].

COMUNICACIÓN

La luz es un medio de comunicación entre las luciérnagas. Dependiendo de la especie el periodo de encendido es de tres segundos, dos segundo, 500 milisegundos o 200 milisegundos que es el tiempo en el que el impulso nervioso viaja desde los ojos (al ver a otras luciérnagas) hasta el órgano luminoso.

Los nativos de Malasia usan las luciérnagas como marcas de navegación cuando viajan de noche.

Las observaciones del lejano oriente son diferentes de las americanas. El oriente se distinguen por el hecho de que ocurren comúnmente en ciertas áreas bien definidas e involucran un basto número de insectos, lo que no ocurre en América[11].

Durante los meses de julio, agosto y septiembre es posible ver en la noche toda la extensión de los ríos o canales iluminados por miríadas de insectos. Estas áreas se pueden extender cientos de metros o pueden estar confinadas en un árbol que se enciende y apaga con sorprendente regularidad. El periodo de estos destellos es de unos 120 por minuto. Reinking[12] informa que en otro distrito de Siam, el calphotia tiene un periodo de 105-109 veces por minuto.

Una de las cosas que más llama la atención es el hecho de que la sincronicidad esta confinada a localidades que bordean las corrientes, o en regiones saturadas de agua. Sir John Bowering[13] fue el primero que apuntó esto: “Tienen sus árboles favoritos”.

Alrededor de Bangkok es conocido comúnmente el desello sincrono de las luciérnagas confinadas en un árbol particular, el Tanlampoo de Siam (Sonneratia acida). Las raíces de este árbol están dentro del agua. Las hembras de la especie no tienen alas como es el caso de la mayoría de los Lampyridae americanos, no hay oportunidad de que se aproximen al árbol. No se han encontrado hembras ni en el árbol ni en su vecindad cuando se han hecho observaciones de sincronicidad.

Una de las teorías que se formularon para explicar el fenómeno es el efecto de ligeras corrientes de aire sobre la posición del cuerpo, debido a la ocurrencia de sincronismo sólo cuando los insectos están en descanso sobre algún árbol. Debido a las corrientes de aire el órgano luminoso del insecto puede quedar expuesto por un periodo de tiempo corto[14].

Otra fue la teoría de “simpatía”. De acuerdo a esta idea hay un insecto particular que regula los destellos como un director de orquesta.

El doctor Morrison, de la Universidad de Princenton encontró que era posible inhibir este fenómeno, iluminando a los insectos con una luz intensa por lo menos un minuto[15].

En el mediodía de Francia, y en algunos lugares de España, existe otro insecto luminoso, la Luciola, en el que tanto el macho como la hembra son luminosos y poseen alas. En las noches tranquilas del estío vuelan de un lado para otro produciendo un espectáculo maravilloso.

El más curioso de los insectos luminosos es el Piróforo o Cocuyo, grueso coleóptero de forma alargada que vive en los países cálidos de América. Se cuenta que los nativos lo utilizaban como linterna para guiarse por los aminos. Es tal su potencia luminosa que un solo animal de esos, colocado en una habitación, permite leer un libro durante la noche. Los conquistadores españoles se quedaron asombrados al pisar tierras americanas y ver estos insectos. Fernández de Oviedo dice de ellos:

“Durante la guerra de Haití, tanto los cristianos como los indios utilizaban estas luces para no distanciarse los unos de los otros; los indios, en particular, muy hábiles para capturar estos animales, se hacían collares con ellos cuando querían que durante la noche se les distinguiera a una legua, y aún más de distancia. Cuando los jefes guerreros ordenan marchas de noche por esta isla, el oficial, el capitán o la guardia que va delante sondeando la oscuridad, lleva sobre la cabeza un cocuyo y sirve de faro a toda l tropa que le sigue”.

El famoso naturalista Alejandro von Humboldt, mucho más recientemente, dice que vio utilizar como farol una especie de calabazas con agujeros, dentro de las que había metidos algunos cocuyos. Los viajeros fijan, a veces, piróforos sobre su calzado para evitar las serpientes.

En la Habana, Cuba, y en las regiones vecinas, las damas criollas utilizaban mucho para su adorno este singular insecto luminoso, empleándolo como una joya viviente. Se hacían con ellos collares de fuego y pendientes luminosos. Maurice Girard cuenta que las mujeres de La Habana cuidaban mucho estos cocuyos, y al regresar de los bailes les hacían tomar un buen baño, operación indispensable, y después los colocaban en pequeñas cajas donde los alimentaban con caña de azúcar.

“A menudo por un encantador capricho los colocaban sobre pliegues de sus blancos vestidos de muselina, que parece entonces reflejar los rayos plateados de la Luna, o bien los esconden entre sus bellos cabellos negros. Este peinado original tiene un resplandor mágico, que se armoniza perfectamente con la belleza bronceada y pálida de estas deliciosas mujeres. Una sesión de algunas horas, pasadas de este modo, fatiga a los pobres insectos y disminuye, o hace desaparecer su brillo. Pero se les sacude un poco y vuelven a brillar”.

El entomólogo americano Jaceck relata una costumbre que ha desaparecido: “En el Sureste de México cazan los cocuyos para venderlos, y emplean un método de captura muy interesante. Encienden la punta de una varita delgada, y, cogiéndola por el otro extremo, la hacen girar alrededor de la cabeza, de modo que el extremo hecho ascua brille en el aire. Esto atrae numerosos cocuyos, que son fáciles de coger con una redecilla de las que se emplean para cazar mariposas”[16].

Charles Darwin, refiriéndose a las moscas luminosas del Brasil, dice que en noches sombrías se pueden percibir a unos doscientos pasos la luz que proyectan.

“Es digno de notar que, en todos los animales fosforescentes que he podido observar, gusanos de luz, escarabajos brillantes y diferentes animales marinos (tales como crustáceos, medusas, nereidas, una corolaria del género Clytia y un tunicado del género Pyrosoma), la luz presenta un matiz verde bien definido. Todas las moscas luminosas de que me he podido apoderar aquí, pertenecientes a los Lampyridos (familia de la que forma parte el gusano inglés), y el mayor número de ejemplares correspondían a los Lampyris occidentalis. Este insecto, según gran número de observaciones hechas por mí, emite la luz más brillante cuando se irrita; en los intervalos, los anillos abdominales se oscurecen. La luz se produce casi instantáneamente en los anillos; sin embargo se percibe primero el anillo anterior. La materia brillante es fluida y muy adhesiva; ciertos puntos, donde la piel del animal había sido desgarrada, continuaban brillando y emitiendo un ligero centelleo, mientras que las partes sanas se ponían oscuras. Cuando el insecto es decapitado, continúa brillando, pero la luz no es tan intensa como era antes; si con la punta de la aguja se lleva a cabo una irritación local, siempre aumenta la intensidad de la luz. En un caso que me fue dado observar, los anillos conservaron su propiedad luminosa durante cerca de 24 horas después de la muerte del insecto. Estos hechos parecen probar que el animal posee solamente la facultad de extinguir durante cortos intervalos la luz que emite, pero que todos los otros instantes la emisión de luz es voluntaria. He encontrado en gran número, sobre húmedos pedregales, las larvas de esos lampíridos que, por su forma general, se parecen a las hembras del gusano luminoso de Inglaterra. Tales larvas no poseen más que un débil poder lumínico, muy al contrario de sus padres, simulan la muerte así que se les toca, o dejan de brillar; tampoco excita en ellos una nueva emisión de luz la irritación. Pude observar vivos durante algún tiempo muchos de ellos; su cola constituye un órgano muy singular, porque, por medio de una disposición muy ingeniosa, puede desempeñar e papel de chupador y de depósito de saliva o de otro líquido análogo. Muy a menudo les daba carne cruda; en tales casos invariablemente, yo podía observar que la extremidad de la cola se aplicaba a la boca par depositar una gota de fluido sobre la carne que el insecto se disponía a tragar. A pesar de una práctica constante, la cola no parece que encuentre con mucha facilidad la boca; por lo menos, la cola va a buscar primeramente el cuello, que al parecer le sirve de guía.

“Un escarabajo, el piróforo de pico de fuego (Pysophorus luminosus), es el insecto más común en los alrededores de Bahía. En este insecto, como en otros muchos que ya hemos citado, una irritación mecánica tiene como efecto intensificar la luz que emite. Cierto día me entretuve observando este insecto desde el punto de vista de la facultad que posee de dar saltos considerables, facultad que no me parece haya sido descrita perfectamente. Cuando el piróforo de pico de fuego se halla tumbado de espaldas y se dispone a saltar, echa hacia atrás la cabeza y el pecho, de tal forma que la espina pectoral se tiende y se apoya en el borde de su vaina. El insecto usa de toda su energía muscular, hasta que la espina pectoral se tiende como un resorte, y en ese momento reposa con el extremo de su cabeza y sus élitros. De pronto se deja ir, la cabeza y el tórax se levantan y, en consecuencia, la base de los élitros va achocar con tanta fuerza contra la superficie sobre la que él está situado, que rebota hasta la altura de una o dos pulgadas”[17].

BIOLUMINISCENCIA

La eficiencia de la luciérnaga es muy superior a los focos comunes de resistencia eléctrica, los cuales tienen sólo un 10% de eficiencia, mientras que la eficiencia de la luciérnaga es de 92% o 99%.

En 1880 el fisiólogo francés Raphael Dubóis logró extraer dos sustancias (la luciferina y la luciferaza) de una solución obtenida después de triturar los órganos luminosos de la luciérnaga. En 1942 el bioquímico William McElroy que ampliaba sus estudios en la Universidad de Princenton, identificó otro elemento esencial, el adenosina trifosfato ATP, y comprobó que esta sustancia actúa como fuente de energía, permitiendo a la luciérnaga renovar su luz continuamente. Si le faltara no podría emitir ni un solo destello[18].

Aún quedan varios misterios por resolver en torno a la luciérnaga. Por ejemplo, el del “interruptor” de que se vale el insecto. Durante muchos años, los científicos han creído que cuando la luciérnaga deseaba emitir luz se limitaba a abrir unas pequeñas válvulas de su sistema nervioso para que entrara oxígeno. Pero en la actualidad se sospecha que las extremidades nerviosas de la luciérnaga, y las de otros animales más desarrollados, segregan adrenalina. Esta sustancia despolariza las células luminosas, permitiendo que se mezclan la luciferina y la luciferaza, lo que produce el consiguiente destello.

En 1885-87 se observó que extractos de crudo preparados de luciérnagas de la India (Pyrophorus) y de almejas (Pholas), daban una reacción de emisión de luz cuando se mezclaban. Uno de los preparados era un extracto de agua fría conteniendo compuestos relativamente inestables al calo: luciferaza; el otro fue extraído de agua caliente conteniendo un compuesto relativamente estable al calor: luciferina: La reacción luminiscente que ocurre cuando soluciones de luciferina y luciferaza se mezclan a temperatura ambiente sugiere que todas las reacciones bioluminiscentes son reacciones de luciferina-luciferaza. Sin embargo, este argumento tan simple fue abandonado posteriormente. Un pequeño crustáceo que vive en el Mar del Japón (Cypridina hilgendorfii) y algunas bacterias bioluminiscentes no utilizan ninguno de estos compuestos.

El primer material sintético quimiluminiscente (1928) fue el luminol (5 amino 2, 3 dihidro 1, 4 ftalazinediona) que emite una luz azul como resultado de su oxidación.

La bioluminiscencia es un tipo especial de quimiluminiscencia catalizada por enzimas. La luz proporcionada por tales reacciones puede alcanzar el 100% de eficiencia, lo cual significa que cada molécula sin excepción se excita a un estado radiante.

La bioluminiscencia se desarrolla en una gran diversidad de organismo. Estos incluyen ciertas bacterias, hongos, radiolarios, esponjas, corales, flagelados, hidroides, mementeanos (gusanos marinos altamente coloridos), ctenophoros, crustáceos, almejas, caracoles, ciempiés, milpiés e insectos. La bioluminiscencia es una clase particular de quimiluminiscencia.

Probablemente el mejor conocido de todos los moluscos luminosos sea la almeja Pholas dactylus que era conocida desde la antigüedad. En griego Pholas significa “oculto en un hoyo”, que describe perfectamente el habito de este molusco de ocultarse dentro de las rocas. En 1887 el fisiólogo francés Raphael Dubois uso al Pholas en sus estudios pioneros sobre la bioluminiscencia. Dubois demostró que los extractos de agua fría de Pholas continúan emitiendo luz durante varios minutos. Encontró que después que ha cesado la emisión de luz, ésta puede restablecerse adicionando un segundo extracto obtenido al lavar almejas frescas en agua caliente y enfriando el jugo resultante. Dubois concluyó que había alguna sustancia en el extracto de agua caliente que era esencial para la emisión de luz y que no era afectada por el calor. El llamó a este material Luciferina y a la sustancia en el extracto de agua fría le llamó Luciferaza, indicando con el sufijo “asa” que tenía propiedades de una enzima. Las enzimas son catalizadores biológicos y son sensibles al calor.

Otro pionero en el campo de la bioluminiscencia fue E. Newton Harvey, de la Universidad de Princenton. Siguiendo las observaciones de Dubois, Harvey estableció definitivamente que la bioluminiscencia es un proceso enzimático. En un viaje a Japón encontró un crustáceo (Cypridina hilgendorfii) que es una fuente de luciferina y luciferaza. Cypridina es un pequeño crustáceo con dos valvas que cubren su cuerpo. Se encuentra tanto en agua dulce como en salada, pero sólo la forma marina es luminosa. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados japoneses la usaban como fuente de luz haciéndola polvo y colocando este polvo en sus manos para leer los mapas en las noches oscuras[19]

Algunos “gusanos de fuego” (anélidos del orden Polychaeta) fueron los causantes del avistamiento de Colón. El 11 de octubre de 1492, Cristóbal Colón anotaba en su libro de viaje haber visto delante de las Bahamas, hacia las diez de la noche, unas misteriosas luces que él consideró una señal. Esta observación confundió durante siglos a los historiadores, y algunos quisieron ver ovnis en ella. Hace no muchos años, el biólogo marino inglés Robert Thomson Crawshay, resolvió el misterio: Colón había visto la iluminación marina de las luciérnagas atlánticas. Justo un día antes de la última fase de la Luna, millones de hembras de esta especie producen un destello fosforescente y claro, con el fin de atraer a los machos[20]

La relación entre la luminiscencia y las fases de la Luna esta magníficamente ilustrada en el anélido de Bermudas Odontosyllis enopla. Los gusanos de esta especie comienzan a multiplicarse 2 o 3 días después de la luna llena, apareciendo primeramente las hembras. Cada una de ellas nada en pequeños círculos en la superficie del agua emitiendo una luz verde. Este ritual invariablemente se inicia unos 55 o 56 minutos después de la puesta del Sol. Los círculos de luz atraen evidentemente a los gusanos machos que emiten destellos de luz al acercarse. Comúnmente varios machos convergen sobre una sola hembra y entonces el grupo comienza a girar en círculos mientras sus miembros descargan huevos y esperma dentro del agua. Las hembras tienen unos 35 milímetros de largo, mientras que los machos alcanzan los 70 milímetros.

Otros insectos luminosos son los “escarabajos golpeadores” (Elateridae), que en cierto sentido se parecen mucho a las luciérnagas. El insecto está decorado con manchas ovales verdes, una a cada lado de la parte frontal de su cuerpo. Debido a que estas manchas luminosas tienen la apariencia de faros de automóvil, estos insectos son conocidos en algunas regiones con el nombre de “autos pulga”.

Uno de los pocos seres que emiten dos tonos de luz es el escarabajo Phrixothrix de Centro y Sudamérica. La larva de estos insectos está decorada con 11 pares de manchas verdes a los lados de su cuerpo; en la cabeza tienen una mancha roja. En la noche, cuando “enciende” su cabeza, parece como un cigarro prendido. Cuando “enciende” sus luces verdes parece un ferrocarril con una luz roja en la parte frontal. Debido a esta particularidad se le conoce como “gusano ferrocarril”.

El Polinoe es otro gusano acuático que emite luz azul cuando se le toca. Algunos peces emiten nubes de un material luminoso con el fin de escapar de sus predadores.

Es un espectáculo maravilloso ver los gusanos luminosos que viven en las cavernas de Nueva Zelanda. La más famosa de estas cavernas esta en Waitomo, 200 millas al Norte de Wellington. Las paredes y techos de estas cavernas están cubiertos con ciertos de larvas luminosas.

Los seres humanos, como muchos insectos, son atraídos por la luz. Las luces en el cielo que fascina a muchos ufólogos, no necesariamente son naves de otros planetas.


[1] http://marcianitosverdes.blogspot.com/2006/10/insectos-como-objetos-volantes-no.html

[2] Anónimo, Los ovnis son insectos informan científicos de EU, Contactos Extraterrestres, No. 52, 27 de diciembre de 1978, Pág. 8.

[3] Anónimo, Platillos y polillas voladoras, Naturaleza, Vol. 10, No. 1, febrero de 1979, Pág. 6.

[4] Sievers Edgard, Flying Saucers Über Südafrika, Sagittarius-Verlag, Pretoria, Sudáfrica, 1955.

[5] Heard Gerald, Los platillos volantes, Editorial Correa, 1951.

[6] Wilkins T. Harold, Flying Saucers on the Moon, Arce, London, 1950.

[7] Jung Carl Gustav, Weltwoche, Zürich, 22. Jahrgang, No. 1078, 9 de julio de 1954, Pág.. 7.

[8] Jung Carl Gustav, Sobre cosas que se ven en el cielo, Editorial Sur, Buenos Aires, 1961.

[9] Edwards Frank, Platillos volantes aquí y ahora, Colección Realismo fantástico, Plaza & Janes, Barcelona, 1976.

[10] Buck John & Buck Elisabeth, Synchronous fireflies, Scientific American, Vol. 234, No. 5, mayo 1976, Pages. 74-79 y 82-85.

[11] Allard H. A., Science, Vol. 44, 1916, Pág. 710.

[12] Renking O. A., Science, Vol. 53, 1921, Pág.. 485.

[13] Bowering John, The Kingdom and people of Siam: with a narrative of the mission to that country in 1855, Vol. I, London, 1857, Pág.. 233.

[14] Morse F. J., Science, Vol. 44, 1916, págs. 169 y 387.

Gudger E. W., Science, Vol. 50, 1919, Pág. 188.

[15] Morrison T. F., Observations on the synchronous flashing of the fireflies in Siam, Science, 1929, Pág.. 400.

[16] Jaceck A., Los insectos y el hombre, Editorial Alameda S. A., México, 1955.

[17] Darwin Charles, El origen de las especies, Sarpe, Colección grandes pensadores, Madrid, 1984.

[18] Gannon Robert, Centinelas nocturnos, en El asombroso mundo de la naturaleza. Sus maravillas y misterios, Selecciones del Readers Digest, México, 1969.

[19] McElroy D. William & Saliger H. Howard, Biological luminescence, Scientific American, Vol. 207, No. 6, diciembre 1962, Pages.. 76-89.

[20] Anónimo, ¿Qué pasaría si la Tierra tuviese cinco lunas?, Muy interesante, No. 7, marzo 1985, Págs. 4-9.

Insectos como objetos volantes no identificados (Cartas al editor)

Cartas al editor

Kyaw Tha Paw U

Yale University, School of Forestry & Enviromental Studies, New Haven, Connecticut 06511

El artículo de Callahan y Mankin[1] fue de cierta forma irreal. Los fuertes campos eléctricos citados y usados en un orden de magnitud mayor que los límites citados por otros autores; la bobina Tesla utilizada para producir los destellos era una aparato de alta frecuencia, mientras que se acepta generalmente que los campos en o cerca de las tormentas son de corriente continua con algún cambio de polaridad asociado con los relámpagos; las descargas en corona no fueron demostradas para insectos moderadamente grandes; y la existencia de fuertes campos eléctricos o actividades de tormenta no se estableció para la época de los avistamientos ovni.

Callahan y Mankin afirman: “Una combinación de tormentas y de una alta densidad de polución (partículas) daría sin ninguna duda campos eléctricos muy superiores a los 1.7-2.2 kV/cm necesarios para una descarga en corona”[2]. La literatura meteorológica sobre los campos eléctricos durante las tormentas no soporta esta conexión. También es dudoso que el fenómeno triboeléctrico pueda proporcionar suficiente gradiente de potencial durante las tormentas debido a la alta humedad relativa, lo que reduce los efectos triboeléctricos. Toda la literatura consultada reporta campos atmosféricos sustancialmente menores a 1 kV/cm, y de corriente continua.

Callahan y Mankin[3] establecen que Gunn[4] encontró intensidades de campo tan altas como 3.4 kV/cm en las tormentas. Aunque estos datos fueron reportados por Jun, fue para una altura de aproximadamente 4,000 metros; Jun notó que cerca de la superficie, el campo era mucho más pequeño[5]. Sus datos muestran que en promedio la intensidad del campo a unos 1,000 metros era sólo el 17% de la intensidad a 4,000 metros; entonces la máxima intensidad del campo entre 1,000 metros y la superficie era menor a 0.7 kV/cm. Muchas otras fuentes corroboran la magnitud de este estimado. Otra fuente citada por Callahan y Mankin[6] describe un incidente de tormenta donde el campo cerca de la superficie alcanzó 0.015 kV/cm[7]. Esto ocurrió durante condiciones de tormenta de arena y debió involucrar sustancialmente efectos triboeléctricos. Johnson[8] establece que los campos durante las tormentas deben alcanzar 0.3 kV/cm, pero el promedio es de 0.0013 kV/cm. Shvarts[9] reporta que la intensidad del campo en promedio en la parte alta de una tormenta fue de 0.13 kV/cm. Imyanitov y Chubarina[10] reportan campos eléctricos terrestres de alrededor de 0.0013 kV/cm, y campos durantes las tormentas de 0.1 kV/cm. El texto clásico de Chalmers[11] indica campos de 0.37 kV/cm durante las tormentas. Uman[12] caracteriza el campo de las tormentas cerca de la superficie en el orden de 0.1 kV/cm; él uso este valor durante la aparición de un relámpago.

Es importante resaltar que para el potencial de corriente directa de 1.7-2.2 kV/cm usado para sus estudios de descarga en corona, Callahan y Mankin no reportan ninguna medida de flujo radiante[13]. Sólo reportan densidades de flujo radiante para campos de alta frecuencia con bobinas Tesla de 5-7 kV/cm; no sólo fue esta intensidad de campo diez veces la máxima intensidad de campo reportada en las tormentas a nivel de superficie, fue corriente alterna de alta frecuencia, y debe por tanto considerarse como una representación no válida de las condiciones naturales. Loeb[14] ha descrito el efecto de la frecuencia sobre coronas de corriente alterna, pero sus resultados no se comentarán aquí, ya que las coronas de corriente alterna no son relevantes.

Los insectos tendrían que estar en enjambres para ser adecuadamente visibles, de acuerdo con Callahan y Mankin[15], pero no establecen la existencia de descargas en corona para enjambres de insectos en el laboratorio. Como describen autores tales como Chalmers[16], Uman[17] y Loeb[18], las descargas e corona involucran un flujo de corriente, que reduce la diferencia de potencial y el campo eléctrico; un enjambre de insectos descargando podría atenuar rápidamente cualquier gradiente local lo suficiente para crear una descarga en corona. En el experimento que describen Callahan y Mankin[19] la carga en el capacitor fue constantemente recargada por el suministro de alto voltaje, y no estaba involucrada mucha corriente ya que nunca se usaron enjambres de insectos.

Callahan y Mankin debieron haber establecido la presencia de fuertes condiciones de campo durante los avistamientos ovni. Esto debió haberse hecho con mediciones directas del campo, o al menos con reportes meteorológicos que indicaran una actividad de tormenta. Claramente, los campos eléctricos en condiciones normales son tan bajos como para crear fenómenos de corona persistentes en insectos. Callahan y Mankin establecen que la región de Uintah fue probablemente atacada por frentes o tormentas orográficas frecuentemente, posiblemente al tiempo y en la ubicación de los avistamientos, pero afirman que no obtuvieron ninguna información meteorológica de la región[20]. Presumiblemente no obtuvieron mapas sinópticos a escala para los datos en cuestión; de todas formas pueden argumentar que tales mapas no caracterizan explícitamente las condiciones meteorológicas locales durante los avistamientos. Sin embargo, algunos de los avistamientos descritos en detalle por Salisbury[21] contienen reportes de los testigos de las condiciones del cielo. De diecisiete reportes detallados, diez contienen observaciones del cielo; en siete casos el cielo estaba claro; y sólo en tres casos, había nubes presentes. No se menciona actividad de tormentas. Por ejemplo, Callahan y Mankin describen un avistamiento que ocurrió el 1 de septiembre de 1966[22], pero no mencionan que para este avistamiento, el testigo notó que el cielo estaba claro.

He usado los mapas sinópticos de la NOAA para las fechas de la mayoría de los avistamientos reportados por Salisbury[23] para determinar si era posible alguna actividad de tormenta. La actividad se consideró posible si (1) el paso del frente era inminente o había ocurrido recientemente (en 6 horas), o (2) condiciones de 500 mbar indicaban una posible influencia del tiempo, o (3) fue reportada cualquier precipitación en la región que rodea Uintah Basin, o (4) hubiera vientos geotrópicos del Sureste (135º +/- 45º), de tal forma que pudiera ocurrir precipitación orográfica. Si cualquiera de las condiciones enlistadas arriba estuvieran presentes, se consideraba posible una actividad de tormenta, aún pensando que esta técnica claramente sobreestima la actividad real. Cuando se hicieron estas suposiciones, sólo el 22.5% de los avistamientos involucraban objetos no plateados, posibles condiciones de tormenta, y ocurridos en la noche. Se supuso que una descripción del fenómeno como plateado, bajas condiciones climáticas, u observaciones diurnas impiden la explicación eléctrica (porque las descargas en corona no son plateadas, y no son muy brillantes). La mayoría de los avistamientos, 58.8% ocurrió en días o noches claros, o involucraban objetos plateados. Aproximadamente el 19% de los avistamientos no tenían información suficiente para adecuarla a los análisis sinópticos.

No apoyo ninguna hipótesis particular para los avistamientos ovni de Utah; simplemente deseo señalar que en la mayoría y probablemente en todos los casos, la procesionaria u otros insectos no crearon fenómenos ópticos significativos. El artículo de Callahn y Mankin[24] ha sido citado ampliamente como una nueva plausible explicación de los ovnis en fuentes tales como el Time[25] y el BBC World Service (estaciones de radio de onda corta)[26]. La información e hipótesis incluidas en esta carta demuestran claramente lo inadecuado de las hipótesis de Callahan y Mankin; desafortunadamente, el público general probablemente ahora cree que su hipótesis es una teoría bien fundamentada o incluso un hecho. Los entomólogos no deben usar los reportes ovni par indicar la migración de los insectos (como sugieren Callahan y Mankin[27]), porque los reportes de ovnis probablemente no involucran enjambres de insectos en corona.

Los insectos como objetos volantes no identificados Respuesta del autor a un comentario; 1

Philip S. Callahan

USDA, Agricultural Research Service, Insect Attractants, Behavior, and Basic Biology Research Laboratory, Gainesville, Florida 32604.

En referencia al comentario realizado por Kyaw Tha Paw U[28], opino que subestima ciertas fuerzas de la Naturaleza. Paw U no parece estar al corriente de la literatura referida al fenómeno del fuego de San Elmo.

La centella es aceptado en la actualidad como fenómeno natural aunque todavía no se ha descubierto una explicación realmente satisfactoria. Dado que la centella flota, muchos físicos[29] opinan que la energía debe proceder de la absorción de intensas ondas de radio o electromagnéticas procedentes del entorno. El físico soviético P. L. Kapitza cree que algún potente proceso electromagnético (no nuclear) alimenta la centella. Si este fenómeno eléctrico produce ondas de radio, la centella no puede ser corriente continua pura como Paw U mantiene. Mi opinión personal es que bajo ninguna condición atmosférica puede darse corriente continua pura.

Viemeister[30] cita al gran experto sudafricano en rayos, B. F. J. Schonland, como testigo de hierbas fosforescentes. Dice “si la nube tormentosa está particularmente cargada incluso las hojas de las hierbas pueden brillar en las puntas porque allí es mayor la ionización”. Por tanto, si los pastos y el aire (centella) pueden brillar de forma natural, los insectos también. Nadie ha producido todavía una centella en el laboratorio (excepto quizá Nikola Tesla); en cambio, nosotros hemos hecho brillar insectos bajo condiciones de corriente alterna o continua.

Nuevas investigaciones en mi laboratorio (no publicadas) demuestran que una vez el insecto ha sido estimulado para emitir fuego de San Elmo por un voltaje de 1700-2000 V/cm, la reducción del voltaje a un nivel tan bajo como 200-300 V/cm no elimina el brillo. Aparentemente los gases fisiológicos se mantienen en un estado de emisión metaestable por los bien conocidos procesos de histéresis o retroalimentación eléctrica.

Respecto a nuestra cita sobre tormentas de arena, las escamas son mucho más puntiagudas y abrasivas que las partículas de arena. Los entomólogos saben inhalar escamas es mucho más peligroso para los pulmones que inhalar arena. Los enjambres de insectos generan verdaderas tormentas de escamas, dado que están débilmente unidas al cuerpo y se desprenden con facilidad (observaciones personales). Si la arena puede brillar debido a efectos triboeléctricos, las escamas seguramente también –ambas son dieléctricas. Hay pocas dudas de que incluso en tiempo seco y despejado, los pequeños insectos y escamas movidos por una rápida corriente de aire brillaran debido a la estimulación triboeléctrica.

Los enjambres de insectos son tan usuales en la atmósfera superior que en la actualidad los entomólogos[31] hablan de plancton aéreo y de la “zona de plancton” (por encima de los 300 metros –Ref. 57 p. 299). Se ha capturado insectos hasta una altura de 4,267 metros[32]. Sobre una milla cuadrada de terreno en Louisiana, el aire puede llegar a albergar 93 millones de insectos en un momento concreto[33].

Los técnicos de radar de la NASA en el centro de vuelo de Wallops Islands y los ingenieros de la USDA están estudiando los enjambres de insectos como ángulos puntuales[34]. Las señales que aparecen en la pantalla del PPI (Punteador de posiciones) demuestran que incluso las pequeñas especies de insectos tienden a agruparse en capas según las condiciones atmosféricas.

En 1969 coloqué trampas para insectos en una torre de televisión de 312 metros cerca de Pelham, Georgia[35]. Durante las épocas de emigración recogí más insectos por encima de los 76 metros que por debajo. Había escogido el lugar porque sabía por experiencia que sería una probable ruta de emigración. Por una curiosa casualidad 6 años después, en 1976, un residente de Pelham tomó varias fotografías, en el mismo lugar, de un ovni. La revista True[36] me consultó y publicaron un artículo sobre mi trabajo publicado en Applied Optics. En la revista aparecía también la fotografía de Pelham. Los glóbulos luminosos parecían exactamente lo que era de esperar: insectos brillantes.

Actualmente se conocen muchas especies de insectos que se mueven en los frentes tormentosos. Este es desde luego el caso de la procesionaria del pino[37]. Tales enjambres pueden tener entre 8 y 26 kilómetros de longitud. Es concebible que el voltaje en un punto concreto puede encender una porción de esta enorme masa durante un tiempo y moverse (o bien, aparecer en otro punto) y encender otra parte del enjambre. Esta actividad daría la impresión a un testigo en tierra de que la luz se habría movido de un punto a otro a una velocidad enorme (48.279 Km/h) o incluso a la velocidad de la luz.

Podría también argumentar de forma semejante para atribuir algunos avistamientos diurnos de luces brillantes a un origen similar, pero no lo haré ya que no ofrece ninguna aplicación práctica como en el caso de poder detectar las rutas de emigración nocturna de los insectos, gracias a las observaciones ovni.

Paw U no da a conocer sus creencias sobre los ovnis, pero mis convicciones personales coinciden con las de Wesson[38]. En un elegante ensayo sobre la probabilidad de la existencia de una avanzada civilización extraterrestre, Wesson señala que la existencia de una civilización electrónica igual o más avanzada que nosotros es muy poco probable. Su deducción se basa parcialmente en el hecho de que de los 250,000 millones de soles de nuestra galaxia, sólo el 1% o 2,500 millones pueden ofrecer planetas apropiados para la vida biológica. El resto de su artículo pasa revista a la historia de las distintas civilizaciones terrestres. El asegura que ninguna de ellas, excepto la europea, fue capaz de sustentar el alto nivel de pensamiento imaginativo necesario para asegurar su continuidad. Wesson atribuye el desarrollo de la ciencia moderna a una rara combinación de circunstancias accidentales que es muy improbable que se den en otros planetas y no digamos ya la sincronización entre ambos desarrollos. Por tanto, concluye que seremos incapaces de contactar con ninguna civilización extraterrestres similar a la nuestra.

A partir de nuestro propio trabajo y del elegante razonamiento de Wesson he llegado a la conclusión de que la gran cantidad de avistamientos ovni no son debidos a visitantes extraterrestres sino a fenómenos naturales. Y una mayoría de ellos, sin duda, a migraciones de insectos. Los entomólogos e ingenieros agrónomos deberían utilizar los archivos sobre ovnis de la Fuerza Aérea americana para escoger los emplazamientos de sus aparatos de radar para estudios de migraciones.

Los insectos como objetos volantes no identificados Respuesta del autor a un comentario; 2

R. W. Mankin

USDA, Agricultural Research Service, Insect Attractants, Behavior, and Basic Biology Research Laboratory, Gainesville, Florida 32604.

Mi parte del artículo[39] citado por Kyaw Tha Paw U[40] se refiere a la posibilidad de que una descarga en corona de un enjambre de insectos pueda ser visible bajo condiciones naturales. Creo que fue adecuadamente demostrado, aunque concuerdo con Paw U que esas condiciones son bastante raras. Aún pensando que tales condiciones son inusuales, el Fuego de San Elmo ha sido reportado muchas veces sobre otros objetos.

Como señala Paw U, una descarga en corona de corriente continua se atenúa rápidamente, causando un efecto de parpadeo que hace difícil de obtener el estimado de la intensidad radiante de las descargas de un enjambre, a partir de medidas del flujo radiante de un solo insecto. Para el ojo desnudo las descargas de corriente continua eran similares a las descargas de corriente alterna de 2-3 kV/cm (no a 5-7 kV/cm) excepto por su duración, así que se usaron las mediciones de flujo en corriente alterna para estimar la máxima distancia de observación posible. Por supuesto, en medio de la tormenta, la visibilidad puede ser cero, así que mayor refinamiento en estas mediciones es de poco valor.

Concuerdo con Paw U que aunque la hipótesis del enjambre de insectos es plausible, esto no significa que este completamente validada, y puede que nunca sea validada para la satisfacción de nadie.


[1] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.[2] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[3] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[4] R. Gunn, J. Appl. Phys., Vol. 19, 481, 1948.

[5] R. Gunn, J. Appl. Phys., Vol. 19, 481, 1948.

[6] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[7] A. Kamra, Nature, Vol. 240, 143, 1972.

[8] J. C. Johnson, Physical Meteorology, MIT Press, Cambridge, 1954.

[9] Y. M. Shvarts, Studies in Atmospheric Electricity, V. P. Kolokolov and T. V. Lobodin, Eds., Israel Program for Scientific Translations, Jerusalem, 1974.

[10] I. M. Imyanitov and E. V. Chuvarina, Electricity of the Free Atmosphere, Israel Program for Scientific Translations, Jerusalem, 1967.

[11] J. A. Chalmers, Atmospheric Electricity, Pergamon, New York, 1967.

[12] M. A. Uman, Lightning, McGraw-Hill, New York, 1969.

[13] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[14] L. B. Loeb, Electrical Coronas, Their Basic Physical Mechanisms, U. California Press, Berkeley, 1965.

[15] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[16] J. A. Chalmers, Atmospheric Electricity, Pergamon, New York, 1967.

[17] M. A. Uman, Lightning, McGraw-Hill, New York, 1969.

[18] L. B. Loeb, Electrical Coronas, Their Basic Physical Mechanisms, U. California Press, Berkeley, 1965.

[19] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[20] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[21] F. B. Salisbury, The Utah UFO Display: A Biologist’s Report, Devin, Old Greenwich, Conn., 1974.

[22] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[23] F. B. Salisbury, The Utah UFO Display: A Biologist’s Report, Devin, Old Greenwich, Conn., 1974.

[24] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[25] Time Magazine, 20 noviembre 1978.

[26] BBC World Service, 16 enero 1979 (0430 UT).

[27] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[28] Kyaw Tha Paw U, Appl. Opt. Vol. 18, 2723, 1979.

[29] P. E. Viemeister, The Lightning Book, MIT Press, Cambridge, 1972.

[30] P. E. Viemeister, The Lightning Book, MIT Press, Cambridge, 1972.

[31] C. G. Johnson, Migrations and Dispersal of Insect in Flight, Methuen, London, 1969.

[32] B. R. Coad, Insects Captured by Airplane and Found at Surprising Heights, Yearbook of Agriculture, USDA, 1931.

[33] B. R. Coad, Insects Captured by Airplane and Found at Surprising Heights, Yearbook of Agriculture, USDA, 1931.

[34] C. R. Vaughn, W. Wolf, and W. Klassen, Radar, Insect Population Ecology and Pest Management, NASA Conf. Publ. 2070, Wallops Island Flight Center, Va., 1978.

[35] P. S. Callahan, A. Sparks, J. W. Snow, and W. W. Copeland, Environ. Entomol., Vol. 1, 497, 1972.

[36] Anon., True Flying Saucers & UFO Quarterly, Spring, 1979.

[37] W. R. Henson, Can. Entomol., Vol. 83, 240, 1951.

[38] R. A. Wesson, Nat. Hist., Vol. 88, 9, 1979.

[39] P. S. Callahan and R. W. Mankin, Appl. Opt. Vol. 17, 3355, 1978.

[40] Kyaw Tha Paw U, Appl. Opt. Vol. 18, 2723, 1979.